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sábado, 13 de abril de 2024

LA ESCUELA DE LA ATENCIÓN

Jaime Nubiola

Me ha gustado el nuevo libro de Josep Maria Esquirol «La escuela del alma. De la forma de educar a la manera de vivir» (Acantilado, Barcelona, 2024). Como suelo hacer siempre, he tomado algunas notas, sobre todo de aquellos pasajes en los que la opinión del autor coincide con la mía. En casi todas mis anotaciones, el autor logra decir lo mismo mucho más bellamente. 

Por ejemplo, me han interpelado estas líneas de Esquirol: "La atención es como la ventana del alma. El mundo está ya abierto. Pero es necesario mirar bien por la ventana. Hay que acercarse a las cosas. Hay que asomarse, y extender la mano. Y tocar el aire, y respirar el cielo, y dejar que las gotas de lluvia se deslicen por las facciones de la cara" (p. 69).

Me han gustado estas palabras porque vienen a decir que lo más importante para estar atento es dejarse llenar por las cosas, por el paisaje, por la persona que tengamos delante, o por Dios si estamos haciendo oración.

Se trata de silenciar nuestro yo para poder hacernos cargo del asunto que en cada caso tengamos entre manos. Sin paz interior, si no estamos serenos porque dentro de nosotros tenemos un alborotado hervidero de preocupaciones, sensaciones, recuerdos e ideas, no podremos prestar atención. 
De ahí la importancia del «esfuerzo negativo» del que hablaba Simone Weil, que consiste en apartar las distracciones para dejarnos llenar por lo que estemos escuchando, leyendo o lo que sea que estemos haciendo.

Es difícil, pero a estar atento se aprende: es la clave de la formación personal.


jueves, 7 de diciembre de 2023

LA BATALLA DE LA ATENCIÓN

Jaime Nubiola/Facebook

En esta semana me han llegado dos interesantes artículos sobre la atención. El primero de Graham Burnett y otros dos autores publicado en el New York Times del 24 de noviembre. Lleva por título «Powerful Forces Are Fracking Our Attention. We Can Fight Back» [Fuerzas poderosas están cuarteando nuestra atención. Podemos contraatacar]. El segundo en La gran aldea «La crisis de atención de nuestros días» de mi amigo y colega Rafael Tomás Caldera, publicado el 2 de diciembre. 

 Al mismo tiempo, en mis dos semanas de docencia en la UIC, he podido comprobar cuánto les cuesta a algunos de mis alumnos mantener la atención en las clases a pesar de que sean muy activas y participativas. Quizás estén cansados de la jornada —son al caer la tarde—, quizá tienen la cabeza en los trabajos que han de hacer para otras asignaturas o en los mensajes que esperan recibir por una red social. Aun así, me parece que simplemente no tienen el hábito —no lo han adquirido todavía: son alumnos de primero— de prestar atención a lo largo de hora y media de clase, pues la imparto en dos bloques de 45 minutos con un breve descanso intermedio de 10 minutos.

 Graham Burnett en su artículo en el New York Times considera que hoy en día "el problema de la atención volátil o fragmentada ha alcanzado verdaderamente proporciones catastróficas" tanto en la enseñanza secundaria como en los primeros años de universidad. Recomienda prestar atención a la atención, esto es, dedicar espacio en la enseñanza a enseñar a escuchar lo que otros dicen, a leer un texto enterándose, o a mirar un paisaje o una obra de arte. Lo que las enseñanzas de humanidades habrían de lograr es precisamente este entrenamiento de la atención.

 Por su parte, Rafael Tomás Caldera destaca que la atención es un regalo, porque es una "entrega de nuestra disposición, de nuestra actitud [...] una entrega del yo que se hace a un lado para que podamos ver el rostro de la otra persona o aquel pequeño prodigio de la naturaleza que, como a un niño, es capaz de fascinarnos". Qué observación más penetrante que recuerda aquello que escribió Simone Weil: "La atención es la forma más rara y pura de la generosidad". La atención no es fruto del esfuerzo, sino de la limpieza del corazón que se deja llenar por lo que dice o hace el profesor, por un texto cautivador o por una obra de arte.

 Para lograr esto es preciso que mis alumnos se olviden durante hora y media de su yo, de sus inquietudes y problemas del momento, y me entreguen generosamente su atención a mí o a sus compañeros que están exponiendo sus ideas. Para mí resulta siempre un desafío e intento de clase en clase cautivar la atención de los estudiantes: no siempre lo consigo.

Barcelona, 7 de diciembre 2023.

Ilustración: Stefan Draschan, Salir con Arte

domingo, 5 de noviembre de 2023

DECIR QUE SÍ

Me quedé impactado por el letrero que lucían en la espalda de sus camisetas quienes servían a las mesas: «La respuesta es SÍ. ¿Cuál es la pregunta?». 

Tomé una foto para imprimirla y ponerla en la pared de mi estudio y tenerla así ante mis ojos para que me recuerde la importancia de decir siempre que sí a las diversas peticiones que recibo: a la joven gitana que delante de la puerta del supermercado me pide que le compre pañales para sus hijos, al anciano mendigo que con enorme dignidad pide ayuda para la comida, al profesor que quiere que lea un texto que ha escrito o al estudiante que necesita consejo sobre un asunto que le preocupa. 

Atender las peticiones de los demás, escucharles y, en la medida de lo posible, responderles que sí: me parece que esa y no otra es la enseñanza de la parábola del buen samaritano.

Ahora más que nunca: amor

Jaime Nubiola

martes, 29 de agosto de 2023

La necesidad de consuelo

"Piedad" - Manolo Velázquez
Pintura "escucchando" la piedra
Jaime Nubiola

Hace un mes falleció inesperadamente mi hermana pequeña Eulalia. Tenía 64 años y gozaba de buena salud. Su corazón se detuvo al levantarse de la cama en la mañana del domingo 23 de julio. Para mí ha sido un golpe devastador del que, conforme pasan los días, poco a poco he ido recuperándome. La actividad me ha ayudado, por así decir, a anestesiar el dolor. También la oración. Además he podido estar una semana en Buenos Aires con ocasión de una reunión académica y he aprovechado para encontrarme con numerosos amigos argentinos.

Me ha llamado la atención cómo el compartir el dolor de la muerte de mi hermana con mis amigos y personas queridas, aunque traiga al presente la pena, alivia su intensidad al sentir el cariño y el apoyo de los demás. Probablemente sea esta una experiencia universal, pero cuando uno la vive en primera persona, en la propia carne o más bien en el propio corazón, se ilumina algo muy profundo de la condición humana. No somos islas, no podemos aislarnos con nuestro dolor a solas. Compartir nuestra pena nos alivia al unirnos a los demás, al estrechar los lazos afectivos con aquellas personas a quienes queremos.

Esta necesidad de consuelo no es debilidad, ni tampoco es amargar la vida de los demás. El que nos apoyemos afectivamente unos en otros es en un sentido muy profundo lo que nos hace humanos. Todos tenemos bien comprobado cómo los niños recién nacidos adquieren su humanidad al calor del cariño de sus padres. Algo parecido podría decirse de la muerte: el compartir la pena nos hace más humanos.

Como destacó el filósofo escocés Alasdair MacIntyre, los seres humanos somos animales racionales y dependientes, esto último, sobre todo, al comienzo y al final de la vida. Frente a la imagen individualista moderna del hombre aislado y solitario, el reconocimiento de que dependemos unos de otros es un logro formidable: el descubrimiento de que en nuestra vida social hay tanta interdependencia como puede haberla en una familia, ayuda a restaurar el sentido fraterno de una genuina vida comunitaria. No quiero tener una pena a solas: no solo necesito el consuelo de los demás, sino que los demás necesitan también que les deje adentrarse en mi pena y eso no solo alivia mi dolor, sino que también a ellos y a mí nos hace más humanos.

Nuestra sociedad tiende a ocultar el dolor o a privatizarlo, a considerarlo un asunto privado que quizás incluso puede gestionarse con medicación analgésica. Por el contrario, lo que estoy queriendo decir en estas líneas es que el compartir el dolor es también una forma de amor, pues convierte las relaciones afectuosas en verdaderas relaciones familiares, ya que en cierto sentido nos hace hermanos. Como se dice en las coplas de Jorge Manrique, «la muerte a todos iguala», nos ayuda a descubrir que somos vulnerables y que estamos muy necesitados de los demás.

En este sentido, los centenares de mensajes de condolencia y los diversos modos en los que tantas personas me han expresado su afecto y solidaridad no me han parecido en modo alguno un formalismo social vacío de sentido. Al contrario, me han parecido una maravillosa afirmación de nuestra común humanidad, de nuestra capacidad solidaria de compartir el dolor.

El día del fallecimiento de mi hermana venían con fuerza a mi memoria aquellos versos de Miguel Hernández en la muerte de su joven amigo Ramón Sijé "con quien tanto quería":

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada.

Nunca estamos preparados para la muerte de una persona querida, más todavía, como en el caso de mi hermana, si muere "antes de tiempo".

En medio del dolor he descubierto que el compartir la pena nos hace más humanos, más cercanos, mejores personas. La necesidad del consuelo nos ayuda a descubrir la hondura de nuestra común humanidad, de nuestra fraternidad.

martes, 18 de abril de 2023

LIBERTAD Y SEXO

Jaime Nubiola

En estos días de vacaciones he podido terminar de leer el interesante y denso libro de Diego Fusaro «El nuevo orden erótico. Elogio del amor y de la familia» (El Viejo Topo, Barcelona, 2022). Me lo recomendó Juan Pablo Serra enviándome un artículo de «La Gaceta de la Iberosfera» en la que se identifica la defensa de la familia que hace Fusaro —filósofo de formación hegeliana y marxista— como una de las pocas herramientas que nos quedan contra los amos de este mundo. En contra del creciente capitalismo global y del egoísmo consumista generalizado, la familia es un espacio en el que sus miembros se cuidan unos a otros sin recibir nada a cambio, se quieren porque sí y, además, casi siempre también se dicen que se quieren.

Me ha impactado la cita del prólogo a la segunda edición (1947) de «Un mundo feliz» —que recuerda Fusaro en su libro (p. 398)— en la que Aldous Huxley dice: «A medida que disminuye la libertad política y económica, la libertad sexual tiende a aumentar a modo de compensación. Y el dictador hará bien en fomentar esa libertad. Junto con la libertad de soñar despierto bajo la influencia de la droga, el cine y la radio, ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino». La "libertad sexual" que tan estruendosamente exaltan casi siempre los medios de comunicación es la droga que oculta la servidumbre política y económica. Así lo muestra con fuerza y clarividencia Fosaro en su libro.

La primera parte, titulada "Lo que queda del Eros", está encabezada por la famosa cita de Platón en «El banquete»: «Los tiranos no gustan ver que entre sus súbditos se formen grandes corazones o amistades y relaciones vigorosas, que es lo que el amor sabe crear muy bien». Por eso me parece que hoy en día la amistad y el amor incondicionales son verdaderamente revolucionarios.


viernes, 10 de marzo de 2023

LOS AMIGOS NOS HACEN MEJORES

“Best Buddies” de Keith Haring
Estoy leyendo el reciente libro «Encontrarse. Una filosofía» de Charles Pépin (Siruela, Madrid, 2023). Me ha encantado el pasaje que copio: "En su «Ética a Nicómaco» Aristóteles da una bonita definición de la amistad: un amigo es alguien que nos hace mejores" (p. 66). No he sido capaz de encontrar la cita textual en Aristóteles, pero la idea resulta muy aristotélica y además verdadera: los amigos nos hacen mejores y si nos hacen peores es que son malos amigos.

Añade Pépin como explicación: "El amigo no es simplemente alguien con el que podemos contar o a quien podemos confiar nuestras dudas y nuestros temores. Es [también] la oportunidad —kairós en griego— gracias a la cual nuestras predisposiciones potenciales se realizarán, gracias a la cual nuestra «potencia», entendida como campo de posibilidades, se hará efectiva, «se actualizará». [...] En este sentido, son amigos nuestros un profesor cuyos cursos despiertan en nosotros un deseo nuevo de saber o el de tomar un camino que no habíamos considerado; un terapeuta que nos permite liberarnos de nuestros síntomas y levantar de nuevo la cabeza; un colega junto al cual hemos atravesado una crisis y nos ha ayudado a resistir...".

Efectivamente, los buenos amigos son buenos también porque nos hacen mejores y nos hacen mejores porque nos ayudan a crecer.

Jaime Nubiola. Pamplona, 9 de febrero 2023.

El amor sencillo de la mano izquierda

Hay formas de amor -las pequeñas formas de amor- que pasan casi siempre desapercibidas. Son las que hace la gente sencilla, la gente pobre, ...