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martes, 23 de diciembre de 2025

AVATAR


Una tarde libre y sin planes.

Así que ...acabé en una sala de cine viendo criaturas azules luchando contra los malvados humanos.

Humanos que arrasan, destruyen y aniquilan allá por donde pasan.

Durante los 197minutos que dura la película, miré tantas veces el reloj que descubrí que tiene funciones nuevas.

Una cuenta atrás muy útil para hacer planchas.

Le pones los segundos o los minutos… y empieza a descontar.

Al llegar a cero hace “pipipipi”.

Desde la butaca de atrás carraspean.

El "pipipipi" de mi reloj no les deja oír como los humanos asesinan a las ballenas amigas de los seres azules.

Vuelvo a mirar la pantalla para tragarme el adoctrinamiento con super efectos especiales.

Y qué más da, pensarás.

Es solo una película.

Pero no exactamente.

Porque junto a los efectos especiales nos cuelan un mensaje peligroso, uno que queda enterrado en nuestro imaginario colectivo y sirve de abono para futuros argumentos contra la esperanza.

Y quedarse sin esperanza es peor que quedarse sin gasolina en el coche.

¿Para qué levantarse cada mañana si somos peores que la gripe para el resto de seres vivos?

Si es solo cuestión de tiempo que destruyamos el planeta y todo haga “pipipipi”, como mi reloj y ya sea demasiado tarde.

En la película se justifica la violencia como única respuesta ante la invasión y la supuesta maldad humana.

Montarse en dragones.

Disparar flechas.

Matar.

Justo lo contrario de la historia que contaré está semana a los suscriptores de mi boletín de buenas noticias.

Una historia real, donde un ejército invade un país y, en lugar de responder como proponen los seres azules, ocurre algo inesperado: la bondad, la dignidad y la humanidad aparecen donde nadie las esperaba.

Porque, aunque Avatar insista en lo contrario,

no somos así.

La realidad está llena de ejemplos que desmontan ese relato.

Y en www.alexherran.com

te hablo de ellos.

**** 
Audio "La primavera de Praga" (aquí)

miércoles, 7 de junio de 2023

«MILITANCIA» Y VIOLENCIA

La palabra militante forma parte nuestro vocabulario castellano actual para hablar de movimientos sociales y políticos. Fácilmente podemos atisbar o ser conscientes del origen bélico del término: de militar, pero normalmente esto no supone problema porque en los últimos 150 años la palabra ha evolucionado claramente en el sentido que comentamos o, más propiamente, el campo semántico de milit- se ha ampliado para designar el compromiso colectivo en una organización, sea en la milicia o sea pacífica y política en un grupo estable.

Así se recoge en los principales diccionarios del español:

El Diccionario de la R.A.E. define militante en estas acepciones: 1. Que sirve en la guerra. 3. Figurar en un partido o en una colectividad. 4. Haber o concurrir en una cosa alguna razón o circunstancia particular que favorece o apoya cierta pretensión o determinado proyecto.

El Diccionario de Uso del Español de María Moliner dice: Se aplica al que milita. Y si buscamos «Militar» hallamos: 5. Figurar activamente en un partido o agrupación formada para la defensa de algo.

Como curiosidad, la Wikipedia define la militancia (o activismo) como: la dedicación intensa a alguna línea de acción en la vida pública, ya sea en el campo social, como en lo político, ecológico, religioso u otro.

Sin embargo, si se trata del ámbito de la noviolencia, de organizaciones y movimientos que tratan de vivir el amor y la lucha por la justicia en el campo político, pueden hallarse fuertes reparos debido a su origen militar: Como ya hemos dicho, en castellano militar viene de milis, militis, que se usaba en latín para designar a los soldados. ¿Lo habías pensado alguna vez? Y entonces, ¿crees que es una palabra adecuada para el asociacionismo noviolento?

BOSQUEJO ETIMOLÓGICO

El milit- castellano viene de milis, militis, «soldado» en latín; no hay duda; de ahí su sentido «militar» primario en español. De acuerdo. Pero podemos dar un paso más. Nos puede picar la curiosidad y preguntarnos: ¿Cuál es la etimología no ya de militar, sino de la misma palabra latina miles, militis?

Si buscamos en internet, nos encontramos primeramente con su correspondiente entrada en la Wikipedia, tanto en inglés (1) como en castellano (2). También un diccionario etimológico inglés online (3) y un profundo artículo de R. G. Kent de la Universidad John Hopkins (1910) (4):

1) https://en.wiktionary.org/wiki/miles

Etymology: Unknown. Possibly of Etruscan origin. The suffix seems similar to that of pedes, eques, veles, comes, but the origin of mīl- is opaque. A connection to mīlia (“thousands”), perhaps as "person going by the thousand(s)", is difficult to confidently motivate semantically. (cf. e Vaan, Michiel (2008), “mīles”, in Etymological Dictionary of Latin and the other Italic Languages).

2) https://es.wiktionary.org/wiki/miles

Etilomología: Incierta; se encuentra dentro de la esfera semántica de pedes ("peatón", "el que va a pie"), eques ("jinete", "el que va a caballo"), etc. (-es1 < *-it- < *h₁i-t- ("el que va")), pero la procedencia de la raíz mīl- es incierta.
Tienta conectarla a mīlia ([pl.] "miles"), pues *mīl-it- "el que va con mil".
Tal vez se trata de un préstamo del etrusco, como satelles ("guardaespaldas o escolta de un príncipe o déspota").

(Las dos primeras afirmaciones de esta entrada son un calco de la inglesa, pero la tercera es un añadido propio, basado en Ernout, Alfred y Antoine Meillet (1959-1960), Dictionnaire étymologique de la langue latine: histoire des mots).

3) https://www.etymonline.com/word/militia
militia (n.) 1580s, "system of military discipline," from Latin militia "military service, warfare," from miles "soldier" (see military (adj.)). The sense of "citizen army" (as distinct from professional soldiers) is first recorded 1690s, perhaps from a sense in French cognate milice. Historically, the Anglo-Saxon forces that resisted the Vikings were militias, raised by counties. In U.S. history, by 1777 as "the whole body of men declared by law amenable to military service, without enlistment, whether armed and drilled or not" [Century Dictionary]. In early 19c. they were under control of the states, enrolled and drilled according to military law but not as regular soldiers, and called out periodically for drill and exercise and in emergency for actual service.

(...) Perhaps ultimately from Etruscan, or else meaning "one who marches in a troop," and thus connected to Sanskrit melah "assembly," Greek homilos "assembled crowd, throng." De Vaan writes, "It is tempting to connect mīlia [pl.] 'thousand(s)', hence *mīli-it- 'who goes with/by the thousand' ...." Related: Militarily. Old English had militisc, from Latin.

[En francés moderno, castellano y latín medieval al menos desde el S. XI (cf. www.guichetdusavoir.org), mil- está fundamentalmente asociado a las armas y a la guerra.]

4) https://www.jstor.org/stable/282711

R. G. Kent, en su artículo The Etymology of Latin Mῑles (1910), disponible en este hipervínculo, afirma:

The root smeit- seems to appear in Latin in the verb mitto, where the meaning has developed from rub to strike, drive away, send away, or let go away. (...) Therefore, *smit-slo-s would become *milos, a noun of the o-declension, meaning a 'smiter' or a 'driver away;' either interpretation is appropriate for a warrior in his two capacities of offense and defense. (...)

In brief: *smit-slo-s, akin to mnitto and to NE. smith, and less closely to NE. smite, and denoting the 'striker' or 'defender', from the root meaning originally 'to anoint, to smear', became primitive Latin *milos; this, in imitation of pedes, peditis, and eqzues, equitis, and by popular etymology to millia iens 'miles-going,' became miles, militis.

ASÍ PUES, el origen etimológico de la raíz latina mil- es opaco. Se contemplan al menos cuatro posibles orígenes, sin que ninguno de ellos pueda ser afirmado con rotundidad (cf. 1). Puede estar vinculado al concepto de asociación (asamblea en sánscrito, multitud en griego o «millar» de personas) posiblemente en grupos de mil (cf. 1, 3 y profesora de latín del IES Ademuz), a caminar entre lugares, algo no frecuente para la población (proximidad con pedestre, milla y ecuestre), a la protección de alguien (guardaespaldas o escolta en etrusco) (cf. 2) y a golpear o repeler (atacante o defensor) (cf. 4), pero, en este caso, aun habiendo ligazón con una disciplina ligada al ejercicio de la fuerza bajo el control de una autoridad o un Estado, no siempre se ha entendido ligada a las armas o a un entrenamiento o instrucción (al menos en EE.UU., 1777) (cf. 3).

Por tanto, la raíz mil-, de donde viene la milicia del latín y lo militar del castellano y otras lenguas, no tiene necesariamente una ligazón con la violencia -ni necesariamente con el uso de armas-, sino que puede tener su origen en la asociación de personas para un funcionamiento conjunto, en el caminar interurbano o en la protección de las personas.

AGRESIVIDAD Y VIOLENCIA

Incluso viniendo de golpear y repeler, estas acciones son propias de la vida cotidiana: golpear un clavo, un tambor,... repeler los insectos, repulsión por las vísceras,... Incluso si habláramos de golpes entre miembros de una misma especie, estos no serían primariamente violentos. Hay golpes saludables, como al recién nacido, o que salvan vidas, como en el pecho de quien se atora. Puede haber golpes que son defensa y no buscan ningún mal en el otro, o que muestran agresividad como forma de reivindicar algo o resolver un conflicto sin querer en ningún momento hacer daño.

El profesor José Sanmartín Esplugues (1948-2020) fue pionero en España el estudio de la violencia, y conoció que entre los animales y en ciertas tribus humanas se desconoce la violencia, el hacer mal al otros con odio o intención destruirle; lo que hay es agresividad, enfrentamiento tenso, medición de fuerzas, incluso pelea, garras y mordiscos... hasta que uno de los litigantes se da por vencido y se somete indefenso al otro. Este, teniendo al otro a su merced, vulnerable, a sus pies, «se desarma» -podríamos decir-, le perdona la vida y sigue su camino, como líder del clan o la manada. Nadie tiene que morir, nadie es dañado (al menos seriamente). Según este filósofo, la vulnerabilidad del otro nos conmueve. Estamos hechos para la compasión y la ayuda mutua, no para la guerra. No somos islas en un estado constante de guerra todos contra todos, como sentenció Hobbes y algunos tratan de perpetuar sin base científica. El descubrimiento de las neuronas espejo, por Giacomo Rizzolatti en 1996, probaría que somos constitutivamente, genéticamente así: personas a las que nos interpelan, importan y conmuven nuestros semejantes, constitutivamente amantes y amados, nacidos para el amor. Lo que somos entonces es más bien una gran familia, como señala el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. No somos individuos aislados, ni pueblos que nada tienen que ver unos con otros, sino una comunidad humana.

USO NOVIOLENTO DE LA PALABRA

Por otra parte, amén del uso contemporáneo de militancia, encontramos usos similares, noviolentos, en la Biblia y el Corán (hace 2000 y 1300 años respectivamente).

La Biblia y el cristianismo utilizan utilizan la terminología bélica para designar el esfuerzo bajo el señorío de Dios, a favor del Bien, contra el mal, la carne y el mundo (ver https://www.obispadoalcala.org/combate-espiritual). Recordemos que utilizan esta terminología al mismo tiempo que rechazan frontalmente la guerra: en los tres primeros siglos del cristianismo un soldado no podía ser cristiano y un cristiano no podía ser soldado (p.ej. San Jorge). En el Islam encontramos el concepto de yihad, que significa esfuerzo en el amor y obediencia a Alá, no «guerra santa», como a veces se ha malentendido.

Más recientemente, Gonzalo Arias ha escrito El ejército incruento de mañana (1995). También habla de esto en El antigolpe (2016). Por otro lado, Stephanie Van Hook en su artículo Alternativa no violenta al ejército y la policía (2015), afirma:

Si podemos entrenar a las personas en la violencia para que sirvan en la lucha y la guerra, ¿parece tan imposible que podamos entrenarlos igualmente bien en la no violencia y en el mantenimiento de la paz sin armas? Él Nonviolent Peaceforce (NP) es una de las organizaciones más conocidas del mundo que trabaja para responder directamente al llamado de Gandhi de un Shanti Sena, o Ejército de la Paz, ofreciendo una especie de institución paralela no violenta a las fuerzas armadas.

Volviendo a los conceptos más contundentes que pueden estar en la raíz de nuestra palabra, notemos que "golpear" en inglés es strike, que en castellano traducimos huelga, una de las primeras acciones noviolentas contemporáneas. También hablamos de golpe de efecto y golpe encima de la mesa en nuestras relaciones sociales, sin hacer mal a nadie. Igualmente la noviolencia trata de "defender" a los pobres, defender la justicia, defender los derechos humanos, sin que eso sea nada violento ni negativo, sino, al contrario, muy positivo. O sea, que los conceptos que podrían estar en la base -entre otros tres posibles orígenes- de un sentido violento de la raíz mil- no son violentos y los utilizamos con normalidad en sentido positivo.

CONCLUSIÓN

Al cabo de este recorrido, ¿qué crees? ¿Es la militancia una palabra adecuada para el asociacionismo noviolento o para los movimientos políticos?

Nos parece que sí.

Atendiendo al uso actual de la palabra (y familia de palabras), al uso en grandes tradiciones espirituales (cristianismo, Islam), al uso actual en la política y la sociedad civil, al uso en la propia noviolencia, y a la no necesaria conexión etimológica de la palabra con la violencia, creemos que la palabra es adecuada para designar un compromiso y una acción política conjunta alternativa a la belicosidad. Además, aun en el supuesto de tener su origen en golpear/repeler, notamos que son acciones habituales y necesarias en la vida, para nada violentas, y que, de hecho, estas palabras y derivadas suyas las utilizamos comúnmente en la noviolencia en un sentido positivo.

Con esto quedaría refutada la objeción del belicosidad que se podría plantear contra el término militante, quedando esta palabra como idónea para designar a quien tiene un compromiso constante y activo en la noviolencia, en el sentido habitual del término en los movimientos políticos y sociales de nuestra sociedad.

Ahora más que nunca: noviolencia

Alberto Baltar

miércoles, 7 de octubre de 2020

El Evangelio de la noviolencia


  La obediencia al Evangelio y la desobediencia a los poderes fácticos frecuentemente son el anverso y el reverso de la misma realidad. Cuando lo que está en juego es el deber de justicia y el servicio a la verdad ¿Qué le corresponde a Dios y qué al César? Las crónicas de la Iglesia previa a Constantino relatan numerosos hechos que hoy podríamos catalogar de actos de insumisión y desobediencia. Cuando el soldado Maximiliano se presentó ante el procónsul para informarle de que su condición de cristiano le impedía servir en el ejercito argumentó que debía cumplir con el mandato de no matar. Salvó su conciencia pero perdió la vida. En esas circunstancias no había nada para el César. La forma en como algunos han vivido su fe a los largo de los siglos y las experiencias de noviolencia de los últimos ciento cincuenta años, muchas inspiradas en el evangelio, dan buena cuenta de que los imperativos de la conciencia en muchas ocasiones no permiten margen a los intereses bastardos del césar de turno. 

    Tolstoi decía que todo lo que sabía, lo sabía por amor, uniéndose así a una fecunda tradición que relaciona intrínsecamente el amor con el conocimiento y con la verdad. Veritas in caritate y caritas in veritate, el amor y la verdad que se iluminan recíprocamente. El mensaje de Jesús se resume en el mandamiento del amor y el experimento (que diría Gandhi) de la noviolencia podríamos traducirlo sin lugar a dudas como “amor político”. Coinciden en la centralidad del amor pero también en el imperativo de la verdad. La expresión Satyagraha , acuñada por Gandhi para referirse a la noviolencia, apunta a la necesidad de empeñarnos en la búsqueda de la verdad como el camino ineludible para alcanzar la justicia y la libertad. “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” sentencia el evangelio de Juan diecinueve siglos antes (Jn 8,32). La noviolencia, con su luces y sus sombras, demuestra en medio de la historia que es posible transformar la realidad rompiendo las lógicas dominantes. La guerra, la mentira, el afán de poder,el máximo beneficio, la manipulación, el control,la violencia estructural,… siguen operando hoy como motores de cambio y transformación. Frente a ellos la noviolencia ensaya posibilidades de un cambio cultural, una ruptura de la mentalidad, una “conversión” fundada en el amor y la verdad. Tanto la vivencia del Evangelio como lo mejor de la tradición noviolenta han aportado a la humanidad la evidencia de que ese ideal era posible. Sí, se puede vencer el odio con amor y se puede romper la espiral de violencia con acciones noviolentas. Cuando eso ocurre también se le está dando la oportunidad al césar de turno de colocarse en su sitio, de no apropiarse de lo que no le pertenece. 

    El Sermón de la Montaña (Mt 5,1;7,28) ha sido uno de los textos más influyentes no sólo en el cristianismo sino también en la corriente de la noviolencia. El mismo Tolstoi reflexiona sobre ello en su provocador “El reino de los cielos está en vosotros” oponiendo el mensaje de Jesús a las lecturas que la Iglesia de entonces hacía de ellas. Fuertemente influido por el pensador ruso, Gandhi llegará a manifestar en numerosas ocasiones su fascinación por Jesús de Nazaret a la par que su decepción por la vida que observaba en los cristianos. Llegó a ser acusado por fanáticos hindúes de ser cristiano en secreto. Algo que él consideró “Una calumnia y a la vez un cumplido”. Es conocida su afirmación de que “hemos descubierto los misterios del átomo pero hemos olvidado al mismo tiempo el Sermón de la Montaña”. La invitación a recordar el Sermón de la Montaña para el Mahatma implicaba la afirmación de que el verdadero progreso es que aprendamos a vivir como hermanos. Pero a esa primera premisa le sigue necesariamente una segunda, sin la cual esta no pasa de ser una declaración de intenciones: La aspiración a la fraternidad, tan lógica y humana, requiere de acciones concretas, políticas, económicas, sociales y culturales, que pivotando sobre la verdad y el amor, demuestren que es posible forjar un mundo más humano. Sin esas concreciones el Sermón de la Montaña puede ser interpretado como un simple texto poético. En cambio sabemos que el átomo sirvió para fabricar la bomba atómica. “La realidad es así”, podemos afirmar con resignación. Pero no. Esa no es la realidad. Al menos no toda la realidad. 

    El escritor francés, católico y conservador, Georges Bernanos afirmó que “el realismo es la buena conciencia de los hijos de puta. Todos los hijos de puta dicen: la realidad es ésta y no podemos sortearla. Y la realidad es aquello en lo que se sustenta su condición de hijos de puta." Palabras duras pero certeras. La realidad es también lo que nosotros hacemos o lo que dejamos de hacer. Una mirada honesta a la historia nos descubrirá la realidad de las guerras y la violencia pero también podremos ver la realidad de millones de experiencias que objetivan que para muchos, cristianos y no cristianos, el Sermón de la Montaña fue algo más que una hermosa alegoría. Detrás de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y detrás de la conciencia de que tenemos derechos laborales, de que somos dignos por el simple hecho de ser personas y de que somos seres llamados a la libertad,...Detrás, están la insistencia en el amor y la verdad de muchas personas que, en sus esfuerzos y luchas, a veces hasta la muerte, han permitido que disfrutemos de esa hermosa herencia. No, la bomba atómica no tiene la última palabra. No, la realidad no es lo que diga el césar. Las conquistas sociales no fueron precisamente concesiones de ningún césar. Al contrario, fueron el resultado de poner al césar en su sitio. 

    Son muchas las razones por las que se nos antoja imprescindible abrir un debate de fondo sobre la noviolencia, o si lo preferimos, sobre la mansedumbre evangélica. Un debate, que a nuestro juicio debe, sustanciarse en intentos o experiencias de respuesta a la realidad política y social que tenemos delante. Hoy el César aspira a dominar todo el espacio, los territorios de la economía y de la política, pero también los del corazón y los de la conciencia de las personas. Hoy el César puede permitirse muchos disfraces y actuar desde múltiples frentes. El poder mediático y las maniobras en la sombra le permiten mucho margen de acción. Sin embargo, su proyecto totalitario una vez más no podrá ocultar sus pies de barro cuando sea enfrentado desde el empeño en la verdad y el amor, es decir, desde una propuesta noviolenta. 

    El Evangelio y la noviolencia, nunca podrán agotarse en ninguna propuesta política, pero en cada momento histórico pueden inspirar posibilidades creativas. Es necesario dedicar tiempo a explorar esas posibilidades. Para avanzar en ello nos atrevemos a proponer algunas claves que, a nuestro juicio,pueden servir a ese propósito: 

1. Apoyarnos en unos principios dinámicos. Pueden servir los que propone Francisco en la Evangelii Gaudium: El tiempo es superior al espacio,la unidad prevalece sobre el conflicto,la realidad es más importante que la idea y el todo es superior a la parte (EG 221-237). Son criterios que tienen sentido en medio de la acción transformadora, que resuenan lúcidos si estamos empeñados en procesos de transformación. Son principios coherentes con el mandato de “ir a las periferias” pero absolutamente prescindibles si nos acomodamos en las estructuras en las que estamos. Son orientaciones útiles en el cuerpo a cuerpo con la realidad pero totalmente inútiles si nos instalamos en la autorreferencialidad permanente. 

2: Impulsar una formación política noviolenta. En ese sentido estamos poniendo en marcha iniciativas como la Escuela Itinerante de Desobediencia e insistimos en promover publicaciones y encuentros para aprender a leer juntos el momento presente y para diseñar estrategias de acción noviolenta coherentes con ese análisis. Necesitamos acompañarnos y animarnos a intervenir en la vida pública. Es necesario aprender a desobedecer como un entrenamiento en el amor, es urgente descubrir nuevas posibilidades de transformación de la realidad. Debemos promover acciones en las que se impliquen las diferentes esferas de nuestra vida: La profesión, la familia y los grupos a los que sentimos que pertenecemos. Pero para ello hace falta una formación integral. Esta no es una tarea de ratos libres y al margen de nuestra realidad cotidiana. “Lo que no implica el tiempo y el dinero personal es sentimentalismo” decían con buen criterio muchos veteranos de la noviolencia. 

3: Generar una cultura del diálogo: La fuerte polarización política de nuestro país nos alerta del guerracivilismo latente y del riesgo de fracturas sociales difícilmente reparables. Si el objetivo es la división de la sociedad, tomar partido no es elegir un bando u otro sino trabajar por la unidad, la pluralidad, la diversidad y el diálogo. La división de los pueblos siempre fortalece al césar de turno. Los creyentes en Jesús y en la noviolencia no podemos mirar para otro lado en estas circunstancias. Inhibirnos por miedo o complejo nos hace cómplices de las estrategias del César de turno. 


    Con los principios dinámicos que nos plantea Francisco, poniendo en valor la formación y ensayando formas nuevas de diálogo podemos avanzar en ese camino, al final del cual se encuentra una montaña, en la que dicen que el mismo Dios, un día habló sobre la noviolencia. 

Moisés Mato.

Ahora más que nunca Noviolencia

jueves, 25 de junio de 2020

La lección de Mandela




Un mundo lleno de pantallas nos habla de nuestra capacidad de acceder a la información y a la vez nos alerta de las muchas posibilidades de ser víctimas de la manipulación. Lamentablemente el acceso masivo a una infinidad de datos no garantiza necesariamente un mayor conocimiento de la realidad. Hay que hacer un esfuerzo importante para distinguir la propaganda, los bots, las fake news, las informaciones tendenciosas o las burdas manipulaciones interesadas. Es necesario un empeño consciente y crítico por buscar la verdad para no ser víctima de campañas orquestadas por los poderes fácticos cuyo fin último es mantenerse en el poder.

Las estrategias de manipulación aspiran a modificar nuestra conciencia y orientarla en una determinada dirección. Para ello se utilizan determinadas técnicas que inciden sobre nuestros instintos, deseos y sentimientos. Si hablamos de una campaña política, pocas estrategias son tan efectivas como la construcción de un enemigo y la consecuente activación del odio, en diferentes grados de expresión. Es un clásico que resiste muy bien el paso del tiempo. Afirma Carolin Emcke que “El odio solo se combate rechazando la invitación al contagio”. En su libro “Contra el odio” sentencia “que quién pretenda hacer frente al odio con más odio, ya se ha dejado manipular”. Es fácil encontrar hechos que sostengan estas afirmaciones.

Recordamos estos días la final del mundial de rugby celebrado en Johanesburgo el 24 de junio de 1995. Nelson Mandela llevaba poco más de un año como presidente de Sudáfrica y se había propuesto la inmensa tarea de reconciliar a un país roto por el racismo, el clasismo y la pobreza. Contra todo pronóstico inició una arriesgada campaña que buscaba el apoyo masivo de la población negra a la selección nacional de rugby, los springboks, formada por jugadores blancos. Hasta ese día la selección era odiada por los negros en la misma proporción que significa el mayor orgullo de los blancos. El empeño de Mandela parecía suicida. Sin embargo veintisiete largos años en la cárcel le permitieron entender la sentencia de Abraham Linconl que reza que “la mejor manera de eliminar a un enemigo es convertirlo en amigo”. Mientras cumplía condena estudió afrikáans por correspondencia y se concentró en el estudio de la cultura y la literatura de los bóeres. ¿Qué lleva a un ser humano, condenado injustamente, a desear conocer a fondo a quién le castiga? La comprensión de que la violencia, la mentira y el odio sólo generan más violencia, más mentira y más odio. Era necesario explorar otra vía si realmente quería avanzar en su objetivo políticos de una Sudáfrica reconciliada. Esa tarde, en la que los springboks ganaron una agónica a la favorita, Nueva Zelanda, negros y blancos celebraron la victoria como algo de todos. Ese día se rompió la espiral de violencia. Seguían existiendo muchos agravios y muchos problemas por resolver pero ya todos sabían que frenar el odio abría nuevas posibilidades.

Entonces como ahora, en muchas partes del mundo y en nuestro país es necesario acabar con el racismo, la pobreza, la exclusión y la desigualdad y hay que acabar con todas las construcciones ideológicas que las sostienen, pero si queremos ser realmente eficaces, si nos mueve realmente la búsqueda del bien común, descubriremos que existen otros caminos más lúcidos que el que nos propone gran parte del entramado de redes de comunicación a las que estamos permanentemente conectados. Buscar alternativas al odio sin duda nos hace menos manipulables y más creativos. También nos acerca a la lucidez de la noviolencia que se concentra en el odio a las injusticias, no a las personas. Esa distinción, hizo de Mandela, un hombre libre, a pesar de estar encerrado en una prisión. No distinguir eso nos puede introducir en una prisión a pesar de caminar libres por las calles.

Ahora más que nunca noviolencia.

Moisés Mato


domingo, 17 de mayo de 2020

Desobediencia y amor (y 3)


Desde hace décadas se ha vuelto muy popular una imagen, sencilla y a la vez contundente, que pretende desvelar la lógica oculta del poder. En ella se presentan dos marionetas, una caracterizada como la derecha política y la otra como su eterno rival, la izquierda política. Son las clásicas marionetas de cachiporra que se vapulean mutuamente movidas por las manos del mismo titiritero, el verdadero protagonista de la metáfora. La escena deja entrever todavía otra lectura: Nosotros somos el público que se ríe y se mofa de un personaje mientras aplaude a su oponente. Tan excitados estamos en la representación que olvidamos, aunque lo sepamos, que existe un manipulador (se llaman así, que le vamos a hacer) de los personajes que les hace decir lo que quiere porque para eso es también el guionista.


Ya Aristóteles en su Poética nos desvelaba el funcionamiento de la tragedia y explicaba la necesidad de que el público se identificara con el personaje central y le siguiera de forma empática durante la trama. La industria de Hollywood explotó este recurso hasta lo inverosímil. Sólo que, a diferencia de la tragedia griega, aquí el héroe, que siempre era americano, triunfaba sobre los malos, que frecuentemente eran árabes o rusos.


La escena del guiñol nos invita a mirar al que que introduce su mano en el títere porque es el que realmente organiza la trama. De la misma forma, si queremos entender qué buscaba la tragedia griega o las películas de Hollywood tendríamos que fijarnos en los guionistas. Hoy ya sabemos que unos y otros perseguían objetivos políticos muy concretos.


La conclusión evidente de los tres ejemplos nos muestra una primera relación visible y conflictiva entre dos personajes que habitan en la escena, los títeres o los héroes. Pero también nos habla de una segunda relación entre los guionistas y manipuladores de marionetas por un lado y el público por otro. El gran reto que nos presenta la desobediencia, entendida, tal como la entendemos en este escrito (Ver: Desobediencia y amor 1   y Desobediencia y amor 2  ) es enfrentarnos a los guionistas y a los manipuladores.


Ahora que ya sabemos que las “crisis” económicas, ecológicas o de salud son previsibles y por tanto se pueden evitar o al menos controlar, tendremos que preguntarnos cuál es la razón de que no podamos adelantarnos a ellas; ahora que descubrimos que después de cada “crisis” aumenta la pobreza, pero también los millonarios; ahora que comprobamos que estas “crisis” tienen causas concretas que es necesario atajar pero que quedarán relegadas una vez más por las urgencias de las consecuencias; ahora que ya sabemos que a las grandes corporaciones bancarias, mediáticas o energéticas invertir en las campañas electorales les ha salido rentable… Ahora, ha llegado el momento de no aceptar el papel de público que jalea a unos y se mofa de los otros. No podemos ser cómplices de los principales medios de comunicación que no dudan en recurrir a los trucos de las cachiporras hasta construir un relato simplista de la realidad en la que sólo parecen habitar los buenos y los malos, los comunistas y los fachas, el blanco y el negro. Quizás haya llegado el momento de señalar a los guionistas de toda esta trama. Sin duda es necesario desobedecer a todos los mecanismos que pretenden imponer la división entre los que asistimos, cada vez más desesperados, a la representación. Es urgente desobedecer a la polarización política impuesta que conduce a todo tipo de guerras, en las que siempre mueren los que no las han provocado.


Desobedecer es un acto de amor a fondo perdido porque hace falta mucho amor para levantarse en medio del público y señalar al guionista. Uno se expone al rechazo y al vituperio de unos y de otros. Y eso sólo lo resiste el amor, el amor político, que no encaja con estas izquierdas y estas derechas que necesitan dividirnos. El amor que ha sido y sigue siendo la fuerza de los débiles que consiguen cambiar el mundo contra todo pronóstico. El amor desobediente que sólo obedece al amor.


Moisés Mato
Ahora más que nunca Noviolencia


martes, 5 de mayo de 2020

Desobediencia y amor (2)




Ahora, cuando la mentira se ha convertido en un elemento imprescindible del poder político y mediático, no hay más remedio que desobedecer.

La organización de la mentira es un crimen y la coartada para nuevos crímenes. Una mentira normalmente necesita de otra mayor para ocultarse y esta a su vez otra, formando una espirar de mentiras a las que podemos acostumbrarnos hasta acabar asumiendo esa lógica como algo normal. No creo que a nadie le guste que le mientan pero, a fuerza de escuchar mentiras, podemos acabar eligiendo entre todas aquella que agrada a nuestros oídos o que ofrece algún consuelo a nuestras almas; podemos adoptarla como un mal menor una vez hemos desistido de buscar la verdad.

La sentencia de Jesús “la verdad os hará libres” es posiblemente una de las expresiones más acabadas para explicar el sentido de una revolución más que necesaria. Una revolución que está en marcha en alguna medida, cada vez que buscamos la verdad, que exigimos que se nos diga la verdad, que no aceptamos las mentiras que nos consuelan. Todo eso exige pequeñas o grandes desobediencias conscientes. Buscar la verdad, tal como está planteado el mundo, es un imperativo inexcusable para avanzar en nuestra libertad y será la fuente permanente de nuestra desobediencia.

La desobediencia deviene así en una acción que devuelve a la política su sentido más profundo, que le ofrece la posibilidad de ser de nuevo lo que debe ser, ya que rescata su vocación esencial de servir al bien común. No olvidemos que todas las mentiras pretenden servir al “bien” particular. Eso lo aprendimos y lo practicamos muchos desde pequeños. Las consecuencias de ello las podemos valorar cabalmente ahora como adultos.

Es urgente desobedecer a las mentiras, llamadas también medias verdades, que nos lanzan como redes muchos medios de comunicación:
  • Desobedecer a la polarización creciente de nuestro país que lleva a muchos a posicionarse a izquierda o a derecha, lo que implica fundamentalmente atacar las mentiras del bando opuesto sin caer en la cuenta de que las más graves son las del propio bando ya que es a este al que le otorgamos nuestra confianza. (Amicus Plato,sed magis amica veritas).
  • Desobedecer no aceptando el infantil “y tú más” que inunda las tertulias políticas y los parlamentos. Deberían saltar todas las alertas ante la evidencia del escaso valor de la verdad en la esfera política y mediática, ya que se considera implícitamente que la mentira de uno valida las de otro. Importa la dimensión, no el hecho.
  • Desobedecer a los intentos de reducción de la política a eslóganes publicitarios.
  • Desobedecer a la vivencia puramente sentimental de la política.
  • Desobedecer a la manipulación obscena de las luchas sociales en su intento de apropiación por parte del poder. La historia evidencia que sus grandes hallazgos fueron alcanzados precisamente en su confrontación con el poder.
  • Desobedecer a la sobreinformación que nada tiene que ver con el conocimiento.
En este contexto, el diálogo para buscar la verdad, con los que piensan como yo y sobre todo con los que no piensan como yo, constituye ya una forma de desobediencia. Ese diálogo, como todos los diálogos que se esfuerzan en ser honestos, conducirá a propuestas de acción que, al igual que ha sucedido en otros momentos de la historia, redundarán en nuevos espacios de libertad.

Seguiremos.

Moisés Mato.
Ahora más que nunca Noviolencia

Desobediencia y amor (1): 
https://ahoramqnunca.blogspot.com/2020/04/desobediencia-y-amor-1.html




martes, 28 de abril de 2020

Desobediencia y amor (1)



¿Es el momento de la desobediencia?


        H. D. Thoreau, a mediados de siglo XIX, creía en la necesidad de “ salvar la conciencia antes que el mundo” apuntando, con esta expresión provocadora, a la imposibilidad de salvar el mundo sin la concurrencia de una conciencia formada y operante en la realidad. Para él, el gobierno era un mal necesario del que solo cabe esperar que gobierne lo menos posible. Algo que sólo es posible si existe un mayor protagonismo político por parte de la sociedad. Soñaba nuestro autor en sus largos paseos por las orillas del lago Walden con una sociedad de personas libres y responsables que constituyeran un verdadero contrapoder. También soñaron y trabajaron en esa dirección, maestros de la desobediencia cono M. L. King, quién desde la cárcel de Birmingham escribía: “Existen dos tipos de leyes: las justas y las injustas. Yo soy el primero en defender que se obedezcan las leyes justas (...). Pero, todos tenemos la responsabilidad moral de desobedecer las leyes injustas”

      Si las personas hemos evolucionado, como afirma Erich Fromm, gracias a actos de desobediencia, es porque en ellos se eleva nuestra capacidad para ser libres y responsables, es decir, ser libres responsablemente y responsables libremente. La primera sin la segunda no pasa de rebeldía adolescente y la segunda sin la primera es una sumisión en toda regla por mucho que se disfrace de revolución.

        Lorenzo Milani dirá, que “no hay que despreciar a los que están abajo, pero hay que despreciar siempre a los que apuntan bajo”. “Apuntar bajo” es dejar que se desarrollen las ambiciones mediocres, ceder a la facilidad, dejar que cunda lo vulgar, perder la armonía, aceptar vivir con una máscara. Milani invita a ser soberanos, apuntar alto, no conformarnos con “yo hago lo que puedo” sin intentar un “quiero hacer lo que debo”. Con su fino bisturí dialéctico, nuestro autor, nos alerta ante la pereza de los ideales. Sabe que sólo aquellos que son poseídos por un ideal se atreven a desafiar las leyes, escritas o no escritas, que atentan contra las personas. A la vez que denuncia la “soberanía” estúpida de aquellos que creen poseer los ideales, como si se tratara de un mero producto que podemos adquirir en el supermercado de las buenas intenciones.

       La desobediencia que obedece a una conciencia formada, que se enfrenta a las leyes injustas, que se empeña en ser libre y responsable, que “apunta alto”, es más necesaria que nunca. Esa desobediencia es un acto de amor. Perfectamente posible si decidimos organizarnos con otros y comenzamos a hacer algunas experiencias que nos permitan enfrentarnos mejor a las próximas e inevitables crisis de salud, medioambientales o económicas.

Seguiremos.

Ahora más que nunca Noviolencia

Moisés Mato


miércoles, 22 de abril de 2020

LA POLARIZACIÓN COMO ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA




Desde Sócrates en adelante la búsqueda de la verdad ha sido una exigencia moral de todos aquellos que aspiraban a la libertad. No es casual que los que han querido controlar y dominar a los pueblos, frecuentemente, hayan impuesto “su verdad” a sangre y fuego. La libertad, como es lógico, se suele llevar mal con el poder establecido. Con el tiempo se han desarrollado sistemas cada vez más sutiles de manipulación, capaces de persuadir e inclinar las conciencias, sin necesidad de utilizar la fuerza.

Hoy, la polarización juega un papel fundamental en esa estrategia diabólica. Las redes sociales, que sugerían nuevas formas de democratización de la información, también se han convertido en presa fácil de este virus sumamente contagioso. La polarización es un ataque en toda regla al diálogo y como consecuencia neutraliza cualquier esfuerzo por buscar la verdad.

Si uno critica una propuesta de un partido de derechas, es atacado por reaccionario y si uno cree que el gobierno se equivoca en la gestión de la crisis del COVID 19 es que está de acuerdo con las políticas de privatización de la sanidad del PP, si uno opina X es facha y si opina Y es comunista. Si denuncias la mentira de uno te responden con las mentiras de sus oponentes políticos como si unas mentiras justificaran las otras. Todo es blanco o negro, sin matices.

A la sociedad la polarización no le viene nada bien, va contra el sentido común y contra la convivencia. Normalmente la polarización se activa de arriba abajo. En ella se sienten cómodos la mayoría de los partidos políticos y gran parte de las empresas de comunicación que llamamos medios de comunicación. Forma parte de su estrategia de poder.


Lo que no podemos hacer como sociedad es alimentar al monstruo. No podemos aceptar que la realidad tiene que ser blanca o negra. No podemos partir de la premisa de que no podemos acercar posturas. Es una tragedia conformarnos con ser una copia de los partidos políticos y los medios de comunicación. Nuestra libertad se juega precisamente en ese ejercicio, tan lógico y natural, de intentar comprender la verdad que hay en el que piensa diferente. Esa es la solidaridad más profunda que ha unido a los pueblos frente a las tiranías.

Ahora más que nunca: Promover el diálogo

Moisés Mato

¿DÓNDE PODEMOS LLEVARLA PA QUE NO QUIERA MORIR?

Es penoso y duro de vivir queriéndote morir cada día porque no ves luz ni sentido a nada de lo que haces. Es penoso y duro acompañar a una p...