martes, 14 de abril de 2026

Cuando tener hijos deja de ser una opción económica viable


Rafael Pampillón/eldebate.com

En cierta ocasión, un amigo me contó que, cuando le habló a su novia de planes de futuro, ella (economista) le dijo que tener hijos es inviable. Concepto económico, como se sabe.

Durante años, el debate público en España ha girado en torno a una pregunta aparentemente sencilla: ¿por qué nacen tan pocos niños? Las respuestas más repetidas han sido: falta de ayudas a la natalidad, precariedad laboral o dificultad para conciliar. Sin embargo, estas explicaciones, aunque no son incorrectas, resultan superficiales.

¿Por qué? Porque evitan cuestionar la realidad. ¿Y cuál es la realidad? La realidad es que España mantiene un modelo redistributivo que, de forma sistemática, traslada recursos desde las generaciones jóvenes (aquellas en edad de formar familias) hacia los mayores.

En nuestro país, el gasto público, en las últimas décadas, se ha destinado de forma muy significativa a pensiones y sanidad. Mientras que las políticas de familia, infancia o vivienda han quedado en un segundo plano, el 50 % del incremento del gasto público entre 1995 y 2025 se fue a pensiones.

Cuando un sistema redistributivo concentra recursos en quienes ya han completado su ciclo reproductivo, debilita la capacidad de quienes lo están iniciando. Y sin capacidad económica ni expectativas de futuro, la decisión de tener hijos deja de ser una opción viable para convertirse en un lujo.

Aquí es donde fallan muchas de las políticas actuales. Se ofrecen cheques por hijo, ampliaciones de permisos o ayudas puntuales, como si la decisión de tener un hijo fuera equiparable a una compra que puede estimularse con un descuento. Pero sigue sin avanzarse en lo importante: vivienda y estabilidad laboral.

Algo similar ocurre con la inmigración. Alivia temporalmente el envejecimiento de la población, pero no lo resuelve. Porque los propios inmigrantes, al integrarse en la sociedad española, adoptan sus mismos patrones reproductivos.

La cuestión de fondo es que el sistema penaliza económicamente a quienes se encuentran en la fase vital de construir un proyecto familiar. Los jóvenes ganan menos en términos relativos que las generaciones anteriores y se enfrentan a mayores costes en ámbitos como la vivienda.

El resultado es una paradoja. Se exige a las nuevas generaciones que sostengan el sistema (financiando pensiones y servicios), pero al mismo tiempo se les priva de las condiciones necesarias para hacerlo.

Este desequilibrio no es exclusivo de España, pero aquí alcanza una intensidad particularmente alta. Las generaciones mayores, más numerosas y con mayor participación electoral, tienen un peso decisivo. Las más jóvenes están precarizadas y tienen menor influencia.

No se trata simplemente de diseñar mejores políticas, sino de reordenar prioridades. Reducir el gasto en pensiones y aumentar la inversión en familias y vivienda son decisiones que afectan a unos jubilados con gran capacidad de movilización. Lo que supone un coste político.

Sin embargo, ignorar esta realidad tiene consecuencias. La más evidente, la caída de la natalidad. También se está produciendo una fractura generacional cada vez más profunda. Los jóvenes no solo tienen menos recursos; también perciben que el sistema no está pensado para ellos. Esto erosiona la confianza en las instituciones y debilita el pacto social implícito que ha sostenido el modelo de bienestar durante décadas. En un entorno donde, desgraciadamente, las expectativas para los jóvenes son inestables, la opción de no tener hijos se convierte en una realidad.
¿Qué hacer entonces?

Primero, hay que reconocer que el problema no se resolverá con medidas cosméticas, como las ayudas a la conciliación o los incentivos fiscales.Segundo, asumir que la política presupuestaria tiene consecuencias demográficas. Si una gran parte de los recursos se orienta hacia el consumo presente de las generaciones mayores, se está comprometiendo la capacidad de reproducción futura de la sociedad.

Tercero, quizá el más difícil, es introducir una perspectiva intergeneracional en el debate público. No se trata de enfrentar a jóvenes y mayores, sino de reconocer que el sistema debe equilibrar las necesidades de ambos.

España no necesita más eslóganes sobre natalidad ni debates simplificados sobre inmigración. Necesita una conversación honesta sobre cómo distribuye sus recursos y qué consecuencias tiene esa distribución. Porque, al final, el problema no es que los jóvenes no quieran tener hijos. Es que puedan tenerlos.

ENTREVISTA: JORGE TIZÓN PSICOPATOLOGÍA DEL PODER. UN ENSAYO SOBRE LA PERVERSIÓN Y LA CORRUPCIÓN

SEP NOTICIAS

David Moreu

En el marco del ciclo “Diálogos con el autor”, la Sociedad Española de Psicoanálisis acogerá el próximo 9 de abril un encuentro con Jorge L. Tizón en torno a su libro “Poder y psicopatología”, una reflexión profunda y necesaria sobre los mecanismos que sustentan los usos y abusos de poder en la sociedad contemporánea. La sesión, conducida por el psicoanalista y psicoterapeuta Jordi Artigue, ofrecerá un espacio de diálogo en el que se abordarán tanto los fundamentos teóricos de la obra como sus implicaciones en la realidad actual. El autor, con una amplia trayectoria como psiquiatra, psicoanalista y docente, aportará su experiencia en el ámbito de la salud mental para iluminar las raíces psíquicas del poder y sus distorsiones. El acto tendrá lugar en formato presencial y online, y estará abierto al público de manera gratuita. Como previa a la sesión, hemos hablado con Jorge L. Tizón sobre las dinámicas de poder que atraviesan nuestras sociedades y nuestras vidas.

Le propongo empezar por el principio. ¿Cuál fue el detonante específico que le llevó a transformar su experiencia clínica en este ensayo sobre la perversión y la corrupción?

El detonante fue percibir una crisis social marcada por el miedo y la falta de respuestas ante actividades perversas, tanto de personas como de instituciones. A esto se sumó la petición de un grupo de psicoanalistas de la SEP, quienes planteaban una cuestión fundamental: ¿Se pueden seguir aplicando hoy los conceptos psicoanalíticos para explicarnos lo social? Esa necesidad de análisis fue lo que me llevó a transformar la experiencia clínica en este ensayo.

Usted propone la tesis de que la crisis económica es, esencialmente, una crisis política y social. ¿Cómo ha logrado la perversión, entendida como organización relacional, echar raíces tan profundas en nuestras instituciones sociales contemporáneas?

Lo que inicialmente se presentaba como una crisis económica, hoy se manifiesta de forma más amplia a través de tres ejes: la crisis ecosistémica, la geopolítica y la del propio sistema social. Ante toda crisis y una situación grave, siempre surgen la perversión y las reacciones esquizoparanoides como respuesta defensiva. En este contexto, las instituciones pueden adoptar un supuesto básico grupal de ataque-fuga, permitiendo que esa organización relacional perversa eche raíces muy profundas.

En el libro reflexiona sobre el contraste entre el sufrimiento social generalizado y la ausencia de una respuesta más contundente por parte de la población. ¿Qué mecanismos psicológicos desactivan la capacidad de indignación de la sociedad?

La desactivación de la indignación se apoya en la de-sublimación del miedo y la de-sublimación de la agresión intraespecífica (herramientas clave de la psicopolítica actual), apoyando la psicopolítica de la escisión e identificación proyectivas masivas. Este proceso conlleva la ruptura con la ética anterior y la difusión sistemática de la mentira y la manipulación social. Ejemplos como la política de los dosieres (visibles en el caso Epstein) o el uso perverso de la Inteligencia Artificial, potencian estos mecanismos psicológicos que logran neutralizar la respuesta de la población ante el sufrimiento generalizado.

También analiza la psicopolítica de las emociones. ¿De qué manera el neoliberalismo utiliza el miedo como herramienta para asegurar la pasividad o la obediencia del individuo?

Mientras la derecha utiliza las emociones como un gran negocio para consolidar un poder psicopolítico y tanatopolítico basado en el miedo y la ira, la izquierda se muestra torpe, anclada en un racionalismo que desatiende la emoción. Es como si la razón fuera lo bueno y la emoción lo malo. Para el psicoanálisis, la emoción es básica para explicar el psicodesarrollo y la psicopolítica actual. Hoy vemos dos nuevas arquitecturas de la personalidad (y de las instituciones sociales) cada vez más divergentes: una autoritaria y fascistizante, que proyecta e introduce las emociones desagradables en los demás, y otra que yo llamo reparatoria. Esta última se basa en la colaboración interhumana a través de la alegría, el deseo, el apego y los procesos de duelo vividos de forma común, creativa y elaborativa. Eso implica un replanteamiento conceptual, en el que estoy embarcado desde mis libros “El poder del miedo” y “Psicopatología del poder”. Por eso he tenido que desarrollar conceptos como el de la política de las emociones, la psicopolítica, la de-simbolización y de-sublimación del miedo, la organización relacional intrusiva o perversa, la cronificación medicalizada, la ideología pandiagnóstica, la venalidad (que no “banalidad”) del mal, la relación Eros-Ares-Poder-Porno, una reconceptualización de la Psico(pato)logía y de los cuadros clínicos psicopatológicos…

¿En qué momento la psicología y la psiquiatría dejaron de ser herramientas de sanación para convertirse en posibles medios de persuasión y manipulación al servicio del sistema?

Desde sus inicios se ha evidenciado que no existe una ciencia neutral, todas terminan siendo utilizadas por los poderes dominantes. De ahí la importancia de que dichos poderes sean verdaderamente democráticos, lo cual, desde nuestra perspectiva, significa que estén basados en las emociones del apego, la pena, el deseo, la alegría y la indagación solidaria. Solo a través de organizaciones de la relación correspondientes, como la organización reparatoria, es posible alcanzar una verdadera salud mental colectiva. A su desarrollo social es a lo que hoy prefiero llamar comunitarismo.

¿Cuál debe ser el nuevo contexto ético de los psicoanalistas para no terminar siendo un engranaje más de la manipulación neoliberal?

El psicoanálisis implica una actitud heurística y vital que obliga a preguntarse por lo que hay detrás, en esa “otra pantalla”. Una actitud que suele ir acompañada de una ética de la solidaridad. Sin embargo, todo es susceptible de pervertirse, incluida la propia ética psicoanalítica. Hoy observamos a profesionales en diversos países justificando con pseudoargumentos guerras contra Palestina e Irán. Esta deriva ayuda a que se legitime la muerte en masacres bélicas de más de un millón de personas en pocos años.

Usted dedica un espacio crítico al consumo sanitario. ¿Cómo se manifiesta la perversión del poder cuando la salud se transforma en una mercancía más dentro del engranaje del mercado?

La cronificación medicalizada, la medicalización y la psiquiatrización son fenómenos que ya están triunfando, pero nuestro concepto va un paso más allá a partir de que hemos podido vislumbrar la psiquiatrización e intoxicación psicofarmacológica de la sociedad. La sanidad está dejando de ser un resultado de la solidaridad, del apego y las pulsiones de vida para transformarse, sobre todo, en una fuente de negocio. Actualmente, se ha convertido en un terreno para negocios especulativos que, en ocasiones, resultan incluso antisanitarios.

¿Cuál es el papel real que juegan los medios de comunicación en la construcción de esta mentalidad grupal que acepta la corrupción como un elemento estructural?

Los medios de comunicación son piezas básicas en la psicopolítica gracias a su poder para difundir mentiras, patrañas y medias verdades, corrompiendo así la ética y las relaciones humanas. Esta responsabilidad no recae solo en las redes sociales, que suelen concentrar la mayor parte de las críticas, sino también en los medios tradicionales como la televisión, la radio y la prensa. En los países del “Atlántico Norte”, estas plataformas se encuentran enormemente oligopolizadas y permanecen sujetas a la voz de su amo. Actúan como elementos estructurales de esa mentalidad grupal colonial y belicista, que está propiciando y conformando las grandes carnicerías actuales con la participación por acción u omisión de las poblaciones de nuestros países.

Próximamente presentará el libro en la Sociedad Española de Psicoanálisis. ¿Qué acogida espera de sus colegas ante un texto que reflexiona sobre los claroscuros de su profesión en este contexto de crisis global?

Espero que esta sesión sirva para reflexionar y discutir sobre los avatares del poder en el siglo XXI, un tema ineludible hoy día. Debemos preguntarnos si nuestros conceptos siguen siendo válidos para explicar este mundo globalizado donde se actúa con disociaciones groseras y en plena posición esquizoparanoide, aceptando con lenidad la venalidad del poder. Algunos incluso utilizan esta corrupción para actividades intrusivas y lesivas contra la humanidad. Como psicoanalistas, debemos defender a la humanidad como un “objeto total”: una sola especie en un planeta y momento histórico concretos. Si nuestra disciplina no contribuye a esa perspectiva de salud planetaria, dejaría de tener valor social.

lunes, 13 de abril de 2026

Rachel Carson (27 de mayo de 1907 - 14 de abril de 1964

En la primavera de 1962, una mujer tranquila, con el cáncer avanzando por su cuerpo, se sentó frente a una máquina de escribir y cambió la forma en que el mundo entendía la naturaleza.

Se llamaba Rachel Carson.

Sabía que su tiempo era limitado. Y también sabía algo más inquietante: si guardaba silencio, millones de seres vivos desaparecerían. No por una catástrofe natural, sino por un “avance” celebrado como un milagro.

Ese milagro tenía nombre: DDT.

Durante la Segunda Guerra Mundial, este químico había salvado innumerables vidas al reducir enfermedades transmitidas por insectos. Su creador recibió el Premio Nobel. Tras la guerra, el DDT se convirtió en símbolo de progreso. Se rociaba en campos, jardines y barrios enteros. Los niños jugaban entre la niebla química. Parecía la victoria definitiva del ser humano sobre la naturaleza.

Pero Carson, bióloga marina especializada en los delicados equilibrios de los ecosistemas, comenzó a notar algo alarmante: los pájaros estaban desapareciendo.

Durante cuatro años reunió pruebas con una paciencia implacable. Lo que descubrió era simple y devastador. El DDT no desaparecía. Se acumulaba en el suelo y el agua. Subía por la cadena alimentaria. Llegaba a los peces. Luego a las aves. Allí debilitaba las cáscaras de los huevos hasta que no podían sostener la vida.

Las primaveras estaban quedándose sin cantos.

Su libro se llamó Primavera silenciosa.

La reacción fue inmediata y feroz. La industria química la ridiculizó. Puso en duda su salud mental, su formación y sus intenciones. Se publicaron parodias y advertencias alarmistas. Se dijo que sus ideas traerían retroceso y escasez.

Carson enfrentó todo eso mientras recibía radioterapia. Su cuerpo se debilitaba, pero su voz no.

Cuando el presidente Kennedy ordenó una revisión científica independiente, los resultados confirmaron sus hallazgos. Años después, en 1972, Estados Unidos prohibió la mayoría de los usos domésticos del DDT. Carson ya no estaba viva para verlo.

Las consecuencias fueron claras. Las águilas calvas regresaron. Otras aves se recuperaron. El silencio no se convirtió en norma

La historia no terminó ahí.

Hoy, otro químico domina los campos agrícolas: el glifosato, componente principal de un herbicida ampliamente usado. Durante años fue presentado como seguro y revolucionario. Con el tiempo, surgieron debates científicos, demandas judiciales y posturas regulatorias contradictorias. Algunas instituciones lo consideran de bajo riesgo bajo ciertas condiciones. Otras han señalado posibles efectos preocupantes y han impuesto restricciones.

Investigaciones recientes también han observado impactos en polinizadores como las abejas, organismos esenciales para los ecosistemas y la producción de alimentos. La discusión continúa, compleja y abierta.

El paralelismo no es exacto. El glifosato no es DDT. La ciencia actual es más sofisticada y el contexto distinto. Pero el patrón resulta familiar: una sustancia ampliamente aceptada antes de comprender del todo sus efectos, grandes intereses defendiendo su uso y señales que invitan a mirar con más atención.

Rachel Carson entendió algo fundamental: no estamos separados de la naturaleza. Lo que liberamos en ella vuelve a nosotros. En el agua. En los alimentos. En el aire.

También entendió que una sola persona, armada con evidencia y convicción, puede alterar el rumbo de la historia.

Gracias a su valentía nació el movimiento ambiental moderno. Se fortalecieron las políticas de protección ambiental. Y se demostró que la ciencia podía abrirse paso incluso frente a una oposición poderosa.

Las primaveras aún cantan.

Ese canto es un legado.

Cuidarlo exige lo mismo que ella demostró: atención, pensamiento crítico y el coraje de no callar cuando algo no está del todo bien.

Sesenta años después, su fe en nosotros sigue siendo nuestra mayor responsabilidad y nuestra mayor esperanza.

CONSUMIDORES



La profesión se dejó de poner en el DNI a mediados de los 80 del siglo pasado, pues esta dejaba de ser fundamental para la inserción de la persona en la sociedad. Entonces se comenzaba a tener que realizar diversos trabajos durante la vida con frecuentes períodos de paro. Antes cada uno ocupaba un lugar en la sociedad desempeñando una profesión, era su aportación al común, lo que demandaba un sentido de profesionalidad, había motivos para exigirse a uno mismo y que te exigieran.

En enero de 2026 la UE firmó el acuerdo comercial con MERCOSUR y los medios anunciaban un mercado de más de 700 millones de “consumidores”, no decían de “trabajadores, profesionales, ciudadanos...”. En el pasado así se presentaron los acuerdos comerciales de la UE con otros países, o cuando se incorporaba a la UE un nuevo país se decía que sumaba consumidores al club europeo.

La economía actual necesita a la población más como consumidora que como productora de bienes. Esto se ve en hechos como:
-Dar a los jóvenes 400 € al cumplir 18 años para gastarlos en bienes culturales (en cultura de consumidor).
-Las ayudas a la juventud para viajar casi gratis por España y Europa.
-Viajes del INSERSO para jubilados con alojamiento en hoteles, balnearios... en temporada baja.
-“Vales” de compra organizados por ayuntamientos y asociaciones de comerciantes para comprar en ámbitos y tiempos determinados.
-Bonos turísticos que ponen en marcha las autonomías.
-Concursos de los medios de comunicación que incentivan el consumismo.

Todo ello con el fin de “adiestrar” en el consumismo y sostener negocios para incrementar la economía.

Tratar a la persona como consumidora es una primera agresión a su conciencia que le dificulta interrogarse sobre quién es y lo que está llamada a ser en diálogo con la sociedad, para que no reflexione sobre sus responsabilidades en la historia personal, familiar, social, política, económica y cultural. Paso a paso le dirigen la conciencia para que no sea protagonista de la historia en solidaridad, constructora de una sociedad más justa con sus semejantes, hacedora de puentes de colaboración con el próximo, pero sí sea un ser pasivo con más necesidades de consumo cada día. La publicidad le descubre nuevas “necesidades que no sabía que tenía”.

La cultura consumista provoca que el ser humano sea alienado (alien-ado, viva ajeno a sí mismo) y, por tanto, sea parte de una muchedumbre que se reúne en espectáculos de consumo masivo en el que crezca el ser manada, el gregarismo o en apariencia aislado pero atrapado “en las redes sociales” en el sentido más despersonalizado. Lo aleja de la reflexión y del diálogo en un compromiso político para conseguir el bien común.

El consumismo mira los seres humanos desde la perspectiva material y biológica. Cuando Viktor Frankl tenía 13 años su profesora de Historia Natural explicó en clase la tesis de que la vida de los seres vivos, incluidos los humanos, no era más que un proceso de “oxidación y combustión”. Él le preguntó con pasión: “entonces, ¿qué sentido tiene la vida humana?” En el evangelio la primera tentación que sufre Jesús de Nazaret en el desierto viene a ser la del consumismo, el materialismo, y la respuesta de Jesús es “no solo de pan vive el hombre”, pues este es un ser cultural, simbólico y espiritual.

La persona está llamada a trascenderse, a ser libre eligiendo entre las posibilidades existentes o creadas en cada momento y, por lo menos, puede decidir que postura existencial tomar ante lo que sucede inevitablemente. Las elecciones hechas pueden ser conscientes o inconscientes, rutinarias o pensadas, personales o de la masa, dialogadas o cerradas en uno mismo, las de menos coste o las que más humanicen, las de la propaganda y medios de comunicación o de la propia conciencia en busca de la verdad.

No es bueno admitir la degradación de ser considerados consumidores cerrados en lo material y zoológico. Seamos personas de conciencia corresponsables del destino de la sociedad y creadoras de justicia, paz y solidaridad, las que hacen que la sociedad cada día sea más humanizada y fraternal a imagen del Dios Trinitario, Comunidad en perfecta solidaridad.

La dignidad personal nos llama a vivir con responsabilidad y libertad ante la propia conciencia, los demás, la historia y Dios. Necesitamos recursos para vivir, pero lo que define la persona no son los bienes materiales consumidos, sino su actitud existencial y los valores que asume en su vida diaria.

Ahora más que nunca: SER PERSONA

Antón Negro



jueves, 9 de abril de 2026

¿DÓNDE PODEMOS LLEVARLA PA QUE NO QUIERA MORIR?


Es penoso y duro de vivir queriéndote morir cada día porque no ves luz ni sentido a nada de lo que haces.

Es penoso y duro acompañar a una persona que sufre queriendo morir y matarse. Y más lo es cuando no sabes cómo animarla; cómo sentarte a su lado; cómo decirle que la vida es hermosa y merece la pena cada nuevo día vivido.

En Granada, hace años, acompañé a una amiga.

Que tiempo atrás había intentado quitarse de en medio.

Y que ahora, otra vez, le venían aquellos pensamientos y aquellos sentimientos de desesperación, horror y sufrimiento.

Y de solo ver una desesperada y única salida a su tormento: quitarse de en medio.

Recuerdo que busqué recursos para ella; que buceé en Google y llamé a centros de diferentes dolencias mentales.

-Si no tiene nuestro trastorno, no podemos ingresarla con nosotros-

Recuerdo mi rabia y mi impotencia porque no encontré ningún recurso especializado a donde pudiera ir para tratarse su "no quiero seguir viviendo".

Por fortuna, ella acabó encontrándolo.

Asistió intensivamente.

Se implicó.

Conectó.

Se enganchó.

Y poco a poco logró ver algunas luces al final del túnel... 

Luces como un propósito: un trabajo donde cuidar y servir a otros.

Luces como conexiones profundas y con sentido: un compañero a quien amar; unas sobrinas a quienes divertir y cuidar; una hermana con quien compartir... 

Hasta hoy.

Donde hay más luz que oscuridad en su vida.

Duele recordar aquella desesperación.

Y duele leer cómo otros siguen viviendo esto.

A veces de tan injusta manera. Y con un final menos feliz que el nuestro.

Ahora más que nunca: Verdad en salud

Antonio Granadilla


lunes, 6 de abril de 2026

Iván Illich, en el centenario de su nacimiento. Demostró que la mayor amenaza para la salud mundial es la medicina, que el patógeno clave es la obsesión por la salud perfecta y que la escuela es una agencia de publicidad de la sociedad enferma.



Juan Gérvas (Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España, exprofesor de salud pública, Universidad Johns Hopkins, Baltimore, Estados Unidos, Autónoma de Madrid y Escuela Nacional de Sanidad) jjgervas@gmail.com @JuanGrvas @juangrvas.bsky.social

Formación

Iván Illich fue pedagogo y ensayista mexicano de origen austríaco. Nació en Viena, Austria, en 1926 (el 4 de septiembre) y murió en Bremen, Alemania, en 2002 (el 2 de diciembre).

Huyendo del racismo nazi (su madre era judía sefardí) terminó con 15 años en Italia, a cargo de su madre, viuda, y de dos hermanos menores. Cursó estudios de Cristalografía en Florencia y en Roma, y de Teología y Filosofía en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma. Obtuvo un doctorado en Historia en la Universidad de Salzburgo (Austria) y un postdoctorado en la de Princeton (Estados Unidos). Durante su estancia en Roma profesó como sacerdote católico.

El médico como técnico anónimo

“No hay enfermedades sino enfermos” se dice y enseña.

Incluso si pensamos en una malformación congénita, una meningitis meningocócica, una hemofilia, una hemorragia femoral por cornada de toro, una fractura abierta de húmero, etc, cada situación es irrepetible y cada paciente único.

Pero, lamentablemente, en palabras de Iván Illich: “El médico se ha convertido en un técnico que ejerce anónimamente su profesión, aplicando normas científicas a toda clase de pacientes y realizando diagnósticos despersonalizados”.

Al convertirse en “mecánicos de la salud”, los profesionales sanitarios pierden la oportunidad de ver sus consultas como libros abiertos que ilustran acerca del vivir de las personas y de la sociedad.

Contra la tiranía de la salud

Conviene la tolerancia que dulcifique la “tiranía social de la salud”, el “salutismo coercitivo” de Illich, en el sentido de promover y reconocer la libertad individual en la aceptación de los riesgos de la vida.

Al fin no se trata de evitar la muerte pues es una falacia la de “la muerte burlada”, como señalaron McCormick y Skrabanek: “vivir temiendo a la muerte es temer a vivir”. El disfrute de la vida conlleva permanentemente riesgos y es falso el ideal del “riesgo cero”, lo que es clave compartir entre pacientes y profesionales para hacerlo llegar a la sociedad.

La medicina como amenaza para la salud

Richard Smith, el entonces director del British Medical Journal, comentando la cuestión con motivo de su muerte en 2002, contó que lo más próximo a una experiencia religiosa que había tenido nunca fue escuchar al “carismático y apasionado” Ivan Illich exponer sus radicales ideas sobre la salud y la medicina rodeado de los “fósiles de la jerarquía académica en Edimburgo”.

Iván Illich argumentaba entonces que “la mayor amenaza para la salud en el mundo es la medicina moderna”. Esto en 1974, cuando Smith acababa de licenciarse en medicina y un año antes de que Illich publicara su polémico y clarividente libro “Némesis médica: la expropiación de la salud”.

“La salud es “la facultad de vivir con dignidad, en medio del dolor, la pérdida, el envejecimiento, la incertidumbre. Es la posibilidad de apropiarse del propio cuerpo, del propio proceso vital, incluso en su fragilidad.

La salud se reconstruye como un bien relacional, vinculado a la comunidad, a la cultura, al entorno. Se trata de relocalizar el cuidado, devolverlo a la proximidad, al saber compartido, a la escucha y a la reciprocidad”.

La medicina responde con pautas preventivas, terapéuticas y rehabilitadoras que “medicalizan” la sociedad y no quiere plantearse las causas del aumento de enfermedades, ya que estas causas constituyen la base misma de la sociedad capitalista y del sistema económico: ciudades masificadas, urbanismo salvaje, consumismo, trabajo precario y alienante, desigualdad social, marginalidad, pobreza, racismo, colonialismo, sobreproducción, contaminación, uso de técnicas e intervenciones sanitarias y de medicamentos innecesarios, y falta de cohesión social.

La expropiación de la salud

El planteamiento de Iván Illich en “Némesis médica”, distinguía tres ámbitos de daño médico:
1/ el clínico, producida por intervenciones innecesarias o excesivas a los pacientes,
2/ el cultural, por la expropiación de las capacidades y creencias de individuos, familias y comunidades en relación a la salud, la enfermedad, el dolor y la muerte y
3/ el social, al transformar la sociedad hasta convertirla en mórbida animando a la población a consumir más y más medicina.

La creciente expropiación de la salud incrementa los miedos a la enfermedad y al sufrimiento y "ceba" el círculo de dependencia de los médicos. Es una forma de infantilización que hace tolerables y normales algunos consejos de salud pública ridículos, del estilo de "Estamos en verano, camine por la sombra".

Como niños, dependemos de otros en lugar de caminar por nosotros mismos y ayudando a los demás. Además, como niños nos contentamos con el consejo y no exigimos responsabilidades; en el ejemplo, una geografía urbana que incluya suficientes árboles y espacios que permitan caminar en verano sin que ello nos exima de nuestras propias responsabilidades.

El "producto final" es una sociedad temerosa de la enfermedad y de la muerte, ansiosa con los resultados de los exámenes sanitarios rutinarios, y dependiente de los médicos para lograr un mínimo de estabilidad vital. De hecho, en muchos casos es una sociedad drogada con medicamentos generalmente innecesarios como la mayoría de los anti-hipertensivos, estatinas, somníferos, analgésicos (opiáceos entre ellos), para la osteoporosis, anti-depresivos y otros. Los pacientes devienen en el combustible del sistema sanitario.

La obsesión con la salud


Tituló un artículo en 1999, en “Le Monde Diplomatique”: “En los países desarrollados, la obsesión por la salud perfecta se ha convertido en un factor patógeno predominante”.

Escribió.
“El sistema médico, en un mundo imbuido del ideal instrumental de la ciencia, crea constantemente nuevas necesidades de atención médica. Pero cuanto mayor es la oferta de atención médica, más personas informan tener problemas, necesidades y enfermedades. Todos exigen que el progreso acabe con el sufrimiento físico, mantenga la frescura de la juventud el mayor tiempo posible y prolongue la vida indefinidamente. Sin vejez, sin dolor, sin muerte. Olvidando así que tal desprecio por el arte del sufrimiento es la negación misma de la condición humana.

Esta paradoja (a más salud objetiva peor salud subjetiva) se hace evidente al examinar los informes sobre los avances en salud. Deben leerse con doble perspectiva, como Jano: con el ojo derecho, uno se ve abrumado por las estadísticas de mortalidad y morbilidad, cuyo descenso se interpreta como resultado de los servicios médicos; con el ojo izquierdo, ya no se pueden ignorar los estudios antropológicos que dan respuesta a la pregunta: ¿Cómo estás?

Ya no se puede ignorar el contraste entre la salud supuestamente objetiva y la salud subjetiva. ¿Y qué observamos?» Cuanto mayor es la oferta de "atención médica", más personas manifiestan tener problemas, necesidades y enfermedades, y exigen protección contra los riesgos.

Cuanto más se deriva la oferta de esta abundancia de servicios clínicos del compromiso político de la población, más se intensifica la sensación de falta de salud. En otras palabras, la ansiedad mide el nivel de modernización y, aún más, el de politización. La aceptación social del diagnóstico "objetivo" se ha vuelto patógena en el sentido subjetivo”.

Sociedad convivencial


En sus propias palabras:

“Llamo sociedad convivencial a aquella en que la herramienta moderna está al servicio de la persona integrada a la colectividad y no al servicio de un cuerpo de especialistas. Convivencial es la sociedad en la que el hombre controla la herramienta”.

Iván Illich promovió la convivialidad (el convivio, la fiesta, el convite alegre y voluntario entre iguales), como el verdadero tesoro intangible e inagotable de los pueblos antiguos. Tesoro gradualmente secuestrado por el fetiche de la mercancía y del lucro individualista a toda costa.

Escribió: “De nada serviría ofrecer una ficción detallada de la sociedad futura. Quiero dar una guía para la acción y dejar libre curso a la imaginación. La vida dentro de una sociedad convivencial y moderna nos reserva sorpresas que sobrepasan nuestra imaginación y nuestra esperanza. No propongo una utopía normativa, sino las condiciones formales de un procedimiento que permita a cada colectividad elegir continuamente su utopía realizable”.

Illich fue un crítico implacable de la medicina, de la educación al servicio del consumo en el mercado capitalista; de la ciega y devota voluntad del progreso sin fin; del desarrollo económico y del mito del crecimiento sin límites del Producto Nacional Bruto en la inacabable economía capitalista. El axioma por todos aprendido es que el capitalismo no tiene fin.

En Nueva York

A los veinticinco años, Iván Illich emigró a los Estados Unidos de América y ejerció como auxiliar de párroco en Nueva York.

¿Por qué? En sus propias palabras:

“Quería alejarme de Roma. No quería integrarme a la burocracia papal y pensé hacer una tesis postdoctoral, algo que las universidades alemanas llaman “Habilitación”, sobre alquimia, acerca del trabajo de Alberto el Grande. Sobre este tema hay documentos muy importantes en la Universidad de Princeton y fui invitado a ella. Pero luego, durante mi primer día en Nueva York, literalmente en mi primera tarde, con unos amigos de mi abuelo, oí acerca de los puertorriqueños y su arribo. Pasé los siguientes dos días en el barrio sobre la calle 112 y la quinta avenida, la 112 y Park Avenue, debajo de los rastros de la Central de Nueva York, en donde los puertorriqueños tenían su mercado. Inmediatamente, fui a la oficina del Cardenal Spellman y le pedí un sitio en la parroquia de Puerto Rico. ¡Y fue así como me quedé en Nueva York!"

En Manhattan se hizo cargo de un centro en donde se atendía a inmigrantes puertorriqueños. Este cargo llevó a Illich a encarar una fuerte disputa en contra de migrantes italianos, irlandeses y judíos que rechazaban cruelmente a los nuevos inmigrantes puertorriqueños. Las absurdas demandas de los viejos inmigrantes fueron desafiadas por Iván Illich cuando decidió aceptar como parroquianos de la Iglesia Católica a los puertorriqueños que así lo solicitaban. Para Illich, la labor de aceptación de los puertorriqueños en los Estados Unidos terminó en 1956 cuando el cardenal Spellman e Iván, en presencia de treinta mil puertorriqueños reunidos en el campus de la Universidad de Fordham, festejaron a San Juan, el santo patrono de Puerto Rico".

Después, Iván Illich fue a Puerto Rico, como vicerrector de la Universidad Católica.

Desescolarización

En 1967 rompió sus vínculos con la jerarquía eclesiástica, ya que sus teorías pedagógicas, muy agresivas con cualquier forma de poder institucional, se mostraban especialmente críticas con la Iglesia católica y con el protagonismo que ésta había venido desempeñando durante siglos en materia educativa.

La tesis fundamental que alienta todas sus obras afirma que ninguna de las instituciones tradicionales de la sociedad industrial se adecúa a las necesidades reales del mundo actual, por lo que es necesaria una revisión de todas ellas, empezando por la que Iván Illich considera como la más perniciosa: la escuela.

“La educación de la escuela tradicional se ha convertido en una mercancía carente de valores éticos y concebida únicamente como un hábil instrumento para la formación de escolares utilitaristas y competitivos”.

Iván Illich propuso el aprovechamiento de otros "canales del saber", la denominada "corriente de desescolarización", que comienza por establecer de forma tajante que la mayor parte de los conocimientos útiles para un individuo de la sociedad contemporánea se adquieren fuera de la escuela (es decir, en contacto directo con el entorno familiar, las experiencias sociopolíticas y las vivencias culturales).

Una vez establecido este principio, Iván Illich propone en su teoría "desescolarizar" la educación, fomentar el aprendizaje informal y potenciar la creatividad del individuo dentro del entorno social en que se mueve, sin someterlo a los rígidos estamentos de la escuela institucional.

Epílogo

De Puerto Rico volvió a Nueva York, donde fundó el Centro de Formación Intercultural en la Universidad Fordham que se trasladó posteriormente, en 1961, a Cuernavaca (México) como Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) en colaboración con Valentina Borremans, Fedora Stancioff y Gerry Morris, como resultado de las discusiones entre Illich y Reimer a partir de 1966. El CIDOC se mantuvo durante una década.

Inicialmente el CIDOC era como un centro de enseñanza de español que paulatinamente se convirtió en un espacio de reflexión y crítica en el cual se reunieron grandes pensadores como Paul Goodman, Erich Fromm, Peter Berger, Paulo Freire y Sergio Méndez Arceo, entre otros.

A partir de los años 80, Illich viajó intensamente, y repartió su tiempo entre los Estados Unidos de América, México y Alemania. Hizo una estancia como profesor visitante de filosofía y de "Ciencia, tecnología y sociedad" en la Universidad Estatal de Pensilvania, e impartió seminarios y encuentros en la Universidad de Bremen.

También pasó por España, de la mano de Enrique Costas Lombardía, entonces economista en Antibióticos SA (su fábrica en León).

Durante los últimos veinte años de su vida sufrió un proceso cancerígeno en la cara que, en congruencia con su crítica a la medicina institucionalizada “el paciente muere para sanar”), se negó a tratar con métodos "profesionales". Practicó en cambio técnicas terapéuticas tradicionales, y de meditación y yoga. Los últimos años fumó opio, como analgésico, para mitigar el tremendo dolor causado por el tumor. En una fase inicial de diagnóstico le dieron una esperanza de vida de apenas algunos meses, pero llegó a sobrevivir casi veinte años más, haciéndose cargo él mismo de su enfermedad , en una relación de sereno y estoico cristianismo.

Para saber más

-Página oficial: Iván Illich https://www.ivanillich.org.mx/index.html
-Iván Illich: Némesis médica: la expropiación de la salud
https://ivanillich.org.mx/Nemesis.pdf
-Iván Illich: L’obsession de la santé parfaite https://lesamisdebartleby.wordpress.com/wp-content/uploads/2021/02/version-imprimable-de-lobsession-de-la-sante-parfaite.pdf
-Richard Smith: Limits to Medicine. Medical Nemesis: The Expropriation of Health https://www.bmj.com/content/324/7342/923.1

BUROCRATIZACIÓN

  El sociólogo Max Weber a principios del siglo XX definía el estado moderno por su creciente burocratización, y un siglo después ese diagnó...