Alberto Pardos
lunes, 26 de octubre de 2026
Así comprendí que no había ido allí a enseñar a pescar, sino a aprender como pescaban allí
Alberto Pardos
¿SÓLO LO ENTIENDE QUIEN LAS PASÓ…?
En mi vida me encontré varias veces con personas que afirman que sólo pueden hablar de ciertas cuestiones de la vida humana y entender de la realidad que ellos están viviendo, si esas personas ya vivieron esa misma situación. Pero yo dudé y dudo de la veracidad de esa conclusión. Ser persona que tiene experiencia de vida no va estrictamente vinculado a tener que pasar existencialmente por unos hechos, pues la vida me ha mostrado frecuentemente que hay personas que aprenden y escarmientan en cabeza ajena mientras que no lo hacen otras ni sufriendo las realidades en la propia.
Un cristiano, que lea el evangelio con la mente abierta, sabe que en el monte Gólgota había tres personas condenadas a morir en la cruz: Jesús y dos bandidos (la tradición les da los nombres de Dimas y Gestas). Las tres personas responden de manera muy distinta en la misma situación, que se manifiesta en una interrelación y comunicación entre las tres con serenidad, confianza, rabia, odio, humildad... en las que aparecen insultos, reproches, peticiones, respuestas cariñosas... viven la misma situación de condena pero no tienen evidentemente la misma vivencia.
Ahora miremos en nuestro entorno y descubramos que en hechos como un accidente, ruptura afectiva, muerte, catástrofe... no todas las personas los comprenden, viven y responden de la misma manera. Vamos a ver a modo de ejemplo cuatro respuestas diferentes en los hijos ante un padre/madre con alzheimer y que pueden variar con el tiempo y tener grados diferentes de intensidad:
-En algunos casos quieren continuar la misma relación con ellos. Se enfadan porque se comportan de otra manera y mismo pueden deprimirse, ya que no los reconocen como hijos, ni asimilan ni recuerdan lo que les explicaron con detalle y paciencia. Les hace sufrir mucho cuando los tratan de padre/madre, abuelos, hermanos...
-Otras personas lo que hacen es visitar y acompañar a sus progenitores cada vez menos, porque no son reconocidos y eso lleva consigo que su cuidado recaiga progresivamente en otros familiares o instituciones. Como ya no saben quién son, dicen, la relación con ellos pierde interés.
-También pueden asumir que su cuidado les exige ser psíquicamente flexibles, lo que les hace un bien al tener que explorar y enriquecerse con nuevas formas de comunicarse y amar. La nueva condición familiar que les conceden revela la gran importancia que adquieren en ese momento de dependencia, enfermedad y debilidad vital. Esta situación les da la posibilidad de conocer mejor la condición humana y aumentar su capacidad para la comunicación, encuentro y amor hacia esas personas.
-Luego están los que renuncian al encuentro y relación con el que padece esa enfermedad, pues prefieren quedarse con la “imagen de él/ella cuando estaba bien”. ¿Qué pensarán y harán los otros familiares?
Por tanto pasar por una situación determinada no es definitivo para adquirir experiencia de ella, pues hasta puede darse el caso de hacer experiencia de esa situación sin vivirla y, al contrario, de no haber comprendido nada a pesar de atravesar esa realidad. Así que trabajemos, estudiemos, reflexionemos y dialoguemos para ser cada día un poco más “expertos en humanidad”.
Acepto que tiene mucho de verdad la expresión de que “las penas compartidas son menos penas y las alegrías compartidas se hacen más plenas”. Sé que no se le puede dar un valor absoluto a ese dicho, ya que en la manera de realizarlo puede llevar a que compartir las penas sea un mundo de lamentaciones que desemboca en la depresión o en un camino hacia el infierno. También la manera de compartir las alegrías puede ser una forma de exhibicionismo o humillación a los demás.
La vida humana sana nos exige vivir una libertad que humanice y no deshumanice a los demás, exige escucha, diálogo y solidaridad/fraternidad. Es estimulante para la vida sabernos imagen y semejanza de un Deus Trinitario, comunidad de amor, que es nuestro Padre común.
Decía Dom Hélder Cámara que “en lo que estás en desacuerdo conmigo, me enriqueces”, pues eso lleva a ahondar en las propias opciones vitales, a modificarlas en parte o a cambiarlas según proceda, ya que siempre es valioso caminar hacia el bien, la justicia y la verdad. Tengamos, pues, esta actitud positiva en la relación con los que en la vida son compañeros de camino.
Ahora más que nunca: AUTENTICIDAD
Antón Negro
sábado, 24 de octubre de 2026
Premio 2026 a la Mejor labor de una Institución Científica-Sanitaria, concedido a los Seminarios de Innovación en Atención Primaria (SIAP) por la Asociación Acceso Justo al Medicamento (ASJM)1
Texto de base para la entrega de dicho premio, en Noblejas (Toledo) el 24 de octubre de 20262
Agradecemos la concesión del premio a sabiendas de que no somos ninguna “institución” pues no tenemos registro legal, ni domicilio alguno, ni cuenta bancaria, ni estatutos, ni nada de nada, salvo entusiasmo y ganas de mejorar las cosas.
Lo recibimos en nombre de miles de profesionales de sanidad que han participado en los SIAP, profesionales que creen que otro mundo es posible, en lo general y en lo sanitario.
Declaramos no tener conflicto de interés con ninguna industria ni institución. Aceptamos el premio, sin valor monetario ni académico, como un reconocimiento por pares, algo valiosísimo que nos hace pensar que no lo estamos haciendo del todo mal.
Declaramos un fortísimo conflicto de interés con la equidad y la eficiencia sanitarias que nos lleva a enfrentamientos casi cotidianos al promover ese “otro mundo posible”.
¿Qué son los SIAP?
Los SIAP son encuentros de atención primaria, multiprofesionales [abiertos a toda profesión sanitaria y también a la ciudadanía], multigeneracionales y multilingües [en castellano, portugués, catalán, euskera, aimara, etc pues los idiomas son puentes que unen no barreras que separen] que facilitan la participación y aprendizaje tanto a distancia como presencial, con el objetivo de mejorar el trabajo relacionado con la sanidad y en especial con la atención primaria. En general, se tratan cuestiones clave en el ejercicio profesional que se suelen ignorar en el pre y postgrado.
No hay cuotas, el presupuesto es de cero euros, nadie cobra nada, cada cual (ponentes, asistentes y organizadores) cubre sus gastos y buscamos locales gratuitos. En el encuentro presencial promovemos la participación con bebés y prole y también con “dependientes”, que cuidamos en común.
¿Cuál es el lema clave en los SIAP?
Todo el mundo tiene mucho que aprender y algo que enseñar. Todo el mundo es todo el mundo, en una relación horizontal que permite crear conocimiento colectivo. Una relación también “segura” que permite hablar con franqueza sin miedo a malas interpretaciones.
¿Cuántos SIAP se han realizado y sobre qué cuestiones?
En 21 años se han realizado 60, con una media de 200 participantes entre virtuales y virtuales-presenciales (miles en total, pues). Los tres últimos sobre las relaciones de profesionales con las industrias, la atención en zonas geográficas marginadas y la gordofobia. Los tres próximos sobre seguridad y medicamentos, fecundidad y reproducción asistida y ternura clínica. Hemos tenido, además y como ejemplo, SIAP sobre pacientes que lloran, covid, vacunas, errores clínicos y fantasías de errores, soledad, pacientes invisibles, el final de la vida, etc.
Teniendo una tres SIAP anuales, ¿no hay más actividad?
Los SIAP no acaban nunca; tiene tres fases, un mes previo al encuentro por correo electrónico, dos días de encuentro presencial...y años de seguimiento por correo electrónico. Por ejemplo, siguen vivos y activos los SIAP sobre vacunas, prevención, salud de la mujer, covid, etc.
No obstante, los SIAP se complementan con las videoconferencias del ciclo de “Inteligencia Sanitaria” (“Salud, Ciencia Crítica y Ética”) que recogen la actividad de los propios SIAP y otras muchas más en relación con sus contenidos. Las tres últimas para celebrar el centenario del nacimiento de Iván Illich, la crisis de Ceuta, y los psicofármacos, medicamentos que matan (de Peter Gøtzsche). La próxima, “Sin vivienda no hay salud”.
¿Qué palabras resuenan más en los SIAP?
Ciencia, conciencia y coraje. Altruismo, compromiso, dignidad, parresía, solidaridad y ternura.
La parresía (del griego: παρρησία) es el habla franca, hablar con libertad y sinceridad, hablar que se entienda. Implica libertad de expresión y, también, la obligación de decir la verdad por el bien común, incluso con riesgo personal si llega el caso.
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1Para saber más de los SIAP, este texto preparado para la nota de prensa del premio de la Asociación Acceso Justo al Medicamento: https://saludineroap.blogspot.com/2026/10/premio-2026-la-mejor-labor-de-una.html
2 Recogieron el premio Mercedes Pérez-Fernández y Juan Gérvas, fundadores de los Seminarios de Innovación en Atención Primaria
Gardiner Harris, periodista de investigación: “Ninguna industria ha sido tan criminal como la farmacéutica”
https://elpais.com/sociedad/2026-10-24/gardiner-harris-periodista-de-investigacion-ninguna-industria-ha-sido-tan-criminal-como-la-farmaceutica.html
viernes, 23 de octubre de 2026
El único problema que tiene la escuela es los chicos que pierde
Y, sin embargo, sigue doliendo porque sigue siendo verdad.
Hoy nuestros centros educativos están atrapados en una maquinaria burocrática que crece sin descanso. Plataformas, informes, protocolos, estadísticas, evidencias, requerimientos, pruebas, registros. Todo debe constar, justificarse y quedar documentado.
Pero mientras llenamos casillas, hay niños que se vacían por dentro.
Directores, docentes y equipos de orientación llevan años denunciándolo: falta personal, faltan recursos, sobra papeleo y falta tiempo. Tiempo para mirar a un alumno a los ojos. Para escuchar a una familia. Para detectar que ese adolescente que empieza a faltar no es un problema administrativo, sino una llamada de auxilio.
No es una anécdota local. Es una advertencia seria.
La burocracia no afecta a todos por igual. Quien tiene recursos encuentra apoyo fuera de la escuela. Pero los últimos, quienes dependen casi exclusivamente de ella, necesitan precisamente lo que el sistema está robando: presencia.
Cada hora dedicada a justificar una evidencia puede ser una hora menos para acompañar a un niño. Cada trámite inútil aleja a un director de su función pedagógica.
Y mientras tanto seguimos perdiendo chicos. Por el fracaso escolar, el abandono temprano y, muchas veces, porque dejan de sentirse mirados mucho antes de abandonar físicamente el aula.
¿Quién fracasa entonces? ¿El alumno o el sistema?
Para nosotros, los últimos son nuestros ángeles, nuestros mensajeros. Son quienes nos anuncian que algo debe cambiar. No son una estadística. Tienen nombre, rostro, familia, miedo, sueños y dignidad.
La escuela pública debe ayudar más a quien más lo necesita. Porque tratar igual a quienes parten de situaciones desiguales no es justicia.
Necesitamos menos cultura del control y más cultura del cuidado. Menos papeles y más personas. Menos burocracia y más pedagogía. Menos despacho y más aula.
Porque una escuela que pierde a sus últimos termina perdiéndose a sí misma.
Y eso, sencillamente, no debemos seguir permitiéndolo.
domingo, 18 de octubre de 2026
Apocalipsis fabricado
Ehsan Ulla Khan
Cargados sobre espaldas humanas: La explotación colonial, la carga de la esclavitud sobre las mujeres, los niños y los hombres, y su herida persistente en el sistema económico global moderno.
Este informe de investigación, elaborado por Ehsan Ullah Khan, examina la continuidad histórica del trabajo forzado desde las estructuras medievales de servicio obligatorio hasta la servidumbre contemporánea por deudas. Su tesis central es que la esclavitud no constituye una institución extinguida, sino una patología social recurrente que reaparece bajo nuevas formas siempre que convergen la pobreza extrema, la debilidad del Estado de derecho, las jerarquías de casta o raza, la desigualdad de género y la impunidad de las élites económicas y políticas. La historia del trabajo coercitivo demuestra que el ser humano ha sido convertido repetidamente en camino, herramienta, garantía financiera y fuerza de trabajo al servicio de imperios, terratenientes, empresas y empleadores.
Antes de la modernización de los transportes, los imperios descubrieron que el medio más barato de mover funcionarios, armas, alimentos, suministros y mercancías era el cuerpo humano. En la India británica, este sistema recibió el nombre de begar; en el África portuguesa, chibalo; en las colonias francesas, prestations y corvée; y en el Estado Libre del Congo, un régimen de terror basado en cuotas de caucho, toma de rehenes, mutilaciones y muertes masivas. Aunque estas formas de explotación recibieron nombres distintos, compartían un principio común: las personas colonizadas, pobres y racializadas eran tratadas como infraestructura viviente del poder imperial.
En el sur de Asia, el servicio obligatorio existía antes del colonialismo europeo en reinos medievales, aldeas dominadas por terratenientes y cacicazgos montañosos. Sin embargo, el dominio británico transformó esas obligaciones dispersas en una máquina burocrática coercitiva. En regiones como Kumaon y Garhwal, las aldeas fueron obligadas a suministrar cargadores para funcionarios, soldados, guardas forestales y viajeros. Los hombres eran inscritos en registros y forzados a transportar equipaje, tiendas, alimentos, armas y documentos oficiales a través de caminos montañosos, bosques y zonas de enfermedad. Recibían poco o ningún pago, perdían jornadas agrícolas esenciales y enfrentaban castigos físicos, multas o encarcelamiento si se resistían.
La carga recaía de manera desproporcionada sobre campesinos, comunidades de castas inferiores, habitantes de los bosques y pueblos adivasi, pues eran quienes poseían menor capacidad de resistencia. Los relatos históricos describen cargadores que se desplomaban por agotamiento, sufrían úlceras, fiebres y hernias, y eran golpeados, abandonados o reemplazados cuando ya no podían continuar. El Estado colonial denominaba “deber” a esta explotación; quienes la sufrían la reconocían como esclavitud.
La resistencia, no obstante, también formó parte de esta historia. En enero de 1921, durante la feria de Uttarayani en Bageshwar, miles de habitantes de Kumaon se reunieron junto al río Saryu y juraron rechazar el coolie begar, el coolie utar y el coolie burdayash. Los cabeza de aldea arrojaron los registros laborales al río, destruyendo simbólicamente los documentos que habían convertido a seres humanos en propiedad del Estado colonial. Este movimiento, liderado por figuras como Badri Datt Pandey y Hargovind Pandey, demostró que el trabajo forzado persistía no porque las comunidades lo aceptaran, sino porque el Estado poseía la fuerza para imponerlo. Cuando la resistencia se volvió colectiva, el sistema comenzó a derrumbarse y la administración colonial terminó por abolir el begar en Kumaon.
El informe también analiza el Imperio portugués, donde la abolición formal de la esclavitud no produjo libertad real. Portugal mantuvo en Angola, Mozambique, Santo Tomé y Guinea un sistema de trabajo coercitivo llamado chibalo. Hombres, mujeres y niños africanos fueron obligados a trabajar en plantaciones, cultivos de algodón, construcción de caminos y obras públicas. En Mozambique, el cultivo obligatorio de algodón desplazó la producción de alimentos, provocando hambre y sufrimiento familiar. Las mujeres soportaron cargas físicas, trabajo doméstico forzado y violencia sexual; los niños trabajaron junto a sus padres; y los hombres que no cumplían las cuotas fueron golpeados o encarcelados. El caso portugués demuestra que una potencia colonial puede abolir la palabra “esclavitud” mientras conserva la esclavitud en la práctica.
La forma más extrema de esta lógica se produjo en el Estado Libre del Congo bajo el dominio personal del rey Leopoldo II entre 1885 y 1908. Allí, la extracción de caucho y marfil se impuso mediante el terror: las aldeas recibían cuotas imposibles, los hombres eran enviados a los bosques y las mujeres y los niños eran retenidos como rehenes para obligar al cumplimiento. El incumplimiento podía derivar en hambre, violación, encarcelamiento, asesinato o mutilación. Los testimonios de los sobrevivientes recogidos por la Comisión de Investigación de 1904–1905 documentan la destrucción de comunidades enteras y la reducción de la vida humana a una cuota productiva. El Congo revela la consecuencia última del trabajo forzado colonial: cuando un cuerpo se quebraba, otro podía ser apresado.
Francia empleó mecanismos similares en África Occidental y en Indochina. El sistema de "prestations" obligaba a los hombres adultos a pagar un impuesto de trabajo mediante labores no remuneradas en caminos y proyectos públicos. En Indochina, el trabajo forzado construyó ferrocarriles, puertos y carreteras coloniales, mientras los campesinos morían por accidentes, enfermedades, desnutrición y castigos brutales. Estas experiencias confirman que el trabajo coercitivo no fue una anomalía ni una práctica limitada a regiones “atrasadas”, sino un instrumento ordinario de administración imperial.
La religión ocupó una posición ambivalente frente a la esclavitud y la servidumbre. En la sociedad hindú, la jerarquía de casta contribuyó a legitimar el trabajo hereditario y las ocupaciones consideradas impuras, aunque también surgieron corrientes bhakti y movimientos de resistencia contra la opresión de casta. En las sociedades musulmanas, el derecho islámico prohibía la esclavización de musulmanes libres y promovía la manumisión, pero la esclavitud y el trabajo forzado persistieron mediante el cautiverio, la deuda, la concubinato y las costumbres locales. En el mundo cristiano, las iglesias tanto bendijeron el imperio como lo desafiaron: algunos misioneros sirvieron a las administraciones coloniales, mientras otros expusieron atrocidades, especialmente en el Congo. La conclusión es que la religión puede santificar la dominación, pero también convertirse en un lenguaje de liberación cuando defiende la dignidad humana y condena la explotación.
El informe subraya que la esclavitud moderna no pertenece únicamente al pasado. Según la Organización Internacional del Trabajo, Walk Free y la Organización Internacional para las Migraciones, aproximadamente 50 millones de personas vivían en condiciones de esclavitud moderna en 2021, incluidos 27,6 millones en trabajo forzado y 22 millones en matrimonio forzado; más de 12 millones eran niños. En Pakistán, se estima que alrededor de 2,3 millones de personas experimentaron alguna forma de esclavitud moderna en 2021. Estas cifras demuestran que la servidumbre por deudas, la trata, el matrimonio forzado y la explotación laboral siguen siendo realidades contemporáneas.
Pakistán ocupa un lugar central en este análisis. La lucha contra el peshgi—el anticipo que vincula a un trabajador y su familia con un empleador—se convirtió en una de las campañas abolicionistas más importantes del mundo moderno. Ehsan Ullah Khan, fundador del Bhatta Mazdoor Mahaz en 1967 y posteriormente vinculado al Bonded Labour Liberation Front, organizó durante más de dos décadas a los trabajadores de los hornos de ladrillos en Punjab. El peshgi aparecía como un préstamo voluntario para el matrimonio, la enfermedad, la alimentación o una emergencia, pero en la práctica se transformaba en una cadena: los salarios bajos, las cuentas manipuladas, las multas arbitrarias y las deudas hereditarias hacían casi imposible el reembolso. Los niños nacían con obligaciones que nunca habían contraído, y el horno de ladrillos se convertía en una prisión sin muros.
Esta lucha culminó en la promulgación de la Ley de Abolición del Sistema de Trabajo en Servidumbre de 1992. La ley abolió el sistema de trabajo en servidumbre, liberó a los trabajadores de sus obligaciones, extinguió las deudas derivadas de la servidumbre, prohibió nuevos anticipos de ese tipo e impidió que los tribunales u otras autoridades recuperaran dichas deudas. Fue un logro histórico: Pakistán declaró formalmente que una deuda no podía ser propietaria de un ser humano.
Sin embargo, la abolición legal no eliminó la servidumbre en la práctica. El Tribunal Superior de Islamabad reconoció en 2021, en un caso relacionado con trabajadores menores de edad, que los anticipos utilizados para retener a los trabajadores de los hornos de ladrillos constituían una nueva forma de esclavitud moderna. El tribunal sostuvo que, cuando un anticipo se emplea para obligar a alguien a permanecer en un lugar de trabajo, deja de ser crédito ordinario y se convierte en un instrumento de coerción.
El informe presta especial atención al Código Laboral de Punjab de 2026, promulgado el 10 de febrero de 2026. Este código permite anticipos sin intereses de hasta tres veces el salario mínimo aplicable a los trabajadores no calificados, recuperables mediante cuotas que no excedan un quinto de la remuneración. Sus defensores sostienen que estas disposiciones modernizan la protección laboral, introducen registros digitales y sustituyen la deuda coercitiva por crédito regulado. Sus críticos, en cambio, advierten que el empleador puede ser simultáneamente acreedor, arrendador, proveedor de vivienda y controlador del salario, condiciones bajo las cuales un anticipo puede convertirse nuevamente en una cadena. Si un sistema digital registra la deuda, calcula las cuotas y permite su recuperación, el peshgi podría no haber sido abolido, sino digitalizado.
La pregunta central es, por tanto, si un Estado puede regular la deuda sin legalizar la servidumbre por deudas. El criterio decisivo es simple: un trabajador debe poder abandonar a su empleador sin perder el refugio, los salarios, la seguridad o la protección de su familia. Si no puede hacerlo, el anticipo no es un préstamo, sino servidumbre.
El informe concluye que la paz duradera exige verdad histórica, educación, rendición de cuentas y una aplicación de la ley centrada en los sobrevivientes. La democracia no consiste únicamente en elecciones, sino en la capacidad de las personas comunes para exigir responsabilidad a los poderosos. La educación debe enseñar que el begar no era tradición, que el peshgi no es un favor y que la casta, la raza, el género y la pobreza no son destinos naturales, sino estructuras sociales que pueden transformarse. Ningún niño debe heredar una deuda que nunca contrajo, ninguna mujer debe heredar un cuerpo que otros pretendan poseer y ninguna comunidad debe heredar la humillación como si fuera su destino. La paz comienza cuando el peso es finalmente depuesto.
viernes, 16 de octubre de 2026
Migración más allá del capitalismo
Hannah Cross (https://www.politybooks.com/author-books...)
Así comprendí que no había ido allí a enseñar a pescar, sino a aprender como pescaban allí
Alberto Pardos En 1994, viajé a la Amazonía ecuatoriana para participar y coordinar un proyecto de Salud y Desarrollo Comunitario. Salí un j...
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Santiago Agrelo (2018) Santiago Agrelo Lo que ha pasado en Ceuta durante esta semana, poco o nada tiene que ver con el drama -con la tragedi...
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