martes, 1 de septiembre de 2020

NACHO DE BLAS: "Los veterinarios llevamos trabajando con los coronavirus 90 años y estas vacunas no suelen funcionar bien"

Lleva media vida estudiando coronavirus y epidemias. En la facultad les decían que nunca les faltaría trabajo, porque cada cinco años surge una nueva enfermedad en cada especie animal; y cuando erradicas una, solo dejas sitio a otra. Con la globalización, eso "ocurrirá en humanos", dice

DONOSTIA – ¿Está más tranquilo o más preocupado que cuando empezó esta pandemia?

–Más tranquilo porque sabemos más cosas, pero esas cosas que sabemos tampoco hacen que te quedes mucho más tranquilo, porque nos hace ver que esto va a ser algo para largo. No es una enfermedad de estas apocalípticas, con mortalidad muy alta, excepto en colectivos muy concretos, que son las personas mayores. Para ellos sí que es una enfermedad muy grave. Pero sabemos que la inmunidad dura muy poquito, que hay muchas personas asintomáticas que se han infectado y luego presentan algún tipo de secuelas de tipo respiratorio o nervioso. Y estamos hablando de gente joven. Todo lo que sea a largo plazo todavía es una incógnita.

¿No hemos sido conscientes de que esto era una carrera de fondo?

–Y creo que las autoridades tienen un poquito de culpa. Tengo la sensación de que estamos tratando a la sociedad como si fueran niños pequeños; hay una infantilización de la sociedad, de darnos todo mascadito. Se ha minimizado mucho el problema.

¿No es peor causar alarma?

–En Salud Pública hay que ser pesimista por naturaleza. Y presentar un plan de contingencia. ¿Que luego no hace falta aplicarlo? Mejor. Claro, luego hay dos extremos. Por un lado están los optimistas patológicos, que son peligrosísimos: la vacuna va a estar en dos meses, no va a haber reinfectados... Y en el otro extremo están los apocalípticos: que todo va a ser un desastre. Ni una cosa ni la otra. Un pesimista pragmático hay que ser en salud pública.

Explíqueme qué está pasando.

–Muchas de estas cosas las sabemos los veterinarios desde hace 90 años, porque tenemos coronavirus en animales. El principal problema de las gallinas y los pollos es un coronavirus, la bronquitis infecciosa aviar, desde 1930. Llevamos décadas trabajando con coronavirus. Sabemos perfectamente cuáles son las vías de transmisión, los comportamientos estacionales, que los anticuerpos duran de seis a doce meses en el mejor de los casos, sabemos perfectamente que las vacunas son una porquería y son complejísimas.

¿Está diciendo que las vacunas no son eficientes?

–Los coronavirus en animales es igual que en los humanos. Sabemos que estas enfermedades, cuando aparecen por primera vez en una población producen un pico epidémico super fuerte, independientemente de la estación del año; y luego ya se llega a un equilibrio, a la inmunidad de rebaño, y se dan picos por la pérdida de inmunidad. Sabemos incluso que las vacunas en algunos casos han sido contraproducentes. En perros, las que había registradas de coronavirus se han retirado del mercado todas.

¿Por qué?

–Porque no protegen. Estamos hablando de vacunas que están superprobadas y no funcionan. Y las vacunas mejores que hay para coronavirus son las que inducen una buena respuesta frente a muchos antígenos distintos, tanto con anticuerpos como con respuesta celular. Y eso, de momento, solo lo consiguen vacunas que sean atenuadas, que tardan años en desarrollarse; y no vacunas que sean inactivas, como muchas de las que se están desarrollando. La inmunología es supercompleja.

¿Dentro de las vacunas que se están planteando, no hay ninguna de las que usted llama "buenas"?

–Las inactivadas son mas fáciles, se coge al virus y se le inactiva, pero apenas activan la respuesta celular, con lo cual solo estamos activando la mitad del sistema inmunológico. Es como tener las armas contra un antígeno, pero no a los policías. Las vacunas por excelencia, son las atenuadas, coger ese virus y hacerle olvidar que se comporte de forma agresiva. Esa vacuna tiene todas las armas, y además activa la respuesta celular, pero actualmente no hay ninguna en desarrollo. Y para cuando haya una vacuna atenuada en el mercado, esta enfermedad ya no será de interés.

¿No sería más fácil, entonces, centrarse en los tratamientos eficaces en vez de la vacuna?

–Estás metiendo el dedo en la llaga. Los laboratorios farmacéuticos quieren algo que impacte y que se venda rápido. Las inactivadas son rápidas, pero sabemos que van a funcionar poco y mal. Claro, en muy poco tiempo tienes un modelo de vacuna: es el modelo de Oxford, el de los rusos, italianos y varias chinas. Luego están las recombinadas y hay otras más modernas, las de tipo genético, que son la vacuna de Moderna en EEUU o la de BioNTech, que la va a comercializar Pfizer en Alemania. Queda muy bien sobre el papel, pero todavía no hay ninguna vacuna registrada con esa tecnología ni en animales ni en humanos.

¿O sea que nuestra esperanza está depositada en un experimento?

–En un coronavirus, con las complejidades que sabemos que tiene, esperar que te va a salir bien a la primera, pues no sé si es un muy realista. Y estamos hablando de que la Unión Europea iba a comprar a Moderna 80 millones de dosis. Multiplícalo por 35 euros que vale cada una... Estamos hablando de 2.500 millones de euros. Una empresa de seis años y que no tiene ningún producto en el mercado; y solo en Europa vende 2.500 millones de un producto que no existe. Es increíble, para que luego Anthony Fauci (inmunólogo de EEUU) diga que a lo mejor se queda solo en el 50% o 60% de efectividad, que ni siquiera llegas a la inmunidad de rebaño. En veterinaria nos exigen el 75% para comercializar algo.

¿Entonces?

–Volviendo a tu pregunta, no interesa un tratamiento que pueda desmontar tal negocio. Quiero decir que hay muchas moléculas que pueden ser candidatas a ser un tratamiento efectivo, pero que no interesa financiar porque no tienen tanta rentabilidad como una vacuna o como el Redemsivir famoso, que son 3.000 euros el tratamiento y la mejora que tiene es la que es: solo sirve para pacientes graves intubados, donde se consigue bajar la letalidad del 18% al 12%.

¿Estaba cantado que pasaría algo así algún día?

–Sí. Bill Gates ya dijo hace unos años que la amenaza para la humanidad son los virus que van a saltar de poblaciones silvestres a los humanos. El 75% de las enfermedades víricas y bacterianas que tenemos lo humanos proceden de los animales, son de origen zoonótico y aún así, los conocimientos de los veterinarios no se están considerando para nada.

¿Qué planes tienes para las vacaciones del año que viene?, ¿volveremos a la normalidad?

–(Resopla). Para dentro de dos años, estoy convencido de que casi seguro que sí. Para el año que viene..., depende de muchos factores. Asumiendo que no va a haber ninguna mutación relevante, que eso también es importante, porque si se vuelve más agresivo, todo lo que estamos dibujando se nos iría a la mierda. De hecho, lo que le pasó al SARS es que tuvo una mutación, pero en este caso se erradicó por sí solo.

¿Podría autoeliminarse el virus?

–Podría ocurrir. Lo que pasa es que SARS y MERS, dos coronavirus malos, solamente eran contagiosos los enfermos, no había portadores asintomáticos, y este tiene algunas cosas malas como SARS y MERS, pero el comportamiento que tiene es como un virus respiratorio, como los cuatro coronavirus estacionales que tenemos continuamente en invierno.

¿Usted también cree que el virus nos va a volver loco en la vuelta al cole?

–Cuando los niños tengan mocos en el colegio, va a ser el caos. El problema es el optimismo patológico. Estábamos convencidos de que esto en verano se iba a pasar, y como somos super responsables, vamos a empezar el curso y, además, en octubre va a estar la vacuna. Estábamos haciendo el cuento de la lechera.

¿Es usted partidario de medidas drásticas frente al coronavirus?

–Mientras no tengamos una vacuna efectiva, sí. Y como pronto, comenzaremos a vacunar a algunos colectivos de riesgo en enero o febrero, con suerte, porque la de Moderna está atascada por falta de candidatos en la fase tres y la de Oxford dice que el 3 de noviembre saca las primeras unidades al mercado, pero hasta que la pongan, funcione y veamos que no hay efectos adversos... Es que luego hay una fase cuatro que nadie comenta, donde hay que ver si tiene reacciones adversas y hacer seguimiento de personas y ver si se infectan... Espera a que empiece a aparecer gente vacunada que dé síntomas y positiva en los hospitales y vas a ver el tortazo que se pegan los optimistas patológicos.

¿Y la economía?

–El problema es que aquí se ha priorizado abrir los bares a abrir los colegios. Los veterinarios nos enfrentamos a enfermedades con letalidades de hasta el 90% y hemos tenido que aprender a ser muy drásticos. Y también tenemos en cuenta el tema económico. Hay situaciones en que tienes que sacrificar la granja entera de cerdos y las que hay en diez kilómetros a la redonda. A lo mejor 100.000 animales. En humanos no se puede, claro, el equivalente es el confinamiento. En la primera fase, un confinamiento nacional lo entiendo, porque había muchas incógnitas, pero si hay que hacerlo, hay hacerlo bien. Si sabes que los mayores de 70 son el colectivo de riesgo, pon toda la carne en el asador y en ese punto. Yo obligaría al confinamiento absoluto a personas mayores de 70 años.

¿Cree que nos volverán a confinar?

–Creo que no. A lo mejor en alguna localidad concreta, que tenga los casos disparados, habría que plantearlo. Sería insostenible desde el punto de vista económico e injustificado, teniendo en cuenta los conocimientos que tenemos.

¿Se imagina un virus que se transmita como este y mate con el ébola?

–Te pongo un ejemplo que está pasando ahora. La peste porcina de África, que hay un montón de brotes activos en Polonia. Alemania está construyendo un muro en toda la frontera, de dos metros de altura, porque el problema lo van a tener con los jabalís infectados, que son bastante resistentes, y eso pasa porque no hay vacuna. Esta enfermedad la conocemos desde los años 50 y se carga al 99% de los cerdos en cuestión de 72 horas. No hay vacuna. Se transmite por todas las vías que te puedas imaginar, aire, insectos, contacto directo, ingestión...si tuviéramos una peste porcina africana en versión humana, apaga y vámonos. A una cosa así, sí que tengo miedo.

¿Entiende que haya padres que se nieguen a llevar a los niños al cole?

–¡Ojo!, y hay jueces que apoyan la medida y eso es lo malo. Y que están desautorizando al gobierno. Desautorizando medidas de tipo sanitario. Esto desde el punto de vista científico no se comprende.

¿Qué nota le da a la gestión de la crisis a nivel mundial y local?

–Ha habido mucha descoordinación, porque la OMS no ha sido el líder que se buscaba para dar soluciones globales. Ha habido países que les ha ido bien, como Alemania, y hay otros, como Reino Unido y EEUU, que se han encabezonado en hacerlo todo mal. Y a nivel nacional, ha habido también bastante descoordinación. Hay comunidades que lo han hecho mejor, como La Rioja, que abordó muy bien el primer brote. El País Vasco hacía unos informes cojonudos hasta que el que los hacía se le hincharon las narices y el diagnóstico es espectacular, con triple turno, que es para quitarse el sombrero; Castilla y León tiene un servidor de datos abiertos espectacular; y Aragón, que está liderado por un veterinario, se ha enfrentado a situaciones inesperadas, como el tema de los temporeros, y ha reaccionado bien. Pero en general, suspendidos, tanto la OMS como a nivel nacional, por falta de liderazgo.

jueves, 27 de agosto de 2020

STOPDERROCHE EDUCACIÓN


El grupito impulsor del Área de Educación de "stop Derroche" se reunión ayer para perfilar las acciones del próximo curso de que iremos informando

Entre otras cosas van a difundir el libro "Los tomates de verdad son feos" y un pequeño folleto introductorio al tema.

También actualizarán el Cuaderno de Actividades que prepararon hace unos años con el mismo objetivo de disminuir el Derroche de alimentos.

Trabajo esclavo en la India: cuatro grandes empresas españolas están en la 'lista negra'



José L Lobo
Salarios de 1,3 euros diarios por 68 horas de trabajo a la semana, sin contrato, en un ambiente insalubre, sin derechos básicos como la prestación en caso de enfermedad o la afiliación sindical, en régimen de privación de libertad... Ese sigue siendo el lóbrego escenario laboral al que se enfrentan cotidianamente decenas de miles de niñas y adolescentes, muchas de ellas de apenas 15 años, en el estado indio de Tamil Nadu, al sudeste del coloso asiático. Todas esas jóvenes, que representan el 60% de los más de 400.000 trabajadores del sector, son empleadas en condiciones que rozan la esclavitud por megafactorías textiles que suministran sus productos a las grandes firmas de moda internacionales, entre ellas las españolas Zara y Bershka (Inditex), El Corte Inglés, Cortefiel y Carrefour España.

No son las únicas. Gigantes como Primark, Calvin Klein, Benetton, Walmart, Mothercare, H&M, C&A o Timberland, entre otras, también obtienen pingües beneficios de la presunta red de trabajo esclavo que tiene su epicentro en las vastas factorías textiles del sur de la India, cuya producción, que no se detiene ninguno de los 365 días del año, llega a las tiendas de ropa más conocidas en todos los rincones del planeta.

Así lo revela un nuevo y exhaustivo informe del prestigioso Centre for Research on Multinational Corporations –una organización independiente holandesa sin ánimo de lucro que escruta los estándares éticos de las grandes multinacionales–, que destapa, una vez más, la explotación vinculada al comercio textil.
Pinche para leer el informe.

El informe, titulado Flawed fabrics(Tejidos defectuosos) y fechado el pasado mes de octubre, vuelve a sacar los colores a algunos de los principales gigantes mundiales de la moda por beneficiarse de las "graves violaciones de los derechos humanos y laborales"de decenas de miles de niñas y adolescentes indias que son "atraídas mediante engaños y falsas promesas" a las casi 1.600 factorías textiles que inundan Tamil Nadu –uno de los mayores centros mundiales de fabricación y distribución de prendas de vestir–, donde trabajan en "condiciones espantosas que equivalen a trabajos forzados".

Algunas de las firmas más conocidas mundialmente se han caído de la lista negra, entre ellas Tommy Hilfiger o Marks&Spencer, que sí aparecían en el informe anterior, de 2011, titulado Captured by cotton (Atrapadas en el algodón). En aquel documentado estudio, elaborado en colaboración con el India Committee of the Netherlands –una ONG holandesa impulsora de la campaña Clean Clothes (Ropas Limpias)–, se relataba el proceso de reclutamiento laboral de decenas de miles de jóvenes indias de entre 14 y 20 años, la mayoría de ellas perteneciente a la casta de los Dalit, la más baja del país, considerada impura y dedicada a tareas marginales con míseros salarios.

El nuevo informe del Centre for Research on Multinational Corporations es el resultado de una exhaustiva investigación de tres años que incluye entrevistas sobre el terreno a 151 trabajadoras a cambio de anonimato. Una de las cinco megafactorías estudiadas, la Super Spinning Mills Ltd., suministra toneladas de hilo de algodón producido en condiciones de semiesclavitud a varias compañías con sede en la vecina Bangladesh, entre ellas Cotton Club, propiedad de Mondol Group, y Fariha Knit Tex, perteneciente al Grupo Asrotex. Estas últimas son dos de los principales proveedores de Zara y Bershka –del gigante Inditex–, El Corte Inglés, Cortefiel y Carrefour España.
Una dependienta coloca un maniquí en una tienda de ropa de Arteixo, La Coruña. Reuters)

El estudio lamenta la "alarmante falta de transparencia" tanto de los productores de Tamil Nadu como de las firmas intermediarias y las compradoras finales, y enfatiza que estas últimas "apenas proporcionan información acerca de sus proveedores, lo que hace muy difícil exigir responsabilidades" a las compañías occidentales sobre las "violaciones" cometidas en sus "cadenas de suministro". Los autores del informe consideran que la responsabilidad de las grandes firmas de moda "se extiende más allá de sus proveedores de primer nivel, hasta los segundos y terceros niveles", incluyendo las macrofactorías de Tamil Nadu.

Un portavoz de Inditex aseguró a El Confidencial que "no existe la relación mencionada en el informe de ninguno de nuestros proveedores con Super Spinning Mills. Inditex obligó hace ya tiempo a Cotton Club, la compañía de Bangladesh responsable, según el informe, de contratar con Super Spinning Mills, a interrumpir inmediatamente cualquier relación con esta compañía india". Sin embargo, la propia web de Mondol Group, propietaria de Cotton Club, cuestiona esa versión. En ella se informa de que, entre sus principales clientes, figuran Zara y Bershka (Inditex), además de Cortefiel y El Corte Inglés.

Por su parte, fuentes de El Corte Inglés señalaron que esta empresa "trabaja activamente para fomentar y garantizar el cumplimiento de los derechos humanos y laborales en las empresas proveedoras. Para ello contamos con códigos de conducta obligatorios que se enmarcan en las convenciones fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Nuestro sistema de homologación de proveedores incluye auditorías sociales realizadas al amparo del sistema BSCI (Business Social Compliance Iniciative) que toma como referencia las citadas convenciones de la OIT".


Un portavoz de Cortefiel señaló que la compañía "rechaza cualquier forma de trabajo que sea contraria a los derechos humanos", y aseguró, sin mayores precisiones, que "la verificación externa de nuestros proveedores es la mejor del mundo". Carrefour España, por su parte, rehusó ofrecer su versión.

El informe detalla cómo los "reclutadores" de las macrofactorías textiles de Tamil Nadu se trasladan a las áreas más pobres y deprimidas de ese Estado indio "para convencer a los padres de que envíen a sus hijas" a esos centros de trabajo esclavo "con promesas de un buen salario, hospedaje confortable, tres comidas al día y oportunidades de escolarización, así como una paga extra al cabo de tres años de trabajo" para costear su dote y contraer matrimonio. Pero, una vez reclutadas, la realidad que se encuentran es "espantosa".
Salarios de 1,3 euros diarios por 68 horas de trabajo a la semana, sin contrato, en un ambiente insalubre, sin derechos básicos como la prestación en
Una joven india trabajando en una de las fábricas textiles de Tamil Nadu.


martes, 25 de agosto de 2020

EXPLOTACIÓN EN EL CALZADO

Aparadoras: la huella invisible de la precariedad

El 88% de las mujeres que trabajan cosiendo zapatos lo hacen sin contrato, según un informe publicado por la Universidad de Alicante

Sheila Pedro
Jun 4 · 11 min read

Elche. 1:49 horas. Son cerca de las dos de la mañana de un jueves cualquiera y, aunque en la mayoría de los hogares ilicitanos reine el silencio, todavía se vislumbran en cocinas y salones algunas luces encendidas. Con el cansancio de llevar más de 11 horas cosiendo zapatos, con los dolores de espalda y manos que comporta su trabajo, y con el olor de cola ya imperceptible por su cerebro, allí siguen ellas, cosiendo zapatos y preguntándose si algún día las tratarán como lo que son: unas trabajadoras más.

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Aparadora cosiendo zapatos alumbrada por la luz de un flexo | Foto cedida por Isabel Matute

El oficio de aparar puede que en la actualidad sea uno de los trabajos que más polémica genere a nivel nacional. Todo surge a raíz de dos informes que publica la Agencia Tributaria sobre la renta que se distribuye entre las localidades y barrios españoles. De la noche a la mañana, la cuna del calzado es señalada como una de las ciudades más pobres de España, y meses después la atención gira entorno al barrio ilicitano de Carrús, que según los informes posee una de las rentas más bajas del territorio nacional. “La ciudad de Elche no tiene un consumo correspondiente al de una ciudad con rentas bajas. Yo llegué a determinar que en la ciudad había por cada familia un coche y medio, lo cual es un indicador de alto consumo”, señala Josep Antoni Ybarra, experto y autor de numerosos estudios sobre el sector del calzado. La economía sumergida que se genera en Elche a través de la industria de calzado empieza a estar en el punto de mira y las aparadoras, también.

La suela de la industria

Para hacer un zapato, uno de los primeros pasos que hay que seguir es unir las diferentes piezas para así formar su estructura. Esta tarea, una de las más básicas y fundamentales en la confección de cualquier calzado, se lleva a cabo gracias a las aparadoras, primer eslabón de la industria del calzado y a su vez el oficio más precario. “Es muy deprimente tener que estar trabajando 10 y 11 horas para estar cobrando 100 euros a la semana, que a veces ni llega a esa cifra, pero al menos mientras estás luchando tienes la esperanza de que la situación pueda cambiar”, arremete Isabel Matute, presidenta de la Asociación de Aparadoras de Elche.

Isabel llegó a Elche con edad de trabajar, y a los 14 años entró como aprendiz en un taller de zapatos. “Y mira que pataleé por poder estudiar, pero no me pudieron dar la oportunidad, mi misión era trabajar”, enfatiza Matute. Con su sueño de ser abogada hecho trizas empezó en el oficio de aparar, pero 44 años después de ese día, Isabel se plantó, no quería seguir trabajando con unas condiciones tan precarias. Había que hacer algo. Y, aunque en su día no pudo estudiar para convertirse en abogada, en la actualidad, a sus 58 años, Isabel encabeza la Asociación de Aparadoras de Elche y pelea para que se haga justicia y se empiecen a reconocer tanto sus derechos, como los de sus compañeras.

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Isabel Matute aparando en su domicilio particular | Foto cedida por Isabel Matute

No obstante, a Isabel ser la cara visible de la asociación le ha supuesto muchos cambios en su vida. Para empezar, a raíz de sus apariciones en los medios de comunicación, dejaron de hacerle encargos de zapatos y perdió su empleo. Ahora admite que todo el mundo la conoce y que, incluso por el apellido, su hermana también está teniendo problemas a la hora de encontrar trabajo. “Empezar a luchar por nuestros derechos a algunas mujeres también les ha traído consecuencias negativas como a mí, han perdido su trabajo o cada día les dificultan más realizar su oficio, ahí está la respuesta de por qué no habíamos denunciado antes”, concluye Isabel.

“Somos aparadoras, no personas…”

Horarios de más de 11 horas, problemas con la conciliación familiar, trabajar en talleres clandestinos sin apenas ventilación, no poder ir al lavabo más de una vez al día, no saber para quién coses los zapatos o tener miedo de no poder llegar a fin de mes. Estas son algunas de las situaciones con las que se están viendo obligadas a lidiar miles de mujeres en la provincia de Alicante.

Día a día, las aparadoras hacen frente a multitud de condiciones precarias, una de las más relevantes es que la mayoría del colectivo trabaja sin contrato. El 88% de las mujeres que cosen zapatos, bien en talleres clandestinos o en sus propios domicilios, trabaja sin contrato, según un estudio realizado en la Universidad de Alicante. “Las perspectivas de salir del trabajo sumergido hace 30 años eran posibles, hoy en día no lo son. Las circunstancias económicas hacen que las aparadoras no pueden tener otra opción, o siguen trabajando en el mismo sector y en las mismas condiciones o se quedan sin trabajo”, advierte Ybarra.

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El inicio de la vida de un zapato | Foto cedida por Isabel Matute

Mari Carmen Beviá es una de las mujeres que ha ejercido el oficio de aparar durante toda su vida. Como muchas de sus compañeras, Mari Carmen ha podido observar desde dentro de la industria cómo la precariedad de su oficio iba aumentando según iban pasando los años. “Desde que empecé en el calzado, que fue más o menos en el 70, hasta bien entrada la década de los 90 estaba bien la cosa, pero luego fueron empeorando las condiciones y la crisis del 2008 ya fue la catástrofe”, recuerda Beviá.

No obstante, en la actualidad, y a pesar de las condiciones precarias del oficio, a Mari Carmen con 65 años, no le queda más remedio que seguir trabajando sea con o sin contrato. “Mi jefe me dice: date tú de alta si quieres, yo tengo que pagar por ti 500 euros todos los meses, más no. Pero es que no me queda más remedio que acogerme a esas condiciones porque como no trabaje no tengo para comer”, explica la aparadora.

Con regulación, pero sin contrato

“El oficio de las aparadoras está regulado, pero todo el mundo sabe que no se cumple”, apunta Josep Antoni Ybarra. El actual convenio de las aparadoras, vigente de 2019 hasta 2021, contempla, entre otros muchos aspectos, que la persona que trabaja a domicilio tiene los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro trabajador o trabajadora. No obstante, las mujeres que aparan desde casa, pese a tener sus condiciones laborales recogidas en el convenio, están sin contrato y muchas de ellas se encuentran en una situación de desamparo.

Uno de los grandes problemas que tienen estas aparadoras es la incertidumbre de no saber para quién están cosiendo. Las trabajadoras reciben los encargos a través de un intermediario y cuando finalizan los zapatos los entregan a esta misma persona. “El otro día vino una chica a contarme que el intermediario le había bloqueado del WhatsApp y que le debía un mes de trabajo, claro ella no sabía para donde tirar. Nunca tienes garantías de que te vayan a pagar”, se lamenta Isabel Matute, presidenta de la Asociación de Aparadoras de Elche. Y añade: “Ya ni siquiera se conforman con pagar poco y no darte de alta, es que ya ni nos quieren pagar”.

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Aparar sin apenas luz | Foto cedida por la Asociación de Aparadoras de Elche

En la mayoría de los casos, la imposibilidad de conciliar la vida laboral con la familiar es una de las razones por las que las mujeres que trabajan en fábricas o talleres toman la decisión de empezar a hacerlo desde su propia casa, aún a sabiendas de que van a estar aparando sin contrato. “Es la única forma en la que puedes criar a tus hijos y trabajar”, argumenta la aparadora Luz María Mira. Y añade: “Aunque cuando trabajas desde casa tienes derecho a tener un contrato, los empresarios no lo hacen, es muy raro encontrar a una mujer que esté trabajando en casa con contrato”.

La conciliación familiar para las mujeres que trabajan desde casa es mucho más sencilla. Se marcan sus propios ritmos y se adaptan sus necesidades familiares. Luz María, con más de 22 años de experiencia en el sector, explica que, cuando una aparadora trabaja desde un taller o una fábrica, ir a recoger a los hijos o llevarlos al colegio se vuelve imposible. Además, la aparadora menciona que, por los horarios que suelen marcar las fábricas y los talleres, una de sus compañeras levanta todos los días a las cinco y media de la mañana a sus dos hijas pequeñas.

“Evidentemente al final todo está enmarcado en la cultura machista en la que vivimos, por ejemplo, las aparadoras trabajan desde casa porque tienen necesidad de conciliación”, denuncia Julia Ojeda, experta en igualdad. Y añade: “Pero ¿la conciliación es una necesidad de las mujeres? Parece ser que, a pesar de que estamos en el siglo XXI, en España las mujeres son las que tienen que conciliar”.

Además, trabajar desde casa puede llevar consigo ciertos riesgos debido a que, en la mayoría de los casos, las viviendas no están adaptadas y no cuentan con un espacio reservado para desempeñar la actividad. “Hace unos cinco años a una conocida mía que también trabajaba de aparadora en casa se le prendió la cocina y, tras estar varios días grave en el hospital, finalmente falleció. Eso sí, no sabría decirte cuál fue la causa del incendio, pero algunos de los productos que usamos las aparadoras son muy inflamables”, menciona Mari Carmen Bevià.

El precio de ser aparadora

Invisibles a los ojos de los empresarios y de la sociedad, miles de aparadoras llevan toda una vida cosiendo zapatos sabiendo que, el día en el que no puedan seguir trabajando más y tengan edad de jubilarse, van a tener que depender económicamente de alguien.

Uno de estos casos es el de Carmen Pizana, que con 71 años está “jubilada sin dinero” que es como ella misma se refiere a su actual situación. Carmen empezó a trabajar a los 13 años en la industria del calzado a raíz de que la amiga con la que solía jugar de pequeña tenía dos hermanas aparadoras. “Yo por aquel entonces trabajaba en la tierra con mi madre, pero cuando volvíamos del campo yo le decía: me voy a jugar a casa de mi amiga, pero al final yo siempre iba allí porque me gustaba ver a sus hermanas trabajar en la máquina”, destaca Pizana.

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Carmen Pizana durante su juventud trabajando desde casa | Foto cedida por Carmen Pizana

A Carmen en condiciones normales, tras toda una vida trabajando le correspondería una pensión por jubilación. No obstante, ahora mismo ella no percibe pensión ninguna. “De todos los años que estuve trabajando con la máquina no coticé ninguno”, comenta Carmen. Y añade: “Los empresarios son los que se han ido enriqueciendo a nuestra costa”. No obstante, Carmen no es la única aparadora que se encuentra en esta situación. A principios del mes de mayo, tomando como muestra alrededor de 60 aparadoras, se realizó un encuesta de elaboración propia sobre la precariedad laboral del colectivo a las usuarias de la Asociación de Aparadoras de Elche, entre otras. Las cifras obtenidas por el sondeo reflejan que el 100% de las personas que participaron en este estudio habían trabajado sin contrato.

Por las condiciones a las que hacen frente estas trabajadoras, los horarios excesivos o por estar vinculadas a la industria sumergida, parece ser que cada día hay menos jóvenes que quieren dedicarse a coser zapatos. “Yo tengo 40 años y soy de las más jóvenes, aparadoras con 30 años o menos es difícil encontrar. Como no se te reconoce y no te pagan las horas que te tienen que pagar, ya nadie quiere aparar”, señala Luz María Mira.

Ante la falta de mujeres que puedan recoger el relevo, Luz menciona que el oficio de aparar no se extinguirá totalmente, pero señala que, si en el futuro hay una escasez de aparadoras en la provincia de Alicante, el trabajo se externalizará. Si se observa el gráfico con atención, se puede prever la tendencia que siguen las dos variables: a mayor edad, mayor número de aparadoras. No obstante, la encuesta también muestra que a partir de los 65 años el número de aparadoras en activo es mucho menor debido a que las mujeres ya superan la edad para “jubilarse”.

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El gráfico muestra la relación que existe entre la edad y el número de aparadoras. Fuente: Elaboración propia

Oficio feminizado, oficio precario

Uno de los motivos de la precariedad laboral que rodea al oficio de aparar puede que tenga una estrecha vinculación con la feminización del trabajo. En la actualidad, la inmensa mayoría de las personas que aparan son mujeres, aunque si bien es cierto que también hay hombres aparadores, la cifra del género masculino en comparación con el femenino es casi minúscula. “En los talleres sí que he visto algún que otro aparador, pero hay muy pocos y todos son extranjeros”, menciona Isabel Matute. De hecho, un 98% de las personas que trabajan en el oficio de aparar son mujeres, según la encuesta que se realizada el pasado mes de mayo sobre la precariedad laboral del colectivo. Frente el 2%, que sitúa a los hombres que aparan en la actualidad y simboliza la feminización del oficio.

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El gráfico muestra la diferencia que hay entre la cantidad de hombres que aparan frente a el número de mujeres. Fuente: Elaboración propia

Son muchos los oficios ejercidos por mujeres que están inmersos en condiciones precarias. Las aparadoras o las Kelly podrían ser un claro ejemplo. “Actualmente muchos de los oficios ejercidos por mujeres no se valoran económicamente en el mercado laboral, debido a que tradicionalmente eran tareas no remuneradas, que se hacían en casa para la familia, esta situación provoca que se precarice el oficio y, por tanto, quien lo ejerce no cuenta con buenas condiciones”, argumenta Julia Ojeda.

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Aparadora cosiendo en un taller | Foto cedida por Isabel Matute

La precariedad del oficio de aparar lleva adueñándose del colectivo más de dos décadas y parece que la situación, lejos de mejorar, cada vez va a peor. “Las aparadoras todavía no han encontrado un mecanismo de defensa y hay alguien que se está aprovechando deliberadamente de esta situación”, destaca Ybarra. Y añade: “Pero quizá ellas sí puedan dar con la solución, para ello habría que plantear seriamente unos mecanismos para poder defenderse en conjunto como posibilitar que haya una bolsa de trabajo”.

A través de la bolsa de trabajo que propone Ybarra, las aparadoras podrían solicitar la faena a través de este mecanismo mientras que los empresarios colgarían todas sus ofertas de trabajo en la plataforma que se habilitase. De esta forma, habría constancia de lo que las mujeres trabajarían y todo el empleo de este colectivo se canalizaría mediante la bolsa. “En todo caso, las personas que deberían llevar a cabo esta acción debería ser la Administración local, pero claro, para eso se necesita voluntad, política o responsabilidad social, aspectos en los que somos realmente deficientes”, concluye Ybarra. Pero quién sabe si en futuro este mecanismo pueda llevarse a cabo y consiga que la única luz que alumbre la ciudad de Elche de madrugada sea la de la luna.

domingo, 23 de agosto de 2020

El Hecho Diferencial Autonómico o algo menos…


Los usos propagandísticos de nuestros líderes autonómicos utilizan muy profusamente la expresión del Hecho Diferencial de esta o de otra autonomía. 

Vaya por delante que me parece sabía, justa, eficiente y respetuosa con la dignidad de la persona humana la enseñanza eclesial del principio de subsidiaridad, que afirma que lo que puede hacer, solucionar una persona o un grupo pequeño no lo debe realizar una instancia superior. Este principio equivale a la Autogestión. Significa, por ejemplo, que se está a favor de la autonomía de las familias a la hora de gestionar el tipo de educación para sus hijos y la de los colegios frente al Ministerio de Educación, o de los Municipios ante las Autonomías.

La insistente reiteración en el Hecho Diferencial no se corresponde realmente con la realidad como intentaremos mostrar a continuación, pero sí que encierra más bien un egoísmo corporativista oligárquico para perpetuar el histórico y denigrado caciquismo de siglos pasados.

La pandemia del Covid 19 nos ha descubierto que las residencias de mayores y discapacitados, que son competencia de las Autonomías, están en muchos casos en manos de Multinacionales, sin distinción de nacionalidades históricas o no, gobernadas por PP o PSOE (con Podemos), o PNV, o Catalanistas, como vemos a modo de ejemplo: 

-DomusVi (capital francés e inglés) que tiene 198 centros y 25.000 plazas presente en las 17 autonomías. 

-CLECE (de la constructora ACS de la que el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, posee el 12,52% de la propiedad), gestiona 145 Residencias, 92 Centros de Día y unas 17.000 plazas presente en todas las Comunidades Autónomas menos Galicia, Asturias y Navarra. 

-VITALIA HOME: 3 Sociedades Limitadas con sede en Jersey son sus accionistas principales con casi el 25% de su capital cada una. Posee 51 residencias y casi 8.000 plazas en 8 comunidades.

-Ballesol S.A. Los 3 dueños de la aseguradora Santa Lucía tienen sobre el 67%  del capital y son de los cien españoles más ricos. Poseen 46 Residencias en 12 autonomías y más de 7.300 camas.

-AMAVIR: 41 residencias (de la familia Mulliez, 5ª fortuna de Francia con un patrimonio de 32.000 millones €), presente en siete comunidades. Gestiona 6.223 plazas.

Otras multinacionales: Colisée (50), Orpea (49), Sanitas Mayores (47)...

Las empresas que gestionan la basura de las ciudades son de multinacionales de la construcción como ACS (Urbaser), FCC (de las hermanas Koploviz) etc. Un municipio gobernado por el BNG le otorgó la recogida de la basura a la multinacional FCC con sede en Madrid encareciendo el coste un 50%

O la Gestión del agua que la multinacional española FCC Aqualia S.A. lleva en unos 500 municipios (incluidas 9 capitales de provincia y ciudades importantes como Vigo, Alcalá de Henares, Jerez de la Frontera, Mérida, Alcoi, LLoret de Mar. Ponferrada, Medina del Campo…).

En cuanto a compras, vemos que prácticamente en todas las autonomías tienen Zara, El Corte Inglés… visten el mismo tipo de vaqueros…  compran los muebles “de la república independiente de tu casa” (Ikea, fundada en Suecia en 1943), que está asentada en más de 12 comunidades autónomas.

En alimentación todas las autonomías tienen un porcentaje importante en productos de Unilever, Nestlé, Gallina Blanca… o tiendas de Carrefour, Mercadona, Eroski, Alcampo…

Si miramos en lo que se bebe, pues prácticamente lo mismo en los diversos lugares y seguro que uno apuesta a ganador de que en ningún bar o tienda de bebidas faltará la consabida Coca-Cola o Pepsi.

Cuando analizamos los equipos de fútbol de la tribu (ciudad), se ve que casi ningún jugador es nativo. Pertenecen a 10 o 15 naciones, son vestidos por una multinacional de USA (Nike) o Alemania (Adidas, Puma) que fabrican la ropa en el Tercer Mundo (Asia…) y las letras que llevan en las camisetas se refieren a empresas asentadas en Japón, Emiratos Árabes…

La base cultural de películas, series, músicas resulta ser exactamente la misma, con idioma distinto algunas veces. Los modos de vida y diversión también son intercambiables.

Al final, lo que termina diferenciando a las autonomías es el nombre del “cacique” correspondiente, pero frecuentemente no tanto la manera de ejercer el poder. Con eses “jefes” se genera una oligarquía que vive a cuenta de los empobrecidos  aparentando ser sus benefactores.

¡¡Cuanto se necesita que ejerzamos nuestra libertad y responsabilidad en la consecución del Bien Común para todos!! ¡¡Ser protagonistas y gestionar lo que nos atañe con responsabilidad hacia todos!!

Ahora más que nunca: Democracia real

Antón Negro


Ceuta, cuentas y pago de facturas

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