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lunes, 16 de junio de 2025

LA LEY DEL SILENCIO de Elia Kazan

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Dignidad humana, conciencia, traición y redención.


Aunque realizada hace ya casi setenta años, la película “La ley del silencio” (Estados Unidos, 1955) dirigida por Elia Kazan es una obra inolvidable y que estaría en el ranking de las 10 mejores películas americanas. Sin embargo, es una de las películas más controvertidas de la historia del cine: por el transfondo ideológico que contiene, unos la defienden, otros, la rechazan.

Se trata de el filme de Elia Kazan originalmente titulado “On the waterfront” (En los muelles”). Se estrenó en 1955. Marlon Brando, su actor principal, había salido de la prestigiosa escuela de actores que dirigía el mismo Elia Kazan, el “Actor´s studio” de Nueva York. Brando reafirmaba así, una carrera que había comenzado con “Un tranvía llamado deseo”, y que remataría después, con “¡Viva Zapata!”, ambas dirigidas por el cineasta de origen armenio. Además de los que aparecen en esta película, de esta escuela legendaria de interpretación, salieron, Paul Newman, James Dean, Robert de Niro, Steve McQueen, Marilyn, Monroe, etc..

El cine de Elia Kazan, siempre se ha distinguido por su intensa atención a la actualidad político social del momento, en un país tan contradictorio como los Estados Unidos. En su haber, tiene, además de los citadas películas tan importantes como ”América, America” “Pánico en las calles”, “Mar de hierba”, “Al este del Eden”, “Esplendor en la hierba”… “La ley del silencio” tiene también un gran aliciente. Su música está compuesta por Leonard Bernstein, (“West side Story” fue su segunda y última composición para el cine) que más tarde convirtió en una suite.

Unos artículos aparecidos en un periódico de Nueva York, denunciaban cómo la mafia, se había infiltrado en los sindicatos de los muelles de Nueva York. Dieron origen al guion de la película.

En los artículos dichos se hablaba también de un sacerdote católico, que era el párroco, que atendía pastoralmente a los portuarios, en su gran labor pastoral y social. En la película es el padre Barry, que interpretaría magistralmente Karl Malden, también alumno del Actor´s Studio, al igual que la coprotagonista, Eva Marie Saint, precisamente en su primer papel de actriz.

Yo era un crío cuando vi esta película y me impresionó mucho la figura de aquel cura; me asombraba que fuera vestido de Clergyman. Aquel párroco, pese a la oposición de su joven vicario, blando y clerical, cedía los locales de su iglesia para que los obreros portuarios hiciesen sus asambleas, y no tuvo ningún miedo de enfrentarse a los jefes de los sindicatos, el valiente discurso que pronuncia ante el cadáver de uno de los estibadores asesinados, es de una actualidad apabullante, que escuchado hoy parece una homilía del llorado Papa Francisco. El discurso del Padre Barry es fundamental para el cambio de Terry Malloy y para romper la "Ley del silencio" que impera en los muelles. El padre Barry, a través de sermones y conversaciones, apela a la conciencia y a la dignidad moral de los trabajadores portuarios, instándolos a denunciar la corrupción y la injusticia. Su discurso se centra en la idea de que proteger a los criminales con el silencio -dice-, es una forma de complicidad y traición a los valores cristianos y humanos. ¡Cristo sigue crucificado en los muelles, en las casas miserables de los portuarios, en el sacrificio del obrero aplastado por una carga de la estiba!

“La ley del silencio”, pese a su pecado original, esta llena de verdadera poesía. Con un estilo del género negro, y con una fotografía contrastada en blanco y negro, la película es la historia de un personaje en busca de redención, que reivindica su individualidad, que desea huir de una situación injusta, que va tomando conciencia de la injusticia del mundo de los muelles de Nueva York, cómodo, si hubiera estado al lado de los gangsters. como lo estaba su hermano, seguidor e inmerso en esa ley del silencio que amordazaba las conciencias, y que lo logra despertar su conciencia a través del consejo del cura y del sentimiento del amor más puro que simboliza Eddie, la dulce muchacha que estudia en un colegio de monjas.

José Luis Barrera Calahorro

miércoles, 12 de marzo de 2025

Sobre la película Anora, los premios Oscars y otros silencios.

por José Luis Barrera Calahorro


La edición última de los premios Óscar, ha sido muy mediocre. Todos los productores, guionistas, directores y actores de las películas americanas, que tanto a veces nos gustan parecen estar “noqueados” por las enloquecidas bravatas de Trump. Esperábamos que en el escenario se hablara abiertamente de reivindicaciones y denuncias del mundo del cine, sobre lo que está pasando en su país; prácticamente todos pasaron por el escenario a recoger sus estatuillas, y soltando sus breves discursos, sin ningún compromiso político, ético y social. Decepcionante y siempre lo mismo: ellas, muy combativas en la defensa del feminismo, se pasearon por la alfombra roja vestidas con sus modelitos, convirtiéndose una vez más en mujeres-objeto.

Son las grandes contradicciones de la sociedad en la que vivimos.

Anora fue la película triunfadora, otras que parecían más favoritas (Emilia Pérez, The Brutalist, Cónclave). Por los demás, las películas restantes más premiadas no brillan especialmente este año por su calidad. Algunos largometrajes bien ponderados por la crítica oficial, han pasado sin pena ni gloria en esta decepcionante edición de los Óscars 2025.

Al día siguiente de salir vencedora en los premios Oscars, la película Anora del director Sean Baker autor de la excelente “The Florida Proyect”, pude verla en streaming. La verdad es que quedé aturdido por la nula calidad artística del filme. Pero sobre todo me perturbaron más los mensajes que se lanzaban desde las últimas tendencias y vacuos pensamientos que sobre la sociedad actual se vertían.

¿De qué va la película? Anora, es una “scort” (una bailarina erótica) y a la vez una joven prostituta de Brooklyn, que tiene la oportunidad de vivir una historia a lo Cenicienta cuando conoce al hijo de un oligarca ruso con quien impulsivamente se casa . Cuando la noticia del matrimonio llega a Rusia, su cuento de hadas se ve amenazado, ya que los padres parten hacia Nueva York para intentar conseguir la anulación del matrimonio.

Algunos han querido compararla con la historia que se cuenta en Pretty Woman, pero carece del encanto, la serenidad del relato, y su elegancia. La primera parte, que para mí es repetitiva y un tostón, nos cuenta muy crudamente las relaciones sexuales con ese novio rico que parece haber encontrado. Es prácticamente una ruidosa concatenación de escenas de porno blando, de consumo de drogas, de toda clase de excesos. Demasiado ruido y estrépito de imágenes y músicas en la primera parte.

Mientras, la película no es capaz de darnos a conocer, aunque sea poco a poco el carácter de su protagonista, el proceso interior de Nora que parece haberse enamorado de alguien, cuya intenciones se nos ocultan. Sólo se ven sus intenciones de darse un “pelotazo” con el dinero del coprotagonista. En fin, ella quiere aprovecharse de la ocasión de tener un novio muy rico y él de poder satisfacerse sexualmente con una mujer muy hermosa. También, se nos ocultan las verdaderas intenciones y la personalidad de su amante -oh, guionistas tramposos!-, solamente se hace hincapié en el mucho dinero que tiene. Igualmente, no se muestra ninguna crítica, ni denuncia de la situación penosa de esas mujeres, prostitutas, con la de miserias,  explotación y humillaciones que, sin lugar a dudas sufren.

En su segunda parte, Anora abandona su ritmo alocado, de fiestas y juergas, y cambia de tonalidad y ritmo, inclinándose hacia la comicidad y el humor, con la aparición de personajes que mueven a la risa y casi se convierte en una comedia de humor negro. Igualmente, ella aparecen las pistas de lo que va a ser su no tan sorprendente desenlace.

José Luis Barrera Calahorro 8 de marzo de 2025

miércoles, 21 de febrero de 2024

Días perfectos (Japón, Alemania 2023) de Wim Wenders.

La dicha de la obra bien hecha

¿Qué quehacer es más grande: construir una catedral o limpiar retretes públicos? ¿Donde se encuentra la verdadera felicidad: en la barahúnda y el estrépito de la vida que actualmente sufrimos o en el callado anonimato de una vida que cumple sus días en el silencio y la rutina? De todo y de un modo muy concreto y muy bello, nos habla esta última película que el gran cineasta alemán ha realizado, producida enteramente en Japón.

El director y autor de París, Texas, El amigo americano, Cielo sobre Berlín, de nuevo, nos expone desde su hermoso humanismo, el punto de vista desde el que siempre contempla al ser humano. La película es un canto a la sencillez, a la intimidad, a la vida, casi oculta de muchos hombres que conforman su felicidad a la realización del trabajo diario, aunque éste sea para mucha gente, un trabajo ingrato, humillante, e incluso denigrante, como puede ser limpiar la suciedad que generamos los demás. Trabajo ingrato pero necesario. En cierto modo, el personaje de la película nos indica sin aspavientos ni hipérboles que la felicidad es posible alcanzarla incluso en las más pequeñas cosas.

Hirayama parece totalmente satisfecho con su sencilla vida de limpiador de retretes en Tokio. Fuera de su estructurada rutina diaria, disfruta de su pasión por la música y los libros. Le encantan los árboles y les hace fotos. Una serie de encuentros inesperados revelan poco a poco más de su pasado

Y posee una vida espiritual y profunda, que con sensibilidad capta la belleza de las cosas que a su alrededor ocurren. El gran valor de este filme es que nos indica un camino para muchos de nosotros, que andamos ahítos, de tanto ruido exterior e interior, de tanto estruendo mediático, de tantas tantos cambios e innovaciones, que la misma vida actual nos impone. Captar la sencilla belleza de las plantas, hojas y flores, jugar, casi anónimamente, al juego de los de las tres en raya, o fotografiar la luz que se escapa y entrecruza entre las hojas de los árboles (una afición que es común en la cultura japonesa).

Es una película por tanto minimalista, es decir, con un argumento muy breve y que precisamente se repite a lo largo de la película y que sin embargo no fatiga en ningún momento. Pero nunca es lo mismo, siempre sucede algún pequeño percance que renueva y que da sentido al día per las experiencias diarias que la vida le ofrece y que él alimenta con sus lecturas de Faulkner y la audición de los viejos «casettes» de música de los años sesenta, y las las fotos que toma con su pequeña cámara de instantes que le ofrece la belleza de la naturaleza. La omnipresencia del actor Takuma Takasi con una interpretación sobria, ajustadísima, transmite el mensaje que en toda su pureza quiere transmitir: es posible hallar la felicidad y ver la belleza hasta en las cosas mas insignificantes.

José Luis Barrera Calahorro

                                                                                                                                                                    

jueves, 8 de febrero de 2024

DUBLINESES/LOS MUERTOS. (LAS PELICULAS QUE AMO)

John Huston dirigió esta película en 1987 basada en un relato del escritor James Joyce. Se considera como una de las mejores películas de la historia del cine, pero no es una película “colosal” de gran presupuesto, sino “humilde”, trasparente a primera vista, sencilla. Fue la ultima película dirigida por el gran prolífico maestro y autor de “Chinatown” , “El halcón maltés”, “El tesoro de Sierra Madre”... Algunas secuencias de la película que aquí se comentan las dirigió ya muy enfermo, con máscara de oxígeno y sentado en su silla de ruedas.

Las señoritas Morkan, dos hermanas solteronas y ya mayores organizan, en Dublin y en 1902, una fiesta anual, con motivo de la Epifanía. Allí acude lo más selecto de la sociedad dublinesa, entre ellos Gabriel Connroy, sobrino de las anfitrionas y su bella esposa Gerta. La velada discurre muy bien así como la cena posterior. Cuando ya se están despidiendo, Gabriel que quiere mucho a su esposa observa como ésta queda extasiada y conmocionada escuchando una bella canción de amor irlandesa. Después ya en casa, ella le confiesa un intimo secreto… en ese momento la película se transforma en una reflexión sobre el amor, la nostalgia, la vida y la muerte, que seria también lo que seguramente John Huston sentía y pensaba en los últimos meses de su vida.

“Dublineses/Los muertos” es pues una película testamentaría y por ende llena de melancólica sabiduría. Pero es una obra de arte magistral y de una belleza incomparable. Necesita la paciente complicidad del espectador por cuanto no es un film al uso, comercial, espectacular, sino que sigue un relato casi intimista, minimalista, con contados decorados e interpretado por un magnífico grupo de actores poco conocidos y que actúan con un verismo admirable: son auténticos seres humanos que transparentan humanidad por los cuatro costados.

Y, para sorpresa agradable, su final, esa secuencia donde el tiempo parece detenerse y el corazón se abre a la contemplación: la canción popular irlandesa y que evoca un amor juvenil, la serena y estoica reflexión sobre los seres que han vivido con nosotros y que ya no están.

Casi como un epílogo, “Dublineses/Los muertos” finaliza con una larga reflexión dicha en voz en “off” por Gabriel, donde se expresa la nostalgia de los seres queridos desaparecidos, la inmensa grandeza del ser humano llamado a desparecer, el sentimiento de la caducidad de la vida, la necesidad de disfrutar de ésta aprovechar el tiempo que se nos da, mientras la cara nos muestra la muerte de una de las ancianas que organizaron la fiesta y unas vistas del cementerio cubierto por la sabana blanca de la nieve mientras cae ésta blandamente. Así escuchando el monólogo de Gabriel, una dulce tristeza invade el corazón del espectador:

“Pues. uno a uno, todos nos convertiremos en sombras. Es mejor pasar a ese otro mundo impúdicamente, en la plena euforia de una pasión, que irse apagando y marchitarse tristemente con la edad (…) Cae la nieve. Cae sobre ese solitario cementerio en el que Michael Furey yace enterrado. Cae lánguidamente en todo el Universo y lánguidamente cae, como en el descenso de su último final, sobre todos los vivos y los muertos.”

José Luis Barrera Calahorro

domingo, 22 de octubre de 2023

“Sound of freedom”. Recomendable

I.- “Habéis oído que se dice…”

1.- Estoy sorprendido por el interés de ideologizar innecesaria e injustamente a esta película. Quieren desprestigiarla, quitarle efecto, llenarla de sospechas de intereses ideológicos y proselitistas…

2.- Seguramente escucharás por un lado y por otro, críticas (buenas y malas, como son todas las críticas) al productor (Eduardo Verastegui, también actor, político de derechas que hace campaña en México), al director (Alejandro Monteverde, que tiene a hacer cine social y de marcado carácter cristiano); al protagonista (Jim Caviezel, que trabajó de la mano de Mel Gibson, protagonizando el papel de Cristo en la película de “La pasión de Cristo”; al guión, al estudio que la hecho posible (“Ángel Studios”, el mismo que nos ha traído la muy sorprendente serie “The Chosen”) al resto del reparto, a la banda sonora… Acusan a esta película de ser “católica”.

3.- Por esto mismo, quizá te sorprenda que incluso encuentres burlas que apuntan a la ideología que está detrás, pero que en el fondo, como toda burla política (de un lado o de otro), no es más que gasolina que quiere hacer arder la pretensión de fondo, que es contar la una historia prohibida, un tabú, un tema espinoso, un tema oculto del que muchas personas con fuertes intereses ideológicos y económicos, no quieren afrontar y prefieren las distracciones de ponerle cartelitos como: “cine católico”, “cine de derechas”, “cine ñoño”… Pero resulta que no tiene que ver lo uno con lo otro, es decir: que a pesar de ser cine contundentemente católico, no por eso automáticamente debe ser cine “ñoño”, “proselitista”, o “manipulador”… Es posible que algunas de las personas que andan detrás del guión, de la producción, de la dirección sean de derechas… (vete tú a saber qué eso de ser de derechas o de izquierdas en EEUU, quizá algo muy diferente a como lo concebimos provincianamente en España); es posible que otros sean de izquierdas… (vale el mismo paréntesis anterior, pero a la inversa)… Sinceramente pienso que nada de eso puede discutir absolutamente nada a la historia que cuenta: su realismo, su verdad, su crueldad, su desgraciada identidad de ser una historia basada en hechos reales. ¡Desgraciadamente reales!

4.- Quizá también escuches que esta película ha tenido que sortear muchísimas dificultades para poder ser estrenada: ¡Han pasado ya cinco años desde que se rodó!, pero cuando un producto cultural “pone luz a las tinieblas” y destapa chollos de magnates, es preciso frenarla, ponerle “palos a las ruedas”, buscarle ilegalidades, hacer que tropiece en temas financieros, tratar de calumniarla para que cuando llegue a las pantallas, llegue “viciada” y fracase, o al menos que no triunfe tanto.

5.- Los que la analicen desde lo que es: un producto cinematográfico, estarán en todo su derecho de juzgarla como consideren oportuno y yo podré estar de acuerdo con ellos o discrepar en todo o en parte y me ayudarán a pensar, a formarme mejores juicios…, pero, por favor, que lo hagan sólo desde el punto de vista técnico, artístico, interpretativo… Es decir, es posible que esta película no sea una “obra maestra” cinematográficamente, que tenga lagunas, que su presupuesto no haya hecho posible elegir mejor reparto o buscar mejores efectos, o qué se yo… Pero eso es distinto.

Yo de eso, no voy a hablar, porque ni puedo (no tengo suficiente formación), ni quiero (no es lo mío).

Estoy totalmente de acuerdo con el crítico de cine del Diario de León, Gonzalo González Laiz, que dice, en su artículo titulado “Libres para juzgar”: “cuando uno ve la película, resulta que, o uno es muy ingenuo, o no hay lectura política posible, sino una entretenida película de denuncia que sólo ataca y puede molestar a pedófilos” (Diario de León, 18-X-23)

II.- “Pero yo os digo”:

1.- Que creo que estoy en condiciones de hacer una reflexión y ponerla en circulación para que entre en contraste con otras críticas y aporte elementos que posibiliten que la gente vaya al cine, que vea esta película y que después de verla y de reflexionarla (y rezarla), haga lo posible para sea trabajada por grupos de alumnos de colegios, institutos y universidades; para que sea materia de reflexión en grupos de catequistas, de profesores de religión y otros agentes de pastoral que trabajen con niños, adolescentes, jóvenes, adultos… Hay que hablar de esto. Hay que reflexionar sobre esto. Hay que rezar para que esta lacra desaparezca.

2.- Si vas buscando una película trepidante, que te tenga despierto, inquieto, expectante… un par de horas, esta es tu película. Puede ser que te guste la acción, el suspense… aquí lo encontrarás, te lo aseguro, pero además te llevarás más.

3.- Porque, si además te gusta el cine con valores espirituales y humanos, si te gusta que el cine te interpele, te renueva por dentro, te conmueva el corazón y te ayude a conocer los grandes desafíos y retos del mundo en el que vivimos… entonces, no lo dudes: ESTA ES LA PELICULA QUE DEBES VER Y RECOMENDAR.

4.- Si eres responsable de una parroquia, de una delegación Cristiana, si acompañas a un grupo de jóvenes, si tienes algo que ver con la pastoral juvenil o universitaria, si trabajas en pastoral penitenciaria o en las oficinas de defensa del menor; si eres catequista de niños o adolescentes, si eres profesor de religión, si eres sacerdote, religioso, padre de familia... aquí tienes un estupendo material para:
a.- Abrir los ojos.
b.- Educar el corazón.
c.- Rastrear la presencia de lo religioso y lo espiritual en el alma de los protagonistas y en los diálogos impactantes que nos regala el guión.
d.- Detectar el pecado estructural y sus secuelas…
e.- REZAR, dar gracias, pedid perdón…
f.- y mucho más…

Si me permites ser propagandista, VETE A VERLA, RECOMIÉNDALA, HAZ UNA FICHA DE TRABAJO PARA HACER FÓRUM DESPUÉS… Aprovecha esta magnífica oportunidad que nos viene dada justo ahora, en los inicios de este curso.

No pierdas la oportunidad de asomarte a un abismo real de nuestro mundo (uno de tantos), y de contribuir con ello a su erradicación.

No cabe acusar de exageración a lo que esta película plantea, cuando la esclavitud actual (sobre todo de niños y mujeres) es numéricamente mayor que cuando estaba permitida por las leyes. El artículo de Wiquipedia, por no ir más lejos, es tremendo.

Ah, y perdonadme la fantochada de haber hecho propia la famosa fórmula que Jesús usa en el Evangelio: “Habéis oído que se dijo… pero yo os digo”. No quería ser más que un uso de estilo… Por supuesto que lo que yo os digo, puede ser tirado a la papelera. Faltaría más.

Policarpo Díaz.

Sacerdote diocesano de Salamanca.

 

viernes, 26 de marzo de 2021

Hoy empieza todo

«Hoy empieza todo» es, como se sabe, una de las películas (1999) más conocidas y celebradas de Bertrand Tavernier (1941-2021), el lúcido director francés recientemente fallecido. De esas que impactan. Vaya este artículo en homenaje a este film valiente y a su creador. No puedo dejar de relacionarlo con otro muy anterior que me impresionó vivamente de joven, representativo de una época y un movimiento cultural, la nouvelle vague, nacida en Francia a finales de los 50: «Los cuatrocientos golpes» (François Truffaut, 1959). Lo digo porque, como éste, aquélla tiene las características de las películas de dicho estilo cinematográfico, aunque cuatro decenios después. Ya que representa la vida con sus realidades más verdaderas, a menudo muy crudas, como una de las formas más inteligentes de la libertad de expresión, que, sobre todo, pretende hacer pensar al espectador. El cine no es sólo fantasía, aventuras, dramas y evasión, sino reflejo, reflexión e interpretación de la vida, ya sea la del pasado, la del presente o la del futuro. 

En una entrevista publicada en El País Semanal del 11/12/2005, refiriéndose a la educación en Francia cuenta un indignado Tavernier que “mi mujer se presentó a un examen para ser maestra que era alucinante, porque le exigían un nivel teórico elevadísimo. Nada sobre la forma de enseñar a chavales de culturas diferentes que apenas conocen el francés, a gente que no dispone ni de una mesa libre en casa en la que hacer los deberes. Ésas son las cosas importantes. Eso es lo que hay que ir a ver y analizar. Conozco a profesores fantásticos que me dicen que lo primero que hacen para impartir clases en estos suburbios es tirar a la basura todo lo que han estudiado durante cuatro años”.

A muchos maestros también nos ha pasado lo mismo. En el preciso instante en que nos enfrentábamos a la realidad de la escuela, ese día empezaba todo, problemas y más problemas que se repetían día tras día, y tuvimos que encararlos sin estar seguros de nada, desprendiéndonos de tanta pedagogía inútil, a golpe de ensayo y error, con escasos recursos, imaginación y buena voluntad. “¿Y ahora qué?”, nos preguntábamos desconcertados, inermes, en medio de una clase, frente a las miradas expectantes, interrogadoras o desafiantes de los chavales, cada uno con su mochila particular de insospechadas realidades familiares y sociales. Pero nos mantenía un fin superior, el de ayudar y acompañar a esos muchachos concretos en su formación. O sea, el de intentar hacer lo mejor posible nuestro trabajo docente y ejercer sobre ellos una buena influencia. 
Hablando de los fines y los medios, los alumnos de la Escuela de Barbiana nos lo describieron bellamente, también desde la indignación, hace más de cincuenta años en su famosa Carta a una maestra (PPC, Madrid, 2017): «Se busca un fin. Tiene que ser honesto. Grande. Que no suponga en el chico otra cosa que el ser un hombre. Es decir, que sirva a los creyentes y a los ateos.(…)Sin embargo, pretendemos educar a los chicos con mayor ambición. ¡Llegar a ser soberanos! Y no médico o ingeniero!». Y más adelante, cuando aciertan con una comparación gloriosa, por gráfica y atinada, que se ha hecho famosa: « Pero si los perdemos (a los chicos que expulsa) la escuela ya no es escuela. Es un hospital que cura a los sanos y rechaza a los enfermos. Se convierte en un instrumento de diferenciación cada vez más irremediable». Para terminan con la conclusión inevitable y cierta: «La escuela no tiene más que un problema. Los chicos que pierde». 

Pero hay maestros que salvan. Al que más y al que menos le llamaron de colegial zoquete, torpe o inútil para los estudios (cancre se dice en Francia). A mí, más de una vez, como a Daniel Pennac, el cancre profesor y escritor que nos cuesta su historia denunciando los males de la escuela en el exitoso libro Mal de escuela (Mondadori, 2008), refiriéndose a la importancia y la responsabilidad de ser un buen (o mal) maestro. Y también como él tuve algunos maestros que me salvaron, que creyeron en mí, que es de lo que se trata. Pennac lo cuenta mejor: «Los profesores que me salvaron —y que hicieron de mí un profesor— no estaban formados para hacerlo. No se preocuparon de los orígenes de mi incapacidad escolar. No perdieron el tiempo buscando sus causas ni tampoco sermoneándome. Eran adultos enfrentados a adolescentes en peligro. Se dijeron que era urgente. Se zambulleron de nuevo, día tras día, más y más... Y acabaron sacándome de allí. Y a muchos otros conmigo. Literalmente, nos repescaron. Les debemos la vida». 

Siempre empieza todo. «Hagas lo que hagas, ámalo», le dice Alfredo, el operador de cámara del cine “Paradiso”, a Totó, ya adolescente, en su emotiva despedida, en la inolvidable película de Giuseppe Tornatore “Cinema Paradiso” (1988). De eso se trata, para afrontar la realidad educativa con pasión y convicción. Este precioso párrafo de Josefina Aldecoa lo describe perfectamente, de quien ama apasionadamente la enseñanza: “Cada día surgía un nuevo obstáculo y, a la vez, el reto de resolverlo. Los niños avanzaban, vibraban, aprendían. Y yo me sentía enardecida con los resultados de ese aprendizaje que era al mismo tiempo el mío... Yo me decía: “No puede existir dedicación más hermosa que ésta”. Compartir con los niños lo que yo ya sabía, despertar en ellos el deseo de averiguar por su cuenta la causa de los fenómenos, las razones de los hechos históricos. Ése era el milagro de una profesión que estaba empezando a vivir y que me mantenía contenta a pesar de la nieve y de la cocina oscura, a pesar de lo poco que aparentemente me daban y lo mucho que yo tenía que dar. O quizá por eso mismo. Una exaltación juvenil me trastornaba y un aura de heroína me rodeaba ante mis ojos. Tenía que pasar mucho tiempo hasta que yo me diera cuenta de que lo que me daban los niños valía mucho más que todo lo que ellos recibían de mí” (Aldecoa, Josefina R., Historia de una maestra, Anagrama, Madrid, 1990).

Pero el sistema educativo es como un monstruo dormido que es necesario despertar. En esto de la educación, todos somos entendidos, como en el fútbol, que cada aficionado sabe tanto o más que el entrenador. El filósofo y profesor José Antonio Marina lo explica muy bien, cuando se refiere al inmovilismo de la educación oficial que imposibilita su necesaria y profunda renovación, y la urgencia de consensuar entre las diferentes fuerzas políticas, con generosidad y amplitud de miras, un buen pacto educativo, estable, en vez de utilizarla como pierda arrojadiza y de estar cambiando las leyes educativas cada vez que entra un nuevo gobierno: “Todo el mundo que habla de educación finge certezas que no tiene. No hay recetas mágicas, ni pedagogías milagrosas. Por eso, lo más sabio que se ha dicho sobre educación está recogido en el proverbio de una tribu africana: “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”. Necesitamos ponernos de acuerdo en los fines de la educación, y, a continuación, discutir y poner a prueba los procedimientos para conseguirlos. Nuestro sistema educativo es en la actualidad un diplodocus dormido, es decir, un organismo poderosísimo en un irritante estado de pasividad. No necesitamos leyes, no necesitamos más teorías pedagógicas, lo que necesitamos es recuperar la vitalidad y el ánimo”. (Marina, J. A., Despertad al diplodocus, Ariel, Barcelona, 2015).

Y mucha culpa de ello tiene la pedagogía actual, que se ha reducido a mera didáctica y a un conjunto de ideas y conceptos que forman un corpus teórico, grandilocuente y estéril, formado por una jerga terminológica ridícula, alejada de la realidad cotidiana y del sentido que significa la urgencia del “hoy comienza todo” que estamos comentando, olvidando los valores democráticos de convivencia, justicia, igualdad y libertad que la sustentan y su propia esencia, la del amor y la solidaridad, como señala sabiamente Emilio Lledó «La pedagogía actual, imitando ciertas corrientes americanas, está cargada de conceptos vacíos. Por el contrario, es algo de puro sentido común: la pedagogía del amor; que el profesor, el maestro, sea capaz de contagiar el amor por el saber que enseña. Es algo muy sencillo, pero hay todo un tinglado del que viven los llamados pedagogos». (Lledó, E., Fidelidad a Grecia, Taurus, 2020). 

Todo un enfoque diametralmente distinto que conecta perfectamente con el axioma pedagógico de Lorenzo Milani: «no se puede educar sin amar», el concepto educativo de Paulo Freire: «nadie educa a nadie, sino en comunión, mediatizados por el mundo» o con las propuestas pedagógicas de José Luis Corzo cuando nos habla de los desafíos, las relaciones y los símbolos: «La tarea de la educación está servida -como en los desafíos- si comprendemos la importancia de la relación como zona sensible de nuestra maduración personal -la educación-, que se puede estimular en la escuela como en otras estancias de cada vida humana». ( Corzo, J.L., Con la escuela hemos topado, PPC, 2020, p.60).

Ahora más que nunca: Más y mejor escuela para todos

Alfonso Díez Prieto

viernes, 15 de enero de 2021

El padre (Reino Unido, 2020) de Florian Heller. “Cuando seas viejo, otro te ceñirán”

Florián Heller, un famoso dramaturgo francés escribió y dirigió un drama teatral titulado El padre que tuvo un gran y resonante éxito en Francia hace diez años, ahora la ha convertido en una más que estimable película, sobre todo porque se acerca a una cuestión que por mor de esta maldita pandemia nos preocupa a todos: los ancianos, las personas mayores por las que todos debemos de tener sumo aprecio y máximo cuidado. Y a la vez nos muestra algo de lo que parece carecer la sociedad: la virtud de la piedad, que no es el hábito de rezar mucho y bien, sino la actitud de misericordia, compasión hacia los mayores y especialmente los padres.

El padre es un drama intensamente doloroso y al mismo tiempo profundamente humanista, que se acerca a la vejez del ser humano explicitado dramáticamente en el padecimiento del mal de Alzheimer. Lo hace con delicadeza y cariño pero también con la dureza y la crueldad de la verdad. Todo esto y más se nos muestra a través de la colaboración de sus grandes actores, especialmente del gran Anthony Hopkins, que pese a los muchos años que ya tiene, hace aquí una interpretación casi sublime, merecedora sin duda de un gran premio Óscar.

Con una puesta en escena muy sencilla y funcional pero al mismo tiempo muy rigurosa y clásica, El padre nos va a mostrando los distintos encuentros de un padre anciano aquejado de un incipiente Alzheimer, con su hija, con su cuidadora y también con su yerno. Estos encuentros se nos hace contemplar desde el punto de vista del padre cuya memoria cada vez está más averiada, de modo que el espectador parece al principio desorientarse al cambiarse rostros y roles de los personajes que le rodean, pues no ve lo que objetivamente aparece sino lo que los ojos del padre ven. Quizás sea un error del director abandonar este modo tan original narrativo para en su segunda mitad retornar a contar la película de un modo más convencional, pero sin duda El padre tiene otras cualidades (por ejemplo, los hermosos diálogos) que indultan ese fallo.

De todos modos, nos encontramos con una inmensa variedad de registros en la sublime actuación de Hopkins, a veces irritablemente cómico y sobre todo perdido en los islotes de su memoria, en medio de un tiempo que se le escapa (algo que se nos representa en su manía de mirar constantemente el reloj) a la vez que su propia ininteligibilidad de la vida. Contemplamos el sufrimiento inevitable de la hija (la actriz Olivia Colman, a la que hemos descubierto como Isabel II en la serie de televisión “The Crown“), que por un lado siente el deber de cuidar al padre y al mismo tiempo encontrar su propia felicidad, vivir su propia vida, el posicionamiento obtuso del yerno Contrasta también aquí la dulzura y exquisita profesionalidad de la cuidadora.

El padre, en el fondo nos está hablando no solamente de la enfermedad y la vejez sino también de todo el periplo que es la vida humana representada en la pantalla como si fuera también la nuestra propia. Es una obra desoladoramente triste pero a la vez llena de la esperanza que da contemplar a la vida humana con ese cariño y respeto. El padre es una película, aunque triste, muy digna de ser vista. 

Ahora, más que nunca, piedad

José Luis Barrera Calahorro, 11 de enero de 2020.

jueves, 3 de diciembre de 2020

Woody Allen. “A propósito de nada” y “Rifkin`s Festival”. Un libro y una película.

Hace ya más de un mes que acabé de leer el libro escrito por el director de cine Woody Allen titulado «A propósito de nada».

Tiene un montón de páginas que se leen con bastante facilidad especialmente cuando cuenta el tiempo de su infancia y adolescencia y después, cuando ya «consagrado», se dedica sobre todo a escribir los guiones y rodar sus películas. Es muy interesante conocer el origen de sus filmes, las circunstancias del rodaje, la relación con los actores. Es bastante reiterativo cuando quiere convencernos de su poca cultura que desdice lógicamente el tópico de que Allen es un intelectual muy pedante. Desde luego da la sensación de que es un libro prácticamente inútil, que parece más bien escrito como una especie de "apología pro vita sua".

Aburre en algunos momentos cuando habla de muchos personajes del mundo del espectáculo de Broadway y que el lector español desconoce. Pero se hace cansino, muy cansino, cuando con páginas y páginas intenta explicar todo este lío de la acusación de violación de una de sus hijas o de hablarnos de lo desquiciada que estaba su pareja. (Contra lo que muchos piensan Woody Allen y Mia Farrow nunca estuvieron casados aunque convivieron algunos años).

«A propósito de nada» parece escrito pues para exculparse de algo que los mismos tribunales en su momento lo absolvieron. Pero a raíz del surgimiento del movimiento «Me Too» las acusaciones y persecuciones en Estados Unidos han convertido en Woody Allen en un apestado, pasto de las llamas del mundo del espectáculo. Yo creo que este libro escrito aún empeora su situación.

En verdad es que la forma de vida bastante amoral que proclama y el nihilismo radical que nos narra puede hacer al lector sospechar que podría haber algo de verdad. Si los jueces han hablado, conviene entonces aplicarle la presunción de inocencia. Tan nihilista como siempre con el cinismo que le caracteriza y el sarcasmo muchas veces de su humor, ahora Woody Allen ha presentado su última película "Rifking's festival" que es un filme ya menor, de escaso interés y reiterativo. Se repite hasta la saciedad, y sus chistes y sarcasmos no producen mucha risa. Está claro que es el canto del cisne para los cinéfilos que durante muchos años hemos disfrutado de su extensísima filmografía.

La última película de Woody Allen cuenta en un tono muy amable y muy autocomplaciente, la historia de un matrimonio estadounidense que acude al Festival de San Sebastián. La pareja queda prendada de la ciudad, así como de la belleza y encanto de España y la fantasía del mundo del cine. Ella tiene un affaire con un aclamado director de cine francés y él se enamora de una bella médica española residente en la ciudad. Es verdad que a los que les gusta mucho Woody Allen en todas sus películas y hasta en las más malas (esta es una de ellas) siempre hay momentos y secuencias de gran interés y divertidas. Aquí no son muchas y la conocida causticidad del director judío americano ha desaparecido prácticamente. La cinta es también un gran homenaje a las grandes películas de la historia del cine y que son favoritas del director.

No sabemos si esta va a ser su última película, dada la edad del director y también la situación precaria en que se encuentra en su propio país. El festival de Rifkin mezcla una vez más todos esos jaleos sentimentales, espejismos amorosos, las fracasos y frustraciones de la vida sentimental de la vida del director de Brooklin con la necesidad de crear que todo artista tiene y la experiencia de una vida instalada en el absurdo. Todo esto narrado con muy poca convicción y con menos inspiración, con algunas secuencias de muy poca altura, (la secuencia del pintor en su estudio interpretada por Sergio López) que no parecen salidas de la mano de Woody Allen.

José Luis Barrera Calahorro

jueves, 26 de noviembre de 2020

Una película que emociona: "El blues de Beale Street", porque el amor lo vence todo.

Esta película se estrenó en nuestros cines meses atrás del comienzo del confinamiento y ahora se puede ver en la plataforma Netflix. Es verdaderamente una preciosa joya del cine dónde el arte, el más puro romanticismo y la denuncia social se juntan.

Está basada en la novela de James Baldwin, un escritor de color y activista, y cuenta la historia de dos jóvenes negros neoyorquinos Fonny y Tish que intentan abrirse paso en una sociedad racista y competitiva. Se sitúa en los años 70 (que hermosa reconstrucción del Harlem de esa época). Ella queda embarazada justo cuando él acaba en la cárcel acusado de una violación que no ha cometido. La nueva madre tendrá que pasar todo su embarazo gracias al apoyo de su familia, mientras buscan desesperadamente testigos y pruebas para liberar a su prometido injustamente encarcelado.

Además de ser una película llena de un romanticismo nada cursi pues está entretejido con los hilos de la vida cotidiana, es también un manifiesto contra el apartheid, la discriminación, la desigualdad y la lucha de clases. Aun cuando el tema racial lo hemos visto tantas veces en el cine norteamericano, la película de Jenkins sabe arrancar con intensidad en el espectador la repulsa hacia unas situaciones que sufren los negros por causa de su color, pero también por la marginación y pobreza en la que viven. La historia que nos cuenta el filme nos pone por delante cómo el auténtico amor de una pareja se convierte en una verdadera resistencia a la presión social que padece la sociedad negra. En el filme se juntan problemas como es la acusación falsa de un inocente, la crisis familiar por causa del embarazo adolescente, la reacción hostil basada en una religiosidad integrista. Sin embargo, todas estas fuertes tensiones quedan muchas veces superadas por la actitud del intenso amor de la pareja protagonista.

El blues de Beales Street es una película conmovedora y de denuncia que despierta abiertamente nuestras emociones y hace que a la vez sintamos y percibamos una situación de injusticia qué nos hace reaccionar en medio de la rabia, el estupor y el desagrado. En la película, el amor se nos muestra como a tres niveles: el de una pareja, el amor en la familia y el amor de la solidaridad colectiva. Ante la situación lastimosa de los amantes no se busca la lágrima fácil ni poner paños calientes, ni tampoco cargar las tintas negras sobre los causantes de esta situación.

Es un gran homenaje a la bondad del corazón que a la par invita a la reflexión.

El blues de Beale Street (EEUU, 2019) de Barry Jenkins. 

AHORA MÁS QUE NUNCA: FRATERNIDAD

José Luis Barrera

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