martes, 10 de febrero de 2026
sábado, 7 de febrero de 2026
Minneapolis 2026: La resistencia se canta
por Zuzanna Gawron
Más que una protesta, la 'Singing Resistance' es el tejido social que sustituye al Estado allí donde solo queda el miedo.
Más que una protesta, la 'Singing Resistance' es el tejido social que sustituye al Estado allí donde solo queda el miedo.
Minneapolis, febrero de 2026. El aire es gélido, pero el frío ya no trae silencio. Tras las muertes de Renée Good y Alex Pretti —ciudadanos de 37 años abatidos por agentes federales—, algo se ha quebrado en el alma del Norte. La ciudad, que atesora una tradición coral de más de 130 años, ha decidido que su mejor defensa no es el grito, sino la armonía.
Frente a los hoteles donde se hospedan las patrullas fronterizas, miles de personas no lanzan ya únicamente consignas, sino canciones. "Bajad las armas / venid a cantar", entonan ante agentes que, por primera vez, parecen no saber cómo reaccionar ante una masa que les invita, mediante el arte, a la deserción. Este "cerco de amor" ha levantado una infraestructura de solidaridad silenciosa: mientras el discurso oficial de Washington predica la división, en las calles de las Ciudades Gemelas se practica un apoyo mutuo que cubre desde la comida hasta el refugio.
Lo confirman testimonios como el que estremeció al Senado de los EE. UU. allí, Marimar Martínez, superviviente de cinco disparos de la Border Patrol, convirtió su dolor en un mandato ético. Su frase ante la Cámara Alta —"El silencio ya no es una opción"— ha dejado de ser un lema individual para transformarse en una partitura colectiva.
Bajo ese impulso, lo que en redes sociales se conoce como Singing Resistance es ya un movimiento orgánico que resuena con fuerza en ciudades como Winnipeg o Denver. Esta expansión demuestra que la armonía no es un adorno estético, sino una forma de resiliencia política capaz de cruzar fronteras
En una era de individualismo extremo, estas voces unísonas nos ofrecen una clave que el análisis político suele olvidar: cuando el Estado elige vulnerar los derechos humanos, el pueblo no solo responde marchando. Responde proveyendo, cuidando y, sobre todo, cantando con una voz que ninguna bala podrá silenciar.
Frente a los hoteles donde se hospedan las patrullas fronterizas, miles de personas no lanzan ya únicamente consignas, sino canciones. "Bajad las armas / venid a cantar", entonan ante agentes que, por primera vez, parecen no saber cómo reaccionar ante una masa que les invita, mediante el arte, a la deserción. Este "cerco de amor" ha levantado una infraestructura de solidaridad silenciosa: mientras el discurso oficial de Washington predica la división, en las calles de las Ciudades Gemelas se practica un apoyo mutuo que cubre desde la comida hasta el refugio.
Lo confirman testimonios como el que estremeció al Senado de los EE. UU. allí, Marimar Martínez, superviviente de cinco disparos de la Border Patrol, convirtió su dolor en un mandato ético. Su frase ante la Cámara Alta —"El silencio ya no es una opción"— ha dejado de ser un lema individual para transformarse en una partitura colectiva.
Bajo ese impulso, lo que en redes sociales se conoce como Singing Resistance es ya un movimiento orgánico que resuena con fuerza en ciudades como Winnipeg o Denver. Esta expansión demuestra que la armonía no es un adorno estético, sino una forma de resiliencia política capaz de cruzar fronteras
En una era de individualismo extremo, estas voces unísonas nos ofrecen una clave que el análisis político suele olvidar: cuando el Estado elige vulnerar los derechos humanos, el pueblo no solo responde marchando. Responde proveyendo, cuidando y, sobre todo, cantando con una voz que ninguna bala podrá silenciar.
domingo, 1 de febrero de 2026
EXPLOTACIÓN LABORAL, INFANCIA Y PARQUES DE ATRACCIONES
Hace años trabajé en un centro educativo, donde el 90% del alumnado era migrante, aprendí geografía, nombres de platos típicos y costumbres de una docena de países, y aprendí también a escuchar la vida de los migrantes en nuestro país, con sus alegrías y sus penas.
Probablemente no hemos reflexionado lo suficiente, sobre cómo la explotación laboral (de migrantes y no migrantes), afecta a las familias, a la juventud, a la infancia... Padres muy cansados, física y psicológicamente, llegan muy tarde a casa. A las espaldas cargan el estrés, las prisas, las humillaciones... Y con ese estado emocional, y después de jornadas eternas, la vuelta a casa, y el encuentro con los hijos, demasiadas veces acaba en gritos, conflictos, e incluso violencia.
La culpa, suele venir después, Y después de la culpa, el intento de compensar. Donde hubo un exceso de gritos, que haya un exceso de fiesta, como no se tiene tiempo para jugar, preguntar, ni escuchar en el día a día, que haya al menos una ocasión súper especial, donde celebrar por todo lo alto... Parques de atracciones, grandes viajes, compras desorbitadas y caprichos una vez al año, conviven con la triste realidad de no podernos dar los buenos días cada mañana, acostarnos sin un beso muchas noches, y no poder pagar a tiempo las facturas de muchos meses.
Y mientras muchas familias repiten estos patrones, y muchos profes vemos claramente cómo no funcionan, ni unos ni otros, ni familias, ni profes, ni juntos ni por separado, hablamos de lo importante: de un sistema laboral que oprime, asfixia, genera violencia, rompe parejas, destroza familias, malogra la infancia...
Un sistema, que está encantado con que nuestra respuesta sean las “compensaciones”, las familias siguen rompiéndose, y el sistema sigue haciendo caja y se sigue haciendo fuerte.
Probablemente no hemos reflexionado lo suficiente, sobre cómo la explotación laboral (de migrantes y no migrantes), afecta a las familias, a la juventud, a la infancia... Padres muy cansados, física y psicológicamente, llegan muy tarde a casa. A las espaldas cargan el estrés, las prisas, las humillaciones... Y con ese estado emocional, y después de jornadas eternas, la vuelta a casa, y el encuentro con los hijos, demasiadas veces acaba en gritos, conflictos, e incluso violencia.
La culpa, suele venir después, Y después de la culpa, el intento de compensar. Donde hubo un exceso de gritos, que haya un exceso de fiesta, como no se tiene tiempo para jugar, preguntar, ni escuchar en el día a día, que haya al menos una ocasión súper especial, donde celebrar por todo lo alto... Parques de atracciones, grandes viajes, compras desorbitadas y caprichos una vez al año, conviven con la triste realidad de no podernos dar los buenos días cada mañana, acostarnos sin un beso muchas noches, y no poder pagar a tiempo las facturas de muchos meses.
Y mientras muchas familias repiten estos patrones, y muchos profes vemos claramente cómo no funcionan, ni unos ni otros, ni familias, ni profes, ni juntos ni por separado, hablamos de lo importante: de un sistema laboral que oprime, asfixia, genera violencia, rompe parejas, destroza familias, malogra la infancia...
Un sistema, que está encantado con que nuestra respuesta sean las “compensaciones”, las familias siguen rompiéndose, y el sistema sigue haciendo caja y se sigue haciendo fuerte.
Ahora más que nunca: SOLIDARIDAD
Nuria Sánchez Díaz de la Isla
jueves, 29 de enero de 2026
Medicalización, psiquiatrización y ecología - Jorge L. Tizón
En este video el psiquiatra y psicologo Jorge Tizón plantea qué es la psicopatología y las consecuencias de encuadrar como tal todo sufrimiento o malestar psíquico. También los recursos que se deberían poner en marcha, tanto los profesionales como la sociedad, previo a medicalizar un trastorno mental. Pone como ejemplo la ansiedad en los jóvenes. Se necesita una comprensión y una respuesta diferente de este malestar, también desde los propios jóvenes. Huye del paternalismo y profesionalismo, optando por la promoción de las fortalezas del paciente y de la sociedad.
No tiene redes sociales pero muchos otros compartimos sus experiencias. Es fácil encontrar sus aportaciones.
No solo es muy crítico sino muy propositivo.
Le persiguieron en tiempos de Franco. Y no está derrotado ni resentido.
Estamos preparando con ciencia y conciencia un encuentro en el que habrá tiempo de dialogo y colaboración.
Hemos organizado EN TORREMOCHA (Encuentro y Solidaridad) un curso para profesionales y legos sobre salud mental, con Jorge Tizón. Conoce el programa completo del curso y formas de inscripción en (aquí).
miércoles, 28 de enero de 2026
Accidentes en una sociedad consumista

Si algún día llegáramos a vivir una sociedad comunitaria, amable y libre también habría accidentes. Sí, claro que habría accidentes. ¿Más, menos o igual? Date un momento para pensarlo si estas leyendo este escrito… Me parece que habría menos. Y menos despilfarro. Y menos derroche. Y menos dinero. Y menos… Pero también habría más. Más eficacia en el trabajo (o sea más trabajo en sentido de las leyes físicas), también más descanso, más solidaridad, más alegría. No solo allá lejos en la infancia nuestros mejores momentos fueron hacer cualquier cosa con otros. Eso pasa en la adultez también. Alguien dijo “el trabajo de los niños es jugar, el juego de los mayores es trabajar”.
El capitalismo ha logrado envilecer muchas cosas y una de ellas ha sido someter a los niños al consumismo. Todavía me río cuando cuento que a un niño que entre todos los tíos (el primer sobrino) le compraron un peluche que no cabía por la puerta (y entró por la ventana de una casa de planta baja en un pueblo pequeño de Salamanca) se llevaron la sorpresa de que Rubén prefería la caja. La caja hizo de casa, de barco y de todo lo imaginable. Al peluche solo le faltó llorar.
En familia y amistad cualquier juego es divertido. Es el sistema el que ha inventado, promovido y logrado hacer creer a muchos que para sonreír hace falta pagar. Y ahí se ha disparatado el turismo. Estoy cansado de ver vagar aburridos a los turistas por Las Palmas de GC. He visto que Salamanca se ha convertido en un auténtico parque temático. Todo caras largas. Pero me acerco al Parque de Cemento (el nombre ya lo dice todo) o a la cancha deportiva del barrio de al lado y veo chicos y chicas alegres simplemente jugando. La infancia no necesita a sus padres para ir a museos y menos a campos de futbol a cientos de kilómetros. Hay vida, cultura y deporte mucho más cerca. Resulta que -por ejemplo- lo que más contamina la ciudad de Barcelona son los cruceros. El consumismo (y no el ser humano) es el que perjudica al medio ambiente.
¿Cómo es posible que puedan volar con descuento las familias (o no familias) que van de Las Palmas a Madrid al teatro, al futbol, a pasar el fin de semana? ¿De dónde viene esta obsesión por entender que moverse es descansar? Mi hipótesis es que es la recompensa por dejarse explotar el resto del tiempo. Sí, lo he visto, personas que llevan una vida laboral cargada de tensiones y explotación que creen que la solución de eso es una simple compensación: “A mi me gusta que me sirvan”. Pero eso no arregla realmente nada. Solo alimenta al monstruo. No somos partidarios de clausurar a nadie en su pueblo. Libertad total. Pero libertad real. No llamemos libertad al toque de corneta del capitalismo.
Una vez preguntaron a Juan Pablo II qué hacía en su tiempo libre y contestó que todo su tiempo es libre. Eso hace pensar. Luego me fui fijando en que a los grandes mandatarios en sus viajes a veces (otras veces no) les preparaban visitas turísticas. A Juan Pablo II nada.
Imagino la difícil tarea de consolar a los que perdieron a alguien en accidentes. Saber que la culpa la tiene el capitalismo o el ministerio de Fomento, o los que se enriquecieron con las obras no creo que sirva de consuelo. Imagino que los más difíciles de consolar son aquellos que emprendieron viaje por algo innecesario. Será duro para aquellos que hasta desaconsejaron tal viaje. De lo ocurrido no sirve de nada culpabilizarse pero una sociedad adulta sí debe reflexionar sobre si moverse responde a una necesidad real o a una necesidad inducida por los que hacen negocio.
Ahora más que nunca: VERDADERO SOCIALISMO
Eugenio A. Rodríguez Martín
martes, 27 de enero de 2026
lunes, 26 de enero de 2026
A VUELTAS CON EL TIEMPO
Muchos consideran que los mitos son un hecho del pasado de la humanidad, que no tienen cabida en estos “tiempos”, pero no es así pues los mitos son realidades actuales y no me refiero solo a figuras de gran trascendencia pública, porque el pensamiento mítico es una forma de conocimiento, de comunicación y de enfrentar esa realidad que llamamos “tiempo”.
A veces pregunto cuándo comienza el año y la respuesta común es el 1 de enero. También responden así los estudiantes, pero para ellos el año (curso) empieza en septiembre y finaliza en julio. Lo mismo sucede para los jugadores de deportes populares como el fútbol, baloncesto... mientras que para pilotos, atletas, tenistas... comienza en enero. Para los romanos el año comenzaba en marzo y finalizaba en febrero, de ahí que el séptimo, octavo, noveno y décimo mes sean septiembre, octubre, noviembre y diciembre. A los que eran quinto y sexto mes dos emperadores les cambiaron el nombre y le añadieron un día que quitaron al último mes, que quedó en 28, y así promovieron el llamado culto a la personalidad; se deduce que eran Julio César y Octavio Augusto. Para los judíos el año comienza en primavera con el mes de Nisán y el día 14 (luna llena) celebran la Pascua como vemos en el libro del Éxodo cap. 12, versículos 1 al 11.
Si le preguntamos por el comienzo del año a un musulmán devoto responderá que comienza con el mes de Muharram, que no tiene correspondencia exacta con ninguno de nuestros meses, pues su calendario consta de 12 meses lunares y, por tanto, su año dura unos 354 o 355 días (cada 33 años musulmanes se corresponde con 32 gregorianos). Así su famoso mes del Ramadán, el noveno, va rotando poco a poco por las diversas estaciones solares.
Hoy el mundo tiene en la base un calendario cristiano. El año empieza en el inicio del invierno y dura una vuelta completa de la tierra alrededor del sol, que son 365 días, 5 horas 48 minutos y 45,10 segundos. Por eso hay años bisiestos de 366 días. Es el calendario gregoriano (del Papa Gregorio XIII) que reformó el juliano (de Julio César) para adaptarlo al equinocio astronómico por llevar ya este un desfase de 10 días, según calculó la Universidad de Salamanca por petición papal. Del juliano jueves 4 de octubre de 1582 se pasó al gregoriano viernes 15 de octubre de 1582. Así Santa Teresa de Jesús murió el 4 de octubre y la enterraron el día siguiente, que fue el 15 del mismo mes y año.
El año, en vez de una vuelta completa alrededor del sol, podría ir de equinocio a equinocio o de solsticio a solsticio, de máxima cercanía a máxima cercanía o de máxima lejanía a máxima lejanía. Una vuelta completa alrededor del sol varía de los 88 días en Mercurio a los 60266 (165 años) en Neptuno... según lo que dura un día en la tierra, pero lo que dura una vuelta sobre sí mismo es diferente en cada planeta.
Hoy la vida de las sociedades está marcada por el reloj mecánico. Un invento de los monjes benedictinos en el siglo X para organizar el tiempo con la conciencia de que la vida es para Dios (Padre) y las personas (hermanos) según la máxima de Ora et Labora. De servir al Señor y a la comunidad, el artefacto fue degenerando para servir al capital con la máxima de time is money.... Es interesante leer lo que escribe sobre esto el estadounidense Jeremy Rifkin en el libro El sueño europeo (Paidós 2004. p. 139 a 149).
Al que cumple 30 años acostumbro decirle “bienvenido a la cuarta década de tu vida”. Este me responde que es la tercera la que comienza y hay que aclararle que la década de los 0 a los 10 años también la vivió. Si al que llega a los 60 le dices “bienvenido a la séptima década” es fácil que casi le dé un infarto.
Si me preguntan cuántos años tengo, respondo que lo no sé. Sí sé los que gasté, pero no los que me quedan y que seguiré gastando hasta que sea mi “paso”. Se gasta sin saber si ya están agotados como ilustra el libro más sabio, el evangelio. Tenemos el ejemplo del hombre que tuvo una gran cosecha y se le acabó la vida sin prepararse para rendir cuentas de ella (Lc. 12, 16-21). Los años que acostumbramos a decir que tenemos ya no existen, se gastaron, y de ellos solo podemos sacar enseñanzas y guardar recuerdos para no tropezar dos veces en la misma piedra.
Más que pasar los años, somos nosotros los que “pasamos” por la vida hacia el “paso” a la morada definitiva, en la que se nos hará y haremos la evaluación de si humanizamos o pusimos el corazón en las cosas materiales que ya no nos acompañarán. Volviendo al libro sabio: “Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?” (Lc. 9, 25).
Ahora más que nunca: libertad
Antón Negro
A veces pregunto cuándo comienza el año y la respuesta común es el 1 de enero. También responden así los estudiantes, pero para ellos el año (curso) empieza en septiembre y finaliza en julio. Lo mismo sucede para los jugadores de deportes populares como el fútbol, baloncesto... mientras que para pilotos, atletas, tenistas... comienza en enero. Para los romanos el año comenzaba en marzo y finalizaba en febrero, de ahí que el séptimo, octavo, noveno y décimo mes sean septiembre, octubre, noviembre y diciembre. A los que eran quinto y sexto mes dos emperadores les cambiaron el nombre y le añadieron un día que quitaron al último mes, que quedó en 28, y así promovieron el llamado culto a la personalidad; se deduce que eran Julio César y Octavio Augusto. Para los judíos el año comienza en primavera con el mes de Nisán y el día 14 (luna llena) celebran la Pascua como vemos en el libro del Éxodo cap. 12, versículos 1 al 11.
Si le preguntamos por el comienzo del año a un musulmán devoto responderá que comienza con el mes de Muharram, que no tiene correspondencia exacta con ninguno de nuestros meses, pues su calendario consta de 12 meses lunares y, por tanto, su año dura unos 354 o 355 días (cada 33 años musulmanes se corresponde con 32 gregorianos). Así su famoso mes del Ramadán, el noveno, va rotando poco a poco por las diversas estaciones solares.
Hoy el mundo tiene en la base un calendario cristiano. El año empieza en el inicio del invierno y dura una vuelta completa de la tierra alrededor del sol, que son 365 días, 5 horas 48 minutos y 45,10 segundos. Por eso hay años bisiestos de 366 días. Es el calendario gregoriano (del Papa Gregorio XIII) que reformó el juliano (de Julio César) para adaptarlo al equinocio astronómico por llevar ya este un desfase de 10 días, según calculó la Universidad de Salamanca por petición papal. Del juliano jueves 4 de octubre de 1582 se pasó al gregoriano viernes 15 de octubre de 1582. Así Santa Teresa de Jesús murió el 4 de octubre y la enterraron el día siguiente, que fue el 15 del mismo mes y año.
El año, en vez de una vuelta completa alrededor del sol, podría ir de equinocio a equinocio o de solsticio a solsticio, de máxima cercanía a máxima cercanía o de máxima lejanía a máxima lejanía. Una vuelta completa alrededor del sol varía de los 88 días en Mercurio a los 60266 (165 años) en Neptuno... según lo que dura un día en la tierra, pero lo que dura una vuelta sobre sí mismo es diferente en cada planeta.
Hoy la vida de las sociedades está marcada por el reloj mecánico. Un invento de los monjes benedictinos en el siglo X para organizar el tiempo con la conciencia de que la vida es para Dios (Padre) y las personas (hermanos) según la máxima de Ora et Labora. De servir al Señor y a la comunidad, el artefacto fue degenerando para servir al capital con la máxima de time is money.... Es interesante leer lo que escribe sobre esto el estadounidense Jeremy Rifkin en el libro El sueño europeo (Paidós 2004. p. 139 a 149).
Al que cumple 30 años acostumbro decirle “bienvenido a la cuarta década de tu vida”. Este me responde que es la tercera la que comienza y hay que aclararle que la década de los 0 a los 10 años también la vivió. Si al que llega a los 60 le dices “bienvenido a la séptima década” es fácil que casi le dé un infarto.
Si me preguntan cuántos años tengo, respondo que lo no sé. Sí sé los que gasté, pero no los que me quedan y que seguiré gastando hasta que sea mi “paso”. Se gasta sin saber si ya están agotados como ilustra el libro más sabio, el evangelio. Tenemos el ejemplo del hombre que tuvo una gran cosecha y se le acabó la vida sin prepararse para rendir cuentas de ella (Lc. 12, 16-21). Los años que acostumbramos a decir que tenemos ya no existen, se gastaron, y de ellos solo podemos sacar enseñanzas y guardar recuerdos para no tropezar dos veces en la misma piedra.
Más que pasar los años, somos nosotros los que “pasamos” por la vida hacia el “paso” a la morada definitiva, en la que se nos hará y haremos la evaluación de si humanizamos o pusimos el corazón en las cosas materiales que ya no nos acompañarán. Volviendo al libro sabio: “Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?” (Lc. 9, 25).
Ahora más que nunca: libertad
Antón Negro
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