viernes, 6 de noviembre de 2020

Tal día como hoy llegaba a Rusia el oro de España

Con mucho gusto copio de "Ediciones la Voz de la Anarquía" que puede seguirse fácilmente en facebook. Con la intención de que los españoles que quieran, puedan saber que la crítica más fuerte a Negrín y a aquel PSOE no vino de Franco sino desde la izquierda real, fuera anarcosindicalista o socialismo aplastado por el socialismo dominante.

La Voz de la Anarquia/facebook
Un día como hoy, 6 de noviembre, pero de 1936, llegaban a Rusia más de 500 toneladas del oro español.
Era, como bien se sabe, el pago exorbitante de las armas que Rusia mandaba a España. No se trataba de armas vendidas a buen precio ni en las mejores condiciones.
Eran armas viejas de la guerra de Crimea que estallaba en las manos de los combatientes. Además, estas iban destinadas únicamente al Partido Comunista Español y nunca o muy rara vez a los anarquistas.
Así, un partido con un número ridículo como el PCE pasó a ser un partido grande por el chantaje armamentista.
Para 1938 el PCE dominaba el 80% de los mandos militares.
Todo, fruto de las armas que se compraron con más de la mitad de las reservas de oro del pueblo español.
Este dinero serviría para engrandecer más a los bolcheviques rusos y su aplastamiento de la libertad de Rusia.
Fortalecidos económicamente, en 1938 firman los primeros pactos con los nazis y en septiembre de 1939 asaltan juntos Polonia.
En otras palabras, el oro español sirvió para financiar la contrarrevolución mundial que encabezaba el marxismo stalinista, así como para afianzar a los nazis mediante los pactos con los bolcheviques.

Ahora más que nunca: Verdadero socialismo
Eugenio A. Rodríguez

jueves, 5 de noviembre de 2020

Covid-19: los expertos debaten los méritos de los bloqueos frente a la "protección focalizada"

BMJ 2020 ; 371 doi: https://doi.org/10.1136/bmj.m4263 (Publicado el 3 de noviembre de 2020)

Citar esto como: BMJ 2020; 371: m4263
(traducción de google)

Tres expertos con puntos de vista muy diferentes con respecto a las medidas de salud pública adecuadas para controlar la propagación del covid-19 intervinieron en los encierros durante un debate 1 patrocinado por la Universidad Johns Hopkins.

Los expertos representaron puntos de vista que iban desde la defensa de la “protección focalizada” como se describe en la Declaración de Great Barrington 2 hasta recomendaciones para mandatos de toda la población como se describe en el Memorando de John Snow. 3

David Dowdy, profesor asociado de epidemiología en la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, dijo que estaba de acuerdo con "gran parte del contenido" del memorando, que establece que los cierres amplios eran inicialmente necesarios para "reducir la mortalidad y evitar que los servicios de salud se vean abrumados". pero que el enfoque debe cambiar a la detección de brotes localizados a través de un enfoque de "sistema integral de búsqueda, prueba, rastreo, aislamiento y apoyo" una vez que se alcancen niveles bajos de covid-19.

Dowdy citó el enfoque de Australia de aumentar las pruebas para determinar dónde se produce la transmisión y luego centrar las intervenciones en áreas geográficas locales (por ejemplo, códigos postales) donde aumenta la transmisión. Pero Dowdy dijo que se negó a firmar el memorando, que fue firmado por miles de médicos en todo el mundo, porque le preocupaba que pudiera "avergonzar implícitamente" a los médicos con puntos de vista diferentes y hacer que algunos tuvieran miedo de hablar.

Jay Bhattacharya, profesor de medicina en la Universidad de Stanford y economista de la salud que es coautor de la Declaración de Great Barrington, dijo que las tasas de riesgo de mortalidad muy diferentes basadas en la edad y las comorbilidades y otros factores podrían permitir una "protección enfocada" para aquellos en riesgo mientras permitir que los niños vayan a la escuela y que los adultos más jóvenes sigan trabajando.

Citando los datos de seroprevalencia 4 publicados por la Organización Mundial de la Salud, Bhattacharya dijo que el covid-19 tiene una tasa de supervivencia de infección del 95% para personas de 70 años o más. Si bien describió la mortalidad del 5% entre los ancianos como un "problema grave", señaló que la tasa de supervivencia para las personas menores de 70 años es mucho mejor en un 99,95%.

Bhattacharya agregó que los bloqueos amplios pueden, paradójicamente, aumentar los daños a los ancianos, ya que el desplazamiento económico inducido por los bloqueos lleva a los adultos jóvenes a vivir con padres mayores. Un beneficio de la protección enfocada, dijo a The BMJ , es que los recursos podrían ser redirigidos de las intervenciones de bajo rendimiento a donde más se necesitan los apoyos.

Stefan Baral, epidemiólogo de enfermedades infecciosas de la Facultad de Salud Pública de Johns Hopkins, dijo que apoyaba las intervenciones adaptativas para proteger a las personas en riesgo en lugar de amplios bloqueos de poblaciones enteras. Dijo que su madre vive en Suecia y “no hay otro lugar donde hubiera querido que estuviera mi madre. Amo a mi mamá y siento que está a salvo allí ".

Pero Baral dijo que simplemente abrir la sociedad en los EE. UU. No es suficiente a menos que, y hasta que, haya apoyo para las personas en riesgo. "Las pruebas son solo datos, no una intervención", dijo. “Si eres pobre y te dicen que pruebes y aísles si es positivo, sin medidas establecidas para pagar el salario de esa persona y pagar una habitación de hotel si no pueden aislarse en casa, las pruebas no tienen sentido, dejando a muchas personas ante situaciones opciones. "

Baral pidió "recursos antes que restricciones", diciendo que el enfoque actual en los Estados Unidos es "bueno para la gente rica" ​​que puede aislarse, trabajar desde casa y recibir comida. Dijo: "Estamos pidiendo a las personas que ya están en los márgenes económicos que absorban los costos sociales", lo que está empeorando las desigualdades y el sufrimiento ya existentes.

Inmunidad colectiva y la verdadera medida del éxito

Cuando el moderador sugirió que la Declaración de Great Barrington recomendaba la inmunidad colectiva como estrategia, Bhattacharya explicó que él y sus colegas no ven la inmunidad colectiva como una estrategia, sino como un simple “hecho biológico”, y agregó: “Eventualmente sucederá. Así terminan las epidemias. Entonces, la única pregunta es cómo llegar allí con la menor cantidad de miseria humana, muerte y daño ". La mejor manera, dijo, es "reconocer quién está realmente en peligro y dedicar una enorme creatividad, recursos y energía para protegerlo".

Parecía haber cierto consenso entre los panelistas de que la medida de las intervenciones de salud pública exitosas no puede basarse únicamente en los recuentos de muertes por covid-19. Los daños posteriores de los encierros deben considerarse en el cálculo de beneficio-daño de las diversas formas de encierro.

Bhattacharya citó una estimación del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas que indica que se espera que los bloqueos pandémicos que causan rupturas en la cadena alimentaria empujen a 135 millones de personas a una situación de hambre e inanición severa para fines de este año. Otros daños incluyen los efectos difíciles de medir de la falta de escolarización para muchos niños.

Otra área de consenso fue que deben evitarse bloqueos amplios. Seguían existiendo diferencias entre los expertos sobre la mejor manera de abordar cierres más centrados a medida que los países se enfrentan a la segunda y tercera oleadas de covid-19, pero expresaron su esperanza de que este diálogo inicial sea el comienzo de muchas discusiones más respetuosas y basadas en evidencia.

Referencias

miércoles, 4 de noviembre de 2020

CoronaVirus destapa vergüenzas del capitalismo

Economía solidaria
Son ya muchas las voces que ponen el punto de mira en que la crisis económica será peor que la emergencia sanitaria.

El coronavirus ha desenmascarado un capitalismo que creía que no pasaba nada si China era el polígono industrial del mundo. Pues sí pasa. Cuando vas a echar mano de las mascarillas, resulta que vienen de la otra punta del mundo.

El coronavirus ha desenmascarado un capitalismo que hace negocio con la vivienda. No quiere resolver el problema de la vivienda porque le viene muy bien. Alguien se beneficia de que casi 5 millones de viviendas en España están por debajo de los 60 metros.

El coronavirus ha desenmascarado el capitalismo y su sagrada ley de la oferta y la demanda. Suben los precios en general. De mascarillas, de gel ¡y desaparecen las ofertas de los supermercados! El propietario de Mercadona asciende en el ranking.

¿Qué dirán los forofos del mercado cuando ven que el precio de los respiradores se multiplican por respeto a las sagradas leyes del mercado tantas veces adoradas? ¿seguirán diciendo que es mejor dejarlo? ¿no queda otra opción que esperar a que otros ven ahí un nicho de negocio? ¿qué dicen los forofos del mercado cuando se confirma que, por contra, el salario de los que migrantes que recogen la fruta no sube? ¿ni en estas circunstancias son mejor pagados? ¿quedará alguien que no entienda que los migrantes más que huir del hambre son piezas de un mecanismo de contención de salarios de las tareas más tediosas?

El coronavirus ha desenmascarado un capitalismo que creía que no pasaba nada por invertir en el AVE, que es muy guay para quien lo pueda pagar y no en otras cosas.

El coronavirus ha desenmascarado un capitalismo que promueve el turismo como elemento esencial de la vida económica de regiones enteras. Los cruceros, el lío en el transporte, los aeropuertos. Las zonas turísticas del mundo compiten entre sí aunque les cueste vidas. Los grandes beneficiarios del turismo tendrán también una sanidad mejor a su disposición. Nos ha salido caro.

El coronavirus ha desenmascarado un capitalismo en el que un test rápido sale por 300 euros en la privada y cuyo coste real es de 10 o 15 e. El Dr. Simón dijo al principio que eso no era necesario. Después, Sánchez dijo que eran esenciales y la ministra de Hacienda dijo que el mercado era muy complicado. Confiados como estábamos (o como nos imponen estarlo) en el mercado no se debate siquiera sobre la conveniencia de tener industrias nacionales para medicamentos cuya eficacia se ha demostrado en otros países.

El coronavirus ha desenmascarado la supuesta eficiencia del capitalismo. ¿Puede un sistema regido por la maximización del beneficio de cada uno afrontar un problema de este calibre? Es la idolatría al máximo beneficio individual seguramente el primer responsable de este problema. La maximización del beneficio particular nos ha salido cara.

Sé por experiencia que más de un amable lector está pensando que el comunismo es peor. Y no seré yo quien defienda el comunismo y sus cien millones de muertos. Desde hace aproximadamente un siglo un sinfín de asociaciones ,especialmente el movimiento obrero pero también algunas conservadoras, defienden que el comunismo no es más que un capitalismo de Estado. O sea, parecido. Pablo VI hizo una brillante aportación al distinguir capitalismo de industrialización. Los que dicen que el progreso viene de la mano del capitalismo es porque no han escuchado seriamente esta distinción. Nada tenemos contra lo mejor del proceso tecnológico, pero eso no es el capitalismo. Rovirosa distinguía, inteligentemente, entre los técnicos y los explotadores de los técnicos. Algo similar hace hoy Francisco, cuando alaba la tecnología y condena la tecnocracia. No reflexionar juntos sobre estas cosas también nos está saliendo caro.

Los movimientos solidarios de la historia han defendido que la democracia-democracia exigía trabajar, desarrollar y esforzarse por la democracia económica, es decir, por la igualdad y fraternidad económicas: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. La democracia económica exige salario justo, afrontar y disminuir drásticamente las desigualdades salariales, desarrollar formas de copropiedad, incluso de los medios de producción, cooperativismo, intervención pública en áreas imprescindibles como la energía, el transporte y todo aquello en lo que la experiencia nos diga que es necesario para el bien de todos.

Camilo Sánchez, alcalde en su día más votado de España en ciudades de más de 20.000 habitantes, creía que, al tiempo que se cultivaba la democracia económica, debía cultivarse la democracia política, y tenía razón. Moría hace 20 años y siguen haciendo falta personas que se plantean intervenir en la estructura económica del mundo desde la acción política. No contar con ellos nos ha salido caro. Esta crisis ¿pro-vocará vocaciones así?

Ahora más que nunca: Economía solidaria

Eugenio A. Rodríguez Martín

domingo, 1 de noviembre de 2020

En defensa de la organización social y las protestas

Nuria Alabao / Pastora Filigrana

Durante esta pandemia estamos siendo testigos de un estrechamiento del espacio público. Lo colectivo está perdiendo tensión y fuerza, mientras la inseguridad y el miedo se viven cada vez más en soledad. Los movimientos sociales y los sindicatos de base llevan tiempo debatiendo internamente qué hacer con las restricciones impuestas para el control de la pandemia. Muchos ya no se reúnen presencialmente, solo de forma virtual, con las limitaciones que eso significa, o incluso han dejado de verse las caras. Otros están intentando mantener sus actividades, a pesar de todas las dificultades, inventando formas nuevas, y cada vez vemos más protestas públicas. Las dudas sobre qué hacer están ahí, nunca habíamos vivido nada parecido: ¿podemos convocar concentraciones o manifestaciones y de qué tipo? ¿Vale la pena? ¿Estamos siendo responsables? ¿Es legal reunirse? ¿Nos pueden multar por ser más de seis? ¿Cómo se para un desahucio en estas condiciones? ¿Qué hacemos si intentan desalojar nuestro centro social durante el toque de queda?



Lo cierto es que, sorprendentemente, ni en las leyes que declaraban el anterior estado de alarma, ni en el actual, aparece ninguna mención a la actividad política y sindical. Aunque sí se recoge un apartado expreso sobre las restricciones de aforo en lugares de culto con el objetivo, dicen, de “garantizar el derecho de culto”. Sin embargo, el ejercicio de los derechos políticos no parece merecedor de un apartado especial. En los medios, e incluso en las redes, apenas se habla del tema, como si los considerásemos algo irrelevante. Por desgracia, el escaso discurso público sobre la restricción de derechos fundamentales parte únicamente de los elementos más extremos de la derecha. Lo que llamamos izquierda ha abandonado su defensa y ha asumido el marco de que lo más ‘responsable’ es reivindicar las medidas restrictivas en casi cualquier caso, a pesar de que podemos empezar a percibir un cambio de sentido común sobre estas respecto de la primera oleada cuando apenas nadie se salía del guion. (Recordemos que el reconocimiento de estos derechos ha llevado siglos de pelea por parte del movimiento obrero y que todavía hoy hay que seguir peleando la posibilidad de poder luchar –la Ley Mordaza es un ejemplo).


Ya sabemos que organizarse es bastante complicado de por sí. Este escenario lo dificulta aún más. Lo virtual, la división en grupos más pequeños para reunirse, la delegación de la toma de decisiones en comités están minando, en muchos casos, las formas de democracia interna de las organizaciones –una cuestión en la que andamos siempre enzarzadas–. En organizaciones –como la PAH– donde buena parte de la militancia pertenece a sectores sociales que tienen menos dominio de las herramientas tecnológicas o posibilidad de usarlas, esta situación está dificultando la participación de estas personas. Entendemos la urgencia, pero sabemos que a largo plazo puede tener consecuencias, genera tensiones internas y malestares que pueden afectar a las capacidades de la organización. “Es pasajero”, pensamos, pero no sabemos cómo quedará el tejido social cuando esto termine –ni cuándo lo hará–, quizás cuando más necesario sea un tejido movimentista fuerte. 


La situación golpea pues duramente a los movimientos sociales y sindicatos de base justo en un momento en que necesitamos más fuerza para pelear por el sentido de las medidas de reconstrucción y por qué parte de los fondos europeos vamos a ser capaces de ganar para redistribuir entre los de abajo. ¿Qué hacemos si los préstamos llegan condicionados desde Bruselas a nuevos recortes? 


En general, estamos asistiendo a un nivel inaudito de autocensura en los movimientos sociales. A veces, la militancia está siendo más estricta a la hora de autorrestringirse que la propia ley. Dejamos de hacer reuniones que están permitidas, incluso pudiendo garantizar el cumplimiento de las normas sanitarias, o suspendemos movilizaciones públicas por miedo a dar una imagen de “irresponsables”. Aunque lo responsable, sin duda, es seguir movilizados. Es verdad que hay indeterminación legal –no siempre sabemos qué se puede hacer y qué no–, miedo a las multas, miedo al virus. Pero más allá de estos legítimos temores, hemos normalizado rápidamente que nuestra actividad política o sindical es prescindible, que no es una actividad “esencial” como trabajar o ir de compras. Como si la militancia fuese parte de nuestro ocio o algo que hacemos en nuestros ratos libres y que podemos, por tanto, suspenderla sin mayor consideración. La organización política y asociativa es esencial, sin embargo, para el buen funcionamiento democrático en todos los órdenes. Hoy ya estamos atravesando esta extraña crisis que deja colas infinitas en los repartos de alimentos y cuyo fin es incierto, una crisis que se superpone sobre los coletazos de la anterior. Los desahucios se han reanudado, los cortes de servicios, hasta hace poco en moratoria, también. Hay gente sin casa a la que se recomienda o exige quedarse en ella. Hay gente sin agua y sin luz que no pueden irse al bar a calentarse. Sin embargo, el nivel de movilización es muy bajo. Pablo Iglesias ha pedido a los movimientos sociales que le exijan, que “su capacidad de presión es condición de posibilidad de que los gobiernos puedan hacer ciertas cosas”. No estaría de más, si esto piensa, que derogase la Ley Mordaza que ya se está aplicando en algunos lugares para desarticular a las PAHs mediante la imposición de multas de miles de euros a quienes paran desahucios o usan la desobediencia civil como parte de su estrategia política. La derogación de esta ley, que recordemos, fue una promesa del pacto de gobierno, ha quedado sepultada por su utilización para penalizar el incumplimiento de las restricciones de la pandemia. Pero la responsabilidad también está de nuestro lado: la de decidir que vale la pena seguir luchando, poner las condiciones para que pueda hacerse cumpliendo las recomendaciones sanitarias –en la medida de lo posible– y defender esta postura públicamente.


Por supuesto, mientras estemos obligados a trabajar –y tampoco podemos dejar de hacerlo si no nos garantizan renta suficiente para vivir–, la actividad sindical no puede ser algo prescindible. Si el trabajo no para, la lucha por reducir el nivel de explotación, tampoco. Hoy el nivel de conflictividad en las empresas está aumentando por la crisis y en breve vamos a vivir despidos masivos. Las patronales no necesitan reunir gente: les basta levantar teléfonos. Nosotros no tenemos más fuerza que la que seamos capaces de oponer o de hacer visible –sobre todo más allá de las redes–. Además, esta fuerza depende del conflicto que consigamos articular, pero las movilizaciones que se organizan telemáticamente nunca pueden alcanzar el nivel de conflictividad de aquellas que se organizan cara a cara. Cuando se genera confianza personal con el resto de militantes, cuando crees en el colectivo, el riesgo que estás dispuesto a asumir siempre es mayor.


¿Qué dice la ley?


Uno de los principales problemas es la indeterminación. Es difícil saber lo que se puede y no se puede hacer y tenemos constancia de que la policía está usando esta indeterminación para impedir formaciones o reuniones políticas, para disolver concentraciones, o incluso que se han llevado a gente de manifestaciones para multarlas por “tener la mascarilla mal colocada”. Hoy, supuestamente, podrían entrar a un centro social a contar las personas que asisten a una reunión e impedirla si consideran que las sillas no están a la distancia adecuada o excede el aforo, un ejercicio de control político inaudito que estamos naturalizando a la velocidad del rayo.


Como hemos señalado, el Real Decreto del estado de alarma del 25 de octubre no habla específicamente de actividad política y sindical. Lo único que nombra es el derecho de manifestación que podrá ser limitado, e incluso prohibido, cuando en la comunicación previa “no quede garantizada la distancia personal necesaria para impedir los contagios”. Entendemos que esto depende de una valoración que da lugar a un cierto margen de arbitrariedad que otorga mayor poder de control a las autoridades. Por otra parte, ¿cómo se garantiza la distancia de seguridad si estás intentando parar un desahucio?


Pero ¿están limitadas las asambleas políticas a seis personas? Respecto al derecho de reunión, el estado de alarma restringe las reuniones “familiares y de ocio”, tanto en espacios cerrados como al aire libre, a seis participantes –que pueden ser reducidas aún más por las comunidades– (De hecho el decreto es un marco normativo general que las comunidades pueden ajustar en sus territorios). Es decir, limita todo aquello que se supone iría incluido en el ámbito de las actividades realizadas durante el “tiempo libre”. Como hemos dicho, para el culto desarrolla un apartado especial que impone restricciones de aforo. El resto de actividades laborales e institucionales no tienen ningún tipo de restricción –salvo las que imponen las recomendaciones de sanidad y recogen los protocolos de riesgos laborales de distancia, mascarillas, etcétera–. Es decir, en principio, las oficinas, las fábricas o los call center pueden tener a cientos de trabajadores en la misma sala. Las tiendas, los comercios, los teatros y cines también pueden seguir abiertos al público. Los transportes –todos hemos visto imágenes estos días de metros atestados– no tienen ningún tipo de restricción legal de aforo. 


¿Qué pasa con las actividades políticas que no son trabajo, ni culto, ni ocio? Ateniéndonos a la formulación de la ley, y dado que no hay un apartado específico que proteja el derecho fundamental de participación política y sindical, creemos que estas actividades podrían quedar recogidas en la excepción de la actividad “institucional”. Ya hemos explicado que no son actividades de ocio y tiempo libre y, también, que son esenciales para el funcionamiento democrático de una sociedad. Si actos como el aniversario de El Español son legales por constituir “actividad institucional” no restringida por el estado de alarma, es lógico considerar que las reuniones y actividades de asociaciones de vecinas, AMPAS, sindicatos, plataformas de vivienda, educación o sanidad pública lo sean también. Las PAHs y los Centros Sociales, sin duda, también son instituciones. Al quedar recogidas como actividades institucionales, también quedarían exentas del cumplimiento del toque de queda –una de las medidas de restricción de movilidad más extremas hoy–. Al menos para que las personas puedan regresar a casa después de una de estas actividades, tal y como recoge la ley.


+info:

https://ctxt.es/es/20201001/Firmas/33925/?s=08

sábado, 31 de octubre de 2020

Sobre la vanidad de la ciencia

El pasado 4 de octubre fue publicada la Great Barrington Declaration, que promueve la estrategia llamada de Protección Enfocadacomo abordaje frente a la pandemia COVID-19; ésta prioriza la puesta en marcha de medidas para proteger a los más vulnerables mientras recomienda reanudar la normalidad para el resto de la sociedad.  La justificación de la misma se basa tanto en el progresivo incremento de la inmunidad en la población, como los graves efectos que pueden producir los confinamientos masivos y repetidos. La declaración está liderada por tres epidemiólogos reputados, Martin Kulldorff (profesor de medicina en la Universidad Harvard), Sunetra Gupta (profesora de epidemiología de la Universidad de Oxford), y Jay Bhattacharya, profesor de epidemiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. Como reacción frente a ella, otro grupo de expertos también muy reputados (Nisreen A Alwan, Rochelle Ann Burgess,Trisha Greenhalgh, Marc Lipsitch,  o Martin McKee) publicaron en Lancetuna llamada a firmar otra declaración, el John Snow Memorandum ( de inequívocos aromas a Juego de Tronos), en que se deslegitimaba con vehemencia la anterior declaración ( a la que consideran una “peligrosa falacia sin evidencia que la soporte”), afirmando con rotundidad que “ controlar la difusión en la comunidad de la COVID 19 es la mejor forma de proteger personas y economía hasta disponer de vacunas o tratamientos efectivos en los próximos meses”. “No podemos permitirnos distracciones”concluyen.

Curiosa la forma de dilucidar la efectividad o eficiencia de intervenciones ( que tanto preocupaban a Cochrane), no a partir de las pruebas existentes, sino mediante el respaldo a comunicados y manifiestos. Hasta tal punto llega el desatino que GD Smith, Blastland y Munafo publicaron hace unos días un editorial en BMJ señalando que con respecto a la pandemia que las certezas proliferan por doquier, con expertos que se multiplican exponencialmente para desacreditar continuamente al que difiere de su punto de vista.

A la manera de los tertulianos de las emisoras de radio y televisión capaces de opinar de cualquier tema todos los días de la semana, los expertos en epidemiología, pandemias y vacunas se han convertido en las nuevas estrellas de la televisión desplazando en el interés de los espectadores a los habitantes de Sálvame Deluxe; consultados cada día por múltiples medios, asombra esa capacidad de estar al día de  todo lo que las revistas científicas producen, de toda la información epidemiológica que se genera al segundo, casi tan rápido como las oscilaciones de la bolsa de Wall Street.

Hoy en día no hay profesión más admirada socialmente que la del científico. Pronto aparecerán series de Netflix con Faucis o Fernando Simones como protagonistas. Basta con escuchar el nivel de embeleso con el que son entrevistados por periodistas mucho más incisivos con otro tipo de protagonistas de la actualidad para comprobar hasta qué punto el científico (o la científica) se ha convertido en el sacerdote o la sacerdotisa del siglo XXI. Su imagen de gente abnegada, altruista, solo pendiente del virus que crece en su laboratorio o el funcionamiento de la mitocondria de sus ratas es enternecedor. Nunca aparec, sin embargo, su cara oculta, la gestión autoritaria del personal a cargo, la humillación de becarios y colaboradores más jóvenes, , el ansia por la publicación a toda costa en revistas del primer cuartil para aumentar su factor de impacto, para conseguir de cualquier forma nuevos fondos con que financiar sus proyectos que a menudo acaban devolviendo porque su glotonería no les permite abarcar tanto. Alguien con tanto prestigio como Trisha Greenhalgh no tiene rubor en protestar porque el BMJ no permita incluir más de 4 autores privando a sus “junior” de poder hacer curriculum. Richard Horton el director de The Lancet se escandalizaba ante un correo recibido de un “médico de trinchera” que denunciaba cómo algunos académicos se aprovechan de la información que éstos generan sin compartir con ellos la autoría.

En su imprescindible Can Medicine be cured?, Seamus O’Mahoney describe el comportamiento de los grandes centros de investigación de lo que él llama Mala Ciencia ( Bad Science) como de cuasifeudales, donde la mezcla de incentivos perversos, comercialización y obsesión por la carrera científica lleva a pervertir el fin de la ciencia:”la promoción científica en ciencia  depende en gran medida de las métricas de la publicación, que se sustenta en el número absoluto de artículos publicados  , y con que frecuencia éstos trabajos son citados por terceros”. O’Mahoney cita los trabajos del historiador Daniel Kevles a propósito de las investigaciones lideradas por Al Gore sobre el fraude científico donde señalaba que “ para Gore y otro muchos el fraude en las ciencias biomédicas era similar a los antecedentes de pederastia en la iglesia”.

Buena parte de ese desmedido esfuerzo de los científicos que ha generado una descomunal producción durante la pandemia tiene más que ver con la vanidad y ambición personal que con un intento real de mejorar la situación de las personas.

GD Smith y colegas señalan que la certeza es el anverso del conocimiento: “ a la hora de decidir a quien escuchar en la era del COVID-19 , deberíamos respetarr a quienes respetan la incertidumbre,y escuchar a quienes reconocen las existencia de evidencias contrapuestas o que incluso cuestionan sus convicciones más sólidas.Cuanto más seguro esté alguien sobre el cOVID-19 menos deberías confiar en él”.

La ciencia está llena de grandezas, pero también de mucha miseria, como cualquier tipo de actividaad humana 

https://gerentedemediado.blogspot.com/2020/10/sobre-la-vanidad-de-la-ciencia.html?m=1

viernes, 30 de octubre de 2020

Cuidados paliativos



Al hablar de “Cuidados Paliativos “, estamos tratando del concepto de la atención al paciente, que incluye a profesionales de la salud y a voluntarios, que proporcionan apoyo médico, psicológico y espiritual a enfermos terminales y a sus seres queridos. Lo recomendable es iniciar los cuidados paliativos precozmente y no reservarlos para fases muy avanzadas, en las que los pacientes ya están casi moribundos. Dichos programas proporcionan servicios en varias situaciones: en el hogar, en centros de cuidados paliativos, en hospitales o en establecimientos capacitados para asistir enfermos.

Las familias de los pacientes son también un enfoque importante, y los servicios están diseñados para proporcionar la asistencia y el apoyo que necesitan. Es frecuente que, cuando se le propone a un paciente el traslado a una unidad especializada como ésta, dicho paciente lo interprete como un desahucio o abandono. Todo lo contrario. en estas unidades los médicos y los demás profesionales sanitarios están mejor preparados para centrarse en el control de los síntomas del paciente, maximizando el confort que pueda tener en los últimos meses de su vida.

Recientemente, la Organización Médica Colegial, ha apoyado el pronunciamiento del Comité Permanente de Médicos Europeos sobre la eutanasia <<el deber principal de un médico y el de su equipo respecto al cuidado de los pacientes terminales consiste en facilitar toda la gama de cuidados paliativos, y esto incluye aliviar p prevenir el sufrimiento, y dar al paciente la asistencia necesaria para proteger o mejorar su calidad de vida>>. Un adecuado programa de cuidados paliativos permite que la mayoría de los pacientes pasen las últimas semanas de su vida en casa, es lo deseable.

En España, existen “Equipos de Soporte de Atención Domiciliaria”. Su misión es apoyar, colaborar y dar soporte a los médicos de “ Atención Primaria” en su atención integral y continuada de pacientes terminales. Estos médicos, enfermeras y psicólogos, también realizan educación sanitaria de los pacientes, así como de los cuidadores y familiares, para mejorar la adaptación a la situación, prevenir la claudicación familiar y un duelo complicado.

Ahora más que nunca: solidaridad

Israel Durán

domingo, 25 de octubre de 2020

Sociedad del Cuidado, no del Descarte


Actualmente existe una alternativa viable a la muerte dolorosa y, deberían concentrarse los esfuerzos en la implementación de programas de tratamientos paliativos. Es lícito renunciar a unos tratamientos que supondría únicamente una prolongación penosa de la existencia, ya que en dicho caso estaríamos hablando de distanasia, una prolongación médicamente inútil de la agonía del paciente, sin perspectiva de cura; en fin, un ensañamiento terapeútico, una muerte penosa. 

Hablo de la Sociedad del Cuidado, no del Descarte, ya que el caso de Holanda es muy ilustrativo por ser dicho Estado el primero en haber legalizado dicho acto eutanásico y, es aquel en el cual se ha hecho, en un espacio de tiempo relativamente breve (en abril del 2002 se legalizó, aún no dos décadas), más evidente la llamada “pendiente resbaladiza” o “plano inclinado”, (empezar realizando eutanasias en casos excepcionales y acabar realizándose en pacientes que no han dado su consentimiento). 

Bert Keizer, escritor y geriatra holandés comenta al respecto en un artículo: <>. La eutanasia podría extenderse fácilmente a pacientes incompetentes y a otras poblaciones vulnerables. ¿Se está respetando la dignidad de estas personas en particular, especialmente si son frágiles y no tienen posibilidad de defensa o posibilidad de asegurar, económicamente, unos cuidados paliativos? 

La “Asociación Médica Mundial, considera contrarios a la ética tanto el suicidio con ayuda médica como la eutanasia, por lo que deben ser condenadas ambas situaciones por la profesión médica: “El médico debe recordar siempre la obligación de preservar la vida humana”. Dicho acto eutanásico es incompatible con el papel del médico sanador; sería difícil o imposible de controlar y, plantearía serios riesgos morales al médico y a su equipo, así como a la confianza depositada por la sociedad en dichos profesionales 

Ahora más que nunca: persona humana

Israel Durán

Alice Hamilton (27 feb 1869-22 sep 1970)

La Casa del Saber/facebook “Los hombres solo beben demasiado.” “No se lavan las manos.” “Son enfermizos por naturaleza.” Era 1910. La indust...