miércoles, 14 de enero de 2026

ROSA LUXEMBURGO - ANIVERSARIO


El 15 de enero del año 1919, Rosa Luxemburgo fue arrastrada por las escaleras, pateada y golpeada en el estómago. Malherida, la metieron en un coche y, tras ser abatida a tiros, fue lanzada al canal Landwehr de Berlín. No había cumplido los 50 años.

Sus últimas palabras fueron: Yo fui, yo soy, yo seré!

domingo, 11 de enero de 2026

Alice Thornton




Alice Thornton fue arrestada por lanzar una piedra a través de una ventana del parlamento en 1913. Su demanda: votos por las mujeres. Su sentencia: seis meses. Su respuesta: huelga de hambre. La respuesta de la prisión: alimentación forzada tres veces al día. Las correas de cuero la sostuvieron a una silla. Los guardias abrieron su mandíbula con abrazaderas de metal. Un tubo de goma fue metido por su garganta en su estómago. Se vertió comida líquida a través. Alice vomitó sangre durante semanas.

Este tintipo fue sacado de contrabando por un guarda de prisión simpático que fue despedido tres días después. Alice está atada a la silla de alimentación, un tubo en la garganta, cuatro matronas sosteniéndola. Sus ojos muestran que nunca se rendirá. La alimentación forzada causó daño permanente en su esófago. Apenas podía tragarse comida sólida por el resto de su vida.
Alice fue liberada después de cuatro meses, pesando setenta y tres libras, incapaz de caminar. Ella estaba de vuelta arrojando piedras a edificios del gobierno en seis semanas. Arrestado de nuevo. Huelga de hambre otra vez. Alimentación forzada de nuevo. Este ciclo se repitió cinco veces entre 1913 y 1918. Cada vez destruía más de su cuerpo. Cada vez que ella regresaba a la pelea.
Las mujeres votaron en 1920. Alice vivió para emitir su primera votación, a los treinta y cinco años, se dirigió al centro de votación porque sus piernas nunca se recuperaron completamente. Murió en 1954, sesenta y nueve años. Su lápida dice: "Se tragó tubos para que sus hijas pudieran tragarse su orgullo y votar.

jueves, 8 de enero de 2026

¿Dónde estás? Carta de una madre a su hijo migrante.



CAMERÚN ¿DÓNDE ESTÁS? CARTA DE UNA MADRE A SU HIJO INMIGRANTE de la periodista camerunesa Josiane Kouagheu

¿Dónde estás tú, mi pequeño?

Me gustaría decirte buenos diás o buenas noches, pero cómo saber si es de día o de noche allá donde estés?

Pensaba que bromeabas cuando me decías que te irías lejos de esta miseria. Pensaba que bromeabas cuando decías que me ibas a comprar un coche cuando estuvieras en el país de los blancos. Y ahora hace un año y seis meses que te has ido. 548 días desde que tu sonrisa desapareció. Demasiado para mí.

Ayer supe por televisión que varios jóvenes negros como tú, fuertes como tú, inteligentes como tú han muerto en Libia. ¿Estabas tú entre ellos? ¿Estás entre los otros? ¿Dónde estás, hijo mío? ¿Tienes frío? ¿Tienes hambre? ¿Dónde estás?. ¿Formas parte de la lista de jóvenes africanos que caen cada día al mar?

Una mañana te fuiste. Te fuiste. Pero ¿dónde? Rezo para que estés vivo en alguna parte. Pero ¿dónde exactamente? Tu padre y su familia me tratan de vieja loca y puede que tengan razón. Desde que te fuiste, no he vuelto a dormir. Sólo Si supiera dónde estás, podría dormir (…) Pero tu habitación está vacía. Incluso olvidaste el gorro que te regalé para protegerte de los demonios cuando tenías 17 años.

¿Dónde estás? Desde hace 548 días sueño que estás delante de mí. Que me dices, como siempre: “Mamá, la Universidad es una mierda”. Siempre te negaste a explicarme que quiere decir “mierda”. Pero me da igual. Quiero que vuelvas a decírmelo otra vez. Tú pensabas que yo no tenía ganas de encontrar un futuro mejor.

Pero yo me levantaba cada día antes de que cantaran los gallos. Iba al mercado a vender nueces de kola. Pero los beneficios servían solo para comprar comida y pagar la universidad. Veía tu rabia en medio de esta pobreza cada día, a tu vuelta. Leía la pena en tus ojos, tan claros como el mundo.

¿Qué haces ahora, hijo mío? ¿Dónde estás? Te echo de menos, tú lo sabes. (…) Me dicen que te fuiste por el mar. Quisiste retar a la muerte para comprarme una gran casa, un bonito coche y llevarme a los grandes hospitales del mundo para sanar mi problema de estómago, que nunca ha probado un solo medicamento de ‘los blancos’.

Cada día, mi corazón se afloja un poco más. A veces, ya no late porque tú no estás aquí. NO sé si tienes frío, para calentarte. No sé si tienes calor, para darte aire. No sé si no he visto tu cuerpo en la televisión, en medio de los otros. A veces sueño que estás aquí, delante de mí. (..) Hoy me he mirado en el espejo. Mi piel está hecha de huesos. Mis cabellos están blancos. A veces me parezco a un demonio. ¿Dónde estás, hijo mío?

Traducción del blog Lumière du Cameroun, “una mirada indomable, sin mentiras y sin maquillaje sobre mi país”, de la periodista camerunesa Josiane Kouagheu.
Extracto publicado por Por Aurora M. Alcojor - 8 septiembre, 2014.

Mad people are good people. Scoundrels are not.


Juan Gérvas (MD, retired rural general practitioner, CESCA Team, Madrid, Spain, former professor of public health, Johns Hopkins University, Baltimore, USA) and

Mercedes Pérez-Fernández (specialist in Internal Medicine and retired rural physician) CESCA Team, Madrid, Spain.

jjgervas@gmail.com mpf1945@gmail.com www.equipocesca.org @JuanGrvas @juangrvas.bsky.social

 

“Trump is crazy” is a reassuring, simple, and false explanation!

It is common to label political figures and leaders as “psychopaths,” “crazy,” or “mentally ill,” without further explanation. This is heard and read used to describe, for example, Donald Trump, Christine Lagarde, Ursula von der Leyen, Benjamin Netanyahu, Emmanuel Macron, Javier Milei, etc.

These are impoverished narratives that, when examining the world's disorder, focus on a single personal explanation: "S/He's crazy." And when referring to collectives, it's more of the same: more unreasonable impulses, more "dark forces," more delusion and mental disorder as explanations, for example, for the violence of sports fans, fascists, law enforcement, Israeli pilots and soldiers, etc.

These interpretations, besides being false, are offensive to those who truly suffer from mental illness, because such political leaders and violent groups don't suffer in "the exercise of their madness." On the contrary, they revel in their wickedness, they delight in the harm they cause, they act with fanaticism, indecency, and provocation.

"Trump is crazy" is a reassuring, simple, and false explanation!

 

This is a situation fostered by neoliberalism

If someone attains power and resorts to political obscenities, indecent language, and imperialist and fanatical decisions, if they pursue a colonialist and racist agenda, it is not a mental disorder but a situation fostered by the unbridled capitalist structure, neoliberalism, as Frédéric Lordon and Sandra Lucbert analyze in their book "Drive": "Fascism does not 'start with madmen,' fascism begins with structures. Socio-historical structures determine which instinctual drives are permitted, they distribute permissions, and in doing so they favor the trajectory of certain psychic structures — those that are best suited to exercise these permissions, with all the more vigor as they receive the full endorsement of an order of domination. We can therefore go so far as to say that social structures select the psychic structures that are appropriate to them"1.

It is not the leaders who run amok, but rather the structures that enable these excesses and, above all, legitimize them.

Capitalism has achieved a deregulation that allows it to do absolutely everything and promotes dehumanized leaders who are satisfied with unchecked power, so they can have others at their service.

Deregulated capitalism has increased economic power through the control of the media, social networks, and the "parties apparatus," and consequently, through the manipulation of democracy.

Furthermore, it has manipulated the system to promise unrestrained gratification of personal and collective impulses.

 

These are not unexpected aberrations; they are perfectly predictable

Leaders like Trump and Netanyahu are not an aberration but the expected expression of a regime where mediation collapses, where the state merges with the leader's desires, and where obscenity becomes a legitimate political response.

Thus, the “madness” of accusing of terrorism anyone who writes or shouts “Long live free Palestine!”, or the Big Brother-style control of social media to maintain an official narrative on “thorny issues” such as the US siege of Venezuela or apartheid and genocide in Palestine.

In reality, it is not “madness,” but a perverse mechanism connected to institutions that promote and authorize excesses “above” (leaders) and “below” (violent groups).

We tend to accept that illness justifies everything; it's the progressive medicalization of daily life, including, in this case, the overwhelming presence of scoundrels among the leaders (at the top) and violent organizations (at the bottom). They aren't sick. They are scoundrels, selected, promoted, and legitimized in their actions.


Politicians are usually scoundrels, not psychopaths or the mentally ill Politicians often represent the dregs of society, the worst of humankind, since they are capable of enduring the unspeakable for years in order to satisfy their ambition for power.

The structure of political parties (“the machine”) controls the flow of candidates and only promotes those who are corruptible, insensitive, manipulable, obscene, and cunning.

Economic and political structures select and promote these scoundrel leaders.

It's not that all politicians are scoundrels; it's that scoundrels have more opportunities in politics because capitalism needs them and political parties promote them.

In other words, good people have little chance of rising to power. Some succeed, but it's rare.

 

Not all politicians are the same, of course

Not all politicians are the same, of course. Some, as we've already said, are not scoundrels. In any case, it's very unfair to label the scoundrels who govern us as psychopaths, crazy, or mentally ill.

They don't suffer from any mental affliction.

They are, simply, bad people (like those who went into politics "to line their pockets"). They put their obscene ambition above any ethics or values, and they sustain their ambition by fulfilling the mandates of those who possess wealth.

They are not psychopaths, they are not crazy, they are not mentally ill.

They are bad people.

They are shameless.

They are wretched.

They are criminals.

They are scoundrels.

They are not psychopaths.

They're not crazy, they're not mentally ill.

They're people selected by the economic and political structures which facilitate the ever-increasing enrichment of the elites, with contempt for all rights, solidarity, and compassion.

 

Difficult times

We live in “difficult times,” in the words of Teresa of Ávila, referring to the danger of the Inquisition in Spain in 1559 (in her autobiography “Life of Mother Teresa of Jesus,” chapter 33), to the atmosphere of suspicion that surrounded her freedom to speak of God and her mystical experience: “They came to me with great fear to tell me that difficult times were upon us and that I might be arrested and taken to the inquisitors.”

Currently, times are also difficult, as everything is justified by the “war on drugs” and the “fight on terrorism,” including political obscenities and imperialist decisions that attempt to justify themselves through the madness of leaders.

The same applies to the excesses of, for example, the Israeli military, the “law enforcement” forces, football hooligans, and other similar groups. It's not madness, no, it's the structure of unchecked capitalism.

Please don't label scoundrels (bad people) as psychopaths, or crazy, or mentally ill. The mentally ill suffer. The mentally ill are good people.


 

[1]Frédéric Lordon & Sandra Lucbert. Psychés débridées pour capitalisme déchaîné. https://www.monde-diplomatique.fr/2026/01/LORDON/69186Unbridled psyches for unbridled capitalism. https://communispress.com/unbridled-psyches-for-unbridled-capitalism/

Los locos son buenas personas. Los canallas, no.


Juan Gérvas (Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España, exprofesor de salud pública, Universidad Johns Hopkins, Baltimore, Estados Unidos) y Mercedes Pérez-Fernández (especialista en Medicina Interna y médica rural jubilada) Equipo CESCA, Madrid, España.

jjgervas@gmail.com  mpf1945@gmail.com  www.equipocesca.org  @JuanGrvas @juangrvas.bsky.social

 

“Trump está loco”, es explicación tranquilizadora, simple ¡y falsa!

Es frecuente tildar a personajes y dirigentes políticos de “psicópatas”, “locos” o “enfermos mentales”, sin más. Se escucha y lee para calificar, por ejemplo, a Donald Trump, Christine Lagarde, Ursula von der Leyen, Benjamin

Netanyahu, Emmanuel Macron, Javier Milei, etc.

Son discursos pobres que al examinar el desorden del mundo se centran en una única explicación personal: "Está loco". Y si se refiere a colectivos, más de lo mismo, más impulsos irrazonables, más “fuerzas oscuras”, más desvarío y trastorno mental como explicación, por ejemplo, de la violencia de los “hinchas” de equipos deportivos, de los fascistas, de las “fuerzas del orden”, de los pilotos y soldados israelíes, etc.

Estas interpretaciones, además de falsas, son ofensivas para quienes de verdad sufren por enfermedad mental pues tales dirigentes políticos y tales grupos violentos no sufren en “el ejercicio de su locura”, al contrario, disfrutan con su maldad, se regocijan con el daño que provocan, se ensañan con fanatismo, indecencia y provocación.

“Trump está loco”, es explicación tranquilizadora, simple ¡y falsa!

 

Se trata de una situación promovida por el neoliberalismo

Si alguien logra el poder, y recurre a obscenidades políticas, palabras indecentes y decisiones imperialistas y fanáticas, si cumple una agenda colonialista y racista, no se trata de una alteración mental sino de una situación promovida por la estructura capitalista desbocada, el neoliberalismo, como analizan en su libro “Pulsión”, Frédéric Lordon y Sandra Lucbert: “El fascismo no empieza con locos, empieza con estructuras. Las estructuras sociohistóricas determinan qué impulsos instintivos se permiten, distribuyen permisos y, al hacerlo, favorecen la trayectoria de ciertas estructuras psíquicas, aquellas más aptas para ejercer estos permisos, con mayor vigor cuanto más reciben el pleno respaldo de un orden de dominación. Por lo tanto, podemos llegar a decir que las estructuras sociales seleccionan las estructuras psíquicas que les resultan apropiadas[1].

No son los líderes los que se desmandan, sino son las estructuras las que hacen posible estos excesos y, sobre todo, los legitiman. El capitalismo ha logrado una desregulación que le permite todo, absolutamente todo, y promueve líderes deshumanizados que se satisfagan con el poder sin control, para tenerlos a su servicio.

El capitalismo desregulado ha aumentado el poder económico a través del dominio de los medios de comunicación, de las Redes y del “aparato de los partidos” y, por consecuencia, de la democracia. Además, ha manipulado para prometer la gratificación sin contención de los impulsos, personales y colectivos.

 

No son aberraciones inesperadas, son perfectamente esperables

Los líderes como Trump y Netanyahu no son una aberración sino la expresión esperable de un régimen donde la mediación se desmorona, donde el Estado se funde con los deseos del líder y donde la obscenidad se convierte en una respuesta política legítima. Así, la “locura” de acusar de terrorismo a quien escribe o grita “¡Viva Palestina libre!, o el control tipo Gran Hermano de las Redes para mantener una narrativa oficial de “asuntos espinosos” como el asedio estadounidense a Venezuela o el apartheid y el genocidio en Palestina.

En realidad no es "locura", sino un mecanismo perverso conectado a instituciones que promueven y autorizan desmanes hacia “arriba” (líderes) y hacia “abajo” (colectivos violentos).

Pretendemos aceptar que la enfermedad justifica todo, la progresiva medicalización de la vida cotidiana, incluyendo en este caso la presencia abrumadora de canallas entre los líderes (por arriba) y las organizaciones violentas (por abajo). No son enfermos, no. Son canallas seleccionados, promovidos y legitimados en sus acciones.

Los políticos suelen ser canallas, no psicópatas ni enfermos mentales. Los políticos suelen representar a la hez de la sociedad, a lo peor del género humano, ya que son capaces de aguantar lo indecible durante años con tal de colmar su ambición de poder.

La estructura de los partidos políticos (“el aparato”) controla el flujo de candidatos y sólo promueve a quienes son corrompibles, insensibles, manipulables, obscenos y taimados.

 

Las estructuras económicas y políticas seleccionan y promocionan a los líderes canallas

No es que todos los políticos sean canallas, es que los canallas tienen más posibilidades en política pues el capitalismo los necesita y los partidos los promueven.

Es decir, las buenas personas tienen pocas posibilidades de promoción para llegar al poder. Alguna lo consigue, pero es infrecuente lograrlo.

No todos los políticos son iguales, por supuesto. Algunos, ya lo hemos dicho, no son canallas.

En todo caso, es muy injusto calificar de psicópata, loco o enfermo mental a los canallas que nos dirigen. No tienen ningún sufrimiento mental. Son, simplemente, malas personas (del estilo de aquel que se metió en política “para forrarse”).

Ponen su obscena ambición por encima de cualquier ética y valor, y su ambición la sostienen cumpliendo los mandatos de quienes poseen la riqueza.

 

No son psicópatas, no son locos, no son enfermos mentales

Son malas personas.
Son sinvergüenzas.
Son miserables.

Son criminales.
Son canallas.

No son psicópatas, no son locos, no son enfermos mentales.
Son personas seleccionadas por las estructuras económicas y políticas para facilitar el enriquecimiento creciente de las élites con desprecio a todo derecho, solidaridad y ternura.

Vivimos “tiempos recios”, en palabras de Teresa de Ávila para referirse al peligro de la Inquisición en la España de 1559 (en su autobiografía “Vida de la Madre Teresa de Jesús”, capítulo 33), al ambiente de recelo que rodeaba su libertad para hablar de Dios y su experiencia mística: «Iban a mí con mucho miedo a decirme que andaban los tiempos recios y que podría ser me levantasen algo y fuesen a los inquisidores».

En la actualidad también los tiempos son recios pues todo lo justifica la “lucha contra las drogas” y la “lucha contra el terrorismo”, incluyendo las obscenidades políticas y las decisiones imperialistas que pretenden justificarse por la locura de los líderes. Lo mismo cuenta para los desmanes de, por ejemplo, los militares israelíes, las fuerzas de “orden público”, los “hinchas” y otros grupos similares.

No es locura, no, es la estructura del capitalismo sin control.

Por favor, no tildes a canallas (malas personas) de psícópatas, ni de locos, ni de enfermos mentales. Los enfermos mentales sufren. Los enfermos mentales son buenas personas.

 


[1] Frédéric Lordon & Sandra Lucbert. Psychés débridées pour capitalisme déchaîné. https://www.monde-diplomatique.fr/2026/01/LORDON/69186 Unbridled psyches for unbridled capitalism. https://communispress.com/unbridled-psyches-for-unbridled-capitalism/

BUROCRATIZACIÓN

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