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miércoles, 6 de enero de 2021

Ser madre no es lo mismo que ser padre: la biología es políticamente incorrecta

En estos días en que se aprueba la igualación obligatoria de permiso laboral de padres y madres conviene leer el blog de ibone olza, con textos como este de marzo de 2018

Ibone Olza
La biología de la maternidad lleva camino de ser lo más políticamente incorrecto en estos tiempos. Decir, reconocer, que las mujeres gestamos, parimos, amamantamos, y que los bebés quieren estar con sus madres y en sus brazos significa exponerse a ser tachada de rancia o retrógrada o a recibir otros insultos y descalificaciones varias

Por eso a veces, como feminista apasionada de la neurobiología, me siento como el niño del cuento que señala que el emperador va desnudo. Es obvio que no es lo mismo ser madre que ser padre, es obvio que nuestra realidad biológica es profundamente diferente, pero ya casi nadie se atreve a decirlo. Queda mal. Y sin embargo hay que decirlo, y hay que empezar a reconocer las necesidades de los bebés, esos grandes olvidados. Y no, para un recién nacido o para un bebé de cinco meses no es lo mismo su madre que su padre. Les necesitará a ambos toda su vida, pero de formas y maneras muy diferentes, a distintos ritmos. Pero esto se quiere negar, ocultar, silenciar. Decir que el bebé necesita a su madre y quiere estar con ella es como digo lo más políticamente incorrecto que se puede decir ahora. Rompedor. Amenazante para este sistema que ha montado tremendo negocio precisamente a base de separar a los bebés de sus madres. Y sin embargo es así, los seres humanos, al principio de la vida necesitamos a la madre mucho más que al padre. Luego las cosas cambian: el rol paterno también tiene una neurobiología propia, y probablemente los padres sean necesarios e importantes para salir al mundo, tal vez sean imprescindibles, para explorar, para aprender, para que los pequeños empiecen a despegarse de la madre cuando empiezan a caminar y a hablar y salen ávidos de curiosidad al mundo cercano.

Por todo ello me declaro en contra de la propuesta de la PPiiNA, plataforma que aboga por unos permisos de maternidad y paternidad igualitarios, intransferibles y obligatorios. Les agradezco la intención: comparto profundamente su anhelo de una sociedad donde las mujeres no nos veamos discriminadas en el mercado laboral por la posibilidad de ser madres, menos aun por serlo. Pero no creo que su propuesta sea la manera de lograrlo. Más bien creo que , como dice Patricia Merino en este texto La maternidad como cuidado, «al patriarcado no se le podía haber ocurrido un modo mejor y más simple de abundar en la devaluación de la maternidad frente a la paternidad.»

Desde la PPiiNA tachan de desequilibrio el que el permiso de maternidad actualmente dure 16 semanas y el de paternidad. Pero no, no es un desequilibrio, es una diferencia. Las madres gestamos, parimos y podemos amamantar, los hombres no. Nuestro cuerpo se transforma con cada embarazo y así sigue durante meses o años. Los bebés necesitan contacto, cuerpo a cuerpo con la madre, mucha teta. A ser posible seis meses de lactancia exclusiva, y algunos años más combinada con otros alimentos. Las madres necesitamos, soñamos con, una sociedad que nos reconozca, que honre nuestra impagable función social. Es urgente. El principio materno universal es el de evitar el sufrimiento, no sólo el de nuestras criaturas, el de todos y todas.

Los hombres que desean compartir los cuidados de sus hijos ya lo están haciendo, de mil maneras, conozco muchos de ellos. Además obtienen un máximo reconocimiento social por ello, se les alaba y califica de padrazos. Con la propuesta de la PPiiNA, de llevarse a cabo, surgirían toda una serie de problemas añadidos. Si la madre no está con el padre, especialmente. Como ya está pasando con el delirante asunto (y dañino) de las custodias compartidas impuestas, ¡hay hombres que reclaman la custodia compartida desde el nacimiento! Pobres bebés.

Yo creo que si hablaramos de propuestas lo prioritario debería ser alargar la baja maternal a seis meses, mínimo. Asi al menos podríamos mantener la lactancia exclusiva el tiempo que recomienda la OMS, UNICEF y la Asociación Española de Pediatría. Y reconocer, apoyar, flexibilizar de mil maneras para poder ir a trabajar con nuestros bebés si queremos, cuando queramos. Ser creativos con las propuestas y soluciones. En cuanto a permiso parental, podría ser igualitario, tal vez, pero salvo las dos primeras semanas tras el nacimiento, el resto creo que tendría que ser a partir de los seis primeros meses, antes de los seis años. Que se lo pudieran coger cada vez que el bebé o niño pequeño lo necesita, cuando está malo, cuando empieza la escuela, cuando llega su hermano-a, etc…Es decir, en función de las necesidades y pasados los seis primeros meses, no antes. Sobre todo, creo que el permiso y la retribución tendrían que ser para quien cuida al bebé, incluso si es la abuela o la tía.

Seguro que me lloverán las críticas, pero, lo seguiré afirmando: ser madre y padre no es lo mismo, y todos los bebés quieren estar con sus madres o muy cerca de ellas.

+INFO:
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domingo, 7 de junio de 2020

Cultura y resistencia

La cultura debe cuestionarse su papel
La cultura debe cuestionarse su papel
Debemos a B. Brecht dos suculentas sentencias: “Desgraciado el país que necesita héroes” y “robar un banco es delito pero más delito es fundarlo”. Coherente con ese pensamiento nuestro autor buscó un teatro alejado de estéticas decorativas y de un rancio sentimentalismo tan del gusto burgués de todos los tiempos. Propuso una práctica que fuera capaz de activar la conciencia crítica del espectador. Una conciencia que pudiera alzar el vuelo precisamente cuando identifica a los héroes que se nos presentan como salvadores y a los delincuentes que financian a esos héroes para desgracia del país.

Que la cultura en general, y el teatro en particular, forman parte de la primera resistencia a los abusos del poder es una evidencia histórica, como lo es también, no nos engañemos, el intento de domesticar las manifestaciones artísticas y culturales por parte del poder político de turno. Aún así no es de extrañar que en tiempos de crisis se le exija a las instituciones políticas un compromiso con la cultura, habida cuenta de la fuerte precarización del sector. Ante esa demanda las instituciones pueden optar por abandonar una vez más la cultura, por ayudas cosméticas o por premiar los colectivos y sectores más afines. Sea como fuere, se nos antoja que, por muy difícil que sea la situación económica, hay también un debate que la realidad hace urgente y que los que nos dedicamos al arte y la cultura no podemos eludir: ¿Qué teatro, literatura, cine, artes plásticas, danza,...requiere este momento? ¿Qué aportaremos los artistas y la gente de la cultura a esta y a las sucesivas crisis económicas, climáticas, de salud,…?

Entiendo que la pregunta pueda ser contestada con sonrisas condescendientes y con apelaciones a la libertad artística, a la necesaria neutralidad del arte y a debates eternos sobre política y cultura. También habrá quien afirme que la cultura y el arte ya están respondiendo a esa realidad por el simple hecho de existir. Todo eso es respetable, pero quizás haya algunos entre nosotros que creamos que esas son formas de evasión y queramos considerar relevante la pregunta, aunque las respuestas puedan demorarse un tiempo. Sabemos, como nuestro querido Brecht, que es un momento propicio para héroes y para delincuentes millonarios, que se nos presentarán como salvadores, que nos abocarán a una polarización social enfermiza y prefabricada y aspirarán a emponzoñar todavía más la cultura y el arte como ya están haciendo con la educación. Y si eso ocurre (ya está ocurriendo) la pregunta es oportuna y merece un tiempo y un espacio, algunos experimentos y algo de coraje. Porque de lo contrario, en el mejor de los escenarios, tendremos una cultura financiada pero escasamente relevante a la hora de plantar cara a los héroes prefabricados y a los delincuentes millonarios. Entonces la cultura y el arte serán menos peligrosos para el poder de turno.

Ahora más que nunca cultura y compromiso

Moisés Mato

Margarita Mediavilla: NO NORMAL