En su libro El fundamentalismo democrático
criticó eso de presentar el aborto como una cuestión de izquierda, ¿por
qué a usted el aborto no le parece una cuestión de izquierda?
Ni
de izquierda ni de derecha. Aquí la confusión está en el aspecto
biológico, ético y político, que son cosas distintas. El aspecto
biológico es más objetivo, y el ético también. El político es mucho más
cambiante porque sencillamente en la política hay opiniones distintas
sobre el aborto. Realmente no tiene sentido plantear el asunto
políticamente, salvo cuando la política está subordinada a otros
principios que ya son extrapolíticos. Por ejemplo, cuando se dice que el
aborto es un derecho de la mujer.
¿A usted qué le parece esa afirmación?
“Decir que el cuerpo es propiedad mía es un error, se demuestra una falta de análisis total”
Se plantea así como una cuestión relativa a la libertad.
Se
plantea una serie de cuestiones metafísicas que no tienen sentido. Se
demuestra una falta de análisis total. Por ejemplo, la mujer tiene
derecho a su propio cuerpo, y por tanto a lo que en él se contiene,
porque es propietaria de su cuerpo, y además propietaria soberana, ella
decide porque tiene la libertad de hacerlo… etcétera. Razonar así supone
admitir una inmensa cantidad de confusiones.
¿Cuál es el error de ese planteamiento? Póngame un ejemplo de esas confusiones
Por
ejemplo, la propiedad. Decir que es propiedad mía lo que está en mi
cuerpo es sencillamente decir que son propiedad mía mis pulmones y
también el embrión. La propiedad se refiere a cosas exteriores al
cuerpo.
¿Es un concepto burgués de propiedad?
No,
ni burgués ni nada. Es un concepto de propiedad completamente mal
interpretado. Porque yo tengo propiedad sobre un automóvil, sobre un
terreno… pero yo no soy propiedad, salvo que sea esclavo, claro. Si soy
esclavo de otro, soy parte de la propiedad de otro, pero si no eres
esclavo la idea de propiedad no se aplica al sujeto de la propiedad. El
sujeto de la propiedad tiene propiedad sobre cosas que están fuera del
sujeto.
“El feto tiene también un padre, por consiguiente no es de la mujer”
Claro.
Sobre todo cuando al embrión que lleva la mujer se le compara a veces
con una verruga o con un grano. Eso ya es intolerable, porque esa
“verruga” tiene también un padre. Por consiguiente, no es de la mujer.
Se ve clarísimamente cuando en la cuestión del aborto interfiere el
derecho de propiedad o de herencia. Cuando se discute en ciertas
jerarquías sociales donde hay herencias, desde la herencia política
hasta la monarquía, por ejemplo, donde el aborto es esencial.
Usted afirma esto declarándose materialista.
Materialista
en el sentido filosófico. Cuando hablamos de materialismo filosófico
queremos decir precisamente –lo que pasa es que la gente no se entera–
que no somos materialistas corporeístas, en el sentido de que sólo
existen los cuerpos. Eso es lo que llamamos nosotros materialismo
grosero.
¿Y sigue usted declarándose marxista y ateo?
Yo
soy marxista, lo he dicho muchas veces, como soy tomista o
aristotélico. El marxismo es una doctrina muy importante que
naturalmente hay que tenerla en cuenta. Hasta que cayó la Unión
Soviética.
“La elección nunca es libre, siempre está determinada, no es gratuita”
Entonces,
¿por qué cree usted que en esta cultura se ha instalado esta concepción
de que la libertad, con independencia del contenido, se identifica con
el derecho a elegir sin tener en cuenta otras cosas?
La
libertad, por lo menos en mi opinión, no está en la elección. La
elección nunca es libre, siempre está determinada, no es gratuita. No
podemos aceptar una teoría existencialista según la cual cada uno elige
lo que le d
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