sábado, 1 de noviembre de 2014

EL TDAH NO EXISTE

No existe. El TDAH es un diagnóstico que carece de entidad clínica, y la medicación, lejos de ser propiamente un tratamiento es, en realidad, un dopaje». Esta es la sentencia de Marino Pérez, especialista en Psicología Clínica y catedrático de Psicopatología y Técnicas de Intervención en la Universidad de Oviedo, además de coautor, junto a Fernando García de Vinuesa y Héctor González Pardo de «Volviendo a la normalidad», un libro donde dedican 363 páginas a desmitificar de forma demoledora y con todo tipo de referencias bibliográficas el Trastorno por Déficit de Atención con y sin hiperactividad y el Trastorno Bipolar infantil. Lo que sí que existe, y es a su juicio muy preocupante, es el fenómeno de la «patologización de problemas normales de la infancia, convertidos en supuestos diagnósticos a medicar».
—En «Volviendo a la normalidad», ustedes ponen el dedo en la llaga, al asegurar que el llamado Trastorno por Déficit de Atención, con o sin Hiperactividad (TDAH), no existe.
—El TDAH es un diagnóstico, cada vez más popularizado, que carece de entidad clínica. Para empezar, no se establece sobre criterios objetivos que permitan diferenciar el comportamiento normal del supuestamente patológico, sino que se basa en apreciaciones subjetivas, en estimaciones de los padres del tipo de si «a menudo» el niño se distrae y se mueve mucho. Más que nada, el diagnóstico es tautológico. Si un padre preguntara al clínico por qué su hijo es tan desatento e inquieto, probablemente le respondería porque tiene TDAH, y si le preguntara ahora cómo sabe que tiene TDAH, le diría porque es desatento e inquieto. Por lo demás, insisto, no existe ninguna condición neurobiológica ni genética indenficada, y sí muchas familias donde no se asume que la educación de los niños es más difícil de lo que se pensaba.
—¿Quiere decir que no hay ninguna prueba médica que lo demuestre?
—No. No existen pruebas clínicas ni de neuroimagen (como TC, RM, PET, etc) ni neurofisiológicas (EEG, ERP) o test psicológicos que de forma específica sirvan para el diagnóstico. Lo que nosotros decimos en esta obra, con toda seguridad, es que no hay ningún biomarcador que distinga a los niños TDAH. No se niega que tengan problemas, pero son niños, que tienen curiosidad y quieren atender a lo que sea, moverse... A sentarse es algo que hay que aprender. No existe ninguna alteración en el cerebro.
—Pero los expertos en TDAH afirman que este trastorno mental/psiquiátrico del neurodesarrollo conlleva ciertas particularidades cerebrales, y niveles anormales de sustancias neurotransmisoras...
—Pudiera haber diferencias en el cerebro, como es distinto el cerebro de un músico al de otro que no lo es. Incluso el de un pianista a un violinista. Pero esa diferencia del cerebro no es la causa. El cerebro es plástico y puede variar su estructura y su funcionamiento dependiendo de las exigencias y condiciones de vida. Un ejemplo muy famoso es del hipocampo cerebral de los taxistas de Londres. Cuantos más años de profesionalidad, más alterada es esa estructura cerebral. ¿Por qué? Porque está relacionada con el recuerdo y la memoria espacial, como es requerido para ser taxista en una ciudad de 25.000 calles como Londres. Lo que se pueda observar diferencial en el cerebro de quien sea, en este caso de niños a los que se diagnostica TDAH, no explica que esa sea la causa del supuesto trastorno, si no que los niños sean más activos e inquietos. Pero algunos padres se agarran o podrían estar interesados en encontrar una diferencia cerebral en los niños que les justifique o exima de responsabilidad en lo que le pasa al niño. Insisto, no hay ningún clínico ni ninguna prueba de neuroimagen que pueda validar un diagnóstico, como no hay evidencia que demuestre que los niveles cerebrales de dopamina o noradrelina sean anormales en niños con este diagnóstico.
—Ustedes también recogen en su obra que muchos clínicos, y hasta laboratorios farmacéuticos, que reconocen que no hay biomarcadores específicos.
—Cualquiera que esté al tanto de las investigaciones no puede dejar de reconocer que en realidad no hay biomarcadores específicos por los que se pueda diagnosticar ese TDAH como una entidad clínica diferencia. En España hay multitud de expertos en el tema que después de defender que es un trastorno bioneurológico, reconocen que no hay bases neurológicas establecidas para el diagnóstico. Y sin embargo mantienen ese discurso. Casualmente, suelen ser personas con conflictos de intereses reconocidos y declarados, que han recibido y está recibiendo ayudas y subvenciones y todo tipo de privilegios de diversos laboratorios. Es decir, muy a menudo los defensores del TDAH mantienen esa retórica a pesar de que no hay evidencia, por un conflicto de intereses que les lleva a sesgar la información por el lado de lo que desean que hubiera en base a los intereses de hacer pasar el trastorno como si fuera una enfermedad que hubiera que medicar.
—La realidad es que el TDAH se acaba de reconocer en la flamente Ley orgánica para la mejora educativa (LOMCE).
—Las instancias políticas, empezando por el Parlamento Europeo, con su «libro blanco» sobre el TDAH, y terminando por su inclusión en la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), puede que estén dando carta de naturaleza a algo cuya naturaleza, valga la redundancia, está por determinar y que, de hecho, es controvertida. Se está reclamando que se hagan las dotaciones adecuadas que contempla la ley como son ayudas, subvenciones, e incluso rebajas para la adquisición de los libros de texto, ventajas para acceder a becas, quien sabe si hasta para acceder a la Universidad. Mientras, los lobbies de la industria farmacéutica se estarán frotando las manos, viendo como los políticos «trabajan» a su favor. Los políticos creerán que han hecho lo políticamente correcto pero, de acuerdo con lo dicho, sería incorrecto científicamente.
—Usted augura que, a partir de este reconocimiento, habrá muchos interesados en que el niño reciba un diagnostico formal de TDAH.
—Si. Esto mismo que ha pasado en España, de que la Ley otorgue cobertura legal al TDAH, se vio con anterioridad en 1997 en Quebec (Canadá). Allí hicieron un estudio de seguimiento de diagnósticos durante los 14 años siguientes y se encontró que en esa provincia canadiense en concreto, y a diferencia del resto de Canadá, había aumentado exponencialmente el número de niños medicados. Un crecimiento que no se observó en otras enfermedades propiamente infantiles como el asma, donde el porcentaje se mantuvo el resto del tiempo. Además, los niños que tomaban medicación de forma continuada tenían un rendimiento más bajo a largo plazo. Y tenían a su vez otros comportamientos y otras alteraciones como ansiedad y depresión.
—Los efectos secundarios de la medicación es algo que ustedes también citan en esta obra, al señalar que los padres no son muy conscientes de los mismos.
—La utilidad de la medicación, hasta donde lo es, no se debe a que esté corrigiendo supuestos desequilibrios neuroquímicos causantes del problema, como se da a entender, sino a que el propio efecto psicoactivo de la droga estimulante puede aumentar la atención o concentración, como también lo hacen el café o las bebidas tipo Red Bull. La medicación para el TDAH no es, en rigor, un tratamiento específico, sino un dopaje: es la administración de fármacos o sustancias estimulantes para potenciar artificialmente el rendimiento. En cuanto a la salud, estas anfetaminas lo que producen es un efecto inmediato (si es continuado) de aumento de la presión sanguínea y cardiaca, que les puede llevar a tener a la larga más riesgos cardiovasculares. Tampoco les debería sorprender su efecto sobre el retraso del crecimiento. La cuestión es saber que pasa tras años de medicación.
—Si el TDAH no es un cuadro clínico, pero sí un problema de conducta, ¿qué pueden hacer los padres afectados?
—Lo dificil hoy en día es que los padres puedan tener una atención más continuada y sosegada con los niños. Pero la atención y la actividad se pueden aprender, y mejorar. Hay estudios hechos y publicados en la versión americana de Mente y Cerebro con niños pequeños abocados o candidatos a recibir el diagnóstico. Se les enseñaba a los padres a realizar diversas tareas con esos pequeños, con el objeto de educar la atención y su impulsividad. Y se ha comprobado que con estas actividades consistentes en juegos tipo «Simon dice», donde uno tiene que esperar a responder cuando se le pide algo, se ha logrado que los niños mejoren y controlen la impulsividad o los comportamientos que les abocaba al TDAH.
—Mientras tanto, usted señala que las asociaciones de afectados tienen publicidad en sus webs de los laboratorios farmacéuticos implicados en la fabricación de los medicamentos.
—Si usted echa un vistazo a alguna de ellas lo podrá comprobar por usted misma. En mi opinión, las asociaciones de padres y afectados por el TDAH, si no quieren hacerle el juego a otros intereses, debieran tener prohibido en sus estatutos recibir financiación de los fabricantes de medicación, y utilizar como divulgación sus explicaciones y panfletos. Es como si ponemos al lobo a cuidar de las ovejas. Aunque los laboratorios reciban cuantiosas multas por la inapropiada promoción de sus preparados y afirmaciones engañosas acerca de su eficacia, como los 56.5 millones de dólares que tendrá que pagar el principal fabricante de medicamentos para el TDAH, no será nada comparado con los 1.200 millones de dólares que tiene previsto ganar en 2017 con uno de ellos. De estas cosas también hay que hablar cuando se habla de TDAH.
—¿Recomendaría usted alguna lectura a padres preocupados?


—A los padres de niños diagnosticados con TDAH les aconsejaría, sobre todo, que no aceptaran guías cuyos autores y asesores tengan conflictos de intereses con las industrias farmacéuticas. Que busquen guías independientes que cuenten la verdad de lo que se sabe del TDAH y de las implicaciones que tiene la medicación. En España el Boletín de Información Farmacoterapéutica de Navarra ha editado una que se titula Atentos al Déficit de Atención (TDAH) entre la naturaleza incierta y la prescripción hiperactiva. Es una guía que puede ser muy útil para que los padres sepan a qué atenerse o que esperar de los fármacos. Y que ellos decidan.

jueves, 30 de octubre de 2014

LAVAR Y PEINAR PODEMOS

LUIS ARROYO
No se va a cortar la coleta porque "es marca de la casa", ha dicho Pablo Iglesias Turrión ante cinco millones de espectadores el domingo pasado en Salvados. Pero ha reconocido también que “el equipo de campaña de las narices” le recomendó que se quitara el pendiente y que se vistiera mejor. Y él aceptó. Es decir, cortar, no: pero sí lavar y peinar. En eso está Podemos.

Es bueno recordar cuál es el origen organizativo de Podemos. Juan Carlos Monedero era conocido hace década y media en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense. Se sabía que viajaba con frecuencia a la América anti-imperialista y hacía consultoría con sus colegas y alumnos más aventajados, aprovechando los frecuentes acuerdos de colaboración con países, instituciones y gobiernos. El y sus alumnos y colegas –Iglesias entre ellos– eran la izquierda de la izquierda, y por eso viajaban casi siempre a los mismos países, y frecuentaban los mismos colectivos políticos nacionales alternativos. Pero en el departamento de al lado, que era también el mío, Carolina Bescansa trabajaba para el PSOE haciendo encuestas e investigaciones cualitativas, de la mano de mi admirado Julián Santamaría, uno de los sociólogos más solicitados por el PSOE. Está bien todo eso de "la casta", pero sería más honesto no confundir al personal: Podemos no es una reunión de amas de casa, parados de larga duración y jóvenes idealistas. No es un movimiento espontáneo en torno a una causa compartida, como pueden ser los desahuciados, el personal de la salud pública o los taxistas. Podemos es un producto de laboratorio, diseñado por especialistas en framing, en narratología (storytelling dirían en la escuela de negocios de al lado), en persuasión, en comunicación política. No son cómicos como Beppe Grillo, o mandos intermedios del ejército como Chávez, en misión salvífica repentina. Tampoco son viejos militantes esencialistas como Sarah Palin o Esperanza Aguirre o Reagan o Tsipras.

Aunque todos esos líderes son muy distintos entre sí, comparten sin embargo un mismo credo que, sí, con seguridad, en una clase de Juan Carlos, de Pablo o de Carolina, siguiendo el manual, llamarían "populista". Ese credo dice que el pueblo es virtuoso y la élite malvada. Y que para devolver el poder a "la gente", es necesario que el pueblo entre en los palacios, que tome el control, que subvierta por completo el antiguo régimen hoy vigente. El populismo se adereza - sigo el manual - con un lenguaje que pretende trascender la diferencia izquierda-derecha (aunque lo cierto es que todo el mundo sabe que Sarah Palin es muy de derechas y Monedero muy de izquierdas). La sal y la pimienta la pone una simbología popular (la ropa comprada en Alcampo y la coleta, o en el otro lado la "sexagenaria" acosada por unos agentes de movilidad...). El héroe o la heroína, casi adorado como un mesías, encarna en una única persona al pueblo mismo. Cuestionar al líder o su planteamiento es cuestionar al pueblo mismo, y eso es intolerable. Es paradójico que el populismo no pueda existir sin un líder único que esté dispuesto a asumir él solo la voz del pueblo.


El populismo, dice también el manual, crece con la angustia, con la crisis económica y con la corrupción. Porque la corrupción vendría a demostrar que el pueblo es bueno y los que mandan malos. Así, sin precisar mucho más. Estos días los viejos partidos dicen que si las alcantarillas huelen mal no hay que taparlas, sino limpiarlas. Podemos dice que hay que dinamitarlas, porque cuando sean tomadas por el pueblo y reconstruidas, el agua correrá cristalina por ellas. Es un argumento tan simple que duele escribirlo, pero, como saben bien los profesores de mi facultad, en comunicación política no trabajamos con la verdad, sino con lo verosímil. Y es muy verosímil todo lo que dice Iglesias. Es virtud de Podemos y demérito del PP y del PSOE, por supuesto. Dos partidos estos últimos que se han encargado con tenacidad y consistencia de decepcionar al personal con su compadreo, su clientelismo, su aburguesamiento, su oportunismo y su modorra. Así lo ve la gente, en cualquier caso.

Como son especialistas en contar relatos políticos (el lenguaje gramsciano y setentero del grupo diría “presentar marcos discursivos"), los profesores de Podemos están ajustando su populismo originario para ofrecer una imagen más aseada y peinada. Si se prefiere una metáfora industrial, 'Demoliciones Podemos' ya funciona, pero ahora hay que plantear una oferta de construcción verosímil. Para eso Podemos ha estudiado y ha descubierto cosas que los demás también sabemos. Por ejemplo:

Primero, que desde pequeñitos quedamos prendados del mito de David contra Goliat, el débil frente a los poderosos, el "pueblo" desarmado frente al poder arrogante y agresivo. Podemos frente a la casta. Lo de izquierda y derecha es un desarrollo metafórico que trata de explicar eso, precisamente: el pueblo llano, el Tercer Estado, se sentaba a la izquierda en la Asamblea Francesa. El Antiguo Régimen, a la derecha. Pero las etiquetas han sido tan manidas y la promiscuidad de la izquierda con la derecha tan intensa, que mejor volver a la metáfora más bella: abajo y arriba. El PSOE perdió su oremus el día en que se quedó “arriba” en lugar de trabajar “abajo”. El día que dejó de ser de izquierdas. Hoy se afana en volver a ese lugar, con su defensa del 90 por ciento, de las clases medias y trabajadoras.

Segundo, que en España hay una cantidad inmensa de gente progresista, en el 4.5 de la escala izquierda derecha, que ayer confió en el PSOE y en IU y que hoy se siente traicionada o desamparada. Pero que probablemente no quieren la demolición del sistema, sino su reforma real y radical, sobre todo en lo que tiene que ver con la limpieza. Por eso no se debe ahuyentar a los moderados con la amenaza de salir a quemar conventos. Al contrario. Lo inteligente es alabar al papa Francisco (como contraste con el papa Benedicto XVI, que ese sí es de "la casta") y declararse muy respetuoso con los creyentes, "la gente con la que mejor (se) entiende” Iglesias, según nos contó el domingo.

Tercero, que conviene mostrarse humano, dubitativo y humilde. Es una constante de la Humanidad que hasta Dios se hace hombre o mujer para que la gente le entienda mejor. Por eso Iglesias ahora se repeina para decirnos que "si no gano me voy", o que "no estoy de acuerdo con muchas cosas de Venezuela", aunque hace poco declarara su profunda admiración por el régimen de Maduro.

Y cuarto, que conviene también no dejar de triangular, para lanzar anzuelos en el lado conservador que toda sociedad y toda persona tiene. Por eso - atención -, Podemos podría incluso aumentar el presupuesto militar "si es necesario para asegurar la independencia del país y los derechos sociales", afirma Iglesias.

El Podemos que estos días está en la peluquería entró con presencia de populismo originario, y se propone salir como un producto más sofisticado, más moderado y más "socialdemócrata". Y puede hacerlo, sin duda. Un diputado socialista me decía el martes que sospechaba que la gente no votaría por Podemos, por estar demasiado a la izquierda. Yo creo que se equivoca. Supongo que en la Transición Felipe González parecería una opción demasiado radical a los señoritos del establishment agrupados en UCD. Pero Felipe se convirtió en González, se quitó la chaqueta de pana, dimitió para renunciar al marxismo y luego volver por la puerta grande, se sumó a la OTAN y hoy se sienta en el Consejo de Administración de una energética del Ibex 35.

Podemos, además, tiene una enorme ventaja. Puede permitirse el lujo de diseñar su propuestas con total libertad. No tiene hipotecas, no tiene pasado, no tiene rémoras. En contraste con una de las grandes empresas multinacionales, con sus costumbres, sus grandes y viciados equipos, sus accionistas y sus clientes, a quienes tiene que rendir cuentas, Podemos se parece a una de esas pequeñas y ágiles start-ups, sin clientes ni accionistas a quienes dar explicaciones. Hasta el punto de que puede decirnos que no se presentará a las próximas elecciones porque no está preparado. Imaginemos que el PSOE dijera eso mismo... Puede también abstenerse de opinar sobre el derecho a decidir o la independencia de los catalanes, sobre la eutanasia o sobre la presión fiscal...


La semana que viene el CIS nos dirá una vez más que Podemos se asienta como opción política mayoritaria. Los profesores de Políticas lo saben, y están construyendo su partido con sumo cuidado. Llevándolo a la peluquería y peinándolo para que tenga el mejor aspecto posible. Los demás somos "la casta", pero ellos mientras tanto alquilan Vistalegre, el templo del PSOE, optan por un partido organizado a la vieja usanza y no de manera asamblearia, guiñan el ojo a derecha e izquierda, y evitan los asuntos más comprometidos. Y a la hora de elegir camisa, por qué no, una blanca remangada es buena opción. Están en su derecho, por supuesto, pero los demás también lo tenemos para explicar los trucos. Los trucos que hemos aprendido en los mismos manuales de magia.

miércoles, 22 de octubre de 2014

UDO ULKOTTE: "YO FUI UN PERIODISTA CORRUPTO"

La mayoría de los periodistas de los mayores y más reputados medios de comunicación de Alemania y otros países europeos están estrechamente vinculados a la Fundación Marshall y otros organismos transatlánticos asociados con la OTAN y EE.UU.

Así lo declaró en entrevistas concedidas al canal ruso RT en inglés y al sitio webRussia Insider el periodista y ex asesor del Gobierno federal de Alemania,  Udo Ulfkotte.Él fue parte del sistema de lo que ahora tacha de 'periodismo corrupto' durante su trabajo en el diario 'Frankfurter Allgemeine Zeitung', algo que reconoce y de lo que se arrepiente.
 Ulfkotte explicó cómo los periodistas se corrompen a través de los contactos'exclusivos' que les ofrecen los servicios de Inteligencia locales, los emisarios de la Alianza Atlántica del Norte en su propio país o agentes del otro lado del océano. Todos los periodistas (no solo en Alemania, sino ante todo en el Reino Unido e Israel) están asociados de algún modo u otro con este organismo político-militar, señaló a ambos medios.

 "No te dicen que debas colaborar con la Alianza Atlántica –comenta–. Te invitan a visitar Estados Unidos. Te ofrecen contactos útiles no oficiales u oficiales que trabajan para la Agencia de Seguridad Nacional u otras agencias estadounidenses. Tú entablas amistades, ellos te hacen favores y tú haces favores, y esos hombres te lavan el cerebro".

 Con los contactos obtenidos es mucho más cómodo practicar el periodismo, admitió el experto alemán. A este tema dedicó su libro 'Periodistas comprados' ('Gekaufte Journalisten').  

 El propio Ulfkotte confiesa haber firmado con su nombre algunos artículos no solo inspirados en lo que le ofrecían 'en exclusiva' los servicios secretos, sino directamente redactados por los agentes y posteriormente publicados en los periódicos alemanes. Este fue el caso de un artículo sobre los hipotéticos planes de usar gases venenosos en Libia durante el gobierno de Muammar Gaddafi. El caso formó parte de una campaña mediática en 2011 y fue apoyado por varios periódicos tan populares como 'Allgemeine'.

Alemania y otros países de Europa son "como una colonia" para EE.UU., que los trata como repúblicas bananeras, señaló ala agencia  RT. "La mayoría de los alemanes no quieren que haya fuerza nuclear en el país, pero las ojivas nucleares estadounidenses siguen estando aquí", recordó. Y esa dependencia es especialmente cierta respecto al funcionamiento de los medios de información.

Ceuta, cuentas y pago de facturas

A lo largo de las luchas sociales del siglo XX se fue acuñando una idea realmente luminosa: "privatización de beneficios y socializació...