Sophia Magdalena Scholl (Forchtenberg, Baden-Wurtemberg, 9 de mayo de 1921- Múnich, 22 de febrero de 1943), más conocida como Shopie Scholl, fue una joven estudiante de biología y filosofía que participó con su hermano Hans en la escasa resistencia organizada contra los nazis desde el interior de Alemania. Hans, Shopie y su amigo Christhop Probst fueron ejecutados el mismo día en que se dictó la sentencia. Se utilizó la guillotina en los tres casos. Willie Graf corrió la misma suerte, aunque unos meses más tarde. Torturado durante semanas, no delató a nadie. La historia de Alexander Schmorell es similar. Todos eran jóvenes que se oponían a Hilter. Muchos habían combatido en el frente ruso y habían contemplado con horror las matanzas de judíos, gitanos, discapacitados, comisarios políticos y prisioneros de guerra. Al regresar a sus hogares, intercambiaron experiencias y decidieron crear el movimiento clandestino de carácter pacifista “La Rosa Blanca” (Die weisse Rose).

¿Cuál es el legado de “La Rosa Blanca”? No liberaron Auschwitz ni acabaron con el nazismo. Sin embargo, nos dejaron un admirable testimonio sobre la dignidad del espíritu humano. Su sacrificio nos permite contemplar a nuestra especie y no repudiarla. Al igual que sus compañeros, Sophie Scholl se sintió interpelada por el dolor ajeno. A pesar de su extrema juventud, cuando escuchó el lamento de los inocentes, no pudo mirar hacia otro lado. Su solidaridad con las víctimas es una lección que ilumina a una generación tras otra y aviva el principio de esperanza, manteniendo abierta la puerta de un futuro utópico, con paz, libertad, justicia e igualdad. No se me ocurre nada más revolucionario.

¿Cuál es el legado de “La Rosa Blanca”? No liberaron Auschwitz ni acabaron con el nazismo. Sin embargo, nos dejaron un admirable testimonio sobre la dignidad del espíritu humano. Su sacrificio nos permite contemplar a nuestra especie y no repudiarla. Al igual que sus compañeros, Sophie Scholl se sintió interpelada por el dolor ajeno. A pesar de su extrema juventud, cuando escuchó el lamento de los inocentes, no pudo mirar hacia otro lado. Su solidaridad con las víctimas es una lección que ilumina a una generación tras otra y aviva el principio de esperanza, manteniendo abierta la puerta de un futuro utópico, con paz, libertad, justicia e igualdad. No se me ocurre nada más revolucionario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario