sábado, 6 de agosto de 2022

Vacunas Covid Génicas; se detecta un aumento de la frecuencia de Herpes Zóster.

INTERFERENCIA INMUNITARIA . 
Tras las vacunas Covid Génicas se detecta un aumento de la frecuencia de Herpes Zóster.

Se ha venido documentado desde prácticamente el inicio de la vacunación la aparición asociada de casos de cuadros de Herpes Zóster y de síndrome de Ramsay Hunt (cuadro grave afectación del VII par craneal por el virus varicela Zoster). 

El Herpes Zóster representa una reactivación de un virus latente que se reactiva cuando se produce una disminución de la inmunidad. Este estudio compara la tasa de aparición de Herpes Zoster en una cohorte de 1.095.086 individuos vacunados con la que sufrían 16.96. 018 no vacunados emparejados por edad y sexo para mitigar las variables de confusión. 

Estiman que el riesgo relativo de una reactivación del Virus del Herpes Zóster prácticamente se duplica (pasa del 0,11 % al 0,2%). Propone posibles mecanismos que explican este efecto secundario que implica una interferencia de la Vacuna Covid con la inmunidad frente a otras enfermedades.

Este trabajo pone de relieve que los efectos secundarios de las vacunas Covid son amplios y que indican mecanismos patogénicos preocupantes. La reactivación de un virus latente pone de relieve que las vacunas génicas frente a la Covid interfiere con la inmunidad de las personas que las reciben. El alcance de esta interferencia a largo plazo no se conoce. Especialmente preocupante es la posible interferencia en la protección frente al cáncer que el sistema inmunitario realiza ya que se encarga de protegernos de la extensión de mutaciones cancerígenas que se producen de forma continuada.
https://covid19evidencias.com/doku.php?id=start

Ahora más que nunca: Verdad

José R. Loayssa

domingo, 31 de julio de 2022

Regalar el aprobado

En los últimos años parece que los gobiernos quieren bajar el fracaso escolar. La vía escogida no es enseñar más y mejor, sino la de bajar el nivel de exigencia académica y facilitar que se obtenga la titulación incluso con algunas asignaturas suspensas. Pero lógicamente esta medida de política educativa favorece a unos y perjudica a otros. 

La bajada en el nivel de exigencia lleva consigo que esas titulaciones se devalúen, lo que perjudica a los más pobres, a los que tienen que trabajar seriamente para ganarse la vida, mientras que favorece a los que tienen más medios económicos y/o relaciones sociales con los de buena posición social.

Bajar el nivel de exigencia en los procesos formativos sirve a aquellos para quienes los títulos son un cuadro decorativo, también a los que por su posición familiar tengan acceso por medios caciquiles y de corrupción a ciertos puestos de trabajo, que así resultan vetados a las personas más pobres y éticas. Aceptar esto es socialmente grave y deja sin argumentos para quejarse o protestar cuando se sea víctima de esa corrupción. Los profesionales del sistema educativo pueden empeorar o mejorar la situación.

Me quedó grabada en la memoria una oferta de trabajo aparecida en los periódicos a principios de los 80 del siglo pasado que ponía esta condición: “absténganse los titulados por la universidad de Santiago y de la Laguna”. Su título universitario no tenía valor, por lo que los pobres a los que les costara tanto titularse habían sido timados. Poco después le dije a un estudiante a punto de graduarse con doble título en una universidad con mucho nivel de exigencia: “Tú no vas a tener ningún problema en encontrar trabajo”, pero me contestó: “Eso lo dices tú. Sí que tengo problemas. Es que son tantas las ofertas que no sabes cuál aceptar”. Así que: ¿“Es preferible suspender y saber que aprobar y no saber”? -como le dije a un familiar. Lo importante es saber. A más conocimientos mejor te puedes entender a ti mismo, a la vida y a la naturaleza, mejor puedes ayudar a las personas que amas... El saber incluye conocimientos técnicos y también alcanzar madurez personal y capacidades para la convivencia social.

La importancia de esta amplitud en la formación la vemos en estos ejemplos:

-Nos contó un industrial catalán en China a propósito del problema de ese país con los hijos únicos: “El otro día contraté a un joven chino para la oficina y en el trabajo me preguntó: ¿‘dónde está mi impresora?’ Le dije: ‘Tenemos una impresora multifunción y llega para todos’. Contestó: ‘Pues yo quiero una impresora solo para mí’. Al replicarle que llegaba para todos la que había, no volvió a trabajar”.

-Dos ejemplos de España:

1) El responsable de una empresa reprende a los profesores de una ingeniería universitaria madrileña por los profesionales que titulaban, pues la madre de un contratado reciente llamó a la empresa para decirles que su hijo no volvía a trabajar porque un compañero lo había mirado mal...

2) A una gran empresa tecnológica española va un joven acompañado de los padres que insistían en entrar con él a la entrevista de trabajo... evidentemente no le dieron el puesto de trabajo.

En ambos casos se ve clara la poca madurez humana y capacitación para la convivencia de esos trabajadores y los padres son poco promocionadores del hijo y demasiado sobreprotectores, incluso se diría que castrantes. Ya lo dice la sabiduría popular: “Hay amores que matan”...

Resultan difícil de entender las huelgas de los estudiantes sin asistir a clase por las consecuencias que tienen, por ejemplo:

a) Les dan vacaciones a los profesores y, por tanto, cobran sin trabajar.

b) Renuncian al bien de aprender, conocer, saber y capacitarse para vivir y comprender.

c) Eso perjudica a las personas que más quieren, porque al tener menos conocimientos no van a ayudarles de la mejor manera.

d) Fácilmente lleva consigo que los pobres, sobre los que realmente cae el peso de los impuestos por no poder transferirlos a otros, tengan que pagar más por su formación.

Esto quiere decir que hay que reconsiderar la lucha por la justicia en el campo de la enseñanza para que los estudios sean un bien para la humanidad y para los pobres, y no un perjuicio.

Desvaluar y regalar titulaciones es un perjuicio para los pobres y ellos lo que necesitan es un saber que los acerque a una sociedad más justa, libre y solidaria. 

Ahora más que nunca: Justicia

Antón Negro

domingo, 24 de julio de 2022

VIENTO SUR y la PANDEMIA. La CEGUERA de los MENTECATOS.

Cuantas vidas han salvado las vacunas no lo sabemos, pero 20.000.000 es inverosímil. Sin embargo, Viento Sur le da absoluto crédito, una consecuencia de su carencia de pensamiento crítico independiente en este tema. Viento Sur ha sido una de la revistas que mayor miseria moral e intelectual ha mostrado durante la Pandemia. Su unilateralidad ha sido absoluta. Ningún articulo mínimamente crítico de la ortodoxia Covid ha podido verse en sus páginas. La primera pregunta que se nos ocurre es por qué han rehuido cualquier debate e incluir voces alternativas. 

Hay varias razones, una de ellas es la incapacidad de la mayoría de su Consejo Editorial de entender algo tan complicado como la Biomedicina y la Salud Pública. No se sentían capaces de defender las cerradas posturas que han mantenido en todo momento en un debate público. Ahora cuando se prolonga la epidemia y las vacunas se demuestran fallidas y peligrosas (especialmente las génicas) salen en su defensa. Reseña un articulo de una de las revistas mas ligadas a la Big-Pharma. No íbamos a esperar que Viento Sur publicará otras contribuciones en el mismo tema pero mucho menos triunfalistas, como un articulo que afirmaba que las vacunas podrían salvar hasta 3 personas cada 100.000 pero producir al menos dos muertes accesorias en esa población (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC9087123/).

El articulo citado en Viento Sur es una modelización matemática. Si alguno conoce a los miembros del consejo editorial que incluyeron el articulo en cuestión, preguntarle cual es la virtualidad y los riesgos de los modelos matemáticos, seguramente no tendrán ideas claras (si las tienen les invito a una polémica), porque su postura está basada en el seguimiento acrítico de los “expertos” oficiales de los gobiernos. Recordar que la modelización matemática no pretende analizar y comparar eventos que tienen lugar, datos reales, sino unos resultados hipotéticos ya sea en el futuro (predicciones) o que hubieran ocurrido si en vez de actuar como se hizo se hubiera adoptado otra estrategia y medidas. 

En el caso de este articulo lo que podría haber ocurrido si no se hubiera vacunado. Claro esta que la comparación es entre vacunar como o se ha hecho (por cierto con cualquier vacuna) o no hacerlo, pero es que cabe otras posibilidades, por ejemplo: ¿Cual habría sido el resultado si en vez de vacunación universal se hubiera recurrido a una vacunación selectiva de la población de riesgo?. Los modelos matemáticos se basan en presunciones siempre muy discutibles por ejemplo, que la tasa de letalidad de la población al virus no se habría modificado a pesar de que la primeras ondas, antes de la vacunación, podrían haber eliminado a los mas susceptibles de infectarse y morir. 

También los modelos se caracterizan por su incapacidad de tomar en cuenta la evolución de factores no incluidos en ellos, que son ingentes y muchos impredecibles (un ejemplo podría ser en este caso la variación genética del virus). 

De hecho, como hace notar “ The Guardian” vemos notables disparidades incluso en modelos “oficiales” https://www.theguardian.com/.../covid-vaccines-saved... . Pero en este caso el modelo es especialmente simplificador y chocante, por cuanto hace cálculos basándose en el exceso de mortalidad, defendiendo que es el modo correcto de analizar el impacto de la Pandemia. Lo curioso es que el exceso de mortalidad también puede deberse a la propia vacuna o a las medidas que se han tomado para combatirla como los confinamientos.

Los exegetas del artículo de Lancet deberían recordar además que se trata de un modelo matemático del Imperial College, una institución responsable de los modelados mas insensatos no solo sobre la Covid 19 (sus modelos en esta enfermedad han sido recibidos con criticas y últimamente con sarcasmo), sino que en su curriculum tienen modelos que llevaron a acabar sin justificación con 20 millones de vacas en el Reino Unido. 

Los modelos tienen su lugar (deben ser continuamente ajustados) pero en el caso de las vacunas medir su impacto en la prevención de desenlaces graves e incluso fatales se necesitan ensayos clínicos randomizados. La pregunta es porque no se han llevado a cabo y porque se desmantelaron rápidamente los ensayos pivotales de las vacunas. También hay que preguntarse cual la razón por la que se emborronan todos los datos que serían útiles para evitar un análisis costo- beneficio serio.

Viento Sur representa en grados extremos la postura de sectores de la izquierda llamada radical. Es una cuestión abierta las razones de su seguidismo al sanitarismo autoritario, de su apuesta por es tecnocratismo seudocientífico. Podría ser un desliz, un punto ciego, o por el contrario la expresión de tendencias profundas. Me inclino por lo segundo. 

Se trata de corrientes que nacen de una confrontación con el estalinismo de la III internacional. No es un fenómeno extraño que los que nacen de una confrontación con un enemigo poderoso, asuman en su interior rasgos perversos de ese enemigo perverso. Creo que no es la primera vez que la corriente política muestra cierta dificultad para los debates abiertos, oscilan entre el monolitismo o las rupturas y escisiones dramáticas. 

En segundo lugar, hay que tomar en cuenta su composición, una generación de viejos luchadores empeñados en mantener una herencia política (facilita actitudes conservadoras) para los que los nuevos retos del capitalismo digital no forma parte de sus “genes”. Estos conviven con nuevos militantes de la clase media con mala conciencia,de mentalidad ONG y tendencia a razonar en términos del principio de la moralización. Un grave handicap en el grave momento histórico que vivimos que muestra más de las debilidades generales de la izquierda que esta comprometiendo su papel para agrupar a las clases populares que cada vez están más atraídas por la extrema derecha que proclama defender sus intereses y no principios aparentemente nobles.
https://vientosur.info/las-vacunas-para-la-covid-19-han.../

Ahora más que nunca: Verdad

José R. Loayssa 

sábado, 16 de julio de 2022

Melilla. El contrabando permitido

José Palazón

Es una vista aérea del Barrio Chino de Melilla en la que podemos ver como cientos de personas indocumentadas realizan el transporte de contrabando hacia Marruecos. Actividad ilegal por donde se mire y al tiempo muy lucrativa para ambos países, y en la cual los distintos gobiernos han utilizado a la Guardia Civil y policía marroquí como garantes de que dicha actividad se realizara "sin problemas"

En la foto vemos dentro del círculo rojo el área donde se cometió la masacre el día 24 donde murieron un número indeterminado de personas indocumentadas. Hechos igualmente ilegales pero muy lucrativos para ambos países, y donde segun el gobierno español la guardia civil garantizó la defensa del territorio y se felicitó por el buen hacer de las fuerzas marroquíes.
Todo en su sitio para las mafias
¡Sin problemas!

martes, 12 de julio de 2022

EXPLOTACIÓN EN RECOGIDA DE FRESA EN HUELVA - Perico Echevarría (lamardeonuba.es)


La dramática situación que viven jornaleras españolas e inmigrantes en Huelva ha hecho nacer la asociación "Jornaleras de Huelva en lucha". Nos cuenta algunos aspectos de esa situación el periodista P. Echevarría. Entrevista de radio

sábado, 9 de julio de 2022

La paradoja del victimismo

Prácticamente toda discusión pública en la actualidad se expresa en términos de víctimas y victimarios. Las mujeres dicen ser víctimas de los varones, los negros de los blancos, los homosexuales de los heterosexuales, los nativos de los conquistadores, los discapacitados de los no-discapacitados, los inmigrantes de… La lista podría continuar. Sin duda que hay hechos y razones para justificar esta perspectiva. El mundo ha sido y es una fábrica de víctimas y en muchos casos esa condición se vincula a la pertenencia a determinados colectivos pero pareciera que desde hace ya unas décadas vivimos en el marco de una “cultura del victimismo”. Hay varios autores de distintas tradiciones que vienen advirtiendo esto especialmente en la medida en que las reivindicaciones de las izquierdas a lo largo del mundo han adoptado las agendas identitarias en detrimento de las disputas de clase pero hoy quisiera detenerme en un libro publicado en el año 2014. Su nombre es Crítica de la víctima y su autor es el italiano Daniele Giglioli.
Publicidad

El título no debe entenderse como un juicio de valor contra las víctimas reales sino como un intento por reconocer cuáles son las características de esta cultura del victimismo y establecer una delimitación entre las víctimas reales e imaginarias.

El primer párrafo del libro es bastante elocuente y deja una enorme cantidad de elementos para discutir:

“La víctima es el héroe de nuestro tiempo. Ser víctima otorga prestigio, exige escucha, promete y fomenta reconocimiento, activa un potente generador de identidad, de derecho, de autoestima. Inmuniza contra cualquier crítica, garantiza la inocencia más allá de toda duda razonable. ¿Cómo podría la víctima ser culpable, o responsable de algo? La víctima no ha hecho, le han hecho; no actúa, padece. En la víctima se articulan carencia y reivindicación, debilidad y pretensión, deseo de tener y deseo de ser. No somos lo que hacemos sino lo que hemos padecido”.


Para los nazis, ser judío era un “delito anterior” a cualquier acción que un judío pudiera realizar. Y hoy volvemos a ser testigos de situaciones en las que antes que evaluar qué delito se cometió nos preguntamos qué es quien lo cometió y qué es quien lo padeció

¿Qué quiere significar Giglioli con esta idea de que ser víctima confiere una identidad? Se trata de un signo de los tiempos y de otra de las características que muestra la transformación de las izquierdas después de la caída del muro: es que la clásica pregunta por el “qué hacer”, una pregunta cuya respuesta siempre tenía que ver con una acción transformadora del mundo, hoy ha sido reemplazada por el “qué soy”. El “qué hacer” nos lleva hacia afuera y hacia la acción; el “qué soy” nos lleva a la introspección y a indagar en el terreno de las propiedades atribuibles al sujeto, a algo ya dado. Del “qué hacer” puede venir una revolución; del “qué soy” pueden derivar muchas cosas pero también un manual de autoayuda.

En este sentido no es casual lo que muchos señalan en relación al regreso de la perimida idea de “delitos de autor”, esto es, delitos donde no se juzga la acción en sí sino las características de quien la realiza. Para los nazis, ser judío era un “delito anterior” a cualquier acción que un judío pudiera realizar. Y hoy volvemos a ser testigos de situaciones en las que antes que evaluar qué delito se cometió nos preguntamos qué es quien lo cometió y qué es quien lo padeció. ¿Es un varón o una mujer? ¿Un negro o un blanco? ¿Un hetero o un gay? ¿Un indígena o un descendiente de conquistadores? El qué hizo queda en un segundo plano.

De esto se sigue un elemento central que todavía no hemos mencionado: la cultura del victimismo supone que la condición de ser víctima o victimario no es circunstancial sino esencial. No se es víctima o victimario por algo que se haya padecido o se haya realizado sino que, a priori, en función de a qué identidad se pertenezca, se forma parte del bando de las víctimas o de los victimarios. Si usted ha nacido en una familia de buen pasar, es un varón blanco, heterosexual y occidental cumple con todas las condiciones para ser un victimario esencial. Sus privilegios pueden incluso determinarse a priori y este es un punto a tener en cuenta porque, como indica el propio Giglioli, dado que el concepto de “culpa” se ha secularizado para devenir “deuda”, el castigo que debe recibir el privilegiado/victimario esencial es una deuda eterna. Juega aquí también esta particular concepción por la cual la condición de víctima y victimario se transmite de generación en generación a tal punto que hoy alguien puede sentirse víctima de lo que padeció un ancestro de su comunidad 600 años atrás. Estos reclamos buscan, claro está, efectivizarse jurídicamente o en políticas públicas pero la idea de la existencia de victimarios esenciales con deudas, por definición, inextinguibles, permite comprender por qué muchas de las disputas de la actualidad se dan más en internet que en la justicia. Lo que sucede es que la justicia puede demostrar que una denuncia es falsa o aun cuando demostrara que la denuncia en cuestión es verdadera, impondría una pena proporcional al delito. Esto demostraría que todo individuo agresor no es un victimario esencial sino un victimario circunstancial que debe cumplir una pena que, aun cuando fuera extensa, tiene un límite en el tiempo. En cambio, cuando las acusaciones, denuncias, etc. se dan en redes sociales o se replican en portales, el señalado pierde su presunción de inocencia y automáticamente se le impone de hecho una pena que no tiene proporción. Es una pena eterna porque quedará en el mundo virtual por siempre como merece quien es considerado un victimario esencial. Si su ser es el de un victimario esencial, usted tiene una deuda impagable y le corresponde una pena eterna. Por eso hoy en muchos casos la lucha se da menos en sede judicial que en la edición de wikipedia.


Volviendo al primer párrafo citado de Giglioli y en conexión con lo que estamos desarrollando, aparece la cuestión de cómo juega la problemática de la verdad en esta cultura del victimismo. El italiano entiende que cuando alguien adquiere el status de víctima queda inmune a toda crítica. Efectivamente, siempre ha sido así. Incluso está extendida la idea de que “a una víctima se le perdona todo” y no hay discusión racional posible allí. Esto se ve muy claro cuando un funcionario lleva a la televisión datos de que bajó la delincuencia pero enfrente le ponen al familiar de una persona, que acaba de ser asesinada, llorando y pidiendo soluciones a lo que lamentablemente no tiene solución. Aquí se muestra que, aunque a todas luces se trata de una falacia, la condición de víctima acaba estableciendo una especie de relación directa con la verdad. Y esto resulta bastante paradójico para tiempos posmodernos donde nos dicen que todo es relativo, que toda mirada es una perspectiva, que los grandes relatos han caído, etc. En realidad, la estructura de los grandes relatos, de la verdad con mayúscula, de Dios, etc. no ha sido reemplazada y eso no es ni bueno ni malo en sí mismo. Necesitamos creer en algo aun en los tiempos donde decimos no creer en nada. Y en aquello en lo que creemos es en la víctima real o en cualquiera que asuma públicamente su condición de víctima. Giglioli lo dice así: “Si el criterio para distinguir lo justo de lo injusto es necesariamente ambiguo, quien está con la víctima no se equivoca nunca”.

Esto también explica esta suerte de abrazo colectivo inmediato que recibe quien es, o dice ser, víctima. Por supuesto que no niego la enorme solidaridad humana pero no perdamos de vista que apoyando a quien aparece como víctima muchos buscan, más bien, tener garantía de verdad, tener garantía de estar en el lugar correcto en un mundo donde todo es líquido. No lo hacen por ayudar al que padece. Lo hacen por ellos mismos, más por debilidad que por empatía. Así dicen cosas como “ante la duda estoy con la víctima” o “hay que acompañar a la víctima hasta que se expida la justicia”. Claro que es la justicia la que finalmente determina quién es la víctima y quizás quien decía ser víctima es el victimario. Pero eso es un detalle cuando el yo necesita aferrarse a alguna certeza. Aun cuando la víctima no sea tal, lo que importa es que, si aparece como tal, se garantiza inmunidad y relación directa con la verdad. No sólo para ella sino también para todos los que la apoyen. En ese sentido, la víctima es un Dios de los tiempos seculares.

Y como cuando hablamos de “verdad” hablamos también de “poder” quisiera culminar con un breve desarrollo a partir de esta frase de Giglioli: “La víctima es irresponsable, no responde de nada, no tiene necesidad de justificarse: es el sueño de cualquier tipo de poder”.


La retórica del victimismo no está empoderando a las verdaderas víctimas sino generando una competencia en la cual las viejas élites se acomodan y absorben a las figuras emergentes con discurso rebelde en la medida en que entienden que esas reivindicaciones no ponen en tela de juicio sus privilegios de clase


Efectivamente, la cultura del victimismo está erigiendo una nueva forma de poder irresistible, un poder total que anula todo debate porque habla desde una verdad presuntamente inapelable. Este nuevo poder es tan arrasador que hasta los propios poderosos adoptan el lenguaje de la víctima para poder legitimarse. En un nuevo síntoma de este giro de la tradición cínica que, como diría el filósofo alemán, Peter Sloterdijk, ya no se ejerce contra sino desde el poder, hoy podemos escuchar a millonarios europeos decir que son víctimas de los inmigrantes africanos; o a individuos que pertenecen a algunas de las minorías antes mencionadas presentarse como víctimas de un sistema que los ha ubicado en la elite mundial económica, social, cultural, artística y políticamente hablando.

Esto muestra que, paradójicamente, la retórica del victimismo no está empoderando a las verdaderas víctimas sino generando una competencia en la cual las viejas élites se acomodan y absorben a las figuras emergentes con discurso rebelde en la medida en que entienden que esas reivindicaciones no ponen en tela de juicio sus privilegios de clase. A propósito de los liderazgos y los referentes, el propio Giglioli recuerda que, cuando Freud hablaba de la psicología de las masas, resaltaba que lo que atraía de los grandes líderes era su potencia; hoy en día se da exactamente al revés: se celebra la impotencia, el padecimiento. No liderará quien haya realizado una acción encomiable sino quien haya padecido una acción aberrante.

De aquí que el italiano se anime a afirmar que nunca hemos vivido tiempos tan contrarrevolucionarios. Es que la idea de revolución estuvo asociada siempre a valores modernos como el sujeto activo, la responsabilidad, la potencia, mientras que la posmodernidad viene a realzar sus opuestos: identidad anclada en el padecimiento propio o ancestral, pasividad e impotencia, ausencia de responsabilidad, etc. Si la modernidad, de la mano del prusiano Immanuel Kant, era una apuesta por abandonar la minoría de edad, la posmodernidad parece una era en la que volvemos a pedir tutelaje y donde se nos pretende anclar en la cárcel de una identidad fija predeterminada por un padecimiento como si lo que somos y nuestro destino estuviera marcado para siempre.

Un clima de época en el que el “qué hacer” es reemplazado por el “qué soy”, con un mundo que se divide entre víctimas y victimarios esenciales y una verdad irresistible accesible sólo a los que han padecido una injusticia, avanza a pasos acelerados. El cambio cultural se percibe y comienza a tener incidencia directa en diseños institucionales y en políticas estatales. Se auguran tiempos conflictivos pero sobre todo tiempos paradójicos en los que el triunfo de la cultura victimista podrá ser una buena noticia para algunos pero nunca lo será para la inmensa mayoría de las verdaderas víctimas.

Original y lugar para comentarios en: https://disidentia.com/la-paradoja-del-victimismo/?fbclid=IwAR0l8hO0lRCx7VVm9vZVFoZjtUeMJPGkUDo2YpPdTC5VyTjh0MXhY65-JcE

Foto: Hermes Rivera

Ceuta, cuentas y pago de facturas

A lo largo de las luchas sociales del siglo XX se fue acuñando una idea realmente luminosa: "privatización de beneficios y socializació...