ROMA, 11 Sep. 13 / 06:15 pm (
ACI/EWTN Noticias).-
Al
visitar el 10 de septiembre a más de 400 refugiados del Centro Astalli,
el Servicio Jesuita a disposición de los refugiados que llegan a Roma,
el Papa Francisco recordó las instituciones que la limosna “no basta” y
recordó la necesidad de acoger a estas personas e integrarlas en la
sociedad.
“La simple acogida no basta. No basta dar un sándwich si no se acompaña
de la oportunidad de aprender a caminar sobre sus propios pies. La
caridad que deja a los pobres tal y como están no es suficiente. La
misericordia verdadera, aquella que Dios nos da y nos enseña, pide
justicia, pide que el pobre encuentre su camino para dejar de serlo”,
dijo el Papa Francisco durante un discurso pronunciado a los miembros de
esta institución, trabajadores, voluntarios, amigos y refugiados en
Roma.
La misericordia “nos lo pide como
Iglesia,
como ciudad de Roma, a las instituciones, pide que ninguno tenga ya la
necesidad de un comedor público, de un alojamiento temporal, de un
servicio de asistencia legal para que le reconozcan el propio derecho a
vivir y a trabajar, a ser plenamente persona”, añadió.
El Papa llegó al centro a la hora del almuerzo y se sentó a comer con
algunos refugiados y los voluntarios que servían la mesa. Después visitó
la capilla del centro para orar y desde allí se dirigió a la iglesia
del Gesú, a escasos pasos del centro, donde fue acogido por 400 personas
miembro de esta institución y escuchó, antes de pronunciar su discurso,
las palabras de dos refugiados, un joven sudanés y una mujer siria.
“Desde este lugar de acogida, de encuentro y de servicio, quisiera que
todos se hicieran una pregunta, para todas las personas que viven aquí
en la diócesis de Roma: ¿Me inclino para ayudar a quienes están en
dificultad, o tengo miedo de ensuciarme las manos? ¿Estoy encerrado en
mí mismo, en mis cosas, o me cercioro de que otros necesitan ayuda? Me
sirvo solo a mí mismo, o sé servir a los demás como Cristo, que vino a
servir hasta dar su propia
vida? ¿Miro a los ojos de los que buscan la justicia, o dirijo la mirada hacia otro lado? ¿Para no mirarles a los ojos?”, cuestionó.
El Papa señaló que los pobres son los maestros privilegiados de nuestro
conocimiento de Dios, y con su fragilidad y sencillez descubren nuestros
egoísmos, nuestras falsas certezas, nuestras pretensiones de
autosuficiencia, y nos guían a la experiencia de la cercanía y la
ternura de Dios para recibir en nuestra vida su amor, la misericordia
del Padre que, con discreción y paciente confianza cuida de nosotros.
“Todos los días, aquí y en otros centros, muchas personas, especialmente
jóvenes, hacen fila para tener un plato de comida caliente. Estas
personas nos recuerdan el sufrimiento y las tragedias de la humanidad.
Pero esta fila también nos dice que hagamos algo, ahora, todos, es
posible. Es tan sencillo como llamar a la puerta, y tratar de decir: ‘Yo
estoy aquí. ¿Cómo puedo ayudar?’”, animó.
Al dirigirse a los refugiados, el Papa puso de ejemplo la historia de un
joven sudanés –Adam-, y una mujer siria –Carol-, dos colaboradores del
Centro Astalli que huyeron de sus países a causa de la guerra y la
persecución.
“Adam dijo: Nosotros, los refugiados tenemos el deber de hacer todo lo
posible para ser integrados en Italia. Y este es un derecho: ¡La
integración! Y Carol dijo: Los sirios en Europa sienten la gran
responsabilidad de no ser una carga, queremos ser parte activa de una
nueva sociedad. ¡Esto también es un derecho! Esta responsabilidad es la
base ética, es la fuerza para construir juntos. Me pregunto:
¿acompañamos este viaje?”, señaló Francisco.
“Cada uno de ustedes, estimados amigos, trae consigo mismo una historia
de vida que nos habla de los dramas de las guerras y los conflictos
vinculados e menudo a la política internacional. Pero ante todo cada uno
de ustedes porta una riqueza humana y religiosa, para acogerla, y no
para temerla”, agregó.
“Muchos de ustedes son musulmanes, de otras religiones, vinieron de
diferentes países, de situaciones distintas. ¡No tengan miedo a las
diferencias! La fraternidad nos hace descubrir que son un tesoro. ¡Son
un regalo para todos! ¡Vivamos la fraternidad!”, animó.
“¿Cuántas veces, sin embargo aquí, como en tantos otras partes, muchas
personas que llevan escrito ‘protección internacional’ en su permiso de
residencia, se ven obligadas a vivir en situaciones adversas, en
ocasiones con un trato denigrante, ¡y sin la posibilidad de iniciar una
vida digna ni de pensar en un nuevo futuro!”, clamó.
El Papa agradeció en especial al director del Centro Astalli, el
sacerdote jesuita Giovanni La Manna, así como a todos los servicios
eclesiales, públicos y privados, que se ocupan de acoger a estas
personas con un proyecto.
“Ustedes hermanos, trabajadores, voluntarios, benefactores, no solo
donan algo de su tiempo, sino que tratan de establecer una relación con
los solicitantes de asilo y los refugiados, a quienes reconocen como
personas, comprometiéndose a encontrar respuestas concretas a sus
necesidades. ¡Mantengan siempre viva la esperanza! ¡Ayuden a recuperar
la confianza! Demuestren que con la acogida y la hermandad se puede
abrir una ventana al futuro; más que una ventana una puerta, ¡que les
permita dar un futuro!”, dijo.
Por otro lado, subrayó tres palabras que son el programa de trabajo de
los jesuitas y sus colaboradores: Servir, acompañar, defender.
Explicó que servir significa dar cabida a la persona que llega, con
cuidado, significa inclinarse hacia quien tiene necesidad y tenderle la
mano, sin miedo, con ternura y comprensión, “así como Jesús se inclinó
para lavar los pies de los apóstoles”. Servir “significa trabajar al
lado de los más necesitados, establecer con ellos en primer lugar una
relación humana, de cercanía, vínculos de solidaridad”, añadió.
En el sentido de acompañar, el Papa animó a sembrar la “Solidaridad”,
“esta palabra –subrayó-, es la que da más miedo al mundo desarrollado.
Tratan de no usarla. Es casi un insulto para ellos. ¡Pero es nuestra
palabra! Servir significa reconocer y acoger lo que exige la justicia,
la esperanza y buscar juntos los caminos precisos de liberación”.
“Acompañar. En los últimos años, el Centro Astalli recorrió un camino.
Al inicio ofrecía servicios de primera acogida: un comedor, una cama,
ayuda legal… Después aprendió a acompañar a las personas en busca de
trabajo y de la inserción social. Y después propuso actividades
culturales para desarrollar una cultura de la acogida, una cultura del
encuentro y de la solidaridad, a partir de la protección de los derechos
humanos”.
Defender es ponerse del lado de los más débiles, dijo. “Cuántas veces
alzamos la voz para defender nuestros derechos, pero ¡Cuántas veces
somos indiferentes a los derechos de los demás! ¡Cuántas veces no
sabemos o no queremos dar voz a quienes como ustedes sufrieron y sufren,
a quienes vieron pisotear sus propios derechos, a quien sufrieron tanta
violencia que ya ni quieren buscar justicia!”, alzó su voz.
Por último, recordó que para la Iglesia es fundamental acoger a los
pobres y promover la justicia y que no sean solamente confiadas a los
‘especialistas’, sino que sea una atención de todo el trabajo pastoral,
de la formación de los futuros presbíteros y religiosos, del compromiso
normal de todas las parroquias, los movimientos y grupos eclesiales.