viernes, 15 de agosto de 2014

LA MENTIRA DEL PADRE MIGUEL PAJARES

RAFAEL LATORRE
A primera hora de la mañana de ayer se hizo evidente que vivimos en un país con sensibilidad. No eran todavía las nueve cuando miles de ciudadanos habían publicitado cuánto les había conmovido aquel tontorrón Club de los Poetas Muertos del dicen que inolvidable profesor Keating.
El derroche de emociones fue tal que para cuando murió Miguel Pajares nos habíamos quedado sin existencias. Al misionero todavía hoy se le hurtan en las ediciones de papel de los periódicos los elogios fúnebres. Y eso que hay pocas mercancias periodísticas tan baratas.
Piensen en todas las buenas intenciones que conocemos de tantos compatriotas que militan en la bondad a jornada completa. Cuánto sabemos de todo lo que le preocupa a nuestra cohorte de bondadosos ontológicos la miseria y la desnutrición, los bombardeos sobre la franja de Gaza, el expolio de África, las penosas travesías en cayuco, los niños de las fábricas chinas de Nike y las plagas de langosta en Níger.
Y sin embargo hasta ahora desconocíamos, no ya los hechos, sino la mera existencia de un tipo como Pajares, que hace tan solo unos díasle escribía esto a su primo desde un hospital de Monrovia:
"Tenemos muchos problemas. Han fallecido dos personas y 13 se niegan a venir a trabajar, quieren quedarse en cuarentena. Yo he ido cada día y he saludado a todos, me meten miedo, la muerte ronda. Se sospecha de algún caso más de ébola. Esperamos resultados. Es penoso pero hay que estar. Lo comparo a la guerra, aunque esto es más peligroso. El enemigo en casa".
Piensen en todos los buenos propósitos que conocemos de, no sé,Llamazares, por ejemplo, al que el duelo por el cura le duróexactamente 53 caracteres antes de dedicarse a lo urgente, que es preguntarle al gobierno que para qué han servido al final tantas molestias.
Hoy lo hemos podido comprobar. Frente a la bondad ontológica de tantos, la de Pajares es una bondad provisional, que jamás será completa porque opera un atenuante. Aquellos a los que ayudó no son más que beneficios colaterales de la fe. No como aquella vez que todos pusimos el hashtag aquel contra Boko Haram, que aquello, si bien poco efectivo, sí que lo hicimos de corazón. Yo soy tan asquerosamente materialista que no entiendo estos debates. Y sospecho que a los necesitados a los que ayudó Pajares este tiki taka moral les importa una higa, porque la necesidad te hace resultadista.
Yo soy ateo. No agnóstico. Ateo. O sea, que estoy convencido de que los curas se pasan la vida creyendo en una mentira. Creo, además, que toda mentira es dañina. Y de sobremesa en sobremesa exhibo con arrogancia mi materialismo. Pero la coquetería me dura hasta el preciso instante en que me entero de que un misionero se ha dejado la vida en Liberia por limpiarle las pústulas a unos negros moribundos. Entonces me faltan huevos para seguir impartiendo lecciones morales. Principalmente por lo aplastante del argumento geográfico. Él estaba allí con su mentira y yo aquí con mi racionalismo.
Leo en twitter cosas estremecedoras. No es siquiera relevante. Si algo nos han hecho sentir las redes sociales desde su mismo nacimiento es nostalgia de aquel tiempo en que ignorábamos el reflujo ácido que irrigaba a algunos de nuestros vecinos. Aquellos días felices en que a uno no le hacían partícipe de las íntimas miserias. 

miércoles, 6 de agosto de 2014

La inteligencia es básicamente social, según un estudio

Científicos de la Universidad de Illinois (EE.UU.) han demostrado que la inteligencia es básicamente social, tanto en su aspecto emocional como en el cognitivo. Es decir, que se estructura alrededor de las relaciones sociales. Para ello han analizado el cerebro de veteranos de la Guerra del Vietnam, con diversas lesiones cerebrales, y han hallado relaciones entre las regiones implicadas. Por Carlos Gómez Abajo.

Mediante el estudio de las lesiones y las capacidades de los veteranos estadounidenses de la Guerra de Vietnam que sufrieron heridas penetrantes en la cabeza durante la guerra, los científicos están abordando - y empezando a responder- viejas preguntas acerca de cómo funciona el cerebro. 

Los investigadores, de la Universidad de Illinois (EE.UU.), han encontrado que las regiones del cerebro que contribuyen a un funcionamiento social óptimo también son vitales para la inteligencia general y para la inteligencia emocional. 

Este hallazgo refuerza la opinión de que la inteligencia general emerge del contexto emocional y social de la vida de cada uno. Los hallazgos aparecen en la revista Brain

"Estamos tratando de entender la naturaleza de la inteligencia general y en qué medida nuestras capacidades intelectuales se basan en las habilidades cognitivas sociales", explica Aron Barbey, de la Universidad de Illinois, profesor de neurociencia, de psicología, y de ciencia de la expresión y de la audición. Barbey condujo el estudio con un equipo internacional de colaboradores. 

Intelecto y contexto social 

Los estudios en psicología social indican que las funciones intelectuales humanas se originan en el contexto social de la vida cotidiana, explica Barbey en la nota de prensa de la universidad. 

"Dependemos en una etapa temprana de nuestro desarrollo de las relaciones sociales: los que nos aman se preocupan por nosotros cuando de otro modo estaríamos indefensos", señala. La interdependencia social continúa en la edad adulta y sigue siendo importante durante toda la vida, afirma Barbey. 

"Nuestros amigos y familiares nos avisan de cuando podríamos cometer malos errores y a veces nos rescatan cuando los hacemos", añade. "La idea es que la capacidad de establecer relaciones sociales y parade navegar por el mundo social no es secundaria a una capacidad cognitiva más general para la función intelectual, sino que puede ser a la inversa. La inteligencia puede originarse en el papel central de las relaciones en la vida humana y por lo tanto puede ser ligada a las capacidades sociales y emocionales ".
http://www.tendencias21.net/La-inteligencia-es-basicamente-social-segun-un-estudio_a36038.html

martes, 5 de agosto de 2014

Mamita, dame de comer

Maria Teresa Compte Grau
Érase una vez dos jóvenes mexicanas del municipio veracruzano de Guadalupe que un buen día por la mañana, al salir de casa a por pan y leche, escucharon al paso del tren que cruzaba su municipio a un hombre que les gritaba “mamita, dame de comer”. Han pasado diecinueve años desde entonces y las dos jóvenes, junto a su madre, otras dos hermanas y otras diez mujeres no han dejado ni un solo día de acudir a las vías para responder con frijoles, arroz, tortillas y agua al hambre con el que viajan cientos de emigrantes hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y también mexicanos a través de los 3.000 km que separan la frontera sur de México con la del Sur de los Estados Unidos de América. A bordo de La Bestia, que es como se conoce a ese tren que aminora su marcha al paso por el municipio de Guadalupe, hoy conocido como La Patrona, viajan hombres y mujeres que escapan de América Central. No son aventureros que sueñan con el descubrimiento de nuevos mundos, ni viajeros que gozan del contacto con culturas y gentes diferentes. Son emigrantes a los que la necesidad, la pobreza y la violencia expulsa de sus casas. Las Patronas les dan comida y al hacerlo, como ellas explican, colaboran con Dios. Es impresionante escuchar a esas mujeres recias, valientes y libres explicar que la obra que ellas hacen es de Dios. Ellas solo responden al Dios que las ha enamorado, haciendo lo que Él hacía: sanando enfermos, dando de comer, abrazando con cariño e intercediendo por los más débiles e indefensos. Así llevan 19 años. Durante este tiempo han asistido a enfermos, han curado llagas y sanado heridas. Han sido prudentes, pero jamás se han plegado a las leyes que injustamente prohíben la asistencia al emigrante. México es el corredor por el que transitan alrededor de 400.000 emigrantes al año de los que solo unos 150.000 llegan a Estados Unidos. Las cifras dicen que unos 20.000 migrantes perecen anualmente en México víctimas del narco, el tráfico de órganos o las conductas ilegales de las fuerzas policiales. Pero el mayor escándalo son las cifras que nos hablan de 57.000 niños centroamericanos y mexicanos que viajan solos escapando de la pobreza, la violencia y el narcotráfico. A estas alturas, negar que existen causas estructurales que motivan y explican la emigración forzosa solo puede ser necedad o mala voluntad. El Papa Francisco lo denunció en su primer viaje a Lampedusa y ha insistido en ello en los mensajes que ha hecho llegar a través del Secretario de Estado vaticano, Monseñor Parolin, a los asistentes al encuentro bilateral que sobre el tema migratorio han celebrado la Santa Sede y el Gobierno de México. Ha sido una pena que en el transcurso de esos días de reuniones, las organizaciones eclesiales y civiles que en México trabajan a favor de los emigrantes en Albergues y zonas fronterizas especialmente duras, no hayan sido invitadas. Este extremo, que no pasa desapercibido, sirve de acicate para arrojar luz sobre los distintos niveles en los que los católicos estamos llamados a comprometernos cuando la injusticia clama al cielo.
La complejidad del fenómeno migratorio exige medidas urgentes y efectivas en el plano internacional CiV 62. Ese ámbito, sin embargo, no exime, sino todo lo contrario, la adopción de programas, medidas y acciones en los niveles medios e inferiores en los que la Iglesia tiene deberes inexcusables. La Iglesia está llamada a cuidar la fragilidad. Las Patronas lo hacen en respuesta a esa voz que hace 19 años escucharon por primera vez procedente de un tren del que, ellas mismas lo confiesan, no sabían nada. Confieso que hace una semana que me hicieron el regalo de compartir una cena con ellas y sigo impresionada. Aunque creo que más aún me impresiona que estas mujeres que han estado en Oxford y en Roma hablando de su misión, no hayan conseguido que los mass media españoles les hayan dedicado ni siquiera un minuto. Será que los españoles no deseamos que nadie nos recuerde que en nuestra particular frontera son legión los que gritan “Mamita, dame de comer”.

domingo, 3 de agosto de 2014

Las que limpian los hoteles

Por Ernest Cañada, coordinador de Alba Sud
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El trabajo de las camareras de piso es esencial para el funcionamiento del sector turístico
. Pero es muy poco lo que los huéspedes de los hoteles saben de ellas. Como mucho se saludan al cruzarse en los pasillos. Tampoco el gran público es consciente de la dureza de su trabajo, y de que tras 20 ó 25 años de profesión es difícil encontrar a una de ellas que no padezca fuertes dolores, que no esté sometida a un estado de estrés grave o que no necesite medicarse a diario para poder aguantar su jornada laboral. Y sin embargo ésta es su vida cotidiana.
En el marco de la preparación de una campaña internacional sobre las condiciones laborales de las camareras de piso que impulsará la Rel-UITA visité recientementePlaya de PalmaMallorca, para entrevistarme con trabajadoras de este sector. Contacté con ellas a través de CCOO y UGT. Playa de Palma es uno de los principales destinos de sol y playa en el Mediterráneo. Los hoteles, que en temporada alta alojan a miles de turistas europeos, en especial alemanes, se suceden uno tras otro a lo largo de kilómetros. La concentración de trabajadores es también muy importante.

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En los relatos sobre su trabajo las camareras de piso se quejan sobre todo de la
carga de trabajo que soportan. Limpian de 18 a 24 habitaciones al día, aunque cuentan de hoteles donde el número es superior. También se ocupan de las zonas nobles, las áreas comunes que utilizan los huéspedes. Dolores Ayas, de 57 años, trabaja para una de las principales cadenas hoteleras de Baleares. Dice que “lo más duro es mover las camas de madera, que son muy pesadas. Cada día son 50 camas. Y los colchones también pesan un muerto, es horroroso. Hay días que no puedo con mi alma”. Otra trabajadora, Soledad Castro, que limpia 24 habitaciones al día, describe su trabajo como “agobiante”.
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No todas las habitaciones implican la misma dedicación: 
las salidas de los huéspedes obligan a hacer un trabajo más a fondo. Y como los turistas cada vez pasan menos días alojados se incrementa la frecuencia. “Cada día tenemos 4 ó 5 salidas, y eso no hay quien lo aguante”, dice Isabel Moreno, camarera de piso desde hace 22 años. Angelina Alfaro, con más de 30 años de profesión, detalla: “El tiempo está todo medido: 30 minutos por salida y 10 por habitación normal. Pero si un día tienes que hacer más de 4 salidas la teoría de la empresa ya no cuadra”.
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De hecho la 
intensidad con la que tienen que trabajar es otro de los problemas de las camareras de piso. Emilia Ortega explica que “el ritmo de trabajo es muy intenso, exagerado, vamos siempre a contrarreloj”. El tiempo que tienen para hacer la limpieza de las habitaciones es muy corto, aprovechando cuando sale el turista: “Tenemos 4 ó 5 horas para hacer 20 habitaciones”, explica Isabel Moreno. Con una plantilla más grande no sería necesario forzar tanto el ritmo de trabajo de las camareras, denuncia Pepi Lora: “Donde se necesitan 20 camareras ahora hay 14 ó 15”. Soledad Castro expresa también el estado de malestar que provocan estas condiciones: “Cuando en la mañana te dan la chuleta de trabajo, te das de cabeza contra la pared. Genera mucha frustración no poder hacer bien el trabajo que una tiene. Y eso provoca mucha tensión”.
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Así, la dureza del trabajo y las condiciones en las que se realiza tienen un fuerte
impacto en la salud de las trabajadoras. “Vamos sobrecargadas, llevamos un trabajo enorme, y el cuerpo te pasa factura”, reafirma Angelina Alfaro. Por una parte están las afectaciones derivadas de la repetición de unos mismos movimientos con cargas pesadas, que repercute en lesiones diversas en espalda, cervicales y brazos. Y por otro la situación de estrés y malestar psicológico.
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La consecuencia es que prácticamente todas 
las camareras acaban medicándose para poder sobrellevar el trabajo. “Estamos hechas polvo y trabajamos todos los días a fuerza de pastillas. Yo tomo pastillas para el reuma, anti-inflamatorios y también para el corazón, porque voy muy estresada”, así de contundente se manifiesta Dolores Ayas. Algo muy similar expresa Isabel Moreno: “Todas llevamos medicamentos. Yo el espidifrén para el dolor y otras pastillas para la ansiedad. Por la mañana me levanto y me tomo mis pastillitas. Es que el cuerpo te duele. Entonces te tomas las pastillas y así es como aguantas”. Este recurso a la medicalización también lo expresa María González, que tras 16 años como camarera relata que ya le han hecho dos operaciones en la zona lumbar y otra del túnel carpiano: “A mí los doctores me han dicho que soy adicta a los medicamentos, porque tengo que tomarlos por la mañana, al mediodía y por la noche, todos los días. Hasta parches de morfina me han puesto. A las 7 de la mañana ya me estoy tomando la pastilla porque me duele todo el cuerpo”.
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El problema de fondo tiene que ver con un modelo de gestión turística en el que se reducen cada vez más los costes laborales
. Así lo denuncia Dolores Ayas: “Cuando nosotras empezamos el trabajo era más leve. Pero ahora los ritmos han aumentado. Los empresarios cada vez quieren más. Se fijan un dinero que tienen que ganar al año y lo que esté por debajo de eso son pérdidas. Yo veo los hoteles llenos y ellos dicen que siempre hay pérdidas, y siempre quieren un poco más”.
El turismo responsable no puede ser un producto turístico más, empieza aquí, en lo más básico, en las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras del sector.
Nota: Los testimonios completos de las camareras de piso se están publicando en laWeb de la Rel-UITA.

VICTORIA judicial histórica contra el loby sionista en España

Jasiel Paris @jasielparis -SEGUNDA querella inadmitida a ACOM, tras la de Antonio Maestre. En este caso especialmente humillante: se la tumb...