"¡Durante tanto tiempo regalé mi trabajo!" Entre su voz baja, su carácter sereno y la suavidad con la que sus manos tocan las telas mientras conversa, esta frase se erige como una suerte de grito por ser vista y valorada. La expresión de Elsa Lucana es apenas una entre miles en la Argentina y entre millones en todo el mundo. Es la visibilización de un problema de dimensiones globales, pero también con un fuerte arraigo local, y que involucra a todos: productores y consumidores.
"Históricamente, el trabajo textil fue un problema en la Argentina por la precariedad de sus condiciones", asegura Roi Benítez, fundadora de la empresa social La Costurera y representante local del movimiento Fashion Revolution.
Hoy, conforme los relevamientos de la organización social La Alameda, el 78% de las prendas que se fabrican en la Argentina proviene de talleres clandestinos donde existen prácticas de trabajo forzoso, precario o esclavo. Estas son confeccionadas por más de medio millón de personas. En la ciudad de Buenos Aires, este número alcanza aproximadamente a 30.000.