jueves, 23 de marzo de 2017

El colegio milagro que revoluciona la educación en España ( TERCERA PARTE)

Hace poco menos de una década, Raquel y Miquel iniciaron un curso de formación de un año con un asesor del Departamento de Educación de la Generalitat. Al finalizarlo supieron que el sistema con el que soñaban existía y tenía nombre: comunidad de aprendizaje. Están tan entusiasmados que se pisan al hablar. Se convierten en alumnos revoltosos e impacientes por contar lo que saben sobre este método de enseñanza.
«El secreto de los nórdicos es que los maestros trabajan como médicos. Es decir, leen estudios y revistas científicas», dice Miquel. «Mira, en educación se estila mucho el postureo», corta ella. «Pongo un sofá de Ikea, dejo que entren a clase a su ritmo y hala, ya soy innovador. No va de eso. Nosotros nos basamos en evidencias, no en ocurrencias». Miquel remata: «No quieres que tu dentista te saque una muela con un método de hace 30 años. Quieres lo más moderno y que esté avalado por la ciencia».
El jefe de estudios termina de recortar los misteriosos papelitos y me pide que le acompañe. «¡Bieeeen!», se oyen gritos de eureka. Cinco niñas de tercero están de pie alrededor del grupo de mesas, observando con fascinación el movimiento de una mariquita amarilla. La mariquita es un robot. «¿Cómo funciona?», pregunto. «Tenemos que decir las partes del sistema respiratorio por como entra el aire, y decirle a la mariquita que vaya», responde Jenifer. Sobre la mesa hay un tablero transparente fabricado por el equipo de profesores. Las cuadrículas pueden llenarse con cualquier cosa, como fichas con términos del sistema respiratorio. «¿Qué viene después de los pulmones?», pregunta Marta a su compañera Azra. «¡Los bronquios!», contesta ella. Azra mueve los dedos sobre el lomo de la mariquita y pulsa las coordenadas para que avance sobre las casillas: «Un, dos, tres, giro a la derecha, uno y dos», dice con un dedo sobre los labios. Cuando Azra aprieta OK, el robot se mueve lentamente hacia donde los bronquios, y si el cálculo es correcto,«¡bieeeeen!».
En este colegio se utilizan libros convencionales, pero también recursos digitales, objetos manipulables y debates. La mariquita me parece un insecto educativo fascinante. Consigue que los alumnos aprendan la lección de naturales, a calcular y programar, también practican la expresión oral y se estimulan mutuamente. Aunque hay liderazgos, todas las niñas se sienten parte del grupo.
El colegio Joaquim Ruyra será innovador, pero desde luego no es hippie según la acepción anárquica del término. Se parece más a un reloj suizo. De hecho, los papelitos que Miquel reparte entre los profesores son horarios de bolsillo. «Es mi sudoku. Cada semana hacemos un esfuerzo muy grande para gestionar los recursos humanos y ahorrar. Tenemos robots, pero porque fabricamos muchos materiales. ¡Nuestros ordenadores son donativos que llegaron desde Madrid!».

Por un error administrativo, el Joaquim Ruyra cuenta con cinco profesores menos de los que le tocarían. «Somos la única escuela del barrio que no está calificada como de máxima complejidad. Llevamos tres años quejándonos al Departament. Con esos refuerzos haríamos virguerías».
Durante la última evaluación externa de sexto de primaria que realiza la Generalitat, el porcentaje de estudiantes del Joaquim Ruyra con nivel alto sobrepasó con creces la media catalana. Según datos del Departament d'Ensenyament, un 55,2% de los alumnos este centro tienen un nivel alto de catalán, cuando la media de nivel alto en esta asignatura es del 25%. En lengua castellana, los alumnos con nivel alto del Ruyra llegan al 39,3% (la media es de 20,8%). En inglés, el 32,1% contra 24% y en matemáticas se alcanza un porcentaje prodigioso (un 58,7% contra un 30,6% de media).
Carme Ortoll, Directora General de Educación Infantil y Primaria de la Generalitat, dice que las comunidades de aprendizaje catalanas mantienen sus resultados académicos, y que algunas, como el Joaquim Ruyra, mejoran en algunas competencias: «En matemáticas es donde la mejora es más evidente».
Joaquim Prats, catedrático de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Universidad de Barcelona, opina que este centro es atípico: «Visito muchos colegios y para mí ha sido especialmente llamativo. Los resultados del Ruyra deberían ubicarse en el lado bajo de la tabla y se sitúan donde están los colegios de las familias bien de Barcelona».
Prats, que también es ex presidente del Consejo Superior de Evaluación del Sistema Educativo de Cataluña, cree que el Joaquim Ruyra refuta una teoría consolidada en el mundo educativo, a saber: en los resultados académicos de un niño pesa más la familia que la escuela. «No creo que un colegio pueda imitarse, pero sí creo que deberíamos aprender de éste», dice Prats. «Sobre todo los centros con dificultades donde los maestros ya se han resignado».
Más rarezas para mi lista: en este colegio adoran las inspecciones y los exámenes. «Puede parecer extraño, pero la evaluación es fundamental para nosotros», comenta Raquel. Aunque «no son disidentes» y ponen las notas que manda la Administración, también han instaurado una evaluación interna «que es la que los niños viven». Al parecer estos exámenes propios se viven como premios, porque es cuando los alumnos son evaluados individualmente. «Después de muchos grupos interactivos, toca medir los niveles de competencias. Uno debe de ser consciente de su propio proceso de aprendizaje».

martes, 21 de marzo de 2017

El colegio milagro que revoluciona la educación en España (SEGUNDA PARTE)

El alboroto que arma el grupo de Sadaf es considerable. Ella da pequeños toques en el culo a los estudiantes para que se sienten, pero es complicado. Los chavales están absorbidos por batallas de cálculo mental. Por parejas, y con una tableta electrónica como tablero, los estudiantes juegan a ver quién pulsa antes el resultado correcto de una operación matemática. La concentración es total, están en una burbuja. Al final de la partida, el ganador lo celebra y el perdedor mira el cronómetro y pide la revancha. A pesar del vocerío, en ningún momento el aula se descontrola: «Nadie se estresa porque saben que pasarán por todas las actividades», dice la directora. La actividad de matemáticas es un juego de mesa.
Javier, de pelo cano, hace de trilero en el grupo de al lado. Es padre de dos alumnos del colegio y viene desde que está en paro: «Vamos a complicarlo un poquito. Hay que asegurar que el camión rojo pueda salir». Javier orquesta un ejercicio de geometría espacial. Los alumnos deben conseguir que el camión rojo salga del parking moviendo otros coches de lugar. «Ahora tú, Jasmín», le dice una niña a otra. «Así, entre todos. ¡Sois unos cracks!». Javier se levanta y propone un choque de manos, y los estudiantes responden felices.
«Nosotros estamos sabiendo lo que pesa un boli», cuenta Mohamed, ajustándose las gafas al entrecejo. En su grupo tratan de adivinar el gramaje de varios objetos y luego lo comprueban con una balanza de las de pesos. Hace tres años que Mohamed viene a este colegio: «El profesor de mi anterior escuela no era bondadoso, nos ponía a mi amigo y a mí en dos esquinas de la clase y estábamos muy distanciados. Yo solo quería ayudarle porque es mi amigo».
Sin pretenderlo, Mohamed acaba de señalar una de las claves del Joaquim Ruyra: el aprendizaje dialógico. «Si no entiendes un ejercicio, ¿quién te lo va a explicar mejor?», me pregunta la directora. «¿El profesor, el libro, o un compañero? Siempre es mejor que te lo explique un igual. Por eso aquí funcionamos al revés: si hay silencio en clase es que algo va mal».
Hago recuento. En mi lista de particularidades están las puertas abiertas, la charla como método y un ambiente parecido al de un club de juegos de mesa, concentrado y relajado a partes iguales. Además, las paredes están llenas de chuletas, «referentes» que crean los alumnos y que les ayudan a retener trucos de decimales y acentos. Para Mohamed, esta escuela es como su casa: «Solo que en vez de hacer lo que yo quiero, tengo que hacer cosas que me piden. Y esas cosas son divertidas».
A última hora una escena insólita ingresa en la lista. Mientras la maestra de segundo se dirige a los alumnos, otro maestro irrumpe y pregunta a viva voz: «¿Cómo se dice luciérnaga en catalán?». «Cuca de llum», dice ella, «¡cuca de llum!», corean todos. «¡Uau! No lo sabía, muchas gracias».

Miquel, el jefe de estudios, aprovecha para comentar que «la clase magistral está obsoleta», y que lo que acabo de ver es otra estrategia del colegio. «Evidenciamos a propósito nuestro desconocimiento y la búsqueda de soluciones. Antes los profesores eran eruditos que leían más que el resto de la población. Quedaba muy mal hacerle según qué preguntas o demostrar desconocimiento. Ahora estamos en la sociedad de la información».
Miquel asegura que alguna vez ha sacado el móvil en clase para buscar algo, a modo de diccionario o de enciclopedia. «¿Por qué no?». Me quedo pensativa y anoto la siguiente ecuación: «No saber -> vergüenza -> no aprender. ¿Cuántas veces nos pasa?».
Hace una década que este colegio, construido en 1974, tenía que haberse tirado abajo. La crisis provocó la suspensión del nuevo proyecto arquitectónico y el viejo edificio sigue entre la vía, los Bloques Florida y los coches patrulla de los Mossos, que casi forman parte del paisaje del barrio. Los bloques son viviendas sociales levantadas durante el franquismo. Hasta el cambio de siglo, estuvieron habitadas mayoritariamente por familias gitanas.
«En el año 2000 teníamos 15 chavales de origen extranjero; en 2016 el porcentaje se invirtió y ahora tenemos 15 nacionales, uno o dos por clase», dice Raquel. Pero el cambio demográfico no fue el detonante de la transformación del centro, sino la movilidad de los alumnos. «Si haces una foto al principio de curso y al final, no parece la misma clase. Tenemos una movilidad del 40%. A esto lo llaman escuela autobús, los alumnos entran y salen».
Los desahucios, los cambios de domicilio y el retorno al país de origen son los motivos más habituales. «Muchas familias vuelven porque aquí les va mal», cuenta Miquel mientras recorta unos papeles diminutos en la sala de profesores. «Es lo que tenemos y con eso trabajamos», zanja la directora con un optimismo marcial, sorbiendo un vaso de agua. «Buscamos la excelencia, la buena convivencia y la integración. Las quejas, fuera». Luis, tutor de sexto, comenta: «Tengo amigos policías que me dicen que este colegio es un oasis. La Florida es uno de los barrios más conflictivos de Barcelona».

domingo, 19 de marzo de 2017

El colegio milagro que revoluciona la educación en España (PRIMERA PARTE)

Nada más entrar en clase ocurre algo insólito: nada. El aula de quinto de primaria está abarrotada pero nadie me presta la más mínima atención. Doy algunos pasos entre las mesas, me asomo al centro de un grupo de alumnos, pero ninguno levanta la vista. Me ven, pero me ignoran. En mis tiempos, y en otros colegios, cualquier persona, animal o cosa que se manifieste en la puerta de un aula se convierte de forma instantánea en la mejor escapatoria.
Hace tres meses un nuevo milagro atrae peregrinos a uno de los barrios más pobres del área metropolitana de Barcelona. Curiosos, estudiantes de magisterio, académicos y comitivas institucionales se desplazan semanalmente hasta La Florida, en L'Hospitalet de Llobregat, para visitar el prodigioso colegio Joaquim Ruyra. Yo soy uno de esos peregrinos.
Todo empezó cuando se hicieron públicos algunos de los resultados de las pruebas de competencias básicas que realiza la Generalitat. Los datos revelaron que el nivel académico de los alumnos de primaria de este centro público está muy por encima de la media. En algunas materias supera incluso el de los colegios privados de más prestigio de Cataluña. Lo llamaron «milagro educativo».
«El 92% de nuestros alumnos son de origen extranjero y más del 95% reciben una beca de comedor. Se supone que estos resultados no salen de un barrio como éste. Se supone», dice risueño Miquel Charneco, el jefe de estudios. «Todo el mundo nos pregunta lo mismo», continúa Raquel García, la directora del centro, «que cómo lo hacemos y que dónde está el truco. Nosotros les decimos que no hay truco, sólo la medida justa de azúcar, y les invitamos a verlo».
Durante tres días observaré de cerca este colegio. Elaboraré una lista de particularidades, una especie de recetario o cuaderno de rarezas, según se mire.


En primer lugar, todas las aulas tienen las puertas abiertas y desde el pasillo se oye un runrún de voces. Antes de cruzar el umbral de la clase de quinto veo un niño sikh con el moño tradicional en la frente, una niña negra altísima y un chaval con cenefas en el cuero cabelludo. De repente me asalta una timidez infantil. Una clase, o lo que muchos entendemos por ella, es uno de los espacios más solemnes a los que uno puede enfrentarse. Sin importar la edad, siempre revive el miedo a ser observado, evaluado.
Los alumnos de quinto curso están divididos en cuatro grupos. Deben realizar cuatro actividades distintas de 20 minutos de duración. Éste es el tiempo que, según el equipo directivo, son capaces de mantener una concentración óptima. De modo que la clase de matemáticas durará dos horas. Cada equipo realizará cuatro actividades relacionadas con la asignatura. Los grupos interactivos, así se llama este sistema, es como funcionan aproximadamente el 60% de las horas lectivas en el Joaquim Ruyra.
Como herramientas de apoyo están el cronómetro digital colgado en la pared y cuatro adultos, uno en cada conjunto de mesas. «Hoy tenemos dos voluntarios, un lujo», apunta Raquel, la directora. «Siempre garantizamos que haya al menos dos adultos por clase, el tutor y un maestro de apoyo, luego jugamos con los voluntarios».
Esta es una de las pocas rebeliones formales del centro: los maestros de educación especial y del aula de acogida se integran en la clase ordinaria. «Al segregar a los alumnos la autoestima bajaba en picado», dice Raquel. «Es como una escuela de idiomas en la que tus compañeros no saben nada y no quieres hablar con tu profesor. Les dábamos un cuaderno especial que terminaba sirviendo de excusa cuando algo les parecía difícil: '¡Profe, es que soy del aula de acogida!'».
Sadaf es madre voluntaria, procede de Pakistán y hace 17 años que vive en el barrio. Se pasea alrededor de su grupo con un sari perfumado, mirada exigente y los brazos cruzados. «En este colegio puedes saber qué hacen los niños en clase. ¿Cuántos padres lo saben realmente?». Madre y tía de varios alumnos del Joaquim Ruyra, viene cada semana. «A otras familias de mi país les gusta que venga, y a mí también».

martes, 28 de febrero de 2017

Nada de móvil para menores de 12 años, y sin whatsapp hasta los 16: la Policía explica los peligros

Antes de los 12, sin móvil; antes de los 16, sin whatsapp "Si le das a un menor un coche con catorce años, sin carnet de conducir, sin acompañarle, está claro que no quedará ileso. Ahora a los niños de menos de 14 años le estamos dando terminales de última generación para que vayan a 200 por las redes sin que tengan idea. Dicen: 'es que el niño es el que sabe'. No: el niño es el que más lo usa, pero no tiene ni idea", previene.

"Los especialistas dicen que con menos de doce años no se les debe dar un móvil, y menos con conexión a Internet. Whatsapp no se debe tener hasta los 16 años, lo dice la propia red Whatsapp, y eso casi nadie lo sabe".

Una opción para padres es que se habilite una función del móvil del chico que envíe copias de todos los mensajes de whatsapp a un correo que los padres revisan. Así se detecta a los abusones, predadores sexuales, etc... y quedan pruebas.



Instagram, Twitter... y los gurús de YouTube La inspectora tiene un hijo de 10 años y una hija de 14, y aprende mucho por ellos de cómo los niños y adolescentes viven su relación con el móvil. Hoy los niños no están ni en Facebook ni en Tuenti, sino en Instagram, en Twitter y en YouTube.

Advierte así: "Ojo con los youtubers. Hoy todos los niños de 11 años piden cascos en Navidad, para escuchar en el ordenador a un youtuber que es un auténtico gurú para él. Acabo de tener un debate con mi hija de 14 años sobre los toros que me ha dejado alucinada, y sus argumentos los ha sacado de un youtuber".

¿Por qué hay niñas con 10 años, con Instagram que se hacen selfies, cuelgan sus fotos en Instagram y que son localizables por geolocalización?, pregunta la inspectora. "A esa edad no son conscientes de que una vez publicas la foto pierdes el control sobre ella".

Cuidado con las fotos
La inspectora recuerda que "donde hay niños, van los pederastas", y buscan fotos, por ejemplo, de niños en la playa, "esas que comparten los papás".

Hay algunas señales que denotan que un niño o adolescente, con móvil o enganchado al ordenador, está siendo acosado. A partir de cierto momento no quieren ir a clase, muestran síntomas físicos -dolores de cabeza, de barriga-, muestran que ya no quieren entrar en un grupo de whatsapp en el que estaban continuamente... esas son señales para investigar.

 La inspectora asegura que a los 10 y 11 años, los niños que abusan pueden aprender bien a dejar de hacerlo, los policías se lo explican y ellos cambian. El problema viene cuando a los abusones no se les educa, se les deja hacer, y cometen el abuso digital contra otros a los 14 años, cuando ya hay serias responsabilidades penales.

Además, los policías, sólo con dar una charla en una clase de colegio en instituto, ya detectan la situación: "la niña que hace sexting se pone colorada, el malote te mira desafiante, la víctima busca tu apoyo..."

Lea también AQUÍ: Los Reyes de España dejan a sus hijas sin televisión, tablet ni internet entre semana, la ciencia les avala.

domingo, 5 de febrero de 2017

Clavijo ordenó en agosto a los gerentes de los hospitales públicos recortar 50 millones "sin importar dónde"

 


 Responsables de distintas áreas de salud de las Islas relatan las presiones de Clavijo para acometer ajustes, su desinterés por la calidad asistencial y su obsesión por el control presupuestario "sobre todas las cosas"

 "No tenía ningún interés en escucharnos, toda su preocupación era que nos ajustáramos al presupuesto. Nunca me habían tratado así en una reunión", asegura una EXGERENTe

jueves, 2 de febrero de 2017

Gobierno une la prostitución en Canarias al auge del turismo sexual

 FUENTE: meridianews.com/gobierno-une-la-prostitución-canarias-al-auge-del-turismo-sexual/
 
Gobierno de Canarias ha hecho suyo un informe encargado en 2016 por el Instituto de Igualdad a la Universidad de La Laguna, en la que se une la prostitución de jóvenes en las Islas al auge del turismo sexual en el Archipiélago.
El estudio, dirigido por Esther Torrado, se tramitó coincidiendo con la instrucción judicial del caso Las Lovas, un procedimiento que se sigue en Las Palmas y que mantiene en prisión a una persona y a 5 más como imputados por presuntos delitos de prostitución infantil. La Comunidad autónoma está personada como acusación en el caso del Juzgado de Instrucción Número 2.
El informe no hace alusión directa a Las Lovas, pero sí explica por qué en Canarias, con 600.000 personas bajo el umbral de la pobreza y con 300.000 demandantes de empleo, la prostitución se ha convertido en una alternativa financiera para jóvenes y familias con escasos recursos.
Según la Universidad de La Laguna, Canarias es víctima, entre otros factores, de su posición estratégica en el mapa. “Por su consideración de región ultraperiférica e intercontinental y por el aumento de las migraciones irregulares en esta última década, se ha convertido en uno de los lugares de destino del tráfico y trata de mujeres con fines de explotación sexual”.
El documento alerta, de forma contundente, del incremento de la prostitución vinculada al sector servicios. “El turismo de masas de sol y playa y los conflictos existentes en Oriente Medio, han convertido al Archipiélago en una zona de ocio y demanda prostitucional, con un aumento de ambas”.
La prostitución y la trata son fenómenos interconectados en Canarias en la actualidad y las mujeres reclutadas son o han sido víctimas de violencia machista por parte de sus parejas o exparejas, demandantes, proxenetas o algún familiar (padre o hermano)”, exclama la institución lagunero a petición del informe del Instituto Canario de Igualdad con el objetivo de conocer la realidad de esta forma de violencia de género y poder fijar estrategias y medidas de actuación a medio y largo plazo.
El primer informe de la investigación secuenció entrevistas en profundidad a mujeres de las siete islas en situación de prostitución o abandono, así como profesionales que intervienen directa o indirectamente en contextos prostitucionales. En la segunda fase del estudio, prevista para 2017, se abordará la percepción de la ciudadanía y, también, la de los demandantes de prostitución (hombres en su totalidad).
Redes de tráfico de personas, familia, paisanos, redes de amistad femeninas o ‘loverboys’ (proxenetas jóvenes que seducen a mujeres convirtiéndose en un falso novio para, posteriormente, explotarlas sexualmente), son las principales vías para reclutar a mujeres, indica el informe.
Menos en la calle, más en los pisos
En Canarias se observa una disminución de la prostitución en la calle, que aumenta en pisos y clubes, lo que supone “una mayor vulnerabilidad de las mujeres porque tanto la policía como las ONG tienen restringido el acceso a estos locales”.
El documento sobre la prostitución en Canarias fue presentado  en la reunión del Consejo Canario de Igualdad de Género, órgano de consulta del Instituto Canario de Igualdad y de participación de organizaciones de mujeres y hombres, entidades de iniciativa social y agentes sociales.
La nueva directora del Instituto de la Igualdad es Claudina Morales, ex presidenta de CC y exalcaldesa de La Oliva. La otra cartera del Gobierno con responsabilidad en la defensa de las mujeres, es la Dirección General de Protección a la Infancia y a la Familia, regida por Carmen Morales, de Lanzarote.

 

lunes, 30 de enero de 2017

INDUSTRIA FARMACEÚTICA: UN CRIMEN DE LESA HUMANIDAD

Aunque el 65 % de los europeos está a favor de que la investigación farmacéutica no esté controlada por las multinacionales, sino por organismos públicos, en la práctica, políticos de todos los colores defienden lo contrarIO (...).

  GRUPO TORTUGA.-

 
   Aunque el 65 % de los europeos está a favor de que la investigación farmacéutica no esté controlada por las multinacionales, sino por organismos públicos, en la práctica, políticos de todos los colores defienden lo contrario, lo que impide garantizar al acceso universal a los fármacos. Hay que partir de que un enfermo no es un consumidor tipo, sino una persona que necesita un fármaco por su enfermedad. Su necesidad no es una decisión consumista individual.
 
 
   Los casos de los medicamentos antineoplásicos y para la hepatitis C son los más sangrantes. Así, en Francia cada pastilla de Sovaldi cuesta 500 € (41.000 € el tratamiento de 12 semanas, cuando su producción no pasa de 110 €). ¿Por qué los políticos permiten esta situación en toda Europa?
 
 
    Senadores norteamericanos descubrieron un estudio interno de Gilead para conocer el “precio socialmente aceptable” que podría exigir por el Sovaldi. Gilead estudió concienzudamente la “capacidad máxima” de los estados para pagar”, es decir, hasta donde exprimir los presupuestos públicos sin romper la cuerda: entre 84.000 dólares en EEUU y entre 40.000-5000 € en Europa, lo que le ha permitido a Gilead encabezar a nivel mundial el ranking de los líderes de “Farmafia”, garantizando a sus accionistas unos márgenes de beneficios de entre el 30 y el 50 %
 
 
    La estrategia desplegada por Gilead es diabólica: primero pacta un precio ficticio para los países más ricos de Europa (el precio real es secreto) a los que ofrece descuentos (que tampoco son públicos). A continuación, partiendo de esos precios falsos, negocia con el resto de los países europeos (los más pobres) otro precio, a los que no aplican descuentos. De forma que esos medicamentos son mas caros en Bulgaria o Rumania que en Gran Bretaña, por ejemplo.
 
 
      Esto explica en parte la absoluta falta de interés a nivel de la Unión Europea para plantar cara a Gilead. Pero por otra parte, existe base legal para revocar la patente en toda Europa (o en España) y fabricar el genérico, pero solo se aplican las leyes que son beneficiosas para la industria, las beneficiosas para los pacientes solo existen sobre el papel. Fabricar el genérico seria “declarar la guerra a las farmacéuticas”, pero la U.E. y todos los partidos políticos, prefieren declararles la guerra a sus enfermos.
 
 
    Curiosamente, en 2016 Argelia ofreció el genérico a Francia a un precio 30 veces más barato, pero gracias a que los políticos europeos trabajan para garantizar los intereses de los accionistas de Gilead, manteniendo la patente hasta 2024 (tiempo suficiente para hacerse de oro), no es posible comprar dicho genérico a Argelia.
 
 
    Por otra parte, un grupo de 110 oncólogos franceses ha suscrito un manifiesto contra el alto precio de los medicamentos contra el cáncer, advirtiendo de que si esa dinámica sigue, la Seguridad Social puede desaparecer, o dar lugar a dolorosas medidas como las aplicadas en Gran Bretaña, donde a partir de un precio determinado, los fármacos no se financian públicamente, de forma que solo los ricos pueden pagarse de sus bolsillos los fármacos que han sido excluidos de la financiación pública.
 
 
   Todo esto ocurre porque los sistemas sanitarios estan enfocados para garantizar los intereses del complejo médico-industrial, no los intereses generales. Por ejemplo, en Francia, la enseñanza postuniversitaria médica ha sido abandonada por los poderes públicos y está financiada al 95 % por la industria. En España ocurre exactamente lo mismo. De esta forma las mutinacionales de “Farmafia” extienden sus tentáculos entre los profesionales.

VICTORIA judicial histórica contra el loby sionista en España

Jasiel Paris @jasielparis -SEGUNDA querella inadmitida a ACOM, tras la de Antonio Maestre. En este caso especialmente humillante: se la tumb...