martes, 5 de abril de 2016
domingo, 3 de abril de 2016
ALMUDENA GRANDES: si hay que elegir una patria me quedo con la de quienes están pensando si encienden la calefacción o no
Es una de las marcas España. ¿Sabe? Desde la posguerra hasta el destape, el tema de todas las películas españolas es la pobreza.
Se nota en la novela, porque la trama coral y el principio con una voz en off que sitúa la historia recuerda al cine neorrealista. ¿Ha escrito un «Plácido» de 2015?
Y la tesis es que más que arruinados, los españoles de hoy estamos perdidos...
Atontados y perdidos. Se llama Los besos en el pan porque es una reivindicación consciente de la cultura de la pobreza con dignidad. Para los españoles ser pobre no debería ser una novedad porque siempre lo hemos sido. Sin embargo, no era algo vergonzoso, humillante ni paralizante; no excluía la alegría, la esperanza ni la ilusión. La vida era eso.
¿Y ya no lo es?
No. Se heredaba la pobreza, sí, pero también una dignidad y serenidad que ahora no hay, porque este país se ha convertido en los últimos 20 años en un país de nuevos ricos, consumista, muy desagradable, insolidario y hortera, en el que todo era cambiar de móvil y de coche. La situación actual es más dura porque hemos perdido esa cultura, ya no tenemos el patrimonio del ejemplo de los abuelos.
¿Esta España de resistentes pobres y derrotados le gusta más que la España hortera de hace pocos años?
Mucho más. No creo que en la pobreza esté el futuro, porque es cínico y es mentira, pero el país que hemos vuelto a ser tiene muchas cosas que me conmueven a diario, mientras que en la España espantosa del pelotazo no me conmovía nada.
¿El libro es una llamada a la rebelión, a no ser dóciles?
No hay otra solución. Si seguimos pensando que lo único que hay que hacer es esperar y aguantar a que nos recorten el sueldo otra vez y que pasado mañana volveremos a comprar un smartphone de última generación estamos perdidos. La solución de este país es mirar hacia atrás y recuperar la capacidad de plantarse de los mayores.
¿Si tuviera 18 años, estaría preparando cócteles molotov?
Pues quizá sí. Lo que pasa es que cuando tenía 18 no hacían falta los cócteles molotov, porque había un movimiento político articulado que parecía que podía influir en el poder. Eso ha desaparecido. Los jóvenes de hoy, cuando se acaban las asambleas del 15M, terminan pensando en los cócteles molotov.
¿La salida política del 15M no era Podemos?
Para muchos sí, pero provocar pasiones desde la tibieza es difícil.
Lo dice por lo no de no ser de derechas ni de izquierdas.
Sí. Con ese discurso de que las ideas no sirven para llegar al poder pueden conseguir el voto de mucha gente que no tiene 18 años, pero a estos no los van a atraer.
¿Y a usted no le tienta la política? Ofertas ha tenido?
Sí, pero es que escribo novelas muy largas? Lo que me gusta es levantarme, ponerme las zapatillas y quedarme escribiendo todo el día. No me tienta la política porque me gusta mucho mi oficio y es un despilfarro abandonar algo que te gusta. Además, lo que pueda hacer en mis libros tiene más valor.
La realidad de la novela ha quedado tapada en los noticiarios por el problema catalán, si lo hay. ¿Le duele?
Me parece indignante. Es verdad que la declaracion de independencia de Cataluña es un tema fascinante, pero si hay que elegir una patria me quedo con la de quienes están pensando si encienden la calefacción o no.
¿Cree que ha hecho méritos para ser académica?
Méritos no sé, pero no tengo ninguna vocación. Cada vez soy más huraña y lo que me gusta es estar en mi casa escribiendo. Debo estar envejeciendo mal... Josep Fontana dice que no hay que tener biografía, sino bibliografía. En eso estoy.
¿No ha tenido miedo de la que la novela quedara caduca, porque España vuelve a ir bien, dice el Gobierno?
Lo pensé, pero por desgracia no ha sido así. La primera década del siglo XXI va a acabar siendo como los años 30 del siglo XX: una época dorada que nunca volverá.
Se nota en la novela, porque la trama coral y el principio con una voz en off que sitúa la historia recuerda al cine neorrealista. ¿Ha escrito un «Plácido» de 2015?
Ojalá, porque es una obra maestra. Aunque es otra época y otra literatura, es un libro que se acerca por su intención a la novela social, que emparenta con el cine neorrealista, que no se agota en Berlanga y Bardem. Por eso el principio es decir al lector qué vamos a ver, la vida de un barrio.
Y la tesis es que más que arruinados, los españoles de hoy estamos perdidos...
¿Y ya no lo es?
No. Se heredaba la pobreza, sí, pero también una dignidad y serenidad que ahora no hay, porque este país se ha convertido en los últimos 20 años en un país de nuevos ricos, consumista, muy desagradable, insolidario y hortera, en el que todo era cambiar de móvil y de coche. La situación actual es más dura porque hemos perdido esa cultura, ya no tenemos el patrimonio del ejemplo de los abuelos.
¿Esta España de resistentes pobres y derrotados le gusta más que la España hortera de hace pocos años?
Mucho más. No creo que en la pobreza esté el futuro, porque es cínico y es mentira, pero el país que hemos vuelto a ser tiene muchas cosas que me conmueven a diario, mientras que en la España espantosa del pelotazo no me conmovía nada.
¿El libro es una llamada a la rebelión, a no ser dóciles?
No hay otra solución. Si seguimos pensando que lo único que hay que hacer es esperar y aguantar a que nos recorten el sueldo otra vez y que pasado mañana volveremos a comprar un smartphone de última generación estamos perdidos. La solución de este país es mirar hacia atrás y recuperar la capacidad de plantarse de los mayores.
¿Si tuviera 18 años, estaría preparando cócteles molotov?
Pues quizá sí. Lo que pasa es que cuando tenía 18 no hacían falta los cócteles molotov, porque había un movimiento político articulado que parecía que podía influir en el poder. Eso ha desaparecido. Los jóvenes de hoy, cuando se acaban las asambleas del 15M, terminan pensando en los cócteles molotov.
¿La salida política del 15M no era Podemos?
Para muchos sí, pero provocar pasiones desde la tibieza es difícil.
Lo dice por lo no de no ser de derechas ni de izquierdas.
Sí. Con ese discurso de que las ideas no sirven para llegar al poder pueden conseguir el voto de mucha gente que no tiene 18 años, pero a estos no los van a atraer.
¿Y a usted no le tienta la política? Ofertas ha tenido?
Sí, pero es que escribo novelas muy largas? Lo que me gusta es levantarme, ponerme las zapatillas y quedarme escribiendo todo el día. No me tienta la política porque me gusta mucho mi oficio y es un despilfarro abandonar algo que te gusta. Además, lo que pueda hacer en mis libros tiene más valor.
La realidad de la novela ha quedado tapada en los noticiarios por el problema catalán, si lo hay. ¿Le duele?
Me parece indignante. Es verdad que la declaracion de independencia de Cataluña es un tema fascinante, pero si hay que elegir una patria me quedo con la de quienes están pensando si encienden la calefacción o no.
¿Cree que ha hecho méritos para ser académica?
Méritos no sé, pero no tengo ninguna vocación. Cada vez soy más huraña y lo que me gusta es estar en mi casa escribiendo. Debo estar envejeciendo mal... Josep Fontana dice que no hay que tener biografía, sino bibliografía. En eso estoy.
¿No ha tenido miedo de la que la novela quedara caduca, porque España vuelve a ir bien, dice el Gobierno?
Lo pensé, pero por desgracia no ha sido así. La primera década del siglo XXI va a acabar siendo como los años 30 del siglo XX: una época dorada que nunca volverá.
viernes, 1 de abril de 2016
Así convencen las farmacéuticas a los médicos para que receten sus productos (elconfidencial.com)
De un tiempo a esta parte la industria farmacéutica parecía intocable. Sí, se habían cometido irregularidades, pero la mayoría de la población seguía pensando que, al fin y al cabo, los medicamentos hacían nuestra vida mejor. Ya no es así. Médicos de renombre como Ben Goldacre, Allen Frances o Peter C. Gøtzsche han escrito libros sobre las prácticas sucias de las farmacéuticas, a las que acusan sin tapujos de causar más muertes que los cárteles de la droga.
Estos libros han tenido un importante impacto mediático pero, nos guste o no, para que una denuncia sea compartida por la mayor parte de la ciudadanía tiene que llegar al medio de masas por excelencia: la televisión. El pasado domingo el cómico John Oliver –que podría pasar por el Jordi Évole estadounidense– dedico su late show (Last Week Tonight) a denunciar las siniestras prácticas de las farmacéuticas en EEUU y, en concreto, a la forma en que estas presionan a los médicos para que receten sus productos.
El 70% de los estadounidenses están tomando un medicamento con receta y más de la mitad toman dos, lo que conlleva un gasto de 2.000 euros de media por persona al año
En Europa, desde 1994, está prohibido anunciar medicinas que se venden con receta. Las compañías pueden promocionar sus productos entre los médicos, pero con límites. Los doctores tienen prohibido recibir a cambio regalos, primas, promesas de incentivos económicos y en especie, así como más de 10 muestras gratuitas de producto por medicamento y año.
Nada de esto ocurre en EEUU, que afronta un gravísimo problema de sobremedicación. Como ha explicado Oliver en su programa, el 70% de los estadounidenses están tomando un medicamento con receta y más de la mitad toman dos, lo que conlleva un gasto de 2.000 euros de media por persona al año. Estos medicamentos en muchos casos no sólo son innecesarios, sino que además son peligrosos. Según investigaciones de Peter C. Gøtzsche, la prescripción de medicamentos causa cerca de 200.000 defunciones en EEUU todos los años.
Bombardeo publicitario
Como asegura Oliver, en EEUU es imposible escapar de los anuncios de fármacos. “Ahora bien –puntualiza–, los medicamentos no son como cualquier producto, pues necesitas que alguien te dé permiso para tomarlos y es por lo que todos los anuncios acaban siempre con la misma frase: pregunta a tu médico”.
Las compañías farmacéuticas, explica el cómico metido a periodista, saben que los médicos tienen el poder real a la hora de recetar sus medicamentos; por eso, frente a los 4.000 millones de dólares que gastan al año en anunciar sus fármacos al gran público, emplean 24.000 millones para promocionar sus productos entre los profesionales sanitarios.
9 de cada 10 grandes farmacéuticas gastan más en 'marketing' que en investigación
Un análisis realizado en 2013 por la BBC aseguraba que 9 de cada 10 grandes farmacéuticas gastan más en marketing que en investigación. “Las compañías farmacéuticas son como los novios del instituto –sentencia Oliver–. Están mucho más preocupados por meterse dentro de ti que por ser efectivos una vez que lo logren”.
Como reconocía en una entrevista Raymond Gilmartin, exdirector ejecutivo de Merck, “el precio de los medicamentos no está determinado por los costes de investigación. Lo que lo determina, en su lugar, es el valor que tienen en cuanto a su capacidad de evitar y tratar una enfermedad o dolencia concreta”. En definitiva, los medicamentos valen lo que la sociedad está dispuesta a pagar por ellos. Por eso el marketing es tan importante: es necesario convencer a médicos y pacientes de que se debe usar determinado fármaco. Y en ello vuelcan las farmacéuticas todos sus esfuerzos.
Oliver asegura que es muy difícil averiguar cómo se gasta todo ese dinero dedicado a marketing, pues se hace todo de forma opaca, y sólo se vislumbran pequeños detalles sobre determinados casos, años después de que ocurran. En 2012 el Gobierno estadounidense resolvió el caso de Advir, un medicamento para paliar el asma en niños que fue acusado de marketingirresponsable, así que pudimos ver, por primera vez, el vídeo de la presentación del medicamento en 2001, en una convención comercial.
El cómico bromea con el hecho de que la presentación del medicamento parece un espectáculo como los que se realizan antes de los partidos de la NBA, pero lo más grave es lo que le dice a los médicos el representante de la compañía farmacéutica: “Hay gente en esta habitación que va a ganar una increíble suma de dinero vendiendo Advir, y sabéis quienes sois”.
La salud es lo último que importa
En España, desde 2001, los médicos de la Seguridad Social no pueden recetar marcas concretas, tan sólo el principio activo, lo que limita bastante la actividad de los visitadores médicos. Pero en EEEU vale todo. Oliver es enormemente duro con los representantes comerciales de las farmacéuticas, que, asegura, no tienen ni idea de lo que están vendiendo. En el programa un visitador explica cómo fue su primera sesión de formación: “Estaba en una habitación con 21 compañeros de clase y dos profesores, y era el único que tenía formación científica. De hecho, el primer día explique a mi clase y a los profesores el proceso básico por el que dos neuronas se comunican”.
“Así que, esencialmente, los representantes de las farmacéuticas son como los personajes de Anatomía de Grey: jóvenes, atractivos y sin idea de medicina”, bromea Oliver.
No puedes darle a la gente medicamentos potencialmente peligrosos y ver qué pasa; eres una compañía del Fortune 500, no un camello en una 'rave'
Es de esperar que muchos médicos sepan que los visitadores sólo quieren vender sus productos y les preocupa poco la conveniencia y efectividad de estos, pero muchos otros se dejan llevar. Así se sincera otra representante farmacéutica en el programa: "Tenía un médico que siempre me presentaba el historial de los pacientes difíciles y me decía ‘Kathleen, he probado esto, lo otro, qué me recomiendas para ajustarlo’. Me quedaba pensando, ‘qué haces preguntándome lo que tienes que prescribir, tú eres el médico'”.
El comportamiento de muchas farmacéuticas en EEUU se parece mucho al del crimen organizado. En un vídeo del programa, un visitador médico explica que su compañía pagaba a las farmacias para saber perfectamente lo que estaba recetando cada doctor y si estaban firmando muchas recetas de los competidores se lo hacían saber.
Con este nivel de presión no es de extrañar que las farmacéuticas hayan traspasado varias veces la línea roja presionando a los doctores para que recetaran medicamentos para usos que no estaban aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Es lo que ocurrió con Seroquel, un medicamento de AstraZeneca: un antipsicótico con peligrosos efectos secundarios que sólo debía usarse para tratar la esquizofrenia o el trastorno bipolar y se recetó para tratar el insomnio, la depresión y la demencia. “No puedes darle a la gente medicamentos potencialmente peligrosos y ver qué pasa, eres una compañía del Fortune 500, no un camello en una rave”, bromea Oliver. Pero el asunto no tiene ninguna gracia.
AstraZeneca negó que hubiera actuado con mala praxis, pero pagó 500 millones de dólares para cerrar el caso. No es un comportamiento aislado. Como denunció Oliver en su programa, la mayor parte de las grandes farmacéuticas ha pagado cantidades similares para llegar a acuerdos judiciales. Johnson & Johnson tuvo que pagar 2.200 millones, Eli Lilly 1.400 millones, Voice 2.300 millones y GSK pagó la cifra record de 3.000 millones de dólares para zanjar el caso en el que se les acusaba, entre otras cosas, de promocionar su antidepresivo Wellbutrin para usos no aprobados como tratar las canas y la disfunción sexual.
Corrupción entre los médicos
Debido a este tipo de prácticas no es de extrañar que muchos médicos honrados se nieguen a recibir a los visitadores médicos, pero las compañías tienen otros recursos: como pagar a otros médicos para que convenzan a sus compañeros. “Suena ridículo”, asegura Oliver, “pero no tan ridículo como el título que les proponen utilizan para elevar su ego”. Como explicó Angie Maher, una informante de una compañía farmacéutica, en un informativo de la CNN, “las farmacéuticas le dicen a los médicos que su compañía les ha identificado como un líder de opinión y les proponen ser líderes de opinión de su farmacéutica. La mayoría de las veces dicen que sí”.
Desde principios de año una nueva cláusula en la Affordable Care Act permite a todos los ciudadanos estadounidenses mirar en una página web qué gratificaciones dan las farmacéuticas a los médicos
Como explicaba el psiquiatra Allen Frances a El Confidencial, muchos médicos le bailan el agua a las farmacéuticas sin ser conscientes de ello: “Esta colosal industria está lavando el cerebro a todo el mundo para que tomen pastillas, aunque no las necesiten”. Y el doctor Jerry Avorn, profesor de la Harvard Medical School, que ha participado en el programa de Oliver, apuntala esta idea: “En muchos casos el contenido y el guion que preparan las farmacéuticas para que los médicos impartan en sus conferencias (que ellas están pagando) está camuflado como algo que no han hecho directamente las farmacéuticas. Pero no es cierto”.
Debido a la intensificación de las críticas, la industria farmacéutica en EEUU está tratando de lavar su imagen. Las compañías aseguran que ya no pagan “líderes de opinión” y que se están reformando, y los políticos, que hasta la fecha no habían movido un dedo, parecen ahora dispuestos a presionar a las farmacéuticas.
La senadora demócrata Elizabeth Warren anunció el pasado mes un nuevo proyecto de ley, la Medical Innovation Act, que asegura solucionará dos grandes problemas: la disminución de la inversión pública en la investigación médica y las prácticas ilegales de las grandes farmacéuticas. La ley, que se está debatiendo ya en el senado, pretende usar el dinero de las multas impuestas a las grandes farmacéuticas por sus prácticas ilegales para financiar proyectos de investigación de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA).
Esta no es la única iniciativa del Gobierno estadounidense para limitar el poder de las farmacéuticas. Desde principios de año una nueva cláusula en la Affordable Care Act permite a todos los ciudadanos mirar en una página web qué gratificaciones dan las farmacéuticas a los médicos. De momento sólo cubre las dadivas obtenidas en los cinco últimos meses de 2013, pero ahora todos los estadounidenses pueden saber si su médico es honrado o, como denunciaba ProPublica, gana un millón de dólares al año por dar charlas promocionales.
Habrá que esperar para ver si la iniciativa tiene éxito, pero como aseguraba Gøtzsche es necesario un gran esfuerzo político y ciudadano para que las cosas cambien: “La situación en la que estamos ahora es similar a la que vive un pueblo cuando ha permitido a la mafia ser tan poderosa que ha logrado comprar a todo el mundo, incluidos los políticos, el alcalde y la policía. En una situación así es increíblemente difícil dar marcha atrás”.
martes, 29 de marzo de 2016
¡Cuidado! Llega la hiperpaternidad!
Los expertos alertan: los niños de hoy son víctimas de una nueva epidemia de sobreprotección que les impide ser autónomos y les hace frágiles.

Si usted carga con las mochilas de sus hijos en cuanto salen del colegio, ¡cuidado!, podría entrar dentro una nueva categoría: los hiperpadres, temidos por maestros y pedagogos, que organizan hasta el último detalle de las vidas de sus hijos y no les dan opciones para valerse por si mismos.
Pero, además del pequeño detalle de la mochila, ¿cómo reconocer si formamos parte de ese grupo? La periodista Eva Millet lo define perfectamente en su último libro: los hiperpadres hablan en plural cuando se refieren a las cosas de sus hijos («hoy tenemos examen de matemáticas»), están obsesionados con que reciban la mejor educación (a poder ser, precozmente) en el mejor colegio o universidad, discuten constantemente las posiciones de maestros y entrenadores, planean numerosas actividades extraescolares y, sin embargo, no permiten que sus hijos participen en las tareas de la casa ni asuman obligaciones básicas como hacerse la cama o poner la mesa.
Padres mayordomos
Son padres que ejercen de chóferes, entrenadores, guardaespaldas, profesores particulares y mayordomos... en resumen: estresados, que acaban criando hijos agobiados que crecen incapacitados por exceso de protección. Las causas, según explica el experto Carl Honoré en el libro, pueden buscarse en la «tormenta perfecta en la que intervienen la globalización y un aumento de competencia que, unidos a la inseguridad cada vez mayor en los lugares de trabajo, nos han hecho más ansiosos respecto a preparar a nuestros hijos para la vida adulta». En resumen: «hoy queremos dientes perfectos, un cuerpo perfecto, las vacaciones y la casa perfecta y, obviamente, los niños perfectos para completar el cuadro». A esto hay que sumar el estrés del estilo de vida que nos han impuesto, que transmitimos a nuestros hijos con ese omnipresente «¡corre!» que nos persigue sin descanso y hace que, como explica la pedagoga Cristina Gutiérrez Lestón, «toda esta falta de tiempo y de espacio para 'ser' genere una serie de carencias emocionales en muchos niños y niñas, que no saben desenvolverse en un grupo de gente. Se sienten débiles y con un montón de miedos».
La conclusión, aseguran, es preocupante: tal vez estemos criando la generación más frágil e insegura de la historia», lo que para Gregorio Luri, filósofo y pedagogo, debería hacernos pensar que, ante todo, los niños necesitan unos padres relajados. «Es un derecho de la infancia», asegura.
Por dónde empiezo
A pesar de la alarma, el panorama tiene solución. El camino a seguir se llama underparenting, o, en otras palabras, hacerles menos caso a los hijos. ¿Y cómo se hace eso? La experta propone en el libro algunas claves para poder empezar,que comienzan, otra vez, con la mochila. «Usted no ha de cargar por sistema con sus cosas. Parece una nimiedad, pero que carguen ellos con su mochila es una forma efectiva de educar la responsabilidad».
También sugiere que no se les permita a los niños interrumpir las conversaciones, y que no les preguntemos sistemáticamente todo (desde qué quiere comer hasta qué medicamento prefiere tomarse para la fiebre). La línea a seguir se define como «sana desatención», sin anticipar todo tipo de contratiempos ni pasarse el día alrededor de los niños para intervenir a la mínima de cambio. En la lista de recomendaciones se incluyen otras muy curiosas y concretas, como la de no hablar en plural o no pasarse el día colgando fotos de los hijos en las redes sociales. «Esta avalancha, no solo esta consiguiendo matar la espontaneidad infantil, sino también crear pequeños narcisos».
Otro aspecto importante es el de la educación. Aquí la experta es clara: «la educación no consiste solamente en adquirir títulos (). Que su hijo o hija sean capaces de dar las gracias y de encajar una frustración es también parte fundamental de su formación». Es importante, además, no interferir demasiado en las decisiones del colegio e intentar que el niño aprenda a asumir sus propios errores.
Relájense, sin miedo
Pero ¿qué es lo que nos impide soltar a nuestros hijos de la mano? ¿por qué los sobreprotegemos hasta rozar muchas veces el ridículo? Pues algo tan humano como el miedo. «Miedo a equivocarnos -explica la autora-. A decirles «no». A traumatizarlos. A o darles todo lo que consideramos que se merecen. A no conseguir que sean felices. A que sufran. Incluso a no conseguir esos hijos perfectos que parece que hoy todos hemos de tener». La receta para superarlo es relajarse, y disfrutar de ser padres, para que también ellos disfruten de ser hijos. «Mi consejo es que sean afectuosos con sus hijos, que estén con ellos cuando lo necesiten pero no encima de ellos todo el día. Que no se pongan nerviosos porque el hijo del vecino esté aprendiendo chino y, según sus padres, sea una criatura rayana a la perfección». Hay que decir no, exigirles que colaboren y también «decirles que les queremos, pero que ello no equivale a que tengan una serie de derechos adquiridos, ni sobre ustedes ni sobre el resto del mundo».
domingo, 27 de marzo de 2016
viernes, 25 de marzo de 2016
Crisis y suicidio, una relación que las estadísticas aún no han reflejado en España
El desempleo es un factor de riesgo para el suidicio
El INE no refleja un aumento de estas muertes a pesar de la crisis
Lo que sí se ha demostrado es el aumento de trastornos
mentales menores
Los expertos señalan que habrá que esperar para ver el efecto real
Una tasa mucho más elevada en el año 2000
La tasa de suicidios en 2011 fue de 6,894 por cada 100.000 habitantes. Aunque ha crecido ligeramente frente a la de 2010 (6,854), no es ni mucho menos la más alta que se ha registrado en los últimos años. En año 2000, en plena bonanza económica, se registró la más elevada de las últimas trece anualidades con datos. La tasa fue entonces del 8,427 suicidios, según el INE.
Algunos expertos, como el psicólogo clínico Javier Jiménez, presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (Red Aipis), señalan que es probable que las cifras reales de suicidios en España sean más altas porque hay muchas muertes (accidentes de tráfico, ahogamientos...) que no se registran como tales. Ante la duda siempre se opta por poner que ha sido un accidente por el estigma social y por los problemas que puede haber con seguros de vida, explica.
Suben las consultas al médico por depresión
La investigación Los riesgos de la crisis económica en la salud mental en España: evidencias en los centros de Primaria, 2006 y 2010, publicada en abril de 2012 enThe European Journal of Public Health concluye que entre ambas fechas ha habido un "sustancial y significante incremento" de pacientes con trastornos mentales menores como la depresión (19,4%) y la ansiedad (8,4%) que acuden a los centros de salud.
El estudio, que se hizo sobre cerca de 8.000 pacientes en 2006 y sobre casi 6.000 en 2010 de toda España, señala también que un tercio de las consultas relacionadas con la salud mental "podría atribuirse a la combinación de situación de paro en el hogar y las dificultades para pagar la hipoteca".
Desahucios y suicidios
Francisco Javier Gil, sociólogo experto en suicidios de la Universidad Pública de Navarra, señala por mail a RTVE.es que "aunque los suicidios por desahucios representan un porcentaje pequeño" han tenido una "gran trascendencia social debido a que lo que se ven afectados son dos valores fundamentales de nuestra sociedad: nuestra capacidad autónoma y el derecho a tener un techo".
Para este sociólogo "lo fundamental" en este caso no tiene tanto que ver "con las cifras más o menos elevadas, sino con lo que remueve socialmente el hecho de que una persona o familia pierda su casa y, más aún, lo que significa e implica para una persona el hecho de no tenerla", explica.
Gil señala que aunque a día de hoy el INE no refleje un aumento del suicidio es posible que dentro de unos años se vea "la incidencia real de la crisis". Este sociólogo cita a M. Halbwachs para señalar que "no es tanto la crisis en sí misma, sino el progresivo debilitamiento en el tiempo de la capacidad sostenedora e integradora de la comunidad que genera la crisis (como podemos observar diariamente en las noticias), lo que incide en las cifras del suicidio".
martes, 22 de marzo de 2016
6 Razones por las que todo el mundo debería trabajar atendiendo mesas al menos una vez en sus vidas
1. Aprendes más sobre la humanidad de lo que jamás hubieras pensando. La gente que trabaja en la industria de servicios sabe mucho sobre la naturaleza humana.
Tener esta visión tan particular de la humanidad te permite entender en grande a la gente que te rodea.
También te enseña a “leer” a las personas por medio de sus expresiones faciales y su lenguaje corporal y a entender cómo se comportan cuando creen que nadie los observa. Aquí podrás ver lo bueno, lo malo y lo feo de la naturaleza humana.
2. Aprendes de primera mano lo que implica ser invisible y cómo se siente ser notablemente menospreciado.
No se supone que eso deba importarte. Lo que supone que hagas es que cumplas con tu trabajo y dejes que los clientes se dediquen a sus asuntos.
No eres la estrella en este capítulo de la vida. Aquí sólo eres “el ayudante sonriente”. Y es cierto que es mal agradecido pero también muy útil porque te permite darte cuenta de que hay muchas personas en este mundo trabajando en estas condiciones, es decir, siempre “detrás de escena”.
3. Descubres lo genial que es sentirse apreciado
Lo cual nos lleva a lo siguiente: Cuando estas trabajando “detrás de escena” y entonces sabes lo que es sentirse invisible, también aprendes a reconocer cuán gratificante es que alguien finalmente note tu presencia.
Y cuando experimentas la oleada de gratitud que es resultado de tu genuina amabilidad, te darás cuenta de lo maravilloso que es esparcir esa actitud por todos lados.
4. Conoces gente maravillosa
La mayoría de las personas que atienden mesas son mucho más que “sirvientes”. De hecho, ellos jamás se consideran de ese modo. Y es que estos trabajadores vienen de todos los ámbitos imaginables de la vida.
Lo que sea que hagan, es muy probable que estén atendiendo mesas por ahora, para salir al paso mientras otros aspectos de sus vidas se desarrollan.
Cualquiera que sea el caso, nunca los juzgues, ya que es gente que sabe trabajar duro para hacer que las cosas sucedan.
5. Aprendes a hacer múltiples tareas a la vez y bajo presión, pero también a sonreír y a mantener la calma inclusive cuando parece que el cielo está a punto de derrumbarse.
Esta es una de las habilidades más importantes para la vida, porque se trata de algo que de verdad es difícil de aprender.
Aprender a lidiar con el caos es una cosa, pero hacerlo con alegría y disposición, es otra muy distinta.
El trabajo en restaurantes es muy duro, y el hecho de arreglártelas para mantener la compostura, la dignidad, la energía y el encanto en medio de una tormenta de deberes exige mucha fuerza interna.
Este músculo emocional, el de la resistencia “alegre”, debe ejercitarse conforme vas madurando. Si cultivas esta habilidad en un restaurante, podrás aplicarla después a muchos de los más grandes problemas de la vida diaria.
6. Aprendes que la diferencia entre un 15% y un 20% de descuento de hecho es bastante.
Mucha gente piensa “Sólo es un dólar ¿Qué importa? Pero en realidad es que sí importa y mucho.
Lo que sucede es que los porcentajes no sólo tienen que ver con el dinero. Se trata (tú lo sabes), de que la mejor manera de agradecer, es dando un porcentaje de descuento. Aquí lo que vale no es el dinero, sino el mero gesto de amabilidad implicado.
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