domingo, 1 de noviembre de 2026

Ese inmenso dolor


Antonio Turiel/https://crashoil.blogspot.com

Queridos lectores:

La opinión pública española está consternada. Un nuevo accidente ferroviario, en la línea de Alta Velocidad, vuelve a dejar decenas de muertos. Un suceso absurdo, en cuya génesis se encuentra el fallo de los sistemas de seguridad de la circulación ferroviaria (un fallo bastante frecuente, como se deduce de las palabras del ministro - 170 fallos en lo que va de año) combinado con el error de un controlador que probablemente sucumbió al estrés.

A diferencia de los accidentes de avión, los accidentes de tren tienen algo que nos iguala a todos: todos tenemos la experiencia de coger un tren. No podemos evitar sentirnos identificados con las víctimas. Cualquiera podría ser nuestra hermana, nuestro padre, o nosotros mismos. Yo mismo, que cojo mucho el tren, no puedo menos que sentirme muy identificado; de hecho, yo tenía que coger un tren de la misma línea que se ha accidentado el jueves de la semana que viene para ir a Málaga - obviamente, he cancelado ese evento, ya que la línea tardará muchas semanas en estar operativa. Empiezo a escribir este post desde otro tren, de la línea que va a Figueres. Cuánta gente no pensará estos días: ¿son los trenes seguros? ¿no vendrá la muerte a sorprenderme, a mi o a los míos, el día menos pensado?

Esa insoportable cercanía nos hace sentir, más que en otros casos, el dolor de las familias de las víctimas como un dolor propio. Y ese dolor inmenso, cegador, nos hace preguntarnos por qué, por qué estas muertes sin sentido, por qué este dolor innecesario.

Por qué. El marido de una de las víctimas hacía una reflexión impecable que han recogido algunos medios (después, según contó, de llorarla durante dos días, y seguramente los que aún le quedan). La culpa de estas muertes evitables, razonaba, es del capitalismo de la prisa, de esa incesante vorágine que agita cuerpos y cosas, ese ir y venir sin parar y sin sentido, con el solo objetivo, ridículo cuando uno lo reflexiona dos segundos, de incrementar los guarismos de una cantidad abstracta a la que llamamos capital. Los amos del capital, los amos del dinero, exigen más y además más deprisa, para al final romper las vidas de las personas, consumiéndolas lentamente en el sobreesfuerzo continuo que se nos exige y, ay, a veces de manera violenta, como ha sido este caso.

Nos dicen que esta tragedia ha sido el resultado de un fallo humano. Yo digo que no lo es. Es una pésima ingeniería aquella que depende de que nadie cometa un error; pero estoy seguro de que el diseño del sistema no tenía una ingeniería pésima, sino una completamente correcta. El problema no ha sido la ingeniería del sistema, sino cómo se ha usado. Y se ha usado de esa manera cutre y peligrosa simplemente porque el capital lo ha exigido, para maximizar beneficios, para recortar costes. Se han metido más trenes sin aumentar el mantenimiento en la suficiente medida, se ha "externalizado" la gestión de la infraestructura a empresas privadas que, a su vez, buscaban subcontratas más baratas, siempre con el objetivo de maximizar el beneficio y minimizar el gasto. Y, con el beneplácito de los sucesivos responsables políticos que han permitido este atropello, se ha cargado el peso del sistema sobre unos trabajadores con una plantilla menguada pero con una responsabilidad abrumadora. En suma, se ha sometido el sistema ferroviario a un proceso de cutrefacción, como siempre en aras del mayor beneficio del capital. Pero la cutrefacción mata, como hemos comprobado una vez más.

El caso es que vivimos en una sociedad cutrefacta, como corresponde al estadio de necrocapitalismo terminal en el que ya estamos. Y por eso muere de manera estúpida, innecesaria y cruel tanta gente.

Por ejemplo, este verano, se estima que han muerto en Europa más de 50.000 personas por culpa del calor, casi 5.000 de ellas en España. Esa gente ha muerto en última instancia por la cutrez de nuestro sistema de protección social, que no ha sabido preocuparse de buscar y proteger a la población en riesgo, pero en primera instancia por la cutrez de un sistema económico que tiene que crecer a toda costa aunque eso suponga quemar cantidades crecientes de combustibles fósiles. La depravación moral de nuestro cutre sistema económico, con tal de crecer, hace que sigamos emitiendo CO2 como si no hubiera mañana, y si seguimos así, efectivamente, no habrá mañana. Estamos degradando de manera irreversible nuestro hábitat, el único que tenemos, por pura cutrez intelectual y moral.

¿Cuánta gente muere y enferma por razón de unas condiciones laborales cada vez más degradadas? ¿Cuánta vida se pierde intentando sostener esta muerte, esta fuente inmensa de entropía?

Y ahora miremos más allá de nuestro ombligo. ¿Cuánta gente muere en otros países, sobre todo en el Sur Global, para mantener este glorioso sistema cutrefacto?
¿Cuánta gente muere en minas insalubres e inseguras? ¿Cuánta hay trabajando en fábricas durante jornadas inacabables, extenuantes, y sin protección, expuesta a sustancias tóxicas? ¿Cuánta gente es asesinada por defender los derechos de sus comunidades y que no les roben la tierra, el agua y el aire? ¿Cuántos son forzados a malvivir en barrios infectos de ciudades cutrefactas para ganarse un jornal de miseria? ¿A cuánta gente se mata así? Y de toda esa gente, ¿cuántos son niños y niñas? ¿A cuántas personas se les ha robada su infancia?

Con tan solo asomarse al abismo insondable de la miseria y cutrez de este sistema económico, con nuestro sentimiento de empatía humana activo, es imposible no sentir una oleada de dolor embriagadora, un dolor de proporciones universales, un dolor inmenso. Por qué este sufrimiento. Para qué este estúpido, maldito, malvado sufrimiento.

Por eso uno de los procedimientos de cutrefacción más importantes para el mantenimiento de esta sociedad es la anulación de la empatía. "Lo que pasa en otros países está demasiado lejos" (aunque sus materias primas y productos los consumimos aquí). "Pobre gente, cómo les cuesta salir de la pobreza" (en la que les hemos sumido). "El problema es que siempre tienen dictadores" (puestos por nuestros gobiernos y nuestras empresas). "Ya era mayor, es natural que se muriera" (decidiendo sobre la vida y muerte de otras personas). "La gente joven solo sabe quejarse, que trabajen" (en trabajos cada vez más precarizados). "La vivienda está cara porque hay mucha demanda" (y está controlada por grandes capitales que la acaparan para garantizar su retorno económico)...

Así conseguimos no sentir ese dolor. Ese dolor que es inmenso porque afecta a tantas personas, a la mayoría de la Humanidad.

Pero cuando pasa lo del tren, ahí sí que no se puede disimular. Ahí sí que es imposible no sentir el dolor, porque no hay excusa moral para no ponerse en el lugar de esa pobre gente que ha muerto por culpa de un sistema estúpido que todo lo devora para nada.

Ahora mismo en España estamos en pleno proceso electoral. Un proceso cutrefacto, como todo lo demás. Discusiones de mierda sobre asuntos de mierda, siempre intentando desviar la atención de lo importante. Si hablamos de vivienda, metemos cuestiones que no vienen a cuento. El Cambio Climático y el Niño que viene, ni mentarlos. La desigualdad social, la pérdida de oportunidades, la inflación, la precarización... No, de nada eso se hablará.


Mi tren llega a la estación, por fin a casa. Aún estoy vivo. Es como para dar gracias, en los tiempos fríos, oscuros y cutrefactos que corren.

Pero no puedo dejar de sentir ese dolor. Ese dolor inmenso...

sábado, 31 de octubre de 2026

ARGENTINA SIN BEBÉS

Las mujeres ya no quieren tener hijos. Y los números lo evidencian. En 2014 nacieron en Argentina 777.000 chicos. En 2024 fueron 413.000. Una caída del 47 % en diez años. La cifra más baja desde 1948. La tasa global de fecundidad se ubicó en torno a 1,5 hijos por mujer, lejos del 2,1 necesario para reemplazar la población. En la Ciudad de Buenos Aires el desplome fue todavía más brutal, de más de 43.000 nacimientos anuales a menos de 25.000. Casi la mitad.

Y quiero aclarar que no es una crisis económica pasajera. Es un cambio cultural profundo. Cada vez más mujeres eligen no ser madres, o postergar la maternidad hasta que el reloj biológico ya no da margen. Carrera, independencia, vivienda inalcanzable, incertidumbre permanente y un relato social que presenta a los hijos como un freno al desarrollo personal.

Y el resultado está a la vista, menos cunas, menos carritos en las veredas y jardines de infantes que empiezan a quedarse vacíos.

El nivel inicial ya lo está sintiendo con fuerza. La matrícula de jardines cayó cerca del 20 % desde su pico. En la Provincia de Buenos Aires pasaron de 622.000 inscriptos en 2024 a 579.000 en 2025. En la Ciudad cerraron cerca de 80 salas de nivel inicial y fusionaron más de 120 cursos por falta de alumnos. Colegios privados históricos del Gran Buenos Aires bajaron la persiana. Jardines de décadas de trayectoria anuncian el cierre porque ya no juntan la matrícula mínima. Y las proyecciones son claras, hacia 2027 no hará falta construir ni una sola sala nueva para cubrir al 100 % de los chicos de 3 a 5 años. La capacidad instalada alcanza y sobra.

Mientras tanto, el sistema sigue formando maestros y profesores como si nada hubiera cambiado. En la última década los egresados de los profesorados crecieron un 54 %. Pasaron de 44.000 a casi 68.000 por año. La matrícula escolar total, en cambio, apenas subió un 1 %. Resultado, cada vez más docentes para cada vez menos alumnos. Muchos están estudiando al divino botón. Se forman para un sistema educativo que se achica por la base y que, en pocos años, va a necesitar menos cargos de los que hoy se están formando.

No es que “falten docentes” en abstracto. Es que sobran en algunos niveles y especialidades, mientras las aulas de los más chicos se vacían.

La paradoja es perfecta, se sigue produciendo una oferta docente pensada para una Argentina que ya no existe, la de las camadas numerosas. Esa Argentina se terminó.

El problema no se reduce a “falta de políticas de natalidad”. Va más hondo. Tiene que ver con el modelo de vida que se volvió deseable. Un adulto sin ataduras, flexible, siempre disponible, siempre actualizado. Tener hijos aparece, en ese esquema, como un costo emocional, económico y de tiempo demasiado alto. Y cuando el costo percibido supera el deseo, el deseo se apaga.
España, Italia, Corea del Sur ya transitaron este camino. 

Nosotros lo estamos transitando ahora, con una velocidad que asusta. La generación que no nació entre 2015 y 2025 no va a aparecer mágicamente en 2040. Las escuelas que hoy fusionan salas van a cerrar turnos. Los institutos de formación docente van a seguir egresando profesionales para un mercado que se contrae. Y el país va a envejecer más rápido de lo que cualquiera quiere admitir.

Argentina sin bebés no es un titular exagerado. Es la fotografía actual. Y la foto se va a poner cada vez más nítida.

Julio César Cháves

viernes, 30 de octubre de 2026

EL PSOE CONTRA EL TRABAJO



Los modelos de relación entre la gestión política y las estructuras económicas son discutidos y discutibles. Hay quien propone planes quinquenales, hay quien propone motosierra. Hay colectivismo y liberalismo, y sus variantes.

Pasan cosas tan curiosas como que en tiempos de Franco el Estado fabricaba coches y las empresas privadas hacían autopistas.

En tiempos de Franco sobre las red estatal ferroviaria circulaban los trenes Talgo que eran en buena medida privados.

Lo que no es normal es menospreciar los trabajadores. Y pasa.

Ryanair intentó quitar al copiloto. Y fracasó. Lo mismo es momento de poner copiloto en los trenes. No lo sabemos, lo que sí sabemos es que hay que estudiar los temas y ser creativos. Un ejecutivo de alto nivel Ignacio López Arriortúa decía que había que empezar a respetar a los trabajadores. "Al señor trabajador decía". Y apostillaba que sobre la limpieza quien más sabe es la señora de la limpieza. Y fue el jefazo de General Motors.

No creemos que en España haya en las próximas elecciones una propuesta política que ponga el trabajo en el lugar que merece.

Pero lo proponemos sí. El fallecimiento de un maquinista que había hecho propuestas políticas a través de Izquierda española es un hecho que debe hacernos pensar.

Ahora más que nunca: VERDADERO SOCIALISMO

Eugenio A. Rodríguez




miércoles, 28 de octubre de 2026

Con las víctimas. Accidentes que son violencia estructural

Colectivo noviolencia

Un accidente es un accidente: algo inevitable. Un accidente después de ingerir sustancias tóxicas puede seguir siendo un accidente pero es más cosas. Es otra cosa. Hasta penalmente lo es.

Hoy nuestra solidaridad con las víctimas no impide condenar la violencia económica y política. De las responsabilidades políticas se habla y está bien que se hable. De solidaridad con las víctimas y de consuelo también se debe hablar y compartir espacios y símbolos.

Pero orillar la violencia económica es hasta violencia cultural. No se puede promover la movilidad hasta la extenuación tanto para trabajo como para turismo y pensar que no pasa nada. La Alta velocidad en España es un despropósito. Países más ricos no tienen tanta. Pero aquí estamos en manos de una élite económica que vive de sus propias burbujas, que hace negocio.

¿Es normal vivir en Valladolid e ir a diario a trabajar a Madrid? ¿Es normal el aumento del turismo en España? ¿Es normal la incorporación de empresas de trenes a competir sin calcular bien las consecuencias? La movilidad en tren se ha multiplicado por tres y la inversión en mantenimiento no. 

Estamos en un momento en que los estudios más sensatos sobre economía nos dicen que hay que cambiar el modelo energético. Lo que ocurre con la energía es violencia, lo que ocurre con la política es violencia. Y nos tememos que la raíz última de la violencia es económica. Se llama capitalismo. Los accidentes forman parte del negocio. Como en la guerra, con víctimas colaterales.

lunes, 26 de octubre de 2026

Así comprendí que no había ido allí a enseñar a pescar, sino a aprender como pescaban allí


Alberto Pardos

En 1994, viajé a la Amazonía ecuatoriana para participar y coordinar un proyecto de Salud y Desarrollo Comunitario. Salí un jueves de Zaragoza, arrancado de la alegría de las fiestas del Pilar, llegué a Quito el viernes y el sábado atravesamos las angostas carreteras de los Andes, para llegar, después de doce horas de incómodo recorrido, a la ínclita ciudad del Coca, en la confluencia de los ríos Napo (afluente principal del Amazonas), Coca y Payamino. El domingo, “descansé” visitando bajo un sol de justicia, el mercado de la destartalada “ciudad” donde tenía que pasar un año y medio. El lunes fui con un compañero del proyecto a una comunidad indígena próxima al Coca, donde daba un curso de cuatro días y en el que dormiríamos en el suelo de cemento de la casa comunitaria, junto a los promotores de salud. 

Como el curso era en lengua indígena, yo no tenía más entretenimiento que defenderme de los mosquitos y otros pequeños seres infernales que habitan la selva y pasar sed. Los indígenas no tienen costumbre de beber agua, toman chicha que es una bebida ligeramente alcohólica hecha de yuca fermentada con saliva, en un mismo bol para todos. La primera vez que me ofrecieron, la rechacé pensando que era leche de vaca, pero mis compañeros enseguida me aleccionaron, de que era políticamente muy incorrecto rechazarla, así es que pesar de que siempre me supo a “vómitos”, la tomé cada vez que me ofrecieron. 


El único momento de agrado, era al atardecer, que hacíamos un poco de deporte y nos dábamos un baño en alguno de los abundantes ríos de la zona. El siguiente curso, fue peor, puesto que no podía hacer deporte por una fuerte contusión, y además me había llenado las piernas y zonas de roce, de pequeños ácaros que viven bajo la piel, y que son muy pruriginosos.


Yo estaba acostumbrado a la soledad, a dormir en el suelo y a otras incomodidades. Había viajado solo, incluso por el desierto de Argelia, por el Atlas, por Anatolia, por países de influencia soviética antes de la caída del muro, salía mucho al campo y a la montaña y creía que tras dos años de experiencia hospitalaria y formación en medicina tropical y Salud Pública, estaba holgadamente preparado para afrontar ese reto. 

Pero allí estaba yo, desconcertado, recién llegado y contando el tiempo que me faltaba para volver a mi querida España. Ni la cooperación, que estaba llena de gentes hechas a sí mismas y muchos frikis, ni la selva, eran tan idílicos como había previsto. La convivencia, en un lugar pequeño, donde la vida y las emociones estaban a flor de piel, tampoco era fácil, a veces tenía la sensación de que el ambiente se podía cortar a machete. Mi trabajo no era mejor, mis opiniones apenas contaban, a pesar de que me enviaban desde España con la previsión de asumir en breve tiempo la coordinación, ninguno de los coordinadores que tuvo el proyecto pintó nada, porque había una curiosa estructura de poder que los suplantaba y que había provocado la salida de muchos profesionales quemados. Mi desesperanza era tal que pensando en mi vuelta, llegué a mirar el calendario del reloj en dos ocasiones ¡en un mismo minuto! Los días no pasaban, tampoco los minutos, el tiempo se había detenido en el mismísimo infierno.

Cuatro larguísimos y dolorosos meses tardé en comenzar a asimilar mi situación e intentar cambiarla con un poco de acierto. Me junté con otras personas “no tóxicas”, viajé de vez en cuando a Lago Agrio, Quito y otros lugares para “oxigenarme” un poco, aprendí educación popular y comprendí que no había ido allí a enseñar a pescar, sino a aprender como pescaban allí (Posteriormente escuché al profesor de Sociología Tomás R. Villasante que a Latinoamérica hay que ir a aprender). 

La cooperación clásica era ineficiente. En nuestra zona atendíamos a una población de 80.000 personas, muy dispersa y donde sólo había cuatro ONG (dos nacionales y dos extranjeras), mientras que en zonas de clima agradable y abundantes comodidades como Cuenca, estaban llenas de ONG de todas las nacionalidades que manejaban grandes sumas de dinero, mayormente para sueldos e infraestructuras. 

En cambio, descubrí que había personas que con muy pocos medios, acompañaban a los pueblos indígenas, a las mujeres, a los jóvenes, y a otros grupos y a sus líderes para que se empoderaran, para que aprendieran a organizarse, a coordinar, a tejer acuerdos y confluencias. Eran los facilitadores de procesos, (una profesión que entonces no existía en España). Con su apoyo, el movimiento indígena pasó de estar ninguneado, a convertirse en la tercera fuerza política del país (más tarde, la coalición alianza país formada por organizaciones sociales sostendría en el poder al presidente Rafael Correa que le ha dado la vuelta a la situación política y económica de Ecuador en unos pocos años).

A mi regreso a España, enseguida comprendí que las organizaciones y movimientos sociales no tendían precisamente a la confluencia, ni al entendimiento, y que eso era aprovechado por el status quo para perpetuarse en el poder y perpetrar toda clase de abusos. Así es que con mi nueva vocación y oficio de facilitador, me lancé a practicar en toda clase de organizaciones y a tratar de aprender la compleja idiosincrasia hispánica que hacía que en nuestro país haya sido uno de los últimos países europeos en entrar la facilitación. Hoy, la mayoría de la población española comprende los efectos de la crisis, pero sigue faltando la organización efectiva para darle la vuelta a la realidad.

Veinte años después de la aventura amazónica, y a pesar del sufrimiento inicial, tengo un recuerdo entrañable del país y de su gente. Los cambios sociales no tardan días sino años. Las organizaciones no se organizan en días sino en meses. Hoy en nuestro país y en el mundo entero, muchas personas cuentan los minutos que les faltan para salir de su particular infierno. Un vistazo hacia las experiencias pasadas, nos permite una perspectiva suficiente para mirar hacia el futuro. Un futuro, que estamos empezando a construir desde un presente sereno y esperanzado.


¿SÓLO LO ENTIENDE QUIEN LAS PASÓ…?


En mi vida me encontré varias veces con personas que afirman que sólo pueden hablar de ciertas cuestiones de la vida humana y entender de la realidad que ellos están viviendo, si esas personas ya vivieron esa misma situación. Pero yo dudé y dudo de la veracidad de esa conclusión. Ser persona que tiene experiencia de vida no va estrictamente vinculado a tener que pasar existencialmente por unos hechos, pues la vida me ha mostrado frecuentemente que hay personas que aprenden y escarmientan en cabeza ajena mientras que no lo hacen otras ni sufriendo las realidades en la propia.


Un cristiano, que lea el evangelio con la mente abierta, sabe que en el monte Gólgota había tres personas condenadas a morir en la cruz: Jesús y dos bandidos (la tradición les da los nombres de Dimas y Gestas). Las tres personas responden de manera muy distinta en la misma situación, que se manifiesta en una interrelación y comunicación entre las tres con serenidad, confianza, rabia, odio, humildad... en las que aparecen insultos, reproches, peticiones, respuestas cariñosas... viven la misma situación de condena pero no tienen evidentemente la misma vivencia.

Ahora miremos en nuestro entorno y descubramos que en hechos como un accidente, ruptura afectiva, muerte, catástrofe... no todas las personas los comprenden, viven y responden de la misma manera. Vamos a ver a modo de ejemplo cuatro respuestas diferentes en los hijos ante un padre/madre con alzheimer y que pueden variar con el tiempo y tener grados diferentes de intensidad:

-En algunos casos quieren continuar la misma relación con ellos. Se enfadan porque se comportan de otra manera y mismo pueden deprimirse, ya que no los reconocen como hijos, ni asimilan ni recuerdan lo que les explicaron con detalle y paciencia. Les hace sufrir mucho cuando los tratan de padre/madre, abuelos, hermanos...

-Otras personas lo que hacen es visitar y acompañar a sus progenitores cada vez menos, porque no son reconocidos y eso lleva consigo que su cuidado recaiga progresivamente en otros familiares o instituciones. Como ya no saben quién son, dicen, la relación con ellos pierde interés.

-También pueden asumir que su cuidado les exige ser psíquicamente flexibles, lo que les hace un bien al tener que explorar y enriquecerse con nuevas formas de comunicarse y amar. La nueva condición familiar que les conceden revela la gran importancia que adquieren en ese momento de dependencia, enfermedad y debilidad vital. Esta situación les da la posibilidad de conocer mejor la condición humana y aumentar su capacidad para la comunicación, encuentro y amor hacia esas personas.

-Luego están los que renuncian al encuentro y relación con el que padece esa enfermedad, pues prefieren quedarse con la “imagen de él/ella cuando estaba bien”. ¿Qué pensarán y harán los otros familiares?

Por tanto pasar por una situación determinada no es definitivo para adquirir experiencia de ella, pues hasta puede darse el caso de hacer experiencia de esa situación sin vivirla y, al contrario, de no haber comprendido nada a pesar de atravesar esa realidad. Así que trabajemos, estudiemos, reflexionemos y dialoguemos para ser cada día un poco más “expertos en humanidad”.

Acepto que tiene mucho de verdad la expresión de que “las penas compartidas son menos penas y las alegrías compartidas se hacen más plenas”. Sé que no se le puede dar un valor absoluto a ese dicho, ya que en la manera de realizarlo puede llevar a que compartir las penas sea un mundo de lamentaciones que desemboca en la depresión o en un camino hacia el infierno. También la manera de compartir las alegrías puede ser una forma de exhibicionismo o humillación a los demás.

La vida humana sana nos exige vivir una libertad que humanice y no deshumanice a los demás, exige escucha, diálogo y solidaridad/fraternidad. Es estimulante para la vida sabernos imagen y semejanza de un Deus Trinitario, comunidad de amor, que es nuestro Padre común.

Decía Dom Hélder Cámara que “en lo que estás en desacuerdo conmigo, me enriqueces”, pues eso lleva a ahondar en las propias opciones vitales, a modificarlas en parte o a cambiarlas según proceda, ya que siempre es valioso caminar hacia el bien, la justicia y la verdad. Tengamos, pues, esta actitud positiva en la relación con los que en la vida son compañeros de camino.

Ahora más que nunca: AUTENTICIDAD

Antón Negro

Ese inmenso dolor

Antonio Turiel/ https://crashoil.blogspot.com Queridos lectores: La opinión pública española está consternada. Un nuevo accidente ferroviari...