jueves, 5 de marzo de 2015

El 11% de las personas pobres lo son pese a tener un trabajo

Más allá de los datos macroeconómicos que auguran que España crecerá en los próximos años, la realidad se abre paso: 12.866.431 de personas viven en riesgo de pobreza, es decir, el 27,3% de la población. La cifra no ha permanecido ajena a la crisis: desde 2009, la tasa de pobreza ha crecido en 2,6 puntos, esto es, 1.320.0216 personas más han caído en la exclusión.
Un dato muestra, además, que tener trabajo no garantiza una vida digna: el 11,7% de las personas pobres en España tienen un trabajo, como señala el informe 'El estado de la pobreza' elaborado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN). "Ha habido un aumento muy importante de la desigualdad", diagnostica su presidente, Carlos Susías.
Tal nivel de pobreza se mide con el indicador Arope, que tiene en cuenta tres variables. Una de ellas es la tasa de pobreza relativa, que ha bajado a niveles de 2009, al 20,4%. Este descenso no responde, sin embargo, a una disminución de la pobreza, sino a una bajada generalizada del nivel medio de ingresos, con los que se calculan cuál es el umbral de la pobreza. "Muchos han dejado de ser pobres estadísticamente sin haber aumentado su nivel de renta. Ahora, para ser considerado pobre, tienes que ser más pobre que antes", explica Susías.
Lo que sí ha aumentado es la pobreza aguda: las personas que sufren privación material severa son ahora el 6,2% de la población, cuando en 2009 representaban el 4,5%; es decir, han crecido un 38%. Un incremento aún mayor es el que ha experimentado el grupo de personas que no pueden alimentarse con carne, pescado o pollo al menos una vez cada dos días. Ahora representan el 3,5% de la población. Hace seis años eran el 2,1%.
El tercer componente del Arope también ha crecido. Se trata de los hogares donde hay baja intensidad en el empleo, es decir, con alta incidencia de paro o de trabajos y jornadas con sueldos escasos. Este indicador se ha doblado con creces desde 2009: entonces el 7,6% de la población (2.775.603 de personas) vivía en hogares con baja intensidad en el empleo, una cifra que ahora asciende al 15,7% (5.694.683). El informe relaciona esta incidencia con el aumento del paro y la jornada a tiempo parcial. 
Estos datos suponen, además, que el objetivo marcado por la estrategia Europa 20/20 se aleja: la meta era conseguir una reducción de la pobreza de 1,4 millones de personas en diez años. Con los datos actuales, España tendría que sacar de la exclusión a 2,7 millones de personas en seis años para cumplir con este compromiso.

El crecimiento no es suficiente

La afirmación que sostiene que la mejor política social es el crecimiento está en entredicho. El informe de EAPN subraya que el crecimiento o la reducción del PIB no implican necesariamente variaciones de la tasa de pobreza en un sentido u otro. Por ejemplo, Navarra, una de las comunidades más ricas de España, ha registrado un aumento de su tasa de pobreza Arope superior a la media nacional, de 4,1 puntos entre 2009 y 2013. Es, no obstante, el territorio con menos exclusión social.
"No se puede afirmar que el crecimiento del PIB hará que la pobreza se reduzca. Hay cierta relación, pero no es una relación directa, hacen falta otras medidas, como políticas redistributivas", dice el autor del informe, el sociólogo Juan Carlos Llano Ortiz. El presidente de EAPN insiste también en que hay políticas clave que sirven para redistribuir la riqueza, como las prestaciones universales por hijo a cargo.
En ese sentido, son los hogares donde hay niños dependientes los que registran las tasas de pobreza y los índices de privación material severa más altos. El 47,6% de los hogares donde hay un solo adulto y uno o más niños están en exclusión social y el 11,9% sufren privación severa. Les siguen en incidencia los hogares con dos adultos y uno o más niños y otro tipo de hogares con menores dependientes.

martes, 3 de marzo de 2015

Los expertos critican los deberes como una extensión de las tareas del colegio. SEGUNDA PARTE

La regla del diez
Cálculo de la Duke University
La Universidad de Duke (Carolina del Norte) estableció este baremo para los deberes: diez minutos más cada curso, empezando con diez minutos en primero (que sería infantil 5 años en España). Eso supondría dos horas y media diarias de estudio en bachillerato.

El objetivo de primaria: leer, escribir y cuentas

El mal funcionamiento de los deberes se enmarca según los expertos en una errónea metodología de todo el sistema educativo, con contenidos inabarcables que no permiten desarrollar un aprendizaje global, no rutinario y que esté en contacto con la actualidad. Porque, ¿qué debe aprender un niño de primaria? Francisco Chas da una respuesta breve, «leer, escribir, manejar las operaciones matemáticas básicas y conocer el entorno inmediato. No hay mucho más».
¿Es eso lo que consolidan los menores? No, ya que muchas veces se encuentran con currículos repetitivos, en los que en varios cursos se insiste en idénticos contenidos. «Se queremos que os nenos teñan unha aprendizaxe significativa hai que usar unha metodoloxía moi diferente da que se marca desde a Administración, e para usala hai que pasar do currículo oficial», apunta Carmen Rodríguez.
Lo cierto es que los especialistas educativos coinciden en que la metodología que se emplea en el aula debe cambiar, aunque haya honrosas excepciones, y la etapa de infantil es un ejemplo a imitar. Pero admiten que no es fácil, «hai xente que traballa moitísimo pero non ten o respaldo da Administración porque o sistema educativo non está preparado», explica Julio Trashorras. Si acaba de ocurrir un terremoto, ¿cómo no abordarlo en el aula? «Haberá que traballar sobre iso, porque a inmediatez da información xa é motivadora para os nenos», añade Rodríguez.
Padres y profesores coinciden en que las tareas que se mandan para casa deben ser adaptadas a cada alumno e incluso a cada entorno familiar. Y van más allá, esta individualidad debería aplicarse también en el aula, más aún en primaria. ¿Qué ocurre? Que el número de alumnos por aula y los contenidos oficiales encorsetan la forma de dirigir el aprendizaje. ¿El modelo ideal? Aprender divirtiéndose, ya que es en ese entorno cuando el niño asume mejor los conocimientos, «y estamos asociando escuela a obediencia, sumisión, carga y negatividad. Y eso es un problema», apunta Chas. La solución pasa por un cambio «imprescindible» en el que padres y profesores tienen responsabilidad.

Los padres deben saber qué hace el niño en el aula, no hacer sus deberes
«Os pais nos metemos demasiado no labor do profesorado», dice Xosé Ramón Franco. Pero los profesores agradecen esa comunicación, siempre que sea bien entendida, porque sostienen que el padre debe saber qué hace el niño en el aula. «Prefiro que os pais se metan; calquera crítica pódela tomar dun xeito construtivo ou non», explica Xulio. 

En donde tienen muy claro el rol del padre es en los deberes, y desde luego no ven coherente que el progenitor prácticamente haga los deberes a su hijo, ni la existencia misma de los grupos de Whatsapp para eso. «As tarefas debe poder resolvelas so o neno, se non é que están mal plantexadas». Y si no, apunta Rodríguez, para eso está el aula, «o que non saiba facer teno que resolver na escola, porque ademais alí están tanto o mestre como os compañeiros». Pero los padres sí pueden ejercer una labor de acompañamiento, fundamentalmente en los primeros años con juegos y lecturas, «pero respetando su espacio. No se puede empujar el agua del río, ya llegarán porque todos llegan a leer, pero nos obsesionamos con que tiene que ser cuando nosotros queramos», concluye Francisco Chas

Los expertos critican los deberes como una extensión de las tareas del colegio. PRIMERA PARTE

Abogan por crear el hábito de trabajo a través de la lectura diaria y pocos encargos complementarios de tipo muy práctico y activo, hechos a la medida de cada alumno.


La semana que se dedica a estudiar las unidades de longitud, los niños tienen que medir su habitación. Ese es un ejemplo de deberes perfectos: el alumno traslada lo aprendido en la teoría a la escala real, refuerza sus conocimientos, le resulta divertido y desafiante y mejora otras capacidades, como la espacial. Sin embargo, miles de gallegos de entre 6 y 12 años aprenden las unidades de longitud repitiendo una y otra vez ejercicios de transformación de metros a centímetros y de decámetros a kilómetros. «Mi hijo sabe que un metro son cien centímetros, pero no sabe si la mesa de comedor mide un metro o treinta». Así resumía Xosé Ramón Franco, padre del colegio de O Pino, el sentir de muchos progenitores que ven que sus hijos estudian demasiadas cosas para después olvidarlas.
Para hablar de deberes a cinco personas vinculadas con la educación, especialmente en primaria: el propio Xosé Ramón, como padre; Francisco Chas, profesor en el colegio Santo Domingo de A Coruña y de Didáctica en la USC, además de codirector del gabinete Aprendizaje Vital; María José Mansilla, presidenta de la confederación de ANPA de colegios católicos concertados en Galicia (Congapa); Julio Trashorras, profesor y miembro del sindicato ANPE; y Carmela Rodríguez, profesora en el CEIP Vite de Santiago.
La primera cuestión que se les planteó fue si están a favor de los deberes durante la primaria. La respuesta, aunque con matices, se resume en lo que dijo Carmela Rodríguez: «Como están agora, non, pero si se facemos uns matices». Es la misma línea que argumentó Xosé Ramón Franco, para quien «os deberes deberían servir para coller hábito máis que para seguir coas tarefas do colexio». La clave, explicaba Julio Trashorras, es exactamente esa, la del hábito: «É importante que fóra do ámbito puramente escolar haxa un traballo por adquirir uns hábitos e ir traballando nunha serie de valores que despois lles van a servir na súa vida futura».
Porque para estos expertos los deberes no son más que una extensión de la metodología en el aula. Rodríguez expone cómo es una clase tradicional: «Un mestre da unha explicación maxistral cun libro de texto, por máis que agora teñamos encerados dixitais, que veñen moitas veces a ser lo mesmo que o libro de texto; a continuación pon exercicios e, se non os rematan, para casa, o din que fagan máis na casa; e despois, chega o exame». Si las cosas son así, los deberes resultan frustrantes e inútiles.
Francisco Chas apunta que deben «estar ajustados a cada alumno y buscando un aprendizaje realmente útil para ese niño. Pero que los padres no se quejen de que de los cinco cuadernillos, quede uno sin hacer». Y es que Carmen Rodríguez cree que los padres, en general, prefieren deberes porque es algo «medible», y solo entenderían otras propuestas si cambia la metodología del aula y se les explica bien.
Esos deberes a la carta y tan buenos, ¿cómo serían para un niño de siete años, por ejemplo? Es una cuestión complicada, pero los expertos convocados por La Voz apuestan, en edades tan tempranas, por el juego y la lectura, pero no solo eso: también pueden hacer un puzle, inventarse un cuento o jugar a las cartas. En cuanto al juego, matizan que es mejor ir a la plaza que apuntarse a un equipo cuando todavía son tan pequeños.
Con los años, la propuesta de estos padres y profesores es que se aplique en la práctica lo aprendido en clase, como el ejemplo inicial: si se estudian las longitudes, se puede medir una habitación. Lo que parece claro es que los deberes los tienen que hacer solos, porque si necesitan ayuda, entonces deben hacerse en clase, donde el profesor está preparado para echarles una mano.
Tampoco se ven con buenos ojos la sucesión diaria y repetitiva de los ejercicios: hay que planificar tareas a medio plazo, para una semana, que pueden ser más complejas que si son de un día. Por ejemplo, escribir un guion de un corto para lengua que ponga en práctica lo aprendido en ortografía o gramática.
Si en primaria es una carga excesiva, en primero de secundaria la cosa se complica porque el estudiante tiene un profesor diferente para cada asignatura que pone deberes sin tener en cuenta al resto, y aunque los alumnos son mayores también necesitan tiempo para otras actividades, lúdicas y deportivas.



lunes, 23 de febrero de 2015

Un mantero de La Coruña detenido con deuvedés piratas gana a la SGAE en los juzgados

Un hombre de nacionalidad senegalesa fue sorprendido en agosto del 2007 en la calle Real vendiendo películas pirata. La policía lo detuvo y tanto la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) como la Asociación Española Fonográfica y Videográfica (Afyve) se presentaron como víctimas. Acudieron a la Justicia solicitando que el arrestado los indemnizase con 2.400 euros. La Fiscalía, por su parte, pidió que se le multase como autor de una falta contra la propiedad intelectual. Pues el juez no atendió las súplicas ni de uno ni de los otros. Solo las del arrestado, al que absolvió y le comunicó que no debe pagar ni un céntimo a los que se consideraban perjudicados. ¿Por qué? El titular del Juzgado de lo Penal número 3 lo explica así: «Son personas las que se dedican a la venta de productos ilegales en las calles que solo buscan una manera de ganarse la vida ante la imposibilidad de otros medios más adecuados. Así, la lucha no pasa por la aplicación del derecho penal, sino por aplicar las normas de orden público que impidan este tipo de ventas». Va más allá el juez al recordar en su sentencia que «solo las conductas más graves, como la reproducción en masa de la obra artística amparada por el Derecho, o su distribución en grandes cantidades pueden configurar el delito. La venta callejera es el último eslabón del comercio ilegal y no tiene entidad suficiente para justificar la actuación del derecho penal».
Jurisprudencia
Esta sentencia no es una entre un millón. La absolución de las personas detenidas vendiendo cedés o deuvedés piratas en la calle ha creado jurisprudencia y nadie que sea arrestado ahora por eso termina siendo condenado por un delito contra la propiedad industrial. Sí son castigados los que venden esa mercancía a los manteros, los que la distribuyen o las que realizan miles de copias en ordenadores.
En concreto, este senegalés de 35 años fue detenido sobre las diez de la noche del 20 de agosto del 2007 a la altura del número 36 de la calle Real. Dos agentes de la Policía Nacional lo sorprendieron con el género en el suelo. Sobre la manta y en una bolsa había un total de 170 deuvedés con películas.
Los cálculos que hace la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) como la Asociación Española Fonográfica y Videográfica (Afyve) son sencillos. Cuando ocurre algo así, calculan que el perjuicio causado a sus socios es de 20 euros por película pirateada. Así que se multiplicó esa cifra por el número de cedés y salió la cantidad de 2.400 euros, que es lo que el detenido debería entregarles, según entienden. Pero la Justicia no lo entiende así.
Marcas falsas
Con las prendas pasa lo mismo que con las películas o la música. Ya ha corrido la voz entre los manteros de que la Justicia los entiende, de que ya no les pasa nada por vender bolsos, gafas, pañuelos y cedés en las calles porque, según la jurisprudencia del Tribunal Supremo, no engañan a nadie, todo el mundo sabe que el género es de imitación y de peor calidad, que a las marcas no les supone perjuicio económico alguno y que la venta ambulante es lo único que les da de comer.

La venta de ropa falsificada es legal


Al igual que ocurre con los manteros, los dueños de puestos en algunos mercados (Santa Lucía) que se dedican a la venta de ropa falsificada tampoco salen condenados en los juicios. Los detienen y procesan por delitos contra la propiedad industrial y luego la Justicia los absuelve al entender que no engañan a nadie, que el que compra sabe que es falso.

VICTORIA judicial histórica contra el loby sionista en España

Jasiel Paris @jasielparis -SEGUNDA querella inadmitida a ACOM, tras la de Antonio Maestre. En este caso especialmente humillante: se la tumb...