jueves, 6 de octubre de 2016

La huella cultural de los negros esclavos en España es indeleble

Rostros negros con una letra s herrada en una mejilla y la figura de un clavo en la otra, la marca indeleble en jeroglífico de esclavos. Subidos en los escalones de la catedral de Sevilla eran vendidos a gritos al mejor postor para realizar las labores más duras impuestas por la nobleza, los mercaderes y el clero, que compraba a las mujeres como concubinas. España fue un centro esclavista desde el siglo XIV hasta principios del XIX. Africanos del oeste y del interior eran trasladados por miles en barcos que zarpaban desde el golfo de Guinea hasta Cádiz y Sevilla, dos ciudades en las que los negros llegaron a alcanzar en algunas épocas el 10% de la población, si es que la esclavitud podía incluirse en ese concepto.
El documental tituladoGurumbé, canciones de tu memoria negra, dirigido por Miguel Ángel Rosales, rescata ahora toda aquella historia y la influencia que los africanos ejercieron en la cultura de esta parte andaluza. "La forma de llamar a la tierra pisando el suelo del flamenco viene de África. Pero no solo eso, también las maneras de hacer las fiestas, los ritmos, los gestos", apunta Rosales. Toda la herencia cultural de aquellos esclavos se recoge en esta película, que se estrenará en España en la Seminci de Valladolid en tres semanas. Aparecen en el filme imágenes de senegaleses descalzos danzando sobre la arena Atlántica, chocando las manos contra las piernas, cogiéndose de las faldas al ritmo de la piel del tambor en escenas que se asemejan indubitablemente a las de una señora bailando en un tablao de Jerez o al enérgico zapateado flamenco de la bailaora Yinka Graves.

CONSECUENCIAS DEL PRESENTE

“Fueron parte de la cultura porque los forzamos a estar aquí. Hubo esclavitud, colonización y ahora emigración. Hay que romper esa barrera de separación entre África y el sur de Europa que se ha creado sin entender que tenemos valores e historia compartida”, reflexiona Miguel Rosales, director del documentalGurumbé, canciones de tu memoria negra, con la intención de que el público sienta en el presente, en el ámbito político y cultural, las herencias y consecuencias de la esclavitud negra en España.
La película, de Intermedia Producciones y filmada en España, Portugal, México y Senegal, ya ha sido seleccionada para el Festival Film África de Londres, la Mostra Internacional de Cinema de São Paulo, el Festival de Cine Kunta-Kinte en Medellín y la Barcelona Planet Film Festival, entre otros.
No hay gran huella en los libros de texto españoles sobre la presencia negra en España y Portugal en estos siglos, cuando la península abasteció de esclavos al resto de Europa y posteriormente se enriqueció con su mercadeo en los países de Latinoamérica. "Esto es parte de la historia silenciada. No el resultado de una casualidad sino de un ocultamiento intencionado por el estigma que supone ser el centro esclavista más importante del mundo", considera Isidoro Moreno,  catedrático de Antropología Social de la Universidad de Sevilla.
Es una historia callada, que oculta las vidas cotidianas de hombres y mujeres anónimos que encontraron fundamentalmente en la música, los cantes y los bailes la mejor forma de resistir a la opresión de sus amos, el consuelo a la soledad, y que dejaron la impronta de sus ritmos en las bulerías, las alegrías o los tanguillos del flamenco. "No somos el resultado de las tres culturas. Somos cinco culturas junto a la gitana y la negroafricana y es importante recuperar esa memoria histórica", apunta Moreno, que cuenta que a Sevilla se le denominó el tablero de ajedrez por aquella presencia negra entre los blancos.
Pero sus ritmos fueron más lejos. “La manera de hacer los contratiempos y las síncopas vino con ellos. Tuvieron una influencia importantísima en el barroco europeo, y fue una de las grandes revoluciones de la historia de la música”, declara en el documental Fahmi Alqhai, reconocido violagambista y director del Festival de Música Antigua de Sevilla. Luego, cuando Cristóbal Colón abrió las rutas con América, esos esclavos pasaron los ritmos de África a Andalucía y de allí a Latinoamérica, una región clave para el enriquecimiento de los españoles mediante la esclavitud, que generó fondos blanqueados con inversión en la industria textil o la construcción del ensanche urbano de Barcelona y el madrileño barrio de Salamanca, según aparece en el documental. “María Cristina de Borbón, con su marido, creó una sociedad instrumental en París para dedicarse a la trata", asegura en la película José Antonio Piqueras, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Jaume I.
El extramuro de Sevilla fue una zona fulgurante de encuentros de negros liberados o rechazados por edad o enfermedad al tener prohibida la estancia nocturna dentro de la ciudad. Fue ahí, donde un obispo, de forma excepcional, levantó a finales del siglo XIV un asilo para atenderlos. Surgió entonces una perseguida hermandad de negros que aún se mantiene en Sevilla, llamada ahora Los Negritos. “Es la hermandad de la Semana Santa más antigua de las que existen en la actualidad”, asegura Moreno, que ilustra también los fuertes vínculos de la entidad con Latinoamérica y cómo, por ejemplo, familiares de Antonio Machín han sido miembros de esta histórica hermandad, que tiene frente a su capilla una estatua del cantante.
Pero no solo en la música dejaron huella cultural. Los esclavos trabajaban en minas, en el campo, y muchos de ellos en la ciudad, en talleres de pintores donde aprendían de pigmentos y disolventes con sus dueños. El afroandaluz Juan de Pareja, esclavo de Velázquez y protagonista de uno de sus cuadros, llegó a ser un reconocido artista tras ser liberado por el pintor sevillano. “También tuvo esclavos Murillo, y muchos de ellos trabajaron en la iconografía barroca de la ciudad”, añade Rosales, que indica que esta población aparece muy poco representada visualmente “por la irrelevancia tan grande en la sociedad”. No obstante, quedan algunas obras como La cena de Emaús (La mulata), de Velázquez; Tres niños, de Murillo; o unos negros bailando ataviados con mantoncillos, flores en la cabeza y castañuelas en el cuadro Carro del aire, de Domingo Martínez (Sevilla 1688-1749), que testimonian ese pasado.
En literatura, además de hacerse presentes los personajes de negros en las comedias del siglo de oro, el protagonista fue un esclavo liberado conocido como Juan Latino que llegó a ser catedrático de Latín de la Universidad de Granada. Se casó con con una mujer blanca, según las investigaciones de la profesora de esta Universidad, Aurelia Martín, que lleva 20 años estudiando la esclavitud. "Fue el primer afroeuropeo que escribió en latín clásico", asegura Martín. Queda por reescribir el presente con la historia de los suyos.

martes, 4 de octubre de 2016

PEDRO SÁNCHEZ: LA OBSESIÓN ANTI-CARNE

Pedro Sánchez está de moda. También Mariano Rajoy. Y nosotros, aunque menos. Pero lo mismo todos tenemos el mismo problema. Estamos obsesionados por no meter la carne en esas hermosísimas frases que nos decimos unos a otros. Son experiencias que vienen de la vida y cuando las oímos nos emocionan pero a veces nos cerramos a ponerles carne. No queremos poner nuestro cuerpo.

Un gran teólogo, hijo de familia numerosa, cuenta que todos los hermanos estuvieron de acuerdo en el epitafio de la tumba de papá; decidieron poner la mejor frase de su padre: ”El que no vive para servir, no sirve para vivir”. ¿Emocionante verdad? Seguro que también “le gusta” a los líderes poliíticos. Y a nosotros. Pero Pedro Sánchez y nosotros hemos preferido no encarnar la frase. Es hermosa. Es una experiencia inmensa pero…

También se dice ahora que “Ningún mar en calma hizo experto marinero”. ¿Emocionante verdad? Seguro que también “le gusta” a los líderes poliíticos. Y a nosotros. ¡Qué belleza! ¡Qué fecundidad! ¿Y si la pusiéramos en práctica? Todo sería distinto, pero…

Dice J. F. Six (wikipedia dice que le consultan el episcopado francés, la Unesco, la Red Europea de mediación y muy diferentes revistas) que “sin pobreza de corazón no hay pluralismo”. ¡Qué verdad! ¿Quién le pondrá cuerpo?

Algunos amigos que han perdido hijos antes de nacer o en las primeras semanas dicen: “En la experiencia del dolor surge algo diferente. El hueco de nuestro vientre puede ser la caja de resonancia de una guitarra, o un refugio en el que acoger a otros”. La carne parió la frase.

La gente corriente sabe bien que las frases sin carne no valen nada. Mi madre, que no podía correr, ni subirse a la silla, ni llevar los niños al cole decía a veces con humor: “¡Vaya problemón!”. Mi padre, menos valiente ante los problemas, resolvió su pánico con 3 cosas: trabajar, trabajar ¡¡¡y!!! trabajar. 3 recetas.

El genial Sartre dijo “El infierno son los otros”;  y el humilde Ratzinger decidió poner su carne en la senda del Crucificado y descubrió que “los otros son el cielo”. La verdad se hizo carne y la carne se hizo verdad. 

En la élite de la batalla política actual me temo que nadie querrá hacer la experiencia de poner toda la carne en el asador… pero el político pueblo sí; el pueblo lo viene haciendo y lo hará: ahora más que nunca.

sábado, 1 de octubre de 2016

jueves, 29 de septiembre de 2016

Tocar el violín, mejor que las pastillas para los trastornos psicológicos de los niños

Es la investigación más importante que se ha realizado sobre los efectos de tocar un instrumento en el desarrollo cerebral”, así definen los psiquiatras del Colegio Médico de la Universidad de Vermont el trabajo que acaban de hacer público en el Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry.

Dirigidos por James Hudziak, los expertos han analizado las resonancias magnéticas de 232 sujetos de entre 6 y 18 años para buscar, sobre todo, alteraciones significativas en la corteza cerebral: los engrosamientos y adelgazamientos de esa zona están relacionados con problemas como la ansiedad, la depresión, las dificultades para concentrarse, la agresividad y la pérdida de control de los impulsos.

En primer lugar, encontraron algo previsible: que la práctica musical afectaba a las neuronas de la región motora, ya que exige control y coordinación de los movimientos. Pero más importante fueron los cambios detectados en la parte de la corteza cerebral vinculada a “la memoria de trabajo, el control de la atención, la organización y planificación, la inhibición de los impulsos y el procesamiento de las emociones”, como detallan los autores del estudio. Hudziak lo resume en una idea: un violín puede ayudar más que un frasco de pastillas a un niño con trastornos psicológicos.


EN SINFONÍA CON EL BARRIO

lunes, 26 de septiembre de 2016

“Los fármacos psiquiátricos nos hacen más daño que bien”

En 1936, el neurólogo portugués Egas Moniz presentó una operación quirúrgica que destruía conexiones entre la región prefrontal y otras partes del cerebro. Esta cirugía, conocida como lobotomía, se popularizó como tratamiento para la esquizofrenia y en 1949 le valió a Moniz el Nobel de Medicina. La intervención perdió interés años después por la aparición de medicamentos como la clorpromacina, que se convirtieron en el tratamiento habitual para este tipo de enfermedades mentales.
Desde entonces, la lobotomía ha pasado a ser un símbolo de una psiquiatría que curaba a los pacientes anulándolos y algunos grupos de familiares de lobotomizados han pedido incluso que se le retire el Nobel a Moniz. Algunos expertos, no obstante, consideran que, en su momento, sin alternativas terapéuticas para aquellas psicosis, el tratamiento del médico portugués mejoró la vida de sus pacientes y sus familiares.

El caso de la lobotomía es una muestra de lo controvertidas que pueden resultar las herramientas terapéuticas en una disciplina tan compleja como la psiquiatría. Los fármacos que sirvieron para superar aquella cirugía, a los que muchos psiquiatras atribuyen la dignificación de la vida de pacientes con trastornos psicológicos graves, tampoco han sido ajenos a las críticas. Peter Gøtzsche (Næstved, Dinamarca, 1949), profesor de Diseño y Análisis de Ensayos Clínicos de la Universidad de Copenhague, lleva años abogando por la reducción drástica del uso de fármacos contra las dolencias psiquiátricas. En su libro Psicofármacos que matan y denegación organizada (Los libros del Lince), el investigador danés analiza las carencias de la ciencia que justifica el uso de estos medicamentos y explica por qué cree que, pese al consenso que despiertan entre los psiquiatras, “están haciendo más daño que bien”.
Pregunta. Usted aboga por una reducción paulatina [Gøtzsche advierte del peligro de dejar de tomar psicofármacos de repente], pero prácticamente total, del consumo de medicamentos psiquiátricos. Sin embargo, hay muchos psiquiatras que defienden su utilidad y que afirman que han permitido reducir la cantidad de enfermos recluidos en asilos.


¿Por qué se llevaron a cabo sangrías durante tantos siglos, incluso cuando necesitabas líquidos?

Respuesta. En primer lugar, no es correcto decir que los antipsicóticos hayan reducido la presencia de personas en asilos. El vaciado de los asilos tiene que ver con consideraciones financieras. Era demasiado caro tener a tanta gente en estas instituciones por muchos años. Esa reducción no coincide con la introducción de fármacos antipsicóticos.
Los antipsicóticos son algunos de los medicamentos más tóxicos que existen, aparte de la quimioterapia para el cáncer. Producen daño cerebral permanente, algunas veces incluso después de un tiempo de uso relativamente breve, y hacen más difícil que la gente vuelva a vivir una vida plena. He llegado a la conclusión de que, muy probablemente, nos iría mucho mejor si no utilizásemos antipsicóticos en absoluto.
No soy la única persona que lo ve así. Hay psiquiatras que han estudiado la literatura de una forma tan cuidadosa como yo y que han llegado a la misma conclusión: que en realidad no necesitamos fármacos antipsicóticos, porque frente a lo que implica el nombre, antipsicótico, no curan las psicosis. Los antipsicóticos tranquilizan a la gente, pero también les arrebatan parte de sus emociones, parte de sus pensamientos normales. Puedes ver que algunos de ellos se convierten en zombies, que no pueden hacer nada.
P. Si estos fármacos son tan dañinos, ¿por qué comenzaron a utilizarse de forma habitual en psiquiatría?
R. En 1954, cuando la clorpromazina fue descubierta y llegó al mercado. se consideraba una mala droga, la comparaban con una lobotomía química. Sin embargo, un año después, de repente, era buena. Eso es muy extraño. Hubo un presidente de la Sociedad Americana de Psiquiatría Biológica que afirmó que ese fármaco era como la insulina para la diabetes. Es algo demencial, porque si tienes diabetes, te falta insulina, y cuando a ti te dan algo que te falta es un buen tratamiento. Pero cuando tienes una psicosis no te falta nada, así que la comparación es errónea. Sin embargo, desde que se lanzó aquella idea se ha hablado de un desequilibrio químico. No hay desequilibrio químico, nunca se ha podido demostrar que haya nada en los pacientes psicóticos o depresivos diferente de las personas sanas. El desequilibrio químico es una mentira.
El Instituto Nacional para la Salud Mental en América, llevó a cabo un ensayo con clorpromazina y fármacos similares y placebo y concluyeron justo lo contrario de lo que pasa cuando das estas drogas a la gente. Observaron que los pacientes eran menos apáticos, que se movían más y parecían mejorar. Estas drogas hacen justo lo contrario. Esto sucede porque los ensayos no están bien cegados.


Utilizando psicoterapia se puede enseñar a la gente a manejar los sentimientos que les acaban convirtiendo en pacientes psiquiátricos

P. Si los datos de los estudios son accesibles a todo el mundo, ¿por qué tantos psiquiatras los interpretan mal? ¿Es que son todos estúpidos o malvados?
R. Esta pregunta es interesante y no solo concierne a la psiquiatría. ¿Por qué se llevaron a cabo sangrías durante tantos siglos? Incluso cuando tenías cólera y necesitabas los fluidos, tomaban la sangre de la gente y muchas veces eso les mataba. Y creían que lo hacían bien. Durante siglos. Cómo es posible que nosotros los humanos, que tenemos cerebros maravillosos, podamos quedar atrapados en engaños colectivos como las sangrías o la creencia en los antipsicóticos. Así son los humanos, pero tenemos que combatirlo demostrando a la gente que sus creencias no coinciden con la evidencia científica.
P. ¿Qué alternativas hay a los fármacos contra las psicosis graves?
R. Es muy simple: ningún fármaco. La alternativa a dar demasiadas drogas a la gente es darles muy pocas. Si hiciésemos eso tendríamos una población más sana que viviría más, porque las drogas psiquiátricas matan a mucha gente. Y no lisiaríamos a tanta gente, tanto físicamente como cerebralmente. Otra alternativa es darnos cuenta de que muchas de las que llamamos enfermedades psiquiátricas se tratan mejor a través de psicoterapia. Estas enfermedades muchas veces tienen que ver con fuertes emociones que la gente no puede manejar y que les hace asustados, ansiosos... Utilizando psicoterapia se puede enseñar a la gente a manejar esos fuertes sentimientos que les acaban convirtiendo en pacientes psiquiátricos.


Los antipsicóticos tranquilizan a la gente, pero también les arrebatan parte de sus emociones

P. ¿Cómo suelen responder los psiquiatras a sus críticas?
R. Muy rara vez debaten conmigo lo que la ciencia dice. Creo que esto muestra que para ellos es difícil debatir sobre la ciencia. Lo que hacen es tratar de denigrarme como persona. Diciendo que no soy un psiquiatra. Es cierto, pero he aprendido a leer, soy un investigador, se leer artículos científicos. No necesito ser un psiquiatra para saber sobre este área.
También, junto a estos psiquiatras que se sienten amenazados, hay otros que están de acuerdo conmigo. Y hay hay algunos que no utilizan drogas psiquiátricas. Hay otros psiquiatras que están cambiando sus opiniones basándose en mi trabajo, algo que me anima mucho. Algunos no escuchan porque lo consideran demasiado aterrador. Si has creído en algo durante treinta años, ¿cómo puedes cambiar esa creencia?, decirte, estaba equivocado desde el principio, he dañado a muchos pacientes. Eso no es fácil, es más fácil cerrar los ojos y continuar como siempre.
P. Por cómo explica las cosas, da la sensación de que la gente está bien, empieza a tomar fármacos, empeora, y tiene que dejarlos para volver a estar bien. Pero la gente empieza a tomar medicamentos porque se encuentra mal y cuando deje de tomarlos es probable que la enfermedad no haya desaparecido.
R. Es un poco complicado. Cuando la gente no se siente bien y empieza a tomar drogas, muchos sienten que les ayudan. Pero lo que no saben es lo que habría pasado si no hubiesen tomado ningún fármaco. La mayor parte de la gente mejoraría en cuestión de semanas sin necesidad de drogas. Cuando les das un antidepresivo, muchos también mejoran en cuestión de semanas. Pero la diferencia entre darles la droga y un placebo es muy pequeña y estos ensayos clínicos no son fiables, porque no están bien cegados. Tanto los médicos como los pacientes confunden el proceso natural de curación que habría sucedido en cualquier caso, incluso con una psicosis aguda, con el efecto del fármaco.
Por otro lado, los pacientes se ponen nerviosos cuando dejan la medicación. Se preguntan qué pasará, si volverán a estar deprimidos. Y sí, si dejas un antidepresivo de una día para otro, muchas personas tendrán una depresión en cuestión de días, pero esto no es una depresión real, es una depresión fruto de la abstinencia. Ahora ha cambiado tu cerebro, como si un alcohólico deja el alcohol, se sentirá mal.

Alice Hamilton (27 feb 1869-22 sep 1970)

La Casa del Saber/facebook “Los hombres solo beben demasiado.” “No se lavan las manos.” “Son enfermizos por naturaleza.” Era 1910. La indust...