jueves, 27 de febrero de 2025
lunes, 24 de febrero de 2025
MÓNICA LALANDA, MÉDICA Y DIBUJANTE QUE SE ENFRENTÓ A ILLA Y SIMÓN."Me arrepiento de no haber sido más crítica aún"
La médica Mónica Lalanda, más conocida por sus dibujos actualmente, hace una gran labor divulgadora. Por ello la llamaron Illa y Simón junto a otros comunicadores
Ella lo ha recordado en X
https://x.com/mlalanda/status/1891810751184076808?t=fVj4z755DmlUiceeA8g6iQ&s=08
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domingo, 23 de febrero de 2025
ESTIGMATIZAR
El libro de Jonathan Haidt y Greg Lukianoff, “La transformación de la mente moderna”, clarifica esta cuestión. Los autores examinan como las buenas intenciones y las malas ideas están condenando a una generación al fracaso. Una mala idea que analizan es la falsedad de que “la vida es una batalla entre las buenas personas y las malvadas”, por supuesto que los buenos somos nosotros. Eso en política lleva a que “los estadounidenses ahora están motivados para levantarse del sofá y tomar parte en la acción política, no por amor al candidato de su partido, sino por odio al candidato del otro partido. El partidismo negativo significa que la política estadounidense se mueve menos por la esperanza y más por la falsedad de ‘nosotros contra ellos’. Hay que frenar a ese ‘ellos’ a toda costa”. Esto también pasa en las elecciones de aquí.
En la misma línea está el libro de análisis político que incluye el marketing de campañas electorales de Estados Unidos y Europa titulado, “La era del enfrentamiento”, de Christian Salmon. El título ya es de por sí toda una definición de que estamos en la lógica política de la confrontación coincidiendo con el libro citado antes. El autor constata que “la época de los llamamientos a la agrupación consensual ha cedido su lugar a la era de los enfrentamientos y las transgresiones. Se trata menos de convencer a sus opositores que de movilizar a sus partidarios. Y, para lograrlo, valen todos los medios: los insultos, la complicidad dentro del propio clan, la mala fe compartida”. Por eso están las campañas de descrédito de los otros políticos con esos discursos agresivos para suscitar no la empatía, sino la antipatía; no la pertenencia, sino la división; no la continuidad, sino la ruptura.
Ver la información política en los medios de comunicación social no genera sosiego y paz en las personas, pero sí mucha crispación y agresividad, especialmente en las campañas electorales. Estigmatizan a los otros partidos y candidatos, no solo como adversarios con proyectos distintos, sino como enemigos identificados a los que combatir ferozmente por todos los medios ya que representan todos los males para el pueblo. En las redes sociales encontramos una guerra de guerrillas basada en la transgresión, animadversión y provocación dirigidas a la emotividad de las personas desarrollando una cultura del enfrentamiento comunicativo. Muchos videojuegos son un gran medio de adaptación a la división social, a la violencia y a la criminalidad, que sirven de entrenamiento para el mundo real.
Pienso que es acertada esta constatación de Salmon: “Cuando la palabra política y el debate público han perdido toda credibilidad, la única manera de ‘existir’ en los medios de información consiste en encadenar las provocaciones y las transgresiones (...) A partir de ahora, viralidad y rivalidad, virulencia y violencia, enfrentamiento y guerra de relatos van de la mano”.
La estigmatización de los de opciones políticas diferentes tiene claras consecuencias para la sociedad que describe el Papa Francisco en Fratelli Tutti nº 15: “Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para eso se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos. No se recoge su parte de verdad, sus valores, y de este modo la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte. La política ya no es así una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino sólo recetas inmediatistas de marketing que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz. En este juego mezquino de las descalificaciones, el debate es manipulado hacia el estado permanente de cuestionamiento y confrontación”.
Las personas y las sociedades para vivir humanamente necesitamos la cultura del encuentro y del diálogo, de la justicia y la paz, de la amistad social y la fraternidad, pues en las personas de otras opciones políticas también hay actitudes y valores positivos. El progreso y la evolución de la humanidad se basan en la colaboración por la existencia, no en el enfrentamiento, pues el ‘sálvese quien pueda’ y el ‘todos contra todos’ será peor que una pandemia. Se facilita la convivencia cuando uno es consciente del mal que hace y descubre el bien que hacen los demás, lo que favorece actitudes de agradecimiento y disminuye las de agravio.
Antón Negro
jueves, 20 de febrero de 2025
miércoles, 19 de febrero de 2025
20 años del libro Nacer por cesárea
“Soñábamos con parir a nuestros hijos mucho antes de estar embarazadas. Tal vez desde el día en que nos vino la primera regla, o puede que antes. «Ya eres mujer», nos dijeron. Y, en el fondo, sabíamos que esa sentencia encerraba un tesoro, una fuerza, una promesa: un día podríamos dar a luz. E, inevitablemente, la fantasía: parir, amar, procrear, amamantar. Imágenes que llevamos en el inconsciente desde muy jóvenes, desde niñas.
Crecimos, aprendimos, vivimos y, en determinado momento, amamos. Deseábamos un hijo, o tal vez no. Nos embarazamos. Nos sorprendimos. Engordamos, nos redondeamos, nuestro cuerpo se desparramó...y volvimos a soñar. Soñamos con parir: parir con amor, parir rápido, en cuclillas o acostadas, en casa o en el hospital, con nuestro marido o con nuestra hermana, gritando o en silencio, bajo la luz de los focos o en la penumbra de las velas. Aullando de dolor o anestesiadas.
Con miedo o con risa. Todas soñamos con el parto, con mil partos diferentes, pero siempre, al final, con un abrazo, con un bebé que lloraba y era nuestro bebé, con nuestras lágrimas al ver su cara y olerlo al fin.
Sin embargo, casi ninguna de nosotras imaginó nunca que su hijo nacería por cesárea. Las mujeres solemos tener pocas dudas sobre nuestra capacidad para parir. Podemos temer el dolor en el parto, o que algo malo le pase al bebé, pero a muy pocas se nos ocurre imaginar que el bebé no podrá salir por la vagina y que, en vez de eso, tendrá que salir por la tripa.
No imaginábamos que sería por cesárea. Nunca soñamos con despertar solas en un quirófano, heladas de frío. Con la tripa vacía y cosida, atontadas por el dolor o los sedantes, esperando a que se acercase la enfermera para poder preguntar: «¿Y mi hijo? ¿Y mi hija? ¿Dónde está? ¿Cómo fue todo?». Esforzándonos por salir del sueño sin imágenes de la anestesia, intentando no volver a caer en él. «¿Dónde está? ¿Y mi pareja? ¿Cuándo los podré ver? ¿Puedo beber agua?». Y por dentro, una herida indescriptible, un dolor ciego, sordo, que no sabemos dónde está ni qué es. Un dolor que no identificamos, que nunca antes habíamos experimentado. «Será la herida». Es la herida. La herida emocional.”
En 2005 publicamos este libro: "Nacer por cesárea. Evitar cesárea innecesarias, vivir cesáreas respetuosas" coescrito entre el obstetra Enrique Lebrero y yo. La primera edición llevaba un prólogo de Casilda Rodrigáñez, del que extraigo:
Creo que estamos en un momento de recuperación de la maternidad; y ello requiere crear un cultura nueva de la maternidad que reconozca que la ‘dirección’ del proceso de una maternidad la lleva el propio cuerpo: el cuerpo entendido no como un aséptico contenedor sino como unidad psicosomática en donde lo fisiológico, lo sexual y lo emocional de la mujer van unidos. Nuestros cuerpos saben parir, y el útero se puede abrir «suave y lentamente, sin calambres», como dice Leboyer en su libro El Parto: crónica de un viaje. La medicina, para saber estar en su sitio, para conocer el lugar que debe ocupar en la maternidad, debiera darle la mano a la sexología; y así entender qué es un parto, cómo funciona su fisiología, de qué depende de que encuentre su ritmo y que el proceso se desarrolle de modo placentero, amable:
En vez de contraerse ‘en bloque y brutalmente’,
el útero lo hace lenta, progresivamente y casi con dulzura
cuando la contracción llega a su punto límite
observamos cómo, después de una pausa que, aun siendo breve,
no deja de ser muy nítida, el útero se relaja,
y lo hace con la misma lentitud extrema, la misma progresividad
con una nueva pausa en total reposo.
Esta lentitud, que solo tiene parangón en los movimientos
voluntariamente lentos del tai-chi-chuan, determina
que las contracciones, vistas en conjunto, se asemejen a la respiración lenta, profunda y completamente sosegada de un niño
cuando duerme y disfruta de un reposo sin par.
(...)
Los primeros planos que muestran el vientre de la mujer
no dejan lugar a dudas en cuanto a la realidad de estas contracciones.
A su vez, los primeros planos de su cara mientras sigue avanzando en ‘su trabajo’ expresan con elocuencia que, esa joven mujer, en lugar de ‘retorcerse de dolor’ avanza lentamente hacia el ‘éxtasis’.
El modo de dilatación del útero que nos relata Leboyer abre un camino de esperanza para las mujeres, al tiempo que constituye un reto para todos y todas las profesionales que trabajan en torno a la maternidad.
El libro se reeditó en 2013 con Obstare, se tradujo al portugués y al italiano, y ha seguido rulando de madre a madre. Creo que no exagero si digo que ha contribuido a que muchas madres puedan nombrar la violencia obstétrica que sufrieron en sus cesáreas, a sanar la herida emocional, a que otras muchas lograran partos gloriosos después de cesáreas, y a que las cesáreas en general se hagan de forma un poquito más cuidadosa, aunque aun queda muchísimo por hacer para lograr que todas sean respetadas.
PD: El libro está ahora disponible en formato electrónico en kindle.
jueves, 13 de febrero de 2025
SOLIDARIDAD, UNA HISTORIA DE AMOR - Video testimonio
lunes, 10 de febrero de 2025
Amistad (¡o familia!) por dinero
Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández, médicos rurales jubilados
Aunque parezca mentira, el mercado ofrece de todo.También amigos “de alquiler”. No es ficción, existe una aplicación en Internet que permite contratar a personas dispuestas a hacer de amigos por horas.
Nos parece un buen ejemplo del absurdo social en que vivimos, ¡con lo fácil que es tener amigos!
Si es posible, amigos de toda edad y condición, un círculo que no sea demasiado concéntrico, no pasa nada por algo de excentricidad. Y para eso sólo hay que saber escuchar pues cada persona es un mundo de experiencias, ¡y sapienza! Es escuchar activamente, con esa dedicación del lenguaje corporal que está diciendo “yo te creo y entiendo lo que dices y sientes, nada humano me es ajeno”.
Hay que dedicarle tiempo y ganas, sí, hay que hacer el esfuerzo de no perder el contacto, pero es una maravilla que por casa vengan, y a casas vayas, de quienes te han acompañado desde hace décadas (a veces siete, pero hay de todo, también de un año...), ¡tanto compartido!
Pones amor y ternura, y recibes amor y ternura multiplicado por cien...¿quién da más?
Es compartir adversidades, alegrías, chascarrillos, disgustos, historias, narraciones, vidas... estén cerca o lejos, los veas frecuente o infrecuentemente.
Es disfrutar y sentir que perteneces a entornos varios, que vives muchas vidas, no sólo las familiares que te tocan, también las"amicales", profesionales, vecinales, políticas,...Es un poco elegir familia más allá de la genética.
Esos círculos son al tiempo protectores y evocadores, también proyectadores (te permiten vivir cien vidas en el curso de la tuya propia).
Son amigos que no te acompañaron en el nacimiento, casi seguro (esos ya murieron) pero a muchos acompañarás a morir, o ellos te acompañarán a ti al final de la vida, cuando sea una alegría no estar en soledad sino saberte en buena compañía.
Sobre lo de "alquilar amigos" nada como la película “Familia”, de Fernando León de Aranoa, de 1996, en que el protagonista alquila toda una familia (un día, el de su cumpleaños). Es una familia formada por actores que no son entre sí familia. Hacen de hijos, mujer, madre, hermano y cuñada, y también de alguien que pasa por allí. Hay mucho dinero de por medio para actuar durante todo un día para una sola persona. Para el guión, para saber a quién representan y qué papel cumplir, cuentan con las notas que les han pasado sobre la vida del contratante.
“Esta película tiene un comienzo que desencaja al espectador por completo. Algo tan normal como darle una sorpresa a tu padre en el día de tu cumpleaños cuando éste baja a desayunar, y que realmente no lo sea, como se demuestra cuando humilla a su hijo pequeño echándolo de la familia. Un hombre rico, Santiago, convivirá durante todo el día de su cumpleaños con una serie de actores que harán de su familia. Hay que tener en cuenta que Santiago querrá llevar esa farsa, del modo más realista posible, hasta el extremo de mantener relaciones sexuales con Carmen, la actriz contratada para ser su mujer por un día”
https://www.madrimasd.org/blogs/imagen_cine_comunicacion_audiovisual/2010/05/25/125823
Esta voltereta perfecta acaba en el alquiler de personas como una forma más de prostitución, lo contrario a la amistad genuina y verdadera.
¡Con la belleza de la amistad para siempre, la amistad desprendida y comprometida, la amistad porque-sí, por la solidaridad que nos hace humanos!
domingo, 9 de febrero de 2025
La mujer que escribió un diccionario
Si usted no tiene contacto frecuente con los diccionarios y otros libros de referencia, es probable que el nombre de María Moliner Ruiz no le diga nada.
En esta semblanza, el notable escritor y periodista colombiano García Márquez nos lleva de la mano a conocer la importancia y la magnitud de la obra de esta española, así como las repercusiones que ha tenido en el mundo de habla hispana.
Hace tres semanas, de paso por Madrid, quise visitar a María Moliner. Encontrarla no fue tan fácil como yo suponía: algunas personas que debían saberlo ignoraban quién era, y no faltó quien la confundiera con una célebre estrella de cine.
Por fin logré un contacto con su hijo menor, que es ingeniero industrial en Barcelona, y él me hizo saber que no era posible visitar a su madre por sus quebrantos de salud.1
Pensé que era una crisis momentánea y que tal vez pudiera verla en un viaje futuro a Madrid. Pero la semana pasada, cuando ya me encontraba en Bogotá, me llamaron por teléfono para darme la mala noticia de que María Moliner había muerto.
Yo me sentí como si hubiera perdido a alguien que sin saberlo había trabajado para mí durante muchos años.
María Moliner —para decirlo del modo más corto— hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua española.
Se llama Diccionario de uso del español, tiene dos tomos de casi tres mil páginas en total, que pesan tres kilos, y viene a ser, en consecuencia, más de dos veces más largo que el de la Real Academia Española, y —a mi juicio— más de dos veces mejor.
María Moliner lo escribió en las horas que le dejaba libre su empleo de bibliotecaria, y el que ella consideraba su verdadero oficio: remendar calcetines. Uno de sus hijos, a quien le preguntaron hace poco cuántos hermanos tenía, contestó: «dos varones, una hembra y el diccionario».
Hay que saber cómo fue escrita la obra para entender cuánta verdad implica esta respuesta.
Una proeza sin precedentes
María Moliner nació en Paniza, un pueblo de Aragón, en 1900. O, como ella decía con mucha propiedad: «en el año 0». De modo que al morir había cumplido los 80 años. Estudió filosofía y letras en Zaragoza y obtuvo, mediante concurso, su ingreso al Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios de España.
Se casó con don Fernando Ramón y Ferrando, un prestigioso profesor universitario que enseñaba en Salamanca una ciencia rara: base física de la mente humana. María Moliner crió a sus hijos como toda una madre española, con mano firme y dándoles de comer demasiado, aun en los duros años de la Guerra Civil en que no había mucho que comer. El mayor se hizo médico investigador, el segundo se hizo arquitecto y la hija se hizo maestra. Sólo cuando el menor empezó la carrera de ingeniero industrial, María Moliner sintió que le sobraba demasiado tiempo después de sus cinco horas de bibliotecaria, y decidió ocuparlo escribiendo un diccionario.
La idea le vino del Learner’s Dictionary con el cual aprendió el inglés.
Es un diccionario de uso; es decir, que no sólo dice lo que significan las palabras sino que indica también cómo se usan, y se incluyen otras con las que pueden remplazarse. «Es un diccionario para escritores», dijo María Moliner una vez, hablando del suyo, y lo dijo con mucha razón.
En el Diccionario de la lengua española, en cambio, las palabras son admitidas cuando ya están a punto de morir, gastadas por el uso, y sus definiciones rígidas parecen colgadas de un clavo.
El idioma vivo
Fue contra ese criterio de embalsamadores que María Moliner se sentó a escribir su diccionario en 1951. Calculó que lo terminaría en dos años, y cuando llevaba diez todavía andaba por la mitad. «Siempre le faltaban dos años para terminar», me dijo su hijo menor.
Al principio le dedicaba dos o tres horas diarias, pero a medida que los hijos se casaban y se iban de la casa le quedaba más tiempo disponible, hasta que llegó a trabajar diez horas al día, además de las cinco de la biblioteca.
En 1967 —presionada sobre todo por la editorial Gredos, que la esperaba desde hacía cinco años— dio el diccionario por terminado. Pero siguió haciendo fichas, y en el momento de morir tenía varios metros de palabras nuevas que esperaba ver incluidas en las futuras ediciones.
En realidad, lo que esa mujer de fábula había emprendido era una carrera de velocidad y resistencia contra la vida. Su hijo Pedro me ha contado cómo trabajaba. Dice que un día se levantó a las cinco de la mañana, dividió una cuartilla en cuatro partes iguales y se puso a escribir fichas de palabras sin más preparativos.
Sus únicas herramientas de trabajo eran dos atriles y una máquina de escribir portátil que sobrevivió a la escritura del diccionario. Primero trabajó en la mesita del centro de la sala. Después, cuando se sintió naufragar entre libros y notas, se sirvió de un tablero apoyado sobre el respaldar de dos sillas.
Su marido fingía una impavidez de sabio, pero a veces medía a escondidas las gavillas de fichas con una cinta métrica y les mandaba noticias a sus hijos. En una ocasión les contó que el diccionario iba ya por la última letra, pero tres meses después les contó, con las ilusiones perdidas, que había vuelto a la primera.
Era natural, porque María Moliner tenía un método infinito: pretendía agarrar al vuelo todas las palabras de la vida. «Sobre todo, las que encuentro en los periódicos —dijo en una entrevista— porque allí viene el idioma vivo, el que se está usando, las palabras que tienen que inventarse al momento por necesidad».
Sólo hizo una excepción: las mal llamadas malas palabras, que son muchas y tal vez las más usadas en la España de todos los tiempos. Es el defecto mayor de su diccionario, y María Moliner vivió bastante para comprenderlo, pero no lo suficiente para corregirlo.
Sólo coser calcetines
Pasó sus últimos años en un departamento del norte de Madrid, con una terraza grande, donde tenía muchos tiestos de flores, que regaba con tanto amor como si fueran palabras cautivas.
Le complacían las noticias de que su diccionario había vendido más de diez mil copias, en dos ediciones, que cumplía el propósito que ella se había impuesto y que algunos académicos de la lengua lo consultaban en público sin ruborizarse.
A veces le llegaba un periodista desperdigado. A uno que le preguntó por qué no contestaba las numerosas cartas que recibía, le contestó con más frescura que la de sus flores: «porque soy muy perezosa».
En 1972 fue la primera mujer cuya candidatura se presentó en la Real Academia Española, pero los muy señores académicos no se atrevieron a romper su venerable tradición machista. Sólo se atrevieron hace dos años, y aceptaron entonces la primera mujer, pero no fue María Moliner.
Ella se alegró cuando lo supo, porque le aterrorizaba la idea de pronunciar el discurso de admisión. «¿Qué podía decir yo? —dijo entonces—, si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines».
1 Este texto fue publicado en El País, el 10 de febrero de 1981, a dos semanas de la muerte de María Moliner. [Todas las notas son de la edición.]
sábado, 8 de febrero de 2025
jueves, 6 de febrero de 2025
Israel, tortura y mala praxis médica sobre sanitarios palestinos
miércoles, 5 de febrero de 2025
LES INVISIBLES - Jornaleras de Huelva en lucha PELÍCULA DOCUMENTAL- Entrevista-presentación a Perico Echevarría (lamardeonuba.es)
Dirigida por Sven Rufer y promovida por la Fundación Rosa de Luxemburgo.
+ info: https://revista.lamardeonuba.es/lo-invisible-la-otra-realidad-del-fruto-rojo-onubense-llega-a-la-gran-pantalla/
martes, 4 de febrero de 2025
Cultivar el machismo que se condena
Parece que es condición "sine qua non" para las mujeres, salir a un escenario como si la temperatura fuera de -10º, tapadas hasta las orejas, para luego sacar de golpe lo que las tapa y quedarse "en cueros" mientras discurre su momento.
Por supuesto, allá cada quien con sus gestos y gustos, pero yo, personalmente, nunca entenderé esa manía que tienen algunas mujeres de enseñar aquello por lo que precisamente dicen que odian ser identificadas.
Aún recordaremos algunos y algunas la, para mi tristemente célebre Movida de los 80, inaugurada por Tierno Galván, acompañado de Susana Estrada con un pecho fuera....
lunes, 3 de febrero de 2025
DonMariano [José Mariano Benítez de Lugo Guillén] - por Marta Nebot
Nunca me dio por llamar presidente a Mariano Rajoy, por lo que sea. Siempre le llamé DonMariano en aquellos años en los que le perseguí intentando que respondiera a alguna pregunta más o menos puñetera.
Y como las cabezas son así, graban fuerte lo que está unido a emociones extremas y mi etapa de reportera las tuvo porque mi trabajo consistía en cuestionar a los que más mandan contra viento y marea, en mi recuerdo solo había un DonMariano. DonMariano era ese señor que fue presidente del Gobierno de 2011 a 2018 con -digamos- ciertas deficiencias.
Esta semana, en un solo encuentro de media hora, DonMariano se ha convertido para siempre en otra persona y en otro recuerdo.
José Mariano Benítez de Lugo Guillén, de nombre completo, tiene 84 años y es abogado. Su despacho está en un primero en la madrileña y concurrida calle de la Princesa. Es un piso grande y viejo lleno de libros jurídicos, de enciclopedias, de cuadros antiguos y de maquetas de barcos de madera. Solo tiene ventanas buenas en su despacho. En la sala de espera donde estuve un rato el ruido del tráfico es ensordecedor.
DonMariano es noticia estos días porque ha conseguido que el Tribunal Supremo sentencie que cuatro familias recompren sus viviendas a un fondo buitre, por el derecho de retracto, al mismo precio por el que éste las compró en 2013 a la Empresa Municipal de Vivienda y el Suelo del ayuntamiento de Madrid. Entonces esta empresa pública malvendió 1.860 viviendas con inquilinos sociales dentro. Estas cuatro familias eran parte de ellos. Las demandantes pagarán ahora entre 50.000 y 60.000 euros por inmuebles que esta empresa está vendiendo en el mismo edificio y de las mismas dimensiones y condiciones por más de medio millón.
El marcador queda así:
David 4, Goliat 1.856, por el momento.
Me encuentro con él después de una breve llamada telefónica en la que me pregunta si soy freelance y me da todas las facilidades en cuanto se lo confirmo. Lee dos periódicos al día de papel. "Los digitales me llegaron tarde", reconoce. Y no tiene pinta de tener tiempo para ver la tele.
Me recibe con un apretón de manos y me pregunta si me importa que se encienda una pipa para este ratito de descanso. Luego tiene que terminar un recurso. Su tiempo está perfectamente tasado. Le digo que claro y empiezo preguntándole por este precedente tan valioso.
Me dice que sí, que la lógica es que esta sentencia marca un "precedente valiosísimo" que sentará jurisprudencia para el centenar de familias por las que sigue peleando en otros cuatro casos. Aunque la lógica tratándose de tribunales puede ser o no ser como en una versión contemporánea de Hamlet en bucle. DonMariano lo llama "la lotería judicial":
–Y es tremenda. ¿Cómo le explico yo si no a un justiciable que su caso lo ha perdido cuando le he dicho que en estos otros lo he ganado y se trata de la misma operación? Ha tenido mala suerte de que le haya tocado ese juez. Así de sencillo. Así de volátil es la administración de justicia por nuestros jueces.
A pesar del optimismo que genera esta victoria, DonMariano dedica el libro que acaba de publicar, titulado Los desahucios instados por los fondos buitre, a los que quedaron por el camino. A todos los que no fueron capaces de aguantar la presión de lo que él llama "el corredor de la muerte" hasta el lanzamiento de desahucio. Algunos se suicidaron, otros le entregaron las llaves en su despacho por no verle la cara a los que les echaron. En estos días ha recibido y sigue recibiendo muchas llamadas de los que perdieron que vuelven a tener esperanzas tras esta victoria.
DonMariano me cuenta que en muchos de esos casos no hay ninguna opción porque, cuando llegaba la hora de los lanzamientos, negociaron con los fondos buitre para posponer los desahucios a cambio de la renuncia al derecho de retracto. Ahora DonMariano no encuentra calificativo para describir esa cláusula impuesta: "Tendría que poner un calificativo de insulto".
Para los jueces seguro que también tiene calificativos gruesos aunque no los diga.
–Muchas veces me pregunto en mis escritos: ¿Será capaz el juzgado de no ser sensible al drama humano que se plantea en este caso? Lo que me contestan en sus sentencias es que los temas de la función social de la propiedad no son competencia de este juzgado. No quieren ver la realidad. Están encapsulados en sus parámetros formalistas.
Les falta "sensibilidad jurídico-social y conocimiento de la legislación y jurisprudencia europeas", resume. Tienen facultad para determinar si una familia es considerada vulnerable o no y eso es el primer error, según DonMariano. Los parámetros deberían ser indiscutibles y "un mandato".
–Los lanzamientos son la muerte de las personas. [...] Vivimos en un país occidental, en Occidente. Pues, parece una satrapía de la Edad Media. Señores jueces, mediten ustedes la fuerza que tienen.
Y, en ese momento, se acuerda de que acaba de escribir un recurso contra la sentencia de desahucio de una mujer de 80 años y su madre de 100 de un piso en Carabanchel, en Madrid. "Por el amor de Dios", dice, mientras las recuerda.
Las más altas instancias europeas ya han marcado y remarcado que si hay menores y ancianos debe haber una alternativa habitacional antes de cualquier desalojo, pero muchos jueces decretan en sus sentencias que ese es un asunto que compete a la administración y no a ellos.
Lo más sorprendente y duro de la exposición de DonMariano es que lo que hacen estos jueces es "legal" porque no hay leyes valientes que lo impidan.
Sobre el reciente decreto ómnibus tumbado, que incluía una moratoria para los desahucios de personas vulnerables, DonMariano también tiene críticas:
–El legislador progresista es muy timorato. ¿Por qué no separan los desahucios de los inquilinos que pagan sus cuotas de los que no pagan? Y, además, ¿por qué tienen que mezclar el tema de los inquilinos vulnerables con la entrega de un palacete al PNV?
Para DonMariano es que "en este país hay déficit de logros sociales".
Cree que el Gobierno tendría que presentar un decreto solo con este tema "a ver si son capaces los señores del PP de votar en contra de uno que se refiera solo a los desahucios de las familias vulnerables, cuando están diciendo que hay que aumentar las viviendas sociales. A ver si son capaces de votar en contra de ese decreto. Tendrían que mirar para otro lado de una forma tan escandalosa que no cabría".
En ese momento me pide un momento para apuntar una idea que le acaba de asaltar. La anota mientras la dice en voz alta: "Si se consigna la renta, vale, no nuevo contrato, pero tampoco lanzamiento mientras no haya alternativa habitacional. Es muy sencillo. Que a veces se legislan cosas absurdas. Así tampoco habría prejuicio para el propietario". Es decir, que al que esté pagando su renta no se le pueda echar a la calle sin darle alternativa.
Para despedirnos, transcurrida la media hora prometida, le pregunto si no es una especie de Quijote del siglo XXI. Lo piensa un poco, mientras da una chupada a su pipa, y responde: “No, no. Yo lo que soy es prisionero de mis clientes. A mí me vinieron cinco mujeres inquilinas en la primavera de 2014 y me enganché con el tema. Tengo un lema vital que dice que nada injusto me debe ser ajeno. Afortunadamente no tengo que vivir de estos pleitos y entonces puedo ser generoso en el tema de mis honorarios. Cumplo con mi deber. El Quijote no cumplía con su deber, iba más allá y yo no tanto".
Ya me había contado, a lo largo de la charla, salpimentando su discurso, varios casos más de familias vulnerables al borde del desahucio (una mujer enferma de cáncer con tres hijos, una familia que le trajo las llaves el 30 de diciembre pasado porque esa fue la fecha que le dieron para el lanzamiento, una hija que lucha porque no echen a sus padres...) y también que ha perdido gran parte de la vista y del oído en estos diez años de batalla judicial sin descanso... Sin embargo, vuelve a chupar de su pipa y reflexiona:
–Es que la vida es la lucha por el derecho y a mis representados les digo que hay que luchar porque si no estamos perdidos.
Nos despedimos con un abrazo y deseándonos mutuamente suerte.
Bajo la escalera pensando que para mí la suerte sería llegar a su edad con ese brillo en los ojos y en las palabras, con esa satisfacción personal profunda, con su idea cumplida de cómo es vivir en su mejor versión.
Por eso le concedo el nombre y le llevaré conmigo, DonMariano.
Alice Hamilton (27 feb 1869-22 sep 1970)
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