domingo, 7 de julio de 2013

La pesadilla de los jóvenes que soñaron con Alemania

Lo último que se imaginaba Francisco Sánchez cuando decidió probar suerte en la capital alemana es que acabaría siendo atendido en un hospital benéfico para personas sin techo. Fran estudió filosofía en su Jaén natal y tras acabar la carrera, se dedicó durante un año a prepararse unas oposiciones que los recortes han paralizado. Como no encontraba trabajo en Jaén y tenía varios conocidos en Berlín, hace cinco meses hizo la maleta con unos pocos ahorros y su título de nivel intermedio de alemán bajo el brazo.
Fran, por supuesto, no esperaba encontrar un trabajo de filósofo. Su primer empleo fue en una empresa de mudanzas. Le hicieron un contrato de minijob, aunque siempre trabajaba más horas en negro. Le pagaban ocho euros más la propina. Su jornada laboral duraba de 12 a 16 horas cargando muebles. "Encima me llamaban el día anterior, a veces muy tarde ya por la noche, y me decían: Mañana hay trabajo. Después no sabía a qué hora volvería a casa. Así no se puede vivir". Estas condiciones le hicieron renunciar y buscarse un nuevo empleo.
Su segunda estación, donde sigue trabajando, es un centro comercial de lujo en una de las zonas más caras de la ciudad. Allí sirve comida italiana en un stand donde gana la mitad de lo que hacía cargando muebles. Desde hace un mes y medio espera el prometido contrato. Hasta entonces, sobrevive sin seguro médico y su compañero de piso ha tenido que adelantarle el alquiler, ya que además se retrasan en los pagos. "Ángel me está ayudando mucho, me ha prestado hasta su cinturón, porque se me rompió el mío y no tengo ni para eso. No quiero dramatizar, pero es la verdad". Su conocido le ha prestado también un abrigo, ya que en Jaén no hace tanto frío y no estaba preparado para los aires berlineses. Fran asegura haber descubierto en su experiencia como emigrante "una red informal de solidaridad que funciona mil veces mejor que las redes oficiales de servicios de empleo o de ayudas sociales".
Antes de venirse a Alemania, a Fran le habían expedido un certificado provisional de asistencia sanitaria para tres meses. Al cuarto mes de estar en Berlín tuvo un problema médico inesperado. Se dirigió a la embajada española y le explicaron que a los mayores de 26 años que no hayan cotizado, la tarjeta sanitaria europea solo les cubre los desplazamientos temporales. Allí mismo le dieron la dirección de un hospital benéfico que atiende a personas sin techo de forma gratuita. En aquel centro médico dice haber conocido a ciudadanos búlgaros y rumanos, "gente que no tiene derechos como nosotros". Fran está convencido de que en estos cinco meses ha conocido "todas las cloacas de Berlín".

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