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jueves, 28 de abril de 2022

MULTAR MENDIGOS. LA ORDENANZA DE LA VERGÜENZA

El pasado 15 de febrero el pleno del Ayuntamiento de Alicante aprobó la ordenanza de Convivencia Cívica en sesión extraordinaria y telemática. Esta normativa salió adelante con los votos y el apoyo de PP, Cs y Vox (16 votos) y el rechazo de PSPV, Unidas Podemos-EU y Compromís (13 votos).

Con esta tristemente famosa ordenanza de la vergüenza, el gobierno local afirma que pretende terminar con las mafias, la prostitución y la mendicidad en las calles de la ciudad. Mientras que la oposición y varios colectivos sociales afirmamos que es un ataque hacia estos colectivos vulnerables.

Las medidas que se aprueban en esta ordenanza y que han generado más polémica suponen sancionar actitudes supuestamente incívicas como dormir, orinar o lavarse en la calle y buscar en contenedores. Tal vez esas medidas punitivas serían justificables si las personas infractoras tuvieran alternativas y pese a ello, no hicieran uso de las mismas. El problema se da cuando esas personas no tienen alternativas. Y eso implica, por tanto, criminalizar estas conductas. Implica en esencia sancionar la pobreza, establecer multas (de hasta 3.000€) que no se cobrarán pero que pueden suponer un lastre vital a muchas personas a la hora de tratar de salir de la marginalidad. Pero es que además se les genera una situación de indefensión ante un procedimiento sancionador, porque quien no tiene domicilio ni informes económicos, difícilmente puede defenderse en un procedimiento de estas características ni, en su caso, acudir a abogados y procuradores de oficio por carecer de la documentación necesaria para acceder al beneficio de justicia gratuita.

La ordenanza que ha servido de base propuesta por la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias), cuyas infracciones copia la de Alicante, establece en estos casos alternativas desde acción social: informe social y traslado a centros médicos o de acogimiento, seguimiento por los servicios sociales y conmutación de la sanción. También incluso "toques de atención" previos a sancionar. En la ordenanza de Alicante todo esto desaparece y por eso ha generado un rechazo muy mayoritario en el tejido social. Por poner algunos ejemplos: Cáritas, Médicos del mundo, la mesa Alicante trata cero, las entidades que se coordinan en REAPSHA (Red de Entidades para la Atención a Personas Sin hogar de la ciudad de Alicante), la plataforma contra la pobreza de la ciudad, los sindicatos. De nada han servido las críticas ni las alegaciones presentadas.

De este modo es como se ha aprobado una medida que penaliza la pobreza. La penalización de la pobreza es el castigo social al hecho de ser pobre. Este castigo se evidencia de forma llamativa en cómo el sistema se comporta de forma excluyente y discriminatoria con todas las personas que se desvían de la normalidad, y en especial con quienes se sitúan fuera del sistema de producción y consumo. Las formas de encarar y gestionar la miseria y la exclusión social se están transformando y en la actualidad, las políticas se decantan más por un tratamiento penal de la miseria y el aumento de la estigmatización que por la búsqueda de soluciones asistenciales o de bienestar. Las nuevas formas de control, ejercen una vigilancia diferenciada sobre quien es diferente y sobre todo, sobre quien se encuentra fuera del mundo del consumo; al tiempo que las desigualdades siguen aumentando. Esto se traduce de facto, en un tratamiento punitivo de las personas en situación de exclusión.

El Gobierno municipal de Alicante conoce perfectamente a qué personas van dirigidas algunas de las conductas típicas que redacta en su ordenanza, especialmente en lo referente a conductas como dormir, orinar o asearse en la vía pública: las personas en situación de exclusión social y sin alternativa habitacional o asistencial.

El control policial y la sanción sobre las prácticas sexuales únicamente en espacios públicos (en la calle) sólo persigue la finalidad de que esta no sea visible. Realmente no se persigue la explotación sexual sino eliminar la visibilidad de la prostitución de la vía pública sin importar la situación de las mujeres y sus necesidades.

La Ordenanza va a obligar a la clandestinidad de la prostitución, a situaciones y lugares más escondidos y más vulnerables para las mujeres. O se traslada a clubes y pisos donde terceras personas adquieren parte de sus ganancias, da lugar a más proxenetismo y/o situaciones de explotación sexual y de trata de personas o se traslada a polígonos o áreas más apartadas donde hay menos seguridad para las mujeres y van a ser más susceptibles de ser víctimas violencia de género, abusos y conductas delictivas. Además, conlleva imposibilidad y mayor dificultad de las entidades sociales para llegar a donde están las mujeres, impidiendo que se pueda velar por su bienestar y que puedan ser informadas de los derechos y recursos a los que pueden tener acceso.

Básicamente esta norma somete a las personas más perjudicadas por el sistema a una más difícil situación, en la que poder sobrevivir, aun en el espacio público, les está prohibido y les es injustamente sancionado. Esta Ordenanza de la Vergüenza no busca la inclusión social ni resolver los problemas de las personas alicantinas más desfavorecidas.

Lo que está en juego con esta norma es que Alicante no se deshumanice. Que no deje de dolernos y comprometernos la elocuencia del sufrimiento de estas personas con unas vidas suficientemente maltrechas. No tiene sentido multarles "para acabar con las mafias", como afirman los representantes políticos que la pretenden justificar.

Humanizar la política pasa por humanizar las decisiones que se toman y que afectan a las personas que más necesidades tienen. Pobres, excluidos y excluidas y ahora multados. Legislar contra los pobres y no contra la pobreza es señal de haber perdido el norte en política.

Ahora más que nunca: Fraternidad

Manolo Copé

martes, 2 de noviembre de 2021

El contexto




yo solo les quería contar


lo que están haciendo con hombres mujeres niños

encuadrados en un marco perfecto de exterminación

de la frontera comunitaria humanitaria o qué sé yo (1)


quería mandarles un texto sobre la miseria de un gobierno al que

no le interesa más que la seguridad de una nación comprimida en sus seis letras (2)

sin pensar en el resto del alfabeto


solo quería exponérselo desde un punto de vista de quien de alquien que ha vivido 

sus propios exilios y líos


en fin


decir lo mal que lo hacemos muchos y contar el valor de tantas y tantos

humanos

profundos

abruptos


señores, solo quería molestarles un poquito en un idioma que no me pertenece

pero que me duele bastante menos que el otro


gracias zuzana suzanna na na na

pero tu artículo no encaja 

en nuestra caja ja ja

tu texto en nuestro contexto

no, lo 

queremos algo más congruento contento


pero yo

solo quería aplicarles unos grumitos 

untarles este pan modesto

de un país tan lejano o no no no

salpicarles un poquito de miedo miseria y ejército 

en un idioma que no me pertenece 

y que sigo sin encajar

ajar en un contexto herido de voces perdidas de

esos que deambulan bailan por los bosques a ritmo de escuadras balas perros

disparos de unos kalashnikov apretados por manos blancas bielorrusas

ahora sí, sois nuestros soldados ala a bailar (3)


la danza de la suerte



perros

cadáveres

lágrimas




yo

solo




© Zuzanna Gawron



______

(1) ver nota nr 3


(2) en referencia al nombre polaco de Polonia: “Polska” y al ejecutivo del partido PiS, siglas de Prawo i Sprawiedliwość, Ley y Justicia


(3) el poema se refiere a la situación en la que se han encontrado cientos, si no miles de migrantes (se desconoce el número exacto) de procedencia afgana, siria, kurda, cubana, entre muchas otras, en la frontera polaco-bielorrusa. El régimen autoritario de Lukashenka, apoyado por Rusia,  ha puesto en marcha una táctica de guerra híbrida con la que intenta “atacar” Polonia (por sus muestras de solidaridad con el pueblo bielorruso) y, por ende, la UE. Por ello el gobierno bielorruso permite desde hace varios meses un flujo extraordinario de migrantes hacia Ucrania, para luego dejarlos en manos de traficantes/coyotes que los llevan cerca de la frontera con Polonia. Ahí los/las migrantes tratan de acercarse a los puntos de paso fronterizo. Los que lo logran piden de inmediato protección internacional pero por lo general se les niega presentar cualquier documento


La mayoría de los migrantes es, sin embargo, disuadida por los soldados bielorrusos que no les dejan retroceder para ir a otro sitio. La única opción es cruzar la frontera de manera ilegal. Los migrantes a menudo son aterrorizados por los soldados bielorrusos con disparos y perros. Los migrantes cruzan terrenos húmedos, apantanados y ríos que demarcan la frontera. Si lo consiguen, les esperan la policía y ejército polaco, que los devuelve de manera ilegal al lado bielorruso. En muchos casos también les golpean, quitan los teléfonos o se los destrozan, les roban las tarjetas SIM. Muchas veces los intentos de cruzar la frontera y las devueltas en caliente se suceden incluso varias veces al día, dejando a los migrantes sin comida ni agua. Sin techo, deshidratados, mojados, con hipotermia. 


El gobierno polaco liderado por el partido de ultraderecha PiS (ver nota 2) ha impuesto a principios de septiembre del 2021 la ley marcial en los terrenos fronterizos polacos. Vigilada día y noche por nueve mil soldados polacos, en esta zona se le tiene prohibido el paso a ONGs, ayuda humanitaria y periodistas. De momento se sabe de una decena de personas que no han conseguido pasar con vida a la Unión Europea – consecuencia de la política de ambos países.


Si no fuera por la ayuda de los ciudadanos de los terrenos fronterizos, grupos de médicos voluntarios, ciudadanos y persona de a pie que dejan sus tareas y se dedican a ayudar como pueden a estas personas en la situación en la que se han visto envueltas, tal vez se hubieran producido muchas más tragedias. Son cientos y miles de ciudadanos polacos, sobre todo mujeres, las y los que han hecho manifestaciones, acciones no violentas, y que no dejan de trabajar día y noche para reparar el daño que se está causando a las víctimas de una política cruel y sanguinaria en la que, otra vez, los que la pagan y más la sufren son las personas más vulnerables. 


jueves, 26 de noviembre de 2020

Una película que emociona: "El blues de Beale Street", porque el amor lo vence todo.

Esta película se estrenó en nuestros cines meses atrás del comienzo del confinamiento y ahora se puede ver en la plataforma Netflix. Es verdaderamente una preciosa joya del cine dónde el arte, el más puro romanticismo y la denuncia social se juntan.

Está basada en la novela de James Baldwin, un escritor de color y activista, y cuenta la historia de dos jóvenes negros neoyorquinos Fonny y Tish que intentan abrirse paso en una sociedad racista y competitiva. Se sitúa en los años 70 (que hermosa reconstrucción del Harlem de esa época). Ella queda embarazada justo cuando él acaba en la cárcel acusado de una violación que no ha cometido. La nueva madre tendrá que pasar todo su embarazo gracias al apoyo de su familia, mientras buscan desesperadamente testigos y pruebas para liberar a su prometido injustamente encarcelado.

Además de ser una película llena de un romanticismo nada cursi pues está entretejido con los hilos de la vida cotidiana, es también un manifiesto contra el apartheid, la discriminación, la desigualdad y la lucha de clases. Aun cuando el tema racial lo hemos visto tantas veces en el cine norteamericano, la película de Jenkins sabe arrancar con intensidad en el espectador la repulsa hacia unas situaciones que sufren los negros por causa de su color, pero también por la marginación y pobreza en la que viven. La historia que nos cuenta el filme nos pone por delante cómo el auténtico amor de una pareja se convierte en una verdadera resistencia a la presión social que padece la sociedad negra. En el filme se juntan problemas como es la acusación falsa de un inocente, la crisis familiar por causa del embarazo adolescente, la reacción hostil basada en una religiosidad integrista. Sin embargo, todas estas fuertes tensiones quedan muchas veces superadas por la actitud del intenso amor de la pareja protagonista.

El blues de Beales Street es una película conmovedora y de denuncia que despierta abiertamente nuestras emociones y hace que a la vez sintamos y percibamos una situación de injusticia qué nos hace reaccionar en medio de la rabia, el estupor y el desagrado. En la película, el amor se nos muestra como a tres niveles: el de una pareja, el amor en la familia y el amor de la solidaridad colectiva. Ante la situación lastimosa de los amantes no se busca la lágrima fácil ni poner paños calientes, ni tampoco cargar las tintas negras sobre los causantes de esta situación.

Es un gran homenaje a la bondad del corazón que a la par invita a la reflexión.

El blues de Beale Street (EEUU, 2019) de Barry Jenkins. 

AHORA MÁS QUE NUNCA: FRATERNIDAD

José Luis Barrera

Margarita Mediavilla: NO NORMAL