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lunes, 10 de julio de 2017

Los medios esconden el trabajo esclavo de Zara en Brasil

Frecuentemente estamos acostumbrados a escuchar las bondades de Amancio Ortega: que si crea puestos de trabajo, que si dona dinero para reformar un hospital...

Sin embargo, el imperio de Inditex también guarda algunas miserias que acostumbramos a escuchar por parte de quien se supone que tiene la labor de informarnos. Junto a algunas acusaciones que hablan de ingenieria fiscal, durante la jornada del 31 de mayo saltó algo mucho más preocupante: un tribunal de Brasil había condenado a la compañía por mantener a sus trabajadores en condiciones de trabajo esclavo.
La empresa, de hecho, reconocía su culpablidad, y había decidido pagar una multa de 1,3 millones de euros tras pactar con la Fiscalía para que el caso no llegase a mayores. Al parecer, en 2011, un total de 15 trabajadores "fueron rescatados en condiciones degradantes" de una fábrica de la compañía. Les tenían ocultos y en unas condiciones inhumanas.
Los medios rápidamente recogían la noticia. Sin embargo, algunos usuarios de Twitter se percataban de que, al rato, algo cambiaba extrañamente...




La relación entre el Gran Poder y los medios de comunicación es una constante fuente de teorías de la conspiración y oscuros intereses ocultos. De modo que de vez en cuando, por lógica natural, surgen polémicas como la que ha dominado hoy Twitter: ¿ha sido multada Zara por trabajo esclavo en Brasil y han ocultado la noticia los medios de comunicación tratando de vender la historia como la "aportación" a trabajos sociales?
El origen de la polémica surge de los diversos titulares empleados por la agencia EFE a lo largo del día. Aunque ahora la mayor parte de ellos no existan, circulan capturas de pantallas de diversos medios de comunicación que comparan tanto la información original aportada por la agencia ("Zara deberá pagar 1,5 millones de dólares en Brasil por un caso de trabajo esclavo") con la actual ("Zara renueva y amplía acuerdo responsabilidad con Fiscalía de Trabajo Brasil").









martes, 20 de diciembre de 2016

La Ley de la Dependencia: el ejemplo más cruel del feminismo para ricas

La cordobesa Manoli Gutiérrez tiene 58 años y se levanta cada mañana para cumplir con una jornada laboral de cinco horas, con un sueldo de 540 euros al mes que no la saca de las estadísticas de la pobreza. De 9 a 10 de la mañana va a una casa a cuidar a un anciano. Lo levanta de la cama, lo asea, lo prepara, le da el desayuno y le suministra su dosis diaria de medicación. Una vez que el anciano está ya atendido, Manoli deja preparadas las cosas para luego, cuando vuelva a mediodía, tardar menos en preparar la comida.
Todo eso en una hora, aunque Manoli está entre 15 y 20 minutos más cada día en esa casa porque si no el abuelo se quedaría desatendido. Y ella, por encima de todo, siente un profundo cariño por sus usuarios. A las 10.20 horas, Manoli sale pitando de la primera casa para dirigirse a otra que está alejada y para la que tiene diez minutos de reloj para llegar. No llega a tiempo ni volando.
Rezando para que los semáforos le pillen en verde, llega con la lengua fuera, sudando y pensando que le van a reñir por llegar tarde. Pasado el trámite de entrada, Manoli comienza nuevamente la tarea a toda velocidad: limpia la casa, desde los baños hasta la sala de estar, elabora la comida y asea a la anciana, una señora en silla de ruedas considerada gran dependiente.
Ya son las 12.50 horas y Manoli mira el reloj. En pocos minutos tiene que volver a casa del primer usuario al que le ha dejado la comida medio preparada. Ahora tiene que terminarla y ayudarle a comer, dada su poca autonomía personal.
Son las 14 horas de un día cualquiera de Manoli. Ya ha terminado la jornada de la mañana, pero por la tarde tiene que volver a las 18 horas para, durante otra  hora más, volver a hacer tareas similiares a las que ha realizado por la mañana.  Un día entero para echar cinco horas, para ganar 540 euros al mes, 4,90 euros por hora, y para ser usuaria de Servicios Sociales incluso con un trabajo.
Manoli está divorciada, fruto de una relación de terror de violencia de género que la machacó en vida durante 30 años de su vida. Padece fibromialgia, una enfermedad paralizante muy relacionada con estados depresivos con la que le duele todo su cuerpo. Pero no puede darse de baja porque sabe que sería despedida fulminantemente de la empresa y con ello caer sobre las garras de exclusión más absoluta.
Con los 540 euros que gana, no tiene ni para pagar el alquiler de un piso. Y a su edad, ha tenido que volver a vivir con su madre después de huir de las garras de la violencia de género. Para colmo, fue sancionada un mes sin empleo y sueldo por denunciar en Servicios Sociales del Ayuntamiento de Córdoba que un usuario se masturbaba delante de ella, según una representante sindical de Cádiz. La amonestaron porque el contrato que rige la ayuda a domicilio entre el Ayuntamiento cordobés y Clece, la empresa de Florentino Pérez, existe una cláusula que prohíbe a las trabajadoras tener ningún tipo de contacto con la institución municipal, quien recibe de la Junta de Andalucía 13 euros por cada hora de ayuda a domicilio, de los cuales menos de cinco van para Manoli y ocho para Florentino Pérez. Un negocio redondo.
O lo que es lo mismo, en el caso de la gestión privatizada, el 60% del dinero público que la Junta de Andalucía dedicado a dependencia va a parar a empresas como las del multimillonario Florentino Pérez, mientras que las mujeres que prestan el servicio padecen ansiedad, estrés y unas condiciones laborales de semiesclavitud. Esta cuenta sale de los 13 euros la hora que la Administración autonómica destina al servicio, y los 4,90 euros que aseguran recibir las trabajadoras.
En Cádiz capital desarrolla su tarea Rosario, una mujer que fue amenazada con un arma por un usuario. O María, que haciendo la comida se encontró por la espalda un cuchillo sostenido por un enfermo de esquizofrenia que la quería matar. Ambas denunciaron los hechos a la empresa que se está forrando a costa de la Ley de la Dependencia, pero nada quisieron hacer para dar seguridad en el trabajo a estas dos trabajadoras.
En Almodóvar del Río (Córdoba) vive Juana, una mujer que, junto al resto de sus compañeras, raro es el mes que cobra a mes vencido. Últimamente ha estado cuatro meses sin cobrar: no le ha podido comprar el material escolar a sus hijos, le han cortado la luz, el agua, sus hijos han comido gracias a su familia y vecinos y el banco la llamaba día sí y día también para saber qué pasaba con la hipoteca. Juana cobra un sueldo digno y tiene jornadas laborales dignas, ya que el servicio en este pueblo es de gestión pública, pero sin embargo el problema radica en que la Junta de Andalucía no considera prioritario hacer la transferencia del dinero de manera regular para que estas mujeres puedan trabajar sin pensar que al salir tendrán que acudir a pedir alimentos a Cáritas.
Son sólo cuatro nombres de las casi 20.000 mujeres que solamente en Andalucía se dedican a prestar una ley aprobada hace 10 años por José Luis Rodríguez Zapatero y que estos días el PSOE de Susana Díaz intenta vender como un triunfo de sus políticas a favor de las mujeres, que han sido y son las grandes cuidadoras de las personas dependientes en España.
Sin embargo, este discurso falsamente a favor de las mujeres olvida que la Ley de la Dependencia ha recaído nuevamente sobre las mujeres, sobre las más pobres, que son quienes la prestan. Mujeres víctimas de violencia de género, madres que cuidan a sus hijos en soledad, mujeres que ingresan en casa el único sueldo después del despido de su pareja, mujeres sin formación y por tanto sin posibilidad de obtener un mejor empleo. Mujeres que se convierten en carne de cañón para la explotación de la que se nutren muchos trabajos de cuidados.
Existe la falsa creencia de que el feminismo no tiene que tener clase social, de que Patricia Botín, presidenta del Banco Santander, tiene las mismas necesidades que Manoli, que se levanta cada día con fibromialgia para ganar 540 euros por cuidar a personas dependientes. La Ley de la Dependencia es la viva muestra de que el feminismo tiene que tener clase y de que cuando se legisla en nombre del feminismo obviando a las mujeres pobres, privatizando servicios para enriquecimiento de las grandes multinacionales, se profundiza más en la desigualdad de género y en las condiciones de explotación que las mujeres sufren en el ámbito laboral.
Hoy en Jaén, Susana Díaz, en compañía del expresidente del Gobierno Rodríguez Zapatero, lanzará loas a una ley que se nutre de mujeres empobrecidas, explotadas, y con la que han salido ganando empresas como la de Florentino Pérez, que encuentran en este feminismo para ricas a su mejor aliado para seguir explotando a las mujeres y aumentar su infame tasa de beneficio, aunque eso sí, ahora bajo una falso eslogan de liberar a las mujeres (excepto a las mujeres pobres) de los cuidados de las personas dependientes. Si empobrece, no es feminismo. Y si empobreces, no eres feminista.

sábado, 20 de agosto de 2016

Una italiana muere por la fatiga recogiendo uvas a dos euros la hora

«Salía de casa a las dos de la madrugada, en San Giorgio Jonico (región de Apulia, en el sur de Italia) . Cogía el autobús y llegaba a las cinco y media a las viñas de Andria (distante a 170 kilómetros). En casa volvíamos a verla no antes de las tres de la tarde, en algunos días incluso a las seis. Ganaba 27 euros al día». Esta es la historia de Paola Clemente, 49 años y tres hijos,muerta de infarto por el calor y la fatiga en la viña. Su trabajo consistía exactamente en descartar las uvas más pequeñas, para que puedan crecer mejor y sean más bellos los racimos. Una historia prácticamente de esclavitud, contada por su marido, Stefano Arcur, quien reflexiona sobre el hecho de que su mujer dedicaba trece horas al trabajo al día, contando las tres horas del viaje, para ganar 27 euros, menos de dos euros por hora: «Poco. Pero para nosotros ese dinero era muy importante, absolutamente indispensable».
«Teniendo en cuenta cómo están las cosas en Italia, esos euros nos permitían salir adelante», manifiesta el marido. El caso, del que se han hecho eco los medios italianos, ha salido a la luz gracias a la intervención del sindicato agrícola de la CGIL. «Nos encontramos ante un terrible caso de abuso del caporal. Una historia en la que los trabajadores son obligados a dar parte de su compensación económica al caporal», manifiesta el sindicalista Peppino De Leonardis. Los contratos provinciales prevén un salario de 52 euros, pero los trabajadores perciben 27-30 euros por jornadas agotadoras. «Somos personas habituadas a trabajar y permanecer en silencio. Pero ahora, basta. Pido justicia para mi Paola. Nos casamos en 1987. Son 28 años de matrimonio. No existo sin ella», confiesa Stefano Arcur a «La Repubblica».

Explotadas y chantajeadas

La historia de Paola, cuyo dossier está ahora en la mesa de un equipo de abogados para hacerle justicia, no es un caso aislado de esclavitud. Según datos de la CIGIL, el sindicato mayoritario, solo en la región de Apulia hay unas cuarenta mil trabajadoras italianas gravemente explotadas, a las que habría que añadir otros miles en las regiones de Campania y Sicilia. Reciben pagas que no superan los 30 euros por 10 horas recogiendo uva de mesa o fresas. Se prefieren las italianas a las extranjeras porque son más fiables, más fáciles de chantajear y someterse a la voluntad de los caporales, que son los propietarios de los autobuses y a ellos se dirigen las mujeres para encontrar trabajo en el campo o en los almacenes donde se confecciona la fruta.
El caporal percibe del propietario de la finca agrícola unos 10 euros por cada mujer trabajadora. Para obligarlas al silencio, no es necesaria la violencia física. Es suficientes esta amenaza: «Mañana te quedas en tu casa». Al igual que la fallecida Paola Clemente, a las tres de la madrugada miles mujeres están ya en la calle, con su bolsa de plástico en la que llevan un bocadillo. Se concentran en plazas o gasolineras, esperando que los vehículos gran turismo o minibus del caporal las recoja y las lleve a los campos donde son explotadas y chantajeadas, a veces incluso con la petición de prestaciones sexuales. Cuenta «La Repubblica» que «los caporales eligen, sobre todo, a italianas incluso para los trabajos más duros,porque las mujeres se pueden someter más fácilmente».
Recuerda el diario que en el pasado, las extranjeras fueron protagonistas de protestas y denuncias. Por eso, los caporales no quieren extranjeros, comenta con amargura un trabajador: «El motivo es que ellos se rebelan y los italianos no: nos sentimos esclavos del tercer milenio, nos han quitado la dignidad».

miércoles, 6 de abril de 2016

Así viven las 'niñeras esclavas' de Irlanda

"Yo tenía 34 años y estaba en paro. Había estudiado un módulo de turismo y me había sacado el pasaporte marítimo a través del Inem para trabajar en cruceros, peronecesitaba un nivel de inglés importante, así que decidí irme a Irlanda. Siempre me había atraído el país: tenía la idea de que la gente era más cálida que en Inglaterra, me gustaban sus paisajes... Mi academia de inglés lo gestionó todo con la agencia irlandesa y yo pagué 400 euros. Llegué a Dublín en verano de 2014".
[Paula, nombre ficticio acordado con ella, habla acelerada. Su difícil aventura durante un año en Irlanda la ha convertido en la defensora de las au pairs extranjeras en ese país, a raíz del respaldo que le acaba de dar la Comisión de Relaciones Laborales, dependiente del Ministerio de Trabajo irlandés. En la isla hay 20.000 au pairs (el 98% mujeres, el 28% españolas y no siempre veinteañeras: el 15% tiene, como ella, entre 31 y 35 años) que son acogidas en familias locales para asistir a clases de inglés a cambio de echar una mano con los niños. Se supone que es un intercambio cultural. Pero las caras guarderías hacen que esta figura no regulada esté sirviendo para que los padres consigan al mismo tiempo una canguro y un ama de casa por muy poco. Varios estudios vienen denunciando su explotación laboral pura.
A las nanny slaves -así las llaman: niñeras esclavas-, en teoría sólo estudiantes, la televisión pública irlandesa les ha dedicado un programa de investigación y los principales periódicos, decenas de páginas. Hasta el Gobierno las apoya: «Tienen derecho a toda la protección de la legislación laboral», ha dicho el ministro Richard Bruton. El caso de Paula, que prefiere preservar su identidad por consejo de sus abogados, ha acaparado portadas en una decisión que la prensa irlandesa ha calificado de histórica. Aquí habla por primera vez]. «Me asignaron a una casa cerca de Galway, pero estaba lejos de todo, así que la agencia me buscó otra familia, pero la señora quería que me hiciera cargo de un bebé durante todo el día y que a las seis de la tarde tuviera lista la cena para toda la familia. Me negué. Entonces busqué una casa por mi cuenta».
«La encontré por internet, en un pueblo a las afueras de Dublín. El matrimonio era de ir mucho a la iglesia y tenía tres hijos, dos niñas de nueve y siete años y un niño de seis. En principio lo que tenía que hacer era levantar a los niños, darles el desayuno, prepararles el almuerzo y llevarles al colegio. Después tendría horas libres hasta las tres, cuando debía recogerles y en todo caso llevarles a alguna actividad extraescolar. Eso era todo».
[En Au Pair World, el principal portal del sector, 1.004 chicas españolas más otros 266 chicos) buscan una familia de acogida en Irlanda. A su vez, 541 familias irlandesasdemandan una au pair española. Las promesas suelen ser ésas: cuidar durante unas horas de los niños y colaborar, como uno más de la familia, en las tareas del hogar. No siempre es así].

Conforme pasaron los días me fue cayendo más trabajo encima. Cobraba 100 euros a la semana y trabajaba 10 horas al día.
No tenía ni tiempo ni dinero para estudiar; ni ganas. Era la madre y la criada de esa casa. Dejé de cenar, no podía más. Sólo quería meterme en la cama".
Acudí a la Citizens Office [oficina de ciudadanos] y prácticamente se rieron de mí: 'No llevas ni un año aquí', 'Esto es para trabajadores'... La gente se cree que es fácil, pero ¿a dónde te vas en un país extranjero, dónde duermes? (...) Hablé con un amigo y le conté mi problema. Los dos leímos una noticia de que un centro de inmigración había defendido el caso de dos au pairs brasileñas a las que incluso tenían retenidas en casa sin dejarlas salir. Era el Centro de Derechos de los Inmigrantes de Irlanda [MRCI]. Ellos me ayudaron mucho; me aconsejaron que saliera de la casa cuanto antes".
En navidades regresé a España y a la vuelta busqué una nueva casa.
Irlanda es uno de los pocos países de la UE que, a diferencia de España, no han firmado el Acuerdo Europeo de Colocación de Au Pairs, que fija un máximo de cinco horas diarias de dedicación y la garantía de que el estudiante podrá costearse las clases. Paula cobraba unos dos euros la hora; el salario mínimo en Irlanda alcanza los 9,15. Descontando la comida y el alojamiento, au pairs como ella deberían cobrar no 400 sino823 euros al mes, según coinciden varios expertos en la legislación laboral irlandesa, y trabajar bastante menos. La realidad es muy distinta: según una encuesta del citado MCRI, el 80% no tiene contrato, un tercio trabaja más de ocho horas al día y la mitad cobra menos de 120 euros a la semana].

"Hay muchas como yo"

Esto no ha hecho más que empezar. Hay muchas au pairs como yo o mucho peor". [El centro de inmigrantes que la auxilió asegura estar tramitando otros 40 casos como el suyo]
Sólo espero que esto sirva para que se regule el sector. Las agencias de au pairs saben perfectamente lo que ocurre y se callan, y las chicas quedan bien con la familia diciendo que todo ha sido estupendo y le pasan el marrón a otra. (...) Quiero que quede claro un mensaje y que las familias españolas lo sepan: cuando mandan a sus niñas deau pairs a Irlanda, en realidad las mandan como criadas sin derechos. Ahora mismo pueden explotarlas sin reglas. Es la selva. Una verdadera selva».

lunes, 25 de enero de 2016

"Ropa Limpia", un modelo de producción textil libre de trabajo esclavo

Dispuestos a multiplicar sus experiencias, más de 20 marcas que producen en talleres con condiciones dignas de trabajo y cuidando el medio ambiente conformaron "Ropa Limpia", una red para "desnaturalizar la explotación y fomentar la creación de un modelo productivo justo y sustentable para cada eslabón de la cadena de valor".






 "La mayoría de la ropa, el calzado y los accesorios que utilizamos está 'manchada' con la sangre de quienes la producen. Desde Ropa Limpia buscamos generar conciencia sobre esta problemática y tratar de cambiar esta realidad", indicó a Télam Tamara Rosenberg, de la cooperativa textil 20 de diciembre, la pata productiva de La Alameda, una organización referente de la temática.

Tras el incendio del 27 de abril en el taller textil de Flores en el que murieron dos niños (Rodrigo de 10 años y Rolando de 5) varias personas se comunicaron con La Alameda para informarse sobre la situación.

"Nosotros tenemos una vasta experiencia en denunciar talleres clandestinos, pero nos pasó que la gente nos preguntaba por la positiva, es decir, dónde podían comprar indumentaria que no tuvieran esta forma de producción esclava detrás", relató.

La primera idea fue armar un listado de las marcas que producían en la cooperativa, luego se incorporaron aquellas que lo hacían en otros talleres con condiciones dignas de trabajo hasta que surgió la iniciativa de hacer un desfile.

"El desfile se llevó a cabo en junio de 2015 en el Mercado de la Economía Solidaria de la calle Bonpland (en Palermo). Y fue muy exitoso, no sólo por la convocatoria, sino porque en la organización se conformó un colectivo con un objetivo: luchar por el trabajo digno", recordó Tamara.

Desde entonces, los hacedores de aquellas marcas del desfile (en su mayoría diseñadores independientes) junto a otros que se fueron sumando empezaron a juntarse una vez por mes para llevar adelante tareas en función a ese objetivo aglutinador.

"Por un lado está la visibilización de la problemática, contar lo que pasa en los talleres en donde se da explotación en diferentes niveles; por el otro mostrar que se puede producir distinto, asesorar a aquellos talleres que quieran hacer las cosas bien, acercar a los diseñadores a los talleres que producen dignamente, y también crear conciencia en los consumidores", resumió Tamara.

Verónica Virasoro , diseñadora y artista plástica, llegó a la Alameda en busca de información cuando todavía tenía una marca junto a otra socia.

"Mandábamos a coser y la persona que nos tomaba el trabajo no nos dejaba conocer los talleres, eso a mí me hacía un ruido terrible porque recordaba el incendio de la calle Luis Viale donde murieron seis personas y cómo se trabajaba en estos lugares y no quería esto para mi marca", relató la mujer.

Después de tres años, Verónica decidió emprender su propia marca -Vero Vira- y desde el nacimiento realizó la confección en la cooperativa 20 de diciembre.

"Las jornadas son de ocho horas, tienen vacaciones, aguinaldo, días por enfermedad de familiar, es decir, lo que establece la ley de contrato de trabajo, lo que debería ser normal, pero nos hemos acostumbrado a que no lo es, y esto es lo que hay que romper", sostuvo.

Para poder arrancar con su proyecto, Verónica utilizó el financiamiento colectivo, modalidad que todavía sostiene: "esto me permite producir lo justo, con un pequeño excedente para ir creciendo, pero sin tener que tirar material o liquidarlo".

Y añadió: "Por otro lado, yo utilizo telas muy buenas y esto también tiene un concepto que va en contra de la idea del consumo constante. Yo apunto a que mi ropa dure, sea cómoda y accesible, no algo descartable. Esta también es una manera de cuidar el medio ambiente", sostuvo.

Clara A es otra marca de Ropa Limpia que produce desde bolsos hasta agendas, pasando por regalos empresariales, remeras o souvenires.

"A mí no me importa qué fabrico, lo que me interesa es el sistema de producción, que la producción sea ética, poner por arriba valores sociales", aseguró por su parte Laura Mendez, creadora de Clara A.

Laura es diseñadora y en 2012 consiguió trabajo en la fábrica de una marca que realiza calzado para niñas y niños: "no era el taller clandestino que está en nuestro imaginario, pero las condiciones laborales eran de explotación", señaló.

Ambientes sin ventilación, maquinaria de riesgo ubicada en lugares inapropiadas, maltrato verbal, y jornadas que se extendían hasta que el patrón obtenía la producción que deseaba para ese día, fueron algunas de las situaciones que Laura veía cotidianamente.

"En quince días renuncié. Desde entonces trabajo free lance y lo que busco es que toda la cadena de producción esté sostenida sobre trabajo digno", afirmó.

Miembro de la comisión de comunicación de Ropa Limpia, Laura aseguró que "todavía queda una gran tarea de divulgación: A veces somos crudos con lo que mostramos pero creo que la gente realmente no es consciente de la importancia de conocer a quién le está comprando un producto, cómo se hizo", indicó.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Treinta euros a la semana, 10 horas al día: esclavos en la España del s. XXI

Sin embargo, aunque ni mucho menos en las mismas proporciones que en los mencionados países asiáticos, la explotación de seres humanos con fines laborales también se da en España.


La Brigada Central contra la Trata de Seres Humanos de la Ucrif detuvo en las dos ciudades andaluzas a una docena de individuos (un español y 11 lituanos) por mantener a compatriotas suyos trabajando en el campo en condiciones infrahumanas. En concreto, los investigadores liberaron a 10 personas que eran obligadas a realizar todo tipo de tareas agrícolas durante diez horas al día, prácticamente sin parar, por un salario que apenas alcanzaba los 30 euros a la semana, dinero al que además los patrones descontaban una parte en concepto de transporte -ya que ellos se encargaban de trasladarlos hasta los distintos campos de trabajo- y por otros supuestos servicios.
Los ‘patrones’ todavía descontaban una parte de los 30 euros de sueldo semanal en concepto de transporte
Según fuentes policiales, los empleados se quedaban con apenas 15 euros a la semana para ellos tras los distintos peajes que les cobraban sus explotadores, que no les permitían disfrutar de vacaciones ni días libres y que les agredían e insultaban cuando las víctimas no daban la talla. Estas últimas, como los detenidos, eran todas de nacionalidad lituana y habían sido engañadas para venir a España con falsos contratos que luego no existían.
A lo largo de la investigación, explican desde la Policía, fueron liberadas más personas que estaban siendo también explotadas, hasta un número que no han facilitado las fuentes consultadas. La Brigada contra la Trata de Seres Humanos detuvo a tres de los explotadores en Córdoba y al resto (nueve) en Huelva.
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La mayor parte de las diligencias que mantiene abiertas la Policía sobre explotación de seres humanos en España se refieren a organizaciones delictivas con fines sexuales, aunque hay algunas que aluden a abusos con objetivos laborales como el descubierto esta semana.

miércoles, 29 de abril de 2015

Dos trabajadores fallecen al día en España por accidentes o enfermedades laborales

"La precariedad laboral es la principal causa de los accidentes y enfermedades laborales".


   
Dos trabajadores fallecen al día en nuestro país, 11 tienen un accidente grave, 1.300 un accidente leve y 1.912 un accidente sin baja. Además 63 trabajadores sufren una enfermedad relacionada con su actividad profesional”,

   


La contratación temporal y las altas tasas de paro, y en consecuencia el temor a perder el puesto de trabajo, explican además que los accidentes sin baja superen a los accidentes con baja laboral. Miedo que también explica el bajo reconocimiento de las enfermedades profesionales o de origen laboral.

Alice Hamilton (27 feb 1869-22 sep 1970)

La Casa del Saber/facebook “Los hombres solo beben demasiado.” “No se lavan las manos.” “Son enfermizos por naturaleza.” Era 1910. La indust...