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sábado, 5 de julio de 2025

jueves, 1 de agosto de 2024

Humano, más humano

Humano, más humano
de Josep María Esquirol es un paso más en el empeño de este autor de construir una suerte de filosofía de la proximidad. Se trata de combatir toda forma de mal intensificando la vida, gesto y acción, ahondando las posibilidades de una resistencia íntima ante el nihilismo que acecha por doquier. No encontramos en Esquirol un análisis de los males del mundo que cercenan nuestra libertad y, sin embargo, están presentes en su escritura y en sus referencias. La herida infinita a la que recurrentemente nos remite este ensayo es una antropología en busca de raíces, una suerte de respuesta a La sociedad liquida de Bauman o a las sugerentes, aunque un poco desesperadas, diatribas de Zizek en su Demasiado tarde para despertar.

La vida, la muerte, el y el mundo constituyen las cuatro infinitudes esenciales que, más que analizarse, se contemplan en las páginas de Humano, más humano. La propuesta es la atención, la con-moción, es decir, la generación de movimiento, de respuesta. “No es que desde mi supuesta libertad me haga responsable, sino que, al sentirme tocado, genero mi libertad y la oriento”. El tú al que se refiere Esquirol no es el tú del que protegerse tan común en algunos existencialistas, es un tú que nos regala el horizonte: “Cada vez que el otro me llama, me salva”;  es un tú que se convierte en promesa, que suscita confianza. “La falta de confianza deja un espacio que pronto se llena con un delirio agotador”.

Esquirol corrige a Nietzsche en su pretensión de ir más allá de lo humano. Se trataría, más bien, de profundizar lo humano, insistir en la presencia, recuperar la palabra. “La degeneración, de la palabra es ruido, demagogia y violencia”. Por eso el mundo está ahí como una llamada, no como un problema. Sin embargo, hay que situarse bien, tener los pies en el suelo, pero elevando ya en ese mismo instante la mirada hacia el cielo. En esa juntura reside el realismo. Algunas de las páginas más poéticas del ensayo efectivamente nos hablan de la curvatura y la cobertura del cielo sobre la tierra como horizonte y oxígeno para el alma. Se suma así nuestro autor a la denuncia de la pereza nihilista que empapa nuestro mundo y denuncia las andanadas contra el cristianismo iniciadas por los “maestros de la sospecha” (Paul Ricoeur) que acusan erróneamente a la propuesta de eternidad cristiana de convertirse en una evasión, la fuga mundi, ignorando que, bien entendida, realmente es un mayor compromiso con la vida y con el mundo. No en vano Esquirol encuentra en san Francisco y los Padres de la Iglesia una senda que merece ser recorrida de nuevo en estos tiempos.

Tanto la espera como la esperanza apuntan al encuentro con el tú y con el mundo (también con Dios). Sabemos que no todo está bien, que el mal acuna la existencia en todos los rincones del mundo. Esquirol nos invita a no claudicar en la insistencia en lo humano. Hay una promesa en lo humano. Llega a afirmar “la sacralidad está en el hombre justo”. Efectivamente, la persona que busca la justicia es la que más se aproxima a lo humano, al diálogo honesto con la vida, la muerte, el tú y el mundo, referencias inexcusables que constituyen nuestra vocación más elemental.

Ahora más que nunca: Buscar la Verdad

Moisés Mato

sábado, 2 de diciembre de 2023

Dios a la intemperie. Panfleto poético sobre fondo grafitero.

Escribí este poemario, el tercero en el que me aproximo al tema de Dios, desde la perspectiva de quien desea creer. Creer a toda costa.

Después de emborronar algunas libretas con mis deshilachados versos compruebo que…

Yo solo escribo poesía sobre Dios.
Por eso mis versos sueltos
Se entretienen en todos los temas.

Escribiendo sobre la intemperie, me acerco a la intuición de que no hay nada que no remita a la espiritualidad. 

La verdad enterrada bajo siete capas
Supura por las costuras de la humanidad herida.

A la intemperie es posible abrazar la esperanza. La belleza también se oculta en la oscuridad. La historia de los pobres del mundo evidencia que se puede superar la tentación de la desesperanza.

He visto las flores
romper el asfalto,
a mujeres como robles
saliendo del charco
con el mundo a cuestas.

El alter ego desde el que escribo es un grafitero, un buscador de identidades. En el fondo, un buscador de totalidad.

En las búsquedas nos encontramos. Confiemos que este poemario sirva de puente entre ateos y creyentes, más cercanos de lo que podemos intuir.

Un creyente y un ateo se encontraron
En las esquinas rotas de la existencia.
Los dos, ente el abismo,
Se reconocían en la misma angustia.

Ahora más que nunca Buscar la verdad

Moisés Mato


domingo, 20 de noviembre de 2022

Homenaje a las víctimas de Qatar

Texto alternativo a los parlamentos de inauguración del mundial

Los obreros que mueren exhaustos, aplastados, en los áridos paisajes cataríes no tienen un poeta que les escriba versos.

Los parias que viajan miles de kilómetros arrastrando su hambre, vendiendo su piel seca a cambio del pan imprescindible, no tienen un poeta que les escriba versos.

Los sin nombre, arrojados al mundo como carne fresca para ser devorada por las fieras de los petrodólares, no tienen un poeta que les escriba versos.

Los esclavos que exige el mercado,

Los siervos, súbditos, vasallos, cautivos, que ahora reclama para sí el futbol,

No tienen, no, no tienen un poeta que les escriba versos.

Sus cuerpos, aniquilados bajo el sol de las horas infinitas, engrasan la maquinaria del poder.

En el mejor de los casos sus vidas pasan a ser cifras, en el peor de los casos, sus vidas no existieron nunca.

No. No hay materia en estos hombres y mujeres, oxidados por el sudor, que merezca un verso de algún poeta despistado, algún poeta que no se haya rendido a la evidencia de que todos los goles de un mundial no justifican la muerte de un sólo ser humano.

No, no, no hay un poeta que les escriba versos, porque la poesía hoy está de luto,

Porque el deporte perdió el norte,

Porque los gritos del campo ahogan los gritos del camposanto,

Porque el mundo se dio la vuelta hace tanto tiempo que ya no recordamos cuando proclamamos que los derechos humanos eran universales, 

que ya no recordamos cuando la vergüenza era una virtud, 

que ya no recordamos que lo que estaba mal, estaba mal y punto. 

Que ya no recordamos lo que significa jugar, simplemente jugar, ocio, no como negocio.

No, no hay un poeta que escriba versos porque el imperativo imperial de “pan y circo para el pueblo” se ha convertido en un ruido infernal en las pantallas planas. 

La poesía necesita la resistencia del alma, la poesía no da nunca el mundo por supuesto. 

Si unos cuantos levantan la mirada, 

si unos cuantos señalan alarmados que el emperador está desnudo, 

si unos cuantos dicen No con todas las consecuencias, 

 

entonces, el poema que dignifica a la humanidad tendrá, definitivamente, la oportunidad de ser escrito.

Un poema, construido con los materiales de la fraternidad. 

La fraternidad que obra el milagro, todos los milagros:

Que el trabajo sea trabajo, 

que el futbol sea futbol 

y la poesía sea definitivamente el lenguaje en el que puedan reconocerse los que luchan por un mundo más justo.

 Ahora más que nunca política solidaria

Moisés Mato

 

jueves, 10 de noviembre de 2022

HUMOR Y UTOPÍA Apuntes sobre la resistencia

Santo Tomás Moro, además de ser el patrón de los políticos, está considerado el santo del buen humor. En la persona del que fuera Lord Canciller de Enrique VIII confluían la política, la conciencia y el humor. Como consecuencia de semejante confluencia, cómo es lógico y natural, aparece la desobediencia a la inmoralidad de los que ejercen el poder. El 7 de julio de 1535 Tomás Moro subía al patíbulo, por su negativa a respaldar al rey de Inglaterra en su pretensión de divorciarse y de ponerse al frente de la Iglesia de Inglaterra. Todo Londres lloraba la muerte de un hombre querido y considerado justo. 

Temiendo una última “deslealtad” el rey prohibió que Moro hablara a la multitud antes de morir. Las últimas palabras que aparecen recogidas en el acta de su muerte van dirigidas a su verdugo, segundos antes de que este le decapitase: Fíjese que mi barba ha crecido en prisión; Por tanto, ella no ha sido desobediente al rey. Permítame apartarla. Previamente, para subir al estrado donde sería ejecutado, le había solicitado ayuda al verdugo: Ayúdeme a subir que para bajar sabré valerme por mí mismo. Tomas Moro, poseía un gran sentido del humor, quizás un don recibido ante sus plegarias. En algún momento había escrito una oración en la que pedía a Dios el don del humor. Concédeme señor la gracia de comprender las bromas, para que conozca en la vida un poco de alegría y sepa trasmitírsela a los demás. Veinte años antes de su muerte había escrito una de sus obras más conocidas Utopía, libro que patenta ese concepto en la historia universal. Más importante que su obra fue la utopía de su vida martirial que supo combinar política, conciencia, humor y desobediencia.

El humor ha sido y es objeto de estudio y reflexión desde la antigüedad hasta nuestros días. Son numerosas los ensayos que se han adentrado en el tema sin definir con nitidez las fronteras que lo separan de la risa, la parodia, lo cómico o la sátira. Tampoco en este espacio nos empeñaremos en disquisiciones terminológicas, puesto que la sincronía entre los diferentes conceptos, juega a favor del objetivo fundamental de este escrito. Deseamos, en la medida de nuestras posibilidades, arrojar alguna luz sobre los aportes del humor a la resistencia cívica, a la contestación al poder y en último caso a la desobediencia entendida como un acto de amor político ¿Una utopía?

martes, 20 de septiembre de 2022

FUTBOL E HIPOCRESÍA

Han muerto miles de personas construyendo los estadios para el mundial de Qatar. Un país sin tradición futbolística, que no respeta los derechos humanos, pero que tiene mucho dinero. El mundial de Qatar se organiza sobre la base de más de 6.500 muertos reconocidos que construían esos estadios en condiciones de esclavitud; se organiza con la corrupción cómplice de la FIFA (Suma y sigue) y como una gran operación de imagen de un estado totalitario a la que se prestan sin rubor todos los estados que afirman defender los derechos humanos.

En la retórica del mundo del deporte, asumida de forma general por el periodismo actual, con frecuencia se habla de los valores como algo asociado naturalmente al deporte. No podemos negar la pertinencia de esa asociación. Los valores deportivos deben de evidenciarse en el terreno de juego y en las gradas, afectan a los deportistas y al público. Cuando eso no ocurre merece una reprobación pública. Los comportamientos racistas, los insultos, las agresiones, … no tienen cabida en el deporte. Por el contrario, las muestras de respeto, la solidaridad, la humildad y la aceptación de la derrota deben valorarse de forma universal.

Sin embargo, ese consenso en los comportamientos individuales de deportistas y aficionados, no parece tener su equivalente a la hora de juzgar a los responsables de organizar los eventos deportivos. La corrupción, los atentados a los derechos humanos, la sumisión a los intereses espurios, … no parecen ir contra el espíritu deportivo. No sólo es hipocresía. Los negocios que provocan muertos son negocios criminales, vengan de donde vengan. Los negocios corruptos son inmorales, se hagan donde se hagan. El mundial de Qatar muestra con claridad el absurdo: Qué los que participan en el deporte tengan valores, que los que lo organizan puedan entregar la copa manchada de sangre.

El domingo pasado en el derbi madrileño hubo comportamientos racistas contra un jugador del Real Madrid. Hechos que deben ser rechazados sin ningún tipo de paliativos. Más de 100 titulares en los medios de comunicación al día siguiente sumaban sus voces al coro de condena. En las puertas de ese mismo estadio se denunciaba la inmoralidad del mundial de Qatar. Los medios de comunicación tan sólo se hicieron eco de las declaraciones del emir de Qatar diciendo que se ataca el mundial porque se celebra en un país musulmán. Balones fuera. La prensa también juega a confundir. 

Lo cierto es que todas las personas que entrenan a la infancia y a la juventud en los miles de clubs deportivos, las que dan clase de educación física, las que tienen hijos e hijas practicando deporte tenemos una oportunidad de oro para explicar que los valores del deporte también incluyen la organización del deporte. De lo contrario, debemos de advertirles, el futbol es una forma más de difundir la hipocresía.
 
 Ahora más que nunca: Verdad

Moisés Mato

jueves, 20 de enero de 2022

El truco de la igualdad

Moisés Mato

El No-Do en el que se están convirtiendo los grandes medios de comunicación no deja de sorprender por su eficacia. El capote no puede ser más elemental, y a pesar de ello (¿o debería decir, precisamente por ello?) los expertos en opinión, por llamarles de alguna forma, hacen cola para entrar a diestro y siniestro a la faena. Hay que mantener el chiringuito, oiga.

Resulta que un supermillonario tenista, muy bueno en lo suyo, decide no vacunarse y un gobierno de un país con una tradición política migratoria inhumana, muy bueno también en lo suyo, coinciden en el ruedo. Por fin el espectáculo perfecto para activar al sufrido público del tendido.

El ufano presidente de Australia afirma: No hay casos especiales. Las reglas son las reglas. Y a continuación un coro de presidentes y mandatarios políticos en todo el mundo repiten sin pudor: Las reglas son las mismas para todos. El mantra suena verdadero, y hasta decente, con el rostro del serbio en la pantalla. Pero si cambiamos el rostro del súper conocido, supermillonario, súper deportista, es decir, la excepción por excelencia, por el rostro de la mayoría del plantea, una nadería vamos, la afirmación nos puede hacer dudar.

¿Pero quiénes son la mayoría del planeta?

Mientras nos meten una indigestión de Djokovic, aparece en las noticias el informe de Intermon Oxfam titulado, para más inri, La desigualdad mata, que explica que en pandemia aumentan los supermillonarios, esos que según los presidentes se ven afectados por las mismas leyes que los demás. El informe indica además que la desigualdad económica y social contribuye a la muerte de al menos 21 000 personas al día, una cada cuatro segundos. El informe es la anécdota de los informativos, se trata de no amargar al personal. Pero nadie contesta las cifras.

Caben unas preguntas inocentes: ¿Es bueno que las reglas sean iguales para todos si unos lo pagan con su vida y otros ni se enteran? ¿Cuándo los de arriba presumen orgullosos de que las reglas son iguales para todos nos están diciendo que así entienden ellos la igualdad? ¿Las mismas normas, las mismas políticas, para los millonarios que para los pobres?

Hay que suponer que los infantes y adolescentes con problemas crecientes de salud mental se sentirán satisfechos porque se les aplican las mismas reglas que Djokovic (¡Qué suerte!). Los que viven en la parte del mundo que no tiene acceso a las vacunas, los que no pueden permitirse las cuarentenas, los que viven en infraviviendas, todos son iguales que el súper campeón, se les aplican las mismas reglas. Ya puede el mundo respirar tranquilo. Se acabó la arbitrariedad. Viva la libertad de las reglas.

Cuando un político corrupto eventualmente pisa una cárcel, cuando un empresario paga una multa de vez en cuando o a un deportista se le niegan sus privilegios, se multiplican las declaraciones que nos recuerdan que las normas son iguales para todos. Yo, que soy un mal pensado, siempre he creído que las normas están hechas siempre a favor de los poderosos y por eso tenemos que cumplirlas todos. Para que el truco sea digerible es bueno que de vez en cuando alguno se lo salte y así podamos dedicarle diez días de titulares que servirán para convencer al personal de lo bueno que es que las reglas hechas a medida de unos pocos, las tengamos que cumplir todos.

sábado, 24 de octubre de 2020

Caminos posibles en medio de tanto ruido

 
Se parte como voluntaria, con ideas de sacrificio, y se cae en una guerra que se parece a una guerra de mercenarios, con muchas crueldades de más y el sentido del respeto debido al enemigo de menos. Con estas palabras describe Simone Weil su turbación tras su breve participación en los inicios de la guerra civil española. A pesar de ser contraria a la guerra necesitaba “hacer algo” para enfrentarse al avance del fascismo en Europa y particularmente en España. Viaja a España, alentada por los ideales de la CNT y se enrola en el grupo de los de Durruti. Allí vivirá una intensa experiencia que pondrá a prueba sus convicciones. Descubre que los “idealistas” con los que se identificaba también podían cometer atrocidades. 

    Años después escribirá una carta a Georges Bernanos a partir de la conmoción que le produce su libro Los grandes cementerios bajo la luna. Weil sabe bien quien es Bernanos: un pensador situado ideológicamente en las antípodas de sus ideales y sin embargo, con el que se siente unido por el amor a la verdad: Usted es monárquico, discípulo de Drumont: ¿qué me importa? Usted me es más cercano, sin comparación, que mis camaradas de las milicias de Aragón, esos camaradas a los que, sin embargo, yo amaba. 

    En su libro, Bernanos, autor conservador, relata la quiebra de sus convicciones ideológicas cercanas al fascismo al ver como se desenvuelve en la práctica en los inicios de la guerra civil. Los fusilamientos y la arbitrariedad del levantamiento militar en Mallorca, dónde residía por entonces el autor francés, le causan una profunda conmoción. Denuncia, con enorme contundencia, el horror, la brutalidad de los “suyos” y la perversión de los sentimientos religiosos. No es el uso de la fuerza lo que me parece censurable, sino su mística: la religión de la fuerza puesta al servicio de un estado totalitario, de la dictadura de la Salvación Pública considerada no como un medio, sino como un fin. 

    Bernanos y Weil se mueven por profundas convicciones que los situaban en espacios ideológicos enfrentados y sin embargo los dos se revuelven contra la mentira que ampara toda violencia, y lo hacen con toda la energía de que son capaces. No eluden las consecuencias éticas de sus actos y no se justifican cobardemente. Los nuestros han derramado mucha sangre. Soy moralmente cómplice. Afirmará Weil quien confesará que los crímenes le horrorizaban pero no le sorprendían, pues percibía en sí misma la posibilidad de cometerlos. Por su parte Bernanos publica su alegato exponiéndose a la reprobación pública de sus “amigos”. Hannah Arendt dirá que los grandes cementerios bajo la luna es el panfleto más importante que jamás se ha escrito contra el fascismo. 

    Otros pensadores, muchos de ellos extranjeros, escribían en ese tiempo sus posiciones, con agudas reflexiones sobre la maldad de un bando eludiendo toda autocrítica sobre el bando propio. Muchas de esas aportaciones tienen un valor indudable, pero a mi juicio, las de Weil y Bernanos, son de largo alcance. Sin duda abren caminos anchos entre las dinámicas de una polarización política muy forzada o la equidistancia desesperante que provoca en los que no se someten a ella. 

     Es posible que para avanzar por esos caminos nuevos haya que hacer un esfuerzo considerable para no dejarse llevar por la inmediatez de lo que nos ponen delante. La retórica hiperbólica de la política actual, amplificada por un sector mayoritario del periodismo actual, necesita del enfrentamiento creciente que a la postre genere vencidos y vencedores, sin calcular las consecuencias que eso tiene en la sociedad. Los aparatos políticos necesitan jugar en ese campo en momentos de crisis sistémica en los que no encuentran salidas que superen el corto plazo. Hace falta mucho ruido cuando hay delante una sociedad que se empobrece día a día.. No es casual que se active un frenético revisionismo histórico, que se apele a sentimentalismos patrióticos o que la actividad parlamentaria se infantilice a marchas forzadas. Cada uno activa los resortes que estima más eficaces entre sus afines. 

    Weil y Bernanos, desde posiciones contrapuestas, pusieron amor en la defensa de sus ideales. Y ese amor pasó la prueba de fuego que supone acoger la verdad aunque no nos guste. El amor a nuestros ideales como bien apunta Edith Stein nunca se debe oponer al amor a la verdad: No aceptéis como verdad nada que carezca de amor y no aceptéis como amor nada que carezca de verdad. 

    Ciertamente, desde ahí se abren caminos posibles y esperanzadores más allá de tanto ruido.

Ahora más que nunca Política solidaria
   
Moisés Mato
    

miércoles, 7 de octubre de 2020

El Evangelio de la noviolencia


  La obediencia al Evangelio y la desobediencia a los poderes fácticos frecuentemente son el anverso y el reverso de la misma realidad. Cuando lo que está en juego es el deber de justicia y el servicio a la verdad ¿Qué le corresponde a Dios y qué al César? Las crónicas de la Iglesia previa a Constantino relatan numerosos hechos que hoy podríamos catalogar de actos de insumisión y desobediencia. Cuando el soldado Maximiliano se presentó ante el procónsul para informarle de que su condición de cristiano le impedía servir en el ejercito argumentó que debía cumplir con el mandato de no matar. Salvó su conciencia pero perdió la vida. En esas circunstancias no había nada para el César. La forma en como algunos han vivido su fe a los largo de los siglos y las experiencias de noviolencia de los últimos ciento cincuenta años, muchas inspiradas en el evangelio, dan buena cuenta de que los imperativos de la conciencia en muchas ocasiones no permiten margen a los intereses bastardos del césar de turno. 

    Tolstoi decía que todo lo que sabía, lo sabía por amor, uniéndose así a una fecunda tradición que relaciona intrínsecamente el amor con el conocimiento y con la verdad. Veritas in caritate y caritas in veritate, el amor y la verdad que se iluminan recíprocamente. El mensaje de Jesús se resume en el mandamiento del amor y el experimento (que diría Gandhi) de la noviolencia podríamos traducirlo sin lugar a dudas como “amor político”. Coinciden en la centralidad del amor pero también en el imperativo de la verdad. La expresión Satyagraha , acuñada por Gandhi para referirse a la noviolencia, apunta a la necesidad de empeñarnos en la búsqueda de la verdad como el camino ineludible para alcanzar la justicia y la libertad. “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” sentencia el evangelio de Juan diecinueve siglos antes (Jn 8,32). La noviolencia, con su luces y sus sombras, demuestra en medio de la historia que es posible transformar la realidad rompiendo las lógicas dominantes. La guerra, la mentira, el afán de poder,el máximo beneficio, la manipulación, el control,la violencia estructural,… siguen operando hoy como motores de cambio y transformación. Frente a ellos la noviolencia ensaya posibilidades de un cambio cultural, una ruptura de la mentalidad, una “conversión” fundada en el amor y la verdad. Tanto la vivencia del Evangelio como lo mejor de la tradición noviolenta han aportado a la humanidad la evidencia de que ese ideal era posible. Sí, se puede vencer el odio con amor y se puede romper la espiral de violencia con acciones noviolentas. Cuando eso ocurre también se le está dando la oportunidad al césar de turno de colocarse en su sitio, de no apropiarse de lo que no le pertenece. 

    El Sermón de la Montaña (Mt 5,1;7,28) ha sido uno de los textos más influyentes no sólo en el cristianismo sino también en la corriente de la noviolencia. El mismo Tolstoi reflexiona sobre ello en su provocador “El reino de los cielos está en vosotros” oponiendo el mensaje de Jesús a las lecturas que la Iglesia de entonces hacía de ellas. Fuertemente influido por el pensador ruso, Gandhi llegará a manifestar en numerosas ocasiones su fascinación por Jesús de Nazaret a la par que su decepción por la vida que observaba en los cristianos. Llegó a ser acusado por fanáticos hindúes de ser cristiano en secreto. Algo que él consideró “Una calumnia y a la vez un cumplido”. Es conocida su afirmación de que “hemos descubierto los misterios del átomo pero hemos olvidado al mismo tiempo el Sermón de la Montaña”. La invitación a recordar el Sermón de la Montaña para el Mahatma implicaba la afirmación de que el verdadero progreso es que aprendamos a vivir como hermanos. Pero a esa primera premisa le sigue necesariamente una segunda, sin la cual esta no pasa de ser una declaración de intenciones: La aspiración a la fraternidad, tan lógica y humana, requiere de acciones concretas, políticas, económicas, sociales y culturales, que pivotando sobre la verdad y el amor, demuestren que es posible forjar un mundo más humano. Sin esas concreciones el Sermón de la Montaña puede ser interpretado como un simple texto poético. En cambio sabemos que el átomo sirvió para fabricar la bomba atómica. “La realidad es así”, podemos afirmar con resignación. Pero no. Esa no es la realidad. Al menos no toda la realidad. 

    El escritor francés, católico y conservador, Georges Bernanos afirmó que “el realismo es la buena conciencia de los hijos de puta. Todos los hijos de puta dicen: la realidad es ésta y no podemos sortearla. Y la realidad es aquello en lo que se sustenta su condición de hijos de puta." Palabras duras pero certeras. La realidad es también lo que nosotros hacemos o lo que dejamos de hacer. Una mirada honesta a la historia nos descubrirá la realidad de las guerras y la violencia pero también podremos ver la realidad de millones de experiencias que objetivan que para muchos, cristianos y no cristianos, el Sermón de la Montaña fue algo más que una hermosa alegoría. Detrás de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y detrás de la conciencia de que tenemos derechos laborales, de que somos dignos por el simple hecho de ser personas y de que somos seres llamados a la libertad,...Detrás, están la insistencia en el amor y la verdad de muchas personas que, en sus esfuerzos y luchas, a veces hasta la muerte, han permitido que disfrutemos de esa hermosa herencia. No, la bomba atómica no tiene la última palabra. No, la realidad no es lo que diga el césar. Las conquistas sociales no fueron precisamente concesiones de ningún césar. Al contrario, fueron el resultado de poner al césar en su sitio. 

    Son muchas las razones por las que se nos antoja imprescindible abrir un debate de fondo sobre la noviolencia, o si lo preferimos, sobre la mansedumbre evangélica. Un debate, que a nuestro juicio debe, sustanciarse en intentos o experiencias de respuesta a la realidad política y social que tenemos delante. Hoy el César aspira a dominar todo el espacio, los territorios de la economía y de la política, pero también los del corazón y los de la conciencia de las personas. Hoy el César puede permitirse muchos disfraces y actuar desde múltiples frentes. El poder mediático y las maniobras en la sombra le permiten mucho margen de acción. Sin embargo, su proyecto totalitario una vez más no podrá ocultar sus pies de barro cuando sea enfrentado desde el empeño en la verdad y el amor, es decir, desde una propuesta noviolenta. 

    El Evangelio y la noviolencia, nunca podrán agotarse en ninguna propuesta política, pero en cada momento histórico pueden inspirar posibilidades creativas. Es necesario dedicar tiempo a explorar esas posibilidades. Para avanzar en ello nos atrevemos a proponer algunas claves que, a nuestro juicio,pueden servir a ese propósito: 

1. Apoyarnos en unos principios dinámicos. Pueden servir los que propone Francisco en la Evangelii Gaudium: El tiempo es superior al espacio,la unidad prevalece sobre el conflicto,la realidad es más importante que la idea y el todo es superior a la parte (EG 221-237). Son criterios que tienen sentido en medio de la acción transformadora, que resuenan lúcidos si estamos empeñados en procesos de transformación. Son principios coherentes con el mandato de “ir a las periferias” pero absolutamente prescindibles si nos acomodamos en las estructuras en las que estamos. Son orientaciones útiles en el cuerpo a cuerpo con la realidad pero totalmente inútiles si nos instalamos en la autorreferencialidad permanente. 

2: Impulsar una formación política noviolenta. En ese sentido estamos poniendo en marcha iniciativas como la Escuela Itinerante de Desobediencia e insistimos en promover publicaciones y encuentros para aprender a leer juntos el momento presente y para diseñar estrategias de acción noviolenta coherentes con ese análisis. Necesitamos acompañarnos y animarnos a intervenir en la vida pública. Es necesario aprender a desobedecer como un entrenamiento en el amor, es urgente descubrir nuevas posibilidades de transformación de la realidad. Debemos promover acciones en las que se impliquen las diferentes esferas de nuestra vida: La profesión, la familia y los grupos a los que sentimos que pertenecemos. Pero para ello hace falta una formación integral. Esta no es una tarea de ratos libres y al margen de nuestra realidad cotidiana. “Lo que no implica el tiempo y el dinero personal es sentimentalismo” decían con buen criterio muchos veteranos de la noviolencia. 

3: Generar una cultura del diálogo: La fuerte polarización política de nuestro país nos alerta del guerracivilismo latente y del riesgo de fracturas sociales difícilmente reparables. Si el objetivo es la división de la sociedad, tomar partido no es elegir un bando u otro sino trabajar por la unidad, la pluralidad, la diversidad y el diálogo. La división de los pueblos siempre fortalece al césar de turno. Los creyentes en Jesús y en la noviolencia no podemos mirar para otro lado en estas circunstancias. Inhibirnos por miedo o complejo nos hace cómplices de las estrategias del César de turno. 


    Con los principios dinámicos que nos plantea Francisco, poniendo en valor la formación y ensayando formas nuevas de diálogo podemos avanzar en ese camino, al final del cual se encuentra una montaña, en la que dicen que el mismo Dios, un día habló sobre la noviolencia. 

Moisés Mato.

Ahora más que nunca Noviolencia

jueves, 25 de junio de 2020

La lección de Mandela




Un mundo lleno de pantallas nos habla de nuestra capacidad de acceder a la información y a la vez nos alerta de las muchas posibilidades de ser víctimas de la manipulación. Lamentablemente el acceso masivo a una infinidad de datos no garantiza necesariamente un mayor conocimiento de la realidad. Hay que hacer un esfuerzo importante para distinguir la propaganda, los bots, las fake news, las informaciones tendenciosas o las burdas manipulaciones interesadas. Es necesario un empeño consciente y crítico por buscar la verdad para no ser víctima de campañas orquestadas por los poderes fácticos cuyo fin último es mantenerse en el poder.

Las estrategias de manipulación aspiran a modificar nuestra conciencia y orientarla en una determinada dirección. Para ello se utilizan determinadas técnicas que inciden sobre nuestros instintos, deseos y sentimientos. Si hablamos de una campaña política, pocas estrategias son tan efectivas como la construcción de un enemigo y la consecuente activación del odio, en diferentes grados de expresión. Es un clásico que resiste muy bien el paso del tiempo. Afirma Carolin Emcke que “El odio solo se combate rechazando la invitación al contagio”. En su libro “Contra el odio” sentencia “que quién pretenda hacer frente al odio con más odio, ya se ha dejado manipular”. Es fácil encontrar hechos que sostengan estas afirmaciones.

Recordamos estos días la final del mundial de rugby celebrado en Johanesburgo el 24 de junio de 1995. Nelson Mandela llevaba poco más de un año como presidente de Sudáfrica y se había propuesto la inmensa tarea de reconciliar a un país roto por el racismo, el clasismo y la pobreza. Contra todo pronóstico inició una arriesgada campaña que buscaba el apoyo masivo de la población negra a la selección nacional de rugby, los springboks, formada por jugadores blancos. Hasta ese día la selección era odiada por los negros en la misma proporción que significa el mayor orgullo de los blancos. El empeño de Mandela parecía suicida. Sin embargo veintisiete largos años en la cárcel le permitieron entender la sentencia de Abraham Linconl que reza que “la mejor manera de eliminar a un enemigo es convertirlo en amigo”. Mientras cumplía condena estudió afrikáans por correspondencia y se concentró en el estudio de la cultura y la literatura de los bóeres. ¿Qué lleva a un ser humano, condenado injustamente, a desear conocer a fondo a quién le castiga? La comprensión de que la violencia, la mentira y el odio sólo generan más violencia, más mentira y más odio. Era necesario explorar otra vía si realmente quería avanzar en su objetivo políticos de una Sudáfrica reconciliada. Esa tarde, en la que los springboks ganaron una agónica a la favorita, Nueva Zelanda, negros y blancos celebraron la victoria como algo de todos. Ese día se rompió la espiral de violencia. Seguían existiendo muchos agravios y muchos problemas por resolver pero ya todos sabían que frenar el odio abría nuevas posibilidades.

Entonces como ahora, en muchas partes del mundo y en nuestro país es necesario acabar con el racismo, la pobreza, la exclusión y la desigualdad y hay que acabar con todas las construcciones ideológicas que las sostienen, pero si queremos ser realmente eficaces, si nos mueve realmente la búsqueda del bien común, descubriremos que existen otros caminos más lúcidos que el que nos propone gran parte del entramado de redes de comunicación a las que estamos permanentemente conectados. Buscar alternativas al odio sin duda nos hace menos manipulables y más creativos. También nos acerca a la lucidez de la noviolencia que se concentra en el odio a las injusticias, no a las personas. Esa distinción, hizo de Mandela, un hombre libre, a pesar de estar encerrado en una prisión. No distinguir eso nos puede introducir en una prisión a pesar de caminar libres por las calles.

Ahora más que nunca noviolencia.

Moisés Mato


domingo, 7 de junio de 2020

Cultura y resistencia

La cultura debe cuestionarse su papel
La cultura debe cuestionarse su papel
Debemos a B. Brecht dos suculentas sentencias: “Desgraciado el país que necesita héroes” y “robar un banco es delito pero más delito es fundarlo”. Coherente con ese pensamiento nuestro autor buscó un teatro alejado de estéticas decorativas y de un rancio sentimentalismo tan del gusto burgués de todos los tiempos. Propuso una práctica que fuera capaz de activar la conciencia crítica del espectador. Una conciencia que pudiera alzar el vuelo precisamente cuando identifica a los héroes que se nos presentan como salvadores y a los delincuentes que financian a esos héroes para desgracia del país.

Que la cultura en general, y el teatro en particular, forman parte de la primera resistencia a los abusos del poder es una evidencia histórica, como lo es también, no nos engañemos, el intento de domesticar las manifestaciones artísticas y culturales por parte del poder político de turno. Aún así no es de extrañar que en tiempos de crisis se le exija a las instituciones políticas un compromiso con la cultura, habida cuenta de la fuerte precarización del sector. Ante esa demanda las instituciones pueden optar por abandonar una vez más la cultura, por ayudas cosméticas o por premiar los colectivos y sectores más afines. Sea como fuere, se nos antoja que, por muy difícil que sea la situación económica, hay también un debate que la realidad hace urgente y que los que nos dedicamos al arte y la cultura no podemos eludir: ¿Qué teatro, literatura, cine, artes plásticas, danza,...requiere este momento? ¿Qué aportaremos los artistas y la gente de la cultura a esta y a las sucesivas crisis económicas, climáticas, de salud,…?

Entiendo que la pregunta pueda ser contestada con sonrisas condescendientes y con apelaciones a la libertad artística, a la necesaria neutralidad del arte y a debates eternos sobre política y cultura. También habrá quien afirme que la cultura y el arte ya están respondiendo a esa realidad por el simple hecho de existir. Todo eso es respetable, pero quizás haya algunos entre nosotros que creamos que esas son formas de evasión y queramos considerar relevante la pregunta, aunque las respuestas puedan demorarse un tiempo. Sabemos, como nuestro querido Brecht, que es un momento propicio para héroes y para delincuentes millonarios, que se nos presentarán como salvadores, que nos abocarán a una polarización social enfermiza y prefabricada y aspirarán a emponzoñar todavía más la cultura y el arte como ya están haciendo con la educación. Y si eso ocurre (ya está ocurriendo) la pregunta es oportuna y merece un tiempo y un espacio, algunos experimentos y algo de coraje. Porque de lo contrario, en el mejor de los escenarios, tendremos una cultura financiada pero escasamente relevante a la hora de plantar cara a los héroes prefabricados y a los delincuentes millonarios. Entonces la cultura y el arte serán menos peligrosos para el poder de turno.

Ahora más que nunca cultura y compromiso

Moisés Mato

domingo, 17 de mayo de 2020

Desobediencia y amor (y 3)


Desde hace décadas se ha vuelto muy popular una imagen, sencilla y a la vez contundente, que pretende desvelar la lógica oculta del poder. En ella se presentan dos marionetas, una caracterizada como la derecha política y la otra como su eterno rival, la izquierda política. Son las clásicas marionetas de cachiporra que se vapulean mutuamente movidas por las manos del mismo titiritero, el verdadero protagonista de la metáfora. La escena deja entrever todavía otra lectura: Nosotros somos el público que se ríe y se mofa de un personaje mientras aplaude a su oponente. Tan excitados estamos en la representación que olvidamos, aunque lo sepamos, que existe un manipulador (se llaman así, que le vamos a hacer) de los personajes que les hace decir lo que quiere porque para eso es también el guionista.


Ya Aristóteles en su Poética nos desvelaba el funcionamiento de la tragedia y explicaba la necesidad de que el público se identificara con el personaje central y le siguiera de forma empática durante la trama. La industria de Hollywood explotó este recurso hasta lo inverosímil. Sólo que, a diferencia de la tragedia griega, aquí el héroe, que siempre era americano, triunfaba sobre los malos, que frecuentemente eran árabes o rusos.


La escena del guiñol nos invita a mirar al que que introduce su mano en el títere porque es el que realmente organiza la trama. De la misma forma, si queremos entender qué buscaba la tragedia griega o las películas de Hollywood tendríamos que fijarnos en los guionistas. Hoy ya sabemos que unos y otros perseguían objetivos políticos muy concretos.


La conclusión evidente de los tres ejemplos nos muestra una primera relación visible y conflictiva entre dos personajes que habitan en la escena, los títeres o los héroes. Pero también nos habla de una segunda relación entre los guionistas y manipuladores de marionetas por un lado y el público por otro. El gran reto que nos presenta la desobediencia, entendida, tal como la entendemos en este escrito (Ver: Desobediencia y amor 1   y Desobediencia y amor 2  ) es enfrentarnos a los guionistas y a los manipuladores.


Ahora que ya sabemos que las “crisis” económicas, ecológicas o de salud son previsibles y por tanto se pueden evitar o al menos controlar, tendremos que preguntarnos cuál es la razón de que no podamos adelantarnos a ellas; ahora que descubrimos que después de cada “crisis” aumenta la pobreza, pero también los millonarios; ahora que comprobamos que estas “crisis” tienen causas concretas que es necesario atajar pero que quedarán relegadas una vez más por las urgencias de las consecuencias; ahora que ya sabemos que a las grandes corporaciones bancarias, mediáticas o energéticas invertir en las campañas electorales les ha salido rentable… Ahora, ha llegado el momento de no aceptar el papel de público que jalea a unos y se mofa de los otros. No podemos ser cómplices de los principales medios de comunicación que no dudan en recurrir a los trucos de las cachiporras hasta construir un relato simplista de la realidad en la que sólo parecen habitar los buenos y los malos, los comunistas y los fachas, el blanco y el negro. Quizás haya llegado el momento de señalar a los guionistas de toda esta trama. Sin duda es necesario desobedecer a todos los mecanismos que pretenden imponer la división entre los que asistimos, cada vez más desesperados, a la representación. Es urgente desobedecer a la polarización política impuesta que conduce a todo tipo de guerras, en las que siempre mueren los que no las han provocado.


Desobedecer es un acto de amor a fondo perdido porque hace falta mucho amor para levantarse en medio del público y señalar al guionista. Uno se expone al rechazo y al vituperio de unos y de otros. Y eso sólo lo resiste el amor, el amor político, que no encaja con estas izquierdas y estas derechas que necesitan dividirnos. El amor que ha sido y sigue siendo la fuerza de los débiles que consiguen cambiar el mundo contra todo pronóstico. El amor desobediente que sólo obedece al amor.


Moisés Mato
Ahora más que nunca Noviolencia


martes, 5 de mayo de 2020

Desobediencia y amor (2)




Ahora, cuando la mentira se ha convertido en un elemento imprescindible del poder político y mediático, no hay más remedio que desobedecer.

La organización de la mentira es un crimen y la coartada para nuevos crímenes. Una mentira normalmente necesita de otra mayor para ocultarse y esta a su vez otra, formando una espirar de mentiras a las que podemos acostumbrarnos hasta acabar asumiendo esa lógica como algo normal. No creo que a nadie le guste que le mientan pero, a fuerza de escuchar mentiras, podemos acabar eligiendo entre todas aquella que agrada a nuestros oídos o que ofrece algún consuelo a nuestras almas; podemos adoptarla como un mal menor una vez hemos desistido de buscar la verdad.

La sentencia de Jesús “la verdad os hará libres” es posiblemente una de las expresiones más acabadas para explicar el sentido de una revolución más que necesaria. Una revolución que está en marcha en alguna medida, cada vez que buscamos la verdad, que exigimos que se nos diga la verdad, que no aceptamos las mentiras que nos consuelan. Todo eso exige pequeñas o grandes desobediencias conscientes. Buscar la verdad, tal como está planteado el mundo, es un imperativo inexcusable para avanzar en nuestra libertad y será la fuente permanente de nuestra desobediencia.

La desobediencia deviene así en una acción que devuelve a la política su sentido más profundo, que le ofrece la posibilidad de ser de nuevo lo que debe ser, ya que rescata su vocación esencial de servir al bien común. No olvidemos que todas las mentiras pretenden servir al “bien” particular. Eso lo aprendimos y lo practicamos muchos desde pequeños. Las consecuencias de ello las podemos valorar cabalmente ahora como adultos.

Es urgente desobedecer a las mentiras, llamadas también medias verdades, que nos lanzan como redes muchos medios de comunicación:
  • Desobedecer a la polarización creciente de nuestro país que lleva a muchos a posicionarse a izquierda o a derecha, lo que implica fundamentalmente atacar las mentiras del bando opuesto sin caer en la cuenta de que las más graves son las del propio bando ya que es a este al que le otorgamos nuestra confianza. (Amicus Plato,sed magis amica veritas).
  • Desobedecer no aceptando el infantil “y tú más” que inunda las tertulias políticas y los parlamentos. Deberían saltar todas las alertas ante la evidencia del escaso valor de la verdad en la esfera política y mediática, ya que se considera implícitamente que la mentira de uno valida las de otro. Importa la dimensión, no el hecho.
  • Desobedecer a los intentos de reducción de la política a eslóganes publicitarios.
  • Desobedecer a la vivencia puramente sentimental de la política.
  • Desobedecer a la manipulación obscena de las luchas sociales en su intento de apropiación por parte del poder. La historia evidencia que sus grandes hallazgos fueron alcanzados precisamente en su confrontación con el poder.
  • Desobedecer a la sobreinformación que nada tiene que ver con el conocimiento.
En este contexto, el diálogo para buscar la verdad, con los que piensan como yo y sobre todo con los que no piensan como yo, constituye ya una forma de desobediencia. Ese diálogo, como todos los diálogos que se esfuerzan en ser honestos, conducirá a propuestas de acción que, al igual que ha sucedido en otros momentos de la historia, redundarán en nuevos espacios de libertad.

Seguiremos.

Moisés Mato.
Ahora más que nunca Noviolencia

Desobediencia y amor (1): 
https://ahoramqnunca.blogspot.com/2020/04/desobediencia-y-amor-1.html




martes, 28 de abril de 2020

Desobediencia y amor (1)



¿Es el momento de la desobediencia?


        H. D. Thoreau, a mediados de siglo XIX, creía en la necesidad de “ salvar la conciencia antes que el mundo” apuntando, con esta expresión provocadora, a la imposibilidad de salvar el mundo sin la concurrencia de una conciencia formada y operante en la realidad. Para él, el gobierno era un mal necesario del que solo cabe esperar que gobierne lo menos posible. Algo que sólo es posible si existe un mayor protagonismo político por parte de la sociedad. Soñaba nuestro autor en sus largos paseos por las orillas del lago Walden con una sociedad de personas libres y responsables que constituyeran un verdadero contrapoder. También soñaron y trabajaron en esa dirección, maestros de la desobediencia cono M. L. King, quién desde la cárcel de Birmingham escribía: “Existen dos tipos de leyes: las justas y las injustas. Yo soy el primero en defender que se obedezcan las leyes justas (...). Pero, todos tenemos la responsabilidad moral de desobedecer las leyes injustas”

      Si las personas hemos evolucionado, como afirma Erich Fromm, gracias a actos de desobediencia, es porque en ellos se eleva nuestra capacidad para ser libres y responsables, es decir, ser libres responsablemente y responsables libremente. La primera sin la segunda no pasa de rebeldía adolescente y la segunda sin la primera es una sumisión en toda regla por mucho que se disfrace de revolución.

        Lorenzo Milani dirá, que “no hay que despreciar a los que están abajo, pero hay que despreciar siempre a los que apuntan bajo”. “Apuntar bajo” es dejar que se desarrollen las ambiciones mediocres, ceder a la facilidad, dejar que cunda lo vulgar, perder la armonía, aceptar vivir con una máscara. Milani invita a ser soberanos, apuntar alto, no conformarnos con “yo hago lo que puedo” sin intentar un “quiero hacer lo que debo”. Con su fino bisturí dialéctico, nuestro autor, nos alerta ante la pereza de los ideales. Sabe que sólo aquellos que son poseídos por un ideal se atreven a desafiar las leyes, escritas o no escritas, que atentan contra las personas. A la vez que denuncia la “soberanía” estúpida de aquellos que creen poseer los ideales, como si se tratara de un mero producto que podemos adquirir en el supermercado de las buenas intenciones.

       La desobediencia que obedece a una conciencia formada, que se enfrenta a las leyes injustas, que se empeña en ser libre y responsable, que “apunta alto”, es más necesaria que nunca. Esa desobediencia es un acto de amor. Perfectamente posible si decidimos organizarnos con otros y comenzamos a hacer algunas experiencias que nos permitan enfrentarnos mejor a las próximas e inevitables crisis de salud, medioambientales o económicas.

Seguiremos.

Ahora más que nunca Noviolencia

Moisés Mato


miércoles, 22 de abril de 2020

LA POLARIZACIÓN COMO ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA




Desde Sócrates en adelante la búsqueda de la verdad ha sido una exigencia moral de todos aquellos que aspiraban a la libertad. No es casual que los que han querido controlar y dominar a los pueblos, frecuentemente, hayan impuesto “su verdad” a sangre y fuego. La libertad, como es lógico, se suele llevar mal con el poder establecido. Con el tiempo se han desarrollado sistemas cada vez más sutiles de manipulación, capaces de persuadir e inclinar las conciencias, sin necesidad de utilizar la fuerza.

Hoy, la polarización juega un papel fundamental en esa estrategia diabólica. Las redes sociales, que sugerían nuevas formas de democratización de la información, también se han convertido en presa fácil de este virus sumamente contagioso. La polarización es un ataque en toda regla al diálogo y como consecuencia neutraliza cualquier esfuerzo por buscar la verdad.

Si uno critica una propuesta de un partido de derechas, es atacado por reaccionario y si uno cree que el gobierno se equivoca en la gestión de la crisis del COVID 19 es que está de acuerdo con las políticas de privatización de la sanidad del PP, si uno opina X es facha y si opina Y es comunista. Si denuncias la mentira de uno te responden con las mentiras de sus oponentes políticos como si unas mentiras justificaran las otras. Todo es blanco o negro, sin matices.

A la sociedad la polarización no le viene nada bien, va contra el sentido común y contra la convivencia. Normalmente la polarización se activa de arriba abajo. En ella se sienten cómodos la mayoría de los partidos políticos y gran parte de las empresas de comunicación que llamamos medios de comunicación. Forma parte de su estrategia de poder.


Lo que no podemos hacer como sociedad es alimentar al monstruo. No podemos aceptar que la realidad tiene que ser blanca o negra. No podemos partir de la premisa de que no podemos acercar posturas. Es una tragedia conformarnos con ser una copia de los partidos políticos y los medios de comunicación. Nuestra libertad se juega precisamente en ese ejercicio, tan lógico y natural, de intentar comprender la verdad que hay en el que piensa diferente. Esa es la solidaridad más profunda que ha unido a los pueblos frente a las tiranías.

Ahora más que nunca: Promover el diálogo

Moisés Mato

jueves, 16 de abril de 2020

LA MUERTE Y LA POLÍTICA




Antes de que el coronavirus ocupara todo el espacio y el tiempo, el gobierno apuraba una de esas leyes que aspiraban a revestir al gobierno de una aureola progresista. Se trataba de legislar por una muerte digna ¿Quién puede estar en contra de algo así?

La polarización, instalada en nuestro país de forma interesada, exige que ante esa propuesta la derecha diga no y la izquierda sí. De esta forma hablaremos más de la derecha y la izquierda que del contenido de la ley, la ideología ( o lo que sea eso) por encima del análisis.

Sí uno observa el resultado de leyes similares en los escasos países en los que se ha aprobado y tiene en cuenta el caldo de cultivo sobre el que se quiere aprobar la ley, la postura más coherente sería: Ahora no, así no. Para legislar sobre la muerte digna es necesario garantizar la vida digna. Y estamos muy lejos de eso.

La mayoría de los que lidian cotidianamente con la muerte saben que no hay cuidados paliativos para la mitad de la población, que no hay ayudas suficientes a la dependencia y que la precariedad de los trabajadores de los cuidados clama al cielo. Los que lidian con la economía saben que hay una relación entre las expectativas de vida y el paro, la precariedad, la vivienda y la pobreza. Ante un debate de ese calado, causa rubor que el gobierno se dedicara a hablar de la película Mar adentro en un intento de apelar a lo sentimental.

Pero ahora la pandemia ha levantado la alfombra y en sólo un mes va desvelando las relaciones perversas que hay entre la sanidad, la vejez, las condiciones laborales de los cuidados, los negocios y la política. Esas relaciones ya estaban operando ahí, la pandemia simplemente las ha hecho visibles. Hemos pasado de ser “la mejor sanidad del mundo” a tener las mayores cifras de muertos por millón de habitantes y de sanitarios contagiados y a descubrir que el material más elemental para los cuidados depende de China y que las condiciones de atención a la vejez son más que deficientes. En los próximos meses hemos de mirar con atención los datos (reales) y la relación entre ellos, será necesario escuchar los testimonios de las familias y los trabajadores y valorar en su conjunto esta cuestión. Lo que sabemos hasta ahora ya pone los pelos de punta y obliga a repensar en su globalidad los parámetros que estamos manejando en la atención a nuestros mayores.

La dignidad es un atributo esencial de todas las personas por el simple hecho de ser, no es una prerrogativa del estado concederla o no. Este debe garantizar las condiciones para que sea posible ejercer la dignidad en la vida y en la muerte. No se trata de decir sí o no, de ser progres o regres, si no de afrontar la complejidad de la realidad de las personas mayores y responder a ella salvando la dignidad de todos en la vida y en la muerte. Eso es política. Lo demás politiquería.

Ahora más que nunca: Política solidaria

Moisés Mato