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martes, 18 de agosto de 2026

Medicina gráfica: cuando los cómics dibujan lo que doctores y pacientes no consiguen decir

Tommaso Koch/El Pais

Los médicos, y el resto del mundo, lo llamaban por lo que era: cáncer de páncreas. Pero, cuando se lo diagnosticaron a la madre de Alfonso Casas, hijo y progenitora se inventaron una historia. Un inquilino molesto, “El Bicho”, se había instalado sin permiso en el cuerpo de ella. Se resistía a marcharse, se portaba cada vez peor y reclamaba más espacio. Empezó a ponerse agresivo. Finalmente, el cuento no terminó como querían: El Bicho se adueñó del piso entero, cambió la cerradura y obligó a la anfitriona a irse. Tiempo después, el artista encontró en un libro un papelito doblado. Aún se podían leer lugar y fecha: Hospital Universitario Miguel Servet. Sala de Espera de Oncología. 23/11/2024. “Aquella fue la única cita a la que no pudiste acudir”, escribe Casas en su último cómic. Porque, cuando se quedó solo, el hijo acudió de nuevo a las historias. Contó la que habían sufrido y compartido. Y la que ahora trata de vivir él, sin ella. Llenó las viñetas de los mismos monstruos y fantasmas que poblaban su cabeza. Y lo tituló, simplemente, Rosa.

“Dicen que cuando conviertes algo en una historia, vive para siempre. Dibujar es mi manera de entenderme a mí y al mundo. Pensé que, si hasta ahora me había ayudado con la vida, quizá podría suceder con la muerte”, señala el creador.

La japonesa Hilnama también recurrió a los lápices ante la enfermedad: el manga Tengo cáncer terminal, pero estoy bien la retrata ya desde la portada como una conejita con maleta, tablet, sonda en las venas y bomba de infusión. El reciente Respira, de Àurea Muñoz Pérez y Judith Crehuet, muestra la ansiedad en viñetas, y El paréntesis fue la forma en que Élodie Durand resumió, y diseñó, la epilepsia que la atacó a raíz de un tumor. “Escribí para no olvidar, para seguir adelante, para dejar de hablar de ello y para compartir, de forma más amplia, las reflexiones sobre la memoria, la identidad y la familia”, explica la autora.

La experiencia de lidiar con el VIH, alucinaciones, el alzhéimer o el párkinson también tiene sus cómics. Porque los historietistas y sus seres queridos los sufren, igual que los demás. La diferencia es que los artistas pueden dibujar su dolor. Y cada vez más hospitales, universidades e investigaciones reconocen su poder: expresar en viñetas algo que suele dejar sin palabras. Útil para paciente y doctor, para familiares y, en el fondo, para cualquiera. Incluso catártico, a veces. Sin olvidar el placer lector. Tanto que ha surgido una corriente internacional que reivindica este subgénero: Medicina Gráfica.

¿Cómo empezó? Todas las respuestas conducen al mismo nombre: Ian Williams. “Creé el término en 2007, por accidente y porque sonaba bien”, se ríe este médico de familia británico. Cuenta que andaba terminando un máster en Humanidad Médica y buscaba una excusa para procrastinar. Se puso a escribir reseñas online de tebeos sobre asuntos sanitarios, pero empezó a sumar lectores y preguntas. Especialmente, una: ¿qué significaban esas dos palabras que daban nombre a su web? Williams descubrió que no bastaba con idear la expresión Medicina gráfica. También debía definirla. “Es cualquier cosa que sucede en la intersección entre cómic y salud”, aclara.

Tres años después, se celebró una primera conferencia, en Londres. Con tal éxito que la noche acabó con los asistentes organizando, entre copas, la segunda. “Fue un día mágico, cambió mi vida”, agrega Williams. Los congresos mundiales dedicados a medicina gráfica ya superan la decena, y países como España hasta tienen los suyos propios. Hace años surgió la organización italiana. La europea acaba de nacer. El propio impulsor constata que su ocurrencia se ha convertido en un “movimiento”.

Lo componen esencialmente sanitarios, dibujantes y profesionales que juntan los dos oficios. Pero, en cuanto a las obras, Williams defiende el enfoque más inclusivo posible: incluye memorias gráficas sobre enfermedades, tebeos educativos para estudiantes o pacientes, manuales y trabajos académicos dibujados, tiras sobre salud, reportajes en viñetas o talleres que cuenten con elementos de cómic, entre otras formas de expresión. El médico ve con buenos ojos incluso los relatos personales que no hayan pasado por un filtro científico, aunque no necesariamente puedan llamarse Medicina Gráfica. Antivacunas y conspiranoicos figuran entre las pocas personas non gratas del club. Sus obras solo se admiten para enseñar lo que no hay que hacer.


SemGraf, la asociación española, amplía incluso el foco original: abarca ilustraciones e infografías. De su empuje ha brotado hasta una editorial ad hoc, Saludarte. Y la organización lleva revisadas más de 350 patografías gráficas ―cómics sobre una persona enferma creados por ella misma o alguien cercano―, en el recuento de su impulsora, la doctora y artista Mónica Lalanda, que también ha lanzado el primer máster de Medicina Gráfica. Ella valora mucho Y si sale mal, de los hermanos Franco Benito, No solo tiembla, de Ramón Ricart, o El duelo, de Paula Cheshire, entre otros. Y la organización, en general, otorga su reconocimiento a los tebeos que considera capaces de ayudar, aparte de entretener y explicar con rigor. “Nuestra colección empieza a ser una referencia para otros estudios”, presume Rafael Marrón Tundidor, presidente de SemGraf, en una pausa de su turno hospitalario en Urgencias.

“Hay un aumento generalizado de la incidencia de problemas de salud mental tanto reales como autopercibidos y una disminución del prejuicio y el tabú para hablar de ellos. El peculiar lenguaje del cómic, donde no hay reglas para describir emociones, donde puedes jugar con colores, luces y sombras, onomatopeyas, metáforas, metonimias, coexistencia de lo que se dice y lo que se piensa y un largo etcétera lo hacen perfecto para expresar sufrimiento”, reflexiona Lalanda. Ella misma relató en viñetas los abortos de repetición que debió afrontar, así como la llegada de la menopausia. Y acaba de lanzar Vivir hasta el final, creado con Daniel Ramos, médico de cuidados paliativos. El último trabajo ilustrado de Marrón se titula Inés y las bacterias. Y el propio Williams está elaborando un tebeo sobre un doctor que sufre un cáncer: él mismo.


“Dibujar mis emociones convertidas en monstruos es mi forma de darles un espacio, de escuchar lo que tienen que decirme. Pero también me sirve para separar su voz de la mía, para no confundirla. Nuestros monstruos tienen mucho que contarnos, aunque no suele ser una conversación fácil y buscamos continuamente la forma de aplazarla. Mis últimos cómics son esa conversación hecha viñetas”, agrega Alfonso Casas. En un momento de Rosa, un fantasma le obliga a decir en alto que su madre ya no está. Solo así, el protagonista consigue no ahogarse. Bea Lema llegó a dibujar a su madre justo mientras intentaba hundirse en el mar. Y retrató a los demonios sentados alrededor de su familia en El cuerpo de Cristo, Premio Nacional de Cómic de 2024. Durand recuperó en El paréntesis los “dibujos rápidos” que realizó durante su convalecencia y le reconectaron consigo misma. Y en el arranque de Una posibilidad, de Cristina Durán y Miguel Á. Giner Bou, ella está tumbada tras dar a luz. La cuna a su lado, sin embargo, está vacía. E incluso cuando la pequeña Laia vuelve, un abismo empieza a delinearse debajo de la pareja.

En el tebeo de Durán y Giner Bou, las primeras explicaciones que reciben sobre los problemas de su hija están impartidas por batas sin rostro. Críticas parecidas, más o menos explícitas, vuelven en la mayoría de estas obras. “Los humanos tenemos mayor capacidad para retener el contenido visual que lo que leemos u oímos. Los conceptos que intentamos transmitir los sanitarios son complejos, con asimetría de información y con una gran componente emocional. La formación de los médicos en comunicación es un déficit histórico: aprendemos a bofetadas, con la realidad. Cuando le estás dando una noticia complicada a un paciente, a menudo sale de la consulta diciendo: ‘No me he enterado de nada, me bloqueé’. A veces estamos haciendo un pequeño esquema en la consulta, y se los llevan, para recordar mejor”, apunta Marrón Tundidor.

Tanto Lalanda como Williams se suman a la autocrítica. El inglés cree que poner el foco sobre ello enriquece el debate, y con suerte la comunicación de los futuros profesionales. Y la española añade: “El médico solo ve a los pacientes en la consulta, pero el cómic le abre la posibilidad de observar cómo es la vida si se sufre un herpes, una depresión o un dolor crónico. Aporta contexto, coloca la enfermedad en la rutina”.

En cada entrega de su manga, Hilnama contó aspectos y fases distintas del día a día con cáncer terminal. La incertidumbre, los altibajos, el dolor de su pareja, las pruebas, los efectos de la quimioterapia. Apuntó las frases que nunca querría haber escuchado, como “Tú tranquila, ¿vale?” o “al marido de mi tía también se lo detectaron…”, y las que le sentaron bien, como “si estás mal, no te lo guardes” o “si hay algo que quieras que haga, o dejes de hacer, dímelo sin cortarte”. A medida que el impacto de la obra crecía, la dibujante explica en un capítulo que recurrió a la supervisión de dos médicos. Incluso siendo ella la enferma, dibujar tan delicado tema desde sus “conocimientos del montón” le parecía “una irresponsabilidad”. Y Durand también verificó muy a fondo toda la información científica de El paréntesis. Aun así, la francesa subraya la importancia de la narrativa, más allá de (auto)terapias: “La historia tenía que valerse por sí misma, sin mí”. Por eso llamó a la protagonista Judith, su segundo nombre, ordenó lo mejor que pudo la memoria y dejó pasar años antes de sentarse a diseñar lo que había vivido.
“Es la forma de explicármelo a mí y luego a los demás”, contaba hace años Miguel Gallardo, sobre Algo extraño me pasó camino de casa. No hay tebeo que ahora sirva para explicar la ausencia del historietista. Ni siquiera el suyo propio. Pero quien lo lea podrá recordarlo. Y, tal vez, encontrar alivio o identificación ante sufrimientos semejantes. “Dibujar Rosa fue catarsis y refugio. Me hizo comprenderme a mí mismo en un momento en el que había estado en ‘piloto automático’ por no ser capaz de procesar lo que estaba ocurriendo. Volver a sus páginas me hace sentir que sí estuve presente, y me reconforta. Pasar por un duelo no me hace ningún experto en la materia, pero si este cómic consigue que los lectores se sientan acompañados y entendidos en una situación parecida, es todo lo que puedo desear”, apunta Casas. Lalanda agrega: “Sueño con que algún día prescribamos cómics que ayuden a pacientes a navegar aguas similares”. Para curar, por supuesto, están médicos y fármacos. Pero los tebeos, quizás, puedan dibujar otro auxilio.

NOTA
El mundillo de la Medicina Gráfica es sorprendente. Os invitamos a echar un vistazo al repositorio de títulos de novelas gráficas, organizados por especialidades y temas. Hay verdaderas joyas.

miércoles, 15 de julio de 2026

LA EPISIOTOMÍA CREA MÁS PROBLEMAS DE LOS QUE RESUELVE

 

Juan Gérvas (Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España, exprofesor de salud pública, Universidad Johns Hopkins, Baltimore, Estados Unidos) y
Mercedes Pérez-Fernández (especialista en Medicina Interna y médica rural jubilada) Equipo CESCA, Madrid, España.
jjgervas@gmail.com mpf1945@gmail.com www.equipocesca.org @JuanGrvas @juangrvas.bsky.social

NOTA

Este texto es la actualización del capítulo 34 del libro de los autores “El encarnizamiento médico con las mujeres. 50 intervenciones sanitarias excesivas y cómo evitarlas”. Los libros del lince. Barcelona. 2016.

El libro está descatalogado y fuera de ventas.

Los autores han actualizado este capítulo en homenaje a Michael Klein, (quien demostró la inutilidad y peligrosidad de la episiotomía) en ocasión de su muerte, el 10 de junio de 2026.

Aquí su obituario: https://everloved.com/life-of/michael-c-klein/obituary/

SITUACIÓN CLÍNICA: Sara ha tenido su segundo hijo. Un parto vaginal sin ningún problema, en el hospital de Teruel. Ahora sólo se queja de “los puntos”. A veces piensa, mientras cambia de posición para aliviar las molestias,: “¿No me había dicho la matrona que esta vez me iba a librar de los malditos puntos?”.

PREGUNTA: ¿Es útil la episiotomía?

RESPUESTA: En general es inútil, y perjudicial si se emplea sistemáticamente.

COMENTARIO:

La mujer como problema

Desde antiguo se ha visto a la mujer como un problema. Bien se expresa en la mayoría de las religiones en las que la mujer es pecadora y causa del pecado. Es decir, la mujer es quien lleva al varón a pecar. Tales religiones tienen una larga letanía que se repite mecánicamente, ahora en voz queda pero antes en alta voz.

Por ejemplo: · La mujer es mentirosa. · La mujer es lasciva. · La mujer arrastra al varón a la perdición. · La mujer es mala. · La mujer es peligrosa. · La mujer, la pata quebrada y encerrada. · La mujer es rencorosa. · La mujer es sucia. · La mujer es enemiga de la mujer. · La mujer es tonta. · La mujer no sabe lo que quiere. · La mujer es diabólica. · La mujer es perversa. · La mujer es destructora. · La mujer es malvada. · La mujer emplea sus encantos para seducir y manipular a los varones. · La mujer es débil. · La mujer es siempre inmadura. · La mujer nunca está contenta ni satisfecha. · La mujer es irracional. · La mujer es ambiciosa. · La mujer es dominante.

La mujer es un problema en esta sociedad patriarcal en la que todavía vivimos. No es extraño que el parto también sea un problema, siendo un acto femenino y exclusivo de la mujer.

El parto en su momento

La evolución ha llevado a que las mujeres tengan caderas anchas, lo que incrementa el diámetro del canal del parto y facilita el mismo. También ha llevado a un parto en el momento apropiado; es decir, 1/ cuando los requerimientos metabólicos del feto se satisfacen mejor con la leche materna que con el intercambio placentario y 2/ cuando el tamaño de la cabeza es el máximo para el canal de parto y todavía los huesos craneales del feto no están completamente osificados y se hallan separados entre sí por espacios de tejido fibroso que forman las suturas y fontanelas.

Durante el parto, el cráneo y la cara son deformables y las suturas y fontanelas del cráneo admiten una mecánica de superposición entre los huesos, lo que posibilita el paso de la cabeza fetal a través del canal de parto; esta plasticidad es clave para un parto normal.

En general, el parto en las mujeres es complicado por comparación con los de las hembras de grandes simios; en las primeras dura de media nueve horas, y dos en las segundas. Es el precio que paga la especie humana por andar sobre las extremidades posteriores.

Este parto complicado explica que desde la Prehistoria hayan existido comadronas, mujeres solidarias y con capacidad para "ayudar" a la mujer parturienta.

El parto es peligroso sólo en algunas situaciones muy específicas, como placenta previa y otras.

De cómo se transformó el parto en un proceso patológico

A principios del siglo XX, en los años veinte, en Estados Unidos se transformó todo parto en patológico. El ginecólogo “responsable”, Joseph DeLee, de Chicago, logró impacto mundial con su artículo, en 1920: "The Prophylactic Forceps Operation"

https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0002937802001175

https://embryo.asu.edu/pages/prophylactic-forceps-operation-1920-joseph-bolivar-delee

También publicó un libro que se convirtió en la “biblia” de la obstetricia, “Principles and Practice of Obstetrics” (“Principios y práctica de la obstetricia”).

La hospitalización y medicalización del parto se logró creando las ideas de que 1/ el parto es siempre peligroso en el sentido de que sólo sabemos que ha sido “normal” cuando ha terminado y no se ha complicado y 2/ los especialistas en ginecología y obstetricia tenían la solución preventiva con las nuevas técnicas, con la anestesia, los forceps y la episiotomía.

Esta medicalización de un proceso fisiológico fue expresión de una “ola” que, cien años después, se ha transformado en tsunami, la de la “prevención” sin límites mezclada con la omnipotencia de la tecnología sanitaria.

El parto devino en patológico por definición para justificar la existencia de una especialidad que dominaba dichas técnicas. Por consecuencia, se eliminaba de la atención al parto a matronas y médicos generales que no las dominaban (y eran responsables de la alta mortalidad materna).

Ciertamente, la mortalidad materna y perinatal en Estados Unidos era intolerable, pero relacionada principalmente con la pobreza, la desigualdad, la falta de higiene y otros determinantes sociales.

Por no comentar que la medicalización previa del parto había incrementado la mortalidad por la fiebre puerperal transmitida muchas veces por los propios profesionales.

El parto no era (ni es) patológico, la situación de la mujer sí.

Suecia como ejemplo

Se cree que la disminución de la mortalidad materna en los países occidentales después de la década de 1920 está asociada principalmente con el surgimiento de la atención obstétrica moderna (la de Joseph DeLee), mientras que se ha propuesto que las políticas de salud pública y la disminución de la pobreza y la desnutrición asociada con la pobreza fueron de importancia relativamente menor.

Pero el patrón de mortalidad materna antes del surgimiento de la tecnología ginecológica moderna no era uniforme en todos los países occidentales. En los Países Bajos, Noruega y Suecia, a principios del siglo XX se registraron bajas tasas de mortalidad materna, que se atribuían a una amplia colaboración entre médicos y parteras locales altamente competentes.

Entre 1900 y 1904, Suecia registró una mortalidad materna anual de 230 por cada 100 000 nacidos vivos, mientras que la tasa en Inglaterra y Gales fue de 440 por cada 100 000. En 1900, Estados Unidos registró entre 520 y 850 muertes maternas por cada 100 000 nacidos vivos.

La formación rigurosa de las matronas suecas les dio enorme prestigio social, similar al de maestros. De esta forma, las jóvenes suecas vieron en la profesión una oportunidad que aprovecharon, casi con independencia de clase social. Ello llamaba la atención a los visitantes extranjeros tanto como los excelentes resultados.

Por otra parte, no fue fácil para las matronas suecas el “hacerse” un lugar entre las comadronas populares y los médicos, pero lo lograron por su profesionalidad y, al final del siglo XIX, atendían a domicilio casi el 85% de los partos (10% eran atendidos por comadronas en domicilios y 5% por médicos en hospitales).

Otros países, como Dinamarca, Holanda y Noruega lograron éxito semejante tomando decisiones similares.

https://actasanitaria.com/el-parto-mortalidad-materna-y-encarnizamiento-medico/

https://ajph.aphapublications.org/doi/full/10.2105/AJPH.94.8.1312

https://web.archive.org/web/20141006045538/https://actasanitaria.com/el-parto-mortalidad-materna-y-encarnizamiento-medico/

Contraintuitivo pero cierto, la episiotomía conlleva más y peores desgarros

Para cualquiera es obvio que la enorme cabeza del feto pasa a duras penas por el estrecho canal del parto, y que más de una vez desgarra el suelo pélvico de la madre. Parece lógico cortar y hacer una episiotomía para ampliar la salida del canal y evitar desgarros con cicatrices y lesiones de uretra, recto y de la propia vagina. Así, "los puntos" se han convertido en la molestia más molesta del postparto y puerperio; "los puntos" es la sutura para reparar la herida quirúrgica que es la episiotomía.

Lamentablemente, es tan cierto que la episiotomía mejora el resultado del parto como que la Tierra sea plana o que la Tierra sea el centro del Universo. Es contraintuitivo pero falso. De la misma forma que la Tierra no es plana y no es el centro del Universo, la episiotomía no mejora el parto y, de hecho, lo empeora.

El poderoso influjo de los especialistas, que se juegan poder y dinero con sus técnicas, convenció a la sociedad, a los profesionales (matronas y médicos generales incluidos) y a las mujeres de que la episiotomía era segura y una mejor opción ante el "parto salvaje".

Michael Klein, médico de familia canadiense, tuvo su primer contacto con partos sin episiotomía en Etiopía, en los sesenta del siglo XX, en medio de la pobreza del subdesarrollo. En el mundo desarrollado los ginecólogos-obstetras habían impuesto su paradigma.

En 1984 se publicó el primer ensayo clínico que demostraba la inutilidad y peligrosidad de la episiotomía, hecho por matronas en el Reino Unido, que obtuvo poco eco. El impacto lo tuvo Michael Klein, que tardó 10 años entre diseñar el estudio y lograr su publicación en 1993. Naturalmente, tuvo dificultades para lograr la ayuda económica para desarrollar el ensayo clínico y tuvo dificultades para publicar los resultados pues era increíble que la episiotomía provocara más daños que el simple devenir natural.

Síntesis

La episiotomía se asocia a mayores desgarros, mayores lesiones, mayor daño rectal y uretral, alteraciones del piso pélvico y dispareunia. El remedio es peor que la enfermedad. Se precisaría episiotomía en casos excepcionales, si alguno.

Nos espantamos con la mutilación genital femenina, pero no con la que se realiza “en casa”, la episiotomía.

España registra actualmente una tasa global de episiotomías cercana al 28%, superando la recomendación de la OMS (que sugiere un límite del 10%). En Navarra o Baleares la tasa baja del 15%, pero su frecuencia sube en comunidades como Castilla-La Mancha (33%). En la Comunidad de Madrid, el 18%. En Europa las tasas más bajas, en torno al 5%, se dan en Dinamarca, Islandia y Suecia.

En resumen: la episiotomía de rutina produce más daños que beneficios y es epítome del encarnizamiento médico con la mujer pero se sigue realizando con frecuencia.

https://web.archive.org/web/20231224200107/https://www.espaciosanitario.com/opinion/el-mirador/episiotomia-como-ejemplo-del-encarnizamiento-contra-la-mujer-cuando-las-creencias-tropiezan-con-la-ciencia_1077811_102.html

¿QUÉ HACER?

Exigir un parto “humanizado” y científico en el que no se decidan técnicas por rutina. Difundir el daño que provoca la episiotomía. Mantener un suelo pélvico “sano”, con ejercicios apropiados.

PARA TERMINAR:

En 1984 las autoras del primer ensayo clínico sobre episiotomía proponían un uso "prudente" de la técnica, pero tuvieron poco impacto. Michael Klein lo consiguió y lo relató en un texto que debería ser de obligada lectura en las escuelas de enfermería y en las facultades de medicina: "Studying episiotomy: when beliefs conflict with science" [Al investigar la episotomía, las creencias chocaron con la ciencia]

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/7595267

https://www.elpartoesnuestro.es/sites/default/files/public/blog/20140723ParirSinCiencia/studying_episiotomy_ed.pdf

Desde 2014 la duda ha sido si ni siquiera promover la episiotomía selectiva e ir a una política activa contra la episiotomía en general, por sus daños (con resultados prácticos de una tasa menor del 2%)

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4142063/

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5402639/

¿Por qué disminuyó la mortalidad materna a mediados del siglo XX?

La mortalidad materna no disminuyó por llevar el parto al hospital, ni por considerarlo siempre “potencialmente peligroso”, ni por pasarlo a manos de médicos obstetras-ginecólogos, ni por introducir intervenciones varias para “prevenir” las complicaciones que la “Naturaleza” no había sabido evitar mediante el uso rutinario de la anestesia, del forceps, de la episiotomía y de la extracción manual precoz de la placenta. De hecho, tales medidas indiscriminadas aumentaron en mucho la mortalidad materna.

La mortalidad materna disminuyó bruscamente, en apenas 20 años, por la confluencia de varios factores; entre ellos:

  1.  Las mejoras en la asepsia y antisepsia, que evitaron la fiebre puerperal.

  2.  La introducción de las sulfamidas (y después del la penicilina y otros antibióticos) que permitió tratar la fiebre puerperal.

  3.  Las mejoras en las transfusiones de sangre, que se necesitaron menos al permitir la expulsión espontánea de la placenta.

  4.  Las mejoras en la anestesia, que evitaron la mortalidad que conllevaba por sí misma, así como la restricción a su uso universal.

  5.  Las mejoras en la organización de la atención prenatal, y de la atención al parto y puerperio (en muchos casos en paritorios sin relación física con hospitales)

  6.  La disminución del tamaño de las familias, con menos hijos por mujer (se sumó posteriormente el control con los anticonceptivos), y mujeres con mejor educación formal, junto al menor número de embarazos de riesgo, como en adolescentes.

  7.  La disminución de la virulencia del estreptococo (germen más frecuente como causa de la fiebre puerperal).

Desde luego, las mejoras en el suministro y depuración de agua, en la vivienda y en la nutrición tuvieron también inmenso impacto.

El ejemplo sueco demuestra que la atención prudente a domicilio por matronas competentes logra un impacto en salud por encima de los determinantes sociales. Y no es el único ejemplo. Lo mismo demostró una matrona estadounidense, Mary Breckinridge, entre 1925 y 1937, quien con métodos “europeos” logró bajar la mortalidad de mujeres pobres en Kentucky hasta menos de la décima parte (60-70 contra 800-900) de la mortalidad de mujeres ricas atendidas en hospitales por médicos obstetras-ginecólogos en zonas limítrofes (Lexington).

No cabe duda, el encarnizamiento médico y el exceso “preventivo” en el parto pueden ser mortales.

¡Pobres mujeres!


jueves, 25 de junio de 2026

Defender la ética médica: Expulsar la Asociación Médica Israelí (IMA) de la Asociación Médica Mundial (WMA)




ESPAÑOL

El presidente de la Asociación Médica Mundial prepara su discurso, y lo recorta para adecuarlo a las exigencias de la Asociación Médica Israelí.
Defender la ética médica: Expulsar la Asociación Médica Israelí (IMA) de la Asociación Médica Mundial (WMA). 
Un vídeo irónico que refleja una realidad indecente. 2 min. Puede añadir automáticamente subtítulos en inglés y otras lenguas.

Degrada la ética y la imagen médicas la presencia de la Asociación Médica Israelí en la Asociación Médica Mundial.

Firma aquí para pedir la expulsión de la Asociación Médica Israelí de la Asociación Médica Mundial, por su falta de ética médica, su cooperación con el genocidio y el apartheid en Palestina y las torturas en los lugares de detención.

ENGLISH

The president of the World Medical Association prepares his speech and cuts it to suit the demands of the Israeli Medical Association.

Defend medical ethics: Expel the Israeli Medical Association (IMA) from the World Medical Association (WMA).

An ironic video reflecting an indecent reality. 2 min. You can automatically add subtitles in English and other languages ​​to the video itself.

The presence of the Israeli Medical Association in the World Medical Association degrades medical ethics and image.

Sign here to demand the expulsion of the Israeli Medical Association from the World Medical Association for its lack of medical ethics, its cooperation with genocide and apartheid in Palestine, and torture in detention centers.



+ info: https://hw4p.es/blog/video-2-min-el-presidente-de-la-asociacion-medica-mundial-prepara-su-discurso-the-president-of-the-world-medical-association-prepares-his-speech-esp-eng



ANIVERSARIOS

El año inicialmente abarcaba desde el inicio de una primavera hasta el comienzo de otra como se ve en el nombre de los meses: séptimo (septi...