Ariel Petruccelli
Pensamos que la vacunación es recomendable en la población con alto riesgo de cuadros graves pero en otro tipo de poblaciones con menor riesg, el balance costo beneficio es más que dudoso ya que son vacunas que están lejos de ser inocuas. La idea de que es posible erradicar el virus con las vacunas actuales no está justificada. Probablemente en un período no muy lejano contaremos con vacunas más seguras y efectivas. En todo caso no estamos ante una campaña de vacunación basada en una decisión libre e informada e incluso la coacción y la intimidación se utiliza contra la más elemental ética sanitaria.
A pesar de que sigue adelante la campaña de vacunación masiva puede apreciarse un descenso del entusiasmo que mostraban nuestros gobernantes y su corte de expertos, cuando hablaban del avance imparable del número de vacunados y, por lo tanto, de la proximidad de la inmunidad de rebaño. En España la cifraban en el 70% de la población vacunada. En torno a dicha inmunidad de rebaño ha existido un malentendido, como si se tratara de un umbral de todo o nada. En realidad, la inmunidad es gradual y es muy improbable que sea completa. Si se equipara inmunidad colectiva a la erradicación del virus, probablemente sea inalcanzable. Y las promesas de su pronta consecución solo pueden entenderse en boca de personajes habituados a realizar promesas electorales que nunca cumplen. La expectativa de que la vacuna iba a ser la “solución” a la pandemia ha sido siempre temeraria e imprudente.
Pensamos que la vacunación es recomendable en la población con alto riesgo de cuadros graves pero en otro tipo de poblaciones con menor riesg, el balance costo beneficio es más que dudoso ya que son vacunas que están lejos de ser inocuas. La idea de que es posible erradicar el virus con las vacunas actuales no está justificada. Probablemente en un período no muy lejano contaremos con vacunas más seguras y efectivas. En todo caso no estamos ante una campaña de vacunación basada en una decisión libre e informada e incluso la coacción y la intimidación se utiliza contra la más elemental ética sanitaria.
A pesar de que sigue adelante la campaña de vacunación masiva puede apreciarse un descenso del entusiasmo que mostraban nuestros gobernantes y su corte de expertos, cuando hablaban del avance imparable del número de vacunados y, por lo tanto, de la proximidad de la inmunidad de rebaño. En España la cifraban en el 70% de la población vacunada. En torno a dicha inmunidad de rebaño ha existido un malentendido, como si se tratara de un umbral de todo o nada. En realidad, la inmunidad es gradual y es muy improbable que sea completa. Si se equipara inmunidad colectiva a la erradicación del virus, probablemente sea inalcanzable. Y las promesas de su pronta consecución solo pueden entenderse en boca de personajes habituados a realizar promesas electorales que nunca cumplen. La expectativa de que la vacuna iba a ser la “solución” a la pandemia ha sido siempre temeraria e imprudente.
