domingo, 18 de octubre de 2026

Apocalipsis fabricado


Ehsan Ulla Khan

Cargados sobre espaldas humanas: La explotación colonial, la carga de la esclavitud sobre las mujeres, los niños y los hombres, y su herida persistente en el sistema económico global moderno.


Este informe de investigación, elaborado por Ehsan Ullah Khan, examina la continuidad histórica del trabajo forzado desde las estructuras medievales de servicio obligatorio hasta la servidumbre contemporánea por deudas. Su tesis central es que la esclavitud no constituye una institución extinguida, sino una patología social recurrente que reaparece bajo nuevas formas siempre que convergen la pobreza extrema, la debilidad del Estado de derecho, las jerarquías de casta o raza, la desigualdad de género y la impunidad de las élites económicas y políticas. La historia del trabajo coercitivo demuestra que el ser humano ha sido convertido repetidamente en camino, herramienta, garantía financiera y fuerza de trabajo al servicio de imperios, terratenientes, empresas y empleadores.

Antes de la modernización de los transportes, los imperios descubrieron que el medio más barato de mover funcionarios, armas, alimentos, suministros y mercancías era el cuerpo humano. En la India británica, este sistema recibió el nombre de begar; en el África portuguesa, chibalo; en las colonias francesas, prestations y corvée; y en el Estado Libre del Congo, un régimen de terror basado en cuotas de caucho, toma de rehenes, mutilaciones y muertes masivas. Aunque estas formas de explotación recibieron nombres distintos, compartían un principio común: las personas colonizadas, pobres y racializadas eran tratadas como infraestructura viviente del poder imperial.

En el sur de Asia, el servicio obligatorio existía antes del colonialismo europeo en reinos medievales, aldeas dominadas por terratenientes y cacicazgos montañosos. Sin embargo, el dominio británico transformó esas obligaciones dispersas en una máquina burocrática coercitiva. En regiones como Kumaon y Garhwal, las aldeas fueron obligadas a suministrar cargadores para funcionarios, soldados, guardas forestales y viajeros. Los hombres eran inscritos en registros y forzados a transportar equipaje, tiendas, alimentos, armas y documentos oficiales a través de caminos montañosos, bosques y zonas de enfermedad. Recibían poco o ningún pago, perdían jornadas agrícolas esenciales y enfrentaban castigos físicos, multas o encarcelamiento si se resistían.

La carga recaía de manera desproporcionada sobre campesinos, comunidades de castas inferiores, habitantes de los bosques y pueblos adivasi, pues eran quienes poseían menor capacidad de resistencia. Los relatos históricos describen cargadores que se desplomaban por agotamiento, sufrían úlceras, fiebres y hernias, y eran golpeados, abandonados o reemplazados cuando ya no podían continuar. El Estado colonial denominaba “deber” a esta explotación; quienes la sufrían la reconocían como esclavitud.

La resistencia, no obstante, también formó parte de esta historia. En enero de 1921, durante la feria de Uttarayani en Bageshwar, miles de habitantes de Kumaon se reunieron junto al río Saryu y juraron rechazar el coolie begar, el coolie utar y el coolie burdayash. Los cabeza de aldea arrojaron los registros laborales al río, destruyendo simbólicamente los documentos que habían convertido a seres humanos en propiedad del Estado colonial. Este movimiento, liderado por figuras como Badri Datt Pandey y Hargovind Pandey, demostró que el trabajo forzado persistía no porque las comunidades lo aceptaran, sino porque el Estado poseía la fuerza para imponerlo. Cuando la resistencia se volvió colectiva, el sistema comenzó a derrumbarse y la administración colonial terminó por abolir el begar en Kumaon.

El informe también analiza el Imperio portugués, donde la abolición formal de la esclavitud no produjo libertad real. Portugal mantuvo en Angola, Mozambique, Santo Tomé y Guinea un sistema de trabajo coercitivo llamado chibalo. Hombres, mujeres y niños africanos fueron obligados a trabajar en plantaciones, cultivos de algodón, construcción de caminos y obras públicas. En Mozambique, el cultivo obligatorio de algodón desplazó la producción de alimentos, provocando hambre y sufrimiento familiar. Las mujeres soportaron cargas físicas, trabajo doméstico forzado y violencia sexual; los niños trabajaron junto a sus padres; y los hombres que no cumplían las cuotas fueron golpeados o encarcelados. El caso portugués demuestra que una potencia colonial puede abolir la palabra “esclavitud” mientras conserva la esclavitud en la práctica.

La forma más extrema de esta lógica se produjo en el Estado Libre del Congo bajo el dominio personal del rey Leopoldo II entre 1885 y 1908. Allí, la extracción de caucho y marfil se impuso mediante el terror: las aldeas recibían cuotas imposibles, los hombres eran enviados a los bosques y las mujeres y los niños eran retenidos como rehenes para obligar al cumplimiento. El incumplimiento podía derivar en hambre, violación, encarcelamiento, asesinato o mutilación. Los testimonios de los sobrevivientes recogidos por la Comisión de Investigación de 1904–1905 documentan la destrucción de comunidades enteras y la reducción de la vida humana a una cuota productiva. El Congo revela la consecuencia última del trabajo forzado colonial: cuando un cuerpo se quebraba, otro podía ser apresado.

Francia empleó mecanismos similares en África Occidental y en Indochina. El sistema de "prestations" obligaba a los hombres adultos a pagar un impuesto de trabajo mediante labores no remuneradas en caminos y proyectos públicos. En Indochina, el trabajo forzado construyó ferrocarriles, puertos y carreteras coloniales, mientras los campesinos morían por accidentes, enfermedades, desnutrición y castigos brutales. Estas experiencias confirman que el trabajo coercitivo no fue una anomalía ni una práctica limitada a regiones “atrasadas”, sino un instrumento ordinario de administración imperial.

La religión ocupó una posición ambivalente frente a la esclavitud y la servidumbre. En la sociedad hindú, la jerarquía de casta contribuyó a legitimar el trabajo hereditario y las ocupaciones consideradas impuras, aunque también surgieron corrientes bhakti y movimientos de resistencia contra la opresión de casta. En las sociedades musulmanas, el derecho islámico prohibía la esclavización de musulmanes libres y promovía la manumisión, pero la esclavitud y el trabajo forzado persistieron mediante el cautiverio, la deuda, la concubinato y las costumbres locales. En el mundo cristiano, las iglesias tanto bendijeron el imperio como lo desafiaron: algunos misioneros sirvieron a las administraciones coloniales, mientras otros expusieron atrocidades, especialmente en el Congo. La conclusión es que la religión puede santificar la dominación, pero también convertirse en un lenguaje de liberación cuando defiende la dignidad humana y condena la explotación.

El informe subraya que la esclavitud moderna no pertenece únicamente al pasado. Según la Organización Internacional del Trabajo, Walk Free y la Organización Internacional para las Migraciones, aproximadamente 50 millones de personas vivían en condiciones de esclavitud moderna en 2021, incluidos 27,6 millones en trabajo forzado y 22 millones en matrimonio forzado; más de 12 millones eran niños. En Pakistán, se estima que alrededor de 2,3 millones de personas experimentaron alguna forma de esclavitud moderna en 2021. Estas cifras demuestran que la servidumbre por deudas, la trata, el matrimonio forzado y la explotación laboral siguen siendo realidades contemporáneas.

Pakistán ocupa un lugar central en este análisis. La lucha contra el peshgi—el anticipo que vincula a un trabajador y su familia con un empleador—se convirtió en una de las campañas abolicionistas más importantes del mundo moderno. Ehsan Ullah Khan, fundador del Bhatta Mazdoor Mahaz en 1967 y posteriormente vinculado al Bonded Labour Liberation Front, organizó durante más de dos décadas a los trabajadores de los hornos de ladrillos en Punjab. El peshgi aparecía como un préstamo voluntario para el matrimonio, la enfermedad, la alimentación o una emergencia, pero en la práctica se transformaba en una cadena: los salarios bajos, las cuentas manipuladas, las multas arbitrarias y las deudas hereditarias hacían casi imposible el reembolso. Los niños nacían con obligaciones que nunca habían contraído, y el horno de ladrillos se convertía en una prisión sin muros.

Esta lucha culminó en la promulgación de la Ley de Abolición del Sistema de Trabajo en Servidumbre de 1992. La ley abolió el sistema de trabajo en servidumbre, liberó a los trabajadores de sus obligaciones, extinguió las deudas derivadas de la servidumbre, prohibió nuevos anticipos de ese tipo e impidió que los tribunales u otras autoridades recuperaran dichas deudas. Fue un logro histórico: Pakistán declaró formalmente que una deuda no podía ser propietaria de un ser humano.

Sin embargo, la abolición legal no eliminó la servidumbre en la práctica. El Tribunal Superior de Islamabad reconoció en 2021, en un caso relacionado con trabajadores menores de edad, que los anticipos utilizados para retener a los trabajadores de los hornos de ladrillos constituían una nueva forma de esclavitud moderna. El tribunal sostuvo que, cuando un anticipo se emplea para obligar a alguien a permanecer en un lugar de trabajo, deja de ser crédito ordinario y se convierte en un instrumento de coerción.

El informe presta especial atención al Código Laboral de Punjab de 2026, promulgado el 10 de febrero de 2026. Este código permite anticipos sin intereses de hasta tres veces el salario mínimo aplicable a los trabajadores no calificados, recuperables mediante cuotas que no excedan un quinto de la remuneración. Sus defensores sostienen que estas disposiciones modernizan la protección laboral, introducen registros digitales y sustituyen la deuda coercitiva por crédito regulado. Sus críticos, en cambio, advierten que el empleador puede ser simultáneamente acreedor, arrendador, proveedor de vivienda y controlador del salario, condiciones bajo las cuales un anticipo puede convertirse nuevamente en una cadena. Si un sistema digital registra la deuda, calcula las cuotas y permite su recuperación, el peshgi podría no haber sido abolido, sino digitalizado.

La pregunta central es, por tanto, si un Estado puede regular la deuda sin legalizar la servidumbre por deudas. El criterio decisivo es simple: un trabajador debe poder abandonar a su empleador sin perder el refugio, los salarios, la seguridad o la protección de su familia. Si no puede hacerlo, el anticipo no es un préstamo, sino servidumbre.

El informe concluye que la paz duradera exige verdad histórica, educación, rendición de cuentas y una aplicación de la ley centrada en los sobrevivientes. La democracia no consiste únicamente en elecciones, sino en la capacidad de las personas comunes para exigir responsabilidad a los poderosos. La educación debe enseñar que el begar no era tradición, que el peshgi no es un favor y que la casta, la raza, el género y la pobreza no son destinos naturales, sino estructuras sociales que pueden transformarse. Ningún niño debe heredar una deuda que nunca contrajo, ninguna mujer debe heredar un cuerpo que otros pretendan poseer y ninguna comunidad debe heredar la humillación como si fuera su destino. La paz comienza cuando el peso es finalmente depuesto.




viernes, 16 de octubre de 2026

Migración más allá del capitalismo



José R. Loayssa

Migration Beyond Capitalism
Hannah Cross (https://www.politybooks.com/author-books...)

La izquierda humanista-moralista sigue un método de defensa de la solidaridad con los migrantes que vulnera cualquier análisis político serio. La solidaridad con todos los migrantes sin distinción (dudo que nos debamos solidarizar con los venezolanos antichavistas que vinieron por miles) es su punto de partida. Por lo tanto analizan los procesos migratorios de forma sesgada. Seleccionan todos los datos que pueden respaldar el carácter positivo de éstos (contribuyen a la prosperidad del país, benefician a todos, incluso contribuyen a que dispongamos una mejor selección de fútbol) y cancelan cualquier dato u opinión contraria.

Este libro de Cross adopta una perspectiva distinta. Se centra en la economía política (olvida en demasía la dimensión interpersonal, subjetiva y antropológico cultural), y acumula datos empíricos mostrando como la migración masiva es funcional al capitalismo actual. La explotación brutal de los trabajadores migrantes desempeña un papel fundamental en la economía política del capitalismo contemporáneo. La teorización abstracta y utópica de muchos liberales e izquierdistas sobre la migración suele ignorar o minimizar los patrones de desplazamiento y las brutales dinámicas de clase, que dividen y debilitan a la clase trabajadora al tiempo que fortalecen a la clase dominante.

En este importante libro, Hannah Cross ofrece un análisis objetivo de los antagonismos de clase de la migración en el contexto de la nación, la democracia y la organización racializada del mundo. Aplicando la metodología y la estrategia marxistas a un análisis minucioso de los movimientos emancipadores existentes, expone los programas y enfoques necesarios para promover la solidaridad obrera global y crear un futuro en el que la mano de obra barata deje de ser un pilar de las economías ricas. Este enfoque en las clases trabajadoras le permite identificar nuevas e importantes direcciones para la migración en un mundo más allá del capitalismo, la explotación y la injusticia.

Este libro debería ser leído por los interesados en la política y la economía política de la migración en un mundo atrapado, paradójicamente, entre el capitalismo autoritario racista y las ilusiones ingenuas del liberalismo de izquierda contemporáneo.

jueves, 15 de octubre de 2026

Sin casa no hay salud


Charo Quintana (en el Diario Montañes)

Plataforma en defensa de la Sanidad Pública de Cantabria

La incertidumbre sobre dónde vivir dentro de unos meses se convierte en insomnio, cefaleas, molestias digestivas, ansiedad o depresión

Hablar de vivienda es hablar de salud. No de forma metafórica, sino como una realidad que la salud pública conoce bien: las condiciones en las ... que nacemos, crecemos, vivimos y envejecemos determinan nuestras oportunidades de enfermar o de mantener una vida saludable. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la vivienda un importante determinante de la salud y advierte de que una vivienda inadecuada puede favorecer enfermedades respiratorias y cardiovasculares, problemas de salud mental, lesiones y enfermedades infecciosas. Por eso, desde la Plataforma en Defensa de la Sanidad Pública de Cantabria queremos decirlo con claridad: disponer de una vivienda digna es una necesidad sanitaria de primer orden.





Lamentablemente, atravesamos una emergencia habitacional. El Instituto Nacional de Estadística (INE) señala que en 2025 el 44,3% de las personas de 26 a 34 años seguía viviendo con sus padres. Casi la mitad porque no podía permitirse comprar o alquilar una vivienda. Por su parte, el Consejo de la Juventud sitúa la tasa de emancipación juvenil en apenas el 14,5%.

Pero la crisis no termina en la juventud. Cuando el precio obliga, se comparte piso. Se alquilan habitaciones donde puede acabar viviendo una familia entera. Niños que necesitan espacio para gatear, jugar, estudiar, descansar o hacer ruido y adolescentes que precisan de un espacio propio, tienen que adaptarse a viviendas que no fueron pensadas para varias familias. La precariedad habitacional también significa vivir pendientes de una renovación de contrato, de una subida de alquiler que no se sabe si podrá pagarse o de una amenaza de desahucio.

Los datos judiciales recuerdan la dimensión del problema: solo en el primer trimestre de 2025 se practicaron 7.334 lanzamientos en España, y casi el 77% procedió de procedimientos relacionados con la Ley de Arrendamientos Urbanos. Detrás de cada cifra hay personas. Hay madres y padres que hacen cuentas, personas mayores que temen quedarse en la calle, y niños y niñas que pueden verse obligados a cambiar de colegio y de amigos porque su familia ya no puede pagar el alquiler en su barrio.

Ese miedo sostenido enferma. La incertidumbre sobre dónde vivir dentro de unos meses se convierte en insomnio, cefaleas, molestias digestivas, ansiedad, nerviosismo o depresión. En las situaciones más extremas, el sufrimiento puede empujar al suicidio. El propio Ministerio de Sanidad reconoce que la dificultad para acceder a una vivienda digna forma parte de los determinantes sociales relacionados con el malestar psicológico.

Y también se resiente nuestro sistema sanitario público. Una mudanza forzada al terminar un alquiler o tras un desahucio supone cambiar de Centro de Salud y romper los vínculos construidos durante años con sus profesionales, dificultando la deseable atención longitudinal. La continuidad asistencial no es un lujo: es calidad sanitaria.

Una vivienda saludable debe ser, además, habitable. Debe proteger del frío y del calor extremos, de las humedades, evitar el hacinamiento y permitir que las personas con movilidad limitada puedan entrar y salir de su casa. No podemos aceptar que alguien permanezca encerrado porque vive en un edificio sin ascensor, ni que una familia tenga que elegir entre pagar la calefacción y comprar alimentos o medicinas. La OMS advierte de que el frío y el calor extremos en viviendas inadecuadas tienen consecuencias graves para la salud y que mejorar el aislamiento y las condiciones de las casas puede prevenir enfermedad y salvar vidas.

Por todo ello, esta Plataforma considera la vivienda un bien de primera necesidad y un requisito imprescindible para una vida saludable. Resolver el problema habitacional supondría una contribución a la salud pública difícil de calcular: mucha menos enfermedad, menos sufrimiento y más bienestar.

Pedimos que se garantice lo que es un derecho constitucional mediante políticas públicas a la altura de una necesidad básica. Pedimos vivienda asequible, accesible y digna. Pedimos que nadie enferme por no disponer de una casa. Y llamamos a la ciudadanía a movilizarse porque la vivienda digna no es solo un derecho social, es una condición para poder ejercer el derecho a la salud. Y a quienes tienen responsabilidades políticas les pedimos que dejen de aplazar la respuesta y pongan manos a la obra. La salud de la mayoría social también se decide en nuestras casas.

martes, 13 de octubre de 2026

“Prioridad nacional”: cuando el odio se escribe en una ley

 

“Mis tías limpiaron casas ajenas y cuidaron hijos ajenos para que yo pudiera estudiar. Nunca pidieron nada regalado. Nunca faltaron un solo día, ni siquiera siendo internas. Y ahora, en el país al que le dieron sus mejores años, una ley les pregunta si «merecen» un techo o no son de prioridad nacional”
 Misael 

Eso es la “prioridad nacional”: una puerta cerrada con un cartel que dice “tú, panchito. Tú, negrito. Tú, NO.” 

PP y Vox la han pactado y la han metido en las leyes valencianas de 2026. Cuando toca sonar más suave, la llaman “arraigo”. Pero a las familias migrantes les dice lo mismo: esperad al final de la cola, detrás incluso de quien nunca ha cotizado y solo ha aportado discursos de odio a este país. 

Y cuando un partido le dice a un pueblo que hay vecinas de primera y de segunda, eso tiene un nombre: discurso de odio, ahora con sello oficial.

Mira la trampa

Para demostrar arraigo hay que estar empadronada. Pero a miles de personas no las dejan empadronarse. Les exigen el permiso de un casero que no quiere declarar el alquiler porque prefiere no tributar por él. 

Sin padrón no hay arraigo. Sin arraigo no hay vivienda.
Primero te cierran la puerta y después te acusan de no haber entrado. 

El problema real

El problema de este país no son las personas que llegan a trabajar. Son los desahucios, los alquileres que se comen el sueldo y los pisos convertidos en negocio turístico. A quien no encuentra casa le señalan al vecino de al lado, que tampoco la encuentra.

-Hay madres que duermen con el móvil bajo la almohada por si llega la carta del desahucio.
-Hay niños que dicen “contrato” y “fianza” antes que “vacaciones”.
-Hay mujeres que cuidan a nuestras abuelas y no tienen una cama propia.

Esas personas no vienen a quitarte nada. Vienen a sostener lo que tú no tienes tiempo de sostener. 

La Constitución dice que todas las personas somos iguales ante la ley. Las normas europeas prohíben discriminar por origen en el acceso a la vivienda. No pedimos un favor. Exigimos que se cumpla lo que ya está escrito.

Exigimos al Consell y a Les Corts: Derogar la “prioridad nacional” y todo requisito de arraigo que deje fuera a familias por barreras que no dependen de ellas.

Garantizar el empadronamiento de toda persona que vive aquí, sin trabas ni permisos imposibles. Como mínimo, que el empadronamiento especial tenga silencio administrativo positivo y sanciones para quien no lo cumpla.

Frenar los desahucios y activar de verdad el parque público de vivienda, para todas y todos.

Una sociedad no se mide por lo que presume, sino por cómo trata a quienes queremos, a quienes cuidan a quienes queremos y a las personas más vulnerables.

Firma

Para que nadie tenga que pedir perdón por existir aquí, por amar este lugar y decidir hacer de España su país, sin importar su color de piel ni su pasaporte de origen. 

Campaña “València pels Drets de les Persones Immigrades”: más de 40 colectivos de personas migradas y entidades de derechos humanos.

https://www.change.org/p/no-a-la-prioridad-nacional-la-prioridad-son-los-derechos?recruiter=1431550236&recruited_by_id=9a4044f0-c03c-11f1-b2f9-e5411427e5cc&utm_source=share_petition&utm_campaign=petition_dashboard&utm_medium=copylink&share_id=WMTrhJfbtv

Ahora más que nunca: SOLIDARIDAD

Misael Paredes Riofrío


Carlos Sánchez Mato: Recalificaciones urbanísticas a favor del Madrid y otros clubs

lunes, 12 de octubre de 2026

La violencia de Israel contra Palestina sobrevive al alto el fuego | Boletín 41 (2026)

https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/la-violencia-israeli-sobrevive-al-alto-al-fuego/

La agresión contra la existencia palestina no se limita al bombardeo: la destrucción de infraestructura, el control israelí del dinero palestino y la complicidad empresarial occidental con el apartheid son frentes de una misma ofensiva.


8 de octubre de 2026



Abed Abdi (Palestina), In the Shadow of the Aggression [A la sombra de la agresión], 2024.

Queridas amigas y amigos,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

La campaña de bombardeos genocida de Israel ha devastado el sistema de aguas residuales de Gaza. Desde 2023 ha destruido o dañado casi el 90% de la infraestructura de agua y saneamiento del territorio. Cada día se vierten 45.000 metros cúbicos de aguas residuales sin depurar al mar Mediterráneo y otros 15.000 metros cúbicos se filtran al suelo. Este colapso de la infraestructura sanitaria ha provocado una plaga de ratas y otros roedores en Gaza. Dos de cada tres niñxs que viven en sitios de desplazamiento padecen estas pestes. En septiembre de 2026, una proliferación excepcional de algas obstruyó los sistemas de filtración de 5 de las 6 plantas desalinizadoras de Israel. El grupo ambiental israelí Zalul advirtió que las aguas residuales sin tratar de Gaza estaban contribuyendo a agravar la crisis.

Lo que siembres, eso cosecharás.



Majdal Nateel (Palestina), Studying the Void of Amputation [Estudiando el vacío de la amputación], 2025.

Un alto el fuego no reconstruye un hogar. En Gaza, el pueblo palestino sigue viviendo entre las ruinas de la campaña de matanzas y destrucción de Israel. Un año después de la entrada en vigor del alto el fuego, cientos de miles de personas permanecen en carpas desgastadas, refugios temporales y edificios dañados. El cese de los combates más intensos ni siquiera ha restablecido las condiciones básicas para que las personas puedan vivir con dignidad.

La destrucción en Gaza no puede dimensionarse solo con datos, aunque las cifras sí dan una idea de la magnitud de la devastación causada por Israel y sus aliados. Por ejemplo, un informe reciente de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD por su sigla en inglés) concluyó que el 92% de los establecimientos económicos de Gaza han sido destruidos o dañados. En 2025, el PIB real per cápita fue de 212 dólares, apenas el 17% de su ya bajo nivel de 2022, y más del 90% de la población de Gaza en edad de trabajar permanecía desempleada. Para mayo de 2026, apenas se habían comprometido 17.000 millones de dólares para cubrir el costo estimado de 71.500 millones de dólares de la recuperación y reconstrucción de Gaza. Además, solo se había desembolsado una pequeña fracción de los fondos comprometidos. Gaza seguirá siendo una ruina durante algún tiempo más.



Juhaina Habibi Kandalaft (Palestina), Ardi, biti [Mi hogar, mi tierra], 2015.

Las familias de Gaza que llevan más de dos años viviendo en carpas afirman que sus espacios habitables son tan reducidos que cada aspecto de la vida familiar, desde conversar y cocinar hasta dormir y bañarse, transcurre sin privacidad. Una evaluación realizada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA por su sigla en inglés) en más de 500 sitios de desplazamiento constató que solo alrededor de la mitad estaba a menos de 500 metros de un espacio seguro para mujeres y niñas. A fines de julio de 2026, 17 de esos espacios permanecían cerrados por falta de financiamiento y dos más por razones de seguridad, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA por su sigla en inglés). La especialista en aspectos psicosociales Abeer al-Shurafa dijo a al-Araby al-Jadeed que “las tiendas de campaña, tan pegadas unas a otras, dejan la vida de las personas expuesta a las demás y crean condiciones que fomentan la intromisión, la interferencia en los asuntos familiares y la escucha a escondidas de conversaciones. Muchos de los problemas que hoy existen entre familias están directamente vinculados a esta realidad impuesta. La ausencia de privacidad afecta la crianza de las infancias y las relaciones de pareja, y puede contribuir a un aumento de las disputas familiares y de las tasas de divorcio, porque lo que antes ocurría dentro del hogar ahora sucede en un espacio expuesto donde otras personas pueden escucharlo”.

El UNFPA informó que, entre abril y junio de 2026, los casos de violencia de género registrados por diez organismos asociados encargados de la gestión de casos aumentaron un 27% en comparación con el trimestre anterior. Las tres formas de violencia denunciadas con más frecuencia –la denegación de recursos, la violencia psicológica y emocional y la agresión física– representaron cada una alrededor de un tercio de los casos denunciados. El matrimonio forzado y precoz representó el 2,6%. Estas cifras no pueden separarse de las condiciones materiales creadas por la agresión de Israel contra Gaza. La destrucción de hogares, propiedades y medios de vida, junto con la ruptura del apoyo familiar y social en el desplazamiento, ha hecho que las mujeres dependan más de las agencias de ayuda y de los hombres de sus familias para obtener alimentos, agua, refugio e ingresos.



Haya Kaabneh (Palestina), The Mourning of Spring [El duelo de la primavera], 2024.

Mientras tanto, en la Cisjordania ocupada, las fuerzas israelíes demuelen viviendas palestinas y los colonos sionistas expulsan a comunidades de tierras que sus familias han habitado durante generaciones. Este desplazamiento no es un accidente.

En enero y febrero de 2025, las fuerzas israelíes entraron en los campamentos de refugiados palestinos de Jenin, Nur Shams y Tulkarem, desplazaron por la fuerza a sus poblaciones y destruyeron cientos de viviendas, vías y otra infraestructura civil. Las aproximadamente 33.000 personas palestinas expulsadas siguen sin permiso para regresar.

En febrero de 2026, después de años de ataques y hostigamiento, los colonos israelíes obligaron a las 45 personas de una comunidad beduina de pastoreo a abandonar al-Wadi al-Shamali, al norte de al-Lubban ash-Sharqiya, en la Cisjordania ocupada. La expulsión dejó al valle sin presencia palestina, lo que permitió a los colonos ampliar su control sobre las tierras de pastoreo y puso en peligro unos 2.000 dunams [unidad de superficie equivalente a 1.000 m²] de tierras agrícolas aledañas, incluidos los olivares. Esta apropiación, junto con los planes israelíes de construir miles de unidades de asentamiento ilegales en el área E1, cerca de Jerusalén, socava la base territorial de un futuro Estado palestino.



Ismail Fattah (Irak), Sin título, 1994.

Se discute con menos frecuencia el estrangulamiento económico que Israel ejerce sobre el Territorio Palestino Ocupado. Según el informe de la UNCTAD, el gobierno israelí dedujo o retuvo más de 3.670 millones de dólares de ingresos palestinos entre enero de 2019 y marzo de 2026. La dependencia palestina llega hasta la propia moneda. Gran parte de los ingresos que ganan lxs palestinxs entra en los bancos palestinos en séqueles israelíes. Pero Israel limita cuánto efectivo físico pueden devolver esos bancos al sistema bancario de Israel. Los datos del Instituto Palestino de Investigación de Políticas Económicas (MAS por su sigla en árabe) muestran que, entre 2021 y 2024, las transferencias permitidas no siguieron el ritmo del volumen de efectivo que debía repatriarse. El excedente resultante llena las bóvedas bancarias de dinero que no puede prestarse ni usarse fácilmente para efectuar pagos, lo que lleva a algunos bancos a restringir los nuevos depósitos en séqueles. El estudio de MAS cita una estimación del Fondo Monetario Internacional (FMI) según la cual el costo de mantener este excedente redujo en alrededor de un 20% las ganancias de los bancos palestinos.

Mantener este efectivo retenido en las bóvedas de los bancos palestinos no solo genera una incómoda pila de billetes. Los pagos a los proveedores dependen de que exista una relación de corresponsalía bancaria operativa con los bancos israelíes. Una falla en este sistema podría interrumpir las importaciones de electricidad, combustible y agua. Israel acordó adelantar el pago de 4.500 millones de séqueles correspondiente al cuarto trimestre, lo que alivió la presión inmediata. Pero los envíos discrecionales no ponen fin a un sistema en el que Israel determina si los bancos palestinos pueden procesar pagos en la moneda de la que depende gran parte de la economía palestina. Los pagos electrónicos pueden ralentizar la acumulación de efectivo, sostiene MAS, pero no pueden eliminar esa restricción estructural.



Ismail Shammout (Palestina), Sin título, 1994.

Israel no es el único beneficiario de esta política de apartheid, estrangulamiento y expropiación. El 25 de septiembre de 2026, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU actualizó su base de datos de empresas implicadas en actividades específicas vinculadas a los asentamientos israelíes en el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Este. La lista actualizada incluye empresas con sede en Francia (Egis y Egis Rail), Alemania (Heidelberg Materials AG), los Países Bajos (Booking.com) y Estados Unidos (Airbnb, Booking Holdings, Expedia Group y Tripadvisor). El informe identifica actividades como servicios que sostienen los asentamientos y la explotación comercial de tierras u otros recursos naturales. Evalúa distintas formas de implicación empresarial, incluidas la contribución y el vínculo directo, en lugar de emitir un pronunciamiento penal sobre cada empresa.

Son nombres familiares porque el comercio de los asentamientos está integrado en la infraestructura cotidiana de consumo y de negocios: un anuncio de alojamiento vacacional, un servicio de transporte, un producto de cantera. La base de datos se limita explícitamente a las actividades relacionadas con los asentamientos. No es un censo de todas las empresas que se benefician de la ocupación ni el final de la investigación sobre las que nombra.

La Oficina de Derechos Humanos de la ONU pide a los Estados que regulen a las empresas bajo su jurisdicción y a estas las exhorta a prevenir o abordar los impactos negativos sobre los derechos humanos. La pregunta para los gobiernos occidentales es concreta: ¿permitirán que las empresas registradas en sus países sigan ofreciendo los servicios y las conexiones materiales que hacen posible la existencia de los asentamientos?



Fateh Moudarres (Siria), Alam [Dolor], 1961.

Mientras escribía este boletín, me encontré con Nablus Street [Calle Nablus], del periodista y poeta Mustafa Abu Sneineh, en una antología de poesía palestina contemporánea. El poema hierve de frustración ante el apartheid, el genocidio y la expropiación. La vida cotidiana roza con estos fenómenos perversos.


Fue una confesión sin palabras.
Recuerdo el sol deslizándose hacia la oscuridad del asentamiento,
soldados con fusiles golpeando el atardecer
hasta dejarlo inconsciente.

Un muchacho enamoradizo robando poemas de Nizar Qabani
y cartas de amor de La nieve entra por la ventana.
Sigo siendo un muchacho enamoradizo
aunque el sol se ocultó hace mucho,
aunque mi primera confesión de amor
la hice en la mira de los fusiles de la ocupación.

Yo también quiero caminar contigo por la calle Nablus y leer La nieve entra por la ventana (1969), de Hanna Mina. Mina, nacido en Siria, trabajó como barbero y repartía por las calles el periódico comunista Sawt al-Shaab [Voz del Pueblo]. Su novela sigue a Fayyad, un escritor de izquierda que huye al Líbano para escapar de la persecución política. Es la historia de un hombre sensible que pasa del miedo privado a la lucha colectiva. Los soldados del poema golpean el atardecer, pero al día siguiente el sol sale e ilumina el cielo.

Cordialmente,

Vijay

domingo, 11 de octubre de 2026

"Israel Medical Association OUT of World Medical Association"

ENGLISH Video 4:34 min  Salah Alhaw Hundreds of doctors have gathered outside the World Medical Association (WMA) summit in the Netherlands, calling for the suspension of the Israeli Medical Association (IMA) from the grouping of physicians.
On Saturday, 81 healthcare workers removed their scrubs and hung them in a line facing the WMA assembly in Rotterdam, each bearing the name of a Palestinian healthcare worker currently held in illegal Israeli detention. ESPAÑOL Video 4:34 min Salah Alhaw Cientos de médicos se han congregado frente a la cumbre de la Asociación Médica Mundial (AMM) en los Países Bajos, exigiendo la suspensión de la Asociación Médica Israelí (AMI) de la agrupación de médicos.
El sábado, 81 trabajadores de la salud se quitaron sus uniformes y los colgaron en fila frente a la asamblea de la AMM en Róterdam, cada uno con el nombre de un trabajador de la salud palestino actualmente detenido ilegalmente por Israel.

TO KNOW MORE, PARA SABER MÁS Press release. 81 Scrubs Outside World Medical Association WMA Summit. Nota de prensa. 81 batas colgadas ante la Asociación Médica Mundial AMM. ENGLISH ESPAÑOL Israel Medical Association out of WMA. On behalf of 81 Palestinian workers in Israeli prisons. La Asociación Médica Israelí fuera de la AMM. En representación de 81 trabajadores palestinos en cárceles israelíes. 



Apocalipsis fabricado

Ehsan Ulla Khan Cargados sobre espaldas humanas: La explotación colonial, la carga de la esclavitud sobre las mujeres, los niños y los hombr...