viernes, 13 de noviembre de 2020

Los pobres se mueven por trabajo y los ricos por ocio: así nos desplazamos en 2020

Mientras que el confinamiento provocó que la diferencia en movilidad entre las rentas bajas y las altas se disparase, la reapertura provocó un 'boom' en la movilidad de las más altas
Héctor G. Barnés

El repetido eslogan 'El virus no entiende de clases sociales' ha quedado como el recuerdo de un tiempo pasado de inocencia sociológica, porque cada día queda más claro que sí entiende de variaciones socioeconómicas, y mucho. 

Puede ser que el SARS-CoV-2 no mire la cartera antes de infectar a nadie, pero es obvio que factores como la movilidad, que influyen de manera directa en la propagación del virus, sí dependen sensiblemente de la ocupación u orígenes socioeconómicos de la población.

Es lo que defiende un ‘preprint’ titulado 'Desigualdades sociales en la movilidad humana durante el confinamiento y el postdesconfinamiento español en la pandemia de covid-19 de 2020', que a partir de los datos de renta españoles y los movimientos de sus ciudadanos, muestra que cada nivel socioeconómico tiene sus razones (u obligaciones) para desplazarse. No solo las clases más bajas tienen que moverse una mayor distancia a causa de sus empleos, sino que cuando llega la época de descanso, los roles se invierten y las rentas altas se mueven mucho más, como ocurrió este verano. La diferencia llegó hasta un 47% durante el confinamiento, cuando las rentas bajas se movían de media 3,3 kilómetros, por 900 metros de las altas.

“El incremento del teletrabajo es una medida útil para prevenir la exposición al covid-19, pero no es igualitaria, debido a que no todos los tipos de trabajo pueden adscribirse a esta modalidad”, concluye el trabajo. “De hecho, el radio de giro postconfinamiento nos dice que la movilidad se reduce más en la mitad superior del rango de salarios que en la inferior”. En concreto, mientras que los hábitos del primer grupo se redujeron significativamente durante el confinamiento (pero aumentaron en vacaciones), los del segundo mostraron datos relativamente estables.

¿Los pobres se desplazan para trabajar y los ricos para irse de vacaciones? “En general, todos se mueven, pero si miramos las diferencias, parece que los datos refuerzan el cliché”, admite el físico Alberto Hernando, autor principal del estudio junto a David Mateo, Ignacio Barrios y Angelo Plastino, de la Universidad Internacional de La Plata. “Este año, también se ha sumado que al estar limitado el viaje internacional, se ha visto una explosión del turismo local, también reforzada por las ganas de salir tras tantos meses encerrados. Sin embargo, los barrios con rentas menores han seguido trabajando en verano o sin irse muy lejos del lugar de residencia en las vacaciones”.
Fuente Kido Dynamics.

La investigación se basa en los datos de renta media disponibles del atlas del INE respecto al lugar de residencia (en el ámbito de sección censal) junto a los metadatos agregados geoposicionados de telefonía móvil gestionados por Kido Dynamics, empresa cofundada por Hernando para obtener las ratios de movilidad media diaria. Pero ¿cuál ha sido nuestra evolución de movilidad a lo largo de este año?

Preconfinamiento: una pequeña diferencia

Como cabe esperar, las rentas inferiores se desplazan más en circunstancias normales, puesto que sus empleos tienen menos posibilidades de teletrabajo y por sus condicionantes socioeconómicos viven más lejos de sus centros de trabajo. Antes de la pandemia, el radio medio recorrido rondaba los 6,9 kilómetros en el 50% de rentas más altas y 8,1 kilómetros en el 50% de rentas más bajas. Una asimetría del 17% en los datos recogidos entre el 1 de enero y el 15 de marzo.

Confinamiento: una gran diferencia

Como cabe esperar, el confinamiento redujo sensiblemente la movilidad en todos los niveles sociales, pero más en unos que en otros. Es durante este periodo (comprendido entre el 15 de marzo y el 20 de junio) cuando más acentuadas fueron las diferencias entre rentas, lo que muestra que el confinamiento disparó esas diferencias. Mientras que la movilidad en las rentas superiores descendió de los 6,9 kilómetros a los 900 metros, en las bajas lo hizo de 8,1 km a 3,3. La asimetría aumentó del 17% al 266%.

“Lo que observamos es una movilidad mucho mayor en las zonas de menor renta en pleno confinamiento, debido a que muchos de los trabajadores esenciales se encuentran en ese segmento”, recuerda Hernando. “Un confinamiento perimetral en un barrio tradicionalmente obrero tendrá igualmente a muchos de sus trabajadores saliendo del perímetro, ya que es causa justificada y es menos posible el teletrabajo, mientras que en un área de renta más alta, sí se reduce más la movilidad, ya que muchos trabajadores pueden hacer teletrabajo y muchas de las salidas antes de confinar eran por ocio o vacaciones”.

Vacaciones: los ricos salen

Quizás el hallazgo más revelador de la investigación sea mostrar que, una vez el confinamiento se terminó el 20 de junio y toda España (en principio) pudo salir de sus residencias, las rentas altas lo hicieron mucho más y más lejos que las bajas… que se quedaron prácticamente igual. De repente, las rentas altas batieron todos los récords con un radio de 11 kilómetros de alcance diario, mucho más que cualquier nivel en cualquier otro momento del año, incluida la prepandemia.
Un efecto rebote que no se refleja en las rentas más bajas, que se mantuvieron en los mismos niveles. Simplemente, se limitaron a volver a los niveles prepandemia, lo que hace a los autores pensar que “la mayoría de estos trabajadores de ingresos más bajos siguieron trabajando presencialmente y no viajaron durante sus vacaciones”. Es decir, el aumento de casos en determinadas regiones que se produjo hasta el 15 de septiembre, la última fecha que recoge el estudio en este periodo, no puede relacionarse con una movilidad de la clase baja.

La nueva normalidad: la era del teletrabajo

Desde mediados de septiembre hasta el 20 de octubre, el último día recogido por el estudio, el teletrabajo implantado en muchas empresas ha permitido reducir la movilidad a niveles por debajo de la prepandemia. Una vez más, y como ya ocurrió en el confinamiento, esto favorece a las rentas más altas, que se mueven alrededor de 4,7 kilómetros de media (2,2 menos que antes del confinamiento), y mucho menos a las bajas, con desplazamientos de 6,9 kilómetros (1,2 menos).

¿Nueva normalidad? Lo que demuestran los datos es que la situación de retorno al trabajo desde septiembre ha generado una brecha mayor que nunca (de un 47%) entre los desplazamientos de las rentas más bajas y las más altas. “La nueva normalidad marcada por el teletrabajo no ha arreglado el problema, ya que la diferencia en movilidad entre rentas se ha duplicado. Muchas de las profesiones de menor renta no permiten el teletrabajo y conllevan una mayor exposición para estos trabajadores —ya sea en el propio puesto de trabajo o de camino a él en el transporte público—, que al final del día se lo llevan de vuelta a sus casas, donde conviven con el resto de inquilinos o miembros de la familia”.

La importancia del último metro

Los autores insisten en que habría que tener en cuenta estos datos a la hora de que las medidas tomadas este invierno “sean lo más sociológicamente equilibradas posible”. Hernando matiza que “nosotros aportamos datos y son las autoridades las que toman las decisiones, y las sugerencias que podemos aportar se focalizan en lo que podemos hacer con los datos”.

Por ejemplo, dado que muchos de los trabajadores en barrios de menor renta no pueden adoptar el teletrabajo y necesitan desplazarse en transporte público pese a definir confinamientos perimetrales, sería adecuado evitar aglomeraciones en horas punta y distribuir la hora de entrada según dónde vive y trabaja la gente”, propone. “Es decir, aplanar también la curva de la demanda de transporte público. Con los datos que tenemos de movilidad, es sencillo determinar la forma óptima de aplanar la curva de demanda a base de adelantar o retrasar 30 minutos las horas de entrada y salida según los pares de origen y destino y el número de viajes que se producen por cada par”. Aunque los casos de contagio reportados en transporte público no son elevados, es complicado tener “el nivel de precisión necesario”, por lo que una medida así “podría reducir la exposición a lugares cerrados y con mucha densidad de personas, sobre todo en invierno”.


La clave, no obstante, sigue encontrándose en el último metro, que no depende de confinamientos perimetrales ni de movilidad, que tan solo afectan a las largas distancias. “Los confinamientos sirven para cortar las largas distancias, ya que esas las hace el virus subido a nosotros”, concluye Hernando. “Sin embargo, posiblemente las más relevantes son las cortas distancias, el último metro de distancia que tiene que recorrer el virus para saltar de una persona a la otra. No hay medida general que lo evite, más que seamos prudentes y sigamos las reglas de higiene necesarias, en todos sitios, dentro o fuera de casa. En invierno nos toca estar en lugares cerrados, con poca ventilación y con muchas personas, y ahí solo cuentan nuestras propias decisiones”.

+info y opiniones de los lectores en:

https://www.elconfidencial.com/espana/2020-10-30/trabajo-vacaciones-desplazamientos-espana_2812019/

Melilla: compran silencios y complicidades de ONGs

Es una vergüenza ver lo que ONGs con un acreditado trabajo en distintas partes del mundo hacen en los centros de acogida de menores en Melilla.

Es una vergüenza ver como ONGs programan y vienen realizando talleres muy bien pagados sobre enfermedades de transmisión sexual, utilización de condones, vaginas peligrosas, se les pone vídeos en castellano que no entienden sobre violencia doméstica cuando muchos menores vienen precisamente escapando de ese problema...

Los chavales se quejan y están cansados de que se les meta en bases de datos y no saben para que se hace eso, necesitan otras ayudas, necesitan que se denuncie que no se les documenta, que las condiciones de habitabilidad del centro son lamentables, que hay de 60 a 130 jóvenes en la calle y sin más alternativa que intentar pasar en barco a la península jugándose la vida cada noche, que no tienen acceso al sistema educativo en muchos casos, ni a una sanidad aceptable.

ONGs que en otros lugares realizan un buen trabajo, aquí en Melilla callan y dan cursos y hacen cosas absurdas que solo valen para esconder el estado de rechazo que sufre el grupo de menores más abandonado por las instituciones, es decir, los menores no acompañados y especialmente aquellos que quedan fuera del sistema de protección, los que quedan en la calle.

Tan indecente es a mi parecer que los responsables locales de estas ONGs programen estas actividades de forma tan prioritaria cuando hay otras mucho más necesarias, como que desde las instituciones se facilite cualquier cantidad que pidan y así comprar silencios y tener complicidades.

Ahora más que nunca: solidaridad

José Palazón

miércoles, 11 de noviembre de 2020

SINDEMIA, NO PANDEMIA

Laura Plitt  BBC News Mundo  9 octubre 2020  (PINCHAR AQUÍ)

Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

"Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno", escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh
Pie de foto,

El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que "dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades".

"El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto", le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer
Pie de foto,

Singer acuñó el término "sindemia" en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, "vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas", explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia
Pie de foto,

La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

"Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común soncontrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla".

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

"Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia", opina Singer.

"Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada", agrega.

"El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación".

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: "No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará".

Y concluye: "A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19".

martes, 10 de noviembre de 2020

Comunicado de CAS ante el anuncio del gobierno de compra de vacunas a laboratorio privado

Desde hace tiempo se está evidenciando la distorsión que el capitalismo introduce en el conocimiento científico y en especial a la llamada «medicina basada en la evidencia» (1) . Poderosos intereses económicos deciden qué se investiga, qué se fabrica y qué no, privando a la humanidad de avances que su propio desarrollo podría ofrecerles. La determinación ejercida por el objetivo prioritario del lucro empresarial, que se paga con millones de muertes prematuras y enfermedades evitables, afecta decisivamente a la producción de medicamentos (2) . Como se viene denunciando repetidamente, incluso se inventan nuevas patologías – es decir, se etiquetan enfermedades inexistentes – para poder prescribir determinados medicamentos, especialmente en la enfermedad mental (3) .

Es bien sabido que una de las consecuencias esperadas de la pandemia, es el colosal negocio para las multinacionales farmacéuticas derivado de la compra de millones de dosis de vacuna.

Ahora, gigantes empresariales que exhiben anualmente unos márgenes de beneficios que superan con creces a los de la banca, ni siquiera tendrán que arriesgar sus inversiones. El dinero público de los estados de la UE, entre ellos el español, compra por adelantado millones de dosis de vacuna. Y lo hace antes de que se haya demostrado la validez, eficacia y seguridad de la misma.
A mediados de junio el Ministro de Sanidad anunciaba la adhesión de España al Acuerdo de Compra Anticipada de Vacunas (4) contra la COVID 19. Mediante dicho acuerdo, la UE decidió invertir gran parte de los 2.700 millones de euros del Instrumento de Apoyo a Emergencias, para «aportar al despliegue de la vacuna». Es decir, se acordó financiar por anticipado su producción.
La carrera entre las grandes farmacéuticas la ha ganado por ahora la británica AstraZeneka que ha recibido de la UE 1.200 millones de euros por 300 millones de dosis.

Es llamativo que el acuerdo de financiación y el desembolso del dinero se haya producido cuando aún no ha culminado la fase III, mientras llovían las críticas por la presentación de la vacuna rusa exactamente en las mismas condiciones.

Por otra parte, tanto AstraZeneka como otras multinacionales han conseguido de los gobiernos de la UE a los que suministrará la vacuna, no sólo asegurarse indemnizaciones en el caso de que las empresas sean condenadas a pagar por posibles efectos secundarios de la vacuna (5) .También están tratando de conseguir ser eximidas por completo de responsabilidad civil.

Ante una grave situación en la que como ha sucedido en otras ocasiones, el poderoso lobby del medicamento conseguirá fabulosos beneficios (aprovechando la angustia y el miedo de la población ante la enfermedad y la muerte -inoculado desde los medios de comunicación a grandes dosis-), la Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad:

Denuncia que el resultado de la investigación biomédica realizada con fondos públicos en el Estado español (que se ha reducido un 25% en los últimos diez años) se transfiere sistemáticamente a la empresa privada (6). De esta forma, y una vez más, el desmantelamiento o la parasitación de lo público, deja a la sanidad sin instrumentos propios y favorece el colosal negocio de la empresa privada.

Afirma que el dinero público abonado a multinacionales farmacéuticas por vacunas aún sin testar y en detrimento de instituciones públicas, supondrá recortes en otros servicios, especialmente graves en momentos de una crisis sanitaria, social y económica como la que vivimos.

Valora que, cuando se adoptan decisiones contra natura como la que analizamos, suele suceder que años más tarde se descubre que las empresas beneficiadas han sobornado a quienes estaban implicados en tales resoluciones.

Recuerda que, como se ha sabido después, los miembros del comité de expertos de la OMS sobre la gripe A, estaban financiados por las multinacionales Roche y Glaxo, fabricantes respectivamente del Tamiflú y Relenza. De esa forma se ocultó que esos fármacos eran ineficaces contra el virus H1N1 y además producían importantes efectos secundarios no declarados. La OMS instó a los gobiernos a invertir en estos medicamentos cerca de 5.000 millones de euros en 2009, justo cuando se iniciaban los drásticos recortes en servicios públicos por el estallido de la crisis. En el Estado español, los millones de envases de ambos fármacos comprados por la ministra de sanidad Trinidad Jiménez (para el tratamiento de supuestos 12 millones de casos) caducaron en los almacenes (7), según informe de 2017. Además se gastaron cerca de 300 millones de euros en vacunas contra una epidemia que nunca existió. Los laboratorios implicados facturaron 700.000 millones de dólares al año.

Por todo ello, la Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad exige que:

De forma inmediata se constituya un comité científico con acreditada independencia de la industria farmacéutica, que evalúe la validez, eficacia y seguridad de las vacunas disponibles, incluidas las producidas por instituciones públicas de otros países.

Se tomen las medidas necesarias para fortalecer la investigación pública, asegurando su independencia del capital privado. Y que se cree una industria farmacéutica pública capaz de fabricar los medicamentos considerados como esenciales por la OMS, entre ellos, las vacunas.

CAS, septiembre de 2020

Referencias

1 https://rebelion.org/la-distorsion-de-la-medicina-basada-en-la-evidencia/
2 Gotzsche, Peter.C, (2014)Medicamentos que matan y crimen organizado. https://www.researchgate.net/publication/260251698_Medicamentos_que_matan_y_crimen_organizado
3 https://www.eldiario.es/consumoclaro/cuidarse/medicamentos-psiquiatria-psicofarmacos-peligros_128_3990459.html
4 https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2020-9132
5 https://www.publico.es/internacional/vacuna-coronavirus-ue-protege-economicamente-farmaceuticas-frente-posible-fallo-vacuna-covid-19.html
6 https://saludporderecho.org/wp-content/uploads/2019/01/Interes_Publico_Inovacion_Biomedica.pdf
7 Informe oficial publicado en 2017 https://www.aemps.gob.es/informa/notasinformativas/medicamentosusohumano-3/2017-muh/ni-muh_13-2017-stock-oseltamivir/

viernes, 6 de noviembre de 2020

Tal día como hoy llegaba a Rusia el oro de España

Con mucho gusto copio de "Ediciones la Voz de la Anarquía" que puede seguirse fácilmente en facebook. Con la intención de que los españoles que quieran, puedan saber que la crítica más fuerte a Negrín y a aquel PSOE no vino de Franco sino desde la izquierda real, fuera anarcosindicalista o socialismo aplastado por el socialismo dominante.

La Voz de la Anarquia/facebook
Un día como hoy, 6 de noviembre, pero de 1936, llegaban a Rusia más de 500 toneladas del oro español.
Era, como bien se sabe, el pago exorbitante de las armas que Rusia mandaba a España. No se trataba de armas vendidas a buen precio ni en las mejores condiciones.
Eran armas viejas de la guerra de Crimea que estallaba en las manos de los combatientes. Además, estas iban destinadas únicamente al Partido Comunista Español y nunca o muy rara vez a los anarquistas.
Así, un partido con un número ridículo como el PCE pasó a ser un partido grande por el chantaje armamentista.
Para 1938 el PCE dominaba el 80% de los mandos militares.
Todo, fruto de las armas que se compraron con más de la mitad de las reservas de oro del pueblo español.
Este dinero serviría para engrandecer más a los bolcheviques rusos y su aplastamiento de la libertad de Rusia.
Fortalecidos económicamente, en 1938 firman los primeros pactos con los nazis y en septiembre de 1939 asaltan juntos Polonia.
En otras palabras, el oro español sirvió para financiar la contrarrevolución mundial que encabezaba el marxismo stalinista, así como para afianzar a los nazis mediante los pactos con los bolcheviques.

Ahora más que nunca: Verdadero socialismo
Eugenio A. Rodríguez

jueves, 5 de noviembre de 2020

Covid-19: los expertos debaten los méritos de los bloqueos frente a la "protección focalizada"

BMJ 2020 ; 371 doi: https://doi.org/10.1136/bmj.m4263 (Publicado el 3 de noviembre de 2020)

Citar esto como: BMJ 2020; 371: m4263
(traducción de google)

Tres expertos con puntos de vista muy diferentes con respecto a las medidas de salud pública adecuadas para controlar la propagación del covid-19 intervinieron en los encierros durante un debate 1 patrocinado por la Universidad Johns Hopkins.

Los expertos representaron puntos de vista que iban desde la defensa de la “protección focalizada” como se describe en la Declaración de Great Barrington 2 hasta recomendaciones para mandatos de toda la población como se describe en el Memorando de John Snow. 3

David Dowdy, profesor asociado de epidemiología en la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, dijo que estaba de acuerdo con "gran parte del contenido" del memorando, que establece que los cierres amplios eran inicialmente necesarios para "reducir la mortalidad y evitar que los servicios de salud se vean abrumados". pero que el enfoque debe cambiar a la detección de brotes localizados a través de un enfoque de "sistema integral de búsqueda, prueba, rastreo, aislamiento y apoyo" una vez que se alcancen niveles bajos de covid-19.

Dowdy citó el enfoque de Australia de aumentar las pruebas para determinar dónde se produce la transmisión y luego centrar las intervenciones en áreas geográficas locales (por ejemplo, códigos postales) donde aumenta la transmisión. Pero Dowdy dijo que se negó a firmar el memorando, que fue firmado por miles de médicos en todo el mundo, porque le preocupaba que pudiera "avergonzar implícitamente" a los médicos con puntos de vista diferentes y hacer que algunos tuvieran miedo de hablar.

Jay Bhattacharya, profesor de medicina en la Universidad de Stanford y economista de la salud que es coautor de la Declaración de Great Barrington, dijo que las tasas de riesgo de mortalidad muy diferentes basadas en la edad y las comorbilidades y otros factores podrían permitir una "protección enfocada" para aquellos en riesgo mientras permitir que los niños vayan a la escuela y que los adultos más jóvenes sigan trabajando.

Citando los datos de seroprevalencia 4 publicados por la Organización Mundial de la Salud, Bhattacharya dijo que el covid-19 tiene una tasa de supervivencia de infección del 95% para personas de 70 años o más. Si bien describió la mortalidad del 5% entre los ancianos como un "problema grave", señaló que la tasa de supervivencia para las personas menores de 70 años es mucho mejor en un 99,95%.

Bhattacharya agregó que los bloqueos amplios pueden, paradójicamente, aumentar los daños a los ancianos, ya que el desplazamiento económico inducido por los bloqueos lleva a los adultos jóvenes a vivir con padres mayores. Un beneficio de la protección enfocada, dijo a The BMJ , es que los recursos podrían ser redirigidos de las intervenciones de bajo rendimiento a donde más se necesitan los apoyos.

Stefan Baral, epidemiólogo de enfermedades infecciosas de la Facultad de Salud Pública de Johns Hopkins, dijo que apoyaba las intervenciones adaptativas para proteger a las personas en riesgo en lugar de amplios bloqueos de poblaciones enteras. Dijo que su madre vive en Suecia y “no hay otro lugar donde hubiera querido que estuviera mi madre. Amo a mi mamá y siento que está a salvo allí ".

Pero Baral dijo que simplemente abrir la sociedad en los EE. UU. No es suficiente a menos que, y hasta que, haya apoyo para las personas en riesgo. "Las pruebas son solo datos, no una intervención", dijo. “Si eres pobre y te dicen que pruebes y aísles si es positivo, sin medidas establecidas para pagar el salario de esa persona y pagar una habitación de hotel si no pueden aislarse en casa, las pruebas no tienen sentido, dejando a muchas personas ante situaciones opciones. "

Baral pidió "recursos antes que restricciones", diciendo que el enfoque actual en los Estados Unidos es "bueno para la gente rica" ​​que puede aislarse, trabajar desde casa y recibir comida. Dijo: "Estamos pidiendo a las personas que ya están en los márgenes económicos que absorban los costos sociales", lo que está empeorando las desigualdades y el sufrimiento ya existentes.

Inmunidad colectiva y la verdadera medida del éxito

Cuando el moderador sugirió que la Declaración de Great Barrington recomendaba la inmunidad colectiva como estrategia, Bhattacharya explicó que él y sus colegas no ven la inmunidad colectiva como una estrategia, sino como un simple “hecho biológico”, y agregó: “Eventualmente sucederá. Así terminan las epidemias. Entonces, la única pregunta es cómo llegar allí con la menor cantidad de miseria humana, muerte y daño ". La mejor manera, dijo, es "reconocer quién está realmente en peligro y dedicar una enorme creatividad, recursos y energía para protegerlo".

Parecía haber cierto consenso entre los panelistas de que la medida de las intervenciones de salud pública exitosas no puede basarse únicamente en los recuentos de muertes por covid-19. Los daños posteriores de los encierros deben considerarse en el cálculo de beneficio-daño de las diversas formas de encierro.

Bhattacharya citó una estimación del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas que indica que se espera que los bloqueos pandémicos que causan rupturas en la cadena alimentaria empujen a 135 millones de personas a una situación de hambre e inanición severa para fines de este año. Otros daños incluyen los efectos difíciles de medir de la falta de escolarización para muchos niños.

Otra área de consenso fue que deben evitarse bloqueos amplios. Seguían existiendo diferencias entre los expertos sobre la mejor manera de abordar cierres más centrados a medida que los países se enfrentan a la segunda y tercera oleadas de covid-19, pero expresaron su esperanza de que este diálogo inicial sea el comienzo de muchas discusiones más respetuosas y basadas en evidencia.

Referencias

Ceuta, cuentas y pago de facturas

A lo largo de las luchas sociales del siglo XX se fue acuñando una idea realmente luminosa: "privatización de beneficios y socializació...