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martes, 14 de abril de 2026

ENTREVISTA: JORGE TIZÓN PSICOPATOLOGÍA DEL PODER. UN ENSAYO SOBRE LA PERVERSIÓN Y LA CORRUPCIÓN

SEP NOTICIAS

David Moreu

En el marco del ciclo “Diálogos con el autor”, la Sociedad Española de Psicoanálisis acogerá el próximo 9 de abril un encuentro con Jorge L. Tizón en torno a su libro “Poder y psicopatología”, una reflexión profunda y necesaria sobre los mecanismos que sustentan los usos y abusos de poder en la sociedad contemporánea. La sesión, conducida por el psicoanalista y psicoterapeuta Jordi Artigue, ofrecerá un espacio de diálogo en el que se abordarán tanto los fundamentos teóricos de la obra como sus implicaciones en la realidad actual. El autor, con una amplia trayectoria como psiquiatra, psicoanalista y docente, aportará su experiencia en el ámbito de la salud mental para iluminar las raíces psíquicas del poder y sus distorsiones. El acto tendrá lugar en formato presencial y online, y estará abierto al público de manera gratuita. Como previa a la sesión, hemos hablado con Jorge L. Tizón sobre las dinámicas de poder que atraviesan nuestras sociedades y nuestras vidas.

Le propongo empezar por el principio. ¿Cuál fue el detonante específico que le llevó a transformar su experiencia clínica en este ensayo sobre la perversión y la corrupción?

El detonante fue percibir una crisis social marcada por el miedo y la falta de respuestas ante actividades perversas, tanto de personas como de instituciones. A esto se sumó la petición de un grupo de psicoanalistas de la SEP, quienes planteaban una cuestión fundamental: ¿Se pueden seguir aplicando hoy los conceptos psicoanalíticos para explicarnos lo social? Esa necesidad de análisis fue lo que me llevó a transformar la experiencia clínica en este ensayo.

Usted propone la tesis de que la crisis económica es, esencialmente, una crisis política y social. ¿Cómo ha logrado la perversión, entendida como organización relacional, echar raíces tan profundas en nuestras instituciones sociales contemporáneas?

Lo que inicialmente se presentaba como una crisis económica, hoy se manifiesta de forma más amplia a través de tres ejes: la crisis ecosistémica, la geopolítica y la del propio sistema social. Ante toda crisis y una situación grave, siempre surgen la perversión y las reacciones esquizoparanoides como respuesta defensiva. En este contexto, las instituciones pueden adoptar un supuesto básico grupal de ataque-fuga, permitiendo que esa organización relacional perversa eche raíces muy profundas.

En el libro reflexiona sobre el contraste entre el sufrimiento social generalizado y la ausencia de una respuesta más contundente por parte de la población. ¿Qué mecanismos psicológicos desactivan la capacidad de indignación de la sociedad?

La desactivación de la indignación se apoya en la de-sublimación del miedo y la de-sublimación de la agresión intraespecífica (herramientas clave de la psicopolítica actual), apoyando la psicopolítica de la escisión e identificación proyectivas masivas. Este proceso conlleva la ruptura con la ética anterior y la difusión sistemática de la mentira y la manipulación social. Ejemplos como la política de los dosieres (visibles en el caso Epstein) o el uso perverso de la Inteligencia Artificial, potencian estos mecanismos psicológicos que logran neutralizar la respuesta de la población ante el sufrimiento generalizado.

También analiza la psicopolítica de las emociones. ¿De qué manera el neoliberalismo utiliza el miedo como herramienta para asegurar la pasividad o la obediencia del individuo?

Mientras la derecha utiliza las emociones como un gran negocio para consolidar un poder psicopolítico y tanatopolítico basado en el miedo y la ira, la izquierda se muestra torpe, anclada en un racionalismo que desatiende la emoción. Es como si la razón fuera lo bueno y la emoción lo malo. Para el psicoanálisis, la emoción es básica para explicar el psicodesarrollo y la psicopolítica actual. Hoy vemos dos nuevas arquitecturas de la personalidad (y de las instituciones sociales) cada vez más divergentes: una autoritaria y fascistizante, que proyecta e introduce las emociones desagradables en los demás, y otra que yo llamo reparatoria. Esta última se basa en la colaboración interhumana a través de la alegría, el deseo, el apego y los procesos de duelo vividos de forma común, creativa y elaborativa. Eso implica un replanteamiento conceptual, en el que estoy embarcado desde mis libros “El poder del miedo” y “Psicopatología del poder”. Por eso he tenido que desarrollar conceptos como el de la política de las emociones, la psicopolítica, la de-simbolización y de-sublimación del miedo, la organización relacional intrusiva o perversa, la cronificación medicalizada, la ideología pandiagnóstica, la venalidad (que no “banalidad”) del mal, la relación Eros-Ares-Poder-Porno, una reconceptualización de la Psico(pato)logía y de los cuadros clínicos psicopatológicos…

¿En qué momento la psicología y la psiquiatría dejaron de ser herramientas de sanación para convertirse en posibles medios de persuasión y manipulación al servicio del sistema?

Desde sus inicios se ha evidenciado que no existe una ciencia neutral, todas terminan siendo utilizadas por los poderes dominantes. De ahí la importancia de que dichos poderes sean verdaderamente democráticos, lo cual, desde nuestra perspectiva, significa que estén basados en las emociones del apego, la pena, el deseo, la alegría y la indagación solidaria. Solo a través de organizaciones de la relación correspondientes, como la organización reparatoria, es posible alcanzar una verdadera salud mental colectiva. A su desarrollo social es a lo que hoy prefiero llamar comunitarismo.

¿Cuál debe ser el nuevo contexto ético de los psicoanalistas para no terminar siendo un engranaje más de la manipulación neoliberal?

El psicoanálisis implica una actitud heurística y vital que obliga a preguntarse por lo que hay detrás, en esa “otra pantalla”. Una actitud que suele ir acompañada de una ética de la solidaridad. Sin embargo, todo es susceptible de pervertirse, incluida la propia ética psicoanalítica. Hoy observamos a profesionales en diversos países justificando con pseudoargumentos guerras contra Palestina e Irán. Esta deriva ayuda a que se legitime la muerte en masacres bélicas de más de un millón de personas en pocos años.

Usted dedica un espacio crítico al consumo sanitario. ¿Cómo se manifiesta la perversión del poder cuando la salud se transforma en una mercancía más dentro del engranaje del mercado?

La cronificación medicalizada, la medicalización y la psiquiatrización son fenómenos que ya están triunfando, pero nuestro concepto va un paso más allá a partir de que hemos podido vislumbrar la psiquiatrización e intoxicación psicofarmacológica de la sociedad. La sanidad está dejando de ser un resultado de la solidaridad, del apego y las pulsiones de vida para transformarse, sobre todo, en una fuente de negocio. Actualmente, se ha convertido en un terreno para negocios especulativos que, en ocasiones, resultan incluso antisanitarios.

¿Cuál es el papel real que juegan los medios de comunicación en la construcción de esta mentalidad grupal que acepta la corrupción como un elemento estructural?

Los medios de comunicación son piezas básicas en la psicopolítica gracias a su poder para difundir mentiras, patrañas y medias verdades, corrompiendo así la ética y las relaciones humanas. Esta responsabilidad no recae solo en las redes sociales, que suelen concentrar la mayor parte de las críticas, sino también en los medios tradicionales como la televisión, la radio y la prensa. En los países del “Atlántico Norte”, estas plataformas se encuentran enormemente oligopolizadas y permanecen sujetas a la voz de su amo. Actúan como elementos estructurales de esa mentalidad grupal colonial y belicista, que está propiciando y conformando las grandes carnicerías actuales con la participación por acción u omisión de las poblaciones de nuestros países.

Próximamente presentará el libro en la Sociedad Española de Psicoanálisis. ¿Qué acogida espera de sus colegas ante un texto que reflexiona sobre los claroscuros de su profesión en este contexto de crisis global?

Espero que esta sesión sirva para reflexionar y discutir sobre los avatares del poder en el siglo XXI, un tema ineludible hoy día. Debemos preguntarnos si nuestros conceptos siguen siendo válidos para explicar este mundo globalizado donde se actúa con disociaciones groseras y en plena posición esquizoparanoide, aceptando con lenidad la venalidad del poder. Algunos incluso utilizan esta corrupción para actividades intrusivas y lesivas contra la humanidad. Como psicoanalistas, debemos defender a la humanidad como un “objeto total”: una sola especie en un planeta y momento histórico concretos. Si nuestra disciplina no contribuye a esa perspectiva de salud planetaria, dejaría de tener valor social.

martes, 29 de abril de 2025

Laura Martín López-Andrade: No hay más enfermedades mentales, sino más malestar psicosocial

Susana Regueira/Faro de Vigo

«Contradicciones en torno a la salud mental» fue el tema de la ponencia que expuso la psiquiatra e investigadora Laura Martín López-Andrade en la jornada inaugural de la Semana Galega de Filosofía.

¿Cual es la primera contradicción en salud mental?

La primera contradicción es que se habla mucho de salud mental pero en un sentido excesivamente reduccionista. El modelo médico ha acaparado todo lo que tiene que ver con el sufrimiento humano y ha transformado un poco nuestro trabajo en diagnosticar a la gente y prescribirle químicos o rectificaciones del comportamiento. Creemos que ha desaparecido la reflexión sobre el ser humano, sobre el qué te pasa. Y ahora solo aparece una pregunta que es qué tiene, alqo que no ayuda a la gente.

¿Cuál es en este escenario su propuesta?

Intentamos proponer desde muchos lugares de la sanidad pública una clínica que en lugar de estar basada en los síntomas esté basada en las necesidades y los derechos.

Porque un diagnóstico generalmente es solo poner nombre a hechos que suelen ser traumas. Hoy te echan del trabajo, te deja el marido, y el psiquiatra te dice que el problema es tuyo, individual, por un tema de tu cerebro o no sé qué de la serotonina

El diagnóstico es, queda un poco duro decirlo así pero lo puedo explicar, es una gran mentira. Es un ejercicio de poder porque el diagnóstico no está basado en ningún tipo de evidencia científica, es un consenso que se hace a través de expertos con conflicto de intereses con la industria farmacéutica. Y los diagnósticos realmente se agrupan en unos manuales que, insisto, están pagados por la industria farmacéutica y dan nombre a malestares subjetivos y completamente diversos. ¿Qué se intenta con el diagnóstico? Primero lo que tú has dicho, esencializar el problema, es decir, que sea totalmente esencialista, individual de la persona y que no tenga nada que ver con el contexto en el que está.

¿Está demostrado el origen biológico de las enfermedades mentales?

Desde que nace la psiquiatría en base a una supuesta hipótesis biológica nunca se ha comprobado ningún tipo de esa causalidad biológica, pero sí se sigue insistiendo en eso porque hay una hay una especie de necesidad de que la psiquiatría y todas las ciencias afines a ella estén dentro de la medicina, pero realmente no hay ningún motivo para introducirlo dentro de la medicina. Entonces, si nosotros ante una persona que sufre damos un diagnóstico y decimos que el problema lo tiene ella, digamos que ya no lanzamos esa pregunta a lo social, no podemos abrir preguntas ni sostener que a lo mejor esas preguntas tienen que ver también con nosotros como sociedad, sino que tienen solo que ver con el individuo. En el momento actual, en un sistema capitalista y en una sociedad neoliberal, conviene mucho que el problema sea único del individuo. Pero realmente tendríamos que abrir la reflexión hacia toda la sociedad.

¿Realmente hay esa epidemia de salud mental de la que se habla?

Ahora no hay más enfermedades mentales, sino que hay más malestar psicosocial. Y ese malestar tiene que ver con nosotros como individuos, pero por supuesto con nosotros como sociedad. Estamos en un congreso de filosofía y me parece muy interesante abordar estos temas aquí, deberíamos ayudar a la reflexión social y al cambio social, no cerrarlo, que es un poco lo que está lo que está haciendo desde los sectores digamos más mayoritarios.

Un porcentaje de niños con TDAH o un trastorno desafiante de la personalidad, adultos funcionales que son autistas, fóbicos sociales, que tienen ansiedad y depresión… ¿Tan mal estamos?

Hay un malestar, pero eso no quiere decir que estemos mal hechos. La reflexión sobre lo mal que estamos no tenemos que llevarla al cuerpo ni a un diagnóstico. El tema de los niños: que haya unos que se mueven más o que atienden menos, no quiere decir que tengan un trastorno de déficit de atención, sino que se están criando en contextos determinados, muchas veces muy abandonados, hiperestimulados, mucho menos atravesados por el lenguaje y mucho más por la imagen, digamos, menos en sociedad. Si nosotros no nos preguntamos por qué le pasa esto a la gente y solo por qué es lo que tiene, cerramos la pregunta, el interés y la posibilidad de cambiar las condiciones en las que se desarrolla ese malestar. Yo creo que los psiquiatras, las psicólogas clínicas, todo el conglomerado de profesionales de la salud mental, tendríamos que estar puestos a disposición de reconstruir una comunidad en la que estemos mejor. No cerrar esa posibilidad, que creo que es lo que estamos haciendo ahora diagnosticando y lanzando nuestro discurso a la sociedad, porque es verdad que el discurso médico de toda la salud mental lo ha absorbido la sociedad y es ella la que ahora te pide un diagnóstico, pero es por lo que nosotros estamos diciendo. Estamos diciendo que la gente está mal hecha y ella, claro, se lo ha creído.

Antes de la pandemia las enfermedades mentales eran un tabú y ahora da la sensación que la sobreexposición las banaliza

Porque hay un problema que tiene que ver con la identidad que tenemos como individuo y como sociedad. Cuando te pasa algo, sientes una dificultad para expresar lo que te está pasando, es mucho más sencillo desde el punto de vista subjetivo y desde el punto de vista antropológico darle una explicación en que ese algo está fuera. En el momento en que lo que me pasa es un diagnóstico, rompo ese tabú porque me aporta una identidad; el diagnóstico me da una identidad y entonces yo ya no soy responsable de eso, los responsables en todo caso es el terapeuta que me tiene que acompañar y mi cuerpo que realmente no funciona bien. Así te vuelves completamente irresponsable respecto a eso y en una sociedad en la que estamos un poco abocados a ir rápido y obligados a estar bien, eso encaja perfectamente. El marketing del modelo médico amparado por la industria farmacéutica es brutal y realmente encaja muy bien en el modelo social. Solo tenemos que ir viendo todos los cambios culturales que ha habido, esos cambios sociales son los que han ido provocando cambios en los diagnósticos psiquiátricos. Es decir, que no, que esto no son evidencias científicas ni son descubrimientos científicos.

VICTORIA judicial histórica contra el loby sionista en España

Jasiel Paris @jasielparis -SEGUNDA querella inadmitida a ACOM, tras la de Antonio Maestre. En este caso especialmente humillante: se la tumb...