domingo, 12 de octubre de 2014
viernes, 10 de octubre de 2014
POR DIGNIDAD. LOS SUELDOS DE UNA MILLA DE ORO
Carlota E. Ramírez.
Tres meses después de volver a España, tras acabar mi Erasmus,en lo mejor del barrio de Salamanca – me cuentan que lo llaman la milla de oro- me han pagado mi primer sueldo: 58 euros. A a 3,6 euros la hora, en un una tienda de una multinacional “verde”, dedicada a los productos ecológicos, zumos y verduras sanas, regentada por gente joven que dicen haber pasado por lo que todos nosotros. El local abrió en agosto. El domingo, 5 de octubre de 2014, al recoger mi nómina y el cheque con esos 58 euros por trabajar cuatro horas -aunque tengo que estar a las 9.30 y me voy a las 3 para abrir caja y cerrar las cuentas todos los domingos- deprimida y humillada, pensé que si comparo renta per capita y desarrollo, ya no estamos tan lejos de los sueldos asiáticos, esos que mueven las campañas contra Nike o Zara. Pese al miedo por prescindir de una mierda de trabajo, pudo mi dignidad y me marché, eso sí, trs esperar a que otra viniera a hacer cargo del negocio. Y aún así, mi conciencia no está tranquila ¿Y si no encuentro otra cosa? El mes pasado yo fuí uno de los puestos de trabajo que el Gobierno Rajoy. Os adjunto mi historia con mi maravilloso contrato de 58 euros y la nota que dejé a mi jefe, por si os sirve de algo.
A finales de junio aterricé en el aeropuerto Adolfo Suarez-Barajas, en Madrid. Se había acabado mi año de Erasmus. Mi año de descubrirme y encontrarme a mi misma, de valerme por mi misma en otro país, mi año en una universidad increíble a primera vista, y más increíble aún si estudias en ella. Mi año de trabajar los fines de semana y poder pagarme mi propio alquiler.
Al principio tenía mucho miedo. España es un país que últimamente me deprime un poco. No el país en sí. Pero tanto yo como la gente de mi alrededor llevamos años escuchando y sobre todo viendo que hay que tener mucha suerte para seguir adelante en este país, para encontrar un trabajo que te permita autoabastecerte. Vemos a compañeros irse de la universidad e incluso del país; sabemos que la mayoría no podemos independizarnos, tenemos que seguir viviendo de nuestros padres de la misma forma que cuando teníamos catorce.
De las primeras cosas que hice, después de actualizar mi CV en español, poniendo mi experiencia de cinco años en hostelería y un inglés casi perfecto -lo de mi carrera universitaria ya sabía que me iba a servir de poco-. Fue lo mismo que hice en Inglaterra para buscar trabajo: buscar ofertas por internet. Pero en vez de mandar cinco CV como hizo falta allí, mandé unos sesenta en unas pocas semanas, sin ninguna llamada.
Así que empecé a salir a todas partes con una carpeta con mis CV metida en la mochila, para entregarlos a la primera que viese ofertas en los comercios y bares de Madrid. Pero a nadie le interesaba una estudiante de universidad sin disponibilidad completa. Para mi sorpresa, cuando lo daba todo por perdido, me llamaron de una tienda en el corazón del barrio Salamanca. Una franquicia internacional con muy buena pinta, jefes jóvenes que no debían llegar a los 35 años, y todas mis compañeras entre los 20 y los 25, algunas estudiando también. Llamé a mi madre corriendo cuando hice la entrevista y me cogieron. Bromeé:
-“Mamá, ¡que existe el trabajo en España! Jajaja”.
Me contrataron para trabajar únicamente los domingos, con un sueldo de 104, 76 euros al mes, a 6,54 euros la hora, lo cual, a pesar de ser bastante menos de lo que cobraba en las islas inglesas, me pareció bien. No puedo pagarme el alquiler, pero al menos era un dinerillo extra, y los domingos no me importaba quitarme horas de estudio. Comencé el primer mes de trabajo sin contrato, entre que me apunté a la S.Social, me hicieron el contrato, etc…El mes de agosto cobré en negro, y no cobré nada mal (200 euros por 20 horas aproximadamente), pero estaba a la espera de estar dada de alta en la SS y de tener un contrato legal. Por fin.
Todos los domingos llegaba veinte minutos antes para abrir caja y la tienda, y me iba una hora después de cerrar, cuando acababa de recoger y cerrar caja etc. Estaba contenta. Al menos no me sentía estancada y estaba haciendo algo más de experiencia, en un sitio que presume de ser ecológico, natural, emprendedores…El mes de septiembre lo comencé ya con mi contrato, animada y contenta, vendiendo los productos (tan naturales y sanos) a mi familia y amigos, y orgullosa de mi misma.
Imaginaos pues, cual es mi sorpresa cuando a finales del mismo mes, mi jefe me deja mi nómina en la tienda para que la vea y cobre cuando vaya a currar y me encuentro que, con la deducción de los impuestos que me han hecho, mi sueldo al mes se queda en 58,63 euros, lo cual no llega a cuatro euros la hora (3,66 exactamente). Llamo a mi jefe (pues debe haber un error en la nómina, con ese dinero me puedo pagar el abono transportes que utilizo para ir a trabajar y me sobran 8 euros para una peli en el cine), y después de unas ocho llamadas (sin exagerar), consigo que me lo coja y me escuche. Le digo que me voy, que me niego. Me pidió que esperara a que viniera alguien a sustituirme y esperé hasta la una, que llegó otra persona, accionista de la empresa. Os ahorro el trato que me dispensó.
Tuve ganas de llorar. Me sentí humillada y sobre todo me dio rabia, joder, que estamos en España, en un país del primer mundo, dentro de la UE, con unos derechos por los que hace tiempo, muchos lucharon e incluso murieron por conseguirlos. Allí la dejé, riéndose mientras hablaba por teléfono y con la tienda abierta.
MÁS EL CAOS EN LA UNIVERSIDAD POR FALTA DE AYUDAS
A esto de arriba se suma mi vuelta a la universidad pública de Madrid. Donde aún, habiendo empezado mi curso a principios de septiembre, no han hecho los trámites de mi matriculación. No puedo meterme en la página virtual para descargarme el temario de las asignaturas, los textos… y prepararme mis exámenes. Y todo ello porque el año pasado fuimos alumnos de movilidad y al haber cursado un año Erasmus y haber vuelto en verano, parece que es más complicado hacer nuestra matrícula. Eso sí, nosotros, los alumnos, teníamos todos los papeles e hicimos toda la burocracia en junio, en las fechas marcadas por la universidad, justo para que no pasase esto, según ellos. Todos los papeles firmados, fotocopiados, copia de nuestras notas en el otro país, etc… ¡Y yo que este año me quería poner las pilas y subir media y resulta que ni siquiera puedo tener acceso a los materiales básicos de mis asignaturas!
Como siempre, cuando preguntamos en administración, nos mandan a la Oficina de Relaciones Internacionales, y de allí, a los profesores de cada asignatura, y estos nos dicen que se resuelve todo en administración. Y así llevamos un mes mis compañeros de movilidad y yo. Recordando nuestros primeros días de clase el año pasado, lo fácil que fueron los trámites en las universidades inglesas, americanas, holandesas, finlandesas… Y esto es lo que nos encontramos en las universidades públicas de España: falta de organización, menos personal que hace años, currando más horas y por menos dinero; y por tanto, algunos de ellos, haciendo con menos motivación su trabajo. También menos catedráticos y más profesores con sueldos que no son suficientes para todo lo que hacen (Sí, porque en este país, cuando algún catedrático de la universidad pública se jubila, en vez de contratar otro catedrático por unacantidad decente de dinero, contratan siete profesores por una miseria).
Hace unos días estuve hablando con un amigo que estaba de visita por Madrid. Pues él se fue igual que yo el año pasado de Erasmus, pero a Finlandia; y tras conseguir por sus propios méritos unas prácticas en una empresa internacional, y conseguir inversores para su proyecto; le contrataron (por supuesto, también por sus propios méritos). Y ahora está allí construyendo robots para niños autistas. Para él, a pesar de los seis meses de noche eterna que tiene que pasar en invierno, es un sueño lo que está pasando en su vida. Le pregunté qué iba a hacer con la carrera, ya que aún le quedan por lo menos un par de años para acabarla, igual que a mí. Y para mí (ya no) sorpresa, me dice que ese tema es lo que más triste le pone, ya que ha intentado sacarse la carrera a distancia, ha hablado con la universidad, los profesores.. Y se ha encontrado que ya no es que no haya tenido aquí las oportunidades que ha tenido en otro sitio, si no que no le facilitan ni si quiera el poder seguir con sus estudios. Ha dejado la carrera aparcada y actualmente está encantado con su nuevo trabajo.
Con todo esto, no quiero solamente quejarme, que también (a todos nos gusta quejarnos de vez en cuando). Si no llegar a entender algo, encontrar una respuesta. Porque no entiendo nada. Lo único que sé es que acabo de llegar y tres meses después parece que ya quieren que me vuelva a ir, por muchas ganas que ponga. Y que no se preocupe el gobierno del señor Rajoy, que en cuanto pueda me las piro.
miércoles, 8 de octubre de 2014
El 10% más rico de los hogares europeos posee la mitad de la riqueza del continente
En medio de una crisis económica en Europa que parece no tener fin, un informe hecho público ayer por el banco privado suizo Julius Baer, señala que, en 2013, la riqueza europea superó los niveles anteriores a la crisis, y marcó un nuevo máximo histórico de 56 billones de euros, un 1,7% más que el año anterior. La explicación: la evolución de esa riqueza europea desde el estallido de la crisis financiera en 2007 no ha sido la misma en todos los países del continente; ni para todos los ciudadanos.
En medio de una crisis económica en Europa que parece no tener fin, un informehecho público ayer, realizado por el banco privado suizo Julius Baer, señala que, en 2013, la riqueza europea superó los niveles anteriores a la crisis, y marcó un nuevo máximo histórico de 56 billones de euros, un 1,7% más que el año anterior.
Algo incomprensible, dada la realidad que cualquiera puede observar nada más asomarse a la calle, pero que parece que tiene explicación: la evolución de esa riqueza europea desde el estallido de la crisis financiera en 2007 no ha sido la misma en todos los países del continente.
Algo incomprensible, dada la realidad que cualquiera puede observar nada más asomarse a la calle, pero que parece que tiene explicación: la evolución de esa riqueza europea desde el estallido de la crisis financiera en 2007 no ha sido la misma en todos los países del continente.
lunes, 6 de octubre de 2014
INICIATIVA DE MADRES: Los juguetes comunitarios proliferan en los parques de Barcelona
Jhon, cuya edad no llega a los dos años, llega con su madre al arenal de un céntrico parque público de Barcelona, donde se encuentra por sorpresa una caja repleta de juguetes. Él aún no sabe leer, pero en cada uno de los objetos hay mensajes como “Soy del parque”, “Soy para compartir” o “Social Toy”. Éste último es el nombre que recibe el movimiento que se está extendiendo por Barcelona, principalmente, y otros municipios del área metropolitana, y que pretende que los niños de la ciudad guarden sus juguetes en los parques infantiles para uso y disfrute de los demás usuarios. “De esta forma hacen un poco suyos estos espacios públicos porque algo que venía de su casa ahora forma parte de ellos”, comenta Marta Ros, cofundadora de Social Toy.
La iniciativa surgió hace un año y medio a raíz de una conversación entre dos madres, Marta Ros y Sarah Rink, que se plantearon qué sucedería si dejaran los juguetes de sus hijos indefinidamente en el parque. Reunieron unos cuantos juguetes y una caja, y los marcaron con el nombre “Social Toy”, junto con una pequeña explicación. La tendencia, según explican sus impulsoras, persigue el objetivo de inculcar a los niños los valores del “civismo, el respeto hacia lo público y el consumo responsable”.
Leer más: http://www.lavanguardia.com/vida/20140904/54414243456/juguetes-comunitarios-proliferan-parques-barcelona.html#ixzz3FLmiWLOr
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sábado, 4 de octubre de 2014
jueves, 2 de octubre de 2014
De Oriol prefiere mujeres "después de los 45 o antes de los 25" para evitar los embarazos
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| Oriol (izqda) en Deusto |
- "Las regulaciones, en vez de favorecer a la mujer, la están condenando", asegura la presidenta del Círculo de Empresarios.
- La ministra de empleo califica sus palabras de "muy desafortunadas".
- Oriol ha colgado un vídeo en la web del Círculo con el título: 'Juzga por ti mismo, escucha mi itnervención'.
- No es la primera vez que unas declaraciones suyas generan polémica: propuso salarios inferiores al sueldo mínimo para los trabajadores menos cualificados.
domingo, 28 de septiembre de 2014
Allen Frances: Convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales
Allen Frances (Nueva York, 1942) dirigió durante años el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM), en el que se definen y describen las diferentes patologías mentales. Este manual, considerado la biblia de los psiquiatras, es revisado periódicamente para adaptarlo a los avances del conocimiento científico. El doctor Frances dirigió el equipo que redactó el DSM IV, a la que siguió una quinta revisión que amplió considerablemente el número de entidades patológicas. En su libro ¿Somos todos enfermos mentales? (Ariel, 2014) hace autocrítica y cuestiona que el considerado como principal referente académico de la psiquiatría colabore en la creciente medicalización de la vida.
Pregunta. En el libro entona un mea culpa, pero aún es más duro con el trabajo de sus colegas en el DSM V. ¿Por qué?
Respuesta. Nosotros fuimos muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales que se habían sugerido. Al acabar, nos felicitamos, convencidos de que habíamos hecho un buen trabajo. Pero el DSM IV resultó ser un dique demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas. No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo muy común y de fácil solución. El resultado ha sido una inflación diagnóstica que produce mucho daño, especialmente en psiquiatría infantil. Ahora, la ampliación de síndromes y patologías en el DSM V va a convertir la actual inflación diagnóstica en hiperinflación.
P. ¿Todos vamos a ser considerados enfermos mentales?
R. Algo así. Hace seis años coincidí con amigos y colegas que habían participado en la última revisión y les vi tan entusiasmados que no pude por menos que recurrir a la ironía: habéis ampliado tanto la lista de patologías, les dije, que yo mismo me reconozco en muchos de esos trastornos. Con frecuencia me olvido de las cosas, de modo que seguramente tengo una predemencia; de cuando en cuando como mucho, así que probablemente tengo el síndrome del comedor compulsivo, y puesto que al morir mi mujer, la tristeza me duró más de una semana y aún me duele, debo haber caído en una depresión. Es absurdo. Hemos creado un sistema diagnóstico que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales.
P. Con la colaboración de la industria farmacéutica...
R. Por supuesto. Gracias a que se les permitió hacer publicidad de sus productos, las farmacéuticas están engañando al público haciendo creer que los problemas se resuelven con píldoras. Pero no es así. Los fármacos son necesarios y muy útiles en trastornos mentales severos y persistentes, que provocan una gran discapacidad. Pero no ayudan en los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de medicación causa más daños que beneficios. No existe el tratamiento mágico contra el malestar.
P. ¿Qué propone para frenar esta tendencia?
R. Controlar mejor a la industria y educar de nuevo a los médicos y a la sociedad, que acepta de forma muy acrítica las facilidades que se le ofrecen para medicarse, lo que está provocando además la aparición de un mercado clandestino de fármacos psiquiátricos muy peligroso. En mi país, el 30% de los estudiantes universitarios y el 10% de los de secundaria compran fármacos en el mercado ilegal. Hay un tipo de narcóticos que crean mucha adicción y pueden dar lugar a casos de sobredosis y muerte. En estos momentos hay ya más muertes por abuso de medicamentos que por consumo de drogas.
P. En 2009, un estudio realizado en Holanda encontró que el 34% de los niños de entre 5 y 15 años eran tratados de hiperactividad y déficit de atención. ¿Es creíble que uno de cada tres niños sea hiperactivo?
R. Claro que no. La incidencia real está en torno al 2%-3% de la población infantil y sin embargo, en EE.UU. están diagnosticados como tal el 11% de los niños y en el caso de los adolescentes varones, el 20%, y la mitad son tratados con fármacos. Otro dato sorprendente: entre los niños en tratamiento, hay más de 10.000 que tienen ¡menos de tres años! Eso es algo salvaje, despiadado. Los mejores expertos, aquellos que honestamente han ayudado a definir la patología, están horrorizados. Se ha perdido el control.
P. ¿Y hay tanto síndrome de Asperger como indican las estadísticas sobre tratamientos psiquiátricos?
R. Ese fue uno de los dos nuevos trastornos que incorporamos en el DSM IV y al poco tiempo el diagnóstico de autismo se triplicó. Lo mismo ocurrió con la hiperactividad. Nosotros calculamos que con los nuevos criterios, los diagnósticos aumentarían en un 15%, pero se produjo un cambio brusco a partir de 1997, cuando las farmacéuticas lanzaron al mercado fármacos nuevos y muy caros y además pudieron hacer publicidad. El diagnóstico se multiplicó por 40.
P. La influencia de las farmacéuticas es evidente, pero un psiquiatra difícilmente prescribirá psicoestimulantes a un niño sin unos padres angustiados que corren a su consulta porque el profesor les ha dicho que el niño no progresa adecuadamente, y temen que pierda oportunidades de competir en la vida. ¿Hasta qué punto influyen estos factores culturales?
R. Sobre esto he de decir tres cosas. Primero, no hay evidencia a largo plazo de que la medicación contribuya a mejorar los resultados escolares. A corto plazo, puede calmar al niño, incluso ayudar a que se centre mejor en sus tareas. Pero a largo plazo no ha demostrado esos beneficios. Segundo, estamos haciendo un experimento a gran escala con estos niños, porque no sabemos qué efectos adversos pueden tener con el tiempo esos fármacos. Igual que no se nos ocurre recetar testosterona a un niño para que rinda más en el fútbol, tampoco tiene sentido tratar de mejorar el rendimiento escolar con fármacos. Tercero, tenemos que aceptar que hay diferencias entre los niños y que no todos caben en un molde de normalidad que cada vez hacemos más estrecho. Es muy importante que los padres protejan a sus hijos, pero del exceso de medicación.
P. ¿En la medicalización de la vida, no influye también la cultura hedonista que busca el bienestar a cualquier precio?
R. Los seres humanos somos criaturas muy resilientes. Hemos sobrevivido millones de años gracias a esta capacidad para afrontar la adversidad y sobreponernos a ella. Ahora mismo, en Irak o en Siria, la vida puede ser un infierno. Y sin embargo, la gente lucha por sobrevivir. Si vivimos inmersos en una cultura que echa mano de las pastillas ante cualquier problema, se reducirá nuestra capacidad de afrontar el estrés y también la seguridad en nosotros mismos. Si este comportamiento se generaliza, la sociedad entera se debilitará frente a la adversidad. Además, cuando tratamos un proceso banal como si fuera una enfermedad, disminuimos la dignidad de quienes verdaderamente la sufren.
P. Y ser etiquetado como alguien que sufre un trastorno mental, ¿no tiene también consecuencias?
R. Muchas, y de hecho cada semana recibo correos de padres cuyos hijos han sido diagnosticados de un trastorno mental y están desesperados por el perjuicio que les causa la etiqueta. Es muy fácil hacer un diagnóstico erróneo, pero muy difícil revertir los daños que ello conlleva. Tanto en lo social como por los efectos adversos que puede tener el tratamiento. Afortunadamente, está creciendo una corriente crítica con estas prácticas. El próximo paso es concienciar a la gente de que demasiada medicina es mala para la salud.
P. No va a ser fácil...
R. Cierto, pero el cambio cultural es posible. Tenemos un magnífico ejemplo: hace 25 años, en EE.UU. el 65% de la población fumaba. Ahora, lo hace menos del 20%. Es uno de los mayores avances en salud de la historia reciente, y se ha conseguido por un cambio cultural. Las tabacaleras gastaban enormes sumas de dinero en desinformar. Lo mismo que ocurre ahora con ciertos medicamentos psiquiátricos. Costó mucho hacer prosperar la evidencia científica sobre el tabaco, pero cuando se consiguió, el cambio fue muy rápido.
P. En los últimos años las autoridades sanitarias han tomado medidas para reducir la presión de los laboratorios sobre los médicos. Pero ahora se han dado cuenta de que pueden influir sobre el médico generando demanda en el paciente.
R. Hay estudios que demuestran que cuando un paciente pide un medicamento, hay 20 veces más posibilidades de que se lo prescriban que si se deja simplemente a decisión del médico. En Australia, algunos laboratorios requerían para el puesto de visitador médico a personas muy agraciadas, porque habían comprobado que los guapos entraban con más facilidad en las consultas. Hasta ese punto hemos llegado. Ahora hemos de trabajar para lograr un cambio de actitud en la gente.
P. ¿En qué sentido?
R. Que en vez de ir al médico en busca de la píldora mágica para cualquier cosa, tengamos una actitud más precavida. Que lo normal sea que el paciente interrogue al médico cada vez que le receta algo. Preguntar por qué se lo prescribe, qué beneficios aporta, qué efectos adversos tendrá, si hay otras alternativas. Si el paciente muestra una actitud resistente, es más probable que los fármacos que le receten estén justificados.
P. Y también tendrán que cambiar hábitos.
R. Sí, y déjeme decirle un problema que he observado. ¡Tienen que cambiar los hábitos de sueño! Sufren ustedes una falta grave de sueño y eso provoca ansiedad e irritabilidad. Cenar a las 10 de la noche e ir a dormir a las 12 o la una tenía sentido cuando hacían la siesta. El cerebro elimina toxinas por la noche. La gente que duerme poco tiene problemas, tanto físicos como psíquicos.
Autor: Milagros Pérez Oliva
Pregunta. En el libro entona un mea culpa, pero aún es más duro con el trabajo de sus colegas en el DSM V. ¿Por qué?
Respuesta. Nosotros fuimos muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales que se habían sugerido. Al acabar, nos felicitamos, convencidos de que habíamos hecho un buen trabajo. Pero el DSM IV resultó ser un dique demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas. No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo muy común y de fácil solución. El resultado ha sido una inflación diagnóstica que produce mucho daño, especialmente en psiquiatría infantil. Ahora, la ampliación de síndromes y patologías en el DSM V va a convertir la actual inflación diagnóstica en hiperinflación.
P. ¿Todos vamos a ser considerados enfermos mentales?
R. Algo así. Hace seis años coincidí con amigos y colegas que habían participado en la última revisión y les vi tan entusiasmados que no pude por menos que recurrir a la ironía: habéis ampliado tanto la lista de patologías, les dije, que yo mismo me reconozco en muchos de esos trastornos. Con frecuencia me olvido de las cosas, de modo que seguramente tengo una predemencia; de cuando en cuando como mucho, así que probablemente tengo el síndrome del comedor compulsivo, y puesto que al morir mi mujer, la tristeza me duró más de una semana y aún me duele, debo haber caído en una depresión. Es absurdo. Hemos creado un sistema diagnóstico que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales.
P. Con la colaboración de la industria farmacéutica...
R. Por supuesto. Gracias a que se les permitió hacer publicidad de sus productos, las farmacéuticas están engañando al público haciendo creer que los problemas se resuelven con píldoras. Pero no es así. Los fármacos son necesarios y muy útiles en trastornos mentales severos y persistentes, que provocan una gran discapacidad. Pero no ayudan en los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de medicación causa más daños que beneficios. No existe el tratamiento mágico contra el malestar.
P. ¿Qué propone para frenar esta tendencia?
R. Controlar mejor a la industria y educar de nuevo a los médicos y a la sociedad, que acepta de forma muy acrítica las facilidades que se le ofrecen para medicarse, lo que está provocando además la aparición de un mercado clandestino de fármacos psiquiátricos muy peligroso. En mi país, el 30% de los estudiantes universitarios y el 10% de los de secundaria compran fármacos en el mercado ilegal. Hay un tipo de narcóticos que crean mucha adicción y pueden dar lugar a casos de sobredosis y muerte. En estos momentos hay ya más muertes por abuso de medicamentos que por consumo de drogas.
P. En 2009, un estudio realizado en Holanda encontró que el 34% de los niños de entre 5 y 15 años eran tratados de hiperactividad y déficit de atención. ¿Es creíble que uno de cada tres niños sea hiperactivo?
R. Claro que no. La incidencia real está en torno al 2%-3% de la población infantil y sin embargo, en EE.UU. están diagnosticados como tal el 11% de los niños y en el caso de los adolescentes varones, el 20%, y la mitad son tratados con fármacos. Otro dato sorprendente: entre los niños en tratamiento, hay más de 10.000 que tienen ¡menos de tres años! Eso es algo salvaje, despiadado. Los mejores expertos, aquellos que honestamente han ayudado a definir la patología, están horrorizados. Se ha perdido el control.
P. ¿Y hay tanto síndrome de Asperger como indican las estadísticas sobre tratamientos psiquiátricos?
R. Ese fue uno de los dos nuevos trastornos que incorporamos en el DSM IV y al poco tiempo el diagnóstico de autismo se triplicó. Lo mismo ocurrió con la hiperactividad. Nosotros calculamos que con los nuevos criterios, los diagnósticos aumentarían en un 15%, pero se produjo un cambio brusco a partir de 1997, cuando las farmacéuticas lanzaron al mercado fármacos nuevos y muy caros y además pudieron hacer publicidad. El diagnóstico se multiplicó por 40.
P. La influencia de las farmacéuticas es evidente, pero un psiquiatra difícilmente prescribirá psicoestimulantes a un niño sin unos padres angustiados que corren a su consulta porque el profesor les ha dicho que el niño no progresa adecuadamente, y temen que pierda oportunidades de competir en la vida. ¿Hasta qué punto influyen estos factores culturales?
R. Sobre esto he de decir tres cosas. Primero, no hay evidencia a largo plazo de que la medicación contribuya a mejorar los resultados escolares. A corto plazo, puede calmar al niño, incluso ayudar a que se centre mejor en sus tareas. Pero a largo plazo no ha demostrado esos beneficios. Segundo, estamos haciendo un experimento a gran escala con estos niños, porque no sabemos qué efectos adversos pueden tener con el tiempo esos fármacos. Igual que no se nos ocurre recetar testosterona a un niño para que rinda más en el fútbol, tampoco tiene sentido tratar de mejorar el rendimiento escolar con fármacos. Tercero, tenemos que aceptar que hay diferencias entre los niños y que no todos caben en un molde de normalidad que cada vez hacemos más estrecho. Es muy importante que los padres protejan a sus hijos, pero del exceso de medicación.
P. ¿En la medicalización de la vida, no influye también la cultura hedonista que busca el bienestar a cualquier precio?
R. Los seres humanos somos criaturas muy resilientes. Hemos sobrevivido millones de años gracias a esta capacidad para afrontar la adversidad y sobreponernos a ella. Ahora mismo, en Irak o en Siria, la vida puede ser un infierno. Y sin embargo, la gente lucha por sobrevivir. Si vivimos inmersos en una cultura que echa mano de las pastillas ante cualquier problema, se reducirá nuestra capacidad de afrontar el estrés y también la seguridad en nosotros mismos. Si este comportamiento se generaliza, la sociedad entera se debilitará frente a la adversidad. Además, cuando tratamos un proceso banal como si fuera una enfermedad, disminuimos la dignidad de quienes verdaderamente la sufren.
P. Y ser etiquetado como alguien que sufre un trastorno mental, ¿no tiene también consecuencias?
R. Muchas, y de hecho cada semana recibo correos de padres cuyos hijos han sido diagnosticados de un trastorno mental y están desesperados por el perjuicio que les causa la etiqueta. Es muy fácil hacer un diagnóstico erróneo, pero muy difícil revertir los daños que ello conlleva. Tanto en lo social como por los efectos adversos que puede tener el tratamiento. Afortunadamente, está creciendo una corriente crítica con estas prácticas. El próximo paso es concienciar a la gente de que demasiada medicina es mala para la salud.
P. No va a ser fácil...
R. Cierto, pero el cambio cultural es posible. Tenemos un magnífico ejemplo: hace 25 años, en EE.UU. el 65% de la población fumaba. Ahora, lo hace menos del 20%. Es uno de los mayores avances en salud de la historia reciente, y se ha conseguido por un cambio cultural. Las tabacaleras gastaban enormes sumas de dinero en desinformar. Lo mismo que ocurre ahora con ciertos medicamentos psiquiátricos. Costó mucho hacer prosperar la evidencia científica sobre el tabaco, pero cuando se consiguió, el cambio fue muy rápido.
P. En los últimos años las autoridades sanitarias han tomado medidas para reducir la presión de los laboratorios sobre los médicos. Pero ahora se han dado cuenta de que pueden influir sobre el médico generando demanda en el paciente.
R. Hay estudios que demuestran que cuando un paciente pide un medicamento, hay 20 veces más posibilidades de que se lo prescriban que si se deja simplemente a decisión del médico. En Australia, algunos laboratorios requerían para el puesto de visitador médico a personas muy agraciadas, porque habían comprobado que los guapos entraban con más facilidad en las consultas. Hasta ese punto hemos llegado. Ahora hemos de trabajar para lograr un cambio de actitud en la gente.
P. ¿En qué sentido?
R. Que en vez de ir al médico en busca de la píldora mágica para cualquier cosa, tengamos una actitud más precavida. Que lo normal sea que el paciente interrogue al médico cada vez que le receta algo. Preguntar por qué se lo prescribe, qué beneficios aporta, qué efectos adversos tendrá, si hay otras alternativas. Si el paciente muestra una actitud resistente, es más probable que los fármacos que le receten estén justificados.
P. Y también tendrán que cambiar hábitos.
R. Sí, y déjeme decirle un problema que he observado. ¡Tienen que cambiar los hábitos de sueño! Sufren ustedes una falta grave de sueño y eso provoca ansiedad e irritabilidad. Cenar a las 10 de la noche e ir a dormir a las 12 o la una tenía sentido cuando hacían la siesta. El cerebro elimina toxinas por la noche. La gente que duerme poco tiene problemas, tanto físicos como psíquicos.
Autor: Milagros Pérez Oliva
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