jueves, 8 de enero de 2026

Los locos son buenas personas. Los canallas, no.



Juan Gérvas (Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España, exprofesor de salud pública, Universidad Johns Hopkins, Baltimore, Estados Unidos) y Mercedes Pérez-Fernández (especialista en Medicina Interna y médica rural jubilada) Equipo CESCA, Madrid, España.

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“Trump está loco”, es explicación tranquilizadora, simple ¡y falsa!

Es frecuente tildar a personajes y dirigentes políticos de “psicópatas”, “locos” o “enfermos mentales”, sin más. Se escucha y lee para calificar, por ejemplo, a Donald Trump, Christine Lagarde, Ursula von der Leyen, Benjamin

Netanyahu, Emmanuel Macron, Javier Milei, etc.

Son discursos pobres que al examinar el desorden del mundo se centran en una única explicación personal: "Está loco". Y si se refiere a colectivos, más de lo mismo, más impulsos irrazonables, más “fuerzas oscuras”, más desvarío y trastorno mental como explicación, por ejemplo, de la violencia de los “hinchas” de equipos deportivos, de los fascistas, de las “fuerzas del orden”, de los pilotos y soldados israelíes, etc.

Estas interpretaciones, además de falsas, son ofensivas para quienes de verdad sufren por enfermedad mental pues tales dirigentes políticos y tales grupos violentos no sufren en “el ejercicio de su locura”, al contrario, disfrutan con su maldad, se regocijan con el daño que provocan, se ensañan con fanatismo, indecencia y provocación.

“Trump está loco”, es explicación tranquilizadora, simple ¡y falsa!

 

Se trata de una situación promovida por el neoliberalismo

Si alguien logra el poder, y recurre a obscenidades políticas, palabras indecentes y decisiones imperialistas y fanáticas, si cumple una agenda colonialista y racista, no se trata de una alteración mental sino de una situación promovida por la estructura capitalista desbocada, el neoliberalismo, como analizan en su libro “Pulsión”, Frédéric Lordon y Sandra Lucbert[1].

No son los líderes los que se desmandan, sino son las estructuras las que hacen posible estos excesos y, sobre todo, los legitiman. El capitalismo ha logrado una desregulación que le permite todo, absolutamente todo, y promueve líderes deshumanizados que se satisfagan con el poder sin control, para tenerlos a su servicio.

El capitalismo desregulado ha aumentado el poder económico a través del dominio de los medios de comunicación, de las Redes y del “aparato de los partidos” y, por consecuencia, de la democracia. Además, ha manipulado para prometer la gratificación sin contención de los impulsos, personales y colectivos.

 

No son aberraciones inesperadas, son perfectamente esperables

Los líderes como Trump y Netanyahu no son una aberración sino la expresión esperable de un régimen donde la mediación se desmorona, donde el Estado se funde con los deseos del líder y donde la obscenidad se convierte en una respuesta política legítima. Así, la “locura” de acusar de terrorismo a quien escribe o grita “¡Viva Palestina libre!, o el control tipo Gran Hermano de las Redes para mantener una narrativa oficial de “asuntos espinosos” como el asedio estadounidense a Venezuela o el apartheid y el genocidio en Palestina.

En realidad no es "locura", sino un mecanismo perverso conectado a instituciones que promueven y autorizan desmanes hacia “arriba” (líderes) y hacia “abajo” (colectivos violentos).

Los políticos suelen ser canallas, no psicópatas ni enfermos mentales. Los políticos suelen representar a la hez de la sociedad, a lo peor del género humano, ya que son capaces de aguantar lo indecible durante años con tal de colmar su ambición de poder.

La estructura de los partidos políticos (“el aparato”) controla el flujo de candidatos y sólo promueve a quienes son corrompibles, insensibles, manipulables, obscenos y taimados.

 

Las estructuras económicas y políticas seleccionan y promocionan a los líderes canallas

No es que todos los políticos sean canallas, es que los canallas tienen más posibilidades en política pues el capitalismo los necesita y los partidos los promueven.

Es decir, las buenas personas tienen pocas posibilidades de promoción para llegar al poder. Alguna lo consigue, pero es infrecuente lograrlo.

No todos los políticos son iguales, por supuesto. Algunos, ya lo hemos dicho, no son canallas.

En todo caso, es muy injusto calificar de psicópata, loco o enfermo mental a los canallas que nos dirigen. No tienen ningún sufrimiento mental. Son, simplemente, malas personas (del estilo de aquel que se metió en política “para forrarse”).

Ponen su obscena ambición por encima de cualquier ética y valor, y su ambición la sostienen cumpliendo los mandatos de quienes poseen la riqueza.

 

No son psicópatas, no son locos, no son enfermos mentales

Son malas personas.
Son sinvergüenzas.
Son miserables.

Son criminales.
Son canallas.

No son psicópatas, no son locos, no son enfermos mentales.
Son personas seleccionadas por las estructuras económicas y políticas para facilitar el enriquecimiento creciente de las élites con desprecio a todo derecho, solidaridad y ternura.

Vivimos “tiempos recios”, en palabras de Teresa de Ávila para referirse al peligro de la Inquisición en la España de 1559 (en su autobiografía “Vida de la Madre Teresa de Jesús”, capítulo 33), al ambiente de recelo que rodeaba su libertad para hablar de Dios y su experiencia mística: «Iban a mí con mucho miedo a decirme que andaban los tiempos recios y que podría ser me levantasen algo y fuesen a los inquisidores».

En la actualidad también los tiempos son recios pues todo lo justifica la “lucha contra las drogas” y la “lucha contra el terrorismo”, incluyendo las obscenidades políticas y las decisiones imperialistas que pretenden justificarse por la locura de los líderes. Lo mismo cuenta para los desmanes de, por ejemplo, los militares israelíes, las fuerzas de “orden público”, los “hinchas” y otros grupos similares.

No es locura, no, es la estructura del capitalismo sin control.

Por favor, no tildes a canallas (malas personas) de psícópatas, ni de locos, ni de enfermos mentales. Los enfermos mentales sufren. Los enfermos mentales son buenas personas.

 

 



[1] Frédéric Lordon & Sandra Lucbert. Psychés débridées pour capitalisme déchaîné. https://www.monde-diplomatique.fr/2026/01/LORDON/69186

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