El burnout ya tiene código de la Organización Mundial de la Salud. Se reconoce como fenómeno ocupacional.
Ocupacional. O sea, viene del trabajo. No de tu personalidad, no de tu falta de gratitud, no de que los jóvenes de ahora no aguantan.
Pero fíjate cómo lo tratan. Te mandan a un taller de respiración. Te regalan una app de meditación. Te ponen un mes de bienestar con fruta en la sala de juntas.
Nadie te ofrece lo único que sí lo cura: menos horas, más lana, y un jefe que no te escriba a las 11 de la noche.
Porque arreglarlo de verdad cuesta dinero. Y decirte que medites es gratis.
La salud mental se volvió negocio justo cuando dejó de ser derecho. Terapia de 900 pesos la sesión para gente que gana 400 al día.
¿Cuántos de nosotros no estamos deprimidos sino simplemente hasta la madre, banda?

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