Es un síndrome que puede aparecer después de haber tomado determinados antidepresivos, especialmente los inhibidores de la recaptación de serotonina.
Lo que diferencia al PSSD de los efectos secundarios sexuales habituales de estos medicamentos es precisamente que, en algunas personas, estos problemas continúan después de haber dejado el tratamiento.
Se manifiesta mediante anestesia o pérdida de sensibilidad genital, pérdida de libido, anorgasmia u orgasmos sin placer, y disfunción eréctil. Eso en la parte sexual porque para muchas personas con PSSD, el trastorno va mucho más allá.
Hay quienes describen un embotamiento emocional muy profundo: dejan de sentir la música como antes, ya no disfrutan de una película, de una puesta de sol o de las cosas que antes les producían placer. Algunas personas sienten incluso una pérdida de conexión afectiva con quienes más quieren. Dejan de sentir amor.
También hay pacientes que describen problemas cognitivos importantes y una pérdida de capacidad para disfrutar de la vida, una anhedonia que puede llegar a ser devastadora.
Carmen es posible que todo esto suene a algún oyente como una teoría de internet? Una fake...
No, no estoy hablando de una teoría que alguien se haya inventado en Internet o de los bulos que corren para amedrantar a la gente.
Existen publicaciones científicas sobre el PSSD, se han propuesto criterios diagnósticos y la propia Agencia Europea del Medicamentos ha reconocido y analizado casos de disfunción sexual que persiste después de suspender estos medicamentos.
Lo que todavía no sabemos es cuántas personas están afectadas exactamente, por qué ocurre en unas personas y no en otras, cuáles son sus mecanismos y, sobre todo, cómo tratarlo eficazmente.
Y ahí está precisamente el problema: existen pacientes, existen síntomas y existe sufrimiento, pero todavía hay muy poca investigación y muy pocas respuestas.
Yo soy una de esas personas.
En mi caso han pasado trece años desde que dejé los antidepresivos. Solo los tomé 14 meses pero me han dejado herida.
¿CÓMO HA SIDO TU EXPERIENCIA CON LOS PROFESIONALES SANITARIOS?
Mi experiencia, y también la de muchas personas que he conocido dentro de la comunidad de pacientes, tiene un patrón que se repite.
Cuando un paciente deja un antidepresivo y continúa teniendo problemas sexuales tras un plazo de tiempo largo, la primera explicación que recibe es que es algo psicológico o que terminará desapareciendo. O que la depresión ha vuelto, o que es ansiedad, Y que por ende ha de volver a la medicación.
Se gaslaitea al paciente, se le niega su experiencia, y se le reconduce a lo que casa mejor con la narrativa médica. SE LE SILENCIA PORQUE ES un paciente de los MOLESTOS
Pero hay algo que debería hacer reflexionar a cualquier profesional: ¿Cómo explicas una anestesia genital que aparece después del medicamento y continúa durante años?
La depresión puede afectar al deseo sexual. La ansiedad puede afectar a la respuesta sexual. Pero perder las sensaciones en los genitales durante 13 años tras dejarlo, no hay enfermedad psiquiátrica o psicosomática que lo explique.
¿A QUÉ CREES QUE SE DEBE ESTE SILENCIO?
Y te respondo con otra pregunta: Por qué, si se acepta de forma generalizada que los antidepresivos pueden causar disfunción sexual mientras se toman, cuesta tanto aceptar que esa disfunción se mantenga después de retirarlos?
Quizá haya que preguntarse también qué hay en juego. Los antidepresivos se encuentran entre los medicamentos más prescritos del mundo y constituyen un mercado de enormes dimensiones. Pero, más allá del dinero, hay algo todavía más importante: está en juego la confianza en el sistema médico.
Durante décadas se ha construido la idea de que estos medicamentos son, en términos generales, seguros y eficaces,
Pero reconocer que en algunas personas pueden producir una disfunción sexual y emocional persistente, potencialmente duradera y con un impacto enorme sobre su vida, obliga a revisar cómo se han comunicado sus riesgos.
Y eso plantea preguntas incómodas.
Si la profesión médica y el sistema sanitario en su conjunto tuvieran que asumir que existe un número de personas que, después de dejar estos medicamentos, continúa sufriendo alteraciones graves, ¿no habría que replantearse la forma en que se informa a los pacientes? ¿Cómo se regulan su salida al mercado? ¿Cuestionar a la industria? ¿Los conflictos de intereses?
¿QUÉ DEBERÍA CAMBIAR?
Para mí, lo primero es algo muy sencillo:
Poner la seguridad y el derecho del paciente a estar informado por delante de la comodidad del sistema.
Porque la decisión de tomar un medicamento cambia cuando conoces todos sus riesgos.
No es lo mismo decirle a una persona: "Este medicamento puede producirte disfunción sexual mientras lo tomas", que decirle: "En algunas personas, ciertos problemas graves pueden persistir tras dejarlo". La segunda información puede cambiar completamente la decisión de una persona.
Y ahí está, para mí, la cuestión fundamental: ¿Por qué se protege la tranquilidad del sistema antes que el derecho del paciente a conocer los riesgos?
La medicina tiene que ser capaz de reconocer sus incertidumbres y sus errores cuando aparecen. Porque reconocer un problema no destruye la medicina. Lo que destruye la confianza es que un paciente sufra durante años y sienta que nadie quiere mirar hacia donde señala.
Y si realmente queremos hablar de medicina basada en la evidencia, entonces también tenemos que escuchar a los pacientes cuando sus experiencias empiezan a repetirse una y otra vez.
También necesitamos profesionales sanitarios que sepan reconocer el PSSD y que no interpreten automáticamente cualquier síntoma persistente como una recaída psiquiátrica.
Los estudiantes de Medicina deberían conocer que existe, desde las facultades. Y necesitamos investigación: saber cuántas personas están afectadas, comprender qué ocurre biológicamente, identificar factores de riesgo y desarrollar tratamientos.
Actualmente, el conocimiento sobre los mecanismos sigue siendo insuficiente y las opciones terapéuticas, inexistentes.
También necesitamos mejorar la farmacovigilancia y la información que reciben los pacientes. Porque un efecto adverso que no se registra, Y que se oculta, permanece invisible durante décadas.
¿ALGO MÁS QUE AÑADIR?
Sí. Yo quiero que la gente entienda que detrás de las siglas PSSD hay personas. Personas que tenían una vida. Y que tomaron un medicamento porque confiaron en un profesional.
Cuando fueron a por la receta a la farmacia, no estaban aceptando perder su sexualidad y sus emociones. De hecho ni siquiera sabían que existía esta posibilidad.
Yo sigo hablando porque esto no es un síntoma secundario normal: mi pérdida ha sido demasiado grande. Cuando el PSSD comenzó, me di cuenta de que la sexualidad no es solamente coito.
La sexualidad es una experiencia que forma parte de la salud. Es algo que te hace ser quien eres, es parte de tu identidad, afecta a la manera en que te relacionas con los demás.Y cuando pierdes el placer, la sensibilidad y la conexión emocional, no sientes que simplemente has perdido "una función".
Has perdido una parte de ti. Una esencial para poder ser feliz. Porque en el núcleo central de la sexualidad están las emociones y las conexiones. Y perder la conexión con el mundo es perderlo todo.













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