El derrumbe de un edificio en Bangladesh, con el resultado de más de mil muertos, ha desatado una encendida polémica sobre las condiciones en que trabajan los habitantes de ese mísero país para las grandes firmas mundiales de confección, entre ellas las españolas Inditex, El Corte Inglés y Mango. Por considerarlo de interés, reproducimos este artículo de laperiodista de Telemadrid Marta Landín, que describe cómo una de esas compañías, Inditex, operaba tiempo atrás en un pueblo de Galicia antes de descubrir las bondades de ladeslocalización. La autora accedió a la petición de sus fuentes de no citar ni sus nombre ni el del pueblo.
NO ES ZARA TODO LO QUE RELUCE
“¿Vas a escribir contra Inditex?”. Todos los que me habéis oído hablar de este artículo, repetís la pregunta, con estas o parecidas palabras. Ya adelanto que mi ánimo no es el de criticar a Zara, sino el de describir la realidad de la trastienda de una empresa referente en el mundo, que a mí me sorprendió, y estoy segura que muchos desconocen.
Estamos acostumbrados a leer titulares en los que Amancio Ortega aparece entre los hombres más ricos del mundo, dona millones de euros a Cáritas, o abre tiendas en algún país cada vez más exótico… pero no recuerdo ninguno en el que se haya contado que las costureras que trabajaban para Zara, aquí en nuestro país, algún mes no sacaban ni para llevarse un sueldo a casa.
Durante años, miles de mujeres gallegas han trabajado para Inditex. En la práctica no eran sus empleadas, porque, si querían coser para la empresa, tenían que hacerlo a través de cooperativas. Es decir, cada una de ellas tenía que pagar su cuota de autónomos y Seguridad Social, y, entre todas, pagar el alquiler de un local, los recibos de luz y de teléfono, comprar las máquinas de coser, y demás…
Esto, en la práctica, suponía para la mayoría tener que pedir un crédito bancario de 500.000 pesetas (principios de los años 90 ), o se lo iban descontando de los beneficios que sacaban al mes.
Montada la cooperativa, Zara les enviaba el pedido con el material necesario (tela, hilos, botones…) y la fecha límite para cumplir con el encargo. Lo que en demasiadas ocasiones les obligaba a trabajar hasta las doce o una de la madrugada para poder enviar dentro del plazo. El objetivo era claro. No importaba tanto si el pespunte iba recto, como que la prenda se hiciera rápido. De hecho, los mayores problemas entre ellas surgían cuando alguna no era todo lo veloz que se precisaba.
Llegaba fin de mes y la hora de cobrar. Lo primero que recuerdan son esos “meses buenos”en los que ganaron 100.00 pesetas, pero fueron tan sólo dos o tres en más de diez años de trabajo. Los peores… los iniciales. Durante el tiempo que necesitaron para amortizar el capital invertido, hubo meses que no sacaban ni un euro de beneficio. Alguno, si “teníamos mucho trabajo, sacábamos 10.000 pesetas”. Una vez pagadas las máquinas, su sueldo medio rondaba las 40.000 pesetas. Y para ser justos, hay que contar que, a pesar de que pueda parecer poco, quienes nos dan su testimonio confiesan que “valía la pena” porque conseguían “ganar algo”.
Pero eso ocurría… “cuando hubo trabajo”. En el pueblo donde ellas cosían llegaron a existirhasta ocho cooperativas. Ahora son menos, pero ninguna cose ya para Inditex, porque “cada vez enviaban menos trabajo y pagaban peor”.
Y la razón es que la multinacional acabó, como todos sabemos, contratando mano de obra, todavía más barata, en otros países, ahora trágicamente de rabiosa actualidad.
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