domingo, 23 de agosto de 2026

ANIVERSARIOS



El año inicialmente abarcaba desde el inicio de una primavera hasta el comienzo de otra como se ve en el nombre de los meses: séptimo (septiembre), octavo (octubre), noveno (noviembre) y décimo (diciembre). Así, marzo (comienzo de la primavera) era el primer mes del año. En la cultura judía, de la que somos herederos, el primer mes del año es “Nisán” y en él celebran la Pascua el día 14 (luna llena pues el mes comenzaba con la luna) como relata el libro del Éxodo 12, 1-11. En la Pascua los judíos celebran que Dios los liberó de la esclavitud en Egipto para ser un pueblo libre, el pueblo de la Alianza. La fiesta venía de la época nómada en el paso del invierno a la primavera cuando invocaban la protección de Dios para salir a los pastos de las montañas. El Faraón, como opresor que es, no les deja ir a celebrar al desierto esta fiesta (Ex. 5, 1-18) y les impone duros trabajos para que no piensen en fiestas.

Los seres humanos para comunicarnos y hacer memoria en nuestro vivir y convivir necesitamos concretar espacios temporales. Del año, ahora medido por una vuelta completa de la tierra alrededor del sol, hacemos tiempos más breves: cuatro estaciones (primavera, verano, otoño e invierno), cada una dividida en tres meses (doce en el año). El mes lunar se divide en cuatro fases, es decir, semanas, cada una de siete días y el día va de un amanecer al siguiente (una vuelta de la tierra sobre su eje). El día también lo dividimos en períodos más cortos. Con esto podemos situar los acontecimientos (la historia) en minutos, horas, días, semanas, meses, estaciones, años, lustros, centurias...

Esta periodización nos hace datar los momentos concretos de nuestro vivir, tanto para conmemorar lo ya pasado como para proyectar el futuro a construir teniendo un marco común que favorece la cooperación con los que caminan con nosotros. Así vamos haciendo la historia personal engarzada en la historia compartida con los demás, pues como dice el refrán “un palo solo no hace un cercado”. La cooperación para ser realmente humanizadora tiene que tener como horizonte la fraternidad de toda la humanidad, pues los horizontes parciales generan enfrentamientos debido a los intereses partidarios de cada colectivo.

Es un hecho bastante común que las personas celebremos los aniversarios de los acontecimientos de la historia personal como el nacimiento (los 50 años), las bodas (de plata, de oro)... De hechos sociales como inicio de la democracia, acuerdo de paz, éxito deportivo o de otra índole, acceso al poder de tal partido o persona, muerte de ciertas personas relevantes... de fenómenos naturales como terremotos, volcanes, eclipses, nevadas...

Celebrar aniversarios nos llevan fácilmente a creer que es el tiempo el que pasa a nuestro lado e incluso corre cada vez más rápido, pero en realidad somos nosotros los que pasamos, que vamos gastando el tiempo de vida en este mundo, ¡y sin saber cuánto nos queda! Por ello no debemos retardar el bien que podamos realizar para no encontrarnos con las manos vacías al final de la vida. La vida es un regalo para cumplir una misión que, si uno no la hace, quedará sin hacer y otro llevará más carga.

Conmemorar acontecimientos propios tiene el peligro de hacernos autorreferenciales, ponernos en el centro y que los demás giren de alguna manera alrededor de nosotros y, por tanto, ocupemos el lugar principal y queden los secundarios para los demás. Tampoco debemos olvidar que celebrar tiene aspectos positivos pues es un hecho social de compartir para crear una realidad de amistad y alegría que hace familia, comunidad y sociedad. Celebrar los hechos de la vida nos hace salir fuera de nosotros e ir al encuentro de los demás con el fin de tejer redes de colaboración y solidaridad. Para afianzar los aspectos positivos es necesario que uno trabaje sobre si mismo para dejar de ocupar el primer lugar, y así avance la justicia y fraternidad en la humanidad mediante una actitud de servicio a los necesitados para que el bien crezca.

Hay un acontecimiento a celebrar, el día del santo/a, que en si no es autorreferencial pues la referencia es el santo/a, y que hoy está en bastante desuso, pues en esta sociedad se tiene poco en cuenta los deberes sociales y el compromiso cara el bien. Celebrar el santo invita a mirar a una persona que hizo el bien, que cumplió su misión y entregó su vida a la causa del Reino de Dios y su justicia. Así nos sirven de espejo, de ejemplo y estímulo para cumplir nuestra tarea, a la vez que le pedimos una ayuda. Me contaron que un señor, José, pidió un sermón en el día de su santo; el predicador glosaba las virtudes de San José y terminaba cada una de ellas con, “y ved vosotros lo que va de José a... José”.

Ahora más que nunca: Solidaridad
Antón Negro

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