Hay formas de amor -las pequeñas formas de amor- que pasan casi siempre desapercibidas. Son las que hace la gente sencilla, la gente pobre, el pueblo. Son tan pequeñas, tan de gente pequeña, que ni se les se suelen dar las gracias. Desde temprano hay quien limpia las calles, o un centro de salud. No muchos les dicen "gracias", y lo entiendo, pero también el cuerpo dice gracias, o no. Hay quien les deja pasar y hay quien les estorba. Hay quienes usan las papeleras y hay quienes tiran al suelo las colillas ...
Hasta los gobiernos progresistas les han bajado de categoría, sometiéndoles a la vil subcontratación. Sí, conviene contemplar las formas cotidianas y pequeñas de amor.
Hay, por contra, formas falsas de amor, que generalmente son en realidad hipocresía. La "gran recogida de alimentos", la "bufanda más grande del mundo", el maratón de tal y cual causa, el “día del lazo rosa”, y tantas otras.
Se distinguen fácilmente si se conoce el dicho que Jesús sacó de la experiencia: "lo que haga tu mano izquierda no lo sepa tu derecha". El amor tiene mucha vida (y sacrificio), la hipocresía mucha publicidad (y poco sacrificio), y es promovida por los grandes medios de comunicación y las grandes multinacionales. Es general: si están los grandes medios, hay que preguntarse por qué. Y esa pregunta, algunos nos la hacemos hasta del 8 M. Mi admirada Mari José Barrera hace años que no va, a pesar de que confiesa tener "fe de feminismo".
Entre las formas de amor pequeñas y cotidianas que pasan desapercibidas, las del pueblo, me llama la atención la puntualidad. La gente pobre llega al médico antes de la hora. Y al trabajo. A todas partes.
No pasa siempre, pero muy frecuentemente llega tarde la aristocracia, los caprichosos. El que no quiere esperar, el que prefiere hacer esperar. La puntualidad es una forma de amor.
No sé si alguien ha recopilado las pequeñas formas de amor. Sé bien que hay quien las vive. Esos, los verdaderos resucitados.
Ahora más que nunca: VERDAD
Eugenio A. Rodríguez










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