sábado, 21 de septiembre de 2013

La oscura trastienda de Mercadona

¿Os acordáis de la buena empleada del Mercadona, la que se enfrento a los sindicalistas para evitar que sacasen un carrito con comida?

La que dio que hablar sobre el derecho del trabajador a trabajar y a velar por el bien de la empresa y del empresario... Aquella que copó titulares y tertulias de la prensa y televisión de la extrema derecha, que tanto y tan bien habló de ella, de lo ejemplar que era y que la defendió por "semejante y valiente acto"... ¿Os acordáis de ella que todo lo dio por su patrón?

Pues que sepáis que la han despedido estando de baja por maternidad

Y es que la trastienda de Mercadona es muy oscura con despidos por ponerse enfermo, acoso y unas condiciones laborales muy duras

http://www.cronicapopular.es/2012/08/la-oscura-trastienda-de-mercadona/

lunes, 16 de septiembre de 2013

EL DIA QUE ZARA DESAPARECIÓ DE LOS PERIÓDICOS

El día en el que Zara desapareció de los mediosRecientemente se prendía fuego a sí mismo en el centro de Murcia un hombre que reclamaba a los Servicios Sociales la devolución de la custodia de sus hijas.
Lo importante del suceso se halla en los instantes inmediatos que siguieron a las llamas. Tras desplegar el protagonista del suceso una pancarta con sus reivindicaciones, rociarse con cinco litros de gasolina y prenderse fuego, varias de las personas que presenciaron el horror de la escena acudieron sin pensarlo a socorrer a la víctima, como parece lógico suponer que ocurra. Sin embargo, no todas lo hicieron.
Y aquí viene el punto matriz de este escrito: una dependienta de un comercio próximo, a la que se le solicitó una manta para poder extinguir las llamas que devoraban en ese justo momento el cuerpo del hombre, se negó a entregar la prenda porque, según sus propias palabras, “yo no puedo hacer eso”.
Entrevistada por un periodista de La Opinión posteriormente, la empleada de la tienda expresó lo siguiente: “Ha venido corriendo y me ha dicho que si le podía dejar una manta, y eso que el chico es cliente de aquí. Pero yo no puedo hacer eso y le he dicho que no se la dejaba”. La Opinión añadía: “reconocía Mari Luz, la empleada de la tienda, en declaraciones a este periódico”.
Pues bien, la tienda en cuestión es Zara. Es de suponer que semejante comportamiento bovino por parte de una de sus empleadas ha hecho plantearse a la empresa que su imagen de marca podría resultar perjudicada. Poco después desaparecía todo rastro del incidente de la manta de Zara del diario La Opinión, y era sustituido por anécdotas de benevolencia del resto de comercios: que si Mango prestó un extintor, que si El Corte Inglés cedió otro, que si las dependientas de Stradivarius acudieron por si podían prestar ayuda (por cierto, Stradivarius pertenece a la misma cadena que Zara, el gigante Inditex de Amancio Ortega, y no tenía mención en el artículo original).
Bonzo en Murcia y Zara niega una manta
La Opinión no es el único medio de prensa en el que la palabra Zara desaparecía de entre las líneas de su artículo-bonzo, el resto de diarios importantes actuaban de igual manera, después de que algunos lectores comentaristas pusieran el grito en el cielo por la actuación desalmada de la dependienta.
Y aquí surgen dos cuestiones. Una y principal es ¿qué tipo de empleados está generando esta sociedad, que actúan como autómatas al servicio de la empresa y, siguiendo sus dictados de no pienses-obedece, dejan de ser personas con ideas y sentimientos propios para convertirse en maquinaria útil y servil?, ¿acaso tenía miedo a perder el empleo por ofrecer una simple manta en una situación de emergencia?, ¿ni siquiera se planteó la posibilidad, humana, de pagar ella misma la prenda para socorrer a un herido mortal? No, ella “no podía hacer eso”. No estaba contemplado en el manual de buenas prácticas del buen empleado que le darían en arenga al incorporarse a la empresa.
La otra cuestión es la relativa a la prensa. Se volatiliza en un click el dato negativo referido a Zara y es sustituido por el dato positivo protagonizado por Stradivarius. Pocos lectores se habrán dado cuenta y, además, no importa, sus voces son menores. Así, las grandes empresas que nos movilizan como hormiguitas a las colas de sus cajas de pago pueden seguir contando con nuestro beneplácito y, sobre todo, con nuestra ausencia de crítica, para que podamos continuar siendo magníficos trabajadores no pensantes, maquinitas de vender y comprar sus productos, engranaje de un sistema consumista que, bovinamente, no nos cuestionaremos.
El herido, por cierto, a falta de manta, acabó siendo envuelto en su propia pancarta, cuyo texto íntegro reivindicativo desconocemos.
Que los medios de prensa tradicionales dependen del dinero de sus patrocinadores y empresas anunciadas en sus páginas es un hecho. Que se modifique el contenido de una noticia en cuestión de minutos para eliminar un dato que podría perjudicar a un patrocinador en concreto, también, y sobradas muestras tenemos de ello. Pero que todos los periódicos se pongan de acuerdo en que el enfoque total de la noticia pervierta la realidad para favorecer la imagen general de la sociedad de consumo y evitar, así, que los lectores-consumidores se planteen el sistema en el que están inmersos es ya algo que raya la conspiranoia, y nos deja envueltos en el más tórrido de los ambientes distópicos. Sin embargo, eso es lo que ha ocurrido.
El día en el que Zara desapareció de los mediosAyer por la tarde se prendía fuego a sí mismo en el centro de Murcia un hombre que reclamaba a los Servicios Sociales la devolución de la custodia de sus hijas.
Hasta ahí llegan los titulares de los muchos medios que se han hecho eco de la escabrosa noticia. Una noticia triste y alarmante, sí, pero, obviando que se desconocen los motivos por los que le fue retirada la custodia (y que pueden resultar ser aún más escandalosos, o no), el verdadero titular y el fondo de lo noticioso debió haber surgido de otro asunto, a mi parecer, mucho más alarmante.
Lo importante del suceso se halla en los instantes inmediatos que siguieron a las llamas. Tras desplegar el protagonista del suceso una pancarta con sus reivindicaciones, rociarse con cinco litros de gasolina y prenderse fuego, varias de las personas que presenciaron el horror de la escena acudieron sin pensarlo a socorrer a la víctima, como parece lógico suponer que ocurra. Sin embargo, no todas lo hicieron.
Y aquí viene el punto matriz de este escrito: una dependienta de un comercio próximo, a la que se le solicitó una manta para poder extinguir las llamas que devoraban en ese justo momento el cuerpo del hombre, se negó a entregar la prenda porque, según sus propias palabras, “yo no puedo hacer eso”.
Ella no podía hacer “eso”.
Según aparecía anoche en el artículo de La Opinión de Murcia, una de las primeras personas que acudió a atender al herido envuelto en fuego fue un chico que en ese momento se encontraba trabajando en la calle realizando encuestas para alguna ONG. El muchacho corrió hacia una de las tiendas más próximas al suceso –desde la que podía contemplarse todo lo ocurrido– y solicitó una manta para poder apagar el fuego del cuerpo del inmolado.
Entrevistada por un periodista de La Opinión posteriormente, la empleada de la tienda expresó lo siguiente: “Ha venido corriendo y me ha dicho que si le podía dejar una manta, y eso que el chico es cliente de aquí. Pero yo no puedo hacer eso y le he dicho que no se la dejaba”. La Opinión añadía: “reconocía Mari Luz, la empleada de la tienda, en declaraciones a este periódico”.
Pues bien, la tienda en cuestión es Zara. Es de suponer que semejante comportamiento bovino por parte de una de sus empleadas ha hecho plantearse a la empresa que su imagen de marca podría resultar perjudicada. Poco después desaparecía todo rastro del incidente de la manta de Zara del diario La Opinión, y era sustituido por anécdotas de benevolencia del resto de comercios: que si Mango prestó un extintor, que si El Corte Inglés cedió otro, que si las dependientas de Stradivarius acudieron por si podían prestar ayuda (por cierto, Stradivarius pertenece a la misma cadena que Zara, el gigante Inditex de Amancio Ortega, y no tenía mención en el artículo original).
Bonzo en Murcia y Zara niega una mantaLa Opinión no es el único medio de prensa en el que la palabra Zara desaparecía de entre las líneas de su artículo-bonzo, el resto de diarios importantes actuaban de igual manera, después de que algunos lectores comentaristas pusieran el grito en el cielo por la actuación desalmada de la dependienta.
Y aquí surgen dos cuestiones. Una y principal es ¿qué tipo de empleados está generando esta sociedad, que actúan como autómatas al servicio de la empresa y, siguiendo sus dictados de no pienses-obedece, dejan de ser personas con ideas y sentimientos propios para convertirse en maquinaria útil y servil?, ¿acaso tenía miedo a perder el empleo por ofrecer una simple manta en una situación de emergencia?, ¿ni siquiera se planteó la posibilidad, humana, de pagar ella misma la prenda para socorrer a un herido mortal? No, ella “no podía hacer eso”. No estaba contemplado en el manual de buenas prácticas del buen empleado que le darían en arenga al incorporarse a la empresa.
La otra cuestión es la relativa a la prensa. ¿En qué tipo de sociedad vivimos que, con una simple llamada telefónica de una multinacional, la realidad desaparece de todos los diarios y es sustituida por un embellecedor muy al estilo de la novela 1984?
Se volatiliza en un click el dato negativo referido a Zara y es sustituido por el dato positivo protagonizado por Stradivarius. Pocos lectores se habrán dado cuenta y, además, no importa, sus voces son menores. Así, las grandes empresas que nos movilizan como hormiguitas a las colas de sus cajas de pago pueden seguir contando con nuestro beneplácito y, sobre todo, con nuestra ausencia de crítica, para que podamos continuar siendo magníficos trabajadores no pensantes, maquinitas de vender y comprar sus productos, engranaje de un sistema consumista que, bovinamente, no nos cuestionaremos.
El herido, por cierto, a falta de manta, acabó siendo envuelto en su propia pancarta, cuyo texto íntegro reivindicativo desconocemos.
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Que los medios de prensa tradicionales dependen del dinero de sus patrocinadores y empresas anunciadas en sus páginas es un hecho. Que se modifique el contenido de una noticia en cuestión de minutos para eliminar un dato que podría perjudicar a un patrocinador en concreto, también, y sobradas muestras tenemos de ello. Pero que todos los periódicos se pongan de acuerdo en que el enfoque total de la noticia pervierta la realidad para favorecer la imagen general de la sociedad de consumo y evitar, así, que los lectores-consumidores se planteen el sistema en el que están inmersos es ya algo que raya la conspiranoia, y nos deja envueltos en el más tórrido de los ambientes distópicos. Sin embargo, eso es lo que ha ocurrido.
El día en el que Zara desapareció de los mediosAyer por la tarde se prendía fuego a sí mismo en el centro de Murcia un hombre que reclamaba a los Servicios Sociales la devolución de la custodia de sus hijas.
Hasta ahí llegan los titulares de los muchos medios que se han hecho eco de la escabrosa noticia. Una noticia triste y alarmante, sí, pero, obviando que se desconocen los motivos por los que le fue retirada la custodia (y que pueden resultar ser aún más escandalosos, o no), el verdadero titular y el fondo de lo noticioso debió haber surgido de otro asunto, a mi parecer, mucho más alarmante.
Lo importante del suceso se halla en los instantes inmediatos que siguieron a las llamas. Tras desplegar el protagonista del suceso una pancarta con sus reivindicaciones, rociarse con cinco litros de gasolina y prenderse fuego, varias de las personas que presenciaron el horror de la escena acudieron sin pensarlo a socorrer a la víctima, como parece lógico suponer que ocurra. Sin embargo, no todas lo hicieron.
Y aquí viene el punto matriz de este escrito: una dependienta de un comercio próximo, a la que se le solicitó una manta para poder extinguir las llamas que devoraban en ese justo momento el cuerpo del hombre, se negó a entregar la prenda porque, según sus propias palabras, “yo no puedo hacer eso”.
Ella no podía hacer “eso”.
Según aparecía anoche en el artículo de La Opinión de Murcia, una de las primeras personas que acudió a atender al herido envuelto en fuego fue un chico que en ese momento se encontraba trabajando en la calle realizando encuestas para alguna ONG. El muchacho corrió hacia una de las tiendas más próximas al suceso –desde la que podía contemplarse todo lo ocurrido– y solicitó una manta para poder apagar el fuego del cuerpo del inmolado.
Entrevistada por un periodista de La Opinión posteriormente, la empleada de la tienda expresó lo siguiente: “Ha venido corriendo y me ha dicho que si le podía dejar una manta, y eso que el chico es cliente de aquí. Pero yo no puedo hacer eso y le he dicho que no se la dejaba”. La Opinión añadía: “reconocía Mari Luz, la empleada de la tienda, en declaraciones a este periódico”.
Pues bien, la tienda en cuestión es Zara. Es de suponer que semejante comportamiento bovino por parte de una de sus empleadas ha hecho plantearse a la empresa que su imagen de marca podría resultar perjudicada. Poco después desaparecía todo rastro del incidente de la manta de Zara del diario La Opinión, y era sustituido por anécdotas de benevolencia del resto de comercios: que si Mango prestó un extintor, que si El Corte Inglés cedió otro, que si las dependientas de Stradivarius acudieron por si podían prestar ayuda (por cierto, Stradivarius pertenece a la misma cadena que Zara, el gigante Inditex de Amancio Ortega, y no tenía mención en el artículo original).
Bonzo en Murcia y Zara niega una mantaLa Opinión no es el único medio de prensa en el que la palabra Zara desaparecía de entre las líneas de su artículo-bonzo, el resto de diarios importantes actuaban de igual manera, después de que algunos lectores comentaristas pusieran el grito en el cielo por la actuación desalmada de la dependienta.
Y aquí surgen dos cuestiones. Una y principal es ¿qué tipo de empleados está generando esta sociedad, que actúan como autómatas al servicio de la empresa y, siguiendo sus dictados de no pienses-obedece, dejan de ser personas con ideas y sentimientos propios para convertirse en maquinaria útil y servil?, ¿acaso tenía miedo a perder el empleo por ofrecer una simple manta en una situación de emergencia?, ¿ni siquiera se planteó la posibilidad, humana, de pagar ella misma la prenda para socorrer a un herido mortal? No, ella “no podía hacer eso”. No estaba contemplado en el manual de buenas prácticas del buen empleado que le darían en arenga al incorporarse a la empresa.
La otra cuestión es la relativa a la prensa. ¿En qué tipo de sociedad vivimos que, con una simple llamada telefónica de una multinacional, la realidad desaparece de todos los diarios y es sustituida por un embellecedor muy al estilo de la novela 1984?
Se volatiliza en un click el dato negativo referido a Zara y es sustituido por el dato positivo protagonizado por Stradivarius. Pocos lectores se habrán dado cuenta y, además, no importa, sus voces son menores. Así, las grandes empresas que nos movilizan como hormiguitas a las colas de sus cajas de pago pueden seguir contando con nuestro beneplácito y, sobre todo, con nuestra ausencia de crítica, para que podamos continuar siendo magníficos trabajadores no pensantes, maquinitas de vender y comprar sus productos, engranaje de un sistema consumista que, bovinamente, no nos cuestionaremos.
El herido, por cierto, a falta de manta, acabó siendo envuelto en su propia pancarta, cuyo texto íntegro reivindicativo desconocemos.
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PAPA FRANCISCO: "No basta la limosna"

ROMA, 11 Sep. 13 / 06:15 pm (ACI/EWTN Noticias).- Al visitar el 10 de septiembre a más de 400 refugiados del Centro Astalli, el Servicio Jesuita a disposición de los refugiados que llegan a Roma, el Papa Francisco recordó las instituciones que la limosna “no basta” y recordó la necesidad de acoger a estas personas e integrarlas en la sociedad.

“La simple acogida no basta. No basta dar un sándwich si no se acompaña de la oportunidad de aprender a caminar sobre sus propios pies. La caridad que deja a los pobres tal y como están no es suficiente. La misericordia verdadera, aquella que Dios nos da y nos enseña, pide justicia, pide que el pobre encuentre su camino para dejar de serlo”, dijo el Papa Francisco durante un discurso pronunciado a los miembros de esta institución, trabajadores, voluntarios, amigos y refugiados en Roma.

La misericordia “nos lo pide como Iglesia, como ciudad de Roma, a las instituciones, pide que ninguno tenga ya la necesidad de un comedor público, de un alojamiento temporal, de un servicio de asistencia legal para que le reconozcan el propio derecho a vivir y a trabajar, a ser plenamente persona”, añadió.

El Papa llegó al centro a la hora del almuerzo y se sentó a comer con algunos refugiados y los voluntarios que servían la mesa. Después visitó la capilla del centro para orar y desde allí se dirigió a la iglesia del Gesú, a escasos pasos del centro, donde fue acogido por 400 personas miembro de esta institución y escuchó, antes de pronunciar su discurso, las palabras de dos refugiados, un joven sudanés y una mujer siria.

“Desde este lugar de acogida, de encuentro y de servicio, quisiera que todos se hicieran una pregunta, para todas las personas que viven aquí en la diócesis de Roma: ¿Me inclino para ayudar a quienes están en dificultad, o tengo miedo de ensuciarme las manos? ¿Estoy encerrado en mí mismo, en mis cosas, o me cercioro de que otros necesitan ayuda? Me sirvo solo a mí mismo, o sé servir a los demás como Cristo, que vino a servir hasta dar su propia vida? ¿Miro a los ojos de los que buscan la justicia, o dirijo la mirada hacia otro lado? ¿Para no mirarles a los ojos?”, cuestionó.

El Papa señaló que los pobres son los maestros privilegiados de nuestro conocimiento de Dios, y con su fragilidad y sencillez descubren nuestros egoísmos, nuestras falsas certezas, nuestras pretensiones de autosuficiencia, y nos guían a la experiencia de la cercanía y la ternura de Dios para recibir en nuestra vida su amor, la misericordia del Padre que, con discreción y paciente confianza cuida de nosotros.

“Todos los días, aquí y en otros centros, muchas personas, especialmente jóvenes, hacen fila para tener un plato de comida caliente. Estas personas nos recuerdan el sufrimiento y las tragedias de la humanidad. Pero esta fila también nos dice que hagamos algo, ahora, todos, es posible. Es tan sencillo como llamar a la puerta, y tratar de decir: ‘Yo estoy aquí. ¿Cómo puedo ayudar?’”, animó.

Al dirigirse a los refugiados, el Papa puso de ejemplo la historia de un joven sudanés –Adam-, y una mujer siria –Carol-, dos colaboradores del Centro Astalli que huyeron de sus países a causa de la guerra y la persecución.

“Adam dijo: Nosotros, los refugiados tenemos el deber de hacer todo lo posible para ser integrados en Italia. Y este es un derecho: ¡La integración! Y Carol dijo: Los sirios en Europa sienten la gran responsabilidad de no ser una carga, queremos ser parte activa de una nueva sociedad. ¡Esto también es un derecho! Esta responsabilidad es la base ética, es la fuerza para construir juntos. Me pregunto: ¿acompañamos este viaje?”, señaló Francisco.

“Cada uno de ustedes, estimados amigos, trae consigo mismo una historia de vida que nos habla de los dramas de las guerras y los conflictos vinculados e menudo a la política internacional. Pero ante todo cada uno de ustedes porta una riqueza humana y religiosa, para acogerla, y no para temerla”, agregó.

“Muchos de ustedes son musulmanes, de otras religiones, vinieron de diferentes países, de situaciones distintas. ¡No tengan miedo a las diferencias! La fraternidad nos hace descubrir que son un tesoro. ¡Son un regalo para todos! ¡Vivamos la fraternidad!”, animó.

“¿Cuántas veces, sin embargo aquí, como en tantos otras partes, muchas personas que llevan escrito ‘protección internacional’ en su permiso de residencia, se ven obligadas a vivir en situaciones adversas, en ocasiones con un trato denigrante, ¡y sin la posibilidad de iniciar una vida digna ni de pensar en un nuevo futuro!”, clamó.

El Papa agradeció en especial al director del Centro Astalli, el sacerdote jesuita Giovanni La Manna, así como a todos los servicios eclesiales, públicos y privados, que se ocupan de acoger a estas personas con un proyecto.

“Ustedes hermanos, trabajadores, voluntarios, benefactores, no solo donan algo de su tiempo, sino que tratan de establecer una relación con los solicitantes de asilo y los refugiados, a quienes reconocen como personas, comprometiéndose a encontrar respuestas concretas a sus necesidades. ¡Mantengan siempre viva la esperanza! ¡Ayuden a recuperar la confianza! Demuestren que con la acogida y la hermandad se puede abrir una ventana al futuro; más que una ventana una puerta, ¡que les permita dar un futuro!”, dijo.

Por otro lado, subrayó tres palabras que son el programa de trabajo de los jesuitas y sus colaboradores: Servir, acompañar, defender.

Explicó que servir significa dar cabida a la persona que llega, con cuidado, significa inclinarse hacia quien tiene necesidad y tenderle la mano, sin miedo, con ternura y comprensión, “así como Jesús se inclinó para lavar los pies de los apóstoles”. Servir “significa trabajar al lado de los más necesitados, establecer con ellos en primer lugar una relación humana, de cercanía, vínculos de solidaridad”, añadió.

En el sentido de acompañar, el Papa animó a sembrar la “Solidaridad”, “esta palabra –subrayó-, es la que da más miedo al mundo desarrollado. Tratan de no usarla. Es casi un insulto para ellos. ¡Pero es nuestra palabra! Servir significa reconocer y acoger lo que exige la justicia, la esperanza y buscar juntos los caminos precisos de liberación”.

“Acompañar. En los últimos años, el Centro Astalli recorrió un camino. Al inicio ofrecía servicios de primera acogida: un comedor, una cama, ayuda legal… Después aprendió a acompañar a las personas en busca de trabajo y de la inserción social. Y después propuso actividades culturales para desarrollar una cultura de la acogida, una cultura del encuentro y de la solidaridad, a partir de la protección de los derechos humanos”.

Defender es ponerse del lado de los más débiles, dijo. “Cuántas veces alzamos la voz para defender nuestros derechos, pero ¡Cuántas veces somos indiferentes a los derechos de los demás! ¡Cuántas veces no sabemos o no queremos dar voz a quienes como ustedes sufrieron y sufren, a quienes vieron pisotear sus propios derechos, a quien sufrieron tanta violencia que ya ni quieren buscar justicia!”, alzó su voz.

Por último, recordó que para la Iglesia es fundamental acoger a los pobres y promover la justicia y que no sean solamente confiadas a los ‘especialistas’, sino que sea una atención de todo el trabajo pastoral, de la formación de los futuros presbíteros y religiosos, del compromiso normal de todas las parroquias, los movimientos y grupos eclesiales.

sábado, 14 de septiembre de 2013

POLICÍA SOLIDARIA

La policía alemana enviada para reprimir las protestas, se quitan los cascos y se unen a los manifestantes… Un ejemplo a seguir por todos los policías del mundo.

VICTORIA judicial histórica contra el loby sionista en España

Jasiel Paris @jasielparis -SEGUNDA querella inadmitida a ACOM, tras la de Antonio Maestre. En este caso especialmente humillante: se la tumb...