sábado, 6 de febrero de 2021

Humanidad de un director crítico. Centenario de Luis García Berlanga

"Plácido", una obra maestra
Luis García Berlanga nació en Valencia, en 1921, Su padre llegó a ser gobernador civil de Valencia en tiempo de la República. Su abuelo era un rico terrateniente de Camporrobles, Utiel. Después de la Guerra Civil, Berlanga estuvo un tiempo en la División Azul, junto al actor Luis Ciges y el poeta Dionisio Ridruejo.

Fue la entrañable “Bienvenido Mister Marshall“ en 1952, cuando el nombre de Berlanga se hizo popular en toda España. En los inicios de su obra cinematográfica se resaltaban con alegría y ternura los problemas de España de la posguerra y el subdesarrollo, aunque el sarcasmo posterior aún no había aparecido. 

La primera fase de su obra está influida fuertemente por el movimiento italiano del neorrealismo (algunas de sus películas recuerdan enormemente las primeras de De Sica o de Federico Fellini). En una segunda fase, el análisis de los años más oscuros de la dictadura de Franco y del Nacional Catolicismo son objeto de su atención, dirigiendo tal vez las mejores películas de su filmografía: “Plácido “ (1961), “El verdugo” (1963) o “¡Vivan los novios!” (1969). La tercera fase, quizá más esperpéntico, más ácida, más amarga, corresponden a los filmes que hizo en el tiempo de la Transición: “la escopeta nacional” (1978), la trilogía de “Patrimonio nacional” (1978), y por último, la ácida y desgarradora “París-Tombuctú”.

He aquí la maestría de un artista como fue Luis García Berlanga: su sentido del humor tan vitriólico, su espíritu humanista, su descarado erotismo, su comicidad a veces zafia, su preocupación política y social convierten sus obras cinematográficas en un motivo de risa (alguien ha dicho que Berlanga se reía por no llorar), una mirada muy humana sobre el español, una honda preocupación por el estado de su país España. Podríamos afirmar que es el amor y el dolor que sentía por España lo que vemos representado en la pantalla: corrupción, hipocresía, mentira, tráfico de influencias, enchufes y halagos, es lo que ocurría (¿ocurre todavía?) en las distintas Españas que él conoció. Salvo al principio, donde aún aparecía el optimismo, la amargura de la desesperanza, fue haciéndose cada vez más fuerte en sus películas, tal vez también por la influencia de su gran guionista Rafael Azcona, que colaboró con él durante muchos filmes.

Naturalmente a Luis García Berlanga le preocupaba también -y mucho- la religión, y en concreto, la religión en España. En sus películas hay muchos apuntes de corte anticlerical bastante razonables: los curas de “misa y olla”, la hipocresía religiosa. Afrontó directamente, y bajo la mirada atentamente vigilante de la censura oficial, la manipulación religiosa de la gente sencilla (un tema también muy querido por Federico Fellini) en la película “Los jueves, milagro“ que fue masacrada por los censores y cuyo resultado final no nos es dado ni imaginar. Ahí pone en solfa la cuestión de las apariciones de la Virgen que en la época en que se hizo en España estaban casi de moda. Los intereses económicos, la hipocresía, la manipulación de la gente sencilla que nos muestran ciertamente mezclados con su sentido del humor. 

Pero será en “Plácido”, (“¡Siente un pobre en su mesa!”) quizá su mejor película y que optó por el Oscar, donde abiertamente Berlanga ataca la institución de la caridad establecida y los sentimientos hipócritas religiosos que muchas veces surgen alrededor de las obras de caridad. Religión, dinero, moral burguesa, mala conciencia, caridad devaluada, hipocresía… Son los ingredientes puestos en un filtro muy crítico de esta gran película. Yo creo que esta película es obligatoria de ser vista por todos los miembros que quieren pertenecer a los grupos de Cáritas de nuestras parroquias. Sería un buen antídoto contra la falsa caridad.

AHORA MÁS QUE NUNCA: HUMANIDAD

José Luis Barrera

martes, 2 de febrero de 2021

Desfeudalizar el Estado autonómico

Juan Claudio de Ramón Jacob (Madrid, 1982) es escritor. Se licenció en Derecho y en Filosofía. Le interesan la historia de las ideas políticas y el futuro de España y de Europa. Colabora en medios como El Mundo, El País, The Objective, Letras Libres, Revista de Libros, Jot Down, Claves de Razón Práctica, Nueva Revista y El Ciervo. En 2018 publicó Canadiana: viaje al país de las segundas oportunidades (Debate) y Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña (Deusto). Participó en la obra colectiva Anatomía del procés: claves de la mayor crisis de la democracia española (Debate). Con Aurora Nacarino-Brabo coordinó La España de Abel: 40 jóvenes españoles contra el cainismo en el 40.º aniversario de la Constitución española (Deusto). Su artículo “El final del paradigma Ortega-Cambó” mereció el VIII Premio Antonio Fontán de Periodismo Político.

Se llama Central Remota para las Operaciones de Socorro Sanitario (CROSS en su sigla) y tiene una tarea fundamental: cuando una región agota las camas disponibles en sus hospitales, el sistema se activa buscando soluciones para el traslado de los pacientes a estructuras hospitalarias de regiones limítrofes. ¿España? Va a ser que no: Italia. Un país que, al igual que el nuestro, tiene su sanidad descentralizada por mandato constitucional igual que el nuestro. En lo peor de la pandemia, durante los 67 días transcurridos desde el 9 de marzo hasta el 20 de mayo, fueron 116 los italianos pacientes de COVID-19 u otras enfermedades que, mediante ambulancia, helicóptero o avión, fueron transferidos de su lugar de residencia a una región que podía darles cuidado. También en Francia, al saturarse las capacidades sanitarias de París, se medicalizaron trenes de alta velocidad para trasladar pacientes a regiones menos golpeadas por el virus.

Nada de esto ocurrió en España. El Ministerio de Sanidad español llegó a anunciar que contemplaba la movilidad intercomunitaria de pacientes y el Ministerio de Fomento dijo haber medicalizado vagones de tren que, sin embargo, nunca fueron usados. La falta de protocolos claros y conocidos dejó los casos de traslados entre comunidades en anecdóticos. En Murcia se recibieron dos pacientes de Albacete. El préstamo de equipamientos sanitarios tampoco fue un recurso optimizado. El presidente gallego Núñez Feijoo tuvo que defender en el parlamento de Galicia la decisión de enviar respiradores a Madrid en el pico de la crisis. Le reñía Antón Sánchez, el portavoz del Grupo Común da Esquerda: la izquierda.


“Uno puede seguir pensando que la mejor planta organizativa para el Estado, la que más se ajusta a la constitución histórica del país, es la federal o autonómica, y al mismo tiempo creer que, de no proceder a una rápida desfeudalización del estado autonómico realmente existente, la corriente subterránea (y cada vez más terránea) de malestar entre los españoles, avisada de unas disfunciones descubiertas por la pandemia, y molesta por las coacciones identitarias en que incurren ciertas autonomías, terminará por desembocar en un neocentralismo sin miramientos”

Evitemos la demagogia. Trasladar un paciente a larga distancia no es fácil y a menudo ni siquiera es aconsejable. Pero si hay un país donde hubiera ayudado la existencia de protocolos que lo facilitaran ese es España. Pero España, como quien dijo, is different. En 2018, el Congreso tumbó, con los votos en contra de PSOE, Podemos y los grupos nacionalistas, la propuesta de Ciudadanos de crear una tarjeta sanitaria única y un historial clínico digital accesible desde cualquier punto del país. No es que la propuesta se juzgase centralista, que también: es que se juzgó “retrógrada”: “Qué poco entiende usted el Estado autonómico”, reprochó la representante socialista a Francisco Igea, a la sazón portavoz de Ciudadanos en materia sanitaria. Cierto: los sistemas pueden ser “interoperables”, pero mejor que eso, para facilitar la vida al usuario, es que sean comunes. Pero “común” es, ay, la palabra tabú en España, que enciende todas las sirenas, eriza todos los cabellos, borra todas las sonrisas y amotina, ay, a todas las izquierdas (o al menos, a los partidos que se presentan bajo esa advocación espacial). No, si es común no se puede. Trabajoso y problemoso ha sido ya que el app de rastreo de contagios del Covid-19 fuese común, aunque, a la vista está, dada su deficiente implantación, que decir “interoperabilidad” no equivale a conseguirla. (Con esta nota esquizofrénica añadida: los partidos que rehúsan como gato panza arriba los procesos de armonización y comunitarización en el marco español, los promueven y celebran en el ámbito europeo como signo de progreso; como si el rancho aparte que pide Puigdemont fuera bueno y malo el que pide Orban). Pero cosamos todavía un botón más en esta muestra: ante el debate en torno a si hay profesionales de la medicina en número bastante en España para capear la crisis sanitaria, me entero, leyendo a Rafael Matesanz (ABC, 27 de septiembre) que no existe en España un registro estatal de médicos, “algo tan elemental que nos permitiera saber en cada momento las disponibilidades, prever jubilaciones y planificar las necesidades con antelación, ha sido reiteradamente solicitado por las organizaciones profesionales, prometido por distintos ministros y nunca llevado a cabo”. La autoridad de Matesanz proviene, dicho sea de paso, del prestigio que le otorga haber llevado a la excelencia mundial una de las pocas cosas que los españoles aún tenemos en común, la Organización Nacional de Trasplantes. Por ahora los órganos vitales de los ciudadanos españoles no sufren tacha de “invadir competencias”. Se ve que el centralismo no es obstáculo para que te donen un riñón.

miércoles, 27 de enero de 2021

Una cruz sobre la puerta del templo

Un amigo me comentó que un grupo político de su ayuntamiento organiza rutas para visitar “Cruceiros” (las Cruces de Piedra de Galicia) de la zona y me hacía a continuación esta observación: “¿Que le contarán a la gente sobre los Cruceiros?” Yo le contesté que eso tenía poca importancia porque una cruz tiene un claro significado y cuantas más mentiras cuenten y más manipulaciones hagan, pues, más desprestigio tendrán en el futuro.

Se pueden contar muchas historias, medias verdades e incluso falsedades, pero las personas estamos llamadas a conocer la verdad y si descubrimos que alguien nos manipula o nos engaña, nos parecerá mal, ¿y tú como responderías?

En la revista Cairón nº 4 (Boletín do Instituto de Estudos Ulloáns) se hace una presentación de la cruz que está en el tímpano sobre la puerta románica de acceso en la Iglesia de S. Martín de Amarante del Ayuntamiento de Antas de Ulla. En el escrito se pueden leer los párrafos siguientes: “En el tímpano podemos observar un elemento escultórico universal, quizás el más atrayente para los cristianos, por su significado simbólico universal como es la cruz griega, con sus cuatro aspas iguales... La cruz de cuatro brazos iguales, la griega, tiene un carácter universal, que la encontramos en todas las culturas del universo, mucho antes de que el cristianismo la adoptase como referencia para personalizar en ella la muerte de Cristo” ...”En todo eso, la cruz no deja de ser un símbolo totalizador en sus ramificaciones y variantes en diversas áreas culturales, místicas y religiosas. Mas aquí estamos hablando de la cruz mística que los primeros cristianos adoptaron como símbolo en sus primeros inicios”. Cuando habla de la presencia de cruces en las culturas menciona las mesopotámicas, egipcias, griegas, celtas, aztecas y africanas.

Lo que sorprende es que no se haga referencia a la civilización que dejó más huellas en nuestra historia, la romana, y no se pregunta si la cruz forma parte de la práctica de los romanos y, si es así, para que la usaban. Sí, es cierto que los romanos empleaban la cruz y lo hacían como instrumento de suplicio y pena de muerte para ciertos delitos. Pero conviene no olvidar que esta pena era para los que no tenían la condición de ciudadanos romanos.

La cruz no es un símbolo que adoptaron los primeros cristianos, sino que es una realidad ineludible en su origen. Esta cruz está en un templo porque en él se reúne la asamblea (ekklesia) de los seguidores de un tal Jesús de Nazaret, que era un israelita de la tribu de Judá. Lo que nos manifiesta es que la pena de muerte se la aplicó el poder romano a través de uno de sus gobernadores y no el poder judío. Si la pena de muerte se la aplicase el poder judío sería apedreado (lapidación).

Ante este hecho surgen muchas preguntas como algunas de las que se formulan a continuación: ¿Qué hizo ese Jesús? ¿Qué dijo ante sus oyentes? ¿Por quién se tenía? ¿Tuvo un grupo de seguidores, cómo eran y cómo actuaron? ¿Quién lo acusó, de qué y por qué? ¿Cómo se desarrolló el proceso? ¿Quién, cuándo, y por qué firmó su pena de muerte? ¿Cómo actuaron en el proceso sus amigos? ¿Qué hicieron a continuación y unos días más tarde? ¿Qué sucedió en el intermedio? ¿Cómo es que aparecieron y siguen existiendo hoy seguidores suyos no pertenecientes al pueblo judío, terminando como terminó? ¿Qué huellas de Él se ven en la historia? ¿Cómo su presencia transformó la historia y a incontables personas? ¿Qué es eso de “a. C.” y “d. C.”? ¿Qué dicen y que hacen sus seguidores? ¿Es posible tener hoy un diálogo-encuentro con ese Jesús? ¿Cómo es posible que en la España actual haya alrededor de 13.000 españoles que por causa de Él se vayan a la selva, a barriadas pobres de grandes ciudades, a países en guerra... para dar testimonio de Él y servir a las personas que los poderes de este mundo descartan por improductivas, débiles, enfermas...?

Está bien que nos ayuden a ver las influencias históricas y culturales a la hora de descubrir cómo se elaboran las representaciones históricas de la cruz, ya que, por ejemplo, podemos percibir una experiencia espiritual con matices diversos en la cruz y Cristo de Velázquez y en el de Dalí. Pero claro, siempre y cuando no nos oculten lo fundamental de por qué está la cruz presente entre los cristianos, quién murió en ella, y que luego resucitó según nos muestran las huellas de ese hecho que en la historia se ven desde entonces.

Ahora más que nunca: verdad

Antón Negro


martes, 26 de enero de 2021

Prometeo

 «Prometeo fue atado a una roca y su hígado era devorado por un águila» (Dión de Prusa). 

Hasta ahí todo bien, el titán estaba sujeto por cadenas a una roca para así ser escarmiento de todo aquel que se rebelaba contra los dioses. 

El águila que le devoraba el hígado debería ser nuestra conciencia. 

Según tengo entendido hay un precioso cuento, relatado por Carlos Díaz, en el cual el águila, para duplicar su vida, se retira a su morada para cambiar el plumaje y arrancarse las garras con el pico. De este modo le vuelven a crecer y se hacen fuertes para poder seguir consiguiendo alimento para subsistir. 


¿Quiénes son nuestros dioses? Todos tenemos nuestros diosecillos, camuflados muchas veces camaleónicamente entre engañosas buenas intenciones, por algo somos humanos.

Distinguir a nuestros dioses no es tarea tan fácil. Algunos, los más avezados, podrán replicar que, si a los cincuenta no sabes quiénes son tus dioses, mal vamos. Y no. No voy tan mal. Esos avezados deberían saber que, al igual que Prometeo es un mito, es un mito también el estar de vuelta de todo y, cuando una persona se encuentra tan ufanamente situada, es el momento del ‘águila’.

Yo confieso que cada vez que mi conciencia me trae a la mente un episodio escondido, de esos que barremos debajo de la alfombra, me siento miserable, un dios escondido que se rebela. Si soy capaz de profundizar un poco en mis actos, descubro dioses que no sabía que habitasen en mí. Me escandalizo de mí mismo, mi poquedad me avergüenza: verme tan endiosado y buscar ofuscadamente justificarme.

Recurro a Gregorio Luri para proseguir: «La búsqueda de comodidades viene acompañada de un desmedido afán de vanagloria y orgullo, el hígado se nos aumenta cuando somos alabados y se nos encoge cuando nos censuran». «Cuando Heracles rompió las cadenas de Prometeo y mató el águila, en realidad estaba liberando al titán de su vanidad y de su ambición desordenada».

Me descubro una y otra vez observando mi ombligo, fuente de alimento cuando fue preciso. Mas cada ser humano tiene su propio ombligo, y si únicamente miramos lo propio de uno, estaremos predispuestos a golpearnos unos a otros de continuo, pues no levantamos la cabeza. El ombligo es una señal inequívoca de que hemos necesitado de otra persona para ser alimentados y estar en este mundo; mas, una vez que se ha cortado, ya no tiene utilidad, es una cicatriz que nos recuerda un tiempo pasado. Ahora nos autoalimentamos, somos independientes en ese aspecto, y a la vez dependientes.

Dependemos en primer término del aire para seguir viviendo, mas no podemos considerarnos autosuficientes. Nunca lo seremos. El alimento que recibimos procede del trabajo de otros. De alguna manera siempre estaremos encadenados a esta roca, mundo, sutilmente engañándonos, pensando que somos autosuficientes e independientes, o, por el contrario, agarrándonos a ella para sentir que realmente estamos inmersos y sujetos a un elemento sólido y auténtico.

Nos dice Manuel Villegas Besora en El error de Prometeo: «… (fue) olvidar o no tener en cuenta que el ser humano no se regula de forma espontánea o natural, sino que precisa de un orden social interiorizado a través de la conciencia moral». Se nos ha regalado la vida fisiológica, mas «la dimensión moral no es una dotación originaria del ser humano, sino que debe ser añadida a su naturaleza primigenia».

Quisiera hacer notar nuestra dependencia a todos los niveles: fisiológicos, anímicos, espirituales, que se transforman en eslabones de la cadena que forma la humanidad. El ser humano postrado en una cama está ayudando a que otro ser humano salga de sí mismo para llegar a él, olvidando su ombligo y fijándose en el del postrado.

Podemos considerar dos tipos de cadenas. Las cadenas que nos hacen mejores personas y las que nos inutilizan como tales. Los dioses, de los que he comentado algo, no dejan de ser malas cadenas.

Ahora más que nunca: Solidaridad 

Israel Durán 

domingo, 24 de enero de 2021

Las claves del creciente malestar social por la pandemia

Estamos encarando una crisis nacional de salud mental que puede acarrear graves consecuencias en el ámbito social y sanitario en los próximos años”. Lo subraya la Asociación Americana de Psicología (APA) en su nuevo informe Estrés en América. Una reflexión extensible a todo el mundo y que dibuja el impacto psicológico en la sociedad tras once meses de pandemia. “La población está pasando de la fatiga, al desánimo y al enfado”, contextualiza Carme Guillén, coordinadora del Grupo de Psicoanálisis y Sociedad del Col·legi de Psicologia de Catalu-nya (COPC).

Se fragua así un malestar social por una acumulación de síntomas a lo largo de este tiempo. El miedo y la ansiedad hace tiempo que están presentes, pero lo que ahora se observa, señala Guillén, es el aumento del enfado que en algunos casos puede derivar en enfrentamientos. Si se echa la vista atrás, los primeros meses la pandemia se veía como una amenaza enmarcada en un horizonte de temporalidad, pero el fin no ha llegado ni se atisba cercano.

Durante meses hubo muchas pérdidas. Duras pérdidas familiares, también económicas y la renuncia a muchos planes personales. Pero la temporalidad hacía pensar en una salida, indica la psicóloga clínica. Las pérdidas humanas son irreparables, pero quien afrontaba un problema económico podía tirar de ahorro, del paro, o de ayudas. Los planes parecían recuperables en un futuro asequible y la realidad es que la respuesta de la sociedad fue positiva.

Pero ahora las carencias son mucho más complejas. La enfermedad sigue impactando, los ahorros se fueron y no hay planes. La “nueva normalidad” ha sido también una quimera.

Se ha generado una gran incertidumbre, explica Imma Armadans, directora del Máster de Mediación y Conflictos (UB), cada horizonte que se señalaba como un posible fin ha fallado e incluso ahora la sociedad ve como tampoco acaba de funcionar el plan de vacunación establecido.


“Si hay incertidumbre nos falta seguridad. Y después de la alimentación, la seguridad es una necesidad básica para los seres humanos”, señala. Es un problema social grave que sirve para que se construyan muchas teorías conspiranoicas, en un contexto de pérdida de credibilidad de los gobernantes. Una incredulidad generalizada que lleva a la desafección política.

La población se ha dado cuenta de que aún queda mucho camino y que el horizonte esperanzador de la vacuna que se había dibujado para principios de este 2021 vuelve a difuminarse. Lo que predomina es un estrés crónico, que puede generar enfado con el mundo, indica Eduard Vieta, jefe del servicio de Psiquiatría y Psicología del hospital Clínic. El estrés se tolera cuando se sabe lo que hay por delante, cuál va a ser la duración del problema, pero los cambios constantes que se están originando no ayudan.

Un estrés crónico que puede producir cansancio físico, emocional, mental, miedo, desánimo. Y que abre las puertas de la ansiedad. Un cóctel de malestares que se va cociendo y donde todo el mundo sabe que aunque se solvente la situación sanitaria, una gran crisis económica ya está cayendo encima.
La salud mental ha empeorado claramente, explica Vieta, director del Cibersam, no las más graves de raíces genéticas, pero sí la ansiedad y la depresión. Durante el confinamiento duro y en los primeros meses hubo un descenso de la demanda debido al miedo al contagio del virus, “pero sabíamos que había una demanda alta”. Ahora, indica, han aumentado mucho los ingresos con un incremento de las patologías que tienen la covid como estresor.

En este largo periodo pandémico, la sociedad está en un momento de frustración y rabia. Habrá muchas personas que de la superación de esta crisis sacará cosas buenas, se hará más resiliente, señala el doctor. Pero también es verdad que habrá gente para la que no le será nada fácil, y quedarán secuelas.

En este sentido alerta sobre la vinculación entre la pobreza y la salud mental, una advertencia ante la crisis que ya ha llegado a muchos hogares. Por ello, cuando se habla de nuevos confinamientos se debería tener en cuenta su fuerte impacto en la salud mental. Hay que cumplir las normas, pero un confinamiento domiciliario tiene “efectos patógenos”.

La situación por la que atraviese la sociedad no afecta, evidentemente, a todo el mundo por igual. Si se analiza el impacto generacional, se ha de poner la vista en los más jóvenes y los más mayores. El fin de semana pasado decenas de jóvenes atacaban a una patrulla de los Mossos en Pallejà y se abría la reflexión sobre posibles conatos de violencia debido a la pandemia.

Casos aislados, sin duda, pero que también dejan entrever esta frustración social, de falta de certidumbres a presente y a futuro. La adolescencia y la juventud son etapas de rebeldía que ahora topan con unas restricciones fuertes sobre todo para los jóvenes. Los jóvenes, explica Vieta, pueden expresar esta frustración de forma más acentuada porque viven más en el presente, pero potencialmente tienen más capacidad de resiliencia. Es verdad que para ellos las relaciones son muy importantes, pero también tienen más recursos para recuperarse.

Cristina Sen/La Vanguadia

La APA muestra su preocupación por esta generación joven, la que comprende de los 13 a los 23 años. Considera que mientras los adultos tienen más experiencia para entender que esta crisis pasará, los jóvenes de la generación Z están en un momento crucial de su vida, haciendo la transición hacia la edad adulta sin expectativas de futuro.

Sobre los más mayores, indica el doctor Vieta, ha caído lo peor. Sobre todo a las personas que viven en residencias y a las que nadie ha querido escuchar su voz.

Se han volatilizado también los planes personales, los pequeños y los grandes. Estrenar las aulas de la universidad, viajar, casarse, subir un pico, reunirse, ir de cámping....

Y es necesario cambiar la mirada, señala Carme Guillén, porque no se puede culpabilizar a la población, un mensaje constantemente latente. Quienes no cumplen las normas siempre son los mismos, y mientras va cuajando una sensación de injusticia que recorre la población. El malestar no entiende de toques de queda.

viernes, 22 de enero de 2021

Gonzalo Cardona, in memoriam


Estas semanas tenemos la agenda llena de eventos para profundizar en los "trends" de la sostenibilidad del año que estrenamos. También ha salido el muy esperado mapa de #riesgosdel World Economic Forum para el #2021. Hablaremos mucho de enfermedades infecciosas, cambio climático, propósito, OKRs, ODS, green deal, economía circular, ... Y hablaremos muy poco de los que están dando su vida encarnando la ecología integral, que es mucho más que la #sostenibilidad. Para cientos de empobrecidos anónimos el 2020 ha costado muy caro y el 2021 no augura un cambio a mejor. Alguno dirá, "¡Cómo te pones de tremendista!" y quizá no le falte razón. Pero no puedo, ni quiero pasar por alto el asesinato de Gonzalo Cardona. Porque los que dan la vida por los demás, merecen ser considerados algo más que una estadística.

Gonzalo y sus compañeros no necesitaron debates sesudos sobre la importancia de intregar el Propósito en su organización. Tenía y tienen grabado a fuego la urgencia de trabajar por el bien común de todos sus congéneres y del planeta. Creo que Francisco, en #FratelliTutti, habla de Gonzalo y sus compañeros cuando afirma que "los últimos en general «practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado, o al menos tiene muchas ganas de olvidar. Solidaridad es una palabra que no cae bien siempre ... que expresa mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales".

Aquellos que vibramos con la sostenibilidad, el medio ambiente, la naturaleza, la responsabilidad social, deberíamos mirarnos más en mujeres y hombres como Gonzalo Cardona, Berta Cáceres, Angélica Ortiz y menos en Obamas, Von der Leyen y otros tantos de la élite. La solidaridad que practican los empobrecidos no necesita de planes estratégicos, metas, ciclos PDCA, DAFOS, ni matrices de materialidad. Necesita manos llenas de coherencia, de vida entregada por la comunidad, de humor, amor y dinamismo.

No. No vamos a dejar que sus muertes sean una estadística. Hoy quiero hacer un homenaje a personas como Gonzalo Cardona y a organizaciones que entregan su vida dia a día, a veces hasta la última gota, haciendo Historia en defensa de nuestra Madre Tierra y todos los que la habitamos.

AHORA MÁS QUE NUNCA: VERDADERA ECOLOGÍA 

Marta Sanz Buezo (enlace aquí)

jueves, 21 de enero de 2021

¿Por qué se han censurado fotos en la pandemia?

Foto de una protesta laboral en 2017
Efecto “boomerang” suele llamarse a recibir el golpe de un objeto que tu mismo lanzaste dadas sus peculiaridades aerodinámicas. 

Cuando las autoridades políticas decidieron impedir el fotoperiodismo en la sindemia no esperaban pagar tan caro semejante silenciamiento. Decimos silenciamiento porque todos podemos darnos cuenta de que no ha habido fotos dramáticas respecto de la sindemia. Todo eran aplausos en las calles, sirenas festivas y -en los hospitales- pasillos de honor a los recuperados. 

No es extrañó que asociaciones de periodistas hayan protestado (Aquí) y lanzado hasta manifiestos ofreciendo alternativas. Tienen razón: el COVID no puede ser excusa para la censura. Las organizaciones firmantes dicen: Lamentamos que la COVID-19 esté siendo utilizada como una coartada para, en determinados casos, ocultar información.

Los expertos en accidentes de tráfico afirman que entre las medidas más eficaces están esas campañas que algunos criticaban por escabrosas. Pero ver delante de tus ojos a dónde puede llevar el exceso de velocidad es un instrumento de conciencia.

Si hubiera habido fotoperiodismo no sería necesaria tanta represión porque habría más conciencia. Y no digo con esto que se elimine toda coacción. De hecho los expertos en tráfico dicen que también han sido esenciales las penalizaciones “por puntos”. Ninguno de estos elementos es perfecto, ya sabemos, solo queremos insistir en que podían haberse promovido (y no impedido) las acciones fotoperiodísticas.

Hacia el año 2000 el ser humano más informado de la tierra dedicó una serie de mensajes a agradecer y elogiar, una a una, todas las vocaciones profesionales. Algunos dirán que a mi me interesa porque soy forofo del Papa pero no creo exagerar si afirmo también que está muy bien informado y hasta Pedro Sánchez, que no visitó a Trump, quiso visitar al Papa. Las profesiones todas pueden servir al bien común, el fotoperiodismo también, aunque moleste al poder.

Estuve un rato pensando que fotos me parecen imprescindibles en los grandes medios y con la cobertura que le dan a la banca, el deporte y otros grandes temas:
-Madres de niños autistas paseando con un pañuelo azul en el brazo.
-Familias enteras metidas en una habitación.
-Trabajadores hacinados en fábricas de carne a bajísimas temperaturas.
-Temporeros sin condiciones higiénicas.
-Enfermos graves en UCIs.
-Sanitarios sin medios de protección.
-Reunión en la que ¿el PNV? logra que la fábrica de mascarillas en España vaya donde ellos digan.
-Reunión en que se discute si bajar o no el IVA a las mascarillas.
Y tantas otras.

A continuación va el trabajo de ocho fotoperiodistas (de los mejores del país) que se unen y, ante la negativa de cubrir en condiciones para medios, forman su propio Archivo Audiovisual sobre la cobertura de la pandemia. 

Ahora más que nunca: Verdad en política

Eugenio A. Rodríguez


Alice Hamilton (27 feb 1869-22 sep 1970)

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