jueves, 15 de septiembre de 2016

Más de un millón de trabajadores alemanes necesita cobrar ayudas sociales para llegar a fin de mes

No es oro todo lo que reluce y el mercado laboral de la rica Alemania no es la excepción. En este país, con una renta per cápita de 31.100 euros por habitante, una tasa de paro que ronda el 6% y un salario mínimo fijado en los 8,5 euros la hora o 1.473 euros al mes, cientos de miles de trabajadores en situación regular dependen de las ayudas sociales para llegar a fin de mes.
Según datos difundidos ayer por la Oficina Federal de Estadísticas, en esa situación de precariedad laboral y social se encuentran actualmente y para ser exactos 1,03 millones de personas, lo que hizo que ese organismo tuviera que desembolsar el pasado año 10.000 millones de euros.
El fenómeno no es nuevo. El sistema social alemán cuenta desde hace años con una población dependiente del paquete de prestaciones denominado Hartz IV, una reforma de las ayudas llevada a cabo por el Gobierno roji-verde que lideró el socialdemócrata Gehard Schroeder hace tres legislaturas.
Sólo entre los años 2007-2015 salieron de las arcas de Estado alrededor de 87.500 millones de euros en concepto de ayudas y complementos de salario a trabajadores en activo, una cifra que revela hasta qué punto el mercado laboral puede ser perverso, máxime cuando esa disfunción anida en la primera economía de Europa volumen de PIB y cuarta del mundo.
Las cifras, aunque se mantienen constantes, no han pasado desapercibidas a un año de las elecciones generales y a pocos días de los comicios que se celebran el próximo día 18 en Berlín, una de las grandes ciudades alemanas con mas población Hartz IV y donde los partidos La Izquierda y Los Verdes intentarán arrebatar votos a las formaciones de la gran coalición de socialdemócratas y cristianodemócratas de la CDU.
"Miles de millones de los contribuyentes se están utilizando en ayudas sociales en vez de invertir en puestos de trabajo que aseguren una existencia decente", ha reprochado al Gobierno la diputada de Los Verdes, Sabine Zimmermann.
Para Zimmermann el origen del quiste que anida en el mercado laboral alemán tiene origen político, medidas que favorecen el empleo precario o lo encubre con contratos de formación y los minijobs, contratos de tiempo parcial y una remuneración tope de 450 euros mensuales.
"Todo esto es dumping salarial. Alemania esta subvencionando a la economía", denunció Zimmermann en un alegato a favor del "empleo digno" y contra la política de empleo del Gobierno de Angela Merkel, a la que pidió acabar con una situación "indigna y vergonzosa" para un país como Alemania.
Al porcentaje de trabajadores que precisa ayuda para alcanzar los ingresos mínimos y que ya en 2014 era del 9,3% de los residentes en este país, el sistema de prestaciones soporta una carga insostenible para cualquier otra economía. Se calcula que en total, viven más o menos dependientes de las arcas públicas unos 7,3 millones de personas.
Por categorías, el grueso de estas personas eran desempleados en busca de trabajo, unos 6,03 millones cobran dependiendo de su situación y estado civil. Un soltero, por ejemplo, recibe una base de unos 400 euros y alrededor de 300 para alquiler de vivienda.
Le siguen en términos cuantitativos quienes no tienen opción de acceder al mercado laboral, alrededor de 1,14 millones de personas, y por último los demandantes de asilo, una categoría muy inferir en valores absolutos aunque la llegada de migrantes al país le ha hecho repuntar un 61,3% hasta los 370.000.

Brecha regional entre los 'lander' ricos y pobres

El mapa del reparto de las ayudas sociales apenas ha cambiado y muestra la brecha regional de riqueza. Así y mientras la tasa de personas que percibían prestaciones para sobrevivir era hace un año del 19,3% en Berlín, en el rico Estado federado de Baviera, apenas llega al 4,7%.
El horizonte no se perfila más libre de cargas para las cajas sociales y tampoco para los trabajadores en activo que han de recurrir a ellas. A menos salario menos cotización al sistema de pensiones y la pescadilla, en lo que al sistema de pensiones se refiere, ya se muerde la cola.
La pensión media de jubilación en Alemania en 2015 era de 1.100 euros en el oeste y de 980 en el este. En el 2050 no habrá diferencias entre los antiguos Landercomunistas y capitalistas. Para todos, la media será de 1.170 euros mensuales.
Desde las administraciones, ya se advierte de que el régimen público de pensiones podría no ser suficiente para mantener el nivel de vida y que lo aconsejable es contar con seguros privados que cubran la diferencia.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Los diputados y senadores deben dejar de cobrar su salario hasta que haya Gobierno.

Llevamos desde el 20 de diciembre de 2015 apadrinando a 616 personas (350 diputados y 266 senadores) que desde hace más de un año no solo no cumplen su deber como gobernantes sino que además, tampoco lo están cumpliendo como trabajadores, puesto que ni gobiernan ni dejan gobernar.
A pesar de todo, nuestros diputados siguen cobrando religiosamente un salario que ronda los 60.000€ brutos al año(4.600€ al mes) para los diputados  y otros 56.000€ para los senadores. 
Son aproximadamente 30 millones de euros sin contar extras, dietas para viajes y demás gastos superfluos para un país sin Gobierno. 
En 6 meses nuestros "queridos" gobernantes se gastaron 600.000€ en viajes. 
Exigimos que hasta que haya acuerdo de gobierno. Sus señorías dejen de cobrar el salario que nosotros les estamos pagando por hacer un trabajo que no están haciendo. 
Es lo más justo y lo más responsable. 



jueves, 8 de septiembre de 2016

SEGUNDA PARTE CUANDO LA DISCAPACIDAD SE CONVIERTE EN UN NEGOCIO

Para Josefa García Lorente, abogada especializada en discapacidad y representante del Consejo General de la Abogacía Española en el Foro Justicia y Discapacidad, la implementación de salarios menores se debe a la falta de apreciación de las posibilidades de un trabajador con discapacidad. "No existe una formación empresarial ni social de ver que son personas tan rentables como cualquier trabajador, pero que tienen que respetar sus derechos y limitaciones".
A estas precarias condiciones laborales, se suma el origen empresarial de nuevos Centros Especiales de Empleo. Para algunas compañías ha quedado claro que tener un CEE es un negocio rentable. Prueba de ello, es que han ido creando sus propias empresas de este tipo con el fin de externalizar sus servicios, y beneficiarse de las subvenciones de una forma más directa.
"Antes los Centros Especiales estaban formados a partir de asociaciones de discapacidad. Ahora una forma de alcanzar la cuota del 2% en los grupos empresariales grandes, como Adecco o DKV, es creando sus propios CEE", afirma Eduardo Díaz, director del Centro Español de Documentación sobre Discapacidad (CEDD).
Ejemplo de ello son empresas como Schindler S.A., que realizó en 2012 un contrato de servicios con su Centro Especial de Empleo, Schindler 24 S.L., por una suma de más de 4 millones de euros, según la misma base de datos realizada por el SEPE y obtenida para esta investigación.
La presencia de este tipo de centros también ha generado un conflicto para aquellos que llevan más tiempo en el ecosistema de la discapacidad, y que presumen de tener un objetivo más social.
"Hay que distinguir entre un Centro Especial de Empleo formado de la nada, cuya única misión es la integración de personas con discapacidad y otra serie de empresas que se aprovechan de la Ley General de Discapacidad para convertirlo en un negocio", afirma indignado José Luis León Hernández, director general de Roncalli, CEE iniciado por la Fundación Juan XXIII.
Sin embargo, las buenas intenciones no bastan ni para los CEE con valores sociales. "El reto de un Centro Especial es mantener el equilibrio de la integración de las personas con discapacidad y a la vez su rentabilidad. Nosotros somos una organización sin ánimo de lucro pero debemos ser autosuficientes y abastecernos", explica el director del centro, que tiene una plantilla de 365 empleados, de los cuales 86% son personas con discapacidad.
Una práctica común de externalización de servicios a través de la creación de un CEE propio, es con un call center o centro de atención telefónica para el cliente, como es el caso de empresas como Konecta y Schindler.
"Una aseguradora que crea un call center con personas con discapacidad lo que hace es externalizar un servicio que prestan y abaratan costes", dice Díaz, el director del Centro Español de Documentación sobre Discapacidad.
Schindler defiende la creación de su propio CEE, un contact center, con la razón de que así la empresa tiene control total de los procesos gestionados en el centro especial de empleo. 
"Dado que el proceso de Atención Telefónica es una actividad distinta a la de fabricación, instalación y mantenimiento de ascensores, requiere un personal especializado, con una importante inversión en infraestructura de comunicaciones y servidores. Por ello, al estar previsto emplear a una gran mayoría de personal con capacidades diferentes, Schindler decidió crear una empresa independiente que constituyese un Centro Especial de Empleo", responde Rosa Amat, portavoz de Schindler.
La discusión se centra en qué vale más: si el empleo que se le da a las personas con discapacidad, a pesar de la baja calidad del mismo, o el hecho de que a fin de cuentas se trata de un puesto de trabajo.
"Si una empresa grande tiene un CEE y contrata a 2.500 personas con discapacidad, lo que hace es coger de manera legal las subvenciones. No es muy ético, pero al final, hay 2.500 personas trabajando", explica Luis Alonso Calzada, director gerente del CERMI.
Manuel Amil, director gerente de Amilaxa Servicios Generales, un Centro Especial de Empleo ubicado en Galicia, tiene una postura más firme, pero reconoce que hasta ahora tampoco hay otra alternativa. "No creo en los CEE, creo en la contratación normalizada. Para mi son un gueto, pero un gueto necesario, porque si no existiesen, habría que inventar algún otro sistema para que las personas con discapacidad tuvieran una oportunidad de trabajar".
Para Díaz, "no es que la ley intente ser perversa, piensan que así quizá puedan llegar a un mayor número de empresas que pongan CEE e integren a más personas con discapacidad al mundo laboral, pero se generan todas las perversiones posibles".
Tanto Rodríguez como Díaz coinciden en que una solución sería distinguir al momento de dar las subvenciones entre un Centro Especial de Empleo con corte social y uno de raíces empresariales, y prohibir que el contrato sea con aquel de la empresa matriz.

martes, 6 de septiembre de 2016

PRIMERA PARTE CUANDO LA DISCAPACIDAD SE CONVIERTE EN UN NEGOCIO

Los muros blancos del recibidor del Centro Especial de Empleo Roncalli no tienen nada de diferente a los de una empresa corriente. Poco a poco salen y entran por las puertas personas con discapacidad. Un hombre en silla de ruedas acompañado de su madre, una chica con síndrome de Down, otra con discapacidad intelectual severa. Todos se saludan entre sí, y a la recepcionista, que también tiene discapacidad, y se apuran para no llegar tarde a sus puestos.


Sin embargo, otros centros no lo tienen tan claro y la barrera que existe entre el interés puramente social y el económico es una línea muy fina y sencilla de cruzar. El mundo de la discapacidad no es la excepción y muestra de ello es el auge progresivo de los Centros Especiales de Empleo (CEE). Atraídos por factores económicos, algunos CEE se han desligado de su cara más humanitaria dando paso a un monstruo empresarial.
Este tipo de entidades nació con la finalidad de formar e insertar laboralmente a las personas con discapacidad. Considerados como una especie de puente hacia la empresa ordinaria, una suma de factores han provocado que actualmente la realidad sea otra.
De los más de 182 millones de euros otorgados por el gobierno en ayudas concedidas a la integración laboral de personas con discapacidad en 2014, más del 90% fue a parar a las arcas de los CEE, según datos del Observatorio sobre la Discapacidad y Mercado de Trabajo en España (ODISMET).
Cada CEE recibe por parte de la Administración el 100% de la cuota empresarial de la Seguridad Social de cada trabajador, el 50% del Salario Mínimo Interprofesional por trabajador a jornada completa o su parte proporcional en jornada parcial y 12.000 euros por la conversión de un contrato temporal en indefinido.
"Los CEE están surgiendo como champiñones. Cualquiera puede poner un centro especial en marcha y el coste laboral de los trabajadores es mínimo porque la Administración les subvenciona casi todo", confirma Ángel Pontones, director general de la plataforma de empleo para personas con discapacidad."
Los Centros Especiales de Empleo que recibieron más dinero entre 2012 y 2015 fueron:Snacks de Castilla León, con más de 200.000 euros recibidos; Ibermail Ibergrupo CEE, ahora Roncalli, y Tasubinsa con más de 20.000 euros; e Ilunion BPO SA así como Ilunion Outsourcing con más de 18.000 euros, según la base de datos obtenida para esta investigación por parte del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y que recoge los centros con operaciones en más de una Comunidad Autonoma. Sin embargo, si nos atenemos a los datos agregados facilitados por la Confederación Nacional de Centros de Empleo (CONACEE), que incluye también aquellos que operan sólo en una CCAA, observamos que el promedio puede superar los 290.000 euros por centro como puede apreciarse en el gráfico anterior que acompaña a esta información.
Los CEE son actualmente la principal fuente de trabajo para las personas con discapacidad. De los 95.238 contratos específicos para personas con discapacidad realizados en 2015, 68.613 fueron hechos con un Centro Especial de Empleo. Un aumento de más de 40.000 contratos desde 2006.
Los papeles se han invertido. Hace una década las empresas ordinarias eran la principal fuente de contratos específicos para personas con discapacidad. Hoy, un 73% de las contrataciones se realizan en un CEE, según datos del Servicio Público de Empleo Estatal.
"En los CEE hay personas con muy poco grado de discapacidad que podrían trabajar perfectamente en la empresa ordinaria. Los que de verdad deberían estar ahí, es decir aquellos con un grado superior a 65%, están fuera del mercado laboral. La subvención te la dan igual, esto se ha convertido en ganar pasta", explica Pontones.
A pesar de las subvenciones, los CEE se caracterizan, en su mayoría, por mantener condiciones precarias. "Una persona con discapacidad que ya parte con problemas de inserción, encima tiene mayor rotación, salarios más bajos y contratos temporales", dice Vanesa Rodríguez, investigadora de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Oviedo.
De acuerdo con un estudio realizado por la docente, los CEE dan una remuneración menor que las empresas ordinarias a los trabajadores con alguna discapacidad. El salario por día en una empresa ordinaria es de 47 euros, mientras que en un CEE es de 36 euros.
Esta diferencia salarial se debe, en parte, a la existencia del Convenio Colectivo de Centros Especiales de Empleo, que a nivel estatal regula las cláusulas laborales para las personas con discapacidad.
Esta medida impulsada por el Comité Español de Representantes de Personas Con Discapacidad (CERMI) ha supuesto, a nivel salarial, un paso atrás en la equidad laboral del colectivo. A los trabajadores se les paga menos de lo que cobrarían si estuvieran regidos por el convenio sectorial de la actividad que realizan.

domingo, 4 de septiembre de 2016

"Un día fui al bingo y gané, fue mi ruina"

"Si el infierno existe, mi mujer ha estado allí. Vivir conmigo ha sido terrible. Me metí en el juego hace 24 años y perdí millones, familia, negocios, salud, ¡todo, todo! Hoy llevo 29 meses sin jugar". Eso contaba Agustín Almeida en agosto de 2013. Hasta hoy no ha vuelto a jugar.
En estos días Agustín está celebrando que la Asociación Aluesa, pionera en abordar un grave problema social como es la ludopatía, le ha entregado un diploma por haber vencido una enfermedad que entra en las vidas y sí la dejas se queda a vivir.
Aún hoy, seis años sin acercarse al juego, le fiscalizan el dinero que lleva en la cartera, ¿cinco euros?, pues debe explicar en qué lo gastará y traer tique hasta de un céntimo. "Hay que estar alerta porque un jugador puede recaer fácilmente en la trampa del juego".
Su mujer le acompaña a la entrevista, en principio sin otro papel que el de estar ahí para apoyarle. Curiosamente, mientras Agustín cuenta cómo empezó su adicción ella, Fátima Pérez, se va metiendo en la conversación con total naturalidad, entre otras cosas porque su marido la señala mil veces como "culpable" de haber salido del pozo negro. "La que merece el diploma es ella, de verdad te lo digo", comenta.
Le pregunto si le importa participar en el reportaje y no lo duda. "Pues sí; ya es hora". Y cuenta. Observo los ojos claros de Agustín y los veo alegres, risueños, nada que ver con el hombre que conocí hace años, cuando el juego lo había llevado a la ruina, cuando lloraba amargamente. "Ella ha sido medalla de oro pero tú de plata, campeón", le digo. Y se emociona de nuevo.
Mejor hablar de las circunstancias que pudieron llevar a este hombre a vivir 24 años en el juego. La ignorancia, sin duda. Su historia es la historia de un chico que cargó con una niñez sin padres, con una adolescencia que le invitó a correr en el trapecio sin que nadie le advirtiera los riesgos.
Su infancia transcurrió en la Casa del Niño, en San Cristóbal, conocido como orfanato o reformatorio, que trae malos recuerdos para niños "pobres de solemnidad". En el caso de Agustín y su hermano eran huérfanos que vivieron a merced de algunas monjas y maestros que impartían a rajatabla aquello de "la letra con sangre entra".
"Estar allí me marcó tanto que no veía la hora de irme y buscarme la vida. Mira; mi hermano y yo vimos ahí dentro palizas, peleas, violaciones y suicidios y yo no miento, créeme". No duda de la importancia que su dura niñez ha tenido en el desarrollo de su vida.
Lo cierto es que desde que le dejaron salir del orfanato, a los 14 o 16 años, Agustín trabajó en un bar de la calle Venegas y luego en una cafetería de la Guardia Civil, en San Cristóbal, donde era "así como medio encargado siendo un chiquillo".
¿Quiénes iban a ese bar? Pues los guardias civiles que se sentaban en un rincón y jugaban a las cartas, a la máquinas, a todo lo que se pudiera. A eso únele copas y sabe Dios qué más. Luego, cuando el bar cerraba, se iban al bingo. Un día me invitaron y esa fue mi perdición. "Ahí empezó mi ruina, ahí?"
Dice que hace pública su historia para que los que crean que entrar en una sala, jugar y ganar es una suerte, sepan que no lo es. "Yo mismo soy un ejemplo. Mi perdición fue ir a un bingo con veinte y pocos años y ganar en una noche 97.000 pesetas, más tarde 36.000 y la tercera vez fueron 42.000. Esa fue mi ruina", sentencia. "Esto es fácil, pensé. He ganado un pastón sin esfuerzo", añade.
¿Y cuándo pusiste freno a todo? "Te lo cuento. Mi historial no era flojo. Durante 24 años estuve jugando a escondidas hasta que un día me vi buscando en el bolso de mi mujer su tarjeta de crédito. Eso me partió el corazón. Ella me preguntó si la había usado y mentí porque los jugadores no somos de fiar. "A ti te pasa algo", me dijo ella y entonces se lo conté todo.
"Yo nunca he sido ni de mujeres, ni de bebida y le reconocí que llevaba años metido en el juego, que los negocios se los había llevado el bingo, las máquinas. Una dulcería familiar, una cafetería y otras propiedades", apunta. La respuesta de su mujer fue "ponerlo en la calle" hasta que no solucionara su problema, ni que se acercara por allí.
"Jamás pensé que todo era por juego, jamás. Creía que era un gastón pero lo otro, jamás. Para que te hagas una idea un día hablé con su jefe de entonces porque mi marido decía que no había cobrado y no era cierto. Le había pagado y se lo había gastado en el juego. Ese hombre, que no recuerdo su nombre, me preguntó si necesitaba dinero. Y le pedí algo para comprar leche para mis niños. Ni para eso tenía", relata Fátima.
Cuenta que cuando lo echó de casa es que "estaba harta de mentiras y lo odiaba". "Tenía dos niños y no lo quería a mi lado. Arreglé todo para separarme. Finalmente no lo hice, pero no quise saber nada más de él. No, no, no?", explica.
Comenta que un día Agustín le habló que había un sitio en el que le ayudarían a solucionar su problema. "Fue, se enteró y cuando le indicaron que necesitaba alguien de la familia como tutor, como vínculo entre los especialistas y el paciente, le dije que no contara conmigo. Bastante tenía ya con sacar adelante a nuestros hijos", resalta. Y en esas se mantuvo hasta que pasado el tiempo se dio cuenta de "que llevaba muy bien el tratamiento y un tiempo sin jugar y que lo quería".
Unos años más tarde Agustín dejó la casa de su hermana, donde vivió desde que su mujer le cerró la puerta y volvió a casa. Hoy lleva cuatro años sin acercarse al juego pero en casa siguen exigiéndole el tique "hasta de un pan que compre". "Es que siempre estás asustada, aunque él no ha tenido ni una recaída", añade.
Agustín reconoce que "no sabía ni lo que era la ludopatía. La primera vez que escuché esa palabra fue en Salud Mental del Servicio Canario de Salud. Después lo supe todo".
Y lo sufrió todo.

viernes, 2 de septiembre de 2016

“La cárcel no reinserta; solo sirve para que los ricos se sientan más seguros”

Para José Ángel Martínez Bujanda (Santa Cruz de Campezo, Álava, 1958), más conocido como ‘Txarly’, la cárcel hace mucho tiempo que perdió su capacidad de reinsertar, “si es que en algún momento la tuvo”. ‘Txarly’ es el capellán de la cárcel de Álava y desde esa posición ha visto cómo ha evolucionado el mundo en la prisión, cómo “cada vez entra gente más normal, nuestros vecinos, amigos…Gente que da dos veces positivo en un control de alcoholemia y es reincidente”. Según el capellán, incansable y aguerrido crítico de cualquier mala práctica penitenciaria, “la cárcel no reinserta; solo sirve para que los ricos se sientan más seguros”. Para los internos de la cárcel de Álava, ‘Txarly’ es lo más parecido que tienen a una esperanza, a una expectativa de salir.


Pregunta. ¿La cárcel provoca más problemas que soluciones?
Respuesta.  Desde luego que sí. Últimamente en la cárcel entra gente muy normal y esa no es la solución. Por ejemplo, para los detenidos por  alcoholemias. Se está metiendo a gente muy normalita, a nuestros vecinos, amigos…Delincuentes empezamos a ser todos. Ahora me paran dos veces y doy positivo en un control de alcoholemia y ya puedo ir a la cárcel.
P. ¿Quién hace las leyes?
R. Las leyes las hacen los ricos para los pobres. En Zaballa puede haber cinco presos peligrosos, los demás (hasta 700) son unos pobres desgraciados. El otro día una señora entró para siete días porque no podía pagar una multa de 280 euros. Tenía antecedentes de hace muchos años. ¿Cómo puede estar Bárcenas en la calle? Es un claro aviso de los que mandan: al que se meta con nosotros vamos a por él. Al que roba un millón se le hace un monumento. No se castiga el robo, se castiga el cómo. Si robo con un bolígrafo millones no entro en la cárcel, si robo con una navaja cien euros sí. Y yo pregunto: ¿Quién es más peligroso, el que va con una navaja y roba 100 euros o el que desahucia y deja a una familia sin nada, en la calle y la indigencia?
P. ¿Aumenta el número de suicidios en la cárcel?
R.  En la calle se suicida mucha gente pero no aparece en los periódicos; en la cárcel se suicida y aparece. Últimamente no ha habido suicidios, salvo alguna sobredosis. Los presos meten la droga como pueden, porque no saben vivir de otra manera. Pero la mayoría de los presos son pardillos y cada vez gente más normal.
P. ¿Es posible la reinserción?
R. De la cárcel se sale peor de lo que se entra. Hay que reinsertar, pero para eso previamente es necesario estar insertado. El que sí lo ha estado, sale de la cárcel y consigue integrarse. Los que no tenían nada, los sacas a la calle y seguirán al margen de la sociedad. A un extranjero con antecedentes nunca se le darán los papeles, salvo que le volvamos a necesitar para asfaltar carreteras. Mientras no le necesitemos, nos sobra.
P. Con el traslado a la nueva cárcel, ¿ha mejorado la calidad de vida de los internos?
R. La nueva cárcel es un pelotazo taleguero. No sirve para la reinserción; en todo caso para que los ricos se sientan más seguros. Lo único bueno es que en las celdas hay ducha. Las prisiones están construidas para que los internos no salgan de los módulos, para que no puedan trapichear. El interno está en su módulo, diseñado para que nadie salga.
P. ¿Qué expectativas tienen los presos?
R. La única expectativa que puedo dar yo a los presos es sacarlos un día a la calle. Y les saco un día cada dos o tres meses. La dirección concede muchas salidas y la junta de la prisión da la lista de los que pueden salir. Dicen que si sales una vez con el cura y no metes la pata, empieza una cuesta abajo, se hace la vida más fácil. La esperanza del día a día es esa. Allí nadie da nada. Entiendo que un funcionario no de un cigarro o pague un café. Ahí es el cura el que tiene la etiqueta de poder conseguir algo, mantas, tabaco... La salida de un día a andar por el monte es la gran esperanza.
P. ¿No observa ninguna mejora en el sistema penitenciario?
R. ¿Mejoras? Ha empeorado. Hay enfermos y deficientes mentales, hay locos que tendrían que estar en otro sitio. Llenamos la cárcel de enfermos mentales. Cada vez se condena a personas normales que jamás hubieran pensado encontrarse en esta situación. Y de repente les catalogan de delincuentes. Lo de los ricos no está penado, las estafas y los engaños prescriben antes. Nos están quitando una serie de libertades a todos sin que nos demos cuenta. Cosas que antes se arreglaban en casa, ahora todo el mundo va al juzgado. No puedes andar sin un seguro o un abogado por la vida. La justicia será lo que sea, pero cuando empieza a funcionar no hay quien la pare. Ves a gente pagando penas de hechos cometidos en el año 2003. Las cárceles están hechas para llenarse, pero cada vez tienen menos gente porque es más fácil expulsar que mantener a los presos.
P. ¿Y privatizarlas?
R. Sería horroroso, solo se haría para que algunos ganaran dinero. Es un negocio redondo, despedir funcionarios, sin programas de reinserción. A gastar lo menos posible. Dos o tres talleres de actividades como mucho; todo lo que sea de trabajar, salir con los presos…Nada. La cárcel no hace nada. Todo lo que se hace con los presos se costea con el presupuesto de las ONG.

martes, 30 de agosto de 2016

"El suicidio es la primera causa de muerte entre los jóvenes españoles"

Miquel Roca es catedrático y co autor del estudio Crisis económica y salud mental en España.
«Desde el inicio de la crisis hemos visto un aumento significativo de los problemas de salud mental. Un 19% más de depresión y un 8% de trastornos de ansiedad».
«El desempleo y el no poder pagar una hipoteca son los factores que más se relacionan con los cuadros de depresión. Eso lo encontramos en el estudio Impact, que se hizo en las consultas de Atención Primaria durante la crisis».
«Hay más diagnósticos de depresión en mujeres que en hombres, pero hay más suicidios en ellos. Aproximadamente entre un ocho y un 15% de la población va a padecer depresión a lo largo de su vida, según la Organización Mundial de la Salud. En España, el riesgo lo tiene el 5% de los habitantes».
«Hay más muertes por suicidios que por accidentes de tráfico en España. De hecho, en la población joven esa es la primera causa de muerte. En un gráfico de evolución, si cruzamos las dos líneas, podemos comparar que la de suicidios sube y la de accidentes está bajando».
«En España, el impacto económico de la depresión supone más de 10.000 millones de dólares anuales. Eso es como el 1% del PIB. La necesidad de combatirla es también por la sostenibilidad del sistema. Las empresas no suelen disponer de programas de prevención y detección temprana, aunque más del 75% de las personas que tienen problemas de salud mental está en edad de trabajar».
«La depresión pasa desapercibida con frecuencia en el trabajo. A los problemas de salud mental se les asocia con estado de ánimo, con tristeza y no con falta de atención o de memoria, que también son síntomas. Al no poder reconocerlos, la discapacidad causada por la depresión es muy alta».
«La depresión tiene importantes efectos en el área laboral, además de las bajas médicas que provoca. También hay una merma en la productividad de los trabajadores, lo que se conoce como presentismo. Una persona puede, para no perder el trabajo, mantenerse con un cuadro depresivo y eso repercute en el día a día. Hay que buscar modelos de reinserción laboral para ellos».

Alice Hamilton (27 feb 1869-22 sep 1970)

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