lunes, 24 de enero de 2022

VACUNAR a los que ya han pasado el COVID es un Daño Potencial no justificado

Juan Gérvas y Mercedes Fernández. Médicos críticos con la gestión de la pandemia
Con-ciencia con Ciencia frente a tanta arbitrariedad


Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) publica Estudio que cuestiona la política de VACUNACION UNIVERSAL, aunque no lo reconoce expresamente.

Un estudio reciente publicado en una revista oficial del CDC analiza las infecciones y hospitalizaciones en cuatro grupos, un análisis poco habitual: 
-los vacunados con Covid Previo, 
-los No vacunados con Covid Previo, 
-los no-vacunados sin antecedentes de Covid y 
-los vacunados en los que no hay datos de una infección por Covid -19 anterior. 

Los datos son claros: la inmunidad infección natural Covid era superior a la de las vacunas incluso antes de que llegara Omicron.

Tasa de HOSPITALIZACIÓN por 1.000 casos
VACUNADOS SIN Antecedentes de Covid : 0,7 0/00
VACUNADOS CON antecedentes de Covid: 0,3 0/00
NO-VACUNADOS CON antecedentes de Covid 0,3 0/00
Por lo tanto la vacuna no disminuye la posibilidad de ser hospitalizado por COVID de los que ya han pasado la enfermedad.

La curva de la evolución de la tasa de Hospitalización es todavía más gráfica. Frente a los NO-vacunados sin antecedentes de COVID linea azul continua, el resto de curvas, substancialmente más bajas no muestran diferencias y los NO vacunados con Antecedentes de COVID se comportan mejor incluso que aquellos con tres dosis.


Es decir los que se han recuperado de la infección COVID no ganan nada vacunándose. (No hay análisis por edad/sexo y Comorbilidad y eso es un limite para conclusiones especificas por Subgrupos). Se les ha sometido a un riesgo y a posibles daños de forma gratuita. Esto ya se sabía desde hace un año pero ahora el CDC se entera. Es necesario pedir responsabilidades CIVILES Y PENALES. 
José R. Loayssa

viernes, 21 de enero de 2022

Solicitud al Ministerio de Sanidad de España


Enviada el 18 de enero del 2022 mediante burofax a la Ministra de Sanidad de España, Carolina Darias

A la atención de la máxima responsable de Sanidad, Excma. Sra. Doña Carolina Darias: 


El objetivo de la presente carta es contribuir al debate científico sobre la conveniencia de la administración de la vacuna anti-covid a niños entre 5 a 11 años, solicitar respuesta a importantes cuestiones, así como pedir al Ministerio la moratoria al plan de vacunación covid en niños. 

Para ello exponemos en el informe adjunto, a partir de documentos oficiales, cuáles han sido los fundamentos de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) y el Ministerio de Sanidad de España para extender al grupo de 5 a 11 años la administración de la vacuna Comirnaty (Pfizer). También hemos llevado a cabo la lectura analítica del estudio publicado en The New England Journal of Medicine sobre el ensayo pivotal de la vacuna anti-covid Comirnaty en niños, en el que se observan importantes sesgos que ponen en duda las consideraciones de la EMA sobre la seguridad y eficacia. Seguido listamos una serie de argumentos a considerar para hacer un correcto balance riesgo/beneficio de la vacunación en estas edades. 

Un análisis sesgado supone un peligro para los niños a los que se les administre este medicamento. Tanto en el contexto del estudio, como fuera del mismo, afirmar que "el beneficio es superior al riesgo” es muy cuestionable. Sobre todo, considerando la muy baja afección de esta enfermedad en niños. 

Las consideraciones expuestas, así como la no necesidad de vacunación en niños nos lleva a concluir que el riesgo de estas vacunas es considerablemente superior a su beneficio. Los abajo firmantes pedimos que atienda esta solicitud.

jueves, 20 de enero de 2022

El truco de la igualdad

Moisés Mato

El No-Do en el que se están convirtiendo los grandes medios de comunicación no deja de sorprender por su eficacia. El capote no puede ser más elemental, y a pesar de ello (¿o debería decir, precisamente por ello?) los expertos en opinión, por llamarles de alguna forma, hacen cola para entrar a diestro y siniestro a la faena. Hay que mantener el chiringuito, oiga.

Resulta que un supermillonario tenista, muy bueno en lo suyo, decide no vacunarse y un gobierno de un país con una tradición política migratoria inhumana, muy bueno también en lo suyo, coinciden en el ruedo. Por fin el espectáculo perfecto para activar al sufrido público del tendido.

El ufano presidente de Australia afirma: No hay casos especiales. Las reglas son las reglas. Y a continuación un coro de presidentes y mandatarios políticos en todo el mundo repiten sin pudor: Las reglas son las mismas para todos. El mantra suena verdadero, y hasta decente, con el rostro del serbio en la pantalla. Pero si cambiamos el rostro del súper conocido, supermillonario, súper deportista, es decir, la excepción por excelencia, por el rostro de la mayoría del plantea, una nadería vamos, la afirmación nos puede hacer dudar.

¿Pero quiénes son la mayoría del planeta?

Mientras nos meten una indigestión de Djokovic, aparece en las noticias el informe de Intermon Oxfam titulado, para más inri, La desigualdad mata, que explica que en pandemia aumentan los supermillonarios, esos que según los presidentes se ven afectados por las mismas leyes que los demás. El informe indica además que la desigualdad económica y social contribuye a la muerte de al menos 21 000 personas al día, una cada cuatro segundos. El informe es la anécdota de los informativos, se trata de no amargar al personal. Pero nadie contesta las cifras.

Caben unas preguntas inocentes: ¿Es bueno que las reglas sean iguales para todos si unos lo pagan con su vida y otros ni se enteran? ¿Cuándo los de arriba presumen orgullosos de que las reglas son iguales para todos nos están diciendo que así entienden ellos la igualdad? ¿Las mismas normas, las mismas políticas, para los millonarios que para los pobres?

Hay que suponer que los infantes y adolescentes con problemas crecientes de salud mental se sentirán satisfechos porque se les aplican las mismas reglas que Djokovic (¡Qué suerte!). Los que viven en la parte del mundo que no tiene acceso a las vacunas, los que no pueden permitirse las cuarentenas, los que viven en infraviviendas, todos son iguales que el súper campeón, se les aplican las mismas reglas. Ya puede el mundo respirar tranquilo. Se acabó la arbitrariedad. Viva la libertad de las reglas.

Cuando un político corrupto eventualmente pisa una cárcel, cuando un empresario paga una multa de vez en cuando o a un deportista se le niegan sus privilegios, se multiplican las declaraciones que nos recuerdan que las normas son iguales para todos. Yo, que soy un mal pensado, siempre he creído que las normas están hechas siempre a favor de los poderosos y por eso tenemos que cumplirlas todos. Para que el truco sea digerible es bueno que de vez en cuando alguno se lo salte y así podamos dedicarle diez días de titulares que servirán para convencer al personal de lo bueno que es que las reglas hechas a medida de unos pocos, las tengamos que cumplir todos.

miércoles, 19 de enero de 2022

POR UNA MORATORIA EN LA VACUNACIÓN INFANTIL DESDE ESCUELAYCOVID

FOTO DE LA TERTULIA
PINCHANDO AQUÍ NO SALE LA TERTULIA
PARA VER LA TERTULIA HAY  QUE
PINCHAR EN EL ENLACE
VIDEO CENSURADO EN YOUTUBE

Para ver una tertulia de testimonios de personas que prefieren demorar la vacunación infantil.
La plataforma VEOH es de confianza. 
De más confianza.

sábado, 15 de enero de 2022

Todos vacunados y todos contagiados


Nos prometieron que las vacunas nos protegerían del covid, que la epidemia terminaría y que nos devolverían la normalidad robada. Sin embargo, casi dos años después ninguna de esas promesas se ha cumplido. Con un récord de contagios que convierte a la variante ómicron en una epidemia de vacunados (pocos meses después de vacunarse), continuamos con la retahíla de acientíficas restricciones-paripé, test de asintomáticos, disruptivas cuarentenas y una fe ciega en unas vacunas que evidentemente no han respondido a las expectativas. ¿Hasta cuándo continuará el contubernio político-mediático-farmacéutico intentando silenciar la evidencia?

Primero nos dijeron que las vacunas impedirían que nos contagiásemos del covid y sólo cuando la evidencia puso de manifiesto que estar vacunado no protegía en absoluto de la infección sintomática ni impedía la transmisión cambiaron de argumento: ahora las vacunas ya no nos protegían de enfermar, sino de hacerlo gravemente y morir. ¿Así de fácil? ¿Cambiamos el relato y pelillos a la mar? Un momento. Todo el programa de vacunación masiva e indiscriminada de la población con vacunas en gran medida experimentales, incluyendo a la inmensa mayoría (adultos sanos, jóvenes, adolescentes y niños) para los que el covid es una enfermedad leve, se basaba en la premisa de que la vacuna impedía la transmisión y lograría la ansiada “inmunidad de rebaño” del 70%. Si las vacunas no impiden el contagio ni la transmisión, ¿por qué se ha vacunado a toda la población y no sólo a la población de riesgo? ¿Por qué se continúa con el inmoral engaño de vacunar a los niños?

Este fiasco vacunal era previsible, como advertí por primera vez en septiembre del 2020. Nunca se había aprobado una vacuna eficaz contra ningún tipo de coronavirus ni se había utilizado la problemática[1] tecnología genética de ARNm en ninguna vacuna. Los plazos habituales de aprobación de una vacuna con ensayos clínicos de entre cinco y diez años de duración se habían reducido a dos meses, por lo que cualquier afirmación sobre su eficacia y seguridad pecaba de prematura. Para más inri, las empresas farmacéuticas eran perfectamente conscientes de todo ello y, preocupadas por la aparición de efectos secundarios adversos “dentro de cuatro años[2]”, habían firmado contratos con cláusulas de indemnidad que les eximían de toda responsabilidad.

Lo ensayos clínicos sobre los que se aprobaron las vacunas vectoriales y las terapias genéticas de ARNm no mencionaban en ningún momento que éstas impidieran la gravedad y muerte, sino el contagio. Por lo tanto, han fracasado precisamente en aquello por lo que fueron aprobadas, un ejemplo particularmente punzante de que los ensayos clínicos deben ser siempre tomados con cautela, pues las empresas farmacéuticas que esperan lucrarse por la aprobación del fármaco gozan de una clara asimetría de información frente al regulador y éste está sujeto al permanente conflicto de interés de las puertas giratorias. Con buen motivo, expertos como Peter Doshi, editor del British Medical Journal, mostraron las dudas que planteaba la cacareada eficacia del 95%[3], y un grupo de médicos británicos escribía recientemente en el BMJ que la pérdida de eficacia “sugiere que los efectos de las vacunas desaparecen rápidamente y/o que se introdujo algún sesgo o irregularidades en los procedimientos originales de los ensayos[4]”.

Tras pocos meses, y conforme aparecían nuevas variantes, la eficacia de las vacunas empezó a decaer abruptamente, como mostraron numerosos estudios[5]. Antes de ómicron, a finales de octubre, The Lancet Infectious Diseases publicaba que “la eficacia de las vacunas en reducir la transmisión es mínima en el contexto de la variante delta[6]”, y otro macro estudio sueco publicado en The Lancet concluía que las vacunas de Pfizer y Astrazeneca (82% de las dosis administradas en España) no tenían “ninguna eficacia[7]” para evitar la infección de covid transcurridos siete y cuatro meses, respectivamente, desde su inoculación. Con ómicron la situación ha empeorado: ya no es que las vacunas no tengan ninguna eficacia, sino que su eficacia es negativa, es decir, que los vacunados son más susceptibles de contagiarse que los no vacunados. Así lo concluye un recientísimo estudio danés[8], datos oficiales de la Sanidad británica[9] y un estudio noruego publicado en Eurosurveillance[10]. Hace pocos días, el virólogo Luc Montagnier, Premio Nobel de Medicina del 2008, confirmaba en un artículo en el Wall Street Journal que “datos de Dinamarca y Canadá indican que las personas vacunadas tienen mayor tasa de infección de ómicron que las no vacunadas[11]”.

Antes del advenimiento de la fanática idolatría de las vacunas covid, ¿cómo se habría calificado a una vacuna que pierde completamente su eficacia en cuestión de meses y luego tiene eficacia negativa? Estas “vacunas” jamás habrían logrado su aprobación por el procedimiento normal, y debemos exigir a los políticos que admitan el fracaso de su miope obcecación vacunal universal y detengan el programa de vacunación infantil, un escándalo que no beneficia a nadie y pone en riesgo la salud de los niños.

Respecto a la eficacia de estas vacunas para “evitar” la gravedad y la muerte, la creencia popular está de nuevo equivocada. El Ministerio de Sanidad español, con datos ciertamente opacos, señala que aproximadamente tres de cada cuatro muertos por covid (entre el 72% y el 80%) desde otoño eran personas perfectamente vacunadas[12], porcentajes similares a los ofrecidos por el Reino Unido[13]. ¿Han leído esto en algún medio? Estos porcentajes, elevadísimos en términos absolutos, indiciarían sin embargo una relativa protección contra la gravedad dada las altísimas tasas de vacunación. No obstante, dado el interés en ocultar las grietas del relato oficial, es posible que la realidad sea menos halagüeña. Recientes estudios epidemiológicos publicados en The Lancet limitan la eficacia para reducir la gravedad y muerte hasta un “indetectable[14]” 42% seis meses después de vacunarse, cifra que Israel situaba en agosto en el 55%[15]. Por otro lado, según un estudio publicado en el JAMA, los datos en bruto en Sudáfrica (no estandarizados por edad) muestran que con ómicron las tasas de hospitalización de vacunados son superiores a las de no vacunados[16]. Aunque en ausencia de ensayos aleatorios sea difícil estar seguro, por el momento puede afirmarse que las vacunas no evitan la gravedad y muerte pero reducen su probabilidad de ocurrencia, aunque esta reducción sea poco significativa tras pocos meses.

Primero nos prometieron que con dos dosis y un 70% de vacunados esto se terminaba. Ante la evidencia del fiasco vacunal, se sacó de la chistera la necesidad de una tercera dosis, que Israel inoculó en estado de pánico al observar que las dos dosis precedentes no impedían nuevas olas. Ahora proponen una cuarta, pocos meses después. ¿Qué vacuna conocen ustedes que requiera cuatro dosis en pocos meses? Esta huida hacia delante de políticos empeñados en no reconocer sus errores juega con el sistema inmunológico y la salud de la población (como ha tenido que advertir, tarde, la EMA). El jefe del Departamento de Inmunología de la Universidad de Tel Aviv lo resumía en una carta abierta: “Es hora de admitir el fracaso[17]”.

Las terceras dosis de unas “vacunas” que ofrecen una estrecha y rígida respuesta a un solo antígeno obsoleto no mejorarán el resultado tras el habitual espejismo de pocas semanas. La propia OMS considera las dosis de refuerzo “inapropiadas e insostenibles”[18]. Lo que sí aumentarán las sucesivas dosis, en cambio, es la posibilidad de casos de yatrogenia. En efecto, nos prometieron que estas vacunas serían “95%” eficaces y esto ha resultado ser un timo. También nos prometieron que eran tremendamente seguras. ¿Lo son? Lo analizaremos en el siguiente artículo.




Fernando del Pino Calvo-Sotelo

www.fpcs.es



[1] Moderna hits safety problems in bold bid to reinvent medicine (statnews.com)

[2] AstraZeneca to be exempt from coronavirus vaccine liability claims in most countries | Reuters

[3] Peter Doshi: Pfizer and Moderna’s “95% effective” vaccines—we need more details and the raw data – The BMJ

[4] Evidence does not justify mandatory vaccines – everyone should have the right to informed choice | The BMJ

[5] Comparison of two highly-effective mRNA vaccines for COVID-19 during periods of Alpha and Delta variant prevalence | medRxiv y otros.

[6] What is the vaccine effect on reducing transmission in the context of the SARS-CoV-2 delta variant? – The Lancet Infectious Diseases

[7] Effectiveness of Covid-19 Vaccination Against Risk of Symptomatic Infection, Hospitalization, and Death Up to 9 Months: A Swedish Total-Population Cohort Study by Peter Nordström, Marcel Ballin, Anna Nordström :: SSRN

[8] SARS-CoV-2 Omicron VOC Transmission in Danish Households | medRxiv

[9] COVID-19 vaccine surveillance report – week 1 (publishing.service.gov.uk)

[10] Eurosurveillance | Outbreak caused by the SARS-CoV-2 Omicron variant in Norway, November to December 2021

[11] Omicron Makes Biden’s Vaccine Mandates Obsolete – WSJ

[12] Actualizacion_537_COVID-19.pdf (mscbs.gob.es) y anteriores

[13] COVID-19 vaccine weekly surveillance reports (weeks 39 to 1, 2021 to 2022) – GOV.UK (www.gov.uk)

[14] Effectiveness of Covid-19 Vaccination Against Risk of Symptomatic Infection, Hospitalization, and Death Up to 9 Months: A Swedish Total-Population Cohort Study by Peter Nordström, Marcel Ballin, Anna Nordström :: SSRN

[15] Covid Vaccines: A Shot in the Dark? – Swiss Policy Research (swprs.org)

[16] Characteristics and Outcomes of Hospitalized Patients in South Africa During the COVID-19 Omicron Wave Compared With Previous Waves | Global Health | JAMA | JAMA Network

[17] Professor Ehud Qimron: “Ministry of Health, it’s time to admit failure” – Swiss Policy Research (swprs.org)

[18] Interim Statement on COVID-19 vaccines in the context of the circulation of the Omicron SARS-CoV-2 Variant from the WHO Technical Advisory Group on COVID-19 Vaccine Composition (TAG-CO-VAC)

Besos en la coronilla contra el Covid

El invierno ha comenzado y la pandemia retorna esplendorosa a los medios de comunicación. Volvemos a escuchar el reporte diario de casos, ingresados en hospitales y muertos. Volvemos a surfear diariamente en los datos de la incidencia acumulada y de la presión hospitalaria. Volvemos a contemplar casos particulares dramáticos en nuestras pantallas. Volvemos a escuchar las tertulias de prestigiosos expertos. Por volver, vuelve hasta el uso de la mascarilla en exteriores. Volvemos a tener mucho miedo, a evitar tocarnos, a aislarnos.

En este contexto, a pesar de todo, aún queda espacio para la sorpresa, que a mí me llegó una mañana, tempranito, cuando conducía hacia el trabajo y una famosa periodista de radio dedicaba unas palabras de ánimo a la población, deslizando un hecho que para mí era desconocido: hay personas que saludan a su seres queridos con besos en la coronilla para disminuir el riesgo de contagio por coronavirus.

He visto (y en algún caso me han obligado a hacer) lamentables saludos con los puños, con el codo e incluso con una especie de reverencia mutilada. Pero nunca había oído hablar de besos en la coronilla.

Quiero pensar que eso no se hace por recomendación de ningún experto, pero por desgracia no me resultaría increíble. No en vano hemos escuchado y visto aplicar, en los últimos dos años, recomendaciones expertas (a veces imposiciones) para luchar contra la pandemia y que eran manifiestamente ridículas: afeitarse, limpiar los productos del supermercado, usar guantes por la calle, pulsar interruptores con llaves u otros objetos, limpiarse los zapatos en felpudos con desinfectantes, desinfectar con ozono las superficies y las calles, utilizar mascarillas al aire libre, controles de temperatura aleatorios, pasear en distintas horas según la edad, no cantar (o, si se canta, hacerlo bajito y al final de la reunión), no hablar si se comparte coche o normativizar dónde debe sentarse cada miembro de la familia en la cena de Navidad.

Además de tamañas absurdidades, algunas de las cuales aún se mantienen, cabe también recordar medidas mucho más contundentes y potencialmente dañinas cuya eficacia en la contención de la pandemia es más que dudosa y que han sido y son defendidas con gran ahínco por muchos expertos salubristas. Me refiero, por ejemplo, a la instauración de los pasaportes sanitarios, a la propuesta de vacunación obligatoria, a la vacunación masiva de niños o a los confinamientos generales y estrictos.

Todas estas medidas tienen en común, como se ha dicho, una eficacia dudosa, pero también una voluntad de colonizar la vida cotidiana de las personas, un espíritu autoritario innegable y una apelación a la fe en los expertos y en la Ciencia.

Ya antes de la actual pandemia era evidente el proceso de medicalización de la vida cotidiana y de expropiación de la salud, cuyo cuidado hemos ido delegando acrítica y peligrosamente en la institución médica. A pesar de ser un proceso que viene de lejos, las cotas que estamos alcanzando estos meses rozan el delirio y no sabemos qué consecuencias pueden tener. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Quizá el factor clave sea el miedo. Vivimos mayoritariamente asustados y, por ello, paralizados. La enfermedad y la muerte son experiencias humanas inevitables que intentamos negar y que nos aterran profundamente. Así, el mantenimiento de la salud se ha convertido en el objetivo vital de demasiadas personas, de tal forma que el resto de experiencias humanas deben sometérsele. Pues bien, aquí afirmo, y reconozco que es un posicionamiento vital personal, que la salud no es -o no tiene que ser- lo más importante.

Una buena salud puede ayudarnos a tener una vida mejor, eso es evidente, y de ello intento ser partícipe en mi trabajo como médico. Pero nos equivocamos si olvidamos que, como me enseñó un colega, “la salud es como el dinero, fantástica como abono pero una mierda como cosecha”.

Gracias a los misteriosos vericuetos del pensamiento, al escribir lo anterior me viene a la cabeza la frase del presidente Sánchez hace unos días: “el criterio de la Ciencia debe anteponerse a todo por el bien común”.

Las palabras de Sánchez son asombrosas. Lo son porque insisten en la gran paradoja de nuestro tiempo: la conversión de la Ciencia en Religión. Y lo son también porque inciden en la errónea idea de que lo tecnocientífico está desprovisto de ideología y de que, por esa neutralidad, se le deben someter todos los demás ámbitos de la vida humana.

Nada tienen que decir los propios seres humanos sobre cómo desean vivir su vida individual y también su vida social y comunitaria. La Ciencia, a través de los expertos reconfigurados en sacerdotes y conocedores de la Verdad, sabe lo que es mejor para todos nosotros y por sus normas debemos regirnos por nuestro bien personal y común.

No es sólo que los expertos sepan qué hacer para que obtengamos el bien, sino que saben qué es lo bueno y qué es lo malo. Es esa una cuestión previamente decidida -o revelada- y de la que tampoco tenemos nada que decir. Por eso se torna necesario obligar a todos a seguir sus dictados: para protegernos incluso de nosotros mismos. Se nos pide fe, y con fe nos entregamos. La Ciencia nos salvará.

Es preciso, tal vez, que aclare algo importante: no estoy afirmando que los expertos de cualquier área no deban aportar su conocimiento a la sociedad y trabajar por el bien de todos. Deben hacerlo y debemos tenerles en cuenta. Mi crítica es otra. Es al hecho de que a la población le haya sido expropiada su capacidad para decidir la mejor forma de, individual y comunitariamente, afrontar la propia vida.

Esta expropiación ha sido tristemente espoleada desde los púlpitos de la Salud Pública, que parece haber olvidado algunos de sus elementos fundamentales: que la salud es un concepto amplio, que debe tener en cuenta todos los factores que influyen en ella; que su misión no es obligar e imponer, sino facilitar y proponer; que no debe centrarse únicamente en una enfermedad, que debe tener una visión global y de largo plazo; y, sobre todo, que las personas no son maniquíes, que deben respetarse sus derechos, tradiciones y cosmovisiones.

Es preciso, a mi juicio, que rompan su silencio muchas voces también expertas que, seguro, no están de acuerdo con la deriva autoritaria que ha tomado el salubrismo. Es preciso que se reinstaure el debate científico y también el social, y que luchemos contra la pandemia apelando a la razón y no a la obediencia. Es preciso que se abandonen el dogmatismo y el silenciamiento de las opiniones críticas. Es preciso que recuperemos los lazos sociales y comunitarios, que recuperemos nuestras capacidades para el autocuidado y el apoyo mutuo.

Si no construimos entre todos, nada quedará en pie.

Besos en la coronilla.

Juan Diego Areta Higuera.

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