miércoles, 21 de enero de 2026

El primer contrato también va por clases

Meritocracia: ¡porque yo lo valgo! 

Quim González Muntadas
https://elblogdequim.wordpress.com/2026/01/14/meritocracia-porque-yo-lo-valgo/
14 enero 2025

Cuánto agradezco a la innovación tecnológica que hoy me permite acceder y estudiar textos que durante buena parte de mi vida me resultaban inalcanzables por no conocer idiomas como el inglés, el alemán o el chino. Hoy, gracias a estas herramientas, puedo leer investigaciones que cuestionan —con datos y evidencias— algunos de los grandes dogmas ideológicos de nuestro tiempo. Entre ellos, el de la meritocracia, convertida en coartada moral de desigualdades que siguen teniendo un profundo origen de clase.

Porque resulta curioso —y políticamente muy significativo— observar cómo determinados jóvenes bien situados socialmente, los hijos e hijas de “papá”, se presentan como ejemplo de esfuerzo y superación personal, repartiendo consejos de autoayuda profesional desde la cómoda plataforma de sus ventajas iniciales. Bajo ese discurso del “si yo lo he conseguido, tú también puedes” o del “porque lo valgo”, se ocultan redes familiares, apoyos económicos, capital cultural y oportunidades que no están al alcance de la mayoría. Y así lo que es privilegio se presenta como mérito, y lo que es estructura social se disfraza de biografía individual.

Por eso me resulta tan valioso poder acceder —aunque sea en inglés— a estudios como Who Rides Out the Storm? The Immediate Post-College Transition and its Role in Socioeconomic Earnings Gaps. Un trabajo que ilumina un momento decisivo y casi invisibilizado en el debate público: la transición inmediata entre la universidad y el primer empleo. Ahí, precisamente ahí, es donde la retórica meritocrática se confronta con la realidad material de las desigualdades y donde las condiciones de origen siguen marcando, de manera silenciosa pero decisiva, el rumbo del futuro.

El estudio sigue las trayectorias de decenas de miles de graduados de un gran sistema público universitario urbano de Estados Unidos durante los cinco años posteriores a su titulación. No se basa en percepciones, opiniones o encuestas; se apoya en registros académicos, datos socioeconómicos y salarios reales. Y lo hace con una pregunta muy concreta: si dos jóvenes han estudiado la misma carrera, en la misma universidad y con resultados académicos similares, ¿por qué, cinco años después, sus salarios pueden ser tan diferentes?

Para responderla los autores controlan los factores que solemos asociar con el “mérito”: notas, institución, itinerario académico, rendimiento previo. Es decir, ponen en igualdad de condiciones aquello que el discurso meritocrático suele considerar decisivo. Y a partir de ahí dirigen la mirada a un punto del camino que raramente recibe atención: el primer empleo.

Ese primer empleo no se mide solo por el salario inicial. Importa si el graduado tenía un puesto asegurado al terminar la carrera, el tipo de empresa en la que entra, el nivel salarial medio de esa empresa, el ajuste del puesto con el campo de estudios y el grado de estabilidad o precariedad de la inserción laboral. Dicho de otro modo, importa desde qué peldaño entras en la escalera.

El resultado es tan contundente como políticamente incómodo: cinco años después de graduarse, los jóvenes de origen acomodado ganan como mínimo un 12 % más que los de origen humilde, aunque hayan estudiado lo mismo, en el mismo lugar y con las mismas notas. La desigualdad no se produce en el aula: aparece después, en ese pequeño pero crucial tramo que separa la universidad del primer contrato.

Y hay un dato especialmente revelador: cuando se introducen en el análisis las características del primer empleo, la parte de la brecha salarial que quedaba sin explicar se reduce en casi dos tercios. Es decir, una parte decisiva de la desigualdad futura no procede del talento o del esfuerzo individual, sino de la posición social desde la que cada joven inicia su vida laboral.

Ahí es donde la meritocracia deja de ser teoría moral y se convierte en ideología justificadora.

Quien cuenta con respaldo familiar puede rechazar ofertas malas, permitirse meses de búsqueda, hacer prácticas mal pagadas mientras acumula contactos, esperar la oportunidad adecuada. Ese tiempo no es un sacrificio: es una inversión sostenida por un colchón económico y afectivo.

Quien no dispone de ese margen acepta lo que primero aparece. Y lo que aparece pronto, demasiadas veces, es un empleo peor pagado, menos estable o escasamente relacionado con la formación recibida. No es falta de ambición ni de mérito, es una urgencia material. Hay alquileres, facturas, responsabilidades familiares,…., pendientes. La necesidad empuja y la elección se convierte en imposición.

El problema es que ese primer empleo no se queda en el presente: se convierte en trayectoria. Un salario inicial más bajo supone progresiones más lentas, menor capacidad para cambiar de sector, menos redes profesionales. La desventaja deja de ser coyuntural y se vuelve estructural. Y entonces el relato del “so quieres, puedes” se transforma en una forma elegante de culpabilizar a quien nunca pudo elegir.

Porque hoy, más que medir méritos, el primer empleo clasifica destinos. Podríamos decir que la universidad forma. Que el mercado laboral jerarquiza. Y que el origen social, silencioso pero eficaz, ordena esa jerarquía.

Reconocerlo no es despreciar el esfuerzo ni negar el mérito. Es sacarlos del vacío y rebajar la inflamación de tantos egos que se exhiben en las redes sociales presumiendo —con gesto autosuficiente— “por que lo valgo”.

El orgullo de limpiar culos

Diario de un sanitario/facebook

Hoy volvió a sonar, con esa media sonrisa de superioridad:
«En el fondo, lo que haces es limpiar culos para ganarte la vida».
No es la primera vez. Ni la décima.
Por eso lo digo fuerte y sin bajar la mirada:
SÍ. Limpio culos.
Corto uñas de los pies que parecen fósiles de otra era. Desenredo cabellos que guardan meses de olvido. Visto cuerpos que ya no obedecen. Ducho personas que llevan demasiado tiempo sin sentir el consuelo del agua tibia. Les doy de comer cucharada a cucharada cuando las manos les tiemblan tanto que la comida termina en la barbilla. Hago todo eso y otras cien cosas que no caben en un tuit.
Y lo hago por personas que siguen siendo personas, aunque su cuerpo ya no les deje serlo como antes.
Pero claro, seguid reduciendo doce horas de empatía, técnica, paciencia y cariño a solo «limpiar culos». Es fácil. Provoca una risita rápida y barata.
Estoy harta del desprecio que esconden esas palabras.
No todos valemos para todo.
Yo, por ejemplo, jamás podría pasarme la vida sentada frente a una pantalla haciendo que unos pocos acumulen millones mientras otros pierden el techo. No podría vender humo con una sonrisa perfecta ni mentir por un bonus de fin de año. Y sin embargo, esos trabajos suelen venir con sueldos altos y palmadas en la espalda.
El mío, en cambio, parece quedar en el último escalón solo porque a veces incluye el culo de un adulto mayor.
A los que les parece tan gracioso: de corazón espero que nunca necesitéis que alguien os limpie el vuestro.
Lo deseo de verdad.
Pero la vida no pregunta opinión.
Un día puede llegar un ictus, una caída, una enfermedad degenerativa, la vejez implacable… y de repente estaréis en esa cama, vulnerables, dependiendo de unas manos ajenas.
Y os lo prometo: cuando ese día llegue, una de nosotras estará ahí.
Os limpiaremos con cuidado, con respeto, con profesionalidad.
Os hablaremos con cariño, os haremos reír si podemos, os miraremos a los ojos y nunca, jamás, os haremos sentir menos.
Dejaremos la habitación oliendo a limpio y la dignidad intacta.
Así que, por favor, dejad de usar «limpiaculos» como burla o como insulto.
Porque el día que estéis ahí tumbados, con el corazón acelerado y el orgullo herido, rogando en silencio que os traten como seres humanos y no como un estorbo…
en ese preciso instante entenderéis quiénes son los héroes de verdad.
Con la cabeza alta, los guantes bien puestos y el corazón en su sitio,

Una auxiliar de enfermería orgullosa de limpiar culos y de devolver dignidad,
turno tras turno.

lunes, 19 de enero de 2026

Accidente y más que accidente

Inmersos en la tragedia no resulta fácil decir que este accidente es mucho más que un accidente. La palabra accidente nos suena a inevitable. Y “accidentes” anteriores y la experiencia habitual nos hace sospechar que es mucho más. Hoy se responsabiliza hasta el exceso a las personas de los “accidentes” personales. Los de salud por ejemplo. Que si no se cuidaba, que si se veía venir. Pero los accidentes colectivos, los accidentes que se originan en una suma de decenas de decisiones a veces se nos intenta hacer creer que fueron muy difícilmente evitables. El caso es que a los individuos se nos obliga a trámites muchas veces excesivos en las ITVs etc.

Cuando el trágico “accidente” de Spanair me sorprendió la portada del diario El Mundo apuntando a la crisis económica de la empresa como causante del “accidente”. Por entonces las compañías aéreas daban periódicos y al día siguiente Spanair dejo de dar el periódico El Mundo. Esas cosas no se perdonan. ¿Exageraba el periódico? No le pareció eso a buena parte de la ciudadanía. El periódico no negaba que concurrieran algunas circunstancias fatales, simplemente afirmaba el peso de los aspectos socioeconómicos en que estaba inmensa la compañía.

En este caso he visto en redes sociales que una doctora muy sensata ha publicado las noticias de prensa en que se venía advirtiendo de que esto podía ocurrir. Nos recuerda hoy Mónica Lalanda que en un post del 10 de septiembre del 25 dijo en X que “los maquinistas de los AVEs avisan de su preocupación: los trenes vibran y habría que disminuir la velocidad y los trenes pesan demasiado y hay un gran deterioro en las vías”. Recientemente respecto de la tragedia valenciana ha dicho Antonio Muñoz Molina: “No se dio la voz de alarma porque se acercaba un puente largo y no se quería perjudicar a la hostelería”.

El sistema económico capitalista alardea de eficaz pero no lo es. Lo que sí hace bien es responder a la demanda de los adinerados aunque sea de cosas superfluas porque no busca resolver necesidades sino hacer negocio. Cuando llegan los problemas los mismos partidarios de privatizar los beneficios son partidarios de socializar las pérdidas. Los incrementos en las cuentas de resultados de las empresas y de algunos particulares están en la raíz del deterioro de las infraestructuras. Parece razonable afirmar que tras la pandemia se ha dado un incremento de las comunicaciones de tal calibre que ha presionado todo.

Los responsables políticos y muchos otros actores sociales esto lo saben pero el extendido mantra de “no alarmar a la población” se convierte en la norma numero uno de todos. Algún día se vera el alto grado de paternalismo que hay en ello pero en estos momentos esto es difícilmente cuestionable.

Habrá quien piense que hablar hoy de esta manera y no limitarse al respeto por el dolor de las víctimas es una falta de sensibilidad. No lo creo. Quizá sea una forma de sensibilidad mayor, más consciente, más responsable. Decir esto no significa que no creamos que hay que analizar bien lo ocurrido. Todo lo contrario. Creemos que debe irse al fondo de la cuestión, sin dejar a un lado las estructuras económicas del mercado ni la responsabilidad del Estado y cada persona.

Ahora más que nunca: Verdad

Eugenio A. Rodríguez



miércoles, 14 de enero de 2026

ROSA LUXEMBURGO - ANIVERSARIO


El 15 de enero del año 1919, Rosa Luxemburgo fue arrastrada por las escaleras, pateada y golpeada en el estómago. Malherida, la metieron en un coche y, tras ser abatida a tiros, fue lanzada al canal Landwehr de Berlín. No había cumplido los 50 años.

Sus últimas palabras fueron: Yo fui, yo soy, yo seré!

domingo, 11 de enero de 2026

Alice Thornton




Alice Thornton fue arrestada por lanzar una piedra a través de una ventana del parlamento en 1913. Su demanda: votos por las mujeres. Su sentencia: seis meses. Su respuesta: huelga de hambre. La respuesta de la prisión: alimentación forzada tres veces al día. Las correas de cuero la sostuvieron a una silla. Los guardias abrieron su mandíbula con abrazaderas de metal. Un tubo de goma fue metido por su garganta en su estómago. Se vertió comida líquida a través. Alice vomitó sangre durante semanas.

Este tintipo fue sacado de contrabando por un guarda de prisión simpático que fue despedido tres días después. Alice está atada a la silla de alimentación, un tubo en la garganta, cuatro matronas sosteniéndola. Sus ojos muestran que nunca se rendirá. La alimentación forzada causó daño permanente en su esófago. Apenas podía tragarse comida sólida por el resto de su vida.
Alice fue liberada después de cuatro meses, pesando setenta y tres libras, incapaz de caminar. Ella estaba de vuelta arrojando piedras a edificios del gobierno en seis semanas. Arrestado de nuevo. Huelga de hambre otra vez. Alimentación forzada de nuevo. Este ciclo se repitió cinco veces entre 1913 y 1918. Cada vez destruía más de su cuerpo. Cada vez que ella regresaba a la pelea.
Las mujeres votaron en 1920. Alice vivió para emitir su primera votación, a los treinta y cinco años, se dirigió al centro de votación porque sus piernas nunca se recuperaron completamente. Murió en 1954, sesenta y nueve años. Su lápida dice: "Se tragó tubos para que sus hijas pudieran tragarse su orgullo y votar.

jueves, 8 de enero de 2026

¿Dónde estás? Carta de una madre a su hijo migrante.



CAMERÚN ¿DÓNDE ESTÁS? CARTA DE UNA MADRE A SU HIJO INMIGRANTE de la periodista camerunesa Josiane Kouagheu

¿Dónde estás tú, mi pequeño?

Me gustaría decirte buenos diás o buenas noches, pero cómo saber si es de día o de noche allá donde estés?

Pensaba que bromeabas cuando me decías que te irías lejos de esta miseria. Pensaba que bromeabas cuando decías que me ibas a comprar un coche cuando estuvieras en el país de los blancos. Y ahora hace un año y seis meses que te has ido. 548 días desde que tu sonrisa desapareció. Demasiado para mí.

Ayer supe por televisión que varios jóvenes negros como tú, fuertes como tú, inteligentes como tú han muerto en Libia. ¿Estabas tú entre ellos? ¿Estás entre los otros? ¿Dónde estás, hijo mío? ¿Tienes frío? ¿Tienes hambre? ¿Dónde estás?. ¿Formas parte de la lista de jóvenes africanos que caen cada día al mar?

Una mañana te fuiste. Te fuiste. Pero ¿dónde? Rezo para que estés vivo en alguna parte. Pero ¿dónde exactamente? Tu padre y su familia me tratan de vieja loca y puede que tengan razón. Desde que te fuiste, no he vuelto a dormir. Sólo Si supiera dónde estás, podría dormir (…) Pero tu habitación está vacía. Incluso olvidaste el gorro que te regalé para protegerte de los demonios cuando tenías 17 años.

¿Dónde estás? Desde hace 548 días sueño que estás delante de mí. Que me dices, como siempre: “Mamá, la Universidad es una mierda”. Siempre te negaste a explicarme que quiere decir “mierda”. Pero me da igual. Quiero que vuelvas a decírmelo otra vez. Tú pensabas que yo no tenía ganas de encontrar un futuro mejor.

Pero yo me levantaba cada día antes de que cantaran los gallos. Iba al mercado a vender nueces de kola. Pero los beneficios servían solo para comprar comida y pagar la universidad. Veía tu rabia en medio de esta pobreza cada día, a tu vuelta. Leía la pena en tus ojos, tan claros como el mundo.

¿Qué haces ahora, hijo mío? ¿Dónde estás? Te echo de menos, tú lo sabes. (…) Me dicen que te fuiste por el mar. Quisiste retar a la muerte para comprarme una gran casa, un bonito coche y llevarme a los grandes hospitales del mundo para sanar mi problema de estómago, que nunca ha probado un solo medicamento de ‘los blancos’.

Cada día, mi corazón se afloja un poco más. A veces, ya no late porque tú no estás aquí. NO sé si tienes frío, para calentarte. No sé si tienes calor, para darte aire. No sé si no he visto tu cuerpo en la televisión, en medio de los otros. A veces sueño que estás aquí, delante de mí. (..) Hoy me he mirado en el espejo. Mi piel está hecha de huesos. Mis cabellos están blancos. A veces me parezco a un demonio. ¿Dónde estás, hijo mío?

Traducción del blog Lumière du Cameroun, “una mirada indomable, sin mentiras y sin maquillaje sobre mi país”, de la periodista camerunesa Josiane Kouagheu.
Extracto publicado por Por Aurora M. Alcojor - 8 septiembre, 2014.

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