Más de la mitad de las personas que acuden a las Unidades de
Salud Mental de la red pública valenciana han perdido su trabajo y llevan ya
más de seis meses apresados en un sinvivir, en una tensión permanente, sin
poder dormir ni disfrutar del sueño reparador de un buen descanso nocturno, con
muchas preocupaciones y la ansiedad y el malestar prendidos a los tacones de
los zapatos.
Las dramáticas situaciones de un paro prolongado, la
inminente amenaza de un embargo, no poder pagar la hipoteca, el desamparo del
día a día sin esperanza ni visos de salir de una situación que se convierte en
una encerrona vital han disparado las consultas psiquiátricas por depresión o
trastornos de adaptación, tal y como refleja un estudio epidemiológico
realizado por la Unidad de Salud Mental de Buñol que ha confirmado que uno de
cada dos pacientes ha perdido el empleo y que de hecho, solo el 20 % tiene una
situación laboral activa.
Los pensionistas, los parados con y sin subsidio constituyen
la mitad de los usuarios de las Unidades de Salud Mental. El 30 % restante que
demanda ayuda psicológica son estudiantes, amas de casa y enfermos que se
encuentran en baja laboral.

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