domingo, 4 de mayo de 2025

GESTAR; Bien, Verdad, Belleza. Un libro de Ibone Olza

El libro del año (el mío, claro) es este: Gestar, de Ibone Olza  (Vergara 2024) . Es un ir brotando -flor a flor- las experiencias de manera magistral a través de palabras certeras a veces cálidas, a veces duras. Feminismo del bueno, radical. Se quiera gestar una nueva vida o una revolución social, Gestar es un libro sugerente. Seis capítulos bien equilibrados despliegan aspectos del Gestar.


El embarazo esté atravesado por el miedo que, lamentablemente, para las mujeres viene desde niñas porque el cuerpo, especialmente femenino, es un enemigo que hay que domesticar, mediante pequeñas y grandes cosas como la alimentación, la depilación y hasta la cirugía. Señala que es dramático que se viva el embarazo a veces como una enfermedad y en otras ocasiones como una circunstancia que no debe modificar la vida laboral hasta el último minuto. El embarazo es un proceso delicado que debe cuidarse y disfrutarse. Los cambios son de tal calibre que se ha acuñado la palabra matrescencia pare evocar los cambios de la adolescencia.


Concebir es un acto esencialmente cooperativo. Los espermatozoides nadan en equipo. El óvulo parece que baila con ellos y elige uno. Habla la psiquiatra Ibone Olza del componente naturalmente placentero de la concepción: “Nos habríamos extinguido hace tiempo si la reproducción no fuera enormemente placentera”. Explica diferentes circunstancias en que las células se ayudan unas a otros. 


Gestar es una experiencia colosal..En esta etapa se da un mutuo enriquecimiento entre la madre y el bebé. Continúa la cooperación incluso intergeneracional: cuando una mujer está gestando en su vientre ya están ahí los óvulos de la que será madre muchos años después. Una parte de nuestras células ha estado el útero de nuestra abuela materna. La autora alude a otras culturas y observa que por otros lares no se menosprecia la placenta como entre nosotros. Propone honrar la placenta, que hasta tiene forma de árbol, está creada colaborativamente y nos pone sobre la pista de que debe cuidarse también el alumbramiento. 


Gestar para otros, problema ético y médico. La actual y polémica llamada reproducción asistida (tienen razón las que prefieren llamarla explotación reproductiva) tiene un problema ético. La mirada de la autora es claramente comprometida desde el punto de vista social y critica la paradoja de que a la edad en que sería mas lógico reproducir apenas se pueda por razones económicas y años después se proponga la eufemísticamente llamada reproducción asistida. Es espeluznante: a la mejor edad para reproducir no puedes por razones económicas pero puedes obtener un ingreso por donación de óvulos, y cuando económicamente puedes gestar tienes que explotar a otras porque biológicamente ya no puedes. Además de un problema ético es un problema médico porque no es bueno ni para el bebé ni para la madre. Ahora tenemos claro que lo mejor es planear vínculo y cuidar el vínculo. Para la criatura, su madre es la que lo gesta, no sabe de contratos. Quitar a esa criatura la experiencia de ser amado por la mujer que le gesta (¡las animan a no vincularse al bebé, a llevarlo "como una incubadora”!) tiene consecuencias graves. Con todo esta crítica no es una condena de las personas que entran en ello, más bien lo es de la estructura socioeconómica.


En el capítulo titulado Obstare critica la excesiva medicalización del proceso y las formas concretas de trato. No ve razonable la obsesión por el peso ni que haya que pesarse en consulta en vez de en casa. Muchas mujeres se sienten tratadas como “portadoras” de un “producto”. Ibone propone unas gafas violetas que permitan ver una forma de trato infantilizado que es injusto. La violencia obstétrica -explica- es algo estructural. Se amenaza con frecuencia desde la institución con tratamientos que científicamente son discutibles. Entre otras muchas formas de violencia alude también a algunos dichos cono “mujer legrada, mujer preñada”. No elude temas polémicos como la eugenesia que se esconde tras la desaparición de los niños con síndrome de down.


Procrear es una experiencia hermosa si no se interviene donde no se debe. Si se usa el sentido común, la experiencia histórica y la de otras culturas. Si se incorpora la mejor ciencia actual y no cae en las redes de intervenciones que pretendan hacer un negocio. “Somos mamíferas” -repite Ibone- y el proceso natural está bien diseñado. A veces es una experiencia que se complica por el estrés que puede generar la vida laboral o la medicalización. Ya se sabe que el estrés tiene consecuencias. Por contra en esta etapa la madre puede ser especialmente creativa en muchos sentidos. Plantea también cuestiones abiertas en estos momentos como qué grado de conciencia tienen los bebés. 


En este gran libro que une ciencia y experiencia la autora se inspira en muchos otros científicos pero sin resultar cargante. El texto resulta ágil y atractivo aunque se traslucen los conocimientos de gran nivel de que goza la autora. Uno de los más impactantes para el lector no experto es la explicación científica de la hipeméresis (los vómitos) y detalla cómo tiene una base hormonal y no tiene nada que ver que una deficiencia psicológica. 


En este momento histórico cuando hasta forma parte del título de un ministerio “el reto demográfico” es momento de plantearse unas cuestiones que afectan al futuro de la humanidad, al mejor desarrollo de los niños y al cuidado de todas las mujeres, de todas las madres, de sus parejas, de su vida laboral, de su vida política, de su salud, de su esperanza. Gestar una nueva vida, una acción pequeña o una revolución es una experiencia que es fuente de esperanza. No nos lo pueden robar.


Ahora más que nunca: Verdad en Salud


Eugenio A. Rodríguez.   [Aquí entrevista de radio con autora]

miércoles, 30 de abril de 2025

Cuando el cero absoluto no fue una metáfora


SPANISH REVOLUTION

Cuando las redes caen, la vulnerabilidad sistémica del modelo energético queda al desnudo.

El pasado 28 de abril de 2025, a las 12:32 horas, España y Portugal cayeron en el gran apagón que la clase dirigente aseguraba imposible. Millones de personas quedaron aisladas en calles, hospitales, hogares y redes de comunicación, arrastradas por un derrumbe eléctrico que destrozó cualquier promesa de estabilidad. La catástrofe fue provocada por una pérdida súbita de 15 gigavatios de generación eléctrica, equivalente al 60% de la producción total en ese momento, durante apenas cinco segundos, según reconoció Red Eléctrica de España (REE).

Este fenómeno devastador, conocido como cero absoluto en el sector energético, no es una elegante metáfora científica, sino una descripción literal: la ausencia total de tensión en toda la red eléctrica. No quedó más remedio que empezar de cero, subestación por subestación, planta por planta, región por región. La realidad de un sistema incapaz de sostener su propio peso sin caer estrepitosamente en cuestión de segundos.

Los grandes discursos que hasta hace pocos años proclamaban que España tenía “uno de los sistemas más seguros del mundo” han demostrado ser humo. Palabras como las de la exministra y actual presidenta de REE, Beatriz Corredor, que en 2021 calificaba de “imposible” un apagón masivo, suenan hoy como burla a millones de personas que encendieron velas para sobrevivir a un día sin electricidad.

La caída de los sistemas nucleares, declarados en prealerta de emergencia por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), reveló otra verdad incómoda: en tiempos de crisis real, las centrales de energía supuestamente “fiables” son incapaces de sostenerse solas.

CAOS, RESPONSABILIDADES Y LA FARSA DEL MERCADO ELÉCTRICO

La recuperación del servicio fue, como advertían las y los técnicos, gradual y precaria. El norte y el sur de la Península fueron los primeros en ver resucitar parte del suministro, gracias a las conexiones con Francia y Marruecos. Catalunya, Aragón, Euskadi, Navarra, Asturias y algunas zonas de Andalucía fueron las primeras en reconectarse al frágil sistema, tal y como reconoció REE en su informe actualizado.

Mientras tanto, Madrid, sumidero energético dependiente de las demás regiones, languidecía en la oscuridad. La dependencia energética madrileña, disfrazada habitualmente bajo relatos de “capital productiva”, quedó en evidencia ante todo el país.

La respuesta política no fue mejor que la técnica. Pedro Sánchez, en una declaración institucional, admitió a media tarde que no se descartaba ninguna hipótesis: accidente, fallo de generación renovable, sobrecarga o ciberataque. La improvisación como política de Estado.

Desde Bruselas, la comisaria de Energía, Teresa Ribera, negó tener datos que avalaran un sabotaje (El País), mientras el presidente de la Junta de Andalucía, Moreno Bonilla, agitaba el fantasma de un ataque informático sin pruebas que lo sostuvieran.

Más allá de las excusas, la realidad es que este cero absoluto expone la fragilidad sistémica del modelo de mercado eléctrico que enriquece a multinacionales mientras relega la seguridad energética a un segundo plano. Como denuncia la catedrática Mar Rubio en The Conversation, la desconexión brutal que dejó aislada a toda la Península debe acelerar las inversiones en interconexiones y almacenamiento. No para salvar beneficios privados, sino para proteger vidas humanas.

En paralelo, la concentración del suministro en pocas manos, como Endesa y sus 3,5 millones de clientes afectados, refuerza la necesidad urgente de un modelo energético público, descentralizado y resiliente, lejos de la lógica de lucro de las grandes eléctricas.

El 28 de abril no fue simplemente un apagón. Fue la certificación brutal de que quienes mandan no tienen control real sobre el mundo que han construido. Y de que cuando el mercado colapsa, es la gente quien paga la factura.

Antonio Turiel: "El apagón se ha debido a que se ha integrado mucha energía renovable sin unos sistemas de estabilización adecuados" CON NUEVO VÍDEO


Máximino Fernández Álvarez/Facebook

El experto en Energía del CSIC explica en Onda Vasca las causas del apagón, que pone de manifiesto "La vulnerabilidad de la integración desordenada y no planificada de un montón de sistemas renovables"

Tras el gran apagón vivido ayer, la gran pregunta hoy es por qué se produjo. Hoy en Onda Vasca con Txema Gutiérrez hemos buscado explicaciones con el físico, matemático y experto en Energía del CSIC Antonio Turiel, que ha sido muy claro: "El problema fundamental no es tanto la caída como la inestabilidad de la red, que este es un problema que llevamos explicando ya desde hace tiempo. La razón es que se ha integrado mucha energía renovable sin los preceptivos sistemas de estabilización que se tendrían que haber colocado y que además por normativa ahora es obligatorio colocar".

En el momento en el que se produjo el apagón, explica Turiel, "se estaba produciendo mucha energía fotovoltaica que, por sus características técnicas, reacciona mal a los cambios de demanda. El problema que hay con el sistema eléctrico es que tú tienes que ir siempre anticipándote a a los cambios de demanda y la fotovoltaica no es muy flexible en ese sentido, pero eso se compensa si pones una serie de aparatos que obviamente son caros y que sirven para estas veces, para que esto pueda funcionar así. Como no se ha hecho, en un momento dado, la mayor parte de la electricidad de España se estaba suministrando con fotovoltaica, que es un poco inflexible y no se supo adaptar y entonces, ¿qué pasó? Que empezaron a caer unos sistemas y se produjo una caída en cascada que, por cierto, tampoco tendría que producirse, porque cuando un sistema se sobrecarga, puede desconectar una subred para protegerse, para no quemarse, pero en vez de eso, lo que fue haciendo fue pasar el fardo de unas a otras y fueron cayendo todas en cascada porque no podían asumir eso".

POST DE URGENCIA DE ANTONIO TURIEL: (AQUÍ)

Nota redacción:
En 1897 así explicó E. Bellamy las crisis de sobreproducción (que, en parte, puede haber influido en este hecho) como crisis propias del capitalismo que alguien resumió diciendo "hay hambre porque hay demasiados alimentos".
Sobre Bellamy y aquel texto puede verse recomendable enlace  (aquí)Este es el vídeo que incluye ese enlace:

VIDEO DE ANTONIO TURIEL AÑADIDO AQUÍ EL 1 DE MAYO


martes, 29 de abril de 2025

Laura Martín López-Andrade: No hay más enfermedades mentales, sino más malestar psicosocial

Susana Regueira/Faro de Vigo

«Contradicciones en torno a la salud mental» fue el tema de la ponencia que expuso la psiquiatra e investigadora Laura Martín López-Andrade en la jornada inaugural de la Semana Galega de Filosofía.

¿Cual es la primera contradicción en salud mental?

La primera contradicción es que se habla mucho de salud mental pero en un sentido excesivamente reduccionista. El modelo médico ha acaparado todo lo que tiene que ver con el sufrimiento humano y ha transformado un poco nuestro trabajo en diagnosticar a la gente y prescribirle químicos o rectificaciones del comportamiento. Creemos que ha desaparecido la reflexión sobre el ser humano, sobre el qué te pasa. Y ahora solo aparece una pregunta que es qué tiene, alqo que no ayuda a la gente.

¿Cuál es en este escenario su propuesta?

Intentamos proponer desde muchos lugares de la sanidad pública una clínica que en lugar de estar basada en los síntomas esté basada en las necesidades y los derechos.

Porque un diagnóstico generalmente es solo poner nombre a hechos que suelen ser traumas. Hoy te echan del trabajo, te deja el marido, y el psiquiatra te dice que el problema es tuyo, individual, por un tema de tu cerebro o no sé qué de la serotonina

El diagnóstico es, queda un poco duro decirlo así pero lo puedo explicar, es una gran mentira. Es un ejercicio de poder porque el diagnóstico no está basado en ningún tipo de evidencia científica, es un consenso que se hace a través de expertos con conflicto de intereses con la industria farmacéutica. Y los diagnósticos realmente se agrupan en unos manuales que, insisto, están pagados por la industria farmacéutica y dan nombre a malestares subjetivos y completamente diversos. ¿Qué se intenta con el diagnóstico? Primero lo que tú has dicho, esencializar el problema, es decir, que sea totalmente esencialista, individual de la persona y que no tenga nada que ver con el contexto en el que está.

¿Está demostrado el origen biológico de las enfermedades mentales?

Desde que nace la psiquiatría en base a una supuesta hipótesis biológica nunca se ha comprobado ningún tipo de esa causalidad biológica, pero sí se sigue insistiendo en eso porque hay una hay una especie de necesidad de que la psiquiatría y todas las ciencias afines a ella estén dentro de la medicina, pero realmente no hay ningún motivo para introducirlo dentro de la medicina. Entonces, si nosotros ante una persona que sufre damos un diagnóstico y decimos que el problema lo tiene ella, digamos que ya no lanzamos esa pregunta a lo social, no podemos abrir preguntas ni sostener que a lo mejor esas preguntas tienen que ver también con nosotros como sociedad, sino que tienen solo que ver con el individuo. En el momento actual, en un sistema capitalista y en una sociedad neoliberal, conviene mucho que el problema sea único del individuo. Pero realmente tendríamos que abrir la reflexión hacia toda la sociedad.

¿Realmente hay esa epidemia de salud mental de la que se habla?

Ahora no hay más enfermedades mentales, sino que hay más malestar psicosocial. Y ese malestar tiene que ver con nosotros como individuos, pero por supuesto con nosotros como sociedad. Estamos en un congreso de filosofía y me parece muy interesante abordar estos temas aquí, deberíamos ayudar a la reflexión social y al cambio social, no cerrarlo, que es un poco lo que está lo que está haciendo desde los sectores digamos más mayoritarios.

Un porcentaje de niños con TDAH o un trastorno desafiante de la personalidad, adultos funcionales que son autistas, fóbicos sociales, que tienen ansiedad y depresión… ¿Tan mal estamos?

Hay un malestar, pero eso no quiere decir que estemos mal hechos. La reflexión sobre lo mal que estamos no tenemos que llevarla al cuerpo ni a un diagnóstico. El tema de los niños: que haya unos que se mueven más o que atienden menos, no quiere decir que tengan un trastorno de déficit de atención, sino que se están criando en contextos determinados, muchas veces muy abandonados, hiperestimulados, mucho menos atravesados por el lenguaje y mucho más por la imagen, digamos, menos en sociedad. Si nosotros no nos preguntamos por qué le pasa esto a la gente y solo por qué es lo que tiene, cerramos la pregunta, el interés y la posibilidad de cambiar las condiciones en las que se desarrolla ese malestar. Yo creo que los psiquiatras, las psicólogas clínicas, todo el conglomerado de profesionales de la salud mental, tendríamos que estar puestos a disposición de reconstruir una comunidad en la que estemos mejor. No cerrar esa posibilidad, que creo que es lo que estamos haciendo ahora diagnosticando y lanzando nuestro discurso a la sociedad, porque es verdad que el discurso médico de toda la salud mental lo ha absorbido la sociedad y es ella la que ahora te pide un diagnóstico, pero es por lo que nosotros estamos diciendo. Estamos diciendo que la gente está mal hecha y ella, claro, se lo ha creído.

Antes de la pandemia las enfermedades mentales eran un tabú y ahora da la sensación que la sobreexposición las banaliza

Porque hay un problema que tiene que ver con la identidad que tenemos como individuo y como sociedad. Cuando te pasa algo, sientes una dificultad para expresar lo que te está pasando, es mucho más sencillo desde el punto de vista subjetivo y desde el punto de vista antropológico darle una explicación en que ese algo está fuera. En el momento en que lo que me pasa es un diagnóstico, rompo ese tabú porque me aporta una identidad; el diagnóstico me da una identidad y entonces yo ya no soy responsable de eso, los responsables en todo caso es el terapeuta que me tiene que acompañar y mi cuerpo que realmente no funciona bien. Así te vuelves completamente irresponsable respecto a eso y en una sociedad en la que estamos un poco abocados a ir rápido y obligados a estar bien, eso encaja perfectamente. El marketing del modelo médico amparado por la industria farmacéutica es brutal y realmente encaja muy bien en el modelo social. Solo tenemos que ir viendo todos los cambios culturales que ha habido, esos cambios sociales son los que han ido provocando cambios en los diagnósticos psiquiátricos. Es decir, que no, que esto no son evidencias científicas ni son descubrimientos científicos.

sábado, 26 de abril de 2025

¿Prioriza la sanidad actual a los sanos o a los enfermos? - ENTREVISTA a Iona Heath

Manuela Contreras

Algunos aspectos destacables de una Entrevista a Iona Heath que conviene leer entera:

Necesitamos un mayor compromiso con la continuidad de la atención y priorizar a los enfermos por encima de los sanos. 

El contexto socioeconómico más amplio también es relevante, ya que la creciente concentración de la riqueza socava activamente la salud de quienes están en el lado perdedor.

La longitudinalidad de la atención se asocia con menor necesidad de servicios fuera de horario, de ingresos hospitalarios agudos y a disminución de la mortalidad.

Minna Johansson y sus colegas han señalado hasta qué punto la imposición de intervenciones preventivas para quienes están bien ha desviado la atención de las necesidades mucho más urgentes de quienes están enfermos y sufren. La atención primaria ha comenzado a asustar a los sanos y a descuidar a los enfermos.

Un número cada vez mayor de médicos tiene la sensación de que están haciendo poco más que promocionar medicamentos.

La Atención Primaria existe en la intersección de las verdades generales de la biología y de la sucesión de biografías individuales únicas. Y cuando los médicos pueden trabajar en este espacio y ajustar la atención y el tratamiento a la historia, el contexto, la esperanza y las aspiraciones particulares de cada paciente, entonces se sienten afortunados.

No puedo comentar la situación en España en relación con la eutanasia y la muerte asistida, ya que no tengo experiencia directa ni relevante. Me opongo a ambas en el Reino Unido porque las encuentro moralmente peligrosas y creo que es significativo que los discapacitados crónicos hayan hecho una campaña enérgica contra la legalización de tales medidas, porque pueden verse a sí mismos como objetivos de intervención, si no ahora, al menos en el futuro. 

Los seres humanos han sido seducidos por la eugenesia durante siglos.Para mí, el problema fundamental es que la medicina no sabe cuándo parar debido a ese miedo al fracaso, que lleva a un exceso de tratamientos que a menudo llega hasta el punto de la crueldad al final de la vida. La medicalización de la vida no se resuelve con la medicalización de la muerte.

La entrevista se puede DESCARGAR 

Se puede disponer de otros artículos de la autora

Muy interesante esta conferencia en Menorca
"Amor y muerte en tiempos de covid":

viernes, 25 de abril de 2025

El artículo vetado y su contexto - Debate sobre feminismos

Imagen de una manifestación que
no tiene relación directa con el artículo

Tras cinco años de colaboración semanal con el medio Público, este 21 de abril envié, como venía siendo habitual, una pieza de opinión para su publicación. No recibí entonces el habitual correo donde se me avisa de que había sido recibido. El día 22 por la mañana, al ver que el artículo no había sido publicado, mandé otro correo a la redacción, por si hubiera sido un despiste. Pasaron horas sin que nadie me dijera nada. Finalmente, la jefa de opinión me escribió un mensaje escueto donde me decía que había reenviado mi artículo al nuevo director de Público, Manuel Rico, para su «consideración».

Como otras veces, yo había adelantado de qué había escrito para mi columna semanal, por lo que mucha gente, al ser la sentencia de UK un tema de actualidad, preguntasteis enseguida por dicho artículo. Tuve que acabar contestando que, efectivamente, no solo no se había publicado sino que había esperado horas para recibir una respuesta donde seguía sin saber nada, solo sabía que el nuevo director lo estaba considerando. Al mediodía ya pregunté a la jefa de opinión lo siguiente: «Sigo a la espera. Nunca me ha pasado esto antes. ¿Puedo saber cuánto más se retrasará la publicación del artículo o cuándo sabré si es que ni se va a publicar? Van a dar las 12 y no sé ni por qué se está reteniendo».

Ese mail ya nunca se me respondió. Isabel, la abogada que me defendió en la persecución judicial y ya, mi amiga, con la que había comentado lo que me estaba pasando, envió un burofax pidiendo que me contestaran si iban o no a publicar mi artículo, porque de no ser así, yo quería publicarlo igualmente y es que por contrato, yo solo puedo entregar a Público piezas inéditas.

Decidí hacer pública esta situación en redes: por primera vez en mi vida se me retenía sin explicaciones una columna, por primera vez en mi vida se me dejaban de contestar los correos, por primera vez en mi vida, el medio para que el que escribo, decide sin decirme por qué tratarme como si no me conociera, como si no mereciera ni una explicación, ni una llamada, nada. A las 23.30 de la noche, este medio decide contestar al burofax a través del abogado del medio para decirme dos cosas:Mi artículo ha sido rechazado (sin explicación alguna sobre los motivos).
Petición para que borre los mensajes que he puesto en redes, que pueden leer aquí. Como verán, ni mi artículo ni mis comunicaciones han sido irrespetuosas o agresivas en modo alguna. Nunca he mantenido ninguna comunicación con ningún medio en el que haya trabajado de otra forma que con educación y respeto.

El motivo que me dan para que elimine es porque, supuestamente, he faltado a la buena fe contractual al dar por hecho que mi columna iba a publicarse. Teniendo en cuenta que es mi única experiencia durante los más de cinco años que llevo escribiendo para Público (ni una sola vez en este u otro medio me habían rechazado nada), creo que acusarme de mala fe por darlo por hecho es solo una excusa para finalmente echarme, porque evidentemente no voy a borrar ningún mensaje.

Lo que ha ocurrido de puertas para adentro en Público, no puedo saberlo, lo único que sé a ciencia cierta es que la jefa de opinión decidió retener mi artículo y enviárselo al nuevo director, Manuel Rico, para su «consideración» y que este nuevo director tardó un mínimo de 12 horas en «considerarlo», para finalmente censurarlo. Y solo sé que en todo este tiempo, este medio no ha sabido o querido ver que soy una trabajadora autónoma que necesitaba una comunicación, que necesitaba saber y entender qué estaba pasando.

Por eso, y porque lo que se está intentando silenciar no solo es un contenido sobre feminismo, sino también mi derecho a expresarme, publico aquí el artículo que Público ha decidido vetar:

Por qué la sentencia en UK es una victoria feminista

La sentencia del Tribunal Superior del Reino Unido ha supuesto una victoria incontestable para el feminismo y para todas aquellas que, a pesar de la hostilidad mediática e institucional y la violencia simbólica —y muchas veces física—, han sostenido con argumentos una lucha que, por desgracia, se está alargando lastimosamente.

Como cada vez que el feminismo gana una batalla en este frente concreto, las hogueras han ardido con virulencia, las feministas hemos sido atacadas y dibujadas como mujeres sin alma que solo buscan odiar al vulnerable. El transactivismo ha vuelto a construir en torno a nosotras un hombre de paja contra el que lanzar antorchas. No pocos artículos he leído estos días haciendo esto mismo: decir que no tenemos motivos (roncas estamos de repetirlos, ¿tan difícil es rebatirlos con otros argumentos en vez de repetir que no tenemos?), decir que solo nos invade el odio, que somos tránsfobas y ese es el motor que nos mueve.

Yo no caeré en lo mismo en este artículo, no me inventaré un hombre paja sobre el que arrojar más fuego. Solo intentaré explicar, una vez más, el porqué de nuestra lucha. Sé que entre todo el ruido y las antorchas, hay gente que quiere entender.

¿Por qué este fallo es una victoria para el feminismo?

Porque reconoce algo que el feminismo lleva siglos denunciando: que las mujeres existen como clase oprimida por su sexo, no por cómo se autoperciben, no por su identidad. La identidad no constituye quién eres, lo hace la realidad material y tu biología, no solo vale para el sexo, también para la etnia, la edad, la altura, etc. Es como naces, y no hay nada de malo en ello, en todo caso es la sociedad quien construye en torno a estos elementos inamovibles todo un discurso que hay que eliminar: que el sexo femenino no importa y no es importante estudiarlo ni en medicina, que las personas que no les tocó ser blancas no merecen lo mismo que las que sí, que cuando cumples 50 años más vale que te retires de la esfera pública (si eres mujer, claro) porque ya no eres deseable, etc.

El discurso feminista lleva unas décadas siendo atacado por una ideología neoliberal y capitalista, que cala en la sociedad como el agua, y lo hace de una forma perversa: a través de mensajes Mr. Wonderful pero con mucha carga política como, por ejemplo, este: “los derechos trans son derechos humanos”. Llamo “mensajes Mr. Wonderful” a aquellos mensajes simplificados, aparentemente positivos e irrefutables, que desactivan el pensamiento crítico. Son ideas envueltas en empatía superficial, que apelan a las emociones más básicas (bondad, aceptación, amor), pero ocultan o desvían el foco de las estructuras de poder que perpetúan la desigualdad. Funcionan como eslóganes que parecen justos o compasivos, pero terminan sirviendo al sistema que dicen combatir.

Con el archiconocido “Los derechos trans son derechos humanos”, por ejemplo, te están diciendo que o estás con las exigencias del transactivismo o eres un fascista. Da a entender que las feministas queremos arrebatar derechos a las personas trans. Y quienes usan estos eslóganes, no necesitan explicar nada más después de frases como esa, porque ese eslogan apela a emociones, y ya el solo hecho de hacer preguntas te pone en la diana, ya te cataloga como persona que no respeta los derechos más básicos del ser humano. También funcionan muy bien réplicas que hemos escuchado incluso de boca de gente con poderosos altavoces, como el exvicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias —en prime time, por cierto—, cosas como: «eso que dices tú también lo dice Vox, por tanto, tú eres como Vox». Es curioso esto, porque el fascismo en Italia ha prohibido los vientres de alquiler pero no hay nadie tachándonos de fascistas por quererlo prohibir también aquí. Se ve que el ataque de que las feministas somos de derechas vale solo algunas veces. No es nuevo, a las feministas siempre se las ha tachado de conservadoras por los varones que se dicen de izquierdas. Todavía hay testigos de esto: todas las feministas vivas de la segunda ola que lucharon contra la pornografía y fueron aplastadas por una mancha ingente de varones que alegaban que no eran verdaderas feministas, sino mujeres mojigatas y conservadoras que querían lo mismo que la Iglesia. Y la sociedad los creyó a ellos. Y las mujeres, en su mayoría, los creyeron a ellos. Hoy vemos, demasiado tarde, que ellas llevaban razón.

Ahora vuelve a pasar lo mismo de siempre. Las mujeres que pelean, especialmente si son grupos exclusivamente formados por mujeres, como es el caso de la victoria en UK, son tachadas de malignas, brujas, terfas… Hace solo una década, no había mucha gente digamos defendiendo que ser mujer no es algo que esté relacionado con la biología, o que ser mujer nada tiene que ver con nacer con el sexo olvidado por la medicina, o que no está vinculado con que te tocara en el sorteo genético que te parieran con el segundo sexo. Hoy en día, ese mensaje Mr. Wonderful aparentemente inocuo y buenrollista ha calado tan hondo que hay cantantes, actrices, cómicos y todo tipo de famosos repitiendo mensajes que, sin saberlo, apuntalan el sistema patriarcal. Incluso gente que nunca antes se ha pronunciado sobre feminismo más allá de felicitar el 8M estos días postea en sus redes sociales mensajes reaccionarios disfrazados de pacifismo, mensajes que desmovilizan la lucha feminista. Mensajes que bien pueden resumirse en el manido “vive y deja vivir” (hay quien lo ha dicho literalmente así). Mensajes no reflexionados, que simplemente repiten mantras y eslóganes vacíos de argumentos. No se molestan en rebatir el argumentario feminista que ha llevado a conseguir esta victoria porque no conocen dicho argumentario. Se han limitado a tragar el eslogan principal “los derechos trans son derechos humanos” y a creer que hay mujeres en escobas que desean que no disfruten de esos derechos humanos. Vive y deja vivir. Como si las mujeres que llevamos años dejándonos el pellejo en la lucha feminista lo hiciéramos porque no sabemos vivir y, por lo tanto, tampoco quisiéramos que los demás vivieran sus vidas. Como si fuera por el simple placer de fastidiar, por pura maldad.

Las leyes trans y los protocolos sanitarios para menores de edad empezaron a proliferar en países ricos, como ya sabemos, y pocos años después, esos mismos países empezaron, uno tras otro, a dar marcha atrás en sus decisiones. Decisiones muy rápidas y radicales, demasiado, sobre todo teniendo en cuenta que no había una masa social que estuviera presionando en las calles de esos países para que esas decisiones se tomaran. Las feministas sabemos cuánto cuesta conseguir leyes y protocolos que nos protejan. De hecho, seguimos sin conseguir puntos de la agenda feminista que son vitales para una democracia, y nuestras manifestaciones y reclamaciones caen en saco roto. (Por cierto, aquí tienen una lista de todos esos países que han tenido que dar marcha atrás, minuto cinco).

Esta sentencia es un balón de oxígeno para las compañeras británicas, que llevan unos años más que las españolas peleándose contra el entrismo del transactivismo. La justicia de UK ha frenado el intento de seguir desmantelando las protecciones legales conquistadas por el movimiento feminista para las niñas y mujeres. Es una victoria porque devuelve al plano político lo que se pretendía reducir a la autoafirmación individual. Y, sobre todo, es una victoria porque no ha sido regalada, como otras victorias que nunca son femeninas: ha sido conseguida con organización, con análisis riguroso, con argumentos, con agallas y con la resistencia de muchas mujeres que han sido insultadas, perseguidas, violentadas, despedidas y señaladas por defender lo más básico. El feminismo no celebra sentimientos: celebra avances materiales. Y esto lo es.

El otro día leí algo parecido a “Os alegráis porque os consideren coños andantes”. No creo que ni quien lo escribió se crea su propio mensaje, pero contestaré: nos alegramos de que se reconozca que las mujeres somos oprimidas por el hecho material de haber nacido con un sexo concreto porque vivimos en un sistema que oprime a ese sexo concreto. Desvincular nuestro sexo de nuestra opresión es hacer como si el patriarcado y toda su maquinaria violenta no existiera. Si haces como que no existe un sistema que oprime en base al sexo, todas las políticas que hagas no estarán bien orientadas, no funcionarán, no protegerán a las del segundo sexo. No puedes ignorar cómo opera el sistema en el que vives solo para satisfacer los deseos de otras personas, porque como bien avisaron aquí también están discriminando a las niñas y mujeres.

El feminismo no lucha para que se nos reconozca solo como biología, al revés, el feminismo lucha para que nuestra biología no sea un motivo de opresión y un permiso para explotarnos, violarnos, borrarnos y empobrecernos.

No es el útero lo que reivindicamos, es la realidad que ese útero —nos guste o no— significa en un régimen patriarcal. Y nos pelearemos siempre contra quienes busquen desvincular nuestro sexo de nuestra opresión y, por ende, de las políticas que hay que implementar para acabar con la discriminación y opresión y para protegernos mientras tanto.

Quienes aún intentan convertir el feminismo en una rama decorativa del mercado de la autoayuda deberían preguntarse por qué cada vez que las mujeres ganan algo real, lo hacen a contracorriente, sin aplausos, sin subvenciones, y con la certeza de que nadie las va a felicitar públicamente… más bien al revés: con odio a raudales, incluso de quienes nunca dicen ni mu.

¿Las personas trans quedan desprotegidas con esta sentencia?

Es rotundamente falso. Lo que dice el fallo es que las protecciones legales basadas en el sexo no pueden ser alteradas para incluir la identidad de género, es decir: que cuando una ley hable de “mujeres”, no puede interpretarse que se refiere también a alguien nacido varón pero autoidentificado como mujer. Esto no elimina ningún derecho de las personas trans: no les impide trabajar, acceder a la sanidad, a la educación, alquilar una vivienda o vivir como deseen. Solo pone límites a una apropiación jurídica que estaba perjudicando directamente a las niñas y mujeres en UK y que sigue haciéndolo en los países donde esta sentencia aún no ha llegado.

Quienes estén legítimamente preocupadas por las personas trans deben saber que éstas siguen estando protegidas por la legislación antidiscriminación del Reino Unido bajo la categoría de “identidad de género” o “transgénero”. Nadie las ha expulsado del amparo legal. Y debe saber también que lo que se ha conseguido es que se reafirmen los derechos conquistados por el feminismo, y quede patente que no pueden ser reescritos en detrimento de las de siempre. No se puede invadir una categoría legal construida sobre siglos de opresión material —el sexo— para acomodar una vivencia subjetiva que no comparte ni esa historia de opresión ni sus consecuencias materiales.

Si una mujer trans sufre violencia o discriminación, tiene derecho a denunciarlo y a estar protegida. Lo que no tiene es derecho a entrar en espacios creados para proteger a niñas y mujeres: protegerlas porque son violentadas precisamente por nacer con el sexo con el que nacieron. Y son violentadas sistemáticamente por el otro sexo. Muchos de esos espacios son refugios para víctimas de violencia machista y violencia sexual, donde por desgracia algunas volvieron a ser agredidas. También en cárceles hay presas que fueron violadas por varones autoidentificados como mujeres. Los espacios separados por sexo no fueron creados por transfobia, fueron creados porque el sexo masculino se cree con el derecho de poseer como si fueran cosas al sexo femenino. Y esto ocurre independientemente de cómo se identifique el del sexo masculino y de cómo se identifique su víctima. La socialización ocurre en torno al sexo, no en torno a lo que uno percibe que es. Estos espacios fueron creados para protegernos, y se han modificado para validar identidades, lo cual nos volvió a desproteger. Cuando el acceso se define por autoidentificación, la protección desaparece. Por eso esta sentencia vuelve a los orígenes: tener en cuenta nuestro sexo.

Entonces no, no se ha desprotegido a nadie. Lo que ha quedado protegido, por fin, es el significado político y jurídico de “mujer”. Y eso, en un sistema que nos viola, nos empobrece y nos asesina por haber nacido mujeres, importa, y mucho.

Este fallo no es producto del azar ni del “sentido común judicial”. Esta sentencia tiene nombres, apellidos, vidas y trayectorias concretas: la de las mujeres de For Women Scotland, que han llevado este caso hasta el final. Son ellas quienes han gastado años, dinero, energía y salud mental para enfrentarse a uno de los aparatos más potentes y bien financiados de los últimos tiempos: la maquinaria ideológica que pretende sustituir el análisis materialista del feminismo por una serie de mantras identitarios sin ninguna base material.

Han sido mujeres. Feministas. Progresistas. Que no contaban con campañas publicitarias o el apoyo de ningún poderoso lobby, pero sí un argumentario incontestable y un sentido de la justicia inquebrantable. Mujeres que sabían que si se borra la categoría «mujer», se borran nuestros derechos.

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Y Publico rescinde el contrato





Alice Hamilton (27 feb 1869-22 sep 1970)

La Casa del Saber/facebook “Los hombres solo beben demasiado.” “No se lavan las manos.” “Son enfermizos por naturaleza.” Era 1910. La indust...