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lunes, 22 de diciembre de 2025

ESCLAVISTAS SIGLO XXI (QUE NO SE ME ENFADEN LOS Y LAS DE LOS "LOS Y LAS". ESCLAVISTAS ELLAS Y ELLOS, TAMBIÉN ELLAS. SÓLO POR SER MUJER?

Mer Santiago

El video refleja las humillaciones a las que están sometidas algunas mujeres que trabajan en el manipulado en Almería. 

Gritos y un mensaje sorprendente: para ir al baño hay que "sellar" (fichar) y, si no se hace, "a casa inmediatamente". Una mujer advierte a las trabajadoras de que cuando se vaya al servicio, dos o tres minutos en cuatro horas, se debe fichar. De no hacerlo, despido fulminante. 

El sector del manipulado en Almería fue portada ya en varias ocasiones. En el 2017 varios medios se hicieron eco de la muerte de un compañero que falleció en la línea de producción y permaneció de cuerpo presente mientras los demás seguían trabajando. 

¿Mujer tenías que ser? No, no me vale esta expresión. Esta explotadora, con "a" de femenino, seguro que se manifiesta el día 8 de marzo. Al fin y al cabo, Letizia Ortiz así lo hizo, yendo a la huelga con las mujeres, como si de compañeras se tratara...¡Qué grande!

miércoles, 19 de febrero de 2025

20 años del libro Nacer por cesárea

Ibone Olza

“Soñábamos con parir a nuestros hijos mucho antes de estar embarazadas. Tal vez desde el día en que nos vino la primera regla, o puede que antes. «Ya eres mujer», nos dijeron. Y, en el fondo, sabíamos que esa sentencia encerraba un tesoro, una fuerza, una promesa: un día podríamos dar a luz. E, inevitablemente, la fantasía: parir, amar, procrear, amamantar. Imágenes que llevamos en el inconsciente desde muy jóvenes, desde niñas.

Crecimos, aprendimos, vivimos y, en determinado momento, amamos. Deseábamos un hijo, o tal vez no. Nos embarazamos. Nos sorprendimos. Engordamos, nos redondeamos, nuestro cuerpo se desparramó...y volvimos a soñar. Soñamos con parir: parir con amor, parir rápido, en cuclillas o acostadas, en casa o en el hospital, con nuestro marido o con nuestra hermana, gritando o en silencio, bajo la luz de los focos o en la penumbra de las velas. Aullando de dolor o anestesiadas.

Con miedo o con risa. Todas soñamos con el parto, con mil partos diferentes, pero siempre, al final, con un abrazo, con un bebé que lloraba y era nuestro bebé, con nuestras lágrimas al ver su cara y olerlo al fin.

Sin embargo, casi ninguna de nosotras imaginó nunca que su hijo nacería por cesárea. Las mujeres solemos tener pocas dudas sobre nuestra capacidad para parir. Podemos temer el dolor en el parto, o que algo malo le pase al bebé, pero a muy pocas se nos ocurre imaginar que el bebé no podrá salir por la vagina y que, en vez de eso, tendrá que salir por la tripa.

No imaginábamos que sería por cesárea. Nunca soñamos con despertar solas en un quirófano, heladas de frío. Con la tripa vacía y cosida, atontadas por el dolor o los sedantes, esperando a que se acercase la enfermera para poder preguntar: «¿Y mi hijo? ¿Y mi hija? ¿Dónde está? ¿Cómo fue todo?». Esforzándonos por salir del sueño sin imágenes de la anestesia, intentando no volver a caer en él. «¿Dónde está? ¿Y mi pareja? ¿Cuándo los podré ver? ¿Puedo beber agua?». Y por dentro, una herida indescriptible, un dolor ciego, sordo, que no sabemos dónde está ni qué es. Un dolor que no identificamos, que nunca antes habíamos experimentado. «Será la herida». Es la herida. La herida emocional.”

En 2005 publicamos este libro: "Nacer por cesárea. Evitar cesárea innecesarias, vivir cesáreas respetuosas" coescrito entre el obstetra Enrique Lebrero y yo. La primera edición llevaba un prólogo de Casilda Rodrigáñez, del que extraigo:

Creo que estamos en un momento de recuperación de la maternidad; y ello requiere crear un cultura nueva de la maternidad que reconozca que la ‘dirección’ del proceso de una maternidad la lleva el propio cuerpo: el cuerpo entendido no como un aséptico contenedor sino como unidad psicosomática en donde lo fisiológico, lo sexual y lo emocional de la mujer van unidos. Nuestros cuerpos saben parir, y el útero se puede abrir «suave y lentamente, sin calambres», como dice Leboyer en su libro El Parto: crónica de un viaje. La medicina, para saber estar en su sitio, para conocer el lugar que debe ocupar en la maternidad, debiera darle la mano a la sexología; y así entender qué es un parto, cómo funciona su fisiología, de qué depende de que encuentre su ritmo y que el proceso se desarrolle de modo placentero, amable:

En vez de contraerse ‘en bloque y brutalmente’,
el útero lo hace lenta, progresivamente y casi con dulzura
cuando la contracción llega a su punto límite
observamos cómo, después de una pausa que, aun siendo breve,
no deja de ser muy nítida, el útero se relaja,
y lo hace con la misma lentitud extrema, la misma progresividad
con una nueva pausa en total reposo.
Esta lentitud, que solo tiene parangón en los movimientos
voluntariamente lentos del tai-chi-chuan, determina
que las contracciones, vistas en conjunto, se asemejen a la respiración lenta, profunda y completamente sosegada de un niño
cuando duerme y disfruta de un reposo sin par.
(...)
Los primeros planos que muestran el vientre de la mujer
no dejan lugar a dudas en cuanto a la realidad de estas contracciones.
A su vez, los primeros planos de su cara mientras sigue avanzando en ‘su trabajo’ expresan con elocuencia que, esa joven mujer, en lugar de ‘retorcerse de dolor’ avanza lentamente hacia el ‘éxtasis’.

El modo de dilatación del útero que nos relata Leboyer abre un camino de esperanza para las mujeres, al tiempo que constituye un reto para todos y todas las profesionales que trabajan en torno a la maternidad.


El libro se reeditó en 2013 con Obstare, se tradujo al portugués y al italiano, y ha seguido rulando de madre a madre. Creo que no exagero si digo que ha contribuido a que muchas madres puedan nombrar la violencia obstétrica que sufrieron en sus cesáreas, a sanar la herida emocional, a que otras muchas lograran partos gloriosos después de cesáreas, y a que las cesáreas en general se hagan de forma un poquito más cuidadosa, aunque aun queda muchísimo por hacer para lograr que todas sean respetadas.

PD: El libro está ahora disponible en formato electrónico en kindle.

martes, 14 de marzo de 2023

CUIDADO CON LA HUELGA DE CUIDADOS

En este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que a muchos se les olvida anotar el adjetivo, yo voy a recordar a las mujeres que no pueden hacer la llamada "Huelga de Cuidados" porque de ellas dependen personas que tienen un horario inalterable durante los 365 diías del año. 

Personas que necesitan medicación, que deben ser aseadas, alimentadas, acompañadas...Sí, los cuidados son, aún hoy, tarea encomendada en su mayoría a las mujeres, pero afortunadamente ya hay hombres que también ejercen este trabajo. 

No hay que pensar sólo en el hogar. Ya no llama la atención ver por la calle mujeres y hombres dependientes con acompañantes masculinos, casi siempre personas inmigrantes.

En cualquier caso, sean hombres o mujeres, ¿tiene sentido una huelga de cuidados?¿Es necesario dejar de cuidar a personas que lo precisan para demostrar lo que es evidente? 

Se supone que quien tenga la posibilidad de hacer esta huelga es porque tiene un plan B. No quiero pensar que nadie marche de casa dejando a un bebé de meses solo, o a un anciano con demencia. No entiendo dónde está la reivindicación. 

Yo voy a la huelga, paso el día manifestándome, pidiendo derechos y exigiendo igualdad pero en casa dejo a alguien que no tiene el mismo derecho que yo.

Y las señoras banqueras, las damas televisivas, que parece que también se apuntan, ¿le dan libre ese día a su séquito de cuidadoras? La respuesta está en el viento, cantaba Bob Dylan.

Ahora más que nunca: humanidad

Mer Santiago

lunes, 29 de noviembre de 2021

sábado, 13 de marzo de 2021

IX aniversario de Domitila Barrios, la feminista pobre que cuestionó los feminismos de élite en la ONU

Eugenio A. Rodríguez

Hoy hace nueve años que falleció Domitila Barrios. Merece la alegría leer, al menos, esta publicación de muywaso.com. También la de "colectivo no violencia" cuyo enlace adjuntamos. Especialmente el vídeo con las propias palabras de Domitila.

www.muywaso.com   (aquí)

En 1975 Domitila Barrios irrumpió en la testera de la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer de la ONU con una fuerza irrebatible y una transversal, hasta entonces, invisibilizada por los feminismos hegemónicos: los conflictos de clase.

Domitila Barrios

En la Tribuna aprendí mucho también. Y en primer lugar, aprendí a valorizar más la sabiduría de mi pueblo. Allí, cada cual que se presentaba al micrófono decía: “Yo soy licenciada, represento a tal organización”… Y blá-bláblá, echaba su intervención. “Yo soy maestra”, “Yo soy abogada”, “yo soy periodista”, decía otra. Y blá-blá-blá, empezaba a dar su opinión.

Entonces yo me decía: “Aquí hay licenciadas, abogadas, maestras, periodistas que van a hablar. Y yo… ¿cómo me voy a meter?” Y me sentía un poco acomplejada, acobardada. E incluso no me animaba a hablar. Cuando por primera vez me presenté al micrófono frente a tantos títulos, como cenicienta me presenté y dije: “Bueno, yo soy la esposa de un trabajador minero de Bolivia”.

Con un temor, todavía, ¿no? Y me animé a plantear los problemas que estaban siendo discutidos en ahí. Porque esa era mi obligación. Y los he planteado para que todo el mundo nos escuche a través de la Tribuna

Esto me llevó a tener una discusión con la Betty Friedman, que es la gran líder feminista de Estados Unidos. Ella y su grupo habían propuesto algunos puntos de enmienda al “plan mundial de acción”. Pero eran planteamientos sobre todo feministas y nosotras no concordamos con ellos porque no abordaban algunos problemas que son fundamentales para nosotras, las latinoamericanas.

La Friedman nos invitó a seguirla. Pidió que nosotras dejáramos nuestra “actividad belicista”, que estábamos siendo “manejadas por los hombres”, que “solamente en política” pensábamos e incluso ignorábamos por completo los asuntos femeninos, “como hace la delegación boliviana, por ejemplo” —dijo ella.

Entonces yo pedí la palabra. Pero no me la dieron. Y bueno, yo me paré y dije:

Perdonen ustedes que esta Tribuna yo la convierta en un mercado. Pero fui mencionada y tengo que defenderme. Miren que he sido invitada a la Tribuna para hablar sobre los derechos de la mujer y en la invitación que me mandaron estaba también el documento aprobado por las Naciones Unidas y que es su carta magna, donde se reconoce a la mujer el derecho a participar, a organizarse. Y Bolivia firmó esta carta, pero en la realidad no la aplica sino la burguesía.

Y así, seguía yo exponiendo. Y una señora, que era la presidente de una delegación mexicana, se acercó a mí.

Ella quería aplicarme a su manera el lema de la Tribuna del Año Internacional de la Mujer que era “Igualdad, desarrollo y paz”. Y me decía:

Hablaremos de nosotras, señora… Nosotras somos mujeres. Mire, señora, olvídese usted del sufrimiento de su pueblo. Por un momento, olvídese de las masacres. Ya hemos hablado bastante de esto. Ya la hemos escuchado bastante. Hablaremos de nosotras… de usted y de mí… de la mujer, pues.

Entonces le dije:

Muy bien, hablaremos de las dos. Pero, si me permite, voy a empezar. Señora, hace una semana que yo la conozco a usted. Cada mañana usted llega con un traje diferente; y sin embargo, yo no. Cada día llega usted pintada y peinada como quien tiene tiempo de pasar en una peluquería bien elegante y puede gastar buena plata en eso; y, sin embargo, yo no. Yo veo que usted tiene cada tarde un chófer en un carro esperándola a la puerta de este local para recogerla a su casa; y, sin embargo, yo no. Y para presentarse aquí como se presenta, estoy segura de que usted vive en una vivienda bien elegante, en un barrio también elegante, ¿no? Y, sin embargo, nosotras las mujeres de los mineros, tenemos solamente una pequeña vivienda prestada y cuando se muere nuestro esposo o se enferma o lo retiran de la empresa, tenemos noventa días para abandonar la vivienda y estamos en la calle. Ahora, señora, dígame: ¿tiene usted algo semejante a mi situación? ¿Tengo yo algo semejante a su situación de usted? Entonces, ¿de qué igualdad vamos a hablar entre nosotras? ¿Si usted y yo no nos parecemos, si usted y yo somos tan diferentes? Nosotras no podemos, en este momento, ser iguales, aun como mujeres, ¿no le parece?’

Fragmento de «Si me permiten hablar»

+info en "Colectivo noviolencia" (pinchando aquí)
+info en "Info Región" (pinchando aquí)

¿DÓNDE PODEMOS LLEVARLA PA QUE NO QUIERA MORIR?

Es penoso y duro de vivir queriéndote morir cada día porque no ves luz ni sentido a nada de lo que haces. Es penoso y duro acompañar a una p...