sábado, 25 de julio de 2026

De una infancia sin agua potable a ser nominado entre los mejores docentes de España: la historia de Manuel Pérez

Míriam Bocanegra/lavozdelsur.es

Mabuel Pérez Real recibió una llamada sin esperarla, pero se ha convertido en una de las más especiales de su carrera. Al otro lado del teléfono le comunicaron que varias familias y alumnos habían propuesto su nombre para los Premios Educa Abanca Mejor Docente de España 2026. Él no sabe quiénes fueron, dado que la organización mantiene en secreto la identidad de quienes presentan las candidaturas.

Lo que sí sabe es que su nombre figura entre los cinco primeros docentes nominados en la categoría de Educación No Formal y uno de los 16 andaluces nominados en total en las seis categorías. Una distinción que reconoce su trabajo en Educademia, con centros en Montequinto y Dos Hermanas, y una trayectoria que se acerca ya a las cuatro décadas.

"Al principio fue inesperado, pero conforme van pasando los días, la verdad es que lo recibo con mucha alegría, bastante orgullo y responsabilidad", explica Manuel Pérez a lavozdelsur.es. Para completar su candidatura tiene ahora que recopilar los méritos acumulados durante casi 40 años frente a las aulas.

Un niño que empezó a trabajar a los 16 años

Para entender quién es Manuel Pérez Real hay que retroceder mucho antes de Educademia y de esta nominación. Hay que llegar hasta su infancia, marcada por una situación económica que condicionó sus primeros pasos y que, con el tiempo, terminaría definiendo buena parte de su vocación.

"Yo fui un niño muy pobre", revela. En su casa no había siquiera agua potable. Una vecina era quien les daba de beber. Lo recuerda sin esconderse, pero tampoco desde la lástima. "No me da vergüenza decirlo porque para mí es un orgullo conseguir las cosas que se están consiguiendo", afirma.


Con apenas 13 años decidió estudiar Formación Profesional de Administrativo. Quería empezar a trabajar cuanto antes para ayudar a su familia. A los 16 años ya estaba trabajando y, durante tres años, compaginó su empleo con el objetivo de poder continuar formándose.
Siempre había querido ser maestro. La educación, sin embargo, no era un camino sencillo para alguien de su situación económica. Cuando terminó sus estudios y pudo acceder a una ayuda familiar y al desempleo, decidió marcharse a Salamanca para estudiar Educación Especial, una carrera que entonces no podía cursar en Sevilla.
Salamanca y el lugar donde descubrió su vocación

La ciudad castellana terminó de marcar su camino. Mientras estudiaba en la Universidad de Salamanca, comenzó a trabajar como profesor voluntario en la Casa Escuela Santiago I, un internado en el que pasó tres años.

Allí descubrió qué tipo de docente quería ser. "Descubrí mi vocación, que es ayudar a que aprueben los niños con menos recursos, con más dificultades, los niños que son más pobres", explica.

Había algo de su propia historia en aquella decisión. Manuel recuerda las ayudas que recibió cuando era pequeño para poder continuar estudiando y sintió que, de alguna manera, debía devolverlas. "Siempre había querido ser maestro, y además de los niños más pobres, quizás porque es en lo que me moví en mi infancia", relata.


Cuando regresó a Sevilla, comenzó a trabajar en los Escolapios de Dos Hermanas. Allí lleva alrededor de 37 años como profesor de Secundaria. Su vida profesional, sin embargo, no terminó en las aulas de este centro.
Por las tardes nació Educademia

Fue entonces cuando puso en marcha Educademia. Lo hizo mientras continuaba ejerciendo como profesor y con una idea muy concreta: ayudar a aquellos niños que más dificultades tenían para avanzar.

"Por la tarde me monté la Educademia para empezar a ayudar a los niños que más lo necesitaban", explica. Con el tiempo, aquella iniciativa creció hasta contar con dos centros, uno en Montequinto y otro en Dos Hermanas.

La actividad educativa se amplió también a través de la Fundación Ideas, vinculada a Educademia, desde la que se desarrollan 14 proyectos. Entre ellos están dos escuelas situadas en la zona sur de Dos Hermanas que ofrecen clases gratuitas a más de 80 menores de etnia gitana y niños inmigrantes con dificultades de integración.

El objetivo es que las circunstancias de cada familia no terminen marcando el futuro académico de los menores. Una preocupación que Manuel conoce desde su propia experiencia y que, casi cuatro décadas después, continúa guiando su manera de entender la profesión.
Más de 600 menores y profesores que enseñan desde distintos puntos de España

Otro de los proyectos es Megaprofes, nacido durante la pandemia. En aquel momento llegó a reunir a más de 300 profesores y permitió atender a más de 600 menores. El programa continúa actualmente, aunque las circunstancias han cambiado. El voluntariado se apoya principalmente en profesores jubilados y en estudiantes universitarios que participan a través de convenios con 47 universidades.

La distancia tampoco es un problema. Un universitario puede impartir clases online a varios niños que viven en diferentes puntos del país. "Uno es de Galicia, otro de Cataluña, otro de distintos sitios de España, y estamos dándoles clases online y refuerzos pedagógicos", cuenta.

Son precisamente esos proyectos los que, a su juicio, pueden explicar que alguien haya pensado en él para los Premios EDUCA ABANCA. La nominación no ha partido del propio docente, sino de personas vinculadas a su labor educativa."Yo no sé quién nos ha nominado, porque realmente eso es secreto", explica. Cuando recibió la llamada le comunicaron que habían sido varias familias, pero que no podían facilitarle sus nombres.

"La escuela tiene que abrir la ventana al mundo"

Su forma de enseñar también está marcada por esa experiencia. Después de estudiar Educación Especial en Salamanca, continuó su formación con Pedagogía y una investigación doctoral centrada en las causas y consecuencias del fracaso escolar en Andalucía. Desde esa perspectiva, defiende una educación que no se limite a los contenidos académicos. "Considero que la escuela tiene que abrir la ventana al mundo", sostiene.

A su juicio, los centros deben preparar a los alumnos para desenvolverse en una realidad que cambia constantemente. Los profesores, afirma, tienen que transmitir conocimientos, pero también habilidades, pensamiento crítico y capacidad creativa. "Tenemos que educar para la vida", resume. Y en esa educación incluye también los valores y la capacidad de enfrentarse a las dificultades. "Hay que educar con amor, aunque suene cursi", señala.

Pero ese amor, matiza, no puede significar tratar a todos los niños de la misma manera. "No hay mayor injusticia que tratar por igual a los que son tan desiguales", afirma.
La desigualdad también entra en las aulas

Manuel insiste en que no todos los menores parten del mismo lugar. Los niños procedentes de familias con menos recursos encuentran obstáculos que otros pueden compensar con apoyos fuera del colegio. Cuando un alumno de clase media termina su jornada escolar, puede tener acceso a una academia, clases particulares o actividades complementarias. Para otros menores, esas posibilidades simplemente no existen.

"Los niños más desfavorecidos en su condición social tienen más desventaja", sostiene. Esa es una de las razones por las que considera que la educación debe prestar una atención especial a quienes parten de situaciones más complicadas.

También critica la carga burocrática que, a su juicio, soportan actualmente los docentes. "La burocracia nos quita el tiempo, la fuerza, las ganas y la ilusión", afirma. Para él, todo ese tiempo dedicado a papeles, rúbricas y protocolos resta espacio a una parte esencial del trabajo: construir una relación de confianza con los alumnos.
Una nominación que vuelve al punto de partida

La conversación con Manuel transcurre mientras su actividad continúa. En ese momento, 120 niños están en la piscina acompañados por 11 profesores. Poco antes han participado en un taller de cocina divertida.

La escena conecta con la manera en la que entiende la educación: como un espacio en el que también caben las actividades, la convivencia y las experiencias compartidas. Una forma de trabajar que ha ido construyendo durante años y que ahora le ha llevado hasta la nominación a los premios educativos.

Pero cuando habla del reconocimiento, vuelve a su preocupación principal. "La situación de vulnerabilidad hoy en día de muchos niños es mucho mayor de lo que nos pensamos", advierte.

Su historia personal está detrás de esa mirada. El niño que tuvo que empezar a prepararse para trabajar con 13 años terminó marchándose a Salamanca para convertirse en profesor. Casi 40 años después, sigue defendiendo que ningún menor debería quedar condicionado por el lugar en el que nace.

"Estos niños no pueden estar en desamparo", reclama. "Tienen que tener una atención de la Administración y de toda la sociedad en su conjunto". La nominación de Manuel Pérez Real es ahora una posibilidad de reconocimiento a una trayectoria, pero también la oportunidad de volver a hablar de los niños a los que lleva décadas intentando abrir una puerta.

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