lunes, 28 de septiembre de 2026

PERSONAS MIGRANTES

El domingo pasado la Iglesia Católica celebró la 112 Jornada Mundial de las Personas Migrantes y Refugiadas. En estas jornadas hubo muchos mensajes, actos, acompañamiento y atención a migrantes, materiales didácticos... pero en la sociedad tenemos la mente endurecida, pues encontramos actitudes xenófobas arraigadas en los países de la UE, incluido el nuestro. Esto exige aumentar el trabajo para que sea real lo que es cierto en la teoría: ¡Somos una única humanidad!

Internet nos dice que los refugiados en el mundo se aproximan a la población española. Los migrantes internacionales (que viven en un país distinto al del nacimiento) son más de 300 millones, pero contando los hijos nacidos en el nuevo país incrementarán esa cantidad que puede ser de alrededor de 450 millones, la población de la UE. Tampoco debemos olvidar los migrantes en el interior del propio país. En Lugo es casi imposible encontrar una persona que no haya tenido o tenga familiares allegados en la emigración. La movilidad humana se constata a lo largo de la historia con hechos de conflicto y mestizaje.

La Declaración Universal de Derechos Humanos (ONU 10/12/1948), que son legislación dentro de España al estar ratificados, establece en el artículo 13,1 el derecho a circular libremente por el Estado y a establecer residencia; en el 13,2 el derecho a emigrar, a salir de cualquier país y a retornar al propio; en el 14 afirma el derecho de asilo en cualquier país, siempre que la salida no fuera por delitos comunes o contra los principios de la ONU. Son derechos en los países que la ratificaron.

El mensaje de León XIV para hoy titulado, “Incluso uno solo de estos pequeños”, llama a prestar especial atención a los menores afectados directamente por la experiencia de la migración. Cita la promesa de Jesús: “El que recibe a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe” (Mc. 9,37). Recuerda que son los más vulnerables, forzados a migrar por guerras, pobreza, violencia; perdieron a padres, hermanos, amigos; sufren violencia sexual, matrimonios forzados... Reconoce que tampoco falta la luz de la solidaridad de personas, familias, instituciones y comunidades.

El Papa afirma que “el clamor de los menores desplazados se eleva hoy hacia Dios, tal y como se escucha en el libro del Éxodo: ‘He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo’ (Ex. 3,7-8). Dios escucha y, para liberar, interpela con fuerza la conciencia y la acción de cada uno de nosotros, tal y como hizo con Moisés. No podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento”. Nos pide practicar la hospitalidad en la Iglesia, no delegar en las instituciones, valorar a los inmigrantes y superar la lógica del asistencialismo.

No olvidemos que el migrante empobrece al país de origen, que invirtió en su crianza y formación, y enriquece al país receptor, especialmente cuando son profesionales especializados. Son períodos largos de crianza, cuidados y formación. Además tengamos claro que:

-Se trata de PERSONAS, no números, con su dignidad, como afirma el Papa: “Cada niño, cada ser humano posee una dignidad infinita. Es imagen y semejanza de Dios, es presencia del Señor”. Afirmación contundente para un cristiano.

-Solo hay una humanidad en el planeta y su futuro en paz solo se construye con la colaboración por la existencia. Esa colaboración para ser real pasa por lo que en la Doctrina Social de la Iglesia se llama Destino Universal de los Bienes, pues hay un solo Dios Padre.

-El planeta es la patria común de la humanidad. No se le pueden poner puertas a las lluvias, océanos, vientos, pájaros... La responsabilidad de su cuidado implica la colaboración de todos. La Iglesia lo expresa con el Bien Común, la Subsidiariedad, la Solidaridad y la Participación.

Es un bien para todos en la humanidad un desarrollo socioeconómico y político en todos los pueblos y lugares. Si hay ese desarrollo armónico, disminuirán los conflictos, y las migraciones serían procesos de encuentro, mestizaje y cooperación. Nada de lo que humaniza nos debe ser ajeno.

Cuantas más personas trabajen en la construcción de una humanidad reconciliada y en paz, mejor les irá a nuestras sociedades. Así que cada uno de nosotros en ese trabajo aportemos con energía y esperanza.

Ahora más que nunca: SOLIDARIDAD

Antón Negro


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