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viernes, 10 de febrero de 2023

31 AÑOS SIN JOSÉ MARIA DE LLANOS (10 de febrero de 1992-10 de febrero de 2023)

Juan Antonio Delgado de la Rosa

 

Con solo siete años, el pequeño Llanos quedaría huérfano de

madre. Esa orfandad, más que un mero dato histórico, se hizo en Llanos

“espacio y misterio” que le marcará íntimamente de forma indeleble. Es como

un virus, el de la soledad más honda. Un sentimiento que horadaba el alma

(cuando golpea la circunstancia vital de un niño privado de la ternura de su

madre). La orfandad fue el origen de sus depresiones, que se incrementaron con

la muerte de su hermano Nicomedes. Por tanto, para Llanos la orfandad se pagaría de por vida como sentida carencia, que le hiere las entrañas. Esta orfandad tan hondamente vivida, sería para Llanos clave para reconocer sus taras y su carácter difícil. De sus humores casi crónicamente bajos, de sus irascibilidades y sus repliegues.

La esperanza pone al hombre a la tarea de este mundo, citándonos hoy para

mañana y mañana para pasado, sin saltos ni evasiones, pero sin puntos finales ni

autoderrotas, porque esta esperanza cristiana incluye el Maranata. Esperanza

absoluta ante la cual la muerte no es sino un mañana más original y serio. Y así escribió su Credo, que hoy 31 años después, de la usencia sentida de Llanitos, nos ilumina en el camino de la vida:

 

“Creo que la vida es buena,

la que experimenté, la que experimento,

la del “a pesar de todo”,

la que besa por sorpresa,

la que guarda las espaldas,

la que cita desde las cosas tan sencillas

y en las horas más calladas.

Creo en los hombres como son,

en aquellos que fueron amigos entrañables,

y en los que me moldearon diestramente,

en aquellos a los que me atreví a moldear

también un poco,

y en todos con los que marché y marcho

por la vida,

confesando al amor como artículo de fe.

Creo en la acción,

la que me fue despertando e irguiendo,

según tomaba parte en la aventura humana,

la que me salvó del naufragio

al par que me quemaba, en dialéctica feroz,

la acción que es pensamiento, saber,

curiosidad, palabra y pluma,

tareas, mando…y la poesía.

Creo en las “causas” humanas,

las que fui descubriendo una tras otra,

a las que serví,

y al fin de ellas, en esta,

la de la justicia y libertad para todos,

según estructura socialista compartiendo entonces el llanto, la rabia y

la lucha

con los hombres del pueblo.

Creo en el sentido de los fracasos,

en el de las perplejidades, la impotencia y

el mal,

en el de la vulgaridad, el egoísmo, el cansancio,

en la depresión, el absurdo y la náusea,

en mis “retiradas” mil, y en la muerte tan

callando.

Creo en el misterio,

como telón de fondo, interrogante,

el que asoma detrás de cada triunfo y de

cada derrota,

de cada flor, de cada latido y de cada hermano,

tras la luz tan abierta y el silencio profundo.

Creo con otra fe, que ya no es mía del todo,

creo en Jesús de Nazaret, Señor y hermano,

su muerte y su victoria, su vida aquí y ahora,

su mensaje liberador, su llama exigente,

su profecía cifrada…y en Él.

Creo en Dios Padre, y en su don, el Espíritu,

por Jesús y según su palabra,

creo en la alianza jurada y la promesa,

creo en una su presencia inexperimentable

y en una su acción incomprensible,

creo por ello en la paz, y en la plegaria.

Creo en la Iglesia y en la humanidad,

creo en la Iglesia como levadura humilde,

sacramento y llamada,

creo en mi ministerio entonces, en mi puesto,

aquí desde hace 47 años,

creo en la humanidad entera, como pueblo

que marcha trabajando por Dios,

en libertad y progreso, estructurado y ya púber,

con sus vivos y sus muertos, hacia el Reino.

Creo al fin y por fin en la esperanza, 

en el “ya sí pero todavía no”,

en el “a pesar de los pesares”,

en el “mañana, pues, y pasando mañana”…,

en el “todo es posible porque Dios es y más…”.

 

martes, 15 de junio de 2021

Dos décadas sin Eugenio Royo Errazquin

Eugenio Royo Errazquin había nacido en Rentería (Guipuzcoa). Hijo único del matrimonio formado por D. Jacinto Royo y Dña Josefa Errazquin. Domiciliados en la calle Santa Clara y posteriormente casado con María Eugenia Orejas con quien tuvo tres hijos. Sus padres eran trabajadores. Su padre trabajó en la empresa Galletas Olibet y su madre en distintos sitios, donde podía.

En 1947 el sacerdote Anastasio Olabarria va a Rentería a impartir ejercicios espirituales, informando al clero renteriano de la existencia de la JOC en Sestao desde 1946. El párroco Roberto Aguirre envió en 1948 a Eugenio Royo e Iñaki Zapirain junto al sacerdote José Luis Lecuona a vivir esa realidad, teniendo así oportunidad de conocer a la JOC de Sestao, San salvador del Valle y Basauri. El primer grupo de militantes lo formaron: Iñaki Zapirain, Antonio Amiano (primer Presidente de la JOAC local), Eugenio Royo, Juan Rioseco, Félix Alzola, Boticario, Carlos Asensio, Juan Pireo, Fermín Galdós, José Miguel Mitxelena, Jesús Gutiérrez, Felipe Gurrichaga y Joaquín Saínz.

En julio de 1956, ya siendo presidente Eugenio Royo, se realizan la Semana de Estudios de Saturrán (Guipúzcoa), para toda la zona norte, asistiendo también Asturias. Se ensaya la primera Semana de Estudios con la nueva orientación jocista con el Plan que Eugenio Royo presentaría, el cual buscaba que saliera reforzada una auténtica JOC, que fuera más educadora, que estuviera más integrada en la problemática obrera, con una alta clarificación de cara a la tarea evangelizadora dentro de la clase obrera al tiempo que una mayor fidelidad a las exigencias del Movimiento Obrero en el momento concreto histórico que atravesaba España como era la represión franquista. En el verano de 1959, en Toledo, en el XII Consejo Nacional de la JOC, cesa como presidente de la JOC en España y se incorpora al Comité Ejecutivo Internacional.

La JOC para Eugenio Royo contribuyó decisivamente a configurar una cultura nueva y por tanto, un hombre nuevo para desarrollar una sociedad más justa, más convivencial y sobre todo más solidaria y próspera: “Si la JOC se inhibe de esta utopía o renuncia a ella, dejará un vacío irreparable en la España del futuro”.

No podemos olvidar el trabajo realizado para la fundación de la USO, La Carta Fundacional de USO redactada casi en su totalidad por Eugenio Royo y debatida con otros militantes de la JOC (editada en Alemania y distribuida con cuenta gotas en España). Es un texto que revela una posición revolucionaria y anticapitalista marcada por la vivencia del cristianismo. El texto expresa un pensamiento político, sindical y económico enraizado en el Evangelio, para que pueda acompañar la propia acción militante. La carta Fundacional podemos decir que fue la piedra angular que alumbraría un nuevo sindicalismo, con valores muy profundos. Humanismo, pluralismo y sobre todo contrario a la forma de asentarse el capitalismo como Drácula feroz contra el obrero. Un sindicato autogestionado y autoorganizado. Un sindicato que trabajaría en defensa de los derechos fundamentales de las personas. Una Carta Fundacional que ensamblaba la solidaridad con la esperanza.

Para terminar este recuerdo de Eugenio Royo, señalar la amistad que le unió a José María de Arizmendiarrieta, donde ambos coincidían en que todo era un proceso. Tanto la vida como la muerte y la propia Historia. Arizmendiarrieta creía en el hombre, en el trabajo, en la acción. Acción que conducía a la solidaridad humana; creía en Jesucristo y en su obra redentora; creía en los valores humanos y en las virtudes cristianas, como es esfuerzo que redime; creía en la esperanza que vivifica; creía en el sufrimiento que madura; creía en la pobreza que libera; creía en la comunicación humana como medio superador de diferencias y forma de vincular voluntades. Este credo de Arizmendiarrieta, en palabras de Eugenio Royo: “fue el código e ideología que impulsó el proyecto cooperativo desde su posición preminente”.

Como olvidar a Eugenio Royo, su persona, su legado. cuando se cumplen 20 años de su fallecimiento.

En 2018 el autor mantuvo esta entrevista con Eugenio Rodríguez


miércoles, 21 de octubre de 2020

José María Díez-Alegría (+) a los 109 años del nacimiento. 22 de octubre



José María Díez-Alegría (1911-2010) forma parte de la historia de España, como jesuita, intelectual y pensador que ha creado unos vínculos especiales entre la fe y la política, tomando conciencia de la explotación que sufrían los obreros y de su alejamiento de la Iglesia.

Intentó durante más de medio siglo romper, desde la Filosofía, el Derecho, la Ética, la Doctrina Social de la Iglesia, la manera que tenía la Iglesia jerárquica de entender la libertad de conciencia, la opción preferencial por los más pobres, las relaciones cristianismo/marxismo, sin desvirtuar la fe y la adhesión a Jesucristo y su Iglesia.

Su trayectoria siempre ha estado comprometida con la sociedad laica que le ha tocado vivir, desde una conciencia libre, que le permite tener una cosmovisión en infinidad de aspectos y temas relevantes para el hombre del siglo XXI.

Desde un punto de vista objetivo, su figura, junto a la de pensadores de la talla de José María de Llanos S.J., José María González Ruiz o Alfonso Carlos Comín, han contribuido a la transición democrática en España, desde el diálogo fe/increencia.

Sin olvidar su “corpus” bibliográfico (24 libros; 90 colaboraciones en libros colectivos; 121 artículos.), donde plasmó un profundo proyecto cristiano en medio de la sociedad española, en la Iglesia, en la cultura de la convulsa época que le tocó vivir: frente al nacional-catolicismo que se resistía a resquebrajarse y romper con sus pilares, Dios, propiedad privada y patria, Díez-Alegría se fue abriendo al socialismo (clave fue su viaje a Alemania en 1955 y el encuentro que se produce en él mismo con el pensamiento filosófico) y, desde ahí, iba esclareciendo su pensamiento ético y su conciencia cristiana y descubriendo que el capitalismo no es una mera técnica económica sino una estrategia de explotación, a la vez que planteaba propuestas concretas para superar a este drácula que destruye al hombre.

Finalmente, en este recordatorio de sus 109 años recordar que José Mª Díez-Alegría potenció en su participación en los Documentos y Constituciones del propio Concilio Vaticano II (Dignitatis Humanae y Gaudium et Spes, números 68 y 80) la libertad y dignidad del ser humano. Este camino no lo hizo solo sino que estuvo acompañado por una generación que en los momentos más difíciles del franquismo y los años posteriores a la muerte de Franco, trabajaron por hacer mejoras.

Siguen siendo necesarios estudios sobre aquellos personajes como el de la profesora Cristina Hermida del Llano quien ha trabajado de forma exhaustiva sobre José Luis López Aranguren.

Nosotro, entre otros, podemos aportar: “José María Díez-Alegría un jesuita socialista en medio de la clase obrera”, publicado por la editorial ENDYMION.

Ahora más que nunca: verdadero socialismo

Juan Antonio Delgado

El amor sencillo de la mano izquierda

Hay formas de amor -las pequeñas formas de amor- que pasan casi siempre desapercibidas. Son las que hace la gente sencilla, la gente pobre, ...