miércoles, 30 de septiembre de 2026

Precaución ante "la prevención y el tratamiento" en la menopausia

Juan Erviti
Terapia hormonal de la menopausia en mujeres sanas: ¿Una nueva mirada a un viejo asunto?

Bol Inf Farmacoter Navar. 2026;33 (1):1-29
https://doi.org/10.54095/BITN20263301

La terapia hormonal de la menopausia (THM) es un tratamiento eficaz en el control de síntomas vasomotores en mujeres perimenopáusicas o postmenopáusicas. Los estudios Women’s Health Initiative relacionaron este uso con un potencial incremento del riesgo cardiovascular y cáncer de mama en usuarias de THM, lo que condujo a una restricción del uso de este tratamiento en mujeres postmenopáusicas.

En la actualidad, la FDA (Food and Drug Administration) ha eliminado las restricciones referidas al riesgo cardiovascular y de cáncer de mama del uso de la THM en las mujeres de edad comprendida entre 50 y 59 años. Sin embargo, esta decisión no parece sustentarse en evidencia científica de calidad mínimamente aceptable. La EMA conserva las advertencias sobre estos riesgos. Este artículo revisa la evidencia que hay detrás de estas decisiones regulatorias.

Menopausal hormone therapy in healthy women: a new look at an old topic?

Bol Inf Farmacoter Navar. 2026;33 (1):1-29
https://doi.org/10.54095/BITN20263301EN

Menopausal hormone therapy (MHT) is an effective treatment for controlling vasomotor symptoms in peri- and postmenopausal women. The Women’s Health Initiative trials linked the use thereof to a potential increase in cardiovascular risk and breast cancer in MHT users, which led to restrictions on the use of this treatment in postmenopausal women.
The FDA (Food and Drug Administration) has recently lifted the restrictions concerning cardiovascular risk and breast cancer due to the use of MHT in women aged 50 to 59 years. However, this decision does not appear to be based on scientific evidence of a
minimally acceptable quality. The EMA has maintained its warnings regarding these risks. This article reviews the evidence underlying these regulatory decisions.

lunes, 28 de septiembre de 2026

PERSONAS MIGRANTES

El domingo pasado la Iglesia Católica celebró la 112 Jornada Mundial de las Personas Migrantes y Refugiadas. En estas jornadas hubo muchos mensajes, actos, acompañamiento y atención a migrantes, materiales didácticos... pero en la sociedad tenemos la mente endurecida, pues encontramos actitudes xenófobas arraigadas en los países de la UE, incluido el nuestro. Esto exige aumentar el trabajo para que sea real lo que es cierto en la teoría: ¡Somos una única humanidad!

Internet nos dice que los refugiados en el mundo se aproximan a la población española. Los migrantes internacionales (que viven en un país distinto al del nacimiento) son más de 300 millones, pero contando los hijos nacidos en el nuevo país incrementarán esa cantidad que puede ser de alrededor de 450 millones, la población de la UE. Tampoco debemos olvidar los migrantes en el interior del propio país. En Lugo es casi imposible encontrar una persona que no haya tenido o tenga familiares allegados en la emigración. La movilidad humana se constata a lo largo de la historia con hechos de conflicto y mestizaje.

La Declaración Universal de Derechos Humanos (ONU 10/12/1948), que son legislación dentro de España al estar ratificados, establece en el artículo 13,1 el derecho a circular libremente por el Estado y a establecer residencia; en el 13,2 el derecho a emigrar, a salir de cualquier país y a retornar al propio; en el 14 afirma el derecho de asilo en cualquier país, siempre que la salida no fuera por delitos comunes o contra los principios de la ONU. Son derechos en los países que la ratificaron.

El mensaje de León XIV para hoy titulado, “Incluso uno solo de estos pequeños”, llama a prestar especial atención a los menores afectados directamente por la experiencia de la migración. Cita la promesa de Jesús: “El que recibe a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe” (Mc. 9,37). Recuerda que son los más vulnerables, forzados a migrar por guerras, pobreza, violencia; perdieron a padres, hermanos, amigos; sufren violencia sexual, matrimonios forzados... Reconoce que tampoco falta la luz de la solidaridad de personas, familias, instituciones y comunidades.

El Papa afirma que “el clamor de los menores desplazados se eleva hoy hacia Dios, tal y como se escucha en el libro del Éxodo: ‘He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo’ (Ex. 3,7-8). Dios escucha y, para liberar, interpela con fuerza la conciencia y la acción de cada uno de nosotros, tal y como hizo con Moisés. No podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento”. Nos pide practicar la hospitalidad en la Iglesia, no delegar en las instituciones, valorar a los inmigrantes y superar la lógica del asistencialismo.

No olvidemos que el migrante empobrece al país de origen, que invirtió en su crianza y formación, y enriquece al país receptor, especialmente cuando son profesionales especializados. Son períodos largos de crianza, cuidados y formación. Además tengamos claro que:

-Se trata de PERSONAS, no números, con su dignidad, como afirma el Papa: “Cada niño, cada ser humano posee una dignidad infinita. Es imagen y semejanza de Dios, es presencia del Señor”. Afirmación contundente para un cristiano.

-Solo hay una humanidad en el planeta y su futuro en paz solo se construye con la colaboración por la existencia. Esa colaboración para ser real pasa por lo que en la Doctrina Social de la Iglesia se llama Destino Universal de los Bienes, pues hay un solo Dios Padre.

-El planeta es la patria común de la humanidad. No se le pueden poner puertas a las lluvias, océanos, vientos, pájaros... La responsabilidad de su cuidado implica la colaboración de todos. La Iglesia lo expresa con el Bien Común, la Subsidiariedad, la Solidaridad y la Participación.

Es un bien para todos en la humanidad un desarrollo socioeconómico y político en todos los pueblos y lugares. Si hay ese desarrollo armónico, disminuirán los conflictos, y las migraciones serían procesos de encuentro, mestizaje y cooperación. Nada de lo que humaniza nos debe ser ajeno.

Cuantas más personas trabajen en la construcción de una humanidad reconciliada y en paz, mejor les irá a nuestras sociedades. Así que cada uno de nosotros en ese trabajo aportemos con energía y esperanza.

Ahora más que nunca: SOLIDARIDAD

Antón Negro


sábado, 26 de septiembre de 2026

¿BURNOUT O EXPLOTACIÓN?


Jorge Alberto Holguin Lozano/facebook

El burnout ya tiene código de la Organización Mundial de la Salud. Se reconoce como fenómeno ocupacional.

Ocupacional. O sea, viene del trabajo. No de tu personalidad, no de tu falta de gratitud, no de que los jóvenes de ahora no aguantan.

Pero fíjate cómo lo tratan. Te mandan a un taller de respiración. Te regalan una app de meditación. Te ponen un mes de bienestar con fruta en la sala de juntas.

Nadie te ofrece lo único que sí lo cura: menos horas, más lana, y un jefe que no te escriba a las 11 de la noche.

Porque arreglarlo de verdad cuesta dinero. Y decirte que medites es gratis.

La salud mental se volvió negocio justo cuando dejó de ser derecho. Terapia de 900 pesos la sesión para gente que gana 400 al día.

¿Cuántos de nosotros no estamos deprimidos sino simplemente hasta la madre, banda?

viernes, 25 de septiembre de 2026

La muerte perinatal de paseo por la Universidad. Manuela Contreras





Matrona, madre, esposa y persona perteneciente a asociaciones variadas, como Encuentro y solidaridad, Red el hueco de mi vientre y Seminarios de Innovación en Atención Primaria (SIAP), Manuela Contreras ha defendido hoy su tesis doctoral y ha dicho entre otras cosas:
"Todo profesional debe descartar decir: "No te preocupes, mujer, ¡todo va a ir bien!". Mejor decir en reuniones abiertas qué puede pasar, hablar con sinceridad también de las complicaciones, incluyendo la muerte perinatal"











miércoles, 23 de septiembre de 2026

Ceuta, cuentas y pago de facturas

A lo largo de las luchas sociales del siglo XX se fue acuñando una idea realmente luminosa: "privatización de beneficios y socialización de pérdidas". Yo la escuché a Julián Gómez del Castillo. Luego he sabido que la han usado muchos otros en todo el mundo, especialmente en el último tercio del siglo XX, a partir de los análisis del movimiento obrero.

El origen real de la frase es la observación atenta y persistente de la realidad. Para que se dé una respuesta hace falta una primera observación de la realidad, que es percibir el sufrimiento del otro como algo injusto. Si lo ves natural, no hay respuesta. Todas las revoluciones han partido de ver, sentir y empatizar con el sufrimiento. Pero después de esta empatía hay dos formas extremas (paradigmáticas) de afrontarlo, además de todas las posibles intermedias.

Una respuesta frecuente parte de hacer algo que alivie aquello, una asistencia que se queda normalmente ahí, y a veces se consagra en forma de asistencialismo Otra respuesta -muy distinta- se plantea afrontar las causas del problema, y puede llegar a plantearse cambios importantes, que frecuentemente se denominan “revolución”. Hay todo un arco de formas intermedias.

La idea (experiencia, muchas veces) que se resume en “privatización de beneficios, socialización de pérdidas” se convierte en una herramienta de análisis que cambia la visión. Escandalizó a algunos que Pablo VI en su tiempo no menospreciara el marxismo como herramienta de análisis. Las herramientas siempre influyen mucho, hasta a la hora de hacer una pequeña obra de fontanería o de electricidad. Si se aplica la idea que venimos señalando como “herramienta sociológica”, se pueden entender algunos hechos, la acción difícilmente caerá en el asistencialismo y, muy posiblemente, buscará formas revolucionarias. Apliquemos esta “llave” de comprensión a lo que está sucediendo en Ceuta.

En Ceuta entran migrantes. Que no los necesitan los pobres de Europa, sino la burguesía de Europa. Es la clase alta, y también la clase media -creo-, la que se beneficia de esta entrada de migrantes. El beneficio de las migraciones puede parecer universal, pero eso no lo tengo yo tan claro. Los salarios de los limpiadores, o de las jornaleras ¿no subirían si no hubiera migrantes desesperados que se ofrecen para esos trabajos? ¿Es marxismo recalentado decir que el capitalismo necesita el “ejército de reserva del proletariado”? ¿O es un hecho constatable?

Y a la hora de pagar los costes que también generan los migrantes ¿se cargan a los más pobres o a los más ricos? Algunos dirán que, si esos servicios se pagan con impuestos, los están pagando los más ricos. No estoy tan seguro. Démosle una vuelta.

Los ricos de Ceuta han podido enviar a sus hijos a pasar las vacaciones a otro sitio. Los pobres, en cambio, se han quedado sin playa este verano. Los políticos, los altos funcionarios y los ricos que han visitado Ceuta, de todos los colores, probablemente habrán pernoctado en hoteles. Los trabajadores de servicios sociales, policía, ejército... están malviviendo, ¿es así o no?

¿Estamos ante una nuevo hecho de “privatización de beneficios, socialización de pérdidas”? Eso me parece. Las herramientas de análisis son imprescindibles. El diálogo, contrastando hechos, también.

Ahora más que nunca: VERDADERO SOCIALISMO

Eugenio A. Rodríguez Martín



martes, 22 de septiembre de 2026

Síndrome de disfunción sexual cuando ya no se toma alguna medicación - Carmen Hernández

¿QUÉ ES EL síndrome de disfunción sexual post ISRS, CONOCIDO POR LAS SIGLAS PSSD?

Es un síndrome que puede aparecer después de haber tomado determinados antidepresivos, especialmente los inhibidores de la recaptación de serotonina.

Lo que diferencia al PSSD de los efectos secundarios sexuales habituales de estos medicamentos es precisamente que, en algunas personas, estos problemas continúan después de haber dejado el tratamiento.

Se manifiesta mediante anestesia o pérdida de sensibilidad genital, pérdida de libido, anorgasmia u orgasmos sin placer, y disfunción eréctil. Eso en la parte sexual porque para muchas personas con PSSD, el trastorno va mucho más allá.

Hay quienes describen un embotamiento emocional muy profundo: dejan de sentir la música como antes, ya no disfrutan de una película, de una puesta de sol o de las cosas que antes les producían placer. Algunas personas sienten incluso una pérdida de conexión afectiva con quienes más quieren. Dejan de sentir amor.

También hay pacientes que describen problemas cognitivos importantes y una pérdida de capacidad para disfrutar de la vida, una anhedonia que puede llegar a ser devastadora.

Carmen es posible que todo esto suene a algún oyente como una teoría de internet? Una fake...

No, no estoy hablando de una teoría que alguien se haya inventado en Internet o de los bulos que corren para amedrantar a la gente.

Existen publicaciones científicas sobre el PSSD, se han propuesto criterios diagnósticos y la propia Agencia Europea del Medicamentos ha reconocido y analizado casos de disfunción sexual que persiste después de suspender estos medicamentos.

Lo que todavía no sabemos es cuántas personas están afectadas exactamente, por qué ocurre en unas personas y no en otras, cuáles son sus mecanismos y, sobre todo, cómo tratarlo eficazmente.

Y ahí está precisamente el problema: existen pacientes, existen síntomas y existe sufrimiento, pero todavía hay muy poca investigación y muy pocas respuestas.

Yo soy una de esas personas.

En mi caso han pasado trece años desde que dejé los antidepresivos. Solo los tomé 14 meses pero me han dejado herida.

¿CÓMO HA SIDO TU EXPERIENCIA CON LOS PROFESIONALES SANITARIOS?

Mi experiencia, y también la de muchas personas que he conocido dentro de la comunidad de pacientes, tiene un patrón que se repite.

Cuando un paciente deja un antidepresivo y continúa teniendo problemas sexuales tras un plazo de tiempo largo, la primera explicación que recibe es que es algo psicológico o que terminará desapareciendo. O que la depresión ha vuelto, o que es ansiedad, Y que por ende ha de volver a la medicación.

Se gaslaitea al paciente, se le niega su experiencia, y se le reconduce a lo que casa mejor con la narrativa médica. SE LE SILENCIA PORQUE ES un paciente de los MOLESTOS

Pero hay algo que debería hacer reflexionar a cualquier profesional: ¿Cómo explicas una anestesia genital que aparece después del medicamento y continúa durante años?

La depresión puede afectar al deseo sexual. La ansiedad puede afectar a la respuesta sexual. Pero perder las sensaciones en los genitales durante 13 años tras dejarlo, no hay enfermedad psiquiátrica o psicosomática que lo explique.

¿A QUÉ CREES QUE SE DEBE ESTE SILENCIO?

Y te respondo con otra pregunta: Por qué, si se acepta de forma generalizada que los antidepresivos pueden causar disfunción sexual mientras se toman, cuesta tanto aceptar que esa disfunción se mantenga después de retirarlos?

Quizá haya que preguntarse también qué hay en juego. Los antidepresivos se encuentran entre los medicamentos más prescritos del mundo y constituyen un mercado de enormes dimensiones. Pero, más allá del dinero, hay algo todavía más importante: está en juego la confianza en el sistema médico.

Durante décadas se ha construido la idea de que estos medicamentos son, en términos generales, seguros y eficaces,

Pero reconocer que en algunas personas pueden producir una disfunción sexual y emocional persistente, potencialmente duradera y con un impacto enorme sobre su vida, obliga a revisar cómo se han comunicado sus riesgos.

Y eso plantea preguntas incómodas.

Si la profesión médica y el sistema sanitario en su conjunto tuvieran que asumir que existe un número de personas que, después de dejar estos medicamentos, continúa sufriendo alteraciones graves, ¿no habría que replantearse la forma en que se informa a los pacientes? ¿Cómo se regulan su salida al mercado? ¿Cuestionar a la industria? ¿Los conflictos de intereses?

¿QUÉ DEBERÍA CAMBIAR?

Para mí, lo primero es algo muy sencillo:

Poner la seguridad y el derecho del paciente a estar informado por delante de la comodidad del sistema.

Porque la decisión de tomar un medicamento cambia cuando conoces todos sus riesgos.

No es lo mismo decirle a una persona: "Este medicamento puede producirte disfunción sexual mientras lo tomas", que decirle: "En algunas personas, ciertos problemas graves pueden persistir tras dejarlo". La segunda información puede cambiar completamente la decisión de una persona.

Y ahí está, para mí, la cuestión fundamental: ¿Por qué se protege la tranquilidad del sistema antes que el derecho del paciente a conocer los riesgos?

La medicina tiene que ser capaz de reconocer sus incertidumbres y sus errores cuando aparecen. Porque reconocer un problema no destruye la medicina. Lo que destruye la confianza es que un paciente sufra durante años y sienta que nadie quiere mirar hacia donde señala.

Y si realmente queremos hablar de medicina basada en la evidencia, entonces también tenemos que escuchar a los pacientes cuando sus experiencias empiezan a repetirse una y otra vez.

También necesitamos profesionales sanitarios que sepan reconocer el PSSD y que no interpreten automáticamente cualquier síntoma persistente como una recaída psiquiátrica.

Los estudiantes de Medicina deberían conocer que existe, desde las facultades. Y necesitamos investigación: saber cuántas personas están afectadas, comprender qué ocurre biológicamente, identificar factores de riesgo y desarrollar tratamientos.

Actualmente, el conocimiento sobre los mecanismos sigue siendo insuficiente y las opciones terapéuticas, inexistentes.

También necesitamos mejorar la farmacovigilancia y la información que reciben los pacientes. Porque un efecto adverso que no se registra, Y que se oculta, permanece invisible durante décadas.

¿ALGO MÁS QUE AÑADIR?

Sí. Yo quiero que la gente entienda que detrás de las siglas PSSD hay personas. Personas que tenían una vida. Y que tomaron un medicamento porque confiaron en un profesional.

Cuando fueron a por la receta a la farmacia, no estaban aceptando perder su sexualidad y sus emociones. De hecho ni siquiera sabían que existía esta posibilidad.

Yo sigo hablando porque esto no es un síntoma secundario normal: mi pérdida ha sido demasiado grande. Cuando el PSSD comenzó, me di cuenta de que la sexualidad no es solamente coito.

La sexualidad es una experiencia que forma parte de la salud. Es algo que te hace ser quien eres, es parte de tu identidad, afecta a la manera en que te relacionas con los demás.Y cuando pierdes el placer, la sensibilidad y la conexión emocional, no sientes que simplemente has perdido "una función".

Has perdido una parte de ti. Una esencial para poder ser feliz. Porque en el núcleo central de la sexualidad están las emociones y las conexiones. Y perder la conexión con el mundo es perderlo todo.

Artículo citado de EL PAÍS

Nota:
Los *ISRS* (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) son los medicamentos antidepresivos que se recetan con más frecuencia para tratar la depresión y los trastornos de ansiedad.

Las siglas *PSSD* significan Disfunción Sexual Post-SSRI (en inglés, *Post-SSRI Sexual Dysfunction* ).

lunes, 21 de septiembre de 2026

Alice Hamilton (27 feb 1869-22 sep 1970)

La Casa del Saber/facebook

“Los hombres solo beben demasiado.”
“No se lavan las manos.”
“Son enfermizos por naturaleza.”
Era 1910. La industria rugía. Las chimeneas eran el símbolo del progreso.
Pero dentro de las fábricas, los hombres caían muertos. Perdían los dientes. Se les paralizaban las muñecas. Se volvían locos.
Los dueños se encogían de hombros. Culpaban a los trabajadores. Afirmaban que la “enfermedad industrial” no existía.
Entonces la doctora Alice Hamilton cruzó la puerta.
Era una mujer menuda, de voz suave, de una familia acomodada de Indiana. Parecía más de biblioteca que de taller.
Pero vivía en Hull House, en Chicago, la casa de acogida dirigida por Jane Addams. Vivía cerca de los barrios más duros. Veía a los obreros volver cubiertos de polvo, tosiendo sangre.
Decidió convertirse en detective.
Pero no de crímenes. De venenos.
El gobernador de Illinois la nombró para una comisión que investigara las enfermedades laborales. No había presupuesto. No tenía poder para entrar en fábricas. No tenía poder para multar a nadie.
Así que usó la única arma que tenía: la “epidemiología de suela de zapato”.
Fue donde ningún médico respetable (y desde luego ninguna mujer) se atrevía a ir.
Subía por escaleras tambaleantes para inspeccionar cubas de ácido. Se metía en talleres con polvo de plomo. Entraba en los bares donde bebían los trabajadores y les preguntaba por sus síntomas.
Persiguió a los asesinos silenciosos: plomo. Mercurio. Fósforo.
Su caso más famoso fue el de la industria del “plomo blanco”.
Los dueños decían que sus plantas eran seguras. Alice no les creyó.
Vigiló las fábricas. Observó que la ropa de los obreros quedaba cubierta por un polvo blanco y fino.
Demostró que los hombres no enfermaban por “sucios”. Enfermaban porque respiraban muerte.
Encontró hombres con “caída de la muñeca” (parálisis por plomo). Encontró hombres con la “línea del plomo” en las encías.
Reunió los datos. No gritó. Presentó estadísticas frías e irrefutables.
Fue a ver a los dueños y, en la práctica, les dijo: “Están matando a su gente. Y si no paran, haré pública esta lista de nombres”.
Los avergonzó hasta que aceptaron medidas de seguridad.
Y ayudó a que se reconociera que aquello eran daños del trabajo, no “cosas de la vida”.
Su trabajo fue tan contundente que el sistema ya no pudo ignorarla.
En 1919, la Facultad de Medicina de Harvard llamó.
Querían contratar a la mayor experta en medicina industrial. Solo había un “problema”: era Alice.
La contrataron de todos modos.
Se convirtió en la primera mujer nombrada para el profesorado de Harvard.
Pero Harvard seguía siendo Harvard.
Le dieron el puesto, pero le impusieron tres reglas:
No podía entrar al Club de la Facultad.
No podía participar en la procesión de graduación.
No podía pedir entradas para los partidos de fútbol americano.
A Alice no le importaban las entradas. Le importaba la tribuna.
Usó su posición para pelear la gran batalla del siglo XX: la gasolina con plomo.
En los años 20, General Motors y Standard Oil querían añadir plomo tetraetilo a la gasolina para que los motores funcionaran más suaves.
Alice se levantó y dijo: “Alto.”
Advirtió que expulsar plomo, una neurotoxina, por cada escape en Estados Unidos envenenaría a generaciones de niños.
Las petroleras la atacaron. La llamaron “histérica”. Pagaron a científicos para decir que el plomo era seguro.
Perdió esa batalla. La gasolina con plomo se extendió. (Décadas después, su retirada confirmó el daño que ella había anticipado).
Pero ganó la guerra.
Ayudó a fundar la salud laboral moderna.
Murió en 1970, a los 101 años, pocos meses antes de que el Congreso aprobara la ley federal de seguridad y salud en el trabajo que dio origen a la OSHA.
Cada vez que ves un cartel de “zona de casco obligatorio”… cada vez que un trabajador se pone un respirador… cada vez que una empresa recibe una sanción por condiciones inseguras…
Estás viendo el legado de Alice Hamilton.
Demostró que un salario no debería costarte la vida.
Fuente: Harvard University ("First Female Faculty at Harvard - Dr. Alice Hamilton", sin fecha)

Precaución ante "la prevención y el tratamiento" en la menopausia

Juan Erviti Terapia hormonal de la menopausia en mujeres sanas: ¿Una nueva mirada a un viejo asunto? Bol Inf Farmacoter Navar. 2026;33 (1):1...