lunes, 30 de agosto de 2021
“La pandemia de la obesidad es peor que la del coronavirus”
Martínez-González ha liderado la red de investigadores del Predimed, el mayor ensayo realizado hasta ahora en Europa sobre los efectos de la dieta mediterránea en la salud. En entrevista con EL PAÍS, el epidemiólogo de la nutrición con más publicaciones científicas de España habla de los miles de muertos que han generado los conflictos de interés entre las farmacéuticas, la agroindustria y la investigación científica; critica la gestión del coronavirus, sobre todo la falta de prevención y los retrasos en la contratación de médicos, denuncia la falta de recursos para la ciencia y recomienda la dieta mediterránea como la mejor manera de enfrentar la pandemia de la obesidad.
Pregunta. Su nuevo libro se llama ¿Qué Comes? Ciencia y conciencia para resistir. ¿Contra quién o contra qué hay que resistir?
Respuesta. Hay que resistir a las presiones de ciertos sectores de la industria alimentaria. Un ciudadano que está bien formado, tiene criterio y lee este libro está capacitado para resistir a esas presiones comerciales. Para eso hace falta guiarse por la investigación seria y libre de conflictos de interés, no por la última celebridad de Internet o por un blog o por una dietista pagada por las multinacionales. Mucha de la información de nutrición que la gente recibe está motivada por intereses económicos, no por intereses de salud pública. El otro significado es que se resiste mucho mejor a una pandemia infecciosa, como el coronavirus, si uno está bien nutrido, con una dieta mediterránea.
P. En el libro denuncia la relación de la industria farmacéutica y agroalimentaria con la investigación científica. ¿Cómo funciona y por qué es tan grave?
R. No se puede demonizar a la industria farmacéutica en bloque, pero ha habido millones de muertes en el mundo debido a los conflictos de interés de médicos con estas multinacionales porque han tergiversado u ocultado resultados de estudios que no les convenían. Además de las muertes, hay millones de personas enfermas que han sido maltratadas; no han recibido la medicación basada en la mejor evidencia científica, sino en la que podía producir mayor beneficio económico.
P. ¿Pasa algo similar con la industria agroalimentaria?
R. Si, el problema es que esto nos afecta a todos, no solo a los que están enfermos. Todos tenemos que comer, tres veces al día, todos los días. Los patrones alimentarios insanos también matan a muchos millones de personas. Solo la obesidad causa la muerte de cuatro millones de personas cada año. Entonces aquí los conflictos de interés son mucho más graves, solo que no están tan comprobados ni tan documentados como en la industria farmacéutica.
P. ¿Qué alternativa propone para superar estos conflictos de interés?
R. No me vale la excusa de los investigadores que dicen que como los fondos públicos son difíciles de conseguir, entonces reciben dinero de las empresas que tienen interés en que se venda su producto. Los científicos no podemos ser los lacayos del poder de las multinacionales. Eso no es una excusa válida. Los fondos públicos están ahí y si uno los trabaja bien y forma un equipo potente consigue dinero nacional y extranjero.
P. Pero muchos científicos dicen que los fondos públicos no alcanzan...
R. Por su puesto que el Gobierno español tiene parte de la culpa. Es lamentable lo poco que se destina a investigación científica en nuestro país. Resolveríamos muchos problemas del sistema de salud si la investigación biomédica fuese mejor financiada y estuviese mejor enfocada hacia la práctica clínica y preventiva. Ahora hemos visto las consecuencias de la poca inversión. Estamos en los peores puestos del mundo en gestión de la pandemia. Tenía que haberse invertido muchísimo más en investigación, epidemiología y salud pública.
P. ¿Cómo ve la sanidad pública en España?
R. En la ley dice que lo prioritario tiene que ser la atención primaria orientada a la prevención de la salud, pero esa asignatura todavía está pendiente. Tenemos un buen sistema de cuidados agudos, si alguien tiene una enfermedad grave y requiere tecnología sofisticada y carísima, la va a encontrar gratuitamente y con cobertura universal. Eso no es suficiente. La atención primaria está muy quedada. Hay pocos médicos de familia, están superados, agobiados, no dan abasto, tienen 10 minutos o menos por paciente. No se entiende por qué este año los médicos que hicieron el MIR y tenían que incorporarse a los hospitales en mayo, no se han incorporado sino hasta final de septiembre. Esto es escandaloso. Son 5.000 médicos que han estado en paro cuatro meses, mientras los hospitales los necesitaban.
P. Volvamos al libro, usted dice que unos hábitos alimenticios sanos ayudan a prevenir y enfrentar mejor enfermedades como el coronavirus ¿Por qué?
R. Antes de que llegara el coronavirus, teníamos la mejor evidencia posible de la prevención de enfermedades virales y sus consecuencias con vitamina D. La vitamina D no actúa en solitario, tiene que estar acompañada de otros nutrientes, vitaminas y minerales. Está muy claro que cuando un patrón alimentario es de alta calidad se reduce el riesgo de adquirir infecciones virales. Ahora mismo es fundamental conservar y mantener una dieta sana y equilibrada para enfrentar la pandemia del coronavirus.
P. En el libro usted propone que la dieta mediterránea es la más saludable, ¿de qué alimentos se compone?
R. Sabemos mucho de lo que hay que consumir más: más verdura, más fruta, más legumbres, más pescado, más aceite de oliva, más frutos secos. Pero no se suele decir lo que hay que consumir menos: menos carnes rojas, menos dulces, menos bebidas azucaradas, menos ultraprocesados.
P. ¿Cuáles son los tres alimentos imprescindibles en la compra de una familia para una alimentación sana?
R. Aceite de oliva virgen extra, frutos secos variados y legumbres: alubias, lentejas, garbanzos, guisantes.
P. En el libro usted dice que la obesidad es más grave que el coronavirus, ¿puede explicar mejor esa afirmación?
R. En 1980 había 100 millones de personas obesas en el mundo, ahora hay 700 millones, se ha multiplicado por más de seis el número de obesos en el mundo en las últimas décadas. Es una barbaridad. En EE UU el 42% de la población adulta tiene obesidad y el 8% tiene obesidad mórbida, que requiere operarse. No hay sistema sanitario que aguante esto. Como dije al principio de la entrevista, la obesidad mata al menos a cuatro millones de personas al año a través de enfermedades cardiovasculares como diabetes, cánceres asociados, insuficiencia renal. La pandemia de la obesidad es peor que la del coronavirus. Además, ahora está clarísimo que con coronavirus el cuerpo de los jóvenes con obesidad se comporta como el de alguien de 70 años, van a tener un mal pronóstico, mayor riesgo de cuidados intensivos y más mortalidad.
P. ¿Qué razones hay detrás de ese aumento de la obesidad?
R. Acá se juntan dos grupos de causas, nada en salud pública es unifactorial. Unas están relacionadas con lo que hablamos antes de los conflictos de interés entre la industria agroalimentaria y la ciencia, sobre todo porque algunos pocos investigadores aliados con multinacionales que venden comida basura han minimizado el problema e intoxicado la opinión para confundir a las personas. Pero junto a esto hay una cultura con varias dimensiones que fomentan la obesidad.
P. ¿Cuáles?
R. La primera es el relativismo que nos hace creer que en nutrición no hay nada seguro. La segunda es la permisividad en las familias, se les da mucha azúcar a los niños para premiarlos, los llevan a hamburgueserías para celebrar el cumpleaños. La tercera es el consumismo, vivimos en una sociedad donde hay una propaganda salvaje para consumir y sobre todo para comer más de lo que no necesitamos. La última es el hedonismo, buscamos gratificaciones a corto plazo, nos hemos acostumbrado a tener todo al alcance de un clic. Eso junto es explosivo, y si se combina con los conflictos de interés de la industria tenemos el cóctel que hace que nunca la humanidad haya engordado tanto como ahora.
P. ¿A ese cóctel de ismos se le puede añadir el sedentarismo?
R. Sí, el sedentarismo hay que sumarlo, pero muchas veces las industrias de bebidas azucaradas le han echado la culpa de todo al sedentarismo. Por supuesto que hay que moverse, pero eso solo no sirve. Hay que comer un poco menos de todo. Ese es el mensaje que no le interesa a ninguna industria agroalimentaria. Es más importante la nutrición que la actividad física para combatir la obesidad.
P. ¿Cuál es el papel de regulación pública de los gobiernos ante esta cultura de la obesidad?
R. Es muy importante que los gobiernos tomen medidas estructurales para hacer que lo más fácil sea elegir lo más sano. El etiquetado frontal en las etiquetas de comida basura tiene que ser obligatorio y no voluntario para las industrias de ultraprocesados. Los gobiernos tienen que ser menos complacientes con las multinacionales. Los impuestos a las bebidas azucaradas hay que emplearlos para abaratar los alimentos sanos. Es un escándalo que la gente pobre no pueda comprar alimentos sanos porque son muy caros. El gobierno que le pone impuestos a la comida basura tiene que usar esos fondos para hacer que la comida saludable sea accesible a las clases económicamente más desfavorecidas.
domingo, 29 de agosto de 2021
Nueva censura en ‘El Salto’. La izquierda en el laberinto epidemiológico
**Una versión breve del artículo censurado puede hallarse aquí: https://www.politicayletras.es/vacunas-una-nueva-controversia-negada/; la versión completa censurada ha sido compartida por el médico Juan Simó en su web: http://saludineroap.blogspot.com/2021/08/covid-19-una-vacunacion-controvertida.html#more**
También puede verse en este blog con las notas científicas que remiten a diferentes fuentes: https://ahoramqnunca.blogspot.com/2021/08/covid19-una-vacunacion-controvertida.html#more
En 1945, George Orwell escribió las siguientes palabras:
Si los editores y los directores de los periódicos se afanan por eludir ciertos temas no es por miedo a ser denunciados: es porque le temen a la opinión pública. Ciertas ideas que no gocen de mucha popularidad pueden ser silenciadas y ciertos hechos incómodos ocultarse sin necesidad de ninguna prohibición oficial. Esta clase de censura velada actúa también sobre los libros y las publicaciones en general.
Su origen está claro: en un momento dado se crea una ortodoxia, una serie de ideas que son asumidas por las personas biempensantes y aceptadas sin discusión alguna. No es que se prohíba concretamente decir «esto» o «aquello»; simplemente «no está bien» decir ciertas cosas. Y cualquiera que ose desafiar aquella ortodoxia se verá silenciado con sorprendente eficacia. De ahí que casi nunca se haga caso a una opinión realmente independiente ni en los medios de masas ni en las publicaciones minoritarias más intelectuales.
En estos momentos, la ortodoxia dominante exige una admiración, sin asomo de crítica, hacia las medidas para combatir la pandemia. Cualquier crítica seria a las restricciones, cualquier revelación de hechos que el gobierno prefiera mantener ocultos, es muy poco probable que salga a la luz.
La cuestión que estamos debatiendo aquí es muy simple: ¿Merece ser escuchada toda clase de opinión, por impopular que sea? Plantead esta pregunta en estos términos y casi todo el mundo sentirá que su deber es responder: «Sí». Pero dadle una forma concreta y preguntad: ¿Qué os parece si criticamos las medidas y restricciones aplicadas en la pandemia? ¿Tenemos derecho a ser escuchados? Y la respuesta más común será: «No». En este caso, la pregunta representa un desafío a la opinión ortodoxa reinante y, en consecuencia, el principio de libertad de expresión deja de existir.
No. Evidentemente George Orwell no anticipó la pandemia de la covid-19 ni la «nueva normalidad» en que llevamos sumidos un año y medio. Su reflexión acerca de la libertad de expresión contra las «ortodoxias reinantes» tenía como eje el silencio acrítico y cómplice de los políticos e intelectuales occidentales hacia Stalin y la Unión Soviética en los últimos años de la guerra mundial, lo que provocó que su novela Rebelión en la granja estuviera cerca de no ver la luz tras ser rechazada por una editorial tras otra.
Si rescatamos aquí las palabras de Orwell, reescribiéndolas para este presente también distópico, es con el fin de denunciar el acto de censura padecido por los autores del libro Covid-19. La respuesta autoritaria y la estrategia del miedo. Por segunda vez, El Salto Diario ha eliminado un artículo, firmado por José R. Loayssa y Ariel Petruccelli, horas después de haber sido publicado online en la sección vasca del medio, Hordago.
El artículo versaba sobre las vacunas, y su título era «Covid-19: una vacunación controvertida». Fue publicado el 17 de agosto a las 11:00 de la mañana, siendo eliminado horas después. A los autores se les explicó solamente que el texto habría sido suprimido de la web no tanto por su contenido, sino debido al comunicado publicado en mayo en relación a un hecho similar, ligado a otro acto censor.
En el mes de abril, Loayssa, Petruccelli y Francés habían propuesto a El Salto la publicación de un artículo que sirviera de síntesis y resumen al libro, arriba referido, que estaba a punto de ser editado. El artículo, «Covid-19, año uno. Balance de una pesadilla autoritaria y de una gestión fracasada», fue publicado a principios de mayo en la sección de opinión de la web de El Salto, para ser eliminado horas después. Desde Ediciones El Salmón se redactó el 9 de mayo un comunicado («¿Libertad de prensa? Censura en El Salto Diario»), acordado con lxs autores del libro, y publicado en la web de la editorial.
Dicho comunicado jamás ha recibido una respuesta, ni pública ni privada, por parte de El Salto Diario.
Ante nuestro estupor debido tanto a la censura como a la razón esgrimida para borrar este segundo artículo, el 18 de agosto dirigimos una carta ―de la que reproducimos aquí algunas partes― a todo el equipo de El Salto, en la que les instábamos a:
1) Ofrecer una explicación pública, a sus socixs y lectorxs, de los hechos acaecidos tanto ahora como en mayo.
2) Brindar en el medio un espacio donde las individualidades de El Salto disconformes con el doble acto de censura pudieran manifestar su punto de vista.
En su respuesta, la «redacción» de El Salto aducía que la decisión respecto a los contenidos del medio y las propuestas de artículos que se aprueban corresponde únicamente a El Salto; y que «no es de recibo que unas personas que emitieron un comunicado llamando al boicot al medio vuelvan a publicar en él».
Nuestra estupefacción es si cabe todavía mayor. Quienes responden en nombre de El Salto asumen:
a) que quien critique algo hecho por El Salto no puede ni debe querer publicar nunca más en ese medio.
b) Que un acto de censura tan evidente como retirar un artículo ya diseñado y publicado no debe ser denunciado.
c) Que los autores del artículo y/o Ed. El Salmón han llamado a boicotear a El Salto, cosa manifiestamente falsa.
Somos conscientes de que en el seno de El Salto existe una profunda división ante estos hechos. Nos consta el malestar de Hordago, al haber visto secuestrada su autonomía para publicar artículos en su sección. También es fácil percibir que muchxs lectorxs y suscriptorxs han acogido con mucho interés los artículos publicados durante la pandemia por Loayssa y Petruccelli, en especial el texto aparecido en octubre de 2020 («Covid-19, autoritarismo e izquierda confinada»), y no cabe duda de que muchas de las lectoras habituales de El Salto habrían agradecido leer un artículo distinto sobre la controversia en torno a las vacunas y los llamados «pases sanitarios».
Desde que fuera publicado a mediados de mayo, el libro Covid-19. La respuesta autoritaria y la estrategia del miedo ha sido objeto de varias censuras. Dos presentaciones fueron canceladas. En Zaragoza, la librería Antígona había pedido a la universidad el uso del paraninfo para celebrar el acto, y unos días antes la universidad dio marcha atrás. Al no contar con suficiente aforo, Antígona no podía albergarlo, y sólo la generosidad y arrojo[1] de la librería La Pantera Rossa hizo posible la presentación.
Tres semanas antes, la «Feria Literal de libros e ideas radicales» suspendió ―con menos de 24 horas de antelación― la presentación del libro acordada dos meses antes. Ofrecimos nuestra versión de los hechos en un comunicado publicado en la web de la editorial; de lo acaecido destacamos que:
1) Literal suspendió el acto sin que nadie de la organización hubiera leído el libro.
2) Literal quiso impedir la celebración de un coloquio informal en el recinto ferial entre uno de los autores del libro y dos decenas de personas (encuentro finalmente realizado extramuros).
3) Literal nunca explicó públicamente todo lo acontecido durante ese fin de semana.
4) Sin embargo, uno de los organizadores, Simón Vázquez, se despachó contra la editorial y los autores en varios tuits plagados de mentiras y calumnias.
5) Tras publicarse nuestro comunicado, Simón Vázquez eliminó dichos tuits (ignoramos si por voluntad propia), pero Literal continúa, a día de hoy, sin dar explicaciones públicas sobre la censura de la presentación del libro.
El Salto no ha sido el único medio donde se ha impuesto la voluntad de silenciar las voces críticas hacia la gestión de la pandemia. En Rebelión, un longevo medio digital de izquierdas, el responsable de la sección de «Conocimiento libre», el biólogo Alfredo Caro Maldonado, se ha negado a que se publique el artículo censurado en primavera por El Salto, por contener «informaciones falsas y desinformación», «inhumanidad», «conspiranoia». Ignoramos si es una postura compartida por todo el equipo que conforma Rebelión.
Cabe también señalar que otros medios sí han acogido un debate abierto sobre la pandemia, como Gara/Naiz, Kaos en la Red o Hincapié. Pero es indudable que la ortodoxia covid denunciada por Petruccelli, Loayssa y Francés ha favorecido la creación de una «república del silencio» generalizada en los medios, y entre la izquierda en particular. No es que se prohíba concretamente decir «esto» o «aquello»; simplemente «no está bien» decir ciertas cosas. Y cualquiera que ose desafiar aquella ortodoxia se verá silenciado con sorprendente eficacia.
Una de las tesis de Covid-19. La respuesta autoritaria y la estrategia del miedo es que la izquierda está atrapada en un laberinto epidemiológico: queriendo presentarse como la defensora de la salud y el bienestar público frente al egoísmo y la racionalidad de cálculo del neoliberalismo, ha sucumbido a una política sanitaria anti-covid19 sustentada en unas medidas y restricciones que, en su gran mayoría, poseen escasa o nula justificación científica ―algo largamente explicado en el libro―, contagiándose y extendiendo un pánico irracional y morboso alimentado por los medios. Y esta obsesión provoca que toda crítica, todo disenso, sea despachado como negacionista, antivacunas, terraplanista, cuando en verdad un gran número de médicos y científicos de prestigio cuestionan desde hace mucho la narrativa oficial de la pandemia y abogan por unos planteamientos distintos.
La amenaza que se cierne sobre nuestro presente y nuestro futuro, donde se delinea una sociedad con un férreo control tecnosanitario, bajo un régimen discriminatorio inaceptable, exige una respuesta contundente por parte de todos aquellos que aún sientan aprecio por las libertades y las igualdades que una longeva tradición emancipatoria siempre buscó defender.
Ediciones El Salmón
26 de agosto de 2021
[1] Antes de la celebración del acto, La Pantera Rossa publicó una nota admirable: «En la uniformización del pensamiento o en la militarización de las crisis es imposible progresar como humanidad. La discusión pública sobre la Covid-19, en particular, sobre cómo afrontar sus dramáticas consecuencias, ha venido siendo silenciada en medio del pánico social; de este modo se impide encontrar en la pluralidad y riqueza de miradas y alternativas existentes la inteligencia colectiva necesaria para conseguir las mejores soluciones al conflicto que sufrimos. Deseamos en La Pantera Rossa que sirva la presentación de este libro para poner en valor la libertad de opinión, el debate social y la diversidad de respuestas honestas que hay por el bien común, más allá del acuerdo o desacuerdo que podamos tener con cada una de ellas».
viernes, 27 de agosto de 2021
URGE BAJAR YA LA FACTURA DE LA LUZ
jueves, 26 de agosto de 2021
Me acuerdo de
parque de arena de mi ciudad
al sur de madrid
(al cielo)
del cercanías que nos quedaba algo lejos,
de los polos de a 20 pesetas, labios de fresa,
del chino de mi calle,
y del dame un vaso de agua en el bar
de las sesiones de beverly hills 90210 con Maricarmen y Charo
de mi calle sin salida
pero con un agujero por el que pasar
y atajar.
me acuerdo
del vacío que suponía estar lejos de mis abuelos
a miles y miles de lágrimas
de hablar con mi hermana ya no sé
en qué idioma
pero
desde luego que
no era el mío
o era el mío
o no o
me acuerdo
de no saber quien soy yo
de recoger con dos palitos lombrices del suelo
para no aplastarlas con mis propios zapatos
– es que después de la lluvia se salían las
muy tontas a la acera –
justo cuando íbamos a entrar al patio de la escuela
del olor del metro de madrid a principios de los noventa
(es el recuerdo de mi infancia de mi vida, ¿sabes?)
de mi madre que curraba hasta las tantas en las casas
de unas señoras con más dinero que nosotros
para que tuvieran
una vida digna.
y recuerdo que una vez
mi madre me contó
el cuento de la caperucita
roja – cuando íbamos en una línea agotadoramente gris –
al que le cambiamos el final,
cambiamos el final.
Y mira:
me acuerdo de
tantas y tantas
cosas pero
¿acaso te importa?
para ti seguiré siendo
una extranjera rara
hablando, eso
sí, maravillosamente bien
tu lengua tan natal.
Mira, podrías pasar perfectamente por...
(te lo piensas un poco, mides la mentira de tu cumplido
y la verdad de mi acento, que no llega, ay, casi, ca
si pero no – el diablo está en los detalles, dicen –
pero ¡al diablo! que se sepa lo generosos que somos,
me otorgas con el bisturí de tus palabras
la nacionalidad de tu imperio estancado)
Y, mira, ya no sé
qué me cansa más:
la presión del
tener que dar
todo el tiempo explicaciones a desconocidos,
callarme la boca
o aceptar
tu falta de discernimiento.
© Zuzanna Gawron
UNA AUTORIZADA VOZ CONTRA LA VACUNACION UNIVERSAL Y OBLIGATORIA
Makary cree que la gente “que elige no vacunarse están tomando una mala decisión en cuanto a su salud, bajo su propio riesgo”. Pero no cree que los no vacunados representen una amenaza de salud pública para los que ya son inmunes al virus y dijo que el vacunar a todos – incluyendo eventualmente a todos los recién nacidos – para controlar la pandemia, está basado en la falsa suposición de que el riesgo de morir por COVID está igualmente distribuido entre toda la población -- pero no es así, dijo. “Siempre hemos sabido que para el virus es muy difícil dañar a alguien joven y saludable”, dijo Makary. “Y así sigue siendo”.
sábado, 21 de agosto de 2021
jueves, 19 de agosto de 2021
PEDRO SANCHEZ: UN GOBIERNO “INTERVENIDO”
FEDERICO AGUILERA KLINK
“Sólo espero malas consecuencias de las Cámaras de Comerciantes…En un país donde vociferar siempre intimida y las facciones con frecuencia oprimen al Gobierno…aquellos que tienen el mayor interés en defraudar y en imponerse al público son los que con frecuencia dictan la regulación del comercio”, (Adam Smith, 1785)
La estafa de las eléctricas lleva décadas dando enormes beneficios privados y no es porque el “mercado funcione” sino porque está “regulado o intervenido”, pero en beneficio de las propias eléctricas, es decir, gracias a que un “gobierno” a su servicio aprobó unas reglas de funcionamiento que legitiman la estafa y a que los demás “gobiernos” de turno no se han atrevido a cambiar esas reglas. Jesús Mota lo explicó perfectamente. https://elpais.com/diario/2011/04/07/opinion/1302127212_850215.html
Por si nos costaba creerlo, ya lo confirmó Soria cuando parece que le buscaban las vueltas por sus asuntos empresariales:” las eléctricas venían al Ministerio con los decretos redactados”, es decir, el Ministro, él, parece que solo firmaba, la regulación que dictaban (Adam Smith) las eléctricas igual que indica la imagen de la carreta. https://elperiodicodelaenergia.com/soria-las-electricas-venian-al-ministerio-con-los-reales-decretos-ya-redactados/
SIAP BCN 2026 GRASSOFOBIA -
Lo "normal" no es lo real, es una ficción política SIAP 2026 BCN GRASSOFOBIA. Antonia Raya, Irene Martín y Elena Arnedo, tempr...
-
Santiago Agrelo (2018) Santiago Agrelo Lo que ha pasado en Ceuta durante esta semana, poco o nada tiene que ver con el drama -con la tragedi...
-
Juan Gérvas (Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España, exprofesor de salud pública, Universidad Johns...
-
Juan Gérvas , médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España. Exprofesor de salud pública, universidad Jonhs Hopkins, Estados U...








