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lunes, 14 de septiembre de 2026

El saber ya no ocupa lugar


Antonio Muñoz Molina/El País

Dice el Tao Te Ching: “El que sabe, calla; el que habla no sabe”. Quizás el que sabe algo está tan ocupado en su aprendizaje o en su trabajo que no tiene tiempo de hablar; y también puede ser que calle no por propia voluntad sino porque nadie le pregunta. En el ya consabido espectáculo colectivo de los golpes de pecho y las acusaciones a otros después del último Informe PISA he oído opinar copiosamente a expertos universales de tertulia, a catedráticos de didáctica, a consejeros autonómicos, a portavoces virulentos de partidos políticos, incluso a una ministra de Educación que no había levantado la voz hasta ahora. Lo que no he visto ni oído en ningún medio impreso o digital, televisivo o radiofónico, ha sido a ningún maestro ni maestra, a ningún profesor de instituto, y ninguno de universidad, salvo los especialistas en saberes arcanos como la Didáctica o la Psicopedagogía.


Habría bastado con consultar a dos o tres de ellos en estos últimos años para predecir lo que el informe, con su sobreabundancia de porcentajes tan específicos como dudosos, ha venido a revelar. Los grandes especialistas en cuestiones teóricas y en retorcimientos verbales que encubren prestigiosamente el vacío se parecen quizás a los miembros de los servicios secretos en que están tan ocupados en sus propias maquinaciones que no tienen tiempo de observar la realidad, o no la consideran digna de su egregia atención. Los miembros de la que se llamó hace años “la secta pedagógica” llevan décadas elaborando planes cada vez más complicados y más ininteligibles para mejorar de una vez por todas los sistemas educativos, y en convencer a los dirigentes políticos de la solidez de sus volubles innovaciones doctrinales y lingüísticas, pero ni unos ni otros han considerado nunca necesario consultar a los profesores acerca de la aplicación de sus teorías en las aulas, y menos aún de las condiciones en las que se ejerce a diario el oficio noble y desdeñado de enseñar.

Nada ofende más a los ideólogos de grandes planes redentores que la obcecación de la realidad en no acomodarse a sus vaticinios. Cualquier fracaso en la acelerada industrialización soviética se atribuía no al disparate organizativo de los planes quinquenales, sino a los sabotajes de ingenieros a sueldo de la contrarrevolución imperialista. Con mucha frecuencia, los comisarios políticos de la educación en España —tan aficionados a la burocracia como los soviéticos— echan la culpa del incumplimiento de los resultados que ellos esperan y exigen a la mala fe, a la indolencia, al conservadurismo de los profesores, que si tienen ya cierta edad son culpables de no saber adaptarse a los nuevos tiempos y a los nuevos métodos. Como no se les puede deportar —y ni siquiera despedir, en muchos casos— se ha intentado todo, hasta comprarlos. En eso fue pionera Andalucía en 2008, en tiempos de gobierno regional socialista: a los profesores se les ofrecía un bono si aumentaban el número de aprobados. Con eso no se mejoraba la enseñanza, y ni siquiera la economía siempre modesta del profesorado, pero sí se lograban estadísticas más vistosas, indicadoras del éxito contra el fracaso escolar.

No he hablado en los últimos años con ningún profesor que no mostrara su asombro y su alarma por una caída brusca no ya en esos resultados escolares que pueden cuantificarse, sino en la actitud de los alumnos, en su capacidad de atención y comprensión, en su interés por las cosas, lo mismo en el instituto que en la universidad. Un amigo me cuenta el primer día de su clase de historia contemporánea, en un aula lleva de estudiantes de primer año a los que se supone un interés en esa materia que al fin y al cabo han elegido. Empieza a hablar del 11 de septiembre de 2001 y del modo en que el atentado de las Torres Gemelas cambió de golpe la política mundial, y observa miradas de extrañeza y desconcierto en las caras jóvenes. Entonces se le ocurre pedir que alce la mano quien sepa qué ocurrió en Nueva York ese 11 de septiembre: solo una mano insegura se levanta, imagino que acompañada por el antiguo miedo escolar a que lo acusen a uno de empollón.

Esos alumnos estaban en una universidad española: hoy hemos sabido que a una parte considerable de la gente joven en Nueva York tampoco les suena, o solo vagamente, lo que ocurrió en su ciudad aquel día, y pareció que la marcaba para siempre. Alguno, un poco más informado, aventura que hubo un atentado con aviones, pero que se estrellaron contra el Empire State.

Nuestro consuelo de tontos es que el progreso de la ignorancia es universal, tan rentable para los nuevos fascistas y para los milmillonarios psicópatas y antisociales de las grandes compañías tecnológicas. Y la sórdida variante española es el espectáculo de los expertos de todo tipo pontificando sobre lo que no saben ni les importa y de los políticos utilizando un desastre que nos afecta a todos como munición para culpar a los otros y evitar cualquier autocrítica o asumir cualquier responsabilidad. Unos y otros son culpables por igual de la manía de imponer nuevas leyes de educación cada vez que llegan al poder, y de hacer atolondradamente, sin debate verdadero, sin rastro de consenso, sin prevenir los medios necesarios y por supuesto sin consultar a quienes tienen el oficio de poner en práctica esas leyes. Unos y otros son responsables desde hace muchos años de los bajos sueldos y la precariedad de muchos profesores, que no escapan de ella después de aprobar una oposición, de las bajas que no se cubren, las instalaciones que se deterioran sin que las arregle nadie, incluyendo una necesidad tan elemental en estos tiempos como la refrigeración en las aulas y la sombra en los patios, del papeleo incesante que estorba tanto la tarea de enseñar, y de la pérdida de respeto hacia los profesores, equivalente a la falta de consideración hacia el saber y de simple y anticuada buena educación.

En un país en el que los padres de un alumno de universidad pueden acudir al despacho del profesor para quejarse de la nota de su hijo se ve que hay responsabilidades muy compartidas, y que no todas ellas se remedian con medidas políticas. En su laberinto de estadísticas, el célebre informe mide el porcentaje del daño educativo que corresponde al desorden en las clases, según los minutos que un profesor tarda en imponer cierto grado de silencio, de modo que si queda algún alumno con capacidad de atención pueda aprender algo. En mis tiempos escolares, el orden en el aula estaba garantizado por la bofetada y la palmeta: en una sociedad democrática y bien educada, el valor que se atribuye al aprendizaje debería reflejarse en el respeto a quien lo imparte y a la comunidad igualitaria de estudio que él o ella forma con los alumnos.

Aquí las responsabilidades están más repartidas todavía. Está el profesor demagogo que se hace el payaso o el coleguita, y está el entorno en el que toda disciplina se vuelve sospechosa de imposición represiva, y está la familia que abdica del deber y la tarea fatigosa de educar, y en la que a los hijos se les pagan clases de piano o de jiu-jitsu, pero no se les enseña a ser considerados hacia los otros y a no cerrar de un portazo o no tirar al suelo el envoltorio de un helado. A leer no se aprende solo en la escuela: un padre, una madre, una abuela, lee en voz alta al niño y le enseña así el valor mágico de las palabras escritas, y cuando va con él por la calle y el niño señala un cartel y pregunta qué pone ahí se lo lee y se lo explica. Cuando veo un bebé con una pantalla delante, o un padre y una madre y unos hijos de ocho o nueve años perdidos cada uno en su teléfono en un restaurante, siento tristeza, ira, lástima. La lástima es hacia esos niños a los que se les están saboteando dos de las facultades mejores del ser humano, el conocimiento y la imaginación.

martes, 8 de septiembre de 2026

REFLEXIÓN SOBRE TECNOLOGÍA, EDUCACIÓN, FAMILIA Y SOCIALIZACIÓN - En diálogo con Ehsan Ulla Khan


Como siempre, cargando contra la escuela. Pero ¿por qué parece que todo lo que sucede con los niños de esta generación es responsabilidad de la escuela? ¿Acaso los niños de las generaciones de los años sesenta, setenta u ochenta no tuvieron dificultades? La escuela no estaba obsoleta, las tareas no eran excesivas... y todo ello sin la tecnología de la que disponemos hoy. ¿Es esto un error de la educación?

Quizá esta sea, en muchos aspectos, la generación de los «niños de cristal»: los que todo les parece demasiado, con una menor tolerancia a la frustración y a quienes, en ocasiones, se intenta evitar cualquier malestar.

Puede ser un error de la educación, pero no únicamente de la educación escolar. También deberíamos mirar hacia la educación familiar.

La primera escuela es la familia

A veces da la sensación de que algunos padres tienen miedo de que sus hijos se enfaden, pataleen o se frustren, y terminan consintiéndoles prácticamente todo con tal de evitar el conflicto. Pero la pregunta es: ¿estamos dedicando realmente tiempo de calidad a nuestros hijos?

¿Dónde quedaron, por ejemplo, los paseos de los domingos por el campo, los juegos al aire libre, explorar, aburrirse, ensuciarse o, simplemente, pasar tiempo juntos sin una pantalla de por medio?

Familia y escuela van de la mano

Nuestros niños tienen cada vez menos contacto con la naturaleza y, en cambio, cada vez más contacto con la tecnología. Y la tecnología, bien utilizada, puede ser una herramienta extraordinaria; el problema aparece cuando sustituye experiencias, relaciones y aprendizajes fundamentales para su desarrollo.

La familia constituye el primer y principal agente de socialización, mientras que la escuela amplía y complementa esa labor. Por su parte, la tecnología y los medios de comunicación también actúan como importantes agentes de socialización.

Es hora de dejar de preguntarnos únicamente qué está haciendo mal la escuela y empezar a preguntarnos también qué estamos haciendo como sociedad y como familias.



Por: Lidia Esther Rodríguez Sánchez

lunes, 7 de septiembre de 2026

La Tecnología como Emancipación, no como Esclavitud: Una Perspectiva Centrada en el Niño sobre el Aprendizaje Digital


Por Ehsan Ullah Khan

El discurso predominante que presenta la tecnología móvil y la inteligencia artificial como adversarias de la nueva generación es fundamentalmente erróneo. Por el contrario, la telefonía móvil y la inteligencia artificial no son enemigas de los niños; son instrumentos pedagógicos, maestros que desarrollan la conciencia, las capacidades críticas y la comprensión de la realidad al presentar una imagen auténtica del entorno.

Privar a los niños del móvil o de las herramientas digitales en nombre de la protección es un enfoque peligroso y contraproducente. Tal prohibición produce un efecto psicológico negativo. El niño, en lugar de sentirse protegido, experimenta una pérdida de libertad. Comienza a percibirse a sí mismo como si viviera bajo vigilancia y temor, como un esclavo, una condición antitética al concepto mismo de los derechos del niño y a la autoridad responsable de los padres y de la administración escolar en una sociedad democrática.

Los niños deben ser libres. Como proclamó mi hijo Iqbal Masih: "¡Somos libres! Los niños deben ser libres." Esta libertad no es meramente la libertad física del telar de trabajo forzado, sino la libertad intelectual para acceder al conocimiento, explorar e imaginar.

Es un error común entre muchos padres pensar que la fatiga y el desinterés de los niños en la escuela son causados por la tecnología y el uso del teléfono. Esto es empíricamente falso. Habiendo visitado cientos de escuelas en toda Europa, he observado que mucho antes de que existiera esta tecnología, los niños ya estaban agotados, desinteresados por la educación y alienados de materias como las matemáticas. La causa fundamental no era la tecnología, sino un sistema educativo obsoleto, caracterizado por jornadas excesivamente largas, exámenes sin propósito, tareas sin sentido, ausencia de derechos infantiles y ningún tiempo para el juego.

Por lo tanto, la solución no es prohibir la tecnología, sino reformar la educación. Debemos transformar nuestro sistema educativo en uno que sea creativo, integrado con la tecnología y adaptado al niño; un sistema que utilice la inteligencia artificial y el aprendizaje móvil como aliados para liberar la mente del niño, en lugar de utilizar la prohibición para crear una nueva forma de esclavitud psicológica.

El niño no es esclavo de la escuela; la escuela debe convertirse en servidora del niño.

lunes, 22 de junio de 2026

Los últimos: por el desagüe de la burocracia


“El único problema que tiene la escuela son los chicos que pierde”. Hace ya casi 60 años de esta sentencia de Lorenzo Milani y sus chicos de Barbiana. Hoy sigue siendo una sangrante y cruda realidad.

La asociación de directores de la escuela pública valenciana (ADEP-PV) denunció ante la Consellería de Educación de Valencia en 2025 una “sobrecarga burocrática inasumible”, recortes y falta de recursos humanos y materiales. Y, sobre todo, las dificultades para poder atender adecuadamente al alumnado con más necesidades educativas. Su presidente tildó la situación de “insostenible”.

Los docentes del IES Miquel Peris, en Castellón, denunciaron públicamente en medios autonómicos en mayo de 2026 que el centro solo tenía una pedagoga terapéutica y media jornada de Audición y Lenguaje para más de 740 alumnos.

La Asociación de Equipos Directivos de Infantil y Primaria de Aragón (AEDIPA) denunció en 2026 que los directivos estaban al límite por el exceso de funciones administrativas, agotamiento, falta de medios e incremento de responsabilidades sin apoyo suficiente.

La Asociación de Directores y Directoras de Institutos de Andalucía (ADIAN) denunció ya en 2016 falta de financiación, falta de planificación, carencia de profesorado y materiales y numerosos perjuicios directos para el alumnado, especialmente para los que más lo necesitan.

El sindicato CSIF denunció públicamente en 2022 el “exceso de papeleo superfluo” en los centros educativos señalando que la burocracia resta tiempo de atención al alumnado, aumenta la frustración del profesorado y perjudica la preparación de las clases. En Jaén también hubo protestas relacionadas con la atención al alumnado con necesidades especiales por precariedad del personal técnico de integración social (PTIS).

En A Coruña, el IES de Brion apareció en medios por denuncias sobre la saturación del centro, la falta de plazas, la insuficiencia de recursos y problemas graves para el alumnado con necesidades educativas especiales. Las familias y responsables educativos afirmaban que la administración “miraba para otro lado”.

La Asociación ADIMAD (Asociación de Directores de Institutos Públicos de Madrid) lleva años publicando comunicados sobre el deterioro de la escuela pública, el exceso burocrático, la falta de personal, problemas de convivencia y salud mental y sobrecarga de los equipos directivos.

Y así podríamos continuar enumerando denuncias de Directoras y Directores hasta rellenar “el Libro gordo de Petete”. Su clamor a pie de obra retumba en los despachos de los “pedagogos de salón” que ocupan los puestos principales del Ministerio y de las Consejerías de Educación. Los alumnos de Milani en su popular “Carta a una Maestra (1967)” tildaron a la maestra como hoy nosotros a los responsables políticos de la educación: “Sois simplemente unos superficiales”.

La injusticia educativa no siempre llega envuelta en castigos o expulsiones visibles. A veces adopta formas más silenciosas: papeles, plataformas, estadísticas, protocolos, instrucciones, requerimientos, informes interminables, pruebas de diagnóstico que no sirven más que para maquillar una mediocre formación. Mientras los despachos de los centros educativos multiplican los procedimientos, en las aulas siguen siendo desatendidos los que más necesitan una escuela más humana y más cercana.

Los hijos de la desigualdad, los que llegan cansados, los rotos, los invisibles, los que necesitan tiempo, escucha y oportunidades; necesitan menos papeles y más tiempo. Precisamente, eso -el tiempo- es lo que la burocracia está robando a directoras, directores y docentes. Cada hora dedicada a justificar evidencias es una hora menos para acompañar a un alumno. Cada plataforma duplicada, cada protocolo interminable, cada trámite innecesario; aleja a los equipos directivos de la verdadera tarea educativa: sostener personas, construir comunidad y evitar que nadie se quede atrás.

Como decía Milani, hoy seguimos perdiendo demasiados chicos fruto de la innecesaria repetición de curso, del fracaso escolar y del abandono escolar temprano. Y no siempre es porque abandonan físicamente el sistema, sino porque muchos dejan de sentirse mirados mucho antes. ¿Quién fracasa, el alumno o el sistema?

La burocracia no golpea igual a todos. El alumnado con más recursos siempre encuentra apoyos fuera: academias, familias disponibles, acompañamiento emocional, , estabilidad… Pero quienes dependen exclusivamente de la escuela pública necesitan centros presentes, equipos humanos disponibles y direcciones capaces de liderar pedagógicamente, no solo de gestionar administrativamente.

Sin embargo, la realidad diaria de muchos centros es otra: directoras resolviendo incidencias administrativas hasta la noche; directores atrapados entre aplicaciones que no funcionan, inspecciones, requerimientos y urgencias constantes; equipos agotados intentando responder a todo mientras lo esencial se escapa lentamente. Y lo esencial siempre tiene nombre y rostro. Es el niño que empieza a faltar a clase, el adolescente que desconecta, la familia que dimite. Es el niño “que molesta” aunque en realidad lo que está pidiendo es ayuda. Son esos últimos de los que habla Barbiana. Los que el sistema no debería permitirse perder jamás. Para nosotros, los últimos son nuestros “ángeles” (término que proviene del griego “ággelos” cuyo significado es “mensajero” o “enviado”. Son los que nos anuncian que lo nuevo y necesario está por venir). Los últimos no tienen la culpa de lo que les pasa. La promoción educativa es su única tabla de salvación para alcanzar la igualdad social que tanto necesitan. Por eso, la escuela pública debe ser compensatoria y ayudar más a los que más lo necesitan. Como decía Milani: “No hay mayor injusticia que tratar con igualdad a los que son desiguales”.

La educación pública necesita menos burocracia y más presencia. Menos cultura del control y más cultura del cuidado. Menos obsesión por documentarlo todo y más capacidad para escuchar lo que verdaderamente ocurre dentro de una escuela. Cuando la Administración convierte la educación en un laberinto de procedimientos, quienes primero se quedan atrás son siempre los mismos. Los últimos. Los más vulnerables. Los que siguen cayendo silenciosamente por el desagüe de la burocracia.

Manuel Pérez Real. Dos Hermanas, 16 de mayo de 2026.

domingo, 27 de octubre de 2024

CORZO - 20 Aniversario Fundación Ideas

El pasado jueves 24 de octubre de 2024 celebramos las II JORNADAS PEDAGÓGICAS MILANIANAS en la Facultad de Ciencias de la Educación Universidad de Sevilla.
Organizadas por el Departamento de Teoría e Historia de la Educación y Pedagogía social, el Movimiento de educadores Milanianos y la Fundación Ideas en su XX Aniversario; contó con la asistencia de 180 alumnos de Educación y Pedagogía.
El evento fue presentado por los profesores de esta facultad Doña @Dolores Limón Domínguez y Don José González Monteagudo. Contó con las brillantes intervenciones de los profesores de esta facultad Doña @Virginia Guichot Reina y Don @Antonio Aguilera Jimenez.
También pudimos disfrutar de la extraordinaria disertación de Don José Luis Corzo Toral, profesor emérito de la Universidad de Salamanca, Promotor del Movimiento de Educadores Milanianos, de la Revista Educarnos, de la Casa Escuela Santiago Uno y de la Granja Escuela Lorenzo Milani.
Durante toda la mañana pudimos recrearnos con la exposición CIEN AÑOS DE LORENZO MILANI que estuvo en el Patio de la Facultad.
Una JORNADA PEDAGÓGICA muy interesante y que sirvió para dar a conocer la PEDAGOGÍA DE BARBIANA impulsada por LORENZO MILANI, uno de los grandes pedagogos del siglo XX.

jueves, 15 de agosto de 2024

Educación y cotidianidad familiar.

Día compartido en familia
junto a unos amigos disfrutando
del pueblo de Roncal (Navarra)
La semana pasada estuve en un curso sobre Educación. Tenía el título de "Emergencia Educativa", dentro del aula Malagón -Rovirosa. En este enlace hay más info: https://solidaridad.net/profesion-y-solidaridad-curso-emergencia-educativa-del-aula-malagon-rovirosa-2024/

Me resultó interesante reflexionar sobre quién está realmente educando a nuestros hijos: ¿la familia, la escuela, el Estado, el mercado, las RRSS...?

Hubo exposiciones que se referían a cada uno de estos actores que intervienen en la educación.

También vislumbramos la película "Lunana" ambientada en Bután, al que llaman el país más feliz del mundo. No puedo resumir el largometraje aquí, pero me quedo con la frase que quizá lo resuma: "Un maestro puede tocar el futuro".

Uno de los talleres en los que más disfruté y aprendí, fue cuando reflexionamos sobre aquello que más nos había marcado en nuestra educación desde nuestra niñez hasta la actualidad. Fue bonito recordar mi propia infancia, al igual que la adolescencia y juventud, donde ya puedes ir tomando decisiones que marcarán profundamente tu vida.

La verdad que aunque las experiencias eran diversas todos tuvimos en común aquello que fue trascendental para nuestro crecimiento humano: el amor entre nuestros padres, la acogida incondicional especialmente de la familia, los juegos con hermanos y primos, el ejemplo y correcciones de personas cercanas, la apertura a otras personas necesitadas y realidades de sufrimiento, la confianza, la responsabilidad, la libertad, la fe, la importancia de la lectura, el contacto con la naturaleza y el mundo rural...

Todas las vivencias que los asistentes compartían eran experiencias en las que existía la comunidad, la familia, el compartir humano o la solidaridad. Eran acontecimientos que poco tenían que ver con las Nuevas tecnologías o con las Redes Sociales, tampoco sé resaltaron los tiempos de consumo o el ocio en sí, como importantes para la propia Educación.

Por supuesto, todo esto me hizo pensar en la educación de mis propios hijos.

Reconozco que me dió cierto vértigo el ser consciente de la cantidad de agentes que nos quieren robar la educación de nuestros hijos, pero ganó la Esperanza de que somos muchos los que queremos que la educación sea protagonizada por la familia 

En esta hermosa tarea estamos.

Ahora más que nunca: educación

Rut Ayerra
Esposa, madre y educadora de secundaria. Pamplona

P.D: Por cierto, acabamos en urgencias para poner 3 grapas en la cabeza de uno de nuestros hijos, por una pedrada.
Nada grave.

martes, 9 de mayo de 2023

DON MILANI, LA PALABRA A LOS ÚLTIMOS - JOSÉ LUIS CORZO

Casi una hora de entrevista para presentar este libro, tras el cual aparecer un personaje colosal, una vida sugerente con muchas pistas más para vivir que para cualquier otra cosa.
Algunos temas:
-"Don Milani no ha hecho una propuesta educativa, ha dado una respuesta educativa a una situación determinada" 
-Conocer a Milani a partir de nuestras propias preguntas...
-El hombre frente a sus desafíos 
-Su ruptura con el mundo burgués
-Cómo y cuál es su rechazo al arte "un crimen exquisito"
-Su conversión
-Ante su tiempo: "estamos viviendo un parto colosal"
-Estar entonado con los acontecimientos
-El inmenso fraude del seminario
-"No hemos odiado a los pobres como la historia dirá de nosotros, sólo hemos dormido, ha sido entre sueños cuando hemos fornicado con el liberalismo de De Gasperi y con los Congresos eucarísticos de Franco".
-"Si me pidieran dar escuela a los hijos de los ricos objetaría (...) porque el mundo de los ricos no se debe amar." "Muchos curas no saben amar con la dureza del Señor, creen que el mejor sistema para educar a los ricos es soportarlos".
-Educar es "dar con la cuerda que vibra".
-"Hemos comprendido lo que es el arte, es querer el mal de algo de alguien, reflexionar sobre ello despacio, buscar la ayuda de los amigos en un paciente trabajo de equipo; poco a poco sale a flote lo que hay de verdadero bajo el odio, nace la obra de arte: una mano tendida al enemigo para que cambie". 
-¿Cómo entendió Milani un Equilibrio que era a la vez Radical?
-"El deseo de expresar nuestro pensamiento y de comprender el pensamiento ajeno es el amor y el esfuerzo por expresar las verdades solo intuidas nos permite encontrarlas a nosotros y a los demás, por lo cual ser maestro, ser sacerdote, ser cristiano, ser artista, y ser amante y ser amado, son en la práctica la misma cosa"
-¿Cómo y por qué estaba contra la escuela confesional".
-¿Qué significa esta expresión terribie: "¿Y quién va a poder amar a los chicos hasta los huesos sin acaba también en el culo, sino un maestro que junto a ellos ame también a Dios y tema el Infierno y desee el Cielo?"
-¿Por qué se sentía en deuda con los chicos?
-¿Por qué veía inútil la catequesis en su escuela? "Nos verán actuar, reaccionar, pensar, responder en mil situaciones distintas, siempre fieles a nosotros mismos, siempre y sin esfuerzo, fieles a nuestra forma de ver la vida".
-I care
-La obediencia ya no es virtud, ¿Cual es el verdadero amor a la ley?


miércoles, 26 de mayo de 2021

La mala educación del Ministerio de Educación

Teresa Escudero


Me gustaría informar de lo que le importa al Ministerio de Educación la educación, la seguridad y la salud de nuestros niños y niñas.

Copio directamente tanto mi consulta como la respuesta del Ministerio. En negrita, mis comentarios a la respuesta:  


Gestión de Trámites - Ministerio de Educación y Formación Profesional

Este correo es informativo. Por favor, no responda a esta cuenta, ya que no está habilitada para recibir mensajes.

Estimado/a usuario/a:

Le comunicamos la respuesta a su consulta número CA/64214:

Interesado: MARÍA TERESA ESCUDERO OZORES- DNI: XXXXXXX
Datos consulta:
 Nº Expediente personal: No informado      - Asunto: 12 - Otros     - Posibilidad consulta personal: NO

A la atención de la Exma. Sra. Ministra de Educación.
Con respecto a las medidas propuestas a las CCAA para el inicio del curso escolar 2021-2022.
Pido explicación sobre dos puntos:
Por qué se vuelven a aumentar las ratios: una ratio menor no sólo disminuye la transmisión del virus, repercute en una mejor calidad de la educación.
Por qué se mantienen las mascarillas: comparando nuestras cifras con las de los países europeos en los que las mascarillas no son obligatorias en menores,o con Suecia, donde las mascarillas están prohibidas en los centros educativos a cualquier edad, NO tenemos menos infecciones que esos países.
Asumo que conoce el estudio que se realizó en militares por parte del Ministerio de Defensa, en el que se constataba una reducción en las "capacidades cognitivas y motoras" a causa de las mascarillas. ¿Qué pueden provocar en niños y niñas con un cerebro en pleno crecimiento, durante ocho horas de clase al día?. Ruego su contestación.

Respuesta:
 Con relación al tema que nos plantea, desde este Servicio de Información le comunicamos, a modo orientativo, que no podemos facilitarle referencias de medidas para las que aún se está buscando la solución más adecuada para la situación que vivimos y que, en algunos casos, su aplicación no es competencia directa de este ministerio.

En el caso de la gestión académica, la competencia corresponde a los gobiernos autonómicos, para lo que podría trasladar su consulta a los servicios de información de las Consejerías de Educación. Le facilitamos el enlace:
 »  https://www.educacionyfp.gob.es/contenidos/in/comunidades-autonomas.html
En esta línea, los responsables autonómicos, además de aplicar las medidas aprobadas, recogen y coordinan las diferentes propuestas de los diferentes sectores implicados a efectos de tomar nuevas decisiones. 


(En román paladino... "Ésto no es cosa mía, hable con su consejería a ver qué le dicen, de cualquier modo no es mi competencia"... ¿Seguro? ¿Las sugerencias y los acuerdos a los que llega con las CCAA no son de su competencia?)

Por su parte, el Ministerio de Educación y Formación Profesional ha puesto a disposición de las Comunidades Autónomas todos los recursos digitales disponibles para facilitar así la continuidad de las enseñanzas, además de crear una página web para canalizar todos los materiales de enseñanza a distancia y online que se han puesto a disposición de las CCAA y de las familias y los alumnos.
  »  https://aprendoencasa.educacion.es/

(Mira qué buen@s somos, que os hemos ayudado a hacer clases digitales, así que no os quejéis!!!)


No obstante, sobre las decisiones que desde diferentes ámbitos se van adoptando, encontrará información adecuada en el portal [Medidas Covid'19] creado en nuestra web:
  https://www.educacionyfp.gob.es/destacados/covid19.html

Para seguir la evolución de las novedades de este Ministerio, le recomendamos que permanezca atento al apartado "Prensa" de nuestra página de inicio, donde se publicaran las medidas, decisiones y novedades que se vayan sucediendo durante este periodo.
  »  https://www.educacionyfp.gob.es/prensa/actualidad.html 

(Lea la prensa... ¿Y qué dice la prensa? Pues que, efectivamente, aumentamos ratios y seguimos con mascarillas... Y no vamos a dar explicaciones sobre el asunto)


En caso de necesitar más información sobre este asunto puede acceder a la sede electrónica desde el siguiente enlace  https://sede.educacion.gob.es/sede/login/inicio.jjsp?idConvocatoria=404 


(EEEEEh, sí, eso ya sé cómo se hace. No es fácil, desde luego, pero como han visto ya les he consultado... Y su respuesta es... que lo vuelva a consultar a ver si se les ha ocurrido algo)

Esperamos que la información facilitada le haya resultado útil. Gracias por utilizar este servicio.

Centro de información al ciudadano
Ministerio de Educación y Formación Profesional.

NOTA: la información facilitada a través de este correo electrónico tiene carácter meramente informativo, sin que en ningún caso pueda derivarse de ella efecto jurídico vinculante alguno (Real Decreto 208/1996, art. 4 b).


(No vaya a ser que el no contestar a ninguna pregunta ni dar ninguna explicación, sea algo que se pueda llevar al juzgado)


Este mensaje se ha firmado electrónicamente para asegurar que el origen del mismo es el Ministerio de Educación y Formación Profesional.

Por favor, no conteste a este mensaje, ya que se ha mandado desde una dirección de correo electrónico habilitada únicamente para el envío.


(No sea que le facilitemos la vida y nos pueda contestar por una vía que permita más de 1000 caracteres y tengamos que leernos todo lo que usted quiera preguntar, que al fin y al cabo es una ciudadana de a pie, no pensará que tiene algo que decir al Gobierno de España!!)

Gobierno de España - Ministerio de Educación y Formación Profesional

Considero que el Gobierno de España está ignorando las quejas de los padres y madres, de l@s profesionales de la educación, y por supuesto de los alumnos y alumnas. Está claro que no nos van a escuchar, y que el próximo curso en la mayoría de las CCAA se va a comenzar con ratios más elevadas y con mascarillas, porque después del miedo que han inculcado a padres, madres y profesionales, tienen que convencernos de que están "haciendo algo" para "proteger" de la COVID (enfermedad leve en la inmensa mayoría de los menores). Espero que las madres y padres que consideremos que las mascarillas están haciendo daño a nuestros hijos e hijas tengamos el valor de retirarlas nos digan lo que nos digan. ¡Ya está bien!


viernes, 26 de marzo de 2021

Hoy empieza todo

«Hoy empieza todo» es, como se sabe, una de las películas (1999) más conocidas y celebradas de Bertrand Tavernier (1941-2021), el lúcido director francés recientemente fallecido. De esas que impactan. Vaya este artículo en homenaje a este film valiente y a su creador. No puedo dejar de relacionarlo con otro muy anterior que me impresionó vivamente de joven, representativo de una época y un movimiento cultural, la nouvelle vague, nacida en Francia a finales de los 50: «Los cuatrocientos golpes» (François Truffaut, 1959). Lo digo porque, como éste, aquélla tiene las características de las películas de dicho estilo cinematográfico, aunque cuatro decenios después. Ya que representa la vida con sus realidades más verdaderas, a menudo muy crudas, como una de las formas más inteligentes de la libertad de expresión, que, sobre todo, pretende hacer pensar al espectador. El cine no es sólo fantasía, aventuras, dramas y evasión, sino reflejo, reflexión e interpretación de la vida, ya sea la del pasado, la del presente o la del futuro. 

En una entrevista publicada en El País Semanal del 11/12/2005, refiriéndose a la educación en Francia cuenta un indignado Tavernier que “mi mujer se presentó a un examen para ser maestra que era alucinante, porque le exigían un nivel teórico elevadísimo. Nada sobre la forma de enseñar a chavales de culturas diferentes que apenas conocen el francés, a gente que no dispone ni de una mesa libre en casa en la que hacer los deberes. Ésas son las cosas importantes. Eso es lo que hay que ir a ver y analizar. Conozco a profesores fantásticos que me dicen que lo primero que hacen para impartir clases en estos suburbios es tirar a la basura todo lo que han estudiado durante cuatro años”.

A muchos maestros también nos ha pasado lo mismo. En el preciso instante en que nos enfrentábamos a la realidad de la escuela, ese día empezaba todo, problemas y más problemas que se repetían día tras día, y tuvimos que encararlos sin estar seguros de nada, desprendiéndonos de tanta pedagogía inútil, a golpe de ensayo y error, con escasos recursos, imaginación y buena voluntad. “¿Y ahora qué?”, nos preguntábamos desconcertados, inermes, en medio de una clase, frente a las miradas expectantes, interrogadoras o desafiantes de los chavales, cada uno con su mochila particular de insospechadas realidades familiares y sociales. Pero nos mantenía un fin superior, el de ayudar y acompañar a esos muchachos concretos en su formación. O sea, el de intentar hacer lo mejor posible nuestro trabajo docente y ejercer sobre ellos una buena influencia. 
Hablando de los fines y los medios, los alumnos de la Escuela de Barbiana nos lo describieron bellamente, también desde la indignación, hace más de cincuenta años en su famosa Carta a una maestra (PPC, Madrid, 2017): «Se busca un fin. Tiene que ser honesto. Grande. Que no suponga en el chico otra cosa que el ser un hombre. Es decir, que sirva a los creyentes y a los ateos.(…)Sin embargo, pretendemos educar a los chicos con mayor ambición. ¡Llegar a ser soberanos! Y no médico o ingeniero!». Y más adelante, cuando aciertan con una comparación gloriosa, por gráfica y atinada, que se ha hecho famosa: « Pero si los perdemos (a los chicos que expulsa) la escuela ya no es escuela. Es un hospital que cura a los sanos y rechaza a los enfermos. Se convierte en un instrumento de diferenciación cada vez más irremediable». Para terminan con la conclusión inevitable y cierta: «La escuela no tiene más que un problema. Los chicos que pierde». 

Pero hay maestros que salvan. Al que más y al que menos le llamaron de colegial zoquete, torpe o inútil para los estudios (cancre se dice en Francia). A mí, más de una vez, como a Daniel Pennac, el cancre profesor y escritor que nos cuesta su historia denunciando los males de la escuela en el exitoso libro Mal de escuela (Mondadori, 2008), refiriéndose a la importancia y la responsabilidad de ser un buen (o mal) maestro. Y también como él tuve algunos maestros que me salvaron, que creyeron en mí, que es de lo que se trata. Pennac lo cuenta mejor: «Los profesores que me salvaron —y que hicieron de mí un profesor— no estaban formados para hacerlo. No se preocuparon de los orígenes de mi incapacidad escolar. No perdieron el tiempo buscando sus causas ni tampoco sermoneándome. Eran adultos enfrentados a adolescentes en peligro. Se dijeron que era urgente. Se zambulleron de nuevo, día tras día, más y más... Y acabaron sacándome de allí. Y a muchos otros conmigo. Literalmente, nos repescaron. Les debemos la vida». 

Siempre empieza todo. «Hagas lo que hagas, ámalo», le dice Alfredo, el operador de cámara del cine “Paradiso”, a Totó, ya adolescente, en su emotiva despedida, en la inolvidable película de Giuseppe Tornatore “Cinema Paradiso” (1988). De eso se trata, para afrontar la realidad educativa con pasión y convicción. Este precioso párrafo de Josefina Aldecoa lo describe perfectamente, de quien ama apasionadamente la enseñanza: “Cada día surgía un nuevo obstáculo y, a la vez, el reto de resolverlo. Los niños avanzaban, vibraban, aprendían. Y yo me sentía enardecida con los resultados de ese aprendizaje que era al mismo tiempo el mío... Yo me decía: “No puede existir dedicación más hermosa que ésta”. Compartir con los niños lo que yo ya sabía, despertar en ellos el deseo de averiguar por su cuenta la causa de los fenómenos, las razones de los hechos históricos. Ése era el milagro de una profesión que estaba empezando a vivir y que me mantenía contenta a pesar de la nieve y de la cocina oscura, a pesar de lo poco que aparentemente me daban y lo mucho que yo tenía que dar. O quizá por eso mismo. Una exaltación juvenil me trastornaba y un aura de heroína me rodeaba ante mis ojos. Tenía que pasar mucho tiempo hasta que yo me diera cuenta de que lo que me daban los niños valía mucho más que todo lo que ellos recibían de mí” (Aldecoa, Josefina R., Historia de una maestra, Anagrama, Madrid, 1990).

Pero el sistema educativo es como un monstruo dormido que es necesario despertar. En esto de la educación, todos somos entendidos, como en el fútbol, que cada aficionado sabe tanto o más que el entrenador. El filósofo y profesor José Antonio Marina lo explica muy bien, cuando se refiere al inmovilismo de la educación oficial que imposibilita su necesaria y profunda renovación, y la urgencia de consensuar entre las diferentes fuerzas políticas, con generosidad y amplitud de miras, un buen pacto educativo, estable, en vez de utilizarla como pierda arrojadiza y de estar cambiando las leyes educativas cada vez que entra un nuevo gobierno: “Todo el mundo que habla de educación finge certezas que no tiene. No hay recetas mágicas, ni pedagogías milagrosas. Por eso, lo más sabio que se ha dicho sobre educación está recogido en el proverbio de una tribu africana: “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”. Necesitamos ponernos de acuerdo en los fines de la educación, y, a continuación, discutir y poner a prueba los procedimientos para conseguirlos. Nuestro sistema educativo es en la actualidad un diplodocus dormido, es decir, un organismo poderosísimo en un irritante estado de pasividad. No necesitamos leyes, no necesitamos más teorías pedagógicas, lo que necesitamos es recuperar la vitalidad y el ánimo”. (Marina, J. A., Despertad al diplodocus, Ariel, Barcelona, 2015).

Y mucha culpa de ello tiene la pedagogía actual, que se ha reducido a mera didáctica y a un conjunto de ideas y conceptos que forman un corpus teórico, grandilocuente y estéril, formado por una jerga terminológica ridícula, alejada de la realidad cotidiana y del sentido que significa la urgencia del “hoy comienza todo” que estamos comentando, olvidando los valores democráticos de convivencia, justicia, igualdad y libertad que la sustentan y su propia esencia, la del amor y la solidaridad, como señala sabiamente Emilio Lledó «La pedagogía actual, imitando ciertas corrientes americanas, está cargada de conceptos vacíos. Por el contrario, es algo de puro sentido común: la pedagogía del amor; que el profesor, el maestro, sea capaz de contagiar el amor por el saber que enseña. Es algo muy sencillo, pero hay todo un tinglado del que viven los llamados pedagogos». (Lledó, E., Fidelidad a Grecia, Taurus, 2020). 

Todo un enfoque diametralmente distinto que conecta perfectamente con el axioma pedagógico de Lorenzo Milani: «no se puede educar sin amar», el concepto educativo de Paulo Freire: «nadie educa a nadie, sino en comunión, mediatizados por el mundo» o con las propuestas pedagógicas de José Luis Corzo cuando nos habla de los desafíos, las relaciones y los símbolos: «La tarea de la educación está servida -como en los desafíos- si comprendemos la importancia de la relación como zona sensible de nuestra maduración personal -la educación-, que se puede estimular en la escuela como en otras estancias de cada vida humana». ( Corzo, J.L., Con la escuela hemos topado, PPC, 2020, p.60).

Ahora más que nunca: Más y mejor escuela para todos

Alfonso Díez Prieto

martes, 22 de septiembre de 2020

"Con la escuela hemos topado". José Luis Corzo. Entrevista.


José Luis Corzo, escolapio, maestro, profesor y tantas otras cosas, nos presenta su libro "Con la escuela hemos topado". 
    En él nos plantea la necesidad de una AUTOCRÍTICA de la escuela. Una escuela que debe ser compensatoria, una escuela que debe tratar mejor a los más necesitados. Plantea que educar es diferente a instruir y -al tiempo- que la instrucción debe llevar a la educación. 
    Su mirada respecto de la llamada "escuela católica" es crítica, citando a Freire y a Milani pero también su experiencia y al Papa Francisco y los debates y textos del Vaticano II. 
    Esta entrevista ilumina la realidad y anima a la escuela a mirar la realidad porque nos educamos mediatizados por el mundo. "La escuela de hoy tiene que conmoverse ante el incendio en un campo de refugiados y hablar de ello en historia, geografía y matemáticas".  
    Mucho más que esto -sin excluir el tono entusiasta y compasivo- puedes escuchar en esta entrevista mucho más interesante que larga. Una entrevista sobre la escuela porque estamos "desafiados por la vida".

En el libro podemos conocer las experiencias de Freire y Milani y para animar a leer el libro, dialogarlo y ponerlo en práctica ofrecemos dos breves textos:

"El deseo de expresar nuestro pensamiento y de comprender el pensamiento ajeno es el amor. Y el esfuerzo por expresar las verdades solo intuidas nos permite encontrarlas, a nosotros y a los demás. Por lo cual, ser maestro, ser sacerdote, ser cristiano, ser artista, ser amante y ser amado son en la práctica la misma cosa”  (Milani)

"Nos educamos en comunión, mediatizados por el mundo" (Freire)


Francisco visitó Barbiana para, de alguna manera, rehabilitar al -en su vida- denostado Lorenzo Milani, el maestro de Barbiana.


sábado, 21 de abril de 2018

Eva Bach, pedagoga y escritora: "Si vamos de colegas con los hijos, los dejamos huérfanos de padres"

¿Cuál es la edad de la adolescencia?
La adolescencia álgida o fase central de la adolescencia se sitúa entre los 14 y los 16-17 años, alrededor de 3º de ESO. Pero en sentido amplio va desde la pubertad (11-12) hasta la madurez (24-25). Lo que ocurre es que se está anticipando y alargando, cada vez comienza antes y termina más tarde. Así, tenemos adolescentes de 9-10 años y de 30-40. Los factores que inciden en ellos son de naturaleza diversa y los hay emocionales y familiares, aparte de socio-culturales.
¿Qué mitos debemos desterrar de la adolescencia?
El primero, que es una enfermedad o una enajenación mental transitoria. Es un pleno despertar a la vida, a uno mismo, a los otros, al mundo y a los grandes temas y preocupaciones de la vida y de los seres humanos mundo como el amor, el desamor, la muerte, la sexualidad, la justicia, la ecología, etc. El segundo, que sus vaivenes hormonales y emocionales no son causados por una inmadurez que hay que remediar y curar cuanto antes. Son fruto, como dice Daniel Siegel, de unos cambios cerebrales que lo que hacen es prepararles para la vida que les espera. Su inmadurez es necesaria para asumir riesgos que tienen que asumir y que de otra forma no serían capaces de asumir. El tercero, que nos siguen necesitando, aunque a menudo no lo parezca. Siguen necesitando nuestro acompañamiento y cercanía, pero de nuevas formas adaptadas a su nueva etapa. La adolescencia también implica cambios importantes para los padres.
¿Cómo y cuándo decir no?
Cuando puede haber peligros irreversibles o irreparables para su propia vida y/o la de otras personas. Cuando no podemos darle lo que nos piden porque faltan condiciones, garantías o cuotas de madurez que no se dan todavía. Cuando algo no se lo podemos dar por límites o impedimentos nuestros. Cuando no conviene que se lo demos aunque se lo podamos dar. Esto está relacionado con el aprendizaje indispensable de saber demorar los impulsos y gratificaciones, y también con el de tolerar la frustración. Es importante que nuestro noes sean para proteger sus vidas y favorecer su madurez y no una proyección de miedos irracionales, obsesiones o fracasos nuestros.
¿Saben gestionar los adolescentes un no? ¿Y un fracaso?
Si han aprendido a hacerlo desde pequeños les costará menos en la adolescencia. Si les hemos consentido y sobreprotegido va a ser más duro, nos va a costar más, pero estamos a tiempo y es imprescindible que aprendan. De todas formas, van a protestar, como es lógico, cuando les decimos no. Hay que permitir que protesten y saber mantener el no pese a su protesta. Y también escuchar y revisar si es justa para rectificar si no lo fuera. A veces está bien ceder o cambiar de parecer. En cuanto a los fracasos, siempre duelen, pero no se convertirán en traumáticos si les enseñamos que fracasar es necesario para aprender cosas que no se aprenden de otro modo, como por ejemplo humildad y realismo (hay cosas que no están en nuestra manos), también sirven para conocernos y a menudo para adoptar actitudes nuevas y tomar otra opción mejor, pues no siempre vamos a la correcta o a la que nos conviene a la primera y por el camino recto. Y es mejor así.
¿Hay adolescentes con padres adolescentes emocionales?
Los hay y es de lo peor que le puede pasar a un adolescente, que sus padres sean o quieran ser (para parecer más colegas) tan o más adolescentes que ellos. Colegas ya tienen otros, padres solamente nos tienen a nosotros. Si vamos de colegas los dejamos huérfanos de padres. Necesitan adultos que estemos en nuestro lugar de adultos y ejerzamos de adultos, con empatía y a la vez con asertividad y determinación. Muchas veces el problema principal de la adolescencia no son las problemáticas adolescentes propias de la etapa, sino los problemas que las problemáticas adolescentes desencadenan en los adultos, cuando nuestra adultez y madurez emocional no es sólida o completa. Cuando nosotros tenemos heridas abiertas y situaciones emocionales sin resolver de nuestra infancia y adolescencia, las proyectamos en ellos y entonces tenemos garantizados conflictos constantes y crecientes.
¿Se puede sobrevivir a la adolescencia con los envites emocionales de las redes sociales?
Por supuesto que se puede. Si nuestra madurez personal y emocional es fuerte, si el vínculo y la comunicación que establecemos con ellos es sano y profundo, lo de casa siempre tendrá más fuerza que lo de fuera. La huella emocional familiar siempre es más poderosa. Si caen en algo externo que les daña es bastante probable que no hayan hallado en casa un asidero, comprensión, consuelo y/o reconocimiento suficientemente sólido. Es esencial establecer unos tiempos y un control sobre las redes y lo que ven y hacen en las redes, así como preservar y acordar momentos de vida offline todos los días y/o todas las semanas, de comunicación cara a cara y de corazón a corazón, desconectados de pantallas y artilugios, para que la vida on line no nos haga perder la proximidad, la calidez y la belleza de la vida offline.
¿Cómo conectar con un adolescente sin conseguir todo lo contrario?
Tenemos que practicar los 5 verbos que recomienda Jaume Funes: mirar, ver, observar, escuchar y preguntar. Para conocerlos y comprenderlos mejor y acercarnos a ellos de formas empáticas y asertivas que les hagan sentir válidos, dignos, considerados y respetados, que les generen confianza y no hieran su autoestima. También es importante hablarles en positivo y mostrarles lo que nos gusta, lo que es deseable, lo que necesitamos para entendernos, lo que nos hace bien y nos beneficia a todos, en lugar de juzgarles y hacerles reproches constantes. Es esencial compartir emociones y sentimientos desde pequeños porque esto abre los corazones y va a facilitar la comunicación en la adolescencia. Es muy poco probable que un adolescente abra su corazón a un adulto que no le ha mostrado jamás o muy poco el suyo.
¿Cómo explica el aumento de la violencia machista en gente joven?
El tema es complejo y concurren muchos factores de índole diversa. Desde mi ámbito de especialización, me centro en dos. El primero, preguntarnos los padres qué patrones de relación, emociones y mensajes estamos transfiriendo a nuestros hijos en relación al propio género, al otro y a las relaciones entre ambos, ya sea de una forma consciente o inconsciente, explícita o implícita, con lo que decimos o con lo que no decimos pero transmitimos con nuestras propias actitudes y comportamientos. Verificar si hay alguna violencia, descalificación, miedo, herida, resentimiento, aunque sean sutiles... El segundo, preocuparnos por cómo está el corazón de nuestros hijos, por sus heridas, ilusiones, frustraciones, temores... Nadie que se sienta en paz, atendido y lleno por dentro recurre a la violencia. En cambio, es muy fácil llenar con violencia, dependencias, abusos, sometimiento..., los vacíos, carencias o necesidad vitales no conscientes y no adecuadamente atendidas o satisfechas
.

lunes, 25 de septiembre de 2017

EDUCACION PARA TODOS


Conciertos y desconciertos con la
escuela católica
Manu Andueza (B)
Ante los inciertos resultados de las elecciones
y los absurdos comentarios electorales
sobre conciertos con la escuela católica, se me
ocurren unas reflexiones que me corroen
por dentro y urgen por salir para generar un
debate positivo y propositivo.

1.- ¡Ay de vosotros si los fundadores levantaran
la cabeza! No puedo menos que gritar que la
escuela católica nació con vocación de pública y
para todos, especialmente para los que no tenían
escuela. Hoy parece que estamos en el bando
contrario al de los fundadores de las instituciones
escolares cristianas. Seguro que más de uno nos
daría alguna que otra colleja... Por lo tanto, la
disputa estatal-concertada es de lo más estúpida
y carente de sentido.

2.- Recordemos del Educar(NOS)
anterior lo dicho por la Iglesia en el nº 9 de la GE del
concilio: la escuela cristiana ha de preferir a
los pobres en bienes temporales, a los privados del
afecto y ayuda familiar y a los ajenos al don
de la fe. Si así fuera, ningún gobierno, ni de
izquierdas ni derechas, ni de arriba ni de abajo
tendría el más mínimo problema con dicha
escuela.

3.- Si algo ha de destacar en un educador es que lo
sea por vocación y por convicción. Lo primero
invita a lo segundo y lo segundo completa lo
primero; porque introduce el elemento justicia, el
presentimiento y la certeza de que la educación
es el mejor camino para construir un mundo
más justo y humano. Y para ello hay cosas que
cambiar. ¿Hablará de esto también el Libro
Blanco?

4.-Yo quiero considerar 5 elementos en la escuela:
aprender a aprender, abierta a la realidad,
capacidad de leer el mundo, desde el sufrimiento
humano y, dar la palabra. Desde aquí se debería
articular una buena formación del profesorado
y tal vez no fueran necesarios libros blancos,
negros o arcoiris. Una formación que dura toda
la vida tiene un sentido y un horizonte claro.

5.- La triste sensación de que nadie toma en serio
la educación sigue planeando sobre este país.
¿Dejará de ser moneda de cambio de intereses
y especulaciones rastreras? Tal vez, la única
respuesta sea organizarnos y educarnos nosotros
mismos para poder ofrecer otra escuela tan
posible pero aún más necesaria.

Un relato desde el Vaticano
José Luis Corzo
He caminado demasiados años por el
desierto, seguro del agua profunda que tenía
que estar bajo la arena. La presentía en ciertos
maestros de escuelas marginales, o cuando oía
decir que la vocación educativa de un cristiano
son los pobres (especialmente)..., como repite
el estribillo escolapio, aunque cambie mucho
la estrofa. Por eso abrimos la Casa-escuela
Santiago Uno en Salamanca (1971) y por eso me
estudié muchas veces aquella breve declaración
del concilio Vaticano II sobre la educación
(Gravissimum educationis 1965: GE) y aquel
otro texto romano posterior, aún más explícito
(La escuela católica1977: EC). Ambos aseguran
que pobres, huérfanos y no creyentes
son los favoritos de cualquier escuela católica que se
precie. Pues bien, ahora, para celebrar las bodas
de oro del concilio, me he empleado a fondo
en una jornada madrileña entre las facultades
de Educación y Teología de la Pontificia de
Salamanca. Además, en el 71 de Educar(NOS), ya os dije que
El Vaticano II aún enseña algo
sobre educación; y, por fin, he publicado en la
revista Vida Nueva (7.11.2015) un largo artículo – pliego
lo llaman – para Repasar la lección del
concilio y poder releer la GE
más fácilmente en una nueva traducción mía.
Lo que ya no tenía tan claro era si
acudir o no a otra celebración, mundial, de la
GEque organizaba la Congregación vaticana
de Educación Católica: un magno congreso
titulado “Educar hoy y mañana, una pasión que
se renueva” (18-21 de nov.). Me daba miedo,
porque el dichoso dicasterio
– así llaman a los ministerios del Papa – era una parte bien árida
de mi desierto postconciliar. De hecho (tras
EC de Pablo VI) ha publicado 7 largos y arenosos
documentos más: 5 bajo Juan Pablo II y otros 2
bajo Benedicto XVI; en ellos, los pobres, si salen,
¡de comparsa!
Al fin, me armé de mis mejores recuerdos
juveniles (pues con 22 añitos estuve en la Plaza
de san Pedro viendo clausurar el concilio) y
volví a Roma. Fue un mal trago, pero con un
postre delicioso inesperado.
Si la medicina se hubiera dedicado a
elogiar la salud – como dice mi compañero
Jesús Sastre – aún estaríamos en Hipócrates;
pero avanza porque combate las enfermedades.
Eso mismo debería hacer la Pedagogía, en vez
de manosear tanto los ideales y la teoría, como
hizo este congreso. Que si la identidad católica,
que si el liderazgo de sus protagonistas, que si
los problemas (ahora que se acaban frailes y
monjas en los colegios), que si el futuro... y,
sobre todo, lo que nunca falta: unos que dan y
otros que reciben la supuesta educación, como si
fuera un producto. ¡Ni siquiera hemos superado
definitivamente con Paulo Freire la educación
bancaria!
A ratos también fue una alegría casi ver
algunos testimonios de auténtica educación
de urgencia; y hasta oír al superior general de
los escolapios citar en un par de ocasiones el
menospreciado punto 9 de GE sobre pobres,
huérfanos y no creyentes, que casi nadie cita. De
hecho, tampoco nadie citó en todo el congreso
el otro párrafo incendiario – el 58 – de EC
que advierte sobre el contratestimonio que le supone a
la Iglesia educar a una clase ya privilegiada, pues
“la fortalece frente a la otra en un orden social ya
bastante injusto”. Analizarlo hubiera merecido un
congreso, en vez de asegurar una y otra vez que
la católica es la educación integral, que ya suena
a hueco.
Pero llegó el último día y el Papa en
una audiencia multitudinaria escuchó algún
testimonio – como el de un escolapio senegalés
(también en estas páginas) – y, sin papeles,
respondió a tres preguntas:
1ª, ¿qué hace ser verdaderamente cristiana una institución?

2ª, ¿qué significa promover y vivir esa famosa “cultura del
encuentro”?

Y 3ª, ¿qué hacer los educadores para
construir la paz en esta “tercera guerra mundial a
trozos”?

Como quien no quiere la cosa, Francisco
nos adelantó por la izquierda, también a mí
y, desde luego, al Congreso entero, cuyos
responsables ya pueden dimitir:

1º, una escuela será católica si aporta
humanidad, pues esa es la convicción cristiana:
que Dios asumió todo lo humano: “y no hagáis en
clase proselitismo, nunca, nunca”, sino aportad
valores humanos; la trascendencia es uno de ellos
y toda cerrazón deja de ser humana (como el neo-
positivismo que hoy domina la escuela).

2º, esta educación resulta elitista y
selectiva, como una ventaja de los países y
personas de cierto nivel o capacidad. En vez de
acercar a los pueblos, los aleja, como a los ricos
de los pobres y a una cultura de las otras. Una
vergüenza; la educación pertenece a todos. Y se
ha roto el lazo educativo entre familia, escuela y
Estado. Es horrible. Hay que volver a empezar,
porque hay mucha energía educativa fuera de
la escuela formal (que huele a dinero), como en el deporte, la
música, los barrios...

3º, dejad los lugares donde ya hay muchos
educadores e id a los suburbios;
o por lo menos, ¡dejad la
mitad! Buscad allí a los pobres
y necesitados; tienen algo
que falta a los jóvenes de los
barrios más ricos: experiencia
de supervivencia, incluso de
crueldad y hambre, de injusticia.
Tienen la experiencia de una
humanidad herida, como la del Crucificado. Pero
no vayáis a ellos por beneficencia, a enseñar
a leer, a dar de comer... ¡no! El desafío es que
crezcan en humanidad e inteligencia, en valores
y hábitos, para seguir adelante y darnos desde la
periferia realidades que nosotros, en el centro,
ignoramos. De ellos vendrán las nuevas ayudas,
los nuevos valores, y las nuevas personas capaces
de renovar el mundo. La mayor tentación de las
guerras son los muros y nuestro mayor fracaso
es educar “dentro de los muros”, en una cultura
selectiva, segura, tras la muralla de un sector
social muy acomodado que ya no avanza.
Nos deseó buen apetito, porque ya era la
hora de comer del sábado 21 de noviembre, y me
sorprendí aplaudiendo como un chaval entusiasta;
o como aquel otro seminarista que fui en 1965,
sobre la columnata de Bernini, viendo a Pablo VI
despedir a más de 2000 obispos que se disponían
a abrazar – y no condenar, como antes – al mundo
moderno. Era otra época, ahora recuperada por
Francisco con un plus; ya me había dado cuenta
en julio de 2013, cuando le aplaudí yo solo en mi
casa ante el televisor, al verle en Lampedusa. Ya
no era abrazar la modernidad – que en 50 años
no acaba de superar la exclusión – sino abrazar
también, y más, la humanidad herida y pobre.
Así que me siento reconciliado con el
desierto que guardaba su agua y, reconfortado tras
la larga travesía, he vuelto a saborear el sencillo
relato de Hanna Arendt cuando, muerto Juan
XXIII, en un café romano le dijo una camarera:
“pero señora ¿no se habían dado cuenta de que
elegían papa a un cristiano?”.


Alice Hamilton (27 feb 1869-22 sep 1970)

La Casa del Saber/facebook “Los hombres solo beben demasiado.” “No se lavan las manos.” “Son enfermizos por naturaleza.” Era 1910. La indust...