martes, 9 de agosto de 2016

¿Y si fuera ilegal que el súper tirara comida en buen estado?

Casi 800.000 europeos han apoyado ya una campaña que reclama a la UE una directiva para que los supermercados no tiren comida en buen estado, sino que la donen a las ONG. Pero en España, según la patronal ACES, no se necesita regulación, porque el sector es muy eficiente y colabora con esas entidades.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que cita la legislación francesa, ha pedido al Gobierno “una regulación que frene de manera efectiva el desperdicio de comida” y obligue a los establecimientos a ceder la sobrante que sea apta para el consumo. En Italia, una ley recién aprobada incentiva la donación.

La Federación de Bancos de Alimentos (Fesbal) subraya, como todas las partes implicadas, que la seguridad alimentaria es irrenunciable. Y pide determinar claramente quién sería responsable si algún producto donado no fuera apto.
Esa llamada unitaria europea a parar el “desperdicio” alimentario se desarrolla en la plataforma Change.org desde 2015 por ciudadanos de Grecia, Bélgica, Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido y España.
Quieren presentar un millón de firmas a la Comisión y el Parlamento europeos, pues aseguran que más de 80 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza en Europa, mientras los supermercados desechan “toneladas” de comida.

¿Y si fuera ilegal que el súper tirara comida en buen estado?

El responsable de la campaña en Francia, Arash Derambarsh (concejal de Courbevoie), fue quien inició la petición para la ley que regula esta cuestión en ese país.
El Parlamento Europeo exigió en 2012 medidas urgentes para reducir el desperdicio a la mitad hasta 2025. Según la Comisión Europea, la UE generaba 89 millones de toneladas anuales de residuos alimentarios (7,7 millones en España).
En los hogares europeos, el desperdicio representaba el 42 % del total; en la fabricación, el 39 %; en la restauración, el 14 %; y en la distribución, el 5 %.
Según Agricultura, los hogares españoles desechan cada semana 25,5 millones de kilos de alimentos (el 4,5 % de la compra).
“Queremos que la Comisión discuta y apruebe un marco legislativo, que luego cada Estado miembro tiene que aplicar”, comenta a Efe el responsable de la campaña europea en España, Manuel Bruscas. Es partidario de incentivar y facilitar la donación, pero marcando unos cumplimientos “mínimos”.
Europa ha de señalar “pautas y directrices”, sin “demonizar a nadie”, pues el desperdicio tiene causas variadas y todos son responsables, también los consumidores.
 La solución pasa por contar con todos, pues la industria y el sector de la distribución alimentaria son relevantes, reconoce. Para empezar, demanda Bruscas “transparencia” sobre la comida que se tira porque la distribución difunde datos “de parte”, asegura.
Pero el presidente de la Asociación de Cadenas de Supermercados (ACES), Aurelio del Pino, niega falta de información objetiva y alude a informes sectoriales, del Ministerio de Agricultura y de las empresas.
La distribución española es “muy eficiente y competitiva”, indica a Efe, el eslabón con “menos” desperdicio de toda la cadena alimentaria. Además, añade, el tejido social español está “muy desarrollado”, una red tupida de ONG que funcionan bien.
“Todas las empresas, al menos las de mi asociación, tienen convenios y trabajan desde hace muchos años con los bancos de alimentos y las organizaciones de beneficencia”, asegura.
El sector se ha ido “autorregulando”, analizando situaciones, remediando ineficiencias, difundiendo las mejores prácticas para empresas y consumidores, colaborando con la industria y la restauración.
“Pensamos que, en España, no es necesario (introducir una regulación) -insiste-, porque llevamos mucho tiempo trabajando en esto. Estamos concienciados, el conocimiento es muy amplio, y el objetivo está conseguido”.
Entre otras iniciativas, Del Pino cita el proyecto de la Asociación de Empresas de Gran Consumo (Aecoc) “La alimentación no tiene desperdicio, aprovéchala” (2012) y la estrategia “Más alimento, menos desperdicio”, del Ministerio de Agricultura (emprendida en 2013).
Fuentes del ministerio de Agricultura han explicado a Efe que, una vez cumplida la vigencia de dicha estrategia, “se está trabajando en la actualidad, con todas las organizaciones que participan en la misma, en la revisión de su contenido, con objeto de incorporar los compromisos y metas que sean consensuados”, los cuales deberán llevarse a cabo “al comienzo de esta legislatura”.
En marzo pasado, la OCU comenzó una recogida de firmas para que se prohíba estropear alimentos intencionadamente haciéndolos inservibles. También exige fechas de consumo preferente y de caducidad según criterios de calidad y seguridad, no de intereses económicos particulares.
La Federación de Bancos de Alimentos (Fesbal), que mantiene convenios con hipermercados y cadenas de alimentación, pide conocer cualquier proyecto normativo para pronunciarse. Fuentes de esta federación han alertado contra las denominadas leyes “del buen samaritano”, que eximen al donante de responsabilidad sobre el estado de los productos si se entregaron “de buena fe”.

domingo, 7 de agosto de 2016

Patarroyo: "En dos años se tendrá y se donará la vacuna contra la malaria"

El científico colombiano se negó a vender la patente de su descubrimiento para asegurase de que llegue a todo el mundo de forma gratuita.

Tras cinco años con la investigación paralizada, el director del Instituto Inmunológico de Colombia, Manuel Elkin Patarroyo, ha retomado el estudio hace tres meses y ha asegurado en una entrevista que en dos años se tendrá la vacuna de la malaria y que se distribuirá de forma gratuita a las personas que más lo necesiten.


Patarroyo explicó que durante cinco años no les permitieron trabajar con monos porque un grupo de animalistas decidió que se maltrataba a los monos cuando nunca, aseguró, se mataron ni se dejaron morir. Los monos del Amazonas tienen un sistema inmunitario muy parecido al del ser humano y por esa razón era ese tipo de mono "el fundamental" para la investigación.

Hace 30 años Patarroyo se negó a vender su patente a las industrias farmacéuticas y al respecto manifiesta que no tiene ningún interés en ganar dinero, y se pregunta "¿al lado de quiénes estoy?".   

 El científico explica que si hubiera donado la patente el precio de la misma hubiese aumentado a unos 60 o 70 euros y a ese precio "no se va a curar nadie", ni siquiera él mismo.

Cuando por fin exista la vacuna explica que se distribuirá, en primer lugar, en los países africanos que tienen un mayor caso de malaria y se entregará gratis gracias a un consorcio que permitirá que se produzca la vacuna y una vez producida se donará el producto, "no la patente", señaló Patarroyo.

Aclara que si esto no se ha hecho antes es porque en el mundo de la medicina se da prioridad a los intereses económicos.

Las industrias farmacéuticas "no son entidades de beneficiencia ni de caridad, y eso lo han dicho ellos", afirma.

Sin embargo, asegura que él tiene "otros intereses", como que esa vacuna sea "un beneficio para la humanidad entera", y asegura que no necesita más reconocimiento que el que le dará aparecer en un libro de las personalidades que han cambiado el mundo en el siglo XXI.

"Soy riquísimo, tengo el reconocimiento y el cariño de la gente", proclama, y afirma que ya lo ha ganado todo y que el único premio que le queda es el Nobel.




 

martes, 2 de agosto de 2016

LA OMS Y UNICEF, ACUSADAS DE AMPARAR VACUNAS PARA CONTROLAR EL CRECIMIENTO DE LA POBLACIÓN


La Campaña de vacunación contra el tétano efectuada en marzo de 2014 en Kenia que  auspiciaron la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNIFEC pudo ser en realidad un programa para controlar el crecimiento de la población; y es que contenía de forma injustificada la hormona Beta-HCG (gonadotrifina coriónica humana) que, como se sabe, provoca abortos y esterilidad. Al menos así lo han denunciado públicamente en el país la Asociación de Médicos Católicos y la Conferencia de Obispos Católicos. Y no es la primera vez que se hace pues ya se desarrollaron campañas similares en México y Nicaragua en 1993 y en Filipinas en 1994.

domingo, 31 de julio de 2016

Así fue como el valiente bibliotecario de Tombuctú salvó casi 400 mil manuscritos

El 25 de enero de 2013, quince yihadistas entraron en la biblioteca del Instituto Ahmed Baba, en Tombuctú (República de Malí), tomaron más de 4.000 manuscritos -muchos de ellos de los siglos XIV y XV-, los sacaron al patio, los rociaron con gasolina y les prendieron fuego. En pocos minutos el trabajo de algunos de los más grandes eruditos y científicos de la ciudad, tratados sobre matemáticas, física, química, música, poesía o astronomía, conservados durante siglos a pesar de los ladrones, de las invasiones, las inundaciones o los insectos, fue consumido por las llamas. La noticia de esta tragedia conmocionó a Abdel Kader Haidara, académico y fundador de la biblioteca Amma Haidara, así que temiendo que volviera a repetirse decidió salvaguardar el resto del legado almacenado en Tombuctú.



Gracias a la la labor de Haidara, Tombuctú contaba con cerca de 45 bibliotecas, desde pequeños archivos privados hasta colecciones de más 10.000 volúmenes, un total de casi 400.000 manuscritos, algunos de ellos piezas de la literatura medieval únicas en el mundo, que ahora estaban en peligro a causa de Al Qaeda. Aunque públicamente los yihadistas confirmaron que no iba a dañar los manuscritos, Haidara no confiaba en esas promesas, ya que muchos de esos documentos, de carácter científico o artístico, desafiaban la visión islamista pura que los extremistas defendían con la yihad.

Así las cosas, Haidara puso en marcha un plan para proteger ese tesoro: era necesario sacar los manuscritos de los grandes edificios y dispersarlos por toda la ciudad, por las casas de cualquier persona. Y había que hacerlo en secreto. Nadie, aparte de los bibliotecarios y colaboradores más directos podía saber lo que iba a ocurrir, ni siquiera sus familias.



Haidara empezó reclutando a su sobrino, Mohammed Touré, que había trabajado con él desde los 12 años. Ambos constituyeron un equipo de la más absoluta confianza formado por bibliotecarios, archiveros, secretarias, guías turísticos y algún que otro familiar. Los voluntarios por todas las tiendas de Tombuctú comprando con la mayor discreción posibles baúles de metal. Cuando se agotaron, tras conseguir entre 50 y 80 baúles, compraron también todos los baúles de madera. Una vez vacía Tombuctú de baúles, fueron a comprar más a la localidad de Mopti. Así, en secreto, acumularon unos 2.500 baúles y, también en secreto, los trasladaron a las grandes bibliotecas de la ciudad para comenzar la evacuación.

Una tarde a finales de abril, tras el ocaso para no llamar la atención de la policía, Haidara, Touré y varios voluntarios más se reunieron frente la biblioteca Amma Haidara para empezar a mover los manuscritos. Como los rebeldes habían cortado la electricidad en Tombuctú los bibliotecarios se vieron obligados a orientarse en la oscuridad de la sala usando linternas, una medida de precaución además para no llamar la atención. Guiados por el vigilante nocturno, entre susurros, llegaron a la sala principal y comenzaron a vaciar cada estantería a tiendas, paralizándose de miedo cada vez que escuchaban un ruido sospechoso. Para aprovechar bien los baúles era necesario un mínimo de planificación, ya que el volumen de los manuscritos puede ser muy variable, desde miniaturas hasta enciclopedias de gran tamaño. Debido a las condiciones en que se estaba llevando a cabo el traslado, no fue posible contar con los requisitos mínimos para proteger los documentos.
Cuando terminaron de llenar los baúles sellaron los cofres con candados, cerraron la puerta de la biblioteca y corrieron hacia sus casas por los callejones oscuros de Tombuctú, manteniendo un ojo avizor para no encontrarse con ninguna patrulla. A la noche siguiente regresaron a la biblioteca, envolvieron las estanterías en mantas, las cargaron en carros y se las llevaron también.
Haidara estaba convencido de que los manuscritos no estarían a salvo en Tombuctú, así que tomó la determinación de trasladarlos a Bamako, a casi mil kilómetros de distancia al sur de Mali. Un transporte de semejante envergadura, sin embargo, no iba a ser fácil ni barato. Sería necesario contratar a cientos de mensajeros, a conductores de camiones, a taxis y a todo tipo de vehículos de cuatro ruedas, la mayoría familia de los propios bibliotecarios para garantizar su lealtad; sería necesario dinero para sobornos, para gasolina, para posibles reparaciones de los vehículos. Haidara partía con un presupuesto inicial de 12.000 dólares, de una subvención que tenía para estudiar inglés en la Universidad de Oxford entre 2012 y 2013. Entonces el bibliotecario recurrió a la comunidad internacional y logró recaudar aproximadamente un millón de dólares para su causa, con aportaciones del Centro Juma Al Maid de Dubai, la Fundación del Príncipe Claus de Holanda, la Lotería Nacional Holandesa o incluso una campaña de crowdfunding por Internet.



Pero la odisea no había terminado aquí ni mucho menos. A lo largo del camino Haidara y los suyos tuvieron que hacer frente a todo tipo de controles, patrullas, milicias y grupos armados. En una ocasión un helicóptero francés casi abate uno de los barcos pensando que estaban haciendo contrabando de armas. La sorpresa fue mayúscula cuando las cajas fueron abiertas y dentro solo había papel. Una parte del transporte también fue interceptada por milicias de bandidos y fue necesario entregar un suculento rescate para liberarlos. En total, 30 viajes hasta que la mayor parte de los documentos estuvieron a salvo en Bamako, desde donde Haidara coordinó el transporte de cientos de vehículos por tierra y agua usando varios teléfonos.

Lo más sorprendente de toda esta compleja y rudimentaria operación de logística es que ni un solo cajón, ni siquiera un solo manuscrito, se perdió por el camino. Las únicas bajas fueron los 4.200 manuscritos que fueron reducidos a ceniza en la biblioteca del Instituto Ahmed Baba. Con su perseverancia y su valentía, el bibliotecario Abdel Kader Haidara había conseguido salvar casi 400.000 manuscritos.



viernes, 29 de julio de 2016

Más de la mitad de los abuelos en España confiesa ayudar a sus hijos debido a la crisis

Con motivo de su tradicional celebración del 26 de julio, Día de los abuelos, Mensajeros de la Paz, la fundación presidida por el Padre Ángel, ha dado a conocer, a través de una encuesta realizada por Sigma Dos, la opinión de las personas mayores españolas sobre temas de actualidad que conciernen directamente a la tercera edad.
Así, según los resultados obtenidos, más de la mitad de los abuelos españoles (55,9%) confiesa ayudar a sus hijos debido a la crisis, ya sea económicamente o en el cuidado de los nietos. Sin embargo, sólo el 31,1% de los ciudadanos que no son adultos mayores, reconoce que debido a la crisis necesita o ha necesitado ayuda económica de sus padres, o que ellos le ayudan en el cuidado de sus hijos.




Ceuta, cuentas y pago de facturas

A lo largo de las luchas sociales del siglo XX se fue acuñando una idea realmente luminosa: "privatización de beneficios y socializació...